MUSICALMENTE BUENA, VISUALMENTE CON ALTIBAJOS
Teatro Colón, temporada 2026. Opera: “Otello”, en cuatro actos con libreto de Arrigo Boito y música de Giuseppe Verdi, basado en “La Tragedia de Otelo el Moro de Venecia” de William Shakespeare.
Intérpretes: José Azocar (Otello), María Belén Rivarola (Desdemona), Fabián Veloz (Iago), Alejandra Malvino (Emilia), Darío Leoncini (Cassio), Iván Maier (Roderigo), Christian Peregrino (Lodovico), Sebastián Barboza (Montano), Gabriel Vacas (Heraldo). Orquesta Estable del Teatro Colón, Coro Estable del Teatro Colón, Director: Miguel Martínez, Coro de Niños del Teatro Colón: Directora: Mariana Rewerski. Escenografía: Nicolás Boni, Video: Nicolás Boni/Matías Otalora, Vestuario: Tomasso Lagrattola, Iluminación: José Luís Fiorruccio, Coreografía: Vagram Ambartsoumian, Dirección Musical: Alejo Pérez, Dirección Escénica: Fabio Sparvoli. Función del 22 de Agosto de 2026.
NUESTRA OPINION: MUY BUENO
La temporada de la sala de la calle Libertad continuó con una nueva presentación escénica de “Otello”, el gran drama Shakesperiano al que merced al libreto formulado por Arrigo Boito, Giuseppe Verdi (por entonces de 74 años) le puso música. Cuando la mayoría dio por retirado al genio de Busetto (“Don Carlo”, “Aida” y el “Requiem” ya habían visto la luz y se decía que hasta ahí llegaba), Verdi sorprende al mundo con la concreción de una obra “cerrada”, sin margen al aplauso entre momentos y con una música formidable en la que la energía y el poderío sonoro demostraron que aún a los 74 años de esa época era capaz de ofrecer mucho más. Transcurrieron trece años de la última presentación tras la lograda puesta de José Cura (quién además asumió el protagónico) y ahora el Colón convoca a Fabio Sparvoli de importante trayectoria en salas de primera línea (fundamentalmente europeas) para esta nueva versión.
La historia de amores, traiciones y celos subió a escena con un marco escénico estupendo en donde Nicolás Boni realzó la imponencia del palacio chipriota, sede de la Gobernación Veneciana, con sus salones y alcobas, a los que se anexó fondos de video de imágenes marinas para las que contó con la colaboración de Matías Otálora y junto a ellos en una muy buena labor de equipo, se sumó la muy buena iluminación del siempre eficiente José Luís Fiorruccio, adecuada a cada momento de la escena y del transcurso del día
En cuanto al vestuario diseñado por Tomasso Lagrattola, fue mayoritariamente de época, llamando la atención la caracterización de Otello con abrigo de cuero al igual que en el caso de Iago, solo que al primero en los dos últimos actos se lo vio con vestimenta acorde a la época.
Los movimientos de los personajes fueron, por momentos, controvertidos. Resultaron llamativos que durante el segundo y tercer actos se encontraran virtualmente a la vista Iago, Cassio y Otello cuando se supone que o el segundo o el tercero, según la escena, deben permanecer ocultos escuchando las supuestas revelaciones que alguno de los dos le hacen a Iago dentro del perverso juego que éste monta. También resultó llamativa la bofetada que Desdemona le propina a Otello durante la discusión en que el Moro la humilla llamándola “cortesana”, algo imposible de imaginar en la época de la trama. En la función que comento, si bien la caracterización del protagonista estuvo prácticamente lograda, el ”moro” era apenas un “moreno”. Como puede apreciarse no son solo detalles, son cosas que no pasan desapercibidas en relación con el texto y la acción. Otro tanto cabe señalar para las coreografías del primer acto en donde no se entiende la presencia de dos malabaristas haciendo juegos “de fuego” (se entiende que las llamas son ficticias) luciendo vestuario de danza árabe. En cambio, los bailarines con coreografía de Vagram Ambartsoumian se desplazaron con solvencia. No puedo pasar por alto la controvertida decisión de que los coros Estable y de Niños y sus respectivos directores no salieran a saludar tras la culminación de sus respectivas participaciones. Es una ofensa verdaderamente gratuíta, luego de que ambos cuerpos demostraran una vez más su valía y calidad.
En la faz musical, la concertación de Alejo Perez fue mayoritariamente correcta con una Orquesta Estable que va respondiendo cada vez mejor a los requerimientos de su nuevo titular. Se escuchó un sonido más robusto, fundamentalmente en escenas
como la tormenta del comienzo, en el “Credo” de Iago y en la imploración de Desdemona durante el imponente conjunto del tercer acto. Sin embargo, llamó la atención el “tempi” un tanto veloz para el “Ave María” y la “Canción del Sauce” cuando en realidad debe exponer en música una dramática reflexión de la esposa que se sabe perfectamente sentenciada.
Finalmente ingresamos en el terreno canoro señalando que tanto Sebastián Barboza (Montano) como Gabriel Vacas (Heraldo) cumplieron correctamente en sus breves participaciones. Christian Peregrino impuso autoridad vocal y escénica para el rol de Lodovico. A Iván Maier (Roderigo) se lo escuchó muy cómodo y con un registro que ha evolucionado muy favorablemente en cuanto a caudal se refiere. También fue muy convincente su actuación. Alejandra Malvino con su solvencia y ductilidad compuso una Elvira de notable factura. Darío Leoncini exhibió grato timbre y buena escena para Cassio. Descollante actuación le cupo a Fabián Veloz como Iago. Es el mejor valor masculino de nuestro medio hoy por hoy y cada vez más se afianza en el plano internacional. Destiló odio y rabia por igual. Fue intrigante. Sometió a su esposa hasta arrancarle el pañuelo por el cual se desata la tragedia. Función perfecta. María Belén Rivarola compuso a una magnífica Desdemona. Timbre grato, impecable emisión. Supo expresar amor y dolor por igual. Su “Canción del Sauce” conmovió. Fue largamente aplaudida. Finalmente, José Azocar impuso su autoridad en el rol protagónico. Timbre acerado y sin fisuras. Fiato imponente. Desplegó todos sus recursos (que vaya si los tiene) para redondear una labor absolutamente convincente. Demostró que puede seguir siendo convocado para participar en próximas temporadas,
Así, con sólidas actuaciones vocales, corales, de buen desempeño orquestal y de aciertos de escenografía, proyección e iluminación, es que “Otello” se sostuvo en el escenario del Colón. Santa Cruz de Tenerife los espera próximamente.¡Suerte!.
Donato Decina
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