miércoles, 13 de noviembre de 2019


Excelente reposición de “ARMIDA” en el Teatro 25 de Mayo

LA QUINTAESENCIA DEL BARROCO FRANCÉS
Martha CORA ELISEHT

            Dentro de la Temporada 2019, el Instituto Superior de Arte del Teatro Colón (ISATC) ha realizado una serie de proyectos académicos tales como presentaciones escénicas (“LA FINTA GIARDINERA” y “FORMAS IN PULVERE”), conciertos a cargo de la Orquesta Académica del Teatro Colón (sala principal, Salón Dorado y Auditorium de Belgrano) y ópera de cámara. En este caso, el pasado martes 12 del corriente se representó  “ARMIDA”  de Jean Baptiste Lully (1632-1687) en cooperación con el Centro de Música Barroca de Versailles y que además contó con el apoyo del Instituto Francés y la Embajada de Francia en la Argentina. 
            El elenco estuvo formado por los siguientes intérpretes: Johanna Padula (Armida), Norberto Miranda (Rénaud), Pamela Rosenstock (Phénice), Ana Sampedro (Sidonie), Augusto Nureña Santi (Hidraot), Jesús Viltamizar (Aronte/ Ubalde),  Norberto Marcos (La Haine, el Odio) y Naoki Higasiyosihama (Artemidore/ El Caballero Danés). Participaron alumnos de danza del ISATC y el Coro de dicha institución, dirigido por Marcelo Ayub. El francés Benjamin Chénier estuvo a cargo de la dirección orquestal del Ensamble Barroco –integrado por alumnos de especialización en ópera barroca de la misma institución, con la presencia de maestros franceses invitados-, mientras que la dirección escénica y la coreografía estuvieron a cargo de Deda Cristina Colonna; la escenografía y la dirección de arte, de Diego Siliano y la supervisión de vestuario e iluminación, por Francesco Vitali.
            La mencionada ópera (tragedie lyrique) consta de un prólogo y cinco actos y se basa sobre el poema Jerusalén liberada de Torquato Tasso, donde la sacerdotisa sarracena se debate entre su deber y la pasión que siente por el caballero Rénaud. Fue estrenada en París en 1686 y se caracteriza por ser una de las primeras obras donde hay un continuum musical; es decir, donde prácticamente no hay diferencias entre las arias y los recitativos característicos de la ópera barroca. Por ende, se logra una expresividad que atrapa y atrae al espectador desde su inicio, en contraposición con el virtuosismo local de la ópera italiana. Además, se representa muy pocas veces en la actualidad –según datos de Operabase, sólo 2 veces entre 2005-2010-, de modo que tan sólo el hecho de encarar entre proyecto en conjunto ya de por sí es un mérito. Si a eso se le suma un vestuario de época soberbio, la excelente preparación de las voces principales y del coro –que cantó fuera de escena, a la usanza de época- y el hecho de que los bailarines no bailaran en puntas de pie e interpretaran danzas típicas de ese entonces (bourrelle, sarabande, rondó), el resultado ha sido una versión excelsa, de exquisito buen gusto y un placer para todos los sentidos. La soberbia y magistral dirección de Benjamin Chénier a cargo del Ensemble Barroco con instrumentos originales de época (déssus, hautres- contre, taille, quinte, flautas dulces, fagot, continuo y continuo de gamba, que fueron diseñados específicamente para esta ocasión) fue un total y absoluto placer para los oídos del público y de los periodistas especializados. A pesar de no ser una experta en el tema, quien escribe aprendió a descubrir la belleza de la música barroca tocada con instrumentos de época  y sus infinitos matices, ideales para el acompañamiento de las voces. La estupenda escenografía de Diego Siliano y Deda Cristina Colonna fueron el marco ideal para la presente representación, con un perfecto uso del video para ambientar el palacio de Armida, la playa y la escena del monólogo final de la protagonista, donde el palacio arde en llamas, mientras Armida es transportada al cielo luego de haber sido abandonada por Rénaud  (“Le perfide Rénaud me fuit”). En la versión original, la protagonista es transportada al cielo en un carro, pero en la presente, ese efecto se logra oscureciendo el escenario, colocando un velo que cae por delante de la misma y tras el mismo, la protagonista resplandece mediante un sutil efecto de iluminación. Estuvo muy bien logrado y con recursos sencillos –maniquíes tras los cuales, los bailarines se escondían y se desplazaban-. También estuvo muy acertada la aparición fuera de escena de los invasores (Rénaud, Ubalde, el Caballero Danés y Artemidore) tratando de conquistar el castillo de Armida. En esta versión, se suprimió el prólogo y los personajes que intervienen en el mismo (la Gloria y la Sabiduría) y se lo reemplazó por un interludio orquestal.
 Los roles principales y los personajes secundarios estuvieron perfectamente bien preparados, tanto desde el punto de vista local como actoral. Merece especial mención la protagonista –Johanna Padula, quien ofreció una Armida memorable-, quien en determinado momento canta acostada el aria final (“Le perfide Rénaud me fuit”/ El pérfido Rénaud me ha abandonado), al igual que en el recitativo del 2° Acto, donde se encuentra de rodillas a punto de matar a Rénaud (“En fin, il est dans ma puissance”/ Al fin lo tengo en mi poder). El bajo Augusto Nureña Santi (Hidraot, tío de Armida) caló hondo y tuvo un ligero traspié en las notas más graves en el aria del 2° Acto, pero que fue rápidamente subsanado. Norberto Marcos encaró estupendamente bien al Odio (La Haine) y fue sumamente aplaudido al final, al igual que Norberto Miranda –quien tuvo a su cargo el difícil rol del protagonista masculino (Rénaud)- y el joven Naoki Higasiyosihama, quien es un estupendo contratenor a ser tenido en cuenta para futuros roles. Por su parte, Pamela Rosenstock y Ana Sampedro también ejercieron una muy buena labor como Phénice y Sidonie, respectivamente.
            Si bien es una ópera de cámara, hubiera sido sublime que la presente producción hubiera tenido lugar sobre el escenario mayor del Colón; no sólo por la alta calidad de la misma, sino también por la jerarquía de los intérpretes. Las autoridades del Teatro deberán tener en cuenta este tipo de producciones para el futuro, a fines de mejorar una Temporada Lírica magra en títulos y rica en versiones de dudosa calidad interpretativa.  

martes, 12 de noviembre de 2019


Orfeo ed Euridice – Teatro Colon 08/11/2019
Por onceava vez, desde su estreno, en 1924, sube a escena en el Colon Orfeo ed Euridice, de Gluck.
En las diez presentaciones anteriores, el rol de Orfeo  fue cubierto de la siguiente manera; 8  veces por mezzosopranos, Gabriela Besanzoni ( 1924 – 19298- 1930); Maria Ranzow (1931); Rïse Stevens (1939); Fedora Barbieri (1951) – Ebe Sitnani (1953); y Margarita Zimmermann (1977). En 1966, Orfeo fue cantado por el barítono Gabriel Bacquier, y en la última reposición, de 2009, por el contratenor Franco Faggioli.
La primera soprano que cantó el rol de Euridice en el Colon, fue Maria Zamboni, quien fuera también la Liu, del estreno mundial de Turandot en la Scala. Entre el 28 y el 39, la gran soprano argentina Isabel Marengo. En los años 1951 y 1953, nuestra querida y recordada Elena Arizmendi. En 1966, la soprano francesa Andrea Guiot. Mirta Garbarini y Virginia Tola, fueron Euridice en los años 1977 y 2009, respectivamente.
Los directores de orquesta que dirigieron esta obra en el Colon fueron: Emil Cooper (1924); Tulio Serafin (1928): Hector Panizza (1930 y 1951): Juan José Castro (1931); Erich Kleiber (1939). Ferruccio Calussio (1953); Jean Fournet (1966); Julio Malaval (1977) y Arnold Östman (2009).
La versión ahora ofrecida por el Colon fue muy deslucida.
El contratenor canadiense Daniel Taylor, fue un intérprete insuficiente del rol de Orfeo. Voz muy pequeña, de escaso volumen, registro grave inexistente, canto monótono e inexpresivo compatible con su apatía actoral.
Actuación correcta de la soprano Marisu Pavón como Euridice, que al menos puso expresividad a su canto. También correcta la soprano canadiense Ellen Mc Ateer de buena desenvoltura escénica.
Con algunas desprolijidades de la orquesta en el comienzo, el director Manuel Coves hizo una lectura rutinaria y carente de expresividad; punto de partida de esta tediosa versión.
El bailarín y coreógrafo Carlos Trunsky, tuvo a su cargo la puesta en escena. Trunsky convirtió una ópera en tres actos, en un ballet moderno en tres actos. Quitó al coro de la escena para hacerlo cantar en el foso y reemplazó su actuación por bailarines donde Gluck no lo pide (y menos de la manera en la que lo presenta). Hasta se dio el lujo de cambiar el final de la historia. Mientras Orfeo y Euridice cantan “Estamos alegres, siempre te agradeceremos, dios del amor”, Euridice se va con otro!
La escenografía a cargo de Carmen Auzmendi, la iluminación de  Ruben Conde y el vestuario de Jorge Lopez, fueron funcionales a la dirección escénica.
En resumen; musicalmente deficiente y en la escena no se vio la opera del Gluck. Para el olvido.
Roberto Falcone

sábado, 9 de noviembre de 2019


Monumental actuación de la Orquesta Sinfónica de RTV Eslovena en el Coliseo

LA SEGUNDA GRAN SORPRESA DEL AÑO
Martha CORA ELISEHT

            De todos los países integrantes de la ex Yogoslavia, Eslovenia ha sido quizás el que más haya estado bajo la órbita de Alemania en cuanto a su cultura, caracterizada por su disciplina y la excelencia de sus manifestaciones artísticas, pero sin dejar de lado sus raíces eslavas. Y dio consabida prueba de ello en la presentación de la Orquesta Sinfónica de la Radio y Televisión (RTV) de dicho país el pasado viernes 8 del corriente dentro del abono de Nuova Harmonía en el Teatro Coliseo, bajo la dirección de Raoul Grüneis y con la participación del excelso cellista Mischa Maisky, quienes ofrecieron el siguiente programa: Obertura de “La Novia Vendida” de Bedrich Smetana (1824-1884), el Concierto para violoncelllo y orquesta en La menor, Op.129 de Robert Schumann (1810-1856) y la Sinfonía n° 4 en Mi menor, Op. 98 de Johannes Brahms (1833-1897).
            La mencionada agrupación sinfónica es fundó en 1955, luego de la fusión de la Orquesta de Radio Ljubliana con la Filarmónica de Eslovenia. No sólo ofrece conciertos, sino que ha realizado grabaciones de estudio y concierto para el Archivo Nacional de Música, disponible para programas de radio y televisión. No sólo ha grabado todo el repertorio sinfónico de su país, sino también la de numerosos autores clásicos, motivo por el cual ha sido distinguida con numerosos premios por la excelente calidad de su sonido. Asimismo, se presenta en conciertos dentro de su país e internacionalmente. Ha sido dirigida por directores de gran prestigio, tales como Samo Hubad, Stanislav Macura, Anton Nanut, David de Villiers y En Shao. Desde 2019, su director estable es el prestigioso músico búlgaro Rossen Milanov. En este caso, se presentó con Raoul Grüneis, quien resultó no sólo ser un director de carácter, sino también una soberbia batuta. Nacido en Alemania, es desde 2010 Director General de Música de la Ópera de Estambul y ha ocupado previamente dicho cargo en los teatros más importantes de Alemania (Freiburg, Mannheim, Darmstadt) y en la Ópera de Ratisbona.  Ni bien se subió al podio, ofreció una versión vibrante y colorida de la mencionada obra de Smetana, caracterizada por su perfecta marcación de los tempi (Fugato, molto prestissimo, staccato) en el Furiant –danza popular checa- central. La orquesta demostró una férrea disciplina de trabajo y ensayo y una pureza de sonido pocas veces escuchadas en el ámbito del Coliseo, totalmente acoplado y ensamblado. Sin lugar a dudas, fue una muy grata sorpresa haber podido apreciar a un organismo sinfónico de excelente nivel.  Y cuando apareció Mischa Maisky sobre el escenario, el delirio fue total. Independientemente de demostrar su habitual maestría, Maisky estaba profundamente compenetrado con la interpretación del mencionado Concierto en La menor de Schumann. La orquesta ejecutó los tres movimientos que lo integran (Allegro: nicht zu schnell (no muy rápido)/ Adagio: langsam (lento)/ Vivace: nicht bewegt (no apasionado)) de manera attaca (sin interrupción), logrando una perfecta armonización y diálogo con el solista. Prueba de ello fue el magnífico dúo entre el primer cello de la orquesta y el solista en el Adagio, seguido por el insuperable matiz del solista en el Allegro scherzando del 3° movimiento, ofreciendo una versión versátil y vibrante, caracterizada por su excelencia sonora y jerarquía interpretativa. La ovación fue tal, que Mischa Maisky brindó 4 bises: los dos primeros, con la orquesta (fragmento final de las Variaciones sobre un Tema Rococó para cello y orquesta en La mayor, Op.33 de Tchaikowsky) y los dos últimos, solo (último número de la Suite en Sol menor para violoncello solista y primer número de la Suite en Sol mayor para dicho instrumento de Johann Sebastian Bach). Tanto con la orquesta como solista, Mischa Maisky hizo gala de su poderosa técnica brindando sus excelentes matices sonoros, con la humildad de los grandes intérpretes. Un eximio artista compenetrado con su música y generoso con su público, motivo por  el cual se retiró ovacionado.
            Quien escribe ha escuchado versiones brillantes de la celebérrima Sinfonía n° 4 en Mi menor de Brahms y pensó que la estupenda versión de Daniel Barenboim al frente de la Staatskapelle Berlin en 2018 iba a ser muy difícil de superar; o al menos, de igualar. Sin embargo, la versión ofrecida por la orquesta con Raoul Grüneis fue excelsa, donde se respetaron los tempi a rajatabla de los 4 movimientos que integran la misma (Allegro non  troppo/ Andante moderato/ Allegro giocoso/ Allegro enérgico e appasionato) y las características de la música de Brahms: romántico, solemne y marcial. Al igual que el resto de las obras, fue una versión brillante desde todo punto de vista. Y la passacaglia con variaciones del 4° movimiento sonó con majestuosidad. Al final del concierto, y luego del aplauso sostenido del público, Raoul Grüneis se dirigió al auditorio en un perfecto castellano para anunciar el primero de los bises: una pieza típica eslovena (Pita) del compositor Aldo Zmab, de gran belleza melódica. Y se despidió con una versión sublime de Poeta y Paisano de Friedrich von Suppé, donde el cellista Igor Mitrovic brindó un espléndido solo de su instrumento dentro de la mencionada obra.
            A veces, los países europeos menos conocidos deparan este tipo de sorpresas. Ya sucedió con la excelente presentación de la Filarmónica de Luxemburgo en el Colón y se repite con esta estupenda orquesta eslovena, que demostró poseer una disciplina férrea, gran tradición musical y alto nivel de interpretación. Todos los ingredientes para brindar un concierto de gran jerarquía, que será recordado como uno de los mejores del corriente año.    

Excelente concierto a cargo de la Filarmónica en el Auditorium de Belgrano

UNA CARICIA PARA EL ALMA (de un corazón cátaro luterano)
Martha CORA ELISEHT

            Dentro del Ciclo Colón en la Ciudad 2019, la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires se presentó el pasado jueves 7 del corriente en el Auditorium de Belgrano bajo la dirección de Darío Domínguez Xodo, con la participación de Daniel Marcel Crespo como solista, en un concierto donde se interpretaron las siguientes obras: la Obertura de “Rosamunde” de Franz Schubert (1797-1828), el Concierto para trompeta y orquesta de Gerardo Gardelin (1965) (estreno mundial) y la Sinfonía n°5 en Re mayor, Op. 107 “La Reforma” de Félix Mendelssohn- Bartholdy (1809-1847).
            Entre sus numerosos antecedentes curriculares, Darío Domínguez Xodo ha sido discípulo del célebre director alemán Kurt Masur, director asistente de Enrique Arturo Diemecke en la Filarmónica de Buenos Aires y se desempeña desde 2013 como director artístico de la Orquesta Sinfónica Municipal de Florencio Varela. Ha dirigido en numerosas oportunidades en Europa y Latinoamérica y quien escribe pudo apreciarlo dirigiendo a la Filarmónica en varias oportunidades fuera del ámbito del Colón, destacándose por lograr un sonido puro y por una impecable marcación de los tempi. Y estas cualidades se pusieron de manifiesto en el presente concierto, donde la orquesta brilló durante la interpretación de las obras comprendidas en el programa.
La Obertura” Rosamunde” fue compuesta  originalmente como obertura de ópera en 1820 por encargo del Theater an der Wien para el drama Die Zauberharfe (“El Arpa Mágica”). Debido a que su estreno fue un fracaso rotundo, la obra desapareció para siempre de los escenarios. No obstante, Schubert la rescató posteriormente y la incluyó dentro del ballet “Rosamünde, Princesa de Chipre”. A partir de allí, la obra adquiere su denominación popular y forma parte del repertorio habitual y tradicional de conciertos. Comienza con un Andante al unísono, introducida por el timbal y los bronces para luego desembocar en un Allegro vivace, compuesto por dos temas que contrastan entre sí en un diálogo fluido, para desembocar posteriormente en un Scherzo giocoso hacia el final de la obra –que será retomado por Paul Dukas como fuente de inspiración para El Aprendiz de Brujo-. Es una obra que forma parte del repertorio habitual de la Filarmónica y uno de sus tradicionales “caballitos de batalla”. En la presente versión, la orquesta sonó de forma fresca y magistral a la vez, transportando al espectador a la Viena del compositor. La coordinación y el contrapunto entre los diferentes grupos de instrumentos en los dos temas principales que integran la misma fueron soberbios y el público respondió con un  cálido aplauso.
Seguidamente, el trompetista Daniel Marcel Crespo tomó el micrófono para anunciar el estreno mundial del mencionado Concierto para dicho instrumento del compositor argentino Gerardo Gardelin –quien estuvo presente en la sala durante la ejecución de su obra-. Al mismo tiempo, aclaró que iba a utilizar una trompeta diferente para cada uno de los tres movimientos que integran el concierto: la primera, en Mi bemol (Allegro), mientras que para el segundo movimiento (Adagio) utilizó una trompeta en tono más grave (Guggelhorn) y para el Vivace final,  una piccolo en Do mayor. El Allegro inicial abre con una melodía en Mi bemol mayor, en ritmo y cadencia de tango –al estilo de Astor Piazzolla- mientras que la trompeta solista retoma el tema principal con un solo en fuga. Daniel Marcel Crespo logró un sonido compacto, redondo, con excelentes matices, mientras que la orquesta respondió con un contrapunto admirable. Por el contrario, el 2° movimiento (Adagio) presenta un tema lento y romántico, donde la trompeta lleva la voz cantante.  El oyente podrá apreciar ciertas reminiscencias de la Sinfonía n° 2 (“Romántica”) de Howard Hanson y de Rimsky- Korsakov en el solo de oboe y clarinete que abre el movimiento antes de dar paso al instrumento solista. Posteriormente, los cellos inician un contrapunto que es retomado por la trompeta solista, luego del cual se acopla el resto de la orquesta. Este tema presenta ribetes de jazz, tango y romanticismo tardío (al estilo de las Rapsodias noruegas n° 1 de Halvorsen y Johan Svendsen), pero con una impronta personal. El Vivace final abre en Do mayor, donde la melodía presenta síncopa y otros elementos del jazz, que recuerdan a Gershwin y Ravel. Posteriormente, hay un segundo tema lento a cargo de la trompeta, que posteriormente es tomado por la orquesta hasta la recapitulación final con el tema inicial. Tras el último acorde de la trompeta que cierra el concierto, el público aplaudió este estreno, obligando a Gardelin a subir al escenario en medio de numerosos aplausos.
La Sinfonía n° 5 en Re menor, Op. 107 (“La Reforma”) fue compuesta en 1830 para la celebración de los 300 años de la Reforma Protestante  iniciada en 1517 por Martín Lutero en el monasterio de Wittemberg. Sin embargo, no se estrenó hasta 1832 debido a la enfermedad del compositor –se dice que Mendelssohn había contraído sarampión para ese entonces y, por ende, su recuperación recién se produjo luego de los festejos-. Por otra parte, había un antisemitismo profuso para la misma época – hay que recordar que Mendelssohn era descendiente de una prestigiosa familia judía, posteriormente convertida al protestantismo y donde adopta el apellido Bartholdy- y probablemente dicha circunstancia también demoró el estreno. Posee 4 movimientos (Andante- Allegro con fuoco- Andante- meno allegro/ Allegro vivace/ Andante con moto/ Chorale: Andante con moto- Allegro vivace- Allegro maestoso) y comienza con la Confesión Agustina (Salmo 46, que da origen a la Reforma) escrita en forma de sonata, con una lenta introducción de tipo coral, que aparece casi como una fuga. Posteriormente, se escucha el Amén de Dresde dos veces en las cuerdas antes de llegar al Allegro en tono mayor, mientras que el 2° movimiento (Allegro vivace)  es el más típicamente mendelssohniano y abre con un scherzo en ¾ en Si bemol mayor, derivado del Amén de Dresde y que culmina con la misma tonalidad. En cambio, el 3° movimiento es un Andante en Solo menor en 2/4, que remeda más a la música coral que instrumental. Se alterna con una melodía en Si bemol mayor hasta desembocar en los majestuosos acordes  del himno “Castillo fuerte es nuestro Dios”, compuesto por el mismo Lutero e introducido por la flauta, seguida por el resto de las maderas y los metales. Finalmente, la orquesta recapitula con una magistral versión de dicho himno en forma coral. Independientemente del credo de esta cronista, la versión ofrecida por la Filarmónica fue magnífica, logrando una interpretación sublime en todos los aspectos, que podría definirse como cálida y versátil, solemne y majestuosa al mismo tiempo. Hacía rato que esta joya sinfónica estaba ausente de los tradicionales programas de conciertos, de modo tal que el mérito de Domínguez Xodo al reflotarla fue por partida doble: rescatar del olvido a una obra maestra y además, ejecutarla espléndidamente, en una versión acorde al título de esta nota: una auténtica caricia para el alma. En este caso, la residente en un corazón cátaro (puro, según este emblemático grupo protestante del sur de Francia) de una luterana

domingo, 3 de noviembre de 2019

Excelente y soberbia actuación de Anne- Sophie Mutter y los Mutter Virtuosi en el Colón

EL TALENTO Y LA GENEROSIDAD DE UNA GRAN ARTISTA
Martha CORA ELISEHT

            Es la segunda vez que la prestigiosa violinista alemana Anne- Sophie Mutter se presenta en la Argentina durante el transcurso del corriente año: la primera, como solista invitada dentro del Festival Barenboim en el Centro Cultural Kirchner (CCK) y la actual, dentro del Ciclo de Grandes Intérpretes Internacionales organizado por el Teatro Colón, donde el pasado viernes 1° del corriente se presentó junto a su conjunto – The Mutter Virtuosi-, en calidad de solista y directora, dentro del marco de una gira sudamericana.
            El programa comprendió las siguientes obras: el Octeto para cuerdas en Mi bemol mayor, Op.20 de Félix Mendelssohn- Bartholdy (1809-1847), el Concierto para dos violines, cuerdas y bajo continuo en Re menor, BWV 1043 de Johann Sebastian Bach (1685-1750) y Las Cuatro Estaciones, Op. 8 n° 1-4 de IL CIMENTO DELL’ARMONÍA E DELL’ INVENZIONE de Antonio Vivaldi (1678-1741).
            El proyecto The Mutter Virtuosi nació en 2011 para jóvenes músicos becarios de la Fundación homónima que lleva el nombre de esta gran artista con el objetivo de familiarizarlos con la vida de un músico profesional y presentarlos a un público más amplio por medio de conciertos y giras.  Está compuesto por 13 músicos de cuerdas (7 violines, 2 violas, 3 cellos y 1 contrabajo) y cuenta con el apoyo del clavecinista noruego Knud Johannessen. Ya se han presentado en Europa, Asia y Estados Unidos y ésta es su primera gira latinoamericana. Derramaron todo su talento y –valga la redundancia- virtuosismo sobre el escenario del Colón desde los primeros compases del mencionado Octeto de Mendelssohn. Esta obra cuenta con 4 movimientos (Allegro moderato ma con fuoco/ Andante/ Scherzo.Allegro leggerissimo/ Presto), donde todos se destacaron. En el Scherzo, Annne- Sophie Mutter  y los dos segundos violines ejecutaron un espléndido canon  a tres voces, mientras que los dos cellistas desarrollaron un perfecto trémolo que fue desde lo grave hacia lo más agudo en la apertura del 4° movimiento (Presto), en una cadencia iniciada por los cellos, seguida por las violas, segundos y primeros violines, respectivamente, que sonó de forma magistral.
            Acto seguido, la violinista alemana demostró que posee la humildad de los grandes, ya que en su carácter de directora y docente de la agrupación hizo que cada uno de los violinistas tocara un movimiento del Concierto para dos violines, cuerdas y bajo continuo en Re menor de Bach (Vivace/ Largo ma non tanto/ Allegro). Pero además, ella actuó inclusive como segundo violín  en vez de ser solista, lo que habla más y mejor aún del talento y generosidad de esta gran artista. Fue una lástima que no se anunciara el nombre de cada uno de los solistas, ya que son muy talentosos. Por su parte, Knud Johannessen ha sido un magnífico intérprete del bajo continuo, de destacadísima actuación en los movimientos lentos de Las Cuatro Estaciones de Vivaldi (Adagio e piano. Presto e forte de “El Verano” y Adagio molto de “El Otoño”).   
            La mencionada obra de Vivaldi forma parte de un gran catálogo denominado IL CIMENTO DELL’ARMONÍSA E DELL’INVENZIONE, y comprende 4 conciertos para violín y orquesta compuestos en 1725. Constituyen un ejemplo de música descriptiva, donde se hace alusión al canto de las aves y la siesta de un pastor (La primavera), el agobiante calor estival y la tormenta (El verano), la danza de los campesinos celebrando las cosechas y el descanso de los mismos (El otoño) y las magníficas disonancias que representan la caída de los copos de nieve y la alusión al frío y al viento (El invierno).
Cada uno de los cuatro conciertos consta de tres movimientos y está escrito en una tonalidad diferente. Comienza por el Concierto n° 1 en Mi mayor, RV 269 “La Primavera”, done el violín adquiere un rol protagónico. Independientemente de sus impecables fraseo y técnica, Anne- Sophie Mutter ofreció una versión excelsa de este clásico del barroco italiano, interpretándolo al estilo de la escuela de Helmut Rilling. Si bien The Mutter Virtuosi no utilizan instrumentos originales de la época, lo hicieron a la usanza antigua, logrando una versión caracterizada por un sonido fresco, prístino, ágil y vivaz. En el Allegro hubo un excelente contrapunto entre el violín solista y los cellos en el Presto. Por otra parte, los trinos, las cadencias, el trémolo y los arpegios de Mutter han sido soberbios, logrando una interpretación exquisita y con un sonido majestuoso. En el Concierto n° 2 en Sol menor, RV 315 “El Verano”, Knud Johannessen se lució logrando un  contrapunto espléndido junto al resto del conjunto in crescendo en el 2° movimiento (Adagio e piano. Presto e forte), mientras que la excelencia sonora llegó a su clímax en el celebérrimo Presto final. Johannessen también se lució en el 2° movimiento (Adagio molto) del Concierto n° 3 en Fa mayor, RV 293 “El Otoño” con un solo brillante en contrapunto con los arcos, dando ese efecto claroscuro tan característico del barroco.  Y en el 1° movimiento (Allegro non molto) del Concierto n° 4 en Fa menor, RV 297 “El Invierno”, el hecho de frotar las cuerdas bajo el puente de todos los instrumentos logró el efecto de caída de los copos de nieve antes del solo de violín. La versión  fue in crescendo hacia el Allegro final, donde el Colón se vino abajo en aplausos al finalizar el concierto.
            El ensemble ofreció varios bises: de Las Cuatro Estaciones, el mencionado Presto de “El Verano” y el Allegro ma non molto de  “El Invierno” más la célebre Aria en La mayor de Bach, donde una vez más Anne- Sophie Mutter se destacó por su jerarquía y la exquisitez en la interpretación, con un pianissimo que será recordado por su excelso sonido.
Si  bien se han brindado numerosísimas versiones de la celebérrima obra de Vivaldi, desde un punto de vista personal, una no escuchaba una versión tan sublime desde sus primeras épocas de habitué, cuando Los Solistas de Zagreb la interpretaron bajo la conducción del legendario Antonio Janigro. Por lo tanto, se vivió una auténtica noche de Colón de la mano de los Mutter Virtuosi, como hacía mucho que no sucedía. Y con una versión excelsa, que quedará grabada de manera imborrable en la memoria de los oyentes
Excelente versión de la Sinfonía Fantástica de Berlioz a cargo de la Filarmónica

REGRESO CON GLORIA
Martha CORA ELISEHT

            Tras haberse presentado en diferentes salas de concierto de Buenos Aires (Auditorio Nacional del Centro Cultural Kirchner, Usina del Arte), la Orquesta Filarmónica volvió a su escenario habitual en el Teatro Colón el pasado 31 de Octubre para continuar sus presentaciones dentro del Ciclo de Abono,  bajo la dirección de Enrique Arturo Diemecke y con la participación de las pianistas francesas Katia y Marielle Labèque con un repertorio integrado exclusivamente por autores galos: la Obertura de Orfeo en los Infiernos de Jacques Offenbach (1819-1880), el Concierto para dos pianos y orquesta en Re menor de Francis Poulenc (1899-1963) y la Sinfonía Fantástica, Op.14 de Héctor Berlioz (1803-1869).
            Es la tercera vez durante el transcurso del corriente año que este organismo sinfónico interpreta la mencionada obertura de Offenbach (en reemplazo de la obertura de La Belle Helêne, anunciada originalmente en el programa), con motivo del 200° aniversario del fallecimiento de dicho compositor. Por ende, es una obra que la Filarmónica tiene bien incorporada dentro de su repertorio. En esta versión, contó con muy buena interpretación de los siguientes instrumentistas solistas: Mariano Rey (clarinete), Natalia Silippo (oboe), Pablo Saraví (violín) y José Araujo (cello).  Seguidamente, la orquesta ofreció una versión magnífica del Concierto para dos pianos y orquesta en Re menor de Poulenc. Compuesto en 1932, toma como referencia a Mozart, aunque también alude a varios compositores (Cilea, Débussy, Ravel, Prokofiev, Stravinsky y Nielsen, entre otros), hilvanándolos como si fuera un collar de cuentas musical dentro de una línea armónica romántica y expresionista a su vez, con un sello personal de sutileza y pasión. Las hermanas Labèque son dos pianistas excepcionales: mientras que Katia posee una potente pulsación y técnica perfecta, Marielle encarna la ductilidad y la sutileza interpretativa. Independientemente de poseer una conexión especial por el hecho de ser hermanas, ambas forman un dúo perfecto y resaltan esa particular conexión por medio de la música. Esas dos cualidades anteriormente mencionadas características de la música de Poulenc encontraron en ellas a las intérpretes ideales. La orquesta sonó perfectamente en diálogo con las solistas y en el 2° movimiento (Larghetto) hubo un muy buen efecto de disonancia brindado por los cellos y las maderas previamente a la entrada de los dos pianos. Naturalmente, el público argentino las ovacionó. Y demostraron su generosidad ofreciendo un bis: “Le jardín féerique” de “Ma Mère l’Oye” (Mi madre la Oca), de Maurice Ravel en piano a cuatro manos. Su interpretación fue exquisita, resaltando los matices sutiles característicos de la música del gran exponente del impresionismo francés. Y se retiraron en medio de numerosos aplausos.
            Para conmemorar el 150° aniversario del fallecimiento de Héctor Berlioz, la Filarmónica decidió interpretar la más conocida de sus obras: la Sinfonía Fantástica (Escenas de la vida de un artista) Op. 14, compuesta  en 1830 y que marca el comienzo del romanticismo francés. Berlioz tuvo una obsesión amorosa con la actriz inglesa Harriett Smithson, quien le sirvió como musa inspiradora para componer su sinfonía. Los cinco movimientos que integran la misma (Sueños- Pasiones/ Un baile/ Escena campestre/ Marcha al cadalso/ Canción de una noche de aquelarre) se encuentran unidos mediante un motivo conductor (leitmotiv) a cargo de la flauta, el clarinete y el fagot evocando a la amada (idée fixe/ idea fija) y que se repiten en toda la obra. El artista se halla tan obsesionado, que la ve en todas partes: en sueños, en un baile, mientras dos pastores arrean su ganado –magnífica interpretación del corno inglés y del oboe fuera de escena-  e incluso, durante una pesadilla –producto de una alucinación causada por fumar opio- , creyendo haberla asesinado y marchando al cadalso como consecuencia de su crimen. Finalmente, en su delirio, el artista vive una noche de horror rodeado por brujas, monstruos y otros seres extraños, entre los cuales, también se encuentra la amada. La ronda infernal conduce a un Dies Irae, donde se entremezclan las notas y la visión espectral concluye. Representa un excelente ejemplo de música descriptiva y Berlioz utiliza un sinnúmero de efectos sonoros. El 1° movimiento inicia en Do menor y posteriormente, pasa a Do mayor, siguiendo la clásica forma de sonata, pero presentando los temas de la manera más simple posible. Al respecto, Berlioz rechazó escribir las melodías en forma simétrica –características de esa época- para brindar mayor intensidad a la melodía. El 2° movimiento arranca con una atmósfera misteriosa, seguida por el solo de las dos arpas y el vals en 3/8, donde la idea fija es transformada. En el 3° movimiento, tras la entrada del corno inglés y el oboe fuera de escena –que representa el diálogo entre los pastores, en un Adagio lento, en 6/8-, el tema principal aparece en flauta y violines. Fueron muy merecidas y destacadas las actuaciones de Natalia Silippo (oboe), Gabriel De Simone (flauta) y Paula Llan (corno inglés) y la excelente labor de los percusionistas en el doble juego de timbales en diálogo con el corno inglés al final del mismo. Por su parte, la orquesta logró durante toda la obra un perfecto y excelente equilibrio sonoro, respetando los tempi, sin caer en excesos. Esto fue aún más notorio en el 4° y 5° movimientos, donde hay tutti orquestales que ilustran la idea fija durante la Marcha al cadalso y la Noche de aquelarre. Asimismo, fue excelente el dúo de tubas formado por Richard Alonso Díaz y Pedro Pulzován –contratado especialmente para esta ocasión- del 5° movimiento (tema que luego tomarán Rimsky- Korsakov en La Gran Pascua Rusa y Sergei Rachmaninov en una de las variaciones de la Rapsodia sobre un tema de Paganini) que marca el Dies Irae y la Ronda de Sabbat – iniciado por las cuerdas, con síncopas en los metales-. Estos dos temas se alternan hasta el final, donde la melodía sombría del Dies Irae se combina con la salvaje fuga de la Ronda de Sabbat. El aplauso del público fue unánime ante una versión de alta jerarquía interpretativa y gran sonoridad.
            Hacía tiempo que quien escribe no escuchaba una versión tan espléndida de la mencionada sinfonía a cargo de la Filarmónica (la última, hacia 1989, bajo la magistral dirección de Rafael Frühbeck de Burgos, sin desmerecer la soberbia interpretación de Serge Baudó, en la década del ’80). No obstante, hay que recordar que esta misma obra fue interpretada durante el transcurso del corriente año tres veces en la misma sala: por Simon  Rattle, Zubin Mehta y la actual. Por lo tanto, una considera que para brindar un homenaje  hay que variar el repertorio,  ya que Berlioz ha compuesto obras bellísimas, como su Sinfonía “Romeo y Julieta”,  Años de Peregrinaje, Haroldo en Italia  o la Gran Sinfonía Fúnebre y Triunfal. Con excepción de La Condenación de Fausto –también interpretada por la Filarmónica durante el transcurso del corriente año- , ninguna se representa asiduamente.  Y en el caso de Offenbach, sucede exactamente lo mismo. Cuando el repertorio se repite tan frecuentemente, suena trillado y remanido. Por ende, una orquesta se enriquece cuando amplía su repertorio y ofrece auténticas gemas. Y si suena como esta última vez, alcanzará la excelencia

sábado, 2 de noviembre de 2019

Comunicado: Agradezco por este medio en nombre de los miembros de esta página, lectores del blog y espectadores del Streaming de "De Paraíso para Usted" al Lic. Pablo Luís Bardin el que me haya honrado con su invitación a presenciar el concierto brindado anoche por Anne-Sophie Mutter junto a "The Mutter Virtuosi". Sin ésto, mi comentario no hubiese sido posible ya que salvo en ocasión de las presentaciones de Zubin Mehta al frente de la Orquesta Filarmónica de Israel (ya que fueron 5), "De Paraíso para Usted" no fue acreditado en ninguna de las restantes fechas del abono de Interpretes Internacionales por parte del Teatro Colón. Espero que a través del canal que corresponde, la Asociación de Críticos Musicales (que integro), se pueda encontrar una solucioòn nosolo para este espacio, sino también para los demás colegas que se encuentran en la misma situación. Donato Decina.

MUTTER, UNA INTERPRETE EXQUISITA

Teatro Colón, Ciclo de Grandes Intérpretes Internacionales 2019. Presentación de  Anne-Sophie Mutter (Violín y Dirección) y “The Mutter Virtuosi”. Programa: Obras de Mendelsohn, Bach y Vivaldi. Teatro Colón, 01 de Noviembre de 2019.

NUESTRA OPINION: EXCELENTE.

  Luego de su triunfal regreso a la Argentina en Agosto pasado para participar como solista en el Festival Barenboim, Anne-Sophie Mutter regresó al país para presentarse ahora en el doble rol de solista y directora en el Teatro Colón al frente de “The Mutter-Virtuosi”, una formación de cámara fundada por la intérprete, la que está integrada por becarios actuales y anteriores  de la fundación que lleva su nombre y que tiene por objeto integrar a los mismos y hacerles vivir las experiencias de giras y actuaciones ante los públicos de diversas latitudes. Se sumó en esta oportunidad la presencia del clavecinísta noruego Knut Johanssen, el que en dos de las obras cumplió un rol fundamental: el de continuo.

    Un comienzo por demás interesante se tuvo con la interpretación del octeto para cuerdas en Mi bemol mayor, Op. 20 de Félix Mendelsohn. Composición de largo aliento que a través de sus cuatro movimientos presenta intensidad, discurso por momentos extenso de todo el conjunto  y, fundamentalmente, la necesidad de una guía precisa para toda la composición. Ya desde el vamos, Mutter atacó las primeras notas extrayéndole al resto de los interpretes que Ella seleccionó todo lo mejor. Un ajuste impecable, planos sonoros muy bien trabajados para llevar  de modo muy sostenido todo el extenso primer movimiento, desarrollar con categoría el “andante” siguiente y descollar tanto en el “scherzo” posterior como el “presto” final al que abordó sin solución de continuidad. Mutter transmite su apasionamiento, guía con exactitud, selecciona muy bien a los jóvenes que la acompañan, trabaja de modo impecable con los mismos y logra una versión redonda de punta a punta de la obra.

  Lo mejor vino en las dos páginas con las que se completó el programa. Más allá de mi preferencia por la interpretación del género barroco con instrumentos a la usanza de época, escuchar dos obras de los máximos exponentes del mismo (Bach y Vivaldi) en el modo que lo hace Mutter con instrumentos modernos no afecta en lo más mínimo. Emplea un “tempi” ágil, se podría decir que en el estilo en que lo hacía Helmuth Rilling y conceptos personales muy interesantes y bienvenidos, como por ejemplo pasar del “pianissimi” más sutil al “tutti” más espectacular, a veces con dinámica arrolladora y muy segura tanto de su parte como del resto del conjunto. Y debo repetir que sabe elegir y rodearse. En el concierto para dos violines, cuerdas y bajo continuo en Re menor que en el catálogo BWV lleva el N 1043, tantas veces apreciado entre nosotros, Mutter eligió un violinista distinto para acompañarla en cada uno de los tres movimientos que integran esta composición.  Y los tres (no se especificaron sus nombres y por más que figuren en el programa de mano como integrantes del conjunto no arriesgo a mencionarlos para no cometer incorrecciones) supieron estar a la altura de semejante intérprete. La versión tuvo un exquisito desarrollo, plena en el “vivace” inicial, canto total en el “largo” central y enjundia en el “allegro” final. Mutter sacó provecho de todo esto para construir una versión superlativa de esta obra.

     Y si algo faltaba, lo tuvimos en la mejor versión que se recuerde en instrumentos modernos de “Las Cuatro Estaciones”, el extraordinario Op. 8 de Vivaldi que de los nos. 1 al 4 integran “Il Cimento dell’Armonia e dell’Invenzione”. Aquí tuvimos a una Mutter consumada como interprete, con exacto sentido de la interpretación. Muy sutil, muy inteligente. Que guía al conjunto con pulso maestro, contagia y le extrae lo mejor a cada integrante, capaz de trabajar los largos y adagios hasta lo mas profundo, hacer vitales los allegros y alcanzar las velocidades más pasmosas poniendo a la par al conjunto. Fue un derroche de exquisitez.

  Dos momentos de esta obra fueron repetidos como bises, el final de “El Verano” y el centro de “el Invierno” ambos como “puntas”, pero en el medio pudimos apreciar una magnífica versión del “Aria” de la Suite para Orquesta Nº 3 de Bach, en la que Mutter sola fue primer violín, dejando al resto de los instrumentistas de ese sector como segundos, con una interpretación profunda y sentida que terminó siendo por belleza y buen gusto el punto más alto de la  noche. Sin dudas, una visita que recordaremos en muchísimo tiempo.
Donato Decina

jueves, 31 de octubre de 2019




LA O.N.M.A., ESPACIO DEFINITIVMENTE GANADO

Orquesta Nacional de Música Argentina “Juan de Dios Filiberto”, Directora: Natalia Salinas. Solistas: Mercedes García Blesa-Patricia Andrada (Sopranos), Matea Musso (Mezzosoprano), María Laura Antonelli (Piano y Medios Electroacústicos), Coro Nacional de Jóvenes, Sub Director a cargo: Pablo Banchi. Programa: Obras de Mainetti, Gerszenson y Antonelli. CCK-Auditorio Nacional, 30 de Octubre de 2019.

NUESTRA OPINION: EXCELENTE

  Hasta hace algunos años la Orquesta Nacional de Música Argentina “Juan de Dios Filiberto” desarrollaba una actividad centrada en música popular (mayoritariamente tango y folcklore). El Teatro Nacional Cervantes era la sede de sus conciertos a los que se sumaba alguna actividad fuera de sede (generalmente se efectuaba en clubes u otro tipo de entidades similares). Era muy poco lo que podía hacerse en materia de música erudita. Una “patriada” muy grande fue el hecho de que este organismo participara como soporte musical  dentro del Plan Federal de Opera y Ballet en las funciones de “El Matrero” de Felipe Boero que se realizaran en el Cervantes en el paso por la Capital Federal de ese trabajo. Luego con la llegada de Luís Gorelik como Director Titular y Ciro Ciliberto como programador artístico, la Orquesta tuvo un despegue definitivo hacia el repertorio de los compositores clásicos argentinos. Se comenzó con los creadores de las primeras épocas hasta llegar a Ginastera, potenciado esto con la apertura del CCK y la asignación de la Sala Argentina para sus actividades y, en algunos casos, la llegada al hoy Auditorio Nacional para compromisos de mayor envergadura. Hoy sobre la base del trabajo de Gorelik y con la persistencia de Ciro Ciliberto, la O.N.M.A. ha ampliado su repertorio clásico. Los conciertos que el Mtro. Lucio Bruno Videla ha efectuado con rescate de obras (ópera y sinfónicas) de compositores olvidados (algunas de ellas exhumaciones), la presencia de notables directores a su frente (el propio Gorelik, Carlos Vieu, Pablo Boggiano y Mariano Chiacchiarini son la prueba más elocuente)- Intérpretes y solistas de jerarquía ( Antonio Formaro, Graciela de Glyndenfeldt, Leonardo López Linares entre otros) y todo esto sin renunciar a su raíz de música popular (la incorporación del rock al repertorio popular con el inolvidable concierto homenaje a “Almendra” y la próxima participación de Juan Carlos Baglietto más intérpretes de tango y folcklore de primer nivel). Por lo cual, estamos ante un organismo de increíble “versatilidad” (Un caso similar se registra en el Reino Unido con la Orquesta de Conciertos de la B.B.C.), muy elástico, que cuenta en su formación con bandoneones, guitarra (criolla y eléctrica) y hasta charango, que interactúa con otros organismos estables (los cuatro coros y los reconocidos solistas que aportan el Polifónico Nacional y el Nacional de Jóvenes) más solistas de la Sinfónica Nacional, sumados a la presencia de figuras populares el que va superándose en cada presentación.

  Este nuevo concierto estuvo integrado por tres estrenos de creadores argentinos. Bienvenido sea también esto ya que es otra posibilidad que se abre en un panorama harto difícil para difundir los nuevos trabajos. La dirección recayó en la joven santacruceña Natalia Salinas a quién elogié en la recordada página del “Opera Club” en ocasión de su participación en el primero de los cursos dictados por el Maestro Pedro Ignacio Calderón, en el que se desarrolló la Quinta Sinfonía de Mahler y que resultara elegida para conducir ante el público los dos primeros movimientos haciéndolo con suma solvencia. Se inició con “La música que nos llega” para coro mixto y orquesta de Pablo Mainetti, reconocido interprete y compositor de música ciudadana, basada en textos de Evaristo Carriego, uno de los cuales da el nombre a la obra. Es un trabajo muy personal, el que nos muestra a un compositor con ideas propias, sin influencia de otros creadores, en donde los bandoneones actúan más como soporte que como generadores de melodías, lo que estuvo reservado a cuerdas y vientos. El Coro interviene en pasajes en los cuales la melodía va desde la zona central hacia las notas más altas. Si bien su emisión fue homogénea, hubo algunos pequeños problemas de dicción. Incomprensiblemente no hubo subtitulado, inaugurado el Viernes anterior en el Concierto de la Sinfónica Nacional (¿Por qué?). Natalia Salinas destacó todos los planos sonoros e integró a las voces con suma pericia. La orquesta mostro un total ajuste con un sector de cuerdas excelentemente trabajado.

  Desde hace casi tres décadas conozco los trabajos de Andrés Gerszenson, uno de los más prolíficos creadores del medio local. En esta ocasión musicalizó cinco poemas de otro gran poeta: Oliverio Girondo. En la orquestación empleó todas las posibilidades que la Filiberto le brindó, desde  bandoneones hasta un fragmento solo reservado al charango. Dentro de las actividades realizadas por el compositor, se destaca el trabajo que llevó a cabo con la Orquesta y el Coro de la U.B.A., en donde la música antigua y el barroco eran puntales de sus programaciones. Por eso no es de extrañar que las partes vocales fueron reservadas a voces de un timbre “blanco” y el tratamiento de ellas sea de corte madrigalista, de ahí que la elección de las solistas recayó en las sopranos  Mercedes García Blesa y Patricia Andrada y en la mezzosoprano Italiana radicada en la Argentina Matea Musso quienes son poseedoras de esas características que he señalado. Los dos fragmentos de punta fueron reservados al trio en su totalidad y los tres del centro uno a cada solista. En los pasajes de trío, hay canon de voces el que va desarrollando el texto, hasta momentos de tutti instrumental en el que la orquesta interviene con fuerza, tal vez conspirando con la emisión de las voces. Aun así es bienvenida la originalidad del trabajo que Gerszenson pudo plasmar en el pentagrama.  Y otro tanto cabe para los pasajes individuales. A “El Puro No” y “Porque me cree su perro” que abren y cierran respectivamente esta obra, se suman “Mi Lumía”, en donde Mercedes García Blesa salió airosa de la escritura de Girondo, ya que este adrede deforma las palabras para darle otro efecto (aquí se volvió a notar la necesidad se subtitulado). Patricia Andrada lució con su timbre cristalino cantando acompañada solo por el charango de Rolando Goldman en “Responso en blanco vivo” (el más reflexivo de los fragmentos) y Matea Musso hizo alarde de su muy buena técnica en “Balalúa”. Salinas mostró su jerarquía para concertar este trabajo de largo aliento y volvió a ir a fondo con la orquesta.

  El cierre le cupo al mejor de los tres trabajos presentados: “Infernadero”. “Seís piezas para Orquesta con Piano y Gritos Olvidados” de María Laura Antonelli, con la propia compositora como solista en piano y medios electrónicos. Está dividido en seis pasajes: “Los Pianos de Marfil”, “Embrujo”, “Dejar Morir”,   “Esqueletos de Barcos y Gritos Olvidados”, “Infernadero” y “Caballos Imaginarios”. Tiene intensidad, pinta a la ciudad de Buenos Aires como pocas obras lo han hecho, es muy original y a partir del cuarto fragmento, la electrónica da vida a un sonido sostén semejante a grito y ya en los dos momentos finales (el que da título a la obra más “Caballos Imaginarios”) da paso a los verdaderos gritos: los pregones de diarieros, botelleros, vendedores ambulantes, gritos de políticos en la tribuna, simpatizantes y hasta de hinchadas de futbol. Todo ello impecablemente intercalado con la música, en la que como solista, la compositora tuvo un total dominio de medios, construyendo así una obra en donde la orquesta (aprovechada integralmente) marca el pulso, el caos y hasta la agresividad del medio. Antonelli logra así lo que se propuso y se muestra como una excelente creadora.
Salinas hizo un excelente trabajo de concertación y le extrajo a la Filiberto todo lo mejor con una total conexión con la Solista/Compositora, llevando a lo más alto al organismo musical. Posteriormente Antonelli brindó una “yapa”, consistente en un trabajo para piano solo,  en el que además empleo el encordado  interpretado con rasguidos, llegando a las más bajas sonoridades y demostrando una vez más su capacidad.

  Entiendo que esta temporada marca el ingreso definitivo de la O.N.M.A. “Juan de Dios Filiberto” al grupo de las orquestas de primer nivel del medio musical argentino. Ahora corresponderá sostener su actividad y fomentar una mayor cantidad de estrenos de Ntros. creadores. Todo ello será muy bienvenido.

Donato Decina