miércoles, 9 de agosto de 2023

 

Extraordinario debut del Ensamble Arcangelo junto a Avi Avital en el Colón


LA BELLEZA DEL BARROCO EN SU MÁXIMA EXPRESIÓN

Martha CORA ELISEHT


Uno de los instrumentos antiguos más conocidos es la mandolina. Este pequeño

instrumento de cuerda pulsada posee una caja de resonancia de fondo curvo que se

fabrica mediante la unión de costillas de madera en forma peraltada, similar a una

almendra (mandorla, en italiano). Fue muy popular en la época del Renacimiento entre

los años 1640 a 1670 para acompañar danzas y comenzó a tener un rol protagónico de la

mano de compositores como Antonio Vivaldi y Arcangelo Corelli, quienes escribieron

sonatas y concertos grossos para dicho instrumento. Posteriormente, cayó en desuso y

hoy en día, su uso se limita al repertorio barroco, ya que no hay muchos compositores

que escriban obras para la misma. No parece ser el caso de Avi Avital, quien rescató a la

mandolina de su prolongado olvido logrando una revitalización del repertorio para este

cordófono mediante composiciones por encargo. El talentoso músico israelí está

nominado a un premio Grammy por su virtuosismo y la calidad de sus interpretaciones.

No es la primera vez que se presenta en Buenos Aires -lo hizo en 2019, donde se

presentó como solista de mandolina junto al ensamble de música barroca LA FOLLIA en

el Teatro Coliseo-, pero sí se produjo su debut en el Teatro Colón el pasado lunes 7 del

corriente junto al Ensamble Arcangelo bajo la dirección del clavecinista Jonathan

Cohen- director musical y artístico de la agrupación- en el Ciclo del Mozarteum

Argentino, ofreciendo el siguiente programa:

- Concierto en La menor para violín, cuerdas y bajo continuo, RV 356

(versión para mandolina)- Antonio VIVALDI (1678-1741)

- Sinfonía para cuerdas en Re menor, RV 128- Antonio VIVALDI (1678-1741)

- Concierto en Re menor para clave, cuerdas y bajo continuo, BWV 1052

(versión para mandolina)- Johann S. BACH (1685-1750)

- Concierto en Do mayor para mandolina, cuerdas y bajo continuo, RV 425-

Antonio VIVALDI (1678-1741)

- Concierto de Brandeburgo n°3 en Sol mayor, BWV 1048- Johann S. BACH

(1685-1750)

- Concierto en Fa menor para clave, cuerdas y bajo continuo, BWV 1056-

Johann S. BACH (1685-1750)

Fundado en 2010 por Jonathan Cohen, el Ensamble Arcangelo es uno de los

conjuntos más importantes de música barroca en la actualidad. Sus integrantes forman

parte de las orquestas más prestigiosas de Europa y, a diferencia de Avital, era la

primera vez que visitaba la Argentina. La calidad de sus integrantes y el sonido

auténticamente barroco impactaron desde los primeros compases de la versión para

mandolina del Concierto en La menor de Vivaldi, donde Avi Avital hizo gala de su

maestría logrando el mejor sonido de su instrumento -obra del luthier israelí Arik

Kerman- en sus tres movimientos (Allegro/ Largo/ Presto). Su prodigiosa memoria y su


magnífica digitación hicieron el resto. Jonathan Cohen actuó simultáneamente como

director y clavecinista, logrando un excelente acompañamiento. Los cellistas y el

contrabajista lograron un perfecto contrapunto en graves, mientras la mandolina

interpretaba la melodía principal en la fuga que cierra el concierto. Y, en las obras

donde solamente actuó el Arcangelo, fue magistral; sobre todo, en la Sinfonía para

cuerdas en Re menor de Vivaldi y el célebre Concierto de Brandeburgo n°3 en Sol

mayor de Bach, donde tanto el concertino Colin Scobie como el solista de 2° violín

Michael Gurevich se lucieron en sus respectivos solos. Una auténtica cátedra de

interpretación del repertorio barroco, coronada por múltiples aplausos y vítores por

parte del público.

Luego que Avital deslumbrara con su asombroso fraseo y su prodigiosa

digitación cerrando la primera parte del concierto con una versión para mandolina del

Concierto en Re menor para clave, cuerdas y bajo continuo de Bach, el músico israelí

brindó una exquisita versión del Concierto en Do mayor para mandolina, cuerdas y

bajo continuo de Vivaldi, compuesto en 1725 y cuyo primer movimiento (Allegro) ha

servido como cortina musical de avisos publicitarios y programas radiales en la década

del ’60. Escrito para auténticos virtuosos, fue abordado con gran maestría tanto por el

solista como por el ensamble, sonando de manera celestial. Lo mismo sucedió con la

versión para mandolina del Concierto en Fa menor para clave, cuerdas y bajo continuo

de Bach en sus tres movimientos (Sin especificación/ Largo/Presto), donde el

cromatismo del Presto final permite que la orquesta realice ecos a la medida del solista.

Esto último le vino de perlas al israelí, quien fue ovacionado junto con el conjunto

instrumental en una auténtica noche de Colón.

Naturalmente, el público quería más. Sin anunciar qué iba a interpretar, Avital

tomó su instrumento y, como se dice vulgarmente, “la rompió” como solista

interpretando una improvisación sobre una danza folklórica búlgara del compositor

israelí Paul Ben- Haim (1897-1984), donde se puso de manifiesto su virtuosismo y su

calidad interpretativa. Ante otra ovación de vítores y aplausos, decidió ofrecer junto al

ensamble otro bis: el Largo del Concierto en Do mayor para flauta, RV 443 de Vivaldi

(en transcripción para mandolina), que sonó magistral. A su término, sí marcó el final

del concierto, donde todos se retiraron sumamente conformes por el logro obtenido.

Esta crónica merece más de un título. Avi Avital cumplió “el sueño del pibe” de

tocar en uno de los escenarios más importantes del mundo como lo es el Colón. Y

Jonathan Cohen, un maestro desde todo punto de vista. Juntos lograron sublimar la

belleza de la música barroca elevándola a la máxima potencia y a su máxima expresión.

lunes, 7 de agosto de 2023

 



                       Fotografía Servicio de Prensa Teatro Colón, Crédito: Máximo Parpagnoli


ENTRE REENCUENTROS Y NOVEDADES

 

Teatro Colón, temporada 2023: Ballet. Actuación del Ballet Estable del Teatro Colón, Director: Mario Galizzi. Bailarín Invitado: Davide Dato (Integrante del Ballet de la Staatsoper Wien). Programa: “Suite en Blanc” (Lalo/Lifar),  “Windgames” (Tchaikovsky/De Bana) Coreógrafos Repositores: Charles Judd (“Suite en Blanc) con asistencia de Stephanie Roublot. Aída Badía (Windgames). Escenografía y Vestuario: Andre Dignimont (Suite en Blanc), Vestuario: Stephanie Bäuerle (Windgames), Iluminación: Rubén Conde (“Suite en Blanc”), James Angot (“Windgames”). Participación de la Asociación de Profesores de la Orquesta Estable del Teatro Colón. Concertino y Solista: Oleg Pishenin. Dirección Musical: Jan Latham Koenig. 06 de Agosto de 2023.

 

NUESTRA OPINION: MUY BUENO

 

  Pasaron veinticuatro larguísimos años para que el público porteño pudiera volver a apreciar “Suite en Blanc”, la creación de Serge Lifar basada en la música de otro Ballet “Namouna” de Eduard Lalo en el escenario del Teatro Colón. Si bien durante mucho tiempo la programación de Ballet se basó en los “clásicos” (con demasiada alternancia entre “Giselle” y “El Lago de los Cisnes” e incluso este último en alguna ocasión como cierre de temporada en época de festividades), muchas otras obras quedaron injustamente relegadas (“Coppelia” por caso) y en este renglón debemos ubicar a esta creación pensada para mostrar lo mejor de un cuerpo de baile que se precie de ser.

 

  Lifar tomó diez números del Ballet de Lalo y protagonizó su estreno en París en 1943 junto a un grupo de notables bailarines en plena ocupación alemana durante la segunda guerra mundial. La selección incluyó: Obertura, “La Sieste”, “Theme Varie” (Pas de Trois), “Serenade”, “Presto” (Pas de Cinq), “Variación de la cigarette”, “Mazurka”, “Adagio”, “Parade de Foire”, “Variación de la Flute” y “Fete Foraine”. La escena es despojada. En esta versión encontramos solamente una plataforma elevada para desplazar tanto a solistas como al cuerpo de baile resaltando la acción.

 

  Para esta reposición, Mario Galizzi dispuso para el estreno al mejor grupo de bailarines disponibles.  Por ello no extrañó ver dentro de una misma obra a Juan Pablo Ledo, Federico Fernández, Jiva Velázquez, Carla Vincelli, Rocío Agüero; Camila Bocca, Emmanuel Abruzzo, Iara Fassi, Paula Cassano, Ludmila Galaverna, Vinicius Vasconcelos entre otros, sumados a los bailarines de fila.

 

  Sería muy injusto de mi parte señalar a algunos e ir en detrimento de otros. Si en cambio hay que hacer notar que esta nueva gestión de Mario Galizzi le insufló al Ballet Estable aire nuevo, ganas de trabajar y deseos de superación  y se ve claramente en cada presentación. El espectacular cierre con Juan Pablo Ledo y Federico Fernández alzando a sus respectivas compañeras en el centro de la escena desató una cerrada ovación haciendo justicia por la labor desarrollada por todo el cuerpo de baile. Como se ve ha sido nuevamente un rotundo acierto rescatar esta obra de un inmerecido olvido. La reposición de Charles Jude con asistencia de Stephanie Roublot apuntó justamente a resaltar todos los detalles, logró precisión de desplazamientos y extrajo lo mejor de cada intérprete.

 

   Un vestuario de Ballet clásico sobriamente diseñado por Andre Dignimont, responsable además del sencillo y eficaz dispositivo escénico, fue realzado por la iluminación siempre acertada de Rubén Conde. Nada quedó librado al azar.

 

  En cambio resultó irregular el acompañamiento brindado por Jan Latham Koenig al frente de la Asociación de Profesores de la Orquesta Estable del Teatro Colón con momentos de suma estridencia y percusión desbocada que no son propios del estilo francés.

 

  “Windgames ”es una obra que Patrick de Bana fue estrenando en etapas desde el año 2013 y en el todo recién en 2021. Tomando como base una obra del repertorio sinfónico (Concierto para Violín y Orquesta Op. 35 de Tchaikovsky), desarrolla en ella un trabajo basado en las creaciones que los Ballets Russes estrenaron a comienzos del siglo veinte, por lo cual hay elementos de danza moderna con el soporte musical de una partitura consagrada. Es un trabajo distinto y novedoso en donde el lenguaje y la plasticidad de los cuerpos se unen a la técnica que cada bailarín despliega sobre el escenario.  Durante los tres movimientos del Concierto se suceden seis episodios, algunos en conjunto y otros en solos o dúos. Aquí pude apreciar la indudable categoría artística de Davide Dato, proveniente de Ballet de la Opera de Viena. Con técnica impecable, vigor y notables movimientos desplegó una energía arrolladora en escena. Muy buenas respuestas brindaron en las  escenas números 2,3 y 5 las parejas de baile compuestas por Igor Vallone y Paula Cassano, Camila Bocca y Martín Vedia y  Antonio Luppi e Iara Fassi. Jiva Velázquez mostró una vez más su reconocida solvencia en la escena Nº 4 y el conjunto conformado por Luciano García, Vinicius Vasconcelos, Franco Noriega, Alan Pereyra, y Sebastián Bustos actuó con solvencia. Vale entonces destacar la labor de Aída Badía como coreógrafa repositora ante la atenta mirada del autor De Bana.

 

  Moderno, sobrio y atildado el vestuario de Stephanie Bäuerle y muy ajustada la iluminación de James Angot.

 

  Sabido es de la exigencia del Concierto para Violín y Orquesta op.35 de Tchaikovsky, el que requiere un solista de fuste y una buena orquesta. Además de ser el Concertino, Oleg Pishenin es un reconocido solista y lo demostró con creces en esta oportunidad en que debió hacerlo desde el foso.  Hubo que sincronizar, baile, concierto y ajuste orquestal. Aquí sí Jan Latham Koenig hizo una labor convincente con Pishenin como estupendo solista y una Orquesta que siguió al detalle al director y a su compañero para que los interpretes estuvieran a gusto y que le dispensaran al solista el gran aplauso harto merecido. Y el público sumándose con fervor para ovacionar a todos por igual.

 

Donato Decina

 Extraordinario concierto de la Sinfónica Juvenil San Martín en la Facultad de Derecho


LA FUERZA Y EL ÍMPETU DE LA JUVENTUD LO PUEDEN


TODO


Martha CORA ELISEHT


El Ciclo de Grandes Conciertos organizado por la Facultad de Derecho de la

Universidad de Buenos Aires reúne lo más granado de los intérpretes locales y brinda la

oportunidad a numerosos organismos sinfónicos de excelente nivel de poder presentarse

en un ámbito prestigioso. Unido esto al hecho de ser absolutamente gratuito -a cambio

de un alimento no perecedero, que se dona a instituciones de bien público-, se reúne una

importante convocatoria de público que asiste los sábados por la tarde para escuchar un

espectáculo de buena calidad. Y se ha transformado en la casa de la Orquesta Sinfónica

Juvenil “Libertador Gral. San Martín”, que se presenta en el Aula Magna de dicha casa

de altos estudios los primeros sábados del mes. Esta vez, la agrupación creada y

conducida por el maestro Mario Benzecry ofreció un concierto el pasado sábado 5 del

corriente bajo la dirección de Pablo Boggiano, con la participación del pianista Gastón

Frydman y la soprano Ayako Tanaka para ofrecer el siguiente programa:

- Concierto en La menor para piano y orquesta, Op.54- Robert SCHUMANN

(1810-1856)

- Concierto para soprano de coloratura y orquesta, Op.82- Reinhold GLIÈRE

(1875-1956)

- Suite del ballet “PETROUSHKA” (revisión de 1947)- Igor STRAVINSKY

(1882-1971)

Pablo Boggiano no sólo es uno de los mejores directores argentinos del presente,

sino, además, un prestigioso intérprete. Ha actuado con las principales orquestas

sinfónicas del país y del exterior; principalmente, en Europa, donde se halla radicado y

ejerce actualmente su profesión. Alumno de Mario Benzecry, recibió ayer el diploma de

Personalidad destacada de la Cultura otorgado por el Gobierno de la Ciudad de Buenos

Aires previamente al inicio del concierto. Se lo notó muy emocionado ante semejante

galardón y aprovechó la oportunidad para dedicárselo a su maestro.

Acto seguido, se procedió a la tradicional afinación de instrumentos, donde se pudo

apreciar de antemano una orquesta muy bien afinada y afiatada previamente al ingreso

de Gastón Frydman para ejecutar el celebérrimo concierto de Schumann. Es uno de los

pianistas más jóvenes y talentosos de nuestro país y lo demostró brindando una soberbia

y estupenda versión del concierto romántico por antonomasia desde los primeros

compases del Allegro affettuoso inicial en La menor, siguiendo con una versión

exquisita y refinada del Intermezzo- Andantino grazioso para desembocar en el vibrante

Allegro vivace final, donde no sólo hizo gala de su maestría, sino que lo tocó con pasión

-pese a que el piano no era el mejor para un solista de tal jerarquía-. La orquesta supo

acompañarlo logrando un perfecto diálogo y se desató una ovación de aplausos y vítores

al final de la interpretación. Frydman se mostró sumamente agradecido y ofreció un bis


muy poco habitual: Danza de la moza donosa de Alberto Ginastera, que sonó de manera

sutil, precisa y sumamente refinada, con ese toque folklórico característico del

compositor. Una delicia para los oídos del público y otra ovación de aplausos para el

joven intérprete.

A continuación, Boggiano acudió al escenario en compañía de Ayako Tanaka para

interpretar una obra desconocida hasta entonces por el público local: el Concierto para

soprano de coloratura y orquesta en Fa menor de Reinhold Glière, compuesto en 1943

y que consta de dos movimientos: Andante/ Allegro, donde la solista sólo vocaliza las

letras A y O y que permiten el total lucimiento de la soprano mediante pasajes donde -

por momentos- debe emular el sonido de la flauta y ascender 3 escalas más alto. Era una

 vez mas que Ayako Tanaka se presentaba en Buenos Aires y  no pudo haber

sido mejor: deslumbró al público con su línea de canto, los matices de su voz en la

coloratura y su impecable técnica. Por su parte, Pablo Boggiano dirigió la orquesta de

forma magistral, logrando un sonido puro merced a su impecable marcación y

contagiando su ímpetu a los jóvenes músicos. Ella sobresalió en el sobreagudo final e

hizo que el Aula Magna estallara en aplausos y vítores.

Para la segunda parte del concierto, la Sinfónica Juvenil se presentó con su orgánico

completo para ejecutar una obra sumamente compleja y escasamente representada en

los programas de conciertos: la suite del ballet PETROUSHKA de Stravinsky,

compuesto originalmente en 1911 para Les Ballets Russes por encargo de Sergei

Diaghilev tras el éxito de sus dos ballets anteriores en París (EL PÁJARO DE FUEGO y

LA CONSAGRACIÓN DE LA PRIMAVERA). Petroushka es una marioneta de paja y

trapo, pero posteriormente, cobra vida y trata de ganar el amor de la bailarina, quien, a

su vez, está enamorada del Moro. Ambos se transforman en rivales y se traban en lucha

hasta que el Moro lo mata con su cimitarra. Es Carnaval y todos creen que es sólo un

muñeco roto, pero se aparece el fantasma de Petroushka, lo que aterroriza al titiritero

(Charlatán). El protagonista posee un acorde característico a modo de leitmotiv (Do

mayor y Fa sostenido mayor, tocados simultáneamente). Posteriormente, Stravinsky

realiza una revisión de la obra en 1947 para una orquesta más reducida – que lleva

piano, celesta, arpa, címbalos y abundante percusión, dos trompetas (dos en Si bemol y

la otra, en Do), 3 flautas (una, piccolo), 2 oboes, corno inglés, 3 clarinetes en Si bemol,

2 fagots, contrafagot, 4 cornos en Fa, 3 trombones, tuba y cuerdas-, donde todos y cada

uno de los solistas de los diferentes grupos de instrumentos puede lucirse a pleno.

Merced a la enjundia puesta por parte de los músicos y a la garra y precisión de Pablo

Boggiano, fue una versión excepcional. Hacía mucho que esta joya sinfónica no se

representaba en los programas de conciertos -prácticamente, desde la década del ’80-,

así como tampoco dentro del repertorio del ballet. La única vez que una lo pudo apreciar

sobre el escenario del Colón fue en 1979 con la participación del Ballet del Siglo XX

dirigido por Maurice Béjart, con Jorge Donn en el rol protagónico antes de que se

hiciera mundialmente famoso por su participación en el film LOS UNOS Y LOS

OTROS, de Claude Lelouch. La gente los aplaudió rabiosamente al final y fueron

muchos los que se acercaron a la trastienda para saludar al director y a los músicos.

La labor llevada a cabo por la Orquesta Sinfónica Juvenil “Libertador Gral. San

Martín” de la mano de Benzecry es soberbia y se encuentra formando parte de los

organismos sinfónicos más importantes no sólo del país, sino también del continente. Se


encuentra a la altura de su hermana “Simón Bolívar” de Venezuela y bien merecería un

espacio en las salas de conciertos más importantes de la Argentina. La fuerza y el

ímpetu juvenil lo pueden todo y lo han demostrado con creces en todas y cada una de

sus presentaciones.

domingo, 6 de agosto de 2023

 

Concierto de Ciro Alejandro Rolón

 

.Ciro Alejandro Rolón, piano

.Teatro Colón, Mar del Plata, 3 de agosto, hora 20.

 

            Nacido en Río Negro, el joven pianista Ciro Alejandro Rolón está llevando a cabo una nutrida agenda de conciertos que proseguirá en el Museo Fernández Blanco, La Fundación Beethoven y la Scala de San Telmo, entre otros escenarios.

            Para su presentación en Mar del Plata optó por obras de distinta naturaleza del repertorio romántico y post-romántico del siglo XIX, de autores con una concepción pianística también muy diferente.

           

El Impromptu en la bemol mayor, opus 90, D 899, nro. 4 de Franz Schubert (1797-1828) abrió el programa. El hondo sentido melódico de quien es, con toda evidencia, uno de los compositores mayores y más singulares de la historia de la música, la belleza intrínseca de estas invenciones sepulta, por decirlo así, el desafío técnico que implica abordarlas, ya desde su comienzo, en rápidos pasajes en semicorcheas que forman parte del comienzo del primer motivo y del acompañamiento luego. La escritura es un fluir de estos elementos nada sencillos que deben ser interpretados en toda su musicalidad para dar el sentido de improvisación que es la propia naturaleza de los impromptus.

 

El Nocturno en do menor, opus 48 nro. 1; el Estudio en do menor, opus 25, nro 12; la Mazurca en si menor, opus 33, nro. 4 y la Balada nro. 1 en sol menor opus 23 de Frédéric Chopin (1810-1849) siguieron en el orden del programa.

El nocturno y su misterioso y delicado comienzo imponen un sentido de la frase similar al del habla, íntimo y crepuscular, donde es difícil predecir a donde conducirá la frase. Totalmente diferente, el estudio se destaca por su intensa sonoridad y amplitud, en una permanente cascada de notas, ya sea en la línea melódica y el acompañamiento. En cambio,  la mazurca, con su alternancia dinámica y su acentuación que se desplaza del primer tiempo del compás al segundo o que se aprecia en ambos, es una añoranza de la música folklórica del país natal del compositor.  La balada, una de las obras acaso más conocidas está desarrollada en un permanente cambio dinámico y una línea que conduce de un motivo melódico a otro.

El pianista polaco Piotr Andersewski en el interesante documental El viajero inquieto –donde evoca con dolor y nostalgia a aquella antigua Varsovia destruida en  la Segunda Guerra Mundial- se refiere a la naturaleza de la música de Chopin como una “ebullición muy controlada” y su definición cobra sentido en estas obras de exuberancia y a la vez de equilibrio, de sonoridad y a la vez de dulzura.

Tales distintas inflexiones –del nocturno, al estudio, de este a la mazurca y luego a la balada- constituyen una exigencia para el sentido estético de la interpretación e cualquier pianista y fue un acierto exponerlas en su rica diversidad.    

           

            Las siguientes obras del programa fueron:    I. Prelude. Moderato, II Choral piu lento- Poco Allegro III Fugue Tempo I° - Come Cadenza, de César Franck (1822-1890). La obra de Cesar Franck es de una gran finura en la concepción: virtuosística, dulce, conducida por motivos sencillos en un contexto de amplios desarrollos sonoros. No parece dada en el fácil efecto sino en la delicada sensación de un descubrimiento que nos conduce por motivos recurrentes y de una belleza que les es peculiar. Poco difundida en el repertorio de los pianistas, su complejidad de interpretación es evidente: rápidas cascadas de notas que constituyen pasajes similares entre sí que se suceden y constituyen un tejido muy cerrado, y la belleza de los motivos centrales. Se destaca en las frases las micro-dinámicas: es decir, las variaciones de intensidades en una misma nota, en un discurso que está concebido de ese modo particularmente en los pasajes lentos.

            Obra de demanda técnica y a la vez de criterio, hubo la rara oportunidad de escucharla en vivo.

 

            El programa concluyó con Six Moments Musicaux, opus 16: Nro. 3, Andante Cantabile en si menor;  nro. 4,  Presto, en mi menor, de Sergei Rachmaninov (1873-1943). Se cumplen este año el sesquicentenario del nacimiento del compositor ruso y el ochenta aniversario de su muerte. Es sin duda uno de los mayores exponentes del post romanticismo, que vivió en un momento en que imperaban las vanguardias. Fue fiel a su música y a lo que resuena en ella: la diversidad –desde el intimismo de obras pianísticas como las del opus 23 o el 32- a la inventiva tan racionalmente organizada de sus Variaciones Sobre un Tema de Paganini, opus 34 y muchas otras de diferente naturaleza, como las Vísperas para coro a capella.

            El nro. 3 connota el lirismo nostálgico de muchas de sus obras para piano solo mientras que el nro. 4 es una pieza de bravura.

            Obras breves y representativas para cerrar un programa donde todos los opus fueron representativos de un lenguaje y de un compositor.

 

            Luego de interpretar las obras de Chopin Ciro Rolón se dirigió al público para referirse al repertorio, a lo representativo de cada opus, a las razones por las cuales eligió cada uno de ellos y a sus particularidades técnicas. Confirió a su presentación un carácter espontáneo y a la vez orientó la escucha de este repertorio.

              La técnica permite abordar las obras pero su dominio es un punto de partida que lleva a un criterio de interpretación dado en el sentido de la obra, lo que significa para el intérprete y el modo de abordarla.

            La falta de programa de mano, práctica lamentablemente establecida en varios escenarios, no permitió al público acceder a la referencias de la formación del pianista, que entre sus antecedentes se cuentan el haber sido becado por el Centro de Estudios Pianísticos (CEP BARCELONA) como alumno activo en las Clases Magistrales de la reconocida pianista Ingrid Fliter (medalla de Plata en el Concurso Internacional de Piano F.Chopin de Varsovia) sobre la obra de F.Chopin.
así como haber obtenido el Primer Premio del Seminario y Concurso “Los conciertos para piano y orquesta de Ludwig Van Beethoven”, cuyo jurado estuvo conformado por miembros de la Comisión Directiva de ALAPP Argentina(Mayo 2019), entre otras distinciones.

 

            Una vez más, resulta enriquecedor el contacto con los jóvenes intérpretes, quienes en una formación las más de las veces intensa han podido desarrollar un sentido de la técnica así como  de la significación de obras que abordan por razones que siempre son muy caras a sus preferencias. Ciro Alejandro Rolón eligió, de un repertorio más vasto, obras que por motivos propios deseaba brindar al público y lo logró acabadamente

                       

 

Eduardo Balestena

  

 

           

           

            

martes, 1 de agosto de 2023

 

Estupenda actuación del Cuarteto Gianneo en Conciertos del Mediodía del Mozarteum 

 

CON RENOVACIÓN Y LA EXCELENCIA DE SIEMPRE

Martha CORA ELISEHT

 

            Fundado en el año 2000, el Cuarteto Gianneo es una de las agrupaciones de cámara con mayor trayectoria de la Argentina. Se ha presentado en los escenarios de las salas de conciertos más prestigiosas del país y ha ganado en varias oportunidades el premio otorgado por la Asociación de Críticos Musicales de la Argentina (ACMA) en la categoría “Mejor conjunto de Música de Cámara”. El pasado 1° de Agosto se presentó en el Ciclo Conciertos del Mediodía del Mozarteum Argentino en la sala Martín Coronado del Teatro San Martín, perteneciente al Complejo Teatral de Buenos Aires, con una renovación de sus integrantes: además de los violinistas Luis Roggero y Sebastián Masci, se incorporaron Fernando Rojas Huespe (viola) y Esdras Campos (violoncello) para interpretar el siguiente programa:

-          Cuarteto para cuerdas en Do mayor, K.157- Wolfgang A. MOZART (1756-1791)   

-          Movimiento de cuarteto en Do menor, D.703- Franz SCHUBERT (1797-1828)

-          Cuarteto para cuerdas n°1 en Re mayor, Op.11- Piotr I. TCHAIKOVSKY (1840-1893)

Las nuevas adquisiciones del Gianneo son dos músicos de impecable trayectoria. Ambos son integrantes de la Orquesta Estable del Teatro Colón y han participado recientemente en el Festival Argerich y en el ciclo de la Asociación de Profesores de la Orquesta Estable – tanto en la Fundación Beethoven como en el Salón Dorado del Colón-. En este caso, lo demostraron con creces sobre el escenario de la sala Martín Coronado desde los primeros compases del mencionado Cuarteto en Do mayor de Mozart, que sonó en forma estupenda desde el Allegro inicial. Fue compuesto durante la estadía de Wolfgang A. Mozart en Milán entre los años 1772 y 1773 para el estreno de su ópera Lucio Silla, donde el genio de Salzburgo compuso una serie de cuartetos para cuerdas (del 2° al 7°), que pasaron a denominarse Milaneses y en los cuales se nota una clara influencia de la ópera. Esto se refleja más en el Andante central en tono menor, donde tanto la viola como el violoncello lograron un perfecto contrapunto con el primer violín -estupendo solo de Luis Roggero- para desembocar en el vibrante Presto final, lleno de síncopas y de una coda que sonó auténticamente mozartiana. Fernando Rojas Huespe se destacó por su obsesión por la afinación de su instrumento y un sonido pleno, mientras que Esdras Campos lo ejecutó con pasión. Ingredientes necesarios para lograr una versión perfecta, que le valió el cálido aplauso de una platea prácticamente colmada de gente.

Seguidamente, el cuarteto ofreció el Allegro assai del Cuarteto para cuerdas en Do menor, D.703 de Schubert, compuesto en 1820 cuando tenía 23 años. Sin embargo, dejó en suspenso su obra y nunca más la retomó. Posteriormente, Johannes Brahms adquirió el manuscrito original de Schubert y lo estrenó de manera póstuma en 1867 en Viena. Es un Allegro de sonata con dos temas llenos de efectos contrastantes, que marcaron un estilo diferente de composición. Los cuatro instrumentistas ofrecieron un muy buen trémolo y fraseo en cascada desde el inicio y brindaron una brillante versión, que se vio coronada por numerosos aplausos y vítores al término de su ejecución.  

Dentro de su abundante producción de música de cámara, Tcahikovsky compuso tres cuartetos para cuerdas, de los cuales, el n°1 en Re mayor es el más famoso por su celebérrimo Andante cantábile -que posteriormente, fue orquestado aparte en versión para violoncello y orquesta de cuerdas y que despertara las lágrimas del escritor León Tolstoi durante su estreno en 1871-. Precisamente, Tchaikovsky se inspiró en una canción típica ucraniana para componer esta bellísima melodía, donde un campesino sueña con su enamorada y le declara su amor. Consta de 4 movimientos: Moderato e semplice (en Re mayor), Andante cantábile (Si mayor), Scherzo- allegro non tanto e con fuoco (Re menor) y Allegro giusto- Allegro vivace (Re mayor). La versión ofrecida sonó muy compacta y a la vez, intensamente romántica desde los primeros compases del 1° movimiento, donde se destacaron las cadencias de los violines y el contrapunto en cello y viola, con una magnífica labor del ensamble en el crescendo. En lugar de la clásica versión del Andante cantábile para cello y orquesta de cuerdas, el primer violín es el solista y lleva la consabida melodía, con un excelente desempeño de Luis Roggero y un soberbio contrapunto por parte de sus compañeros bajo la guía de Sebastián Masci. El potente Scherzo- Allegro non tanto e con fuoco que abre el 3° movimiento sonó sumamente preciso y vibrante, con un magnífico fraseo por parte de todos y cada uno de los instrumentistas para culminar con una excelente performance del Allegro giusto- Allegro vivace que cierra el cuarteto, caracterizado por un tema en tiempo de drushba -danza típica ucraniana- con variaciones. Unido esto a la garra y la pasión ya descriptas, los integrantes del Gianneo hicieron que el público volviera a aplaudir rabiosamente una vez concluida la obra. Fue la oportunidad de Sebastián Masci no sólo de agradecer la presencia del público y a las autoridades del Mozarteum y del Complejo Teatral de Buenos Aires, sino también de anunciar el bis: el Gato de Emilio Napolitano, que sonó magistral y auténticamente criollo.

Independientemente que un molesto e inoportuno ringtone de un teléfono celular haya desconcentrado a los músicos previamente al inicio del concierto (pese al previo aviso de apagar o silenciar los mismos), lo que motivó a Luis Roggero a anunciar que el concierto iba a comenzar una vez que se hubiesen apagado verdaderamente los celulares -lo que motivó el aplauso por parte del público, incluyendo a quien escribe-, fue un concierto estupendo. La renovación de sus integrantes le sentó de perlas al Gianneo, que sigue sonando con la excelencia a la cual tiene acostumbrado a su público.  

lunes, 31 de julio de 2023

 

Espectacular cierre del Festival Argerich junto a los cuerpos estables del Colón


ENTRE EL CIELO Y LA TIERRA


Martha CORA ELISEHT


El título de esta nota representa la impresión de la mayoría de los melómanos

que han seguido la presente edición del Festival Argerich, que contó con

prestigiosísimos intérpretes de diferentes instrumentos y directores de orquesta

invitados de primer nivel. Tras el celestial concierto de Vassily Petrenko al frente de la

Filarmónica junto a Nelson Goerner, el pasado domingo 30 del corriente se produjo el

concierto de clausura del Festival bajo la batuta de Charles Dutoit al frente de la

Orquesta Estable del Teatro Colón, con la presencia de los siguientes intérpretes:

Martha Argerich, Alan Kwiek, Iván Rutkauskas y Marcelo Ayub (pianos); el Grupo

Vocal de Difusión, dirigido por Mariano Moruja; el Coro Estable del Teatro Colón, bajo

la dirección de Miguel Martínez y los siguientes cantantes: Jaquelina Livieri (soprano),

Guadalupe Barrientos (mezzosoprano), Santiago Martínez (tenor), Hernán Iturralde

(bajo), Laura Pisani y Florencia Burgardt (sopranos), María Luisa Merino Ronda

(mezzosoprano), Darío Schmunck e Iván Maier (tenores) y Fernando Radó (bajo) para

interpretar el siguiente programa:

- “Las Bodas”- Igor STRAVINSKY (1862-1971)

- Sinfonía n°4 en Re menor, op.120- Robert SCHUMANN (1810-1856)

- Fantasía Coral en Do menor, Op.80- Ludwig van BEETHOVEN (1770-1827)

El concierto se dividió en tres partes: la primera, para interpretar la mencionada

cantata de Stravinsky, compuesta originalmente como un ballet en 1913 y concluida en

1917. Originalmente, lo concibió para orquesta ampliada -similar a la utilizada en LA

CONSAGRACIÓN DE LA PRIMAVERA- pero posteriormente, cambió drásticamente la

orquestación y decidió utilizar dos grupos de instrumentos de percusión, cuatro pianos,

coro mixto y un cuarteto de cantantes: soprano, mezzosoprano, tenor y bajo. Esto

manifiesta la tendencia del compositor de simplificar la orquestación usando grupos de

sonido desnudo, claro y mecánico. El libreto fue escrito por el mismo Stravinsky,

basado en letras de canciones de bodas rusas recopiladas por P.V. Kireevski en 1911 y

puede cantarse en ruso o en francés. En este caso, se cantó en francés y puede apreciarse

que las cadencias de los pianos -apoyadas en la percusión- poseen una melodía muy

similar a la de LA CONSAGRACIÓN DE LA PRIMAVERA, mientras que la melodía

cantada por el coro posee pasajes que recuerdan a CARMINA BURANA de Carl Orff. La

labor de los cuatro pianistas fue soberbia: mientras el dúo Ayub/ Rutkauskas tocaba los

trinos y arpegios, el dúo opuesto (Argerich/ Kwiek) marcaba la melodía, y viceversa.

La labor del Grupo Vocal de Difusión -muy bien preparado por Mariano Moruja- fue

estupenda, al igual que la del cuarteto vocal integrado por Jaquelina Livieri, Guadalupe

Barrientos, Santiago Martínez y Hernán Iturralde. Ninguno sobresalió por sobre el otro

en las partes al unísono y cada uno descolló en sus pasajes como solista. Los

percusionistas de la Orquesta Estable también tuvieron una destacadísima actuación

bajo la batuta magistral de Charles Dutoit en una versión brillante.


Tras el aluvión de aplausos, la mudanza de instrumentos y atriles y la

correspondiente preparación del escenario, los integrantes de la Orquesta Estable

tomaron posición sobre el escenario para brindar una fabulosa versión de la célebre

Sinfonía n°4 en Re menor de Schumann, cuyos 4 movimientos (Ziemlich langsam-

Lebhaft/ Romanze: Ziemlich langsam/ Scherzo & Trio: Lebhaft/ Langsam- Lebhaft-

Schneller- Presto) se ejecutan de manera attaca (sin interrupción). Tras la introducción

inicial a cargo de clarinetes y fagots (Bastante lento- Ziemlich langsam) en Re menor,

pasa luego a un tema brillante en Re mayor (Lebhaft- vivo). Este juego y alternancia de

tonalidades (primero, en menor y luego, en mayor) se va a dar también en el 2°

movimiento (Ziemlich langsam- Bastante lento), donde se inicia en La menor y pasa

posteriormente, a La mayor, mientras que el Scherzo y trío característico del 3°

movimiento se mantiene en Re menor para culminar con un final brillante y rápido

(Schnell- Presto) en Re mayor, que fueron interpretados con una entrega, maestría y

precisión totales, donde se destacaron todos y cada uno de los músicos. En la presente

versión, los solistas de los principales grupos de instrumentos tuvieron una

destacadísima actuación; sobre todo, en el cantábile del 3° movimiento, donde la

impecable marcación de Dutoit logró su efecto. La orquesta sonó como los dioses y

“cantó” en los pasajes de mayor lirismo, mientras que lo hizo de manera muy solemne

en los tutti y en las cadencias alla marcia. Como no podía ser de otra manera, el rugido

del Colón y otro aluvión de aplausos se sintieron luego de tan excelsa interpretación.

Por último, se interpretó la Fantasía Coral en Do menor de Beethoven, que fuera

compuesta y estrenada en Viena en 1808. No se conoce con certeza quién escribió el

texto y se cree que el poeta Christoph Kuffner lo arregló para la composición. Es muy

similar en cuanto a su estructura al último movimiento de la Sinfonía n°9 “Coral”, con

la única diferencia es que comienza con una introducción lenta y virtuosa a cargo del

piano (Adagio) hasta la introducción del tema principal (Allegro) a cargo de los

violoncellos y contrabajos. Luego de la introducción del tema coral a cargo del piano,

las flautas, oboes, clarinetes y las cuerdas realizan variaciones sobre el tema. Luego del

acompañamiento orquestal en forma conjunta con el piano en varias secciones (Meno

allegro/ Adagio ma non troppo/ Marcia, assai vivace), se repite el tema instrumental del

primer Allegro como introducción a la entrada del coro, cuando las sopranos cantan el

tema principal en trío con la mezzosoprano, que es tomado posteriormente por los

tenores y el bajo, y luego, por el coro en tutti (Allegretto ma non troppo). La obra

finaliza con una coda en Presto junto a la orquesta, coro y piano. Hacía mucho tiempo

que no se representaba en el Colón y el binomio Argerich/ Dutoit hizo gala de su

maestría, precisión y calidad interpretativa. Por su parte, el Coro Estable estuvo muy

bien preparado y sonó como un instrumento más junto con el sexteto de cantantes,

donde se destacaron la soprano Laura Pisani y la mezzosoprano María Luisa Merino

Ronda. Un final digno de la mejor tradición sinfónica- coral del Colón y otra ovación

para los intérpretes. Desde ya, no faltaron los ramos de flores arrojados por el público

desde las gradas más altas, lo que motivó a que Martha Argerich ofreciera un bis:

Escenas Infantiles de Schumann, que sonó muy íntimo y personal.

El repertorio elegido para el concierto de clausura no pudo haber sido mejor. Dio

posibilidad a músicos y cantantes de lucirse sobre el escenario del Colón con obras no

tan difundidas o que se representan muy poco. Y que sonaron absolutamente terrenales

gracias a la alquimia y la magia característica de estos intérpretes.

domingo, 30 de julio de 2023

 



     Fotografía, Servicio de Prensa del Teatro Colón, realizada por el Mtro. Arnaldo Colombaroli 



EL MEJOR CONCIERTO DE UNA ORQUESTA ARGENTINA EN UNA DECADA

 

Teatro Colón, temporada 2023: Noveno concierto del ciclo de abono y séptimo concierto del Festival Argerich 2023 a cargo de la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires, Director: Vasily Petrenko. Solista: Nelson Goerner (Piano). Programa: obras de Rachmaninoff y Strauss. Teatro Colón, 29 de Julio de 2023.

 

NUESTRA OPINION: EXCELENTE (+).

 

   Con la presencia en el podio del Maestro Vasily Petrenko (actual titular de la Royal Philarmonic Orchestra de Gran Bretaña) sumada a la convocatoria a Charles Dutoit para la concertación de la Sinfonía Nº 2 en Do menor “Resurrección” de Mahler y próximamente “Juana de Arco en la Hoguera” de Honegger, el Teatro Colón ha retomado para la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires un sendero que fue lamentablemente dejado de lado desde hace mucho tiempo por las razones que fuesen (además de las económicas o de pandemia). Ello devino en una declinación del nivel al que tradicionalmente nos tenía acostumbrados el conjunto de conciertos del Colón, a presencias injustificables de directores extranjeros  de cuestionables antecedentes a la hora decidirse sus contrataciones, la también injustificada ausencia de Directores Argentinos en el ciclo principal, sobre todo en cuanto a los consagrados residentes en nuestro medio como a no menos de seis compatriotas residentes en el exterior, a los que mayoritariamente se les ofrece actuaciones con la orquesta fuera de sede o bajar al foso a dirigir ballet (nada cuestionable esto, pero sí el hecho de que estén ausentes del ciclo de abono). Colofón, es imprescindible señalar de mi parte que desde hace algo más de una década hasta el año pasado, la gestión del Maestro Enrique Arturo Diemecke como titular terminó echando por tierra  todo lo que había construido desde su primera titularidad en el año 2005 posición a la que llegó, recordémoslo, avalado por los propios músicos del conjunto. Sin ninguna duda una gestión excedida en tiempo, limitada en repertorio y frenada en crecimiento artístico.  No es menester del presente comentario el recordar los ríos de opiniones que he vertido a lo largo de tantos años, pero sí  traer a colación todo esto, para entender mejor  porque gracias a la presencia de estos extraordinarios maestros, a los que se puede sumar el nivel magnífico de Ntros. compatriotas, la Filarmónica de Buenos Aires puede convertirse nuevamente en una de las mejores de América.

 

  Recordando al inolvidable Federico Monjeau cuando en ocasión de los primeros Festivales Argerich allá por el 2003 señalaba respecto a la presencia del Mtro. Dutoit que era estupendo que el Colón tuviera para sí a un Maestro con pleno prestigio internacional. Creo que estas palabras son absolutamente aplicables al Mtro. Petrenko. Su labor al frente de la Filarmónica solo puede ser catalogada como de excelencia absoluta. Un trabajo de verdadera orfebrería que incluyó, limpieza y pureza de sonido, estilo, ajuste, empaste para extraerle lo mejor a la Orquesta. La presencia de la mayoría de los atriles titulares, sumado a que en la Sinfonía Alpina de Richard Strauss se completó el orgánico con muchos de los mejores maestros de la Orquesta Estable (acierto del Colón en emplear solo elementos de la casa), coadyuvaron  a que la amalgama sonora fuese perfecta.

 

  El programa ofrecido fue de absoluta exigencia “Rapsodia sobre un tema de Paganini”, Op. 43 para piano y orquesta de Serguei Rachmaninoff  con Nelson Goerner como solista y “Una Sinfonía Alpina”, Op. 64 de Richard Strauss. Tal vez el concierto más comprometido de todo el abono.

 

  Afortunadamente Nelson Goerner es un artista que en cada presentación demuestra no tener techo. Su versión de la rapsodia fue electrizante: nervio, energía, despliegue técnico, sutilezas y un pleno entendimiento con el Mtro. Petrenko y la Orquesta.  Y estos últimos aportaron todo para redondear la versión perfecta: equilibrio, cero estridencias, planos sonoros finamente perceptibles. Magnífico trabajo de conjunto y la primera ovación gigantesca de la noche a la que Goerner retribuyo con una muy sentida versión del Nocturno en Do sostenido menor nº 20, Op. Póstumo de Frederic Chopin. Sobran los elogios.

 

 En la parte final, la Filarmónica con la inmensa guía de Petrenko ofreció una versión de la “Alpina” digna de las mejores orquestas del mundo. Quienes la hayan presenciado en vivo como los que aún pueden apreciarla en la red social You tube o la hayan visto por los mismos medios en directo, pueden dar fe de esto. Sutilezas en los solistas, ataques precisos sin excesos, bronces espectaculares, vientos en estado de gracia, ajustada percusión, buenas intervenciones del órgano y cuerdas que “cantaron” toda la noche, hacen que la escucha de este inmenso trabajo Staussiano haya sido un deleite absoluto y que me haya llevado a recordar a la Filarmónica representante de Buenos Aires ante el mundo con las inolvidables tres giras europeas casualmente con cuatro batutas de fuste (Yuri Simonov, Christof Escher, Luís Enrique García Navarro y Gabor Ötvos). ¿Les suena?.

 

  El “rugido” del Colón no se hizo esperar, aun cuando el Mtro. Petrenko  pidió con claro gesto al público un poco más de silencio para dejar extinguir los últimos sonidos. Cuatro salidas al escenario para agradecer la demostración de sublime maestría que Vasily Petrenko desplegó en el concierto son la cabal prueba del veredicto unánime del público, que solo se apaciguó con el beso y el saludo finales a la sala  por parte del maestro. De no haberlo hecho, probablemente la ovación hubiese sido aún mayor.

 

No caben dudas acerca de que este es el rumbo correcto. Seguramente deben solucionarse otros temas (salariales y artísticos) que la conducción actual y la que surja en Diciembre próximo deberán resolver. Mientras tanto, los músicos en el escenario dan lo mejor de sí para que la Filarmónica sea esta, la que todos queremos.

 

Donato Decina

sábado, 29 de julio de 2023

 Extraordinario concierto de la Orquesta de Cámara del Congreso de la Nación


CON EL SABOR DE LA NONNA PATRIA


Martha CORA ELISEHT


Se considera a España como la Madre Patria de la República Argentina por lazos

históricos, culturales, lingüísticos y religiosos. Sin embargo, para un considerable

porcentaje de la población del país, Italia también entra dentro de dicha categoría. Más

de la mitad de los argentinos posee raíces italianas -tanto propias como producto de los

vínculos conyugales y/o familiares- y, por lo tanto, se puede considerar a Italia como la

Nonna Patria de la Argentina. Precisamente, fue el país elegido para participar del

concierto temático organizado por la Orquesta de Cámara del congreso de la Nación

dentro de su Ciclo 2023, denominado “AIRES ITALIANOS” que tuvo lugar en el Salón

de los Pasos Perdidos del Congreso Nacional el pasado viernes 28 del corriente bajo la

batuta de su director titular -Sebastiano De Filippi- con la participación de la

mezzosoprano Guadalupe Barrientos como solista.

El programa estuvo comprendido por las siguientes obras:

- “De mi Patria” (serie argentina)- Luis SANMARTINO (1888-1973) (edición

de Lucio Bruno VIDELA)

- Allegro para cuerdas en Do mayor- Gaetano DONIZETTI (1797-1848)

- “El Ocaso”, poema lírico, P.101- Ottorino RESPIGHI (1879-1936)

- Sinfonía para cuerdas en Mi menor (transcripción orquestal del Cuarteto para

cuerdas por Arturo TOSCANINI)- Giuseppe VERDI (1813-1901)

En todos los conciertos de la mencionada agrupación de cámara se incluye una obra

argentina. En este caso, se interpretó la serie De mi Patria de Luis Sanmartino con

motivo de cumplirse el 50° aniversario de su fallecimiento. Fue compuesta en 1946 y

consta de tres números: Triste/ Milonga/ Gato, que fueron muy bien interpretados por la

orquesta. Lo mismo sucedió con el mencionado Allegro en Do mayor de Donizetti,

donde De Filippi demostró su profundo conocimiento de una de las escasamente

interpretadas obras de cámara del gran músico bergamasco. Es un allegro enérgico e

con brio con reminiscencias mozartianas, que posee pasajes sumamente complejos y

difíciles de interpretar. La orquesta salió airosa del compromiso y fue ovacionada al

final de esta exquisita versión.

Así como Gaetano Donizetti es un compositor principalmente operístico, Ottorino

Respighi lo es en el ámbito sinfónico. Sin embargo, ambos han compuesto numerosas

obras de cámara de gran belleza, la mayoría de las cuales son escasamente difundidas o

se representan en muy pocas ocasiones. No es el caso del poema lírico Il Tramonto (El

Ocaso), compuesto por Respighi en 1914 sobre el poema homónimo de Percy Bysshe

Shelley (1792-1822) escrito en 1816. Originalmente fue escrita para mezzosoprano y

cuarteto de cuerdas y, posteriormente, para orquesta de cuerdas. Es una obra muy

hermosa, con numerosos pasajes escritos de manera ondulante y múltiples matices

sonoros para el lucimiento de la orquesta de cuerdas y la mezzosoprano. En el caso


particular de Guadalupe Barrientos, el repertorio de cámara le sienta de maravilla. Su

caudalosa voz – muy rica en matices dramáticos y románticos- permitió no sólo su

lucimiento personal, sino, además, un magnífico acompañamiento del conjunto. Unido

esto a la magistral dirección de Sebastiano De Filippi, el resultado fue una combinación

perfecta, que se vio coronada por numerosos aplausos y vítores tras su interpretación.

La única obra de cámara de Giuseppe Verdi que se ha conservado es su Cuarteto

para cuerdas en Mi menor, compuesto durante una producción de su ópera AÍDA en

Nápoles en 1875. Escrito originalmente para dos violines, viola y violoncello, consta de

4 movimientos: Allegro/ andantino/ Prestissimo/ Scherzo- Fuga. Allegro assai mosso y

la versión interpretada en este concierto corresponde a la transcripción para orquesta

realizada por Arturo Toscanini. La presente versión fue magnífica, con gran maestría,

fuste y enjundia en su interpretación; sobre todo, del Prestissimo, que posee

reminiscencias de la música eslava -muy similar al Furiant de algunas obras de Dvořak-

que se alternan con un segundo tema más lírico, ricamente elaborado para desembocar

en la monumental Fuga del último movimiento. Ante una sala colmada de público, el

final fue un aluvión de aplausos y vítores.

Lo único que opacó este concierto fue la ausencia de programas de mano, ya que los

mismos no alcanzaron para satisfacer las demandas del numeroso público que se dio

cita en el Salón de los Pasos Perdidos del Congreso Nacional esa tarde. Sin embargo, se

compensó no sólo con la magnífica actuación de los músicos, director y solista invitada,

sino también con la proyección en simultáneo, que permitía seguir el programa

mediante el canal de Senado TV. La iniciativa de organizar conciertos temáticos es

excelente, ya que atrae al público y permite su renovación. Y tanto mejor cuando se

interpretan obras bellísimas como las comprendidas en este concierto, que se ejecutan

en raras ocasiones para que el público tenga oportunidad de conocerlas y disfrutarlas.

jueves, 27 de julio de 2023

 

HONESTIDAD Y ABSOLUTA ENTREGA

 

Orquesta Sinfónica Nacional, temporada 2023. Concierto, Director: Christian Baldini. Solista: Emilio Peroni (Piano). Programa: Obras de Gandini y Schumann. Centro Cultural Kirchner,  Auditorio Nacional: 26/07/23.

 

NUESTRA OPINION: MUY BUENO

 

   En la continuidad de su temporada y de los concursos de efectivización de cargos vacantes, la Orquesta Sinfónica Nacional volvió a presentarse en el Auditorio Nacional del Centro Cultural Kirchner. La velada marcó una nueva presentación como Director invitado del Maestro Christian Baldini, quien como bien se sabe se encuentra radicado en Estados Unidos y que como ocurre en cada verano boreal, vuelve al país no solo para pasar sus vacaciones, sino también para responder a estos compromisos que se presentan. El programa ofrecido contó además con otro de los homenajes a la figura de Gerardo Gandini, quien integró por muchos años la agrupación como instrumentista de Piano y Celesta.

 

  Tal como informamos en Ntro. programa del pasado Viernes 21 de labios del propio Maestro Baldini en el marco del reportaje que le efectuáramos,  debió rehacerse la programación por causas de fuerza mayor. No pudo ofrecerse el pautado concierto para piano y orquesta Nº 1 de Serguei Prokofieff en adhesión al 70º aniversario de su fallecimiento. Consultado el solista convocado, el pianista Emilio Peroni, se llegó de común acuerdo al reemplazo por el Concierto para Piano y Orquesta Op. 54 de Robert Schumann, de quién además se interpretó en la parte final su Sinfonía Nº 1 “Primavera”. Teniendo en cuenta que Gerardo Gandini era un confeso admirador de Schumann, no pudo haberse armado un programa tan redondo dado que la obra elegida del gran creador argentino fue “Eusebius” (Seudónimo que Schumann empleaba como crítico musical), basada en la danza para piano Nº 14 de la “Liga de David” de este gran creador universal, en la que Gandini se  basó para componer cinco nocturnos para orquesta de los cuales los cuatro primeros requieren intervención de los diferentes sectores del conjunto, quienes intervendrán en su totalidad interpretando al unísono cada parte asignada en el quinto y último. Y si de rarezas se trata, la partitura del director está impresa de forma tal que la debe leer de atrás hacia adelante.  En las tres oportunidades que tuve  de escuchar esta formidable obra, tanto Juan Pablo Izquierdo (en el estreno mundial de la obra por mi presenciado) como Leopold Hager luego separaron por sectores a la orquesta en donde cada uno de dichos sectores intervino en los cuatro primeros nocturnos para luego unirse todos en el final. Aquí el Mtro. Baldini mantuvo a la formación en sus lugares habituales, aun así logró ir marcando a cada sector en los primeros fragmentos y luego, sí, todos juntos. La música no puede ser más descriptiva, ni deja de rescatar el maravilloso halo de misterio que Gandini creó. Baldini estuvo en todos los detalles y los músicos respondieron de modo formidable conformando una muy buena  versión.

 

  Entrando ya en el Concierto de Schumann, Emilio Peroni no solo mantuvo en pié su participación como solista, sino que ofreció junto a Baldini y la Sinfónica una muy buena versión. Fue precisa, de transparencia sonora y sumamente ajustada. Muy bien acompañado por el Mtro. y la Orquesta, construyeron entre todos una sólida actuación. Si bien  Baldini previo al comienzo solicitó que no se aplauda entre movimientos, la enjundia de la interpretación y el final del primer movimiento que pareciera ser el de un concierto en sí mismo motivó que un sector del público prorrumpiera en un fuerte aplauso. Vuelto todo a su lugar, ya en el final propio de la obra, todo el auditorio tributó un fervoroso y justiciero aplauso en gratitud por la labor encomiable y en especial al Mtro. Peroni por todo lo expuesto anteriormente.

 

  Y en la parte final, el Mtro. Baldini ofreció junto a la Orquesta una versión estupenda de la Sinfonía Nº 1 “Primavera”. Sumamente ajustada, con instantes de un estupendo “canto orquestal” y altísimo vuelo interpretativo, se pudo escuchar esta página exquisita. Un pequeño desacople en la parte final no restó méritos de modo alguno para redondear una labor formidable y agregar una nueva y muy buena página en la relación Christian Baldini-Orquesta Sinfónica Nacional. Esperamos desde ya el retorno del Maestro. Será en Diciembre y en el Colón, justamente con “La Ciudad Ausente” del propio Gandini.

 

Donato Decina