sábado, 19 de mayo de 2018


DIEMECKE EN UNA DE SUS NOCHES MAS FELICES

CCK-Sala Sinfónica: Concierto a cargo de la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires Director: Enrique Arturo Diemecke. Solista: Matías Hernán Sagreras (Organo). Programa: Obras de Respighi y Saint Saëns. Viernes 18 de Mayo de 2018.



NUESTRA OPINION: EXCELENTE.

  Con un programa muy inteligentemente formulado, la Filarmónica se presentó por tercera vez en la sala sinfónica del CCK, bajo la guía de su Titular y Director Artístico del Colón, Enrique Arturo Diemecke. Podemos decir que al fin Director y agrupación retomaron la programación de fuerte compromiso (luego del programa Norteamericano muy liviano presentado el año anterior), aprovechando todas las posibilidades técnicas de la sala, entre las que se destaca sobremanera el Organo Klais Op. 1912 que engalana a la misma. De ahí una programación para la Dupla Organo-Orquesta, o lo que sería mucho mas justo, el Organo “dentro” de la Orquesta, para lo cuál se ubicó en los atriles una obra absolutamente relegada (casi es lo mismo decir “Injústamente Olvidada”) de Ottorino Respighi: “Vetrate di Chiesa” (Vitrales de Iglesia). Recurriendo a mi memoria, recuerdo que la única vez que ví su inclusión en un programa de conciertos, me remonta hasta el año 1985 en el que la Sinfónica Nacional, en uno de sus tantos vaivenes con las Hermanas de la Misericordia que llevaron a que ese año no se arrendara el Auditorio de Belgrano, la incluyó en uno de sus Conciertos de esa temporada en la sala María Guerrero del Teatro Nacional Cervantes. Debo disculparme ante Ustedes en el sentido que la duda que tengo es si el Director de esa velada fue Juan Emlio Martini (por entonces ya veterano, pero que venía de ser consejero y programador de la Orquesta durante la segunda titularidad de Juán Carlos Zorzi), como también lo pudo haber sido Mario Perusso (Quién sí digo  con total seguridad que abordó “Deitá Silvane” del mismo compositor en esa misma temporada en la que la muy buena soprano Mariana Altamira [de la que lamentablemente carecemos de noticias] fue la solista [a posteriori la volvería a interpretar con  una jovencísima Paula Almerares]). Seguramente alguno de los maestros “veteranos” de la Nacional me aclararán esta duda, pero luego de escuchar esta versión, lo que puedo manifestar es que no la imagino sonando en el Cervantes, como tampoco en el Colón, ya que por la magnificencia en si de la partitura, su Orquestación y los pasajes en los que el Organo interviene en la composición, hacen que solo en una sala de las características de la Sinfónica del CCK con su Organo Tubular o en alguna Iglesia que lo posea (Y que además tenga una muy buena acústica, combinación sumamente difícil), sean el ámbito adecuado para la presentación.

  “Vetrate di Chiesa” se conforma en cuatro episodios que describen las imágenes que engalanan los vitrales de diferentes templos visitados por el compositor, hay reminiscencias del barroco, también del canto gregoriano. Y aquí me detengo para señalar brevemente, que la familia Respighi proviene de la región cercana a Buseto. El Abuelo de Ottorino, tuvo una fuerte amistad con Giuseppe Verdi. Por esos tiempos la educación musical inicial se desarrollaba en las Parroquias de la zona, para luego recién pasar a los maestros de música y las instituciones musicales de primera formación. Es indudable que Respighi vuelca en el pentagrama, mucho de lo aprendido en esa etapa. Y su música es descriptiva, con momentos de intensa intimidad,  e inicio y remate de suprema magnificencia en ambos casos. Los momentos descriptos son: “La Huida a Egipto”, “San Miguel Arcángel”, “Los Maitines de Santa Clara” y “San Gregorio Magno”. Aun cuando en algunos instantes la versión sufrió las consecuencias de la aun hoy imperfecta acústica de la sala (en los pasajes de bravura el sonido del bronce en conjunción con el órgano casi devoran por completo a la cuerda), la misma debe considerarse como de extraordinaria calidad, ya que todos los sectores respondieron a la perfección y el Organo en las manos de Matías Hernán Sagreras fue el complemento ideal.

 Y si hablamos de Organo dentro de la Orquesta, ¿Cómo no sucumbir ante la tentación de realizar la Tercera Sinfonía “Con Organo” de Camille Saint-Saëns?. Fue el corolario perfecto de la noche. Una versión sólida, ajustada, con una exposición de cuerdas junto al Organo en la sección final de la primera parte  sencillamente antológica, para luego acometer la Segunda parte con toda la bravura y la enjundia que la obra reclama. Y aquí sí, luego del imponente acorde con el que ingresa, el Organo se llevó todas las palmas con una estupenda exposición del tema principal por parte de Sagreras y una coda final estupendamente  acometida por Diemecke, redondeando una noche perfecta.

Donato Decina

jueves, 17 de mayo de 2018


LA COCINA DEL ARTE EN TODO SU ESPLENDOR

Presentación del “Club + Opera”, Idea, Dramaturgia y Dirección: Guillermo Asencio. Espectáculo: “Verdi, El Campesino de Roncole Sin Careta”. Interpretes Vocales: Natalia Raselli (Soprano), Bibiana Fischy (Mezzosoprano), Santiago Sirur (Tenor), Alejandro Schijtman (Barítono). Al Piano: Julia Ines Manzitti. Actuación: Elisa Nasi (Giuseppina Strepponi. Lugar: Beboop Club, Moreno al 300, Capital Federal.

  Demostrar la validez del genero operístico desde adentro para aquellos que desean ingresar de lleno,  y hacerlo disfrutando desde una copa de vino con la que se invita al publico por cuenta de la producción, o bien, si uno lo desea, aperitivos o hasta una sencilla cena mientras se ve trabajar a los interpretes,  ya sea desde armar una escena hasta la interpretación en sí, es el eje de esta propuesta que Guillermo Asencio efectúa, casi como una continuación del recordadisimo “Club Jueves Opera” que funcionó en la década del 2000 en el Espacio Giesso de San Telmo.

  Verdi fue el comienzo y el disparador a partir del cual se proyectó este espectáculo. Conocer su vida a través de tres momentos fundamentales de su creación, los conocidos tres períodos a través de sus títulos mas populares: Nabucco, La Traviata, Rigoletto, Don Carlo y Otello, de los cuales se tomaron los fragmentos mas representativos y en los que se pudo apreciar cómo se elabora la escena a partir de ellos, como se opina, se debate y se llega a la forma pretendida. Y a modo de enlace, la actriz Elisa Nasi, encarnando a Giuseppina Strepponi, nos introducía en la vida del gran creador, a veces desde ella y en otras en diálogo con el Director Escénico.

  Cuatro muy buenos profesionales estuvieron a cargo de los fragmentos cantados: Natalia Raselli (interpretando “Caro Nome” y el Dúo de Violetta y Germont), Bibiana Fischy (En la escena final de Abigaille de Nabucco y en O Don Fatale), Santiago Sirur (Abordando Alfredo desde Lunge da Lei, para luego hacer el dúo Dio che nell’alma infondere.) y Alejandro Schijman (Con la difícil misión de secundar en los dúos antes mencionados en los casos de Raselli y Sirur y luego abordar el Credo de Otello), acompañados sabiamente por la experimentada Julia Inés Manzitti. Un lujo para el espectador.

  Recomiendo sigan Ntras. Gacetillas. Una vez al mes seguirán Mozart, Rossini y Puccini, una experiencia para todos los sentidos que vale la pena afrontar.

Donato Decina

sábado, 12 de mayo de 2018


EL ALMA DE VIENA ESTUVO PRESENTE EN TODO MOMENTO

“Juventus Lyrica”, Inicio de la temporada 2018, Opereta: “Die Fledermaus” (“El Murciélago”), con música de Johann Strauss II y libreto de Carl Haffner y Richard Genee, basada en “La Révellon” de Henri Meilhac y Ludovic Halévy. Interpretes: Mirko Tomas (Einsenstein), Monserrat Maldonado (Rosalinde), Laura Penchi (Adele), Ernesto Bauer (Falke), Rocío Arbizu (Orlofsky), Santiago Martínez (Alfred), Gabriel Carasso (Frank), Patricio Oliveira (Blind), Lucía Alonso (Ida), Carlos Kaspar (Frosch/Maestro de Ceremonias [Actor Característico]),. Intervinieron en la Fiesta del Segundo Acto: Ballet Prosvita, Matías Galíndez (Piano), Selmar Geldymuradov (Violín), Justo Pastor Rodríguez (Tenor) Y Soledad de la Rosa (Soprano). Vestuario: María Jaunarena, Iluminación: Gonzalo Córdova, Regie y Escenografía: Ana D’Anna. Orquesta y Coro de “Juventus Lyrica”, Dirección Musical: Hernán Sánchez Arteaga. Función del 11 de Mayo de 2018.

NUESTRA OPINION: EXCELENTE


   Con excelencia y perfección. Son los calificativos que le caben a esta producción con la que “Juventus Lyrica” inició la Temporada 2018. En un marco austero, pero sobrio y muy efectivo en  los tres actos (diseño de la Regisseuse), adecuadamente iluminado por Gonzalo Córdova y acompañado por un magnífico vestuario de época de María Jaunarena, quedó reflejado el ambiente de época de la Viena Imperial, sus melodías, sus colores, su esencia. Súmese a ello que para la “Fiesta” en el palacio del Príncipe Orlofsky se contó con la muy efectiva colaboración del Ballet Prosvita que desplegó una magnífica coreografía de valses,  a la que con total soltura se sumaron los interpretes vocales, y las presencias del Concertino de la Orquesta Selmar Geldymuradov, el Pianista Matías Galíndez (quienes brindaron una soberbia versión del “Ave María” de Astor Piazzolla), para luego con el acompañamiento de este último,  subrayar las presencias del Tenor Paraguayo Justo Pastor Rodríguez (Con una “morcilleada” versión de “E’Lucevan le Stelle” de “Tosca” de Puccini, pero como es un “festejo” no importó y su voz fue muy buena) y de una impresionante Soledad de la Rosa en una parodia de cantante de Gospel (caracterizada a lo Aretha Franklin) entonándo “En la Ciudad de Jerico” con soberbia presencia y magnífica voz. 

 Una Orquesta magníficamente conformada con elementos de las principales formaciones de Ntro. Medio e instrumentistas mas jóvenes y un soberbio Coro, dieron píe al lucimiento del preparador y concertador Hernán Sánchez Arteaga, quién realizó una estupenda labor, con “tempi” justos, estupendo diálogo con el palco escénico y un Coro de una homogénea emisión, afiatado y a tono con la escena. Sus versiones de la Obertura y la Polka “Truenos y Relámpagos” que se interpretó al inicio del Tercer Acto, fueron sencillamente impecables.

  Sería muy injusto de mi parte poner a algún interprete vocal por encima de los otros. Todos estuvieron magníficos con un increíble juego de comedia, presencia escénica y excelentes aportes vocales. Entonces vayan para Mirko Tomas (Einsenstein), Monserrat Maldonado (Rosalinde), Laura Penchi (Adele) (magnífica), Ernesto Bauer (Falke), Rocío Arbizu (Orlofsky), Santiago Martínez (Alfred), Gabriel Carasso (Frank) y Lucía Alonso (Ida)  mis calurosas felicitaciones por sus respectivos y sobresalientes desempeños. Y al actor Carlos Kaspar, por sus estupendas caracterizaciones del Maestro de Ceremonias de la fiesta de Orlofsky y como el desopilante carcelero. Salimos felices del teatro, ¡Misión Cumplida!

Donato Decina

miércoles, 9 de mayo de 2018


PROGRAMADO CON EXCELENTE GUSTO Y MUSICALMENTE CON EXCELSO RESULTADO

Mozarteum Argentino (Primer Ciclo), Segundo Concierto de Abono. Actuación de la Orchestre de la Suisse Romande, Director: Jonathan Nott. Solista: Nelson Goerner (Piano). Programa: Obras de Debussy, Ravel y Brahms. Teatro Colón, 07 de Mayo de 2018.

NUESTRA OPINION: EXCELENTE.

  Pocas veces se ha visto una notable audacia al momento de programar, con la inclusión de obras de cuño impresionista y post-romántico las que no tienen brillo y poderío orquestal, sino que en todo caso son trabajos en los que se debe demostrar mano sabia para conducir, y en el caso del solista, el que está en la absoluta plenitud de su carrera, su categoría para desgranar una obra cargada de sutilezas y climas. El resultado final fue un producto de exquisita factura, que sin necesidad de caer en  la fácil de obras de fuerte y sencillo impacto, hizo estallar al publico con una euforia que hace rato yo no apreciaba. El  mérito de todo esto es de Jonathan Nott, el reconocido Conductor Inglés, el que por fin en esta cuarta visita suya a Buenos Aires, esta vez de la mano de la Nueva Orquesta de la que es titular, la célebre Suisse Romande, en la que a menos de un año de haberse hecho cargo de la misma, podemos decir que ya logró una perfecta simbiosis Orquesta-Director, con una concreción de objetivos artísticos  notables. Del Conductor señalamos que indudablemente le ha hecho muy bien el cambio de aire, luego de su larga titularidad al frente de la Sinfónica de Bamberg, con la que vino al país en las tres ocasiones anteriores para Nuova Harmonia. En las mismas, se iba observando una paulatina evolución, quizás dada por el repertorio abordado. De aquel “Titán” Mahleriano (compositor del que registró la totalidad de sus sinfonías con la Bamberg), el que no me convenció para nada desde el enfoque con el  que Nott lo  abordó, a este concierto, ha transcurrido una década y hemos visto y escuchado entonces una “Romántica” de Bruckner de interesante factura (la que al igual que el concierto antes mencionado se la interpretó en el Coliseo antes de las obras de restauración y con la vieja campana acústica que brindaba un sonido “seco”) y una “Pastoral” hace 2 años (ya en el Colón) muy correcta. Es evidente que siente mucho mas el repertorio que abordo en este concierto. Y para ello contó con la inestimable ayuda de un conjunto que también está regresando por sus fueros, mostrando un refinamiento no apreciado también en su última visita (en el mismo Teatro Coliseo) de la mano del experimentadísimo Marek Janowski, en donde también recibimos una Sexta de Bruckner bastante “dura” en el resultado final. Y llegamos entonces a esta noche, con dos joyas del impresionismo, producto de sus máximos cultores (Debussy y Ravel), repertorio frecuentado por el hacedor de este conjunto, de su sonido y de la ganada y muy merecida fama de la Suisse Romande: Ernest Ansermet, tan ligado también a Ntros. (¿Cuándo se volverá a escuchar su Orquestación de “Huella y Gato” de Julián Aguirre?) y con la revelación de un conductor que ha ganado un refinamiento, una sobriedad gestual y un ascendente sobre el conjunto que hacen que el resultado final sea la excelencia absoluta.

   ¿Comenzar con “Preludio a la Siesta de un Fauno”?. Es toda una declaración de principios y también de la confianza en el conjunto que se conduce. Fue un comienzo inmejorable, con una flauta solista de excepción, vientos muy delicados, un interesante trabajo del Concertino en la parte final y la exposición de una serie de sutilezas y exquisitas filigranas que sorprendieron en frío a la concurrencia. De allí que el silencio del publico se fue haciendo mas profundo con el correr de la velada y las reacciones ante cada versión escuchada sean las merecidas ovaciones a tono con lo recibido desde el escenario.

  Si debo catalogar a esta versión del “Concierto el Sol para piano y Orquesta “ de Maurice Ravel, es como una de las tres mejores que llevo escuchadas, y casualmente todas de solistas Argentinos: Argerich-Goerner-Gelber. Un Nelson Goerner de talento insuperable, seguro, toque estupendo, sutil, creador de climas formidables como en el segundo movimiento, entendiéndose a la perfección con Nott y la Orquesta desde el primer al último compás. Y aquí, la visión magistralmente “Jazzistica” de Nott y una Orquesta que dio todo el color, el ropaje y el marco exquisito para una versión perfecta. Magistralmente ofrecida de punta a punta y, como no podía ser de otra forma, el “rugido del Colón”, con un Nott que no cabía en su satisfacción y un Goerner absolutamente agradecido que se prodigó con dos bises antológicos: el Nocturno”, Op. Póstumo de Frederic Chopin (Una de sus mas grandes especialidades) y “Triana” de Albéniz, en donde fue una Orquesta. Intensa, sentida, viril, plena. Arte en estado puro.

Y la cereza del postre fue la “Tercera” de Brahms. Otra audacia mas. Cerrar con la mas transparente, serena y exquisita de las sinfonías del “Genio Hamburgues”. Canto Orquestal Exquisito, planos sonoros absolutamente perceptibles, discurso orquestal pleno y sostenido, pero además optar por las sutilezas por sobre el enfoque mas viril, las que se vieron reflejadas en el tercer movimiento, marcando toda la melancolía de la música y un final en el que la serenidad ganó en cada compás de cierre, afortunadamente remarcado por un prudente silencio del público al finalizar, quebrado justo cuando Nott bajó sus manos. La rúbrica, el remate, vino de la mano de dos de las menos frecuentadas “Danzas Húngaras” (Gracias por ello también Maestro), plenas de frescura, canto y belleza auditiva. Lógicamente, no faltaba nada mas.

Donato Decina

sábado, 5 de mayo de 2018

Ecos del Concierto de la Filarmónica de Buenos Aires ofrecido el pasado jueves en el Colón

UNA ADECUADA VERSIÓN DEL ROMANTICISMO

El Ciclo de Abono de la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires presentó el jueves 3 del corriente su cuarto concierto en el Teatro Colón, bajo la dirección de Enrique Arturo Diemecke, donde se interpretaron dos obras que, hoy en día, se ejecutan en escasas oportunidades en los programas habituales de las Temporadas de conciertos: la Sinfonía n°4 en Sol mayor de Gustav Mahler y el Concierto en Re menor para violín y orquesta de Robert Schumann. Actuaron como solistas el violinista ruso Ilya Gringolts y la soprano Laura Rizzo.
Si bien el mencionado Concierto en Re menor para violín y orquesta de Schumann no posea la popularidad de sus homónimos de Tchaikowsky y Sibelius, o la brillantez de su par de Mendelssohn, es una obra bellísima y compleja, que no forma parte de los programas de concierto habituales por su difícil ejecución e interpretación por parte del solista. En este caso, la orquesta ofreció una muy buena versión, caracterizada por las indicaciones expresas en la partitura en los tres movimientos de la obra (In kräftigen, nicht zu schnellem (Poderoso, no demasiado rápido); Langsam (lento) y Lebhalft, doch nicht schnell (Animado, aunque no rápido)), donde se respetaron los tempi, el equilibrio entre la orquesta y el solista y los planos sonoros. Sin embargo, no puede decirse lo mismo de Gringolts, quien posee una muy buena técnica y un fraseo adecuado, pero cuya interpretación careció de emoción y brillo. Por momentos, el violín sonó completamente opaco y deslucido, pese al cuidadoso equilibrio que Diemecke impuso a la orquesta, para que el sonido del instrumento solista pudiera sobresalir. Tal es así, que el público respondió con un aplauso tibio, carente de vítores. No obstante, posteriormente ejecutó un bis, que fue algo más aplaudido. Su interpretación dejó mucho que desear, en comparación a su presentación anterior en el mismo escenario del Colón junto a la Filarmónica hace unos años atrás y con el mismo director en el podio.
De las nueve sinfonías de Mahler, la 4° Sinfonía en Sol mayor es la que más se representaba en los Ciclos de Conciertos de la Filarmónica y la Sinfónica Nacional hace más de 25 años atrás y la más escuchada por parte de quien escribe. Posteriormente, cayó en desuso y no figuró en los programas de conciertos; quizás, debido a la interpretación de otras Sinfonías del mismo compositor, como la 8° Sinfonía (“De los Mil”, ofrecida hace dos años atrás por Enrique Diemecke a cargo de la Orquesta Estable, con gran suceso de público y crítica, al igual que la versión ofrecida en 2010 por la Orquesta del Teatro Argentino der La Plata, magistralmente dirigida por Alejo Pérez) y la 9°(dirigida por Diemecke en la temporada de la Filarmónica el año pasado), que son más complejas, estridentes y que requieren de mayor orquestación. Afortunadamente, ha sido recuperada y la Filarmónica  demostró que, al igual que hace tanto tiempo atrás, sabe ejecutarla perfectamente. El director puso énfasis, brillo, luminosidad y una armonía perfecta en los diálogos y contrapunto entre los diferentes grupos de instrumentos. Muy destacadas las actuaciones de los solistas (el concertino Pablo Saraví utilizó dos violines: uno, afinado en Mi, y el otro, en Fa, para brindar cierta disonancia que luego, se incorpora y amalgama perfectamente con el resto de la orquesta en el 2° movimiento de la obra) y de Laura Rizzo, quien interpretó con dulzura el aria de la soprano del 4° movimiento (Sehr behaglich/ Muy cómodo), donde el sonido de los cascabeles y oboe retoma el tema original del 1° movimiento (Bedächtig, nicht eilen/ Prudente, no acelerado). Por otra parte, lo hizo sin sobresalir, siguiendo el precepto wagneriano donde la voz se comporta como un instrumento más. Pero lo mejor fue la interpretación del Adagio del 3° movimiento de dicha obra (Ruhevoll. Poco adagio), donde el equilibrio sonoro fue perfecto y el sonido, etéreo.
Previamente a la ejecución de la 4° Sinfonía, Enrique Diemecke anunció el alejamiento del flautista Luis Rocco con motivo de su jubilación, siendo el último concierto que interpretó junto a la orquesta donde se desempeñó por tantos años.  El público estalló en aplausos y vítores al final de la sinfonía, que, sin lugar a dudas, fue lo mejor de la noche. Pese a los altibajos por parte de Ilya Grinholts, el espíritu del Romanticismo se mantuvo intacto y totalmente vigente en los albores del siglo XXI.                                                                          

Repercusiones sobre la nueva producción escénica de “La Italiana en Argel” en el Colón

LA ÓPERA NO ES REVISTA, NI EL COLÓN ES EL MAIPO
El viernes 4 del corriente se presentó en el Colón la reposición de “L’Italiana en Algheri” (La Italiana en Argel), con motivo del sesquicentenario del fallecimiento de Giacchino Rossini, en una nueva producción escénica realizada en cooperación con el Festival  San Lorenzo del Escorial (Madrid) y la Quincena Musical de San Sebastián (España), bajo las órdenes de Joan Anton Rechi como director de escena y con escenografía de Claudio Hanczyk. El vestuario estuvo a cargo de la española Mercé Paloma y la iluminación, por Sebastián Marrero.
Los roles principales fueron interpretados por los siguientes cantantes: Fabiola Herrera (Isabella), Xabier Anduaga (Lindoro), Nahuel Di Pierro (Mustafá), Luis Gaeta (Haly), Damon Ploumis (Taddeo), Oriana Favaro (Elvira) y Mariana Rewerski (Zulma).La Orquesta Estable fue dirigida por el italiano Antonello Allemandi y el Coro Estable, por Miguel Martínez.
Antes de comenzar la obra, el escenario estaba cubierto por una pantalla con símbolos alusivos a ese Oriente mágico y misterioso (en especial, hacia lo turco y lo árabe, soñados en época de Rossini), donde la ambientación se desarrollaba en el Casino de Argel. Hacia el lado izquierdo, un simpático dromedario – con cabeza y ojos móviles- acentuaba aún más la presencia del África colonizada por los bereberes, mientras que sobre el lado derecho había lámparas de neto corte oriental. Pero al levantarse el telón luego de la obertura, el serallo del bey Mustafá se transformó en un teatro de revistas, con un montón de figurantes travestidos con ropajes brillantes y abanicos de plumas, y otras 6 bailarinas vestidas de mucamas  a la usanza occidental. Las únicas vestidas como odaliscas fueron las sopranos Oriana Favaro y Mariana Rewerski- excelentes en sus roles e interpretaciones como Elvira y Zulma, respectivamente- , mientras que los personajes de Mustafá, Lindoro y Haly lucieron sacos y smoking a la usanza occidental. Sí hubo muy buena caracterización por parte del coro –sarracenos e italianos- durante todo el transcurso de la obra.
En cuanto al aspecto vocal, el tenor vasco Xabier Anduaga impresionó desde la primera aria (“Languir per una bella”) por el gran caudal de su voz, fresca y joven (sólo tiene 22 años), lo que constituyó una revelación. Si bien la mezzosoprano Fabiola Herrera posee un hermoso color y timbre de voz- muy buenos graves y alcanzó perfectamente las notas agudas-, por momentos, se vio algo deslucida ante los tutti orquestales. No obstante, supo resolver las arias más difíciles merced a sus dotes actorales (“Pensa alla patria” y la cavatina “Cruda sorte”). Pese a que ya no quedan voces magistrales de bajos buffos de la talla de Sesto Bruscantini, Enzo Dara o Paolo Montarsolo, el rol de Mustafá estuvo magistralmente interpretado por Nahuel Di Pierro, quien se lució vocal y actoralmente (pese a que tuvo un comienzo tibio, luego se afianzó en escena). También tuvieron destacadas actuaciones Luis Gaeta y Oriana Favaro, donde su voz sobresalió en el quinteto final del 1° acto (“Din din”) y demostró gracia, talento y holgura escénicas. Lo mismo sucedió con el bajo/ barítono Damon Ploumis, quien interpretó un Taddeo excelente. La dirección orquestal a cargo de Antonello Allemandi fue estupenda y sonó auténticamente rossiniana desde los primeros compases de la obertura.
La escenografía contó con recursos perfectamente adaptados a los cambios de escenas en el serallo, pero jugaron en contra varios factores: en primer lugar, hubo exceso de uso de una cortina drapeada de color dorado (similar a las usadas en los teatros de revistas). Eso demuestra falta de imaginación y uso inadecuado de elementos en demasía. En segundo lugar, el ambiente revisteril no condice ni con la esencia de la ópera ni con el escenario del Colón: por tratarse de un teatro lírico, donde si bien se han ofrecido puestas en escena muy modernas, no se puede comparar con un teatro de revistas. Por lo tanto, era inapropiado. Si se hubiera tratado de desdramatizar una ópera seria utilizando elementos de la revista, vaya y pase, pero, precisamente, se trataba de una ópera buffa: por ende, y acorde a la correcta interpretación de dicho término en italiano, era cómica y no había necesidad de desdramatizar absolutamente nada.
Por último, el rol de los bailarines y figurantes fue controvertido. Si bien hubo momentos donde hicieron reír al público (por ejemplo, haciendo que Mustafá hiciera gimnasia), aparecieron en demasiadas escenas, donde no se comprendía bien qué rol estaban jugando. Una cosa es un ejército de sirvientes apantallando al bey con plumas, mientras que otra muy distinta era ver a las mucamas desmayándose en los diferentes fragmentos del aria de Lindoro y en el trío del acto 2°, donde Lindoro y Taddeo explican a Mustafá el significado de ser un papatacci. Si no se hubiera caído en ese exceso, quizás, hubiera sido más interesante.
En líneas generales, la bella italiana cumplió su objetivo de seducir al bey y rescatar a su amado, pero lo hizo con un escenario que no condecía. Si lo hubieran hecho de otra manera, quizás, hubiera resultado más atractivo. Como dice el refrán: “Zapatero, a tus zapatos”. La ópera buffa no es una revista, ni el Colón es el Maipo.
                                                   Marta CORA ELIZHET

ATENCION


FE DE ERRATAS Y SOLICITUD DE DISCULPAS: En las Crónicas que tanto Martha Cora Eliseht como el Suscripto realizamos de las funciones de “Cosi Fan Tutte” del Teatro Argentino de La Plata en el Teatro Municipal Roma de Avellaneda, se consignó de manera errónea que el rol de Guglielmo fue cubierto por el Cantante Pablo Bernsch cuando en realidad correspondió a Felipe Carelli. Por ello solicitamos las disculpas correspondientes tanto a Felipe Carelli como a Pablo Bernsch por el error y vaya para el primero de los nombrados los conceptos que tanto Martha Cora Eliseht como el Suscripto Virtieramos en Ntras. Crónicas.

Donato Decina

martes, 1 de mayo de 2018


Excelente comienzo del Ciclo de Ópera de Cámara del Teatro Colón en el Teatro 25 de Mayo de Villa Urquiza

                        UN MERECIDO Y HONORABLE TRIUNFO

Durante este fin de semana tuvo lugar la presentación del ciclo de Ópera de Cámara del Teatro Colón el pasado domingo 29 del corriente en el Teatro 25 de Mayo, sito en el barrio porteño de Villa Urquiza, donde se representó el primero de los tres títulos comprendidos en el mencionado Ciclo: “El Triunfo del Honor”, de Alessandro Scarlatti, en homenaje a los 300 años de su estreno, ocurrido en Nápoles en 1718. El Ciclo se completará con otros dos títulos: “Piedade”, del compositor brasileño Joao Ripper, y “Powder her Face”, de Thomas Adés, que tendrán lugar en los meses de Agosto/ Septiembre y Diciembre del corriente año, respectivamente.
El elenco estuvo integrado por los siguientes cantantes: Victoria Gaeta (Riccardo Albenori), Evelyn Ramírez (Leonora), Mariano Gladic (Capitán Bombarda), Josué Miranda (Cornelia), Flavio Oliver (Erminio), Sofía Di Benedetto (Doralice), Pablo Urban (Flaminio) y Cecilia Pastawski (Rosina). Participaron los figurantes Clara Hecker y Mateo de Urquiza, quienes tuvieron una destacada actuación como asistentes en los cambios de escenografía y maquillaje, a medida que transcurría la ópera. La dirección musical estuvo a cargo de Iñaki Encina Oyón con el Ensamble Barroco, usando instrumentos de época. El clavecinista Manuel de Olazo realizó una minuciosa revisión de la partitura original y la dirección escénica estuvo a cargo de Violeta Zamudio, bajo la dirección general de Marcelo Lombardero, con escenografía de Carmen Auzmendi y vestuario de Gonzalo Giacchino.
La ópera consiste en una comedia en tres actos, pero sólo hubo un intervalo para permitir los cambios de escenografía y vestuario. Durante la primera parte de la obra, se utilizó un vestuario común, más acorde a la época actual, donde se emplearon ciertos recursos alusivos al donjuanismo del protagonista (Riccardo), destinados a destacar sus atributos sexuales. Pudieron haber chocado a parte del público presente, pero fueron oportunos y empleados correctamente (opinión estrictamente personal), al igual que unos putti utilizados en un cambio de escena. Pero luego del intervalo, se empleó un vestuario de época que fue magnífico (los roles femeninos, con pelucas y miriñaques, realizados con los mismos estampados que se utilizaron durante el primer acto), mientras que los roles masculinos utilizaron pelucas, calzas, levitas, medias blancas y zapatos con grandes hebillas. La recreación de época estuvo perfecta y despertó gran admiración por parte del público presente.
En líneas generales, los niveles de canto y actuación fueron excelentes, al igual que la dirección orquestal y el desempeño de los músicos. Desde este año, el Instituto Superior de Arte del Teatro Colón (ISA) ha creado la especialización en música antigua, dentro del marco de la Academia Orquestal. Los instrumentos antiguos ya fueron utilizados para representar obras de este tipo (ej: “L’Incoronazione de Poppea”, de Monteverdi, representada el año pasado) y, afortunadamente, esto  permitirá que, en un futuro no muy lejano, puedan seguirse haciendo este tipo de obras.
Si bien todos los cantantes estuvieron estupendos, Victoria Gaeta tuvo un destacadísimo papel interpretando un rol masculino, con una actuación espléndida y un excelente nivel de canto. Se desempeñó con absoluta soltura sobre el escenario, destacándose en las escenas de seducción. Lo mismo puede decirse de Josué Miranda en el rol de Cornelia, donde, además de estar vestido de mujer, debió mostrar sus piernas en el primer acto. Junto a Pablo Urban formaron un dúo estupendo, donde las escenas cómicas hicieron reír al público. Excelentes el contratenor español  Flavio Oliver (Erminio) y la contralto chilena Evelyn Ramírez (Leonora), quien representó las escenas dramáticas. Sin dudas, fue la revelación de la noche: excelente color de voz, dramatismo, interpretación y equilibrio vocal. En cuanto al resto del elenco, Cecilia Pastawski realizó una magnífica Rosina y demostró ser una gran intérprete de roles barrocos (cantó el rol de Poppea el año pasado en la citada ópera de Monteverdi). Y Mariano Gladic también se destacó en el rol de Bombarda (compañero de aventuras de Riccardo, quien se enamora de Rosina), al igual que la joven soprano Sofía Di Benedetto, interpretando a Doralice, quien se queda con Erminio al final de la obra.
Finalmente, la ópera culmina con un final feliz, donde Riccardo se queda con Leonora, tras arrepentirse de sus pecados. El honor y el auténtico amor triunfan sobre la seducción, y, en este caso particular, ha sido un triunfo muy honorable y meritorio, tal como lo expresa el título de esta nota. Y es maravilloso que, a través de esta iniciativa del ISA y a este auténtico semillero de cantantes jóvenes, se puedan representar más títulos de esta índole en el futuro. Son auténticas joyas que merecen ser rescatadas del olvido.
                                                                                         Martha CORA ELISEHT

lunes, 30 de abril de 2018


REDESCUBRIR A SCARLATTI

Teatro Colón, Opera de Cámara, Temporada 2018: “Il Trionfo dell ‘onore”, Comedia Operística en Tres Actos, música de Alessandro Scarlatti y Libreto de Francesco Antonio Tullio (Versión realizada según manuscrito hallado en Loughton, Inglaterra en 1937, en revisión de Manuel de Olaso). Interpretes: Victoria Gaeta (Riccardo Albenori), Evelyn Ramírez (Leonora Dorini), Flavio Oliver (Erminio Alberoni), Sofía Di Benedetto (Doralice Rossetti), Pablo Urban (Flaminio Castravacca), Josué Miranda (Cornelia Buffacci), Cecila Pastawski (Rossina Caruccia), Mariano Gladic (Capitán Rodimarte Bombarda), Clara Hecker/Mateo de Urquiza (Figurantes). Ensamble Barroco (En el que se incluyeron Alumnos de Violín y Viola de la carrera de especialización en Música Antigua del Instituto Superior de Arte del Teatro Colón). Escenografía: Carmen Auzmendi, Vestuario: Gonzalo Giacchino, Iluminación: Mauro Pujía, Dirección Musical: Iñaki Encina Oyón, Dirección Escénica: Violeta Zamudio.

NUESTRA OPINION: EXCELENTE.

  Fue un inicio de excelencia. No cabe otro calificativo para un espectáculo que lo tuvo todo: Colorido visual, Ritmo escénico (Si la acción tuvo en algún momento de la segunda parte algún pequeño “bajón”, es consecuencia directa de la Partitura y no de la marcación escénica), muy buena realización de vestuario, una orquesta de instrumentos a la usanza de época (con el agregado de alumnos que están cursando la especialización en música antigua en el Instituto del Teatro) estupendamente conformada, con una dirección impecable y voces todas de excepción, en estilo, con sentido absoluto del canto y de la escena. Y si en algún momento, dada la esencia de la obra (el protagonista es un “Don Juán” que reside en Pisa), se encontró una sobrecarga en graficar situaciones de índole sexual, la segunda parte, hecha toda en época, compensa con  creces esa saturación. Inclusive, dos figurantes caracterizados como operarios de escenario, ayudan a los cambios de escena y le dan una mayor naturalidad al desarrollo del espectáculo.

  Como se dijo, la acción transcurre en Pisa, es una comedia, Riccardo Albenori es este “Don Juán”  que enamorado de una muchacha (Leonora Dorini), encuentra mayores atributos en otra (Doralice Rossetti), prometida a su vez de Erminio Alberoni (Hermano de Leonora).Siguiendo la línea argumental, se desarrolla otra historia paralela y es la del Capitán Rodimarte Bombarda, enamorado de Rossina Caruccia, a su vez pretendida por el “Viejo” Flaminio Castravacca (Tío de Riccardo, el Don Juán), al que no le importa haber dado palabra de hacer pareja a Cornelia Buffacci (Tía de Rossina). Como se verá dos enredos protagonizados por dos amigos (Rodimarte es el amigo y ladero de Riccardo, capaz de soportar hasta el “Bulliyng” al que su mejor amigo lo somete y del que recibe toda la ayuda para lograr enlamor de Rossina [Una Rossina entre un joven y un viejo. ¿Beaumarchais habrá husmeado por ahí para la saga “Fígaro”?]), apellidos de todos los personajes que traducidos del italiano refieren a situaciones de comedia ( “Cornelia Buffacci”, el paralelismo Albenori/Alberoni, “Rossina Caruccia”, “Doralice Rossetti”, “Leonora Dorini” “Flaminio Castravacca”,”Rodimarte Bombarda” [lindo nombre para un militar]).

 El planteo estético hecho por Violeta Zamudio para la acción nos muestra a los protagonistas en ropas casi actuales en un marco visual que muestra el armado de una escenografía para el espectáculo en sí que se verá en la segunda parte. Allí se desarrollan las situaciones de connotación sexual, dadas por gestos, presencia de objetos que actúan como símbolos fálicos, los que actúan a modo de describir las ansias, los deseos y/o apetitos de los protagonistas masculinos y de ahí el mencionado “bulliyng” al que Ricardo somete a su amigo. Las mujeres actúan todas bajo el efecto de la seducción y notoria es la escena en la cual se advierte el “engaño amoroso” de Riccardo, en donde “Cornelia” actúa como contenedora y componedora, para luego a su vez descubrir la situación en la que se halla su sobrina ante la persecución a la que su prometido Flaminio la somete. Párrafo aparte, la conducta de Erminio al enterarse de la traición de su prometida. El es el hilo por el cual el honor (y el orden) debe ser restablecido, llevado a través de situaciones de corte hilarante también muy bien resueltas.

  La segunda parte tuvo a la obra en sí, en donde el espectador hallará todo donde debe estar, el vestuario es de época con el mérito de haber sido realizado en las mismas telas que vistieron en la primera parte a las protagonistas femeninas, y en los masculinos un excelente vestuario de época (con las pelucas correspondientes), dando un marco visual extraordinario, realzado por una magnífica iluminación. Una persecución de Erminio a Riccardo, dará con este último “rasguñado” ya que no se podrá decir que fue herido, lo hará recapacitar y volverá todo a su lugar, es decir cada pareja en su lugar, lo que llevará a que la segunda historia también tenga el mismo fin y rematar la acción con la consabida “moraleja” con la que los convencionalismos de entonces cerraban las obras.

  Otra de las novedades que este espectáculo nos trae es la de asignar a una soprano el rol de Riccardo y a un tenor de registro casi “Sopranísta” el rol de la tía Cornelia. Y aquí el total lucimiento de Victoria Gaeta en el protagónico, con su reconocida soltura escénica. Timbre fresco y grato, coloraturas de impecable factura y todos sus recursos actorales a pleno. Josué Miranda como la tía Cornelia fue otra grata revelación, magnífico en la comedia y voz muy adecuada. Evelyn Ramírez en el rol de la desdichada Leonora tuvo la responsabilidad de llevar adelante los fragmentos de mayor carga dramática de la obra y los hizo con autoridad y amplia solvencia. Flavio Oliver, el notable contratenor Español, volvió a reiterar un trabajo de excelencia entre nosotros, con formidables recursos vocales y una soltura escénica estupenda para dar vida a Erminio. Las partes asignadas a los roles de “frescura” femenina en escena fueron encaradas por Sofía  Di Benedetto como Doralice y Cecilia Pastawski como Rossina, marcando la felicidad de sentirse doblemente cortejada la primera y mostrando todos los atributos de una verdadera “Rossina” la segunda (Vuelvo a decir que me parece interesante el paralelismo que aquí se puede trazar con la Rossina del episodio de “El Barbero de Sevilla” de Rossini). Pablo Urban  (Flaminio) y Mariano Gladic (Rodimarte) trazaron el contrapunto humorístico y lo hicieron en magnífica forma. Muy buenas voces y excelentes actores. Y lo dicho, Clara Hecker y Mateo de Urquiza, actuaron como verdaderos “delegados” de la regista en escena y realizaron los cambios escénicos con total naturalidad.

  La realización musical de Iñaki Encina Oyón fue impecable de punta a punta. Al frente de un conjunto excelentemente conformado, concertó una versión viváz, plena de ritmo, energía y “canto” orquestal. Tuvo plena comunicación con el palco escénico.

  Lo dicho, no pudo haber un mejor comienzo, un merecido homenaje a Scarlatti a 300 años del estreno de esta obra (lo que significa un redescubrimiento) y si de Rossinas se trata, ¿Por qué no decir también que Rossini (a ciento cincuenta de su fallecimiento) también estuvo presente)?

Donato Decina