lunes, 7 de octubre de 2019


Excelente concierto didáctico en el CCK a cargo de la Sinfónica Nacional y la Compañía Argentina de Danza Contemporánea

LA UNIÓN HACE LA FUERZA Y RINDE SUS FRUTOS
Martha CORA ELISEHT

            El pasado domingo 6 del corriente tuvo lugar en la Sala Sinfónica (Auditorio Nacional) del Centro Cultural Kirchner (CCK) un concierto didáctico a cargo de la Orquesta Sinfónica Nacional y la Compañía Argentina de Danza Contemporánea, dirigida por Margarita Fernández para recrear un clásico de Igor Stravisnsky (1882-1971): EL PÁJARO DE FUEGO (versión 1919), con la participación de los siguientes bailarines: Juan González (Pájaro de Fuego), Ernesto Chacón Oribe (Mago Katschei), Bettina Quintá (Princesa Zarevna) y Liber Franco (Príncipe Iván). La dirección orquestal estuvo a cargo del español Ignacio García Vidal, con la participación de la narradora Ana Hernández- Sanchis.  El vestuario estuvo a cargo de Francisco Ayala.
            Además de la suite de la mencionada obra de Stravinsky, el programa también comprendió la versión orquestal de Claude Débussy sobre la Gymnopédie n° 1 de Erik Satie (1866-1925), que también fue interpretada por dos jóvenes bailarinas de la mencionada compañía de danza. (Lamentablemente, los nombres de las mismas no figuraban en la gacetilla de prensa).
            Desde hace algunos años atrás, la dupla formada por el director García Vidal y la locutora/narradora Ana Hernández- Sanchis lleva a cabo estos conciertos didácticos en España con obras de compositores donde se narra un cuento o una leyenda, o también, donde se pueda explicar una historia de tal forma que llegue al público neófito, que se acerca por primera vez a la sala de conciertos y que a la vez guste. En 2018 hicieron Scheherezade de Nikolai Rimsky- Korsakov  y también tienen en proyecto representar   Pedro y el Lobo de Sergei Prokofiev o Introducción de la Juventud hacia la Orquesta Op.34 de Benjamin Britten. Y en este caso, montaron un espectáculo que se caracterizó por poseer un discurso dinámico, entretenido, haciendo participar al público con movimientos acordes a la música –e ilustrados con los diferentes leitmotiv de los personajes, a cargo de la orquesta-. Para ello, Ana Hernández- Sanchis descompuso la historia en varios fragmentos, para luego concatenarlos y de esa manera, poder narrarla en forma completa. Mientras tanto, las dos bailarinas previamente mencionadas danzaron la versión orquestal de la melodía de Satie utilizando elementos de danza contemporánea (contracción/ relajación, pies descalzos, giros sobre su eje, vueltas carnero y otro tipo de destrezas acrobáticas), usando vestidos que les permitían amplitud y libertad en los movimientos.
            Tras una breve pausa, la narradora explicó el argumento de la obra de Stravinsky, mientras la Sinfónica Nacional tocaba el prólogo de la célebre suite. Y, pese a que debía interrumpir la música para poder explicar de qué se trataba la obra, no cayó mal, sino todo lo contrario. La actuación de los bailarines fue estupenda, destacándose Ernesto Chacón Oribe como Katschei y el joven Juan González como El Pájaro de Fuego. No sólo poseen una técnica perfecta, sino muy buena plasticidad y buenas dotes interpretativas. La pareja formada por Bettina Quintá y Liber Franco – la Princesa Zarevna y el Príncipe Iván, respectivamente-  también tuvo una muy destacada actuación, luciendo un vestuario típico de época, muy apropiado para la ocasión, pese a su sencillez. E Ignacio García Vidal ofreció una gran versión de la conocida suite al frente de la Sinfónica, usando un menor número de instrumentistas pero a la vez, logrando un muy buen equilibrio sonoro y una musicalidad estupenda. Hacia el final, el Auditorio Nacional aplaudió calurosamente a los protagonistas. Y. al estilo de las comedias musicales, repitió los últimos compases para que el público pudiera aplaudir aún más a los bailarines.
            Hacía mucho tiempo que no se ofrecía una interpretación de EL PÁJARO DE FUEGO como ballet. Una recuerda la memorable versión del Ballet del Siglo XX, con coreografía y dirección de Maurice Béjart que se ofreció en 1980 en el Colón, con la interpretación del inolvidable Jorge Donn en el rol principal  -previo a su participación en el film Los Unos y los Otros, que lo catapultó a la fama internacional- y aquella ofrecida por el Ballet de Haarlem en 1987 en el Colón, que se destacó por la excelencia y plasticidad de sus protagonistas. A partir de esa fecha, nunca más se repuso. Por ende, una ve con muy buenos ojos estos proyectos donde participan organismos estatales en forma conjunta. También hay muy buenas narradoras y cuentistas en el país que pueden contar este tipo de historias para que el público pueda entenderlas mejor y, de esa manera, poder apreciarlas. Si se continúa en esta tesitura, pueden lograrse grandes espectáculos de muy buena calidad. En este caso, la unión no sólo hace la fuerza, sino que además, rinde sus frutos.

domingo, 6 de octubre de 2019


Presentación de Thomas Hampson y Luca Pisaroni en el Colón

BARÍTONOS DE PIES A CABEZA
Martha CORA ELISEHT

            El pasado viernes 4 del corriente tuvo lugar en el Teatro Colón la presentación del espectáculo “NO SE ADMITEN TENORES” (NO TENORS ALLOWED) dentro del Ciclo de Grandes Intérpretes Internacionales organizado por dicho coliseo, con la participación de dos de los principales barítonos de la actualidad: Thomas Hampson y Luca Pisaroni -suegro y yerno en la vida real, respectivamente-, acompañados por el pianista austríaco Christian Koch. 
            El programa se dividió en dos partes: la primera, formada por arias de ópera, y la segunda, por canzonettas napolitanas, arias de opereta y canciones de comedias musicales de Broadway. Dentro de la primera parte se ejecutaron las siguientes obras: “Non piú andrai” y “Hai quá vinta la causa” de “LAS BODAS DE FÍGARO”, de Wolfgang Amadeus Mozart (1756-1791); “Madamina, il catalogo é questo” “Eh, vía bufone” y “Den vieni alla finestra” de “DON GIOVANNI”; el dúo “Il rival… suoni la tomba” de “I PURITANI” de Vincenzo Bellini (1801-1835); Intermezzo de “I PAGLIACCI” de Ruggiero Leoncavallo (1857-1919) y el dúo “Restate” de “DON CARLO” de Giuseppe Verdi (1813-1901).  La segunda parte comprendió las siguientes obras: Musica proibita, de Stanislao Gastaldon (1861-1939); Lolita, de Arturo Buzzi- Peccia (1854-1943); “O Vatrrland” de “LA VIUDA ALEGRE”  de Franz Lehar (1870-1948); “Where is the live that late I led?” de “KISS ME, KATE” de Cole Porter (1891-1964); “And this is myy beloved” de “KISMET” de Robert Wright (1914-2005) y George Forrest (1915-1999); “Somewhere over the rainbow” de “EL MAGO DE OZ” de Harold Ailen (1905-1986); “Just another rhumba” de “A DAMSEL IN DISTRESS” de George Gershwin (1898-1937); “Roses of Picardy” del compositor inglés Haydn Wood (1882-1959); “Night and Day”de “THE GAY DIVORCE” de Cole Porter (1891-1964) y “Anything you can do” de “ANNE GET YOUR GUN” de Irving Berlin (1888-1989).
            Ambos barítonos visitaron anteriormente la Argentina, pero ésta era su primera presentación en el Colón. En el caso de Luca Pisaroni, él mismo narró en un perfecto castellano que visitó nuestro país por primera vez en 2002 para tomar un curso de perfeccionamiento por dos años. Y Thomas Hampson ofreció en 2007 un recital en el Teatro Coliseo –hay que recordar que el Colón estaba cerrado por refacciones y remodelación para esa fecha- , donde cautivó con su maestría y sus prodigiosas cualidades vocales al público argentino. Ambos demostraron no sólo ser dos excelentes barítonos de consabida fama mundial en escena, sino también dos showman sobre el escenario, donde interactuaron todo el tiempo entre sí y con el pianista Christian Koch, que se reveló como un extraordinario pianista acompañante. A este último se lo pudo apreciar como solista en el Intermezzo de “I PAGLIACCI” y en “Somewhere over the rainbow”, donde se desempeñó como un magnífico intérprete. Un pianista con mayúsculas.
            Quien abrió el recital fue Luca Pisaroini con la célebre aria de Fígaro en “LAS BODAS DE FÍGARO” de Mozart. No sólo es un excelente bajo- barítono, sino un muy buen actor. Cuando interpretó el aria de Leoporello (“Madamina, il catalogo é questo” de “DON GIOVANNI”) interactuó dando y besando las manos de las damas que estaban sentadas en la primera fila de la platea (tanto rubias como castañas, biondas é brunas) y se ganó el cariño del público. Posee una voz más joven y fresca, pero muy bien colocada, mientras que la de Thomas Hampson es más aplomada y madura. No obstante, este último aún posee una excelente coloratura, que se caracteriza por ser todavía ágil –cualidad que se pierde a medida que avanza la edad-. Y ambos lograron unas versiones magistrales de los dúos de I PURITANI (“Il rival… Suoni la tomba”) y de DON GIOVANNI “(eh via bufone”). Pero el plato fuerte de la noche fue el dúo de DON CARLO (“Restate”) entre Moya  (Thomas Hampson) y el Rey Felipe II (Luca Pisaroni), logrando una profundidad de sonido y vocalización característicos del mencionado drama verdiano. Hampson se lució como Don Giovanni en “Den vieni alla finestra”, donde hizo gala de su maestría habitual. Puede que haya gritado un poco en su interpretación del Conde de Almaviva (“Hai giá vinta la causa”), pero quien lo ha escuchado en grabaciones previas y en las transmisiones del Metropolitan en HD se da cuenta que su voz  posee la misma característica. Probablemente, se deba más a un tema de temperamento apasionado que a una ligera deficiencia vocal. No se pueden negar sus magníficas dotes histriónicas y su impecable línea de canto, que persisten con el correr del tiempo –tiene 64 años, mientras que Pisaroni, 42-. El público respondió con un aplauso sostenido y numerosos vítores.
            Al igual que en la primera parte del concierto, Luca Pisaroni abrió la segunda parte  interpretando dos canciones populares italianas: Musica proibita de Stanislao Gasdtaldon y Lolita, de Arturo Buzzi- Peccia. La primera corresponde al canto de una niña, a quien su madre le prohíbe entonar una canción de amor que un chico le dedica a modo de serenata, mientras que la segunda es una canción española. El barítono italiano hizo  gala de sus excelentes cualidades vocales y dotes histriónicas, logrando una gran interpretación. Acto seguido, Thomas Hampson encarnó al Conde Danilo en “O Vaterland” de LA VIUDA ALEGRE, caracterizado por estar siempre borracho. Lo hizo con su habitual maestría y dominio escénico, haciendo alarde de su capacidad actoral. Y siguió con el primer número de las numerosas canciones de comedia musical incorporadas en esta parte: “Where is the life that late I led?” de “KISS ME, KATE”, compuesta por Belia y Samuel Spewack con música de Cole Porter. Está basada en “La Fierecilla domada” de Shakespeare y hace alusión a la vida que llevaba Petruchio antes de casarse con Catalina. El público acompañó su interpretación con un cálido aplauso, tras el cual el recital continuó con el dúo de KISMET “And this is my beloved”, basado en el Cuarteto para cuerdas n° 2 de Alexander Borodin. Ambos lograron una soberbia compaginación, que fue muy aplaudida por el público. Posteriormente a la estupenda interpretación en piano de “Somewhwre over the rainbow”, Thomas Hampson continuó con una célebre canción inglesa: Roses of Picardy, compuesta en 1916 por Haydn Wood con letra de Frederick Weatherly. Era la canción de los soldados británicos que iban a combatir al continente durante la Primera Guerra Mundial y adquirió gran popularidad. Según opinión personal de quien escribe, fue la mejor interpretación de Hampson –previa a los numerosos bises luego del recital- en esta segunda parte. Seguidamente, Luca Pisaroni brindó una magnífica versión de “Just another rhumba” de Gershwin, luciéndose vocal y actoralmente. El recital culminó con dos dúos: la célebre Night and Day de Cole Porter y Anything you csn do de Irving Berlin. No sólo fueron versiones de gran calidad, sino que en esta última Thomas Hampson ofreció un cierre con falsete que fue magistral. La ovación fue total y se puede decir que comenzó la tercera parte del recital, compuesta por cinco bises.  Comenzó Luca Pisaroni –dirigiéndose al público en un perfecto castellano y sintiéndose un privilegiado por haber cantado sobre el escenario del Colón- quien, tras haberse metido en el bolsillo al público, cantó un aria que está reservada habitualmente a los tenores: Mamma, de Bixio. Lo hizo con su impecable línea de canto y lo siguió  Thomas Hampson con otro clásico de Cole Porter: Begin the Beguin, que fue interpretada con su habitual maestría y que –al igual que en la mencionada canción de Berlin- remató también con un contundente falsete, que hizo ovacionar al público. 
            A continuación, Luca Pisaroni ofreció una excelente versión de “La calunnia é un  venticello” de EL BARBERO DE SEVILLA de Rossini. Christian Koch demostró una vez más sus excelentes dotes de pianista acompañante, mientras que Pisaroni hizo gala de una coloratura  magnífica y fresca, que sorprendió al auditorio. Le siguió Thomas Hampson en el aria “Pietá, rispeto, amore” de MACBETH, de Verdi, donde se lució en la interpretación del personaje shakesperiano como barítono dramático. Fue de un nivel de excelencia vocal y actoral y se retiró ovacionado. Y, cuando todos pensaron que los bises se habían terminado, los intérpretes y el pianista regresaron al escenario para cerrar con el dúo de Pasquale y Malatesta  de DON PASQUALE, de Gaetano Donizetti, que será recordado como un auténtica lección de bel canto: magnífica interpretación, una coloratura versátil, dinámica y ágil por parte de ambos, pero lo más sorprendente es que a pesar de ser un barítono dramático, Thomas Hampson aún conserva estas cualidades. Y desde el punto de vista actoral, sublime.  Hasta tal punto, que el Colón se vino abajo en aplausos y vítores una vez más y tuvieron que repetir los últimos treinta compases finales de la mencionada aria.
            A diferencia de otros recitales donde hubo poco canto y mucho relleno orquestal –o también, por parte del acompañante-, esta vez se trató de un auténtico recital ofrecido por dos voces prodigiosas, que una pudo apreciar en todo su esplendor. Dos barítonos de pura cepa y de pies a cabeza, que brillaron sobre el escenario del Colón.


Extraordinario concierto de la Filarmónica de Luxemburgo en el Colón

ROMÁNTICOS POR ANTONOMASIA Y DE GRAN TRADICIÓN
Martha CORA ELISEHT

            Cuando una estudiaba geografía europea en el colegio –tanto primario como secundario-, poco se sabía acerca del Gran Ducado de Luxemburgo: un remoto país montañoso, que limita al este con Alemania, al norte y oeste con Bélgica y al sur con Francia, y que conjuntamente con Bélgica y los Países Bajos formaba parte de una liga comercial y aduanera conocida como BENELUX. Nadie sospechaba que también poseía una orquesta de larga tradición sinfónica, fundada en 1933 como Orquesta de la Radiodifusión de Luxemburgo y que fuera dirigida por conductores de la talla de Louis de Froment, Carl Melles y Leopold Hager, entre otros. Y dio consabida prueba de ello dentro del Ciclo del Mozarteum Argentino el pasado lunes 30 de Septiembre en el Teatro Colón, en un concierto integrado por obras de compositores netamente románticos: Franz Schubert (1797-1828), Félix Mendelssohn- Bartholdy (1809-1847) y Johannes Brahms (1833-1897).
            El programa comprendió las siguientes obras: la Obertura de Die Zauberharfe (“El Arpa Mágica”), D.644 de Schubert, el Concierto para violín y orquesta en Mi menor, Op.64 de Mendelssohn y la Sinfonía n° 1 en Do menor, Op. 68 de Brahms. El español Gustavo Gimeno asumió la dirección orquestal, mientras que el prestigioso violinista lituano Julian Rachlin se desempeñó como solista en reemplazo de Janine Jansen, quien debió cancelar su actuación a último momento por razones de salud.
            Previamente al inicio del concierto, la orquesta sonó compacta, muy bien afinada y afiatada. Dichas cualidades se mantuvieron a lo largo de todo el concierto, que sobresalió por la magistral dirección de Gustavo Gimeno, logrando un sonido prístino, diáfano y equilibrado –tanto en las obras para orquesta como en el mencionado Concierto para violín-. La musicalidad brindada fue de tal magnitud, que el director hizo “cantar” a la orquesta en el buen sentido de la palabra. Eso demuestra el excelente trabajo de preparación y ensayo previo por parte del director y los músicos desde los primeros compases de la mencionada Obertura de Schubert –conocida vulgarmente como Rosamünde-. Fue compuesta  originalmente como obertura de ópera en 1820 por encargo del Theater an der Wien para el drama Die Zauberharfe (“El Arpa Mágica”). Debido a que su estreno fue un fracaso rotundo, la obra desapareció para siempre de los escenarios. No obstante, Schubert la rescató posteriormente y la incluyó dentro del ballet “Rosamünde, Princesa de Chipre”. A partir de allí, la obra adquiere su denominación popular y forma parte del repertorio habitual y tradicional de conciertos. Comienza con un Andante al unísono, introducida por el timbal y los bronces para luego desembocar en un Allegro vivace, compuesto por dos temas que contrastan entre sí en un diálogo fluido, para desembocar posteriormente en un Scherzo giocoso hacia el final de la obra –que será retomado por Paul Dukas como fuente de inspiración para El Aprendiz de Brujo-. Gustavo Gimeno brindó una excelente marcación de los tempi y de las entradas de los diferentes instrumentos, logrando una versión exquisita, representativa de la quintaesencia vienesa. Y el público respondió con un cálido y prolongado aplauso. 
            Seguidamente, Julian Rachlin brindó una monumental ejecución del celebérrimo Concierto en Mi menor de Mendelssohn, donde demostró ser un auténtico virtuoso del violín. No sólo tocó de memoria, sino que logró un sonido purísimo desde el inicio de la obra (Allegro molto appassionato) Posee una técnica y un fraseo perfectos, logrando un equilibrio sonoro en los tutti, pianissimi, cantabile y en las notas más agudas, al igual que las cadencias en cascada. Unido esto al temperamento y la garra de Gimeno en el podio, el resultado fue una versión de antología. En lo personal, una no recordaba haber escuchado una versión tan perfecta desde aquella que supieron interpretar Boris Belkin y Yuri Simonov con la Filarmónica de Buenos Aires en 1980. Volviendo a la presente, fue ejecutada de manera solemne, pero sin perder su tinte y espíritu románticos. La originalidad de Gimeno fue hacerlo en forma attaca (sin interrupción) y cambió el concertino, logrando un diálogo perfecto entre orquesta y solista. Los solos de oboe del 2° movimiento (Andante) sonaron muy redondos y precisos. Y en el 3° movimiento (Allegreto non tropo/ Allegro molto vivace), la apoteosis del romanticismo fue total. Al final de la obra, el público estalló en aplausos y quería un bis. Para ello, Rachlin contó con la complicidad del concertino Haoxing Liang, quienes comenzaron –en forma alternada- a tocar los primeros acordes de La Cucaracha, lo cual despertó risas por parte del público. Fue una soberbia transcripción para dos violines de la tradicional canción mexicana, además de una brillante humorada sinfónica –al estilo de Gaucho con botas nuevas, de Gilardo Gilardi-, donde ambos demostraron sus habilidades como excelentes violinistas que son.  Y se retiraron ovacionados.
            Para la segunda parte del concierto, la orquesta ofreció una versión magistral de la archiconocida Sinfonía n° 1 en Do menor de Brahms, que sobresalió por su musicalidad y su profundidad sonora. Gustavo Gimeno logró una interpretación brillante en todos los sentidos, exaltando las características de la música de  Brahms: solemne, romántico y marcial a la vez. Si bien todos los músicos se destacaron, el mencionado concertino Haoxing Liang brindó un solo de violín de antología, al igual que el oboísta Fabrice Melinon.  Naturalmente, el público aplaudió de pie a la agrupación y al director.  Tras una ovación prolongada, llegaron los bises: una exquisita versión de la Danza Húngara n° 1 de Brahms y una vibrante interpretación de Libertango, de Astor Piazzolla. Para esta versión, la percusionista a cargo del redoblante –Beatrice Daudin- marcó el ritmo con escobillas de metal, seguida por el resto de la orquesta. La ovación fue total y todos se retiraron sumamente agradecidos.
            El ciclo del Mozarteum Argentino siempre se destacó por la calidad de los intérpretes y de las agrupaciones sinfónicas, y la Filarmónica de Luxemburgo no fue la excepción. Demostró que no sólo está a la altura de las mejores del mundo, sino que también cuenta con un director de la talla de Gustavo Gimeno. Si se le suma un virtuoso como  Julian Rachlin, el resultado está a la vista: una combinación perfecta de estilo, tradición musical y excelencia interpretativa en una auténtica noche de Colón, que quedará registrada como uno de los principales eventos del año.




COMENZAR CON UN MARAVILLOSO CUENTO

Ciclo “La Sinfónica Didáctica”, Concierto con narración e intervenciones danzadas, Director: Ignacio García Vidal, Narración, canto y danza: Ana Hernández-Sanchíz. Compañía Nacional de Danza Contemporánea, Directora: Margarita Fernández. Solistas: Juan González (Pájaro de Fuego), Ernesto Chacón Oribe (Mago Kastchei),Líber Franco (Príncipe Iván), Bettina Quintá (La Princesa). Programa: Erik Satie: “Gymnopedie Nº 1” (Orquestación de Claude Debussy), Igor Stravinski: Suite de “El Pájaro de Fuego” (Versión 1919).Coreografía: Margarita Fernández. Vestuario: Francisco Ayala- CCK-Auditorio Nacional, 06 de Octubre de 2019.

NUESTRA OPINION: EXCELENTE.

   Al igual que el Domingo anterior, el CCK abrió sus puertas para una actividad definida como concierto pero que estimo que es una muestra integrada de artes musicales. La inquietud de la pedagoga, actriz, cantante y bailarina Ana Hernández-Sanchíz, sumada a la del conductor de orquesta español Ignacio García Vidal (quienes lucieran en la misma sala el año anterior con “Scheherazade” de Nikolai Rimsky-Korsakov), motivó que al cumplirse el centenario del estreno de la revisión y suite de “El Pájaro de Fuego” de Igor Stravinski se organizara una experiencia que se está llevando a cabo muy frecuentemente en el viejo continente. Se trata de un concierto sinfónico en donde la orquesta se ubica al fondo del escenario, dejando libre el proscenio para el desarrollo de la danza y de la intervención de la narradora de la historia.

  Hernández-Sanchís demostró su extraordinaria capacidad para elaborar los textos, interactuar con el público, cantar, danzar y con ello armar un extraordinario producto que el público disfruta de punta a punta. Una interesante vuelta de tuerca lo dio el hecho que previo al comienzo de la historia propiamente dicha del Ballet de Stravinski, se hizo un espacio para que bailarinas de la Compañía nacional de Danza Contemporánea, animaran una coreografía que la Directora de este cuerpo, Margarita Fernández, realizó en base a la Orquestación que Claude  Debussy efectuó de la “Gymnopedie Nº 1” de Erik Satie, en donde la narradora asume el personaje protagónico, mostrando cansancio por  armar la historia que su abuela le contó de “El Pájaro de Fuego”, descansa mientras las bailarinas desarrollan las evoluciones. García Vidal guió de modo maestro a la Sinfónica y las bailarinas se lucieron ampliamente. Luego de ello, comenzó de lleno la propuesta y pudimos ver como el público se integró por completo al espectáculo, siguiendo con total atención la coreografía correspondiente a cada número de la Suite, recordando los detalles ofrecidos por Hernández-Sanchís. Los Maestros de la Sinfónica Nacional respondieron de modo extraordinario. El vestuario de Francisco Ayala fue muy apropiado y de estupenda realización. Margarita Fernández aprovecho todo el espacio que encontró para el desarrollo de la coreografía, la que no se limitó únicamente al proscenio, sino que también incluyó momentos en las escalinatas de platea y hasta en el espacio destinado al Coro en el primer piso.

   Mas allá de los Personajes arquetípicos de la Princesa y el Príncipe Iván, el verdadero “duelo” de personajes está corporizado en “El Pájaro de Fuego” y el Mago Kastchei. Y aquí encontramos dos composiciones formidables de Juan González para el protagonista, con desplazamientos estupendos, plasticidad y formidable actuación y de Ernesto Chacón Oribe como Kastchei con imponente presencia, elegancia y desplazamientos muy seguros. Líber Franco fue un estupendo Príncipe Ivan con prestancia, buena técnica y extraordinaria conexión tanto con González como con Bettina Quintá, quién trazó a la Princesa con muy buena expresividad, elegancia de desplazamientos y buena interrelación con los anteriormente nombrados.

  El público tuvo oportunidad de disfrutar de un extraordinario espectáculo que cumple con creces tanto con la misión formativa como en la captación de nuevos espectadores, iniciativa que debe ser mantenida, favoreciendo el regreso de estos dos extraordinarios artistas españoles e interrelacionando a la Sinfónica con la Compañía Nacional de Danza Contemporánea, que necesita de estas presentaciones masivas en los que demuestra la extraordinaria capacidad de su Directora y todos sus integrantes.

Donato Decina

sábado, 5 de octubre de 2019




LUCIERON BARILE Y BALDINI JUNTO A LA FILARMONICA

Teatro Colón, temporada 2019, decimoquinto concierto de abono a cargo de la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires, Director: Christian Baldini. Solista: Claudio Barile (Flauta). Programa: Obras de Maurice Ravel, Carl Philipp Emanuel Bach y Alexander Borodin. 03 de Octubre de 2019.

NUESTRA OPINION. MUY BUENO.

  Una vez más retornó a la Argentina y al escenario del Colón Christian Baldini, uno de los integrantes de la brillante camada de jóvenes directores que poco a poco comienzan a dejar su impronta al afrontar conciertos junto a las mejores orquestas de Ntro. Medio. En este caso fue invitado a dirigir el decimoquinto concierto de abono de la Filarmónica en donde logró muy buenos resultados.
  Una sabia decisión del Director fue ubicar al conjunto ”a la Alemana”, con primeros y segundos violines enfrentados, violonchelos y contrabajos a la izquierda del Director, solo las violas en su ubicación habitual, vientos al centro al igual que la percusión y metales redistribuidos. El sonido es distinto y mucho más transparente. Ennrique Diemecke había hecho una experiencia similar en el primero de los conciertos de aquella recordada serie integral Beethoven. Ignoro  por qué no lo continuó. Todas las agrupaciones visitantes han formado de igual forma en los últimos tiempos. Huelga decir el excelente sonido que cada una de ellas evidenció en el escenario del Colón.
  Abrió el programa con una interesante versión de “Alborada del Gracioso” de Maurice Ravel, integrante de la serie “Miroirs” (Cinco piezas que además de esta integra también “Una Barca sobre el Océano”). La “chispa” española que Ravel plasma en el pentagrama estuvo siempre presente en esta vinterpretación, apoyada además por muy buenos desempeños de los principales atriles solistas. Baldini logró exponer el color que esta composición contiene. Ojalá la serie orquestada completa sea tenida en cuenta en conciertos futuros pues es muy posible que el público de hoy no tenga idea de la riqueza que hay en cada uno de los fragmentos que la componen.

  Cada presentación de Claudio Barile es una promesa de excelentes versiones. Y quien es hoy por hoy Ntro. Mejor flautista no defraudó en absoluto. Abordó el concierto para su instrumento en Re menor que en el catálogo Wq. Lleva el Nº 22.

  En primer lugar y aunque mi preferencia pase por versiones de acuerdo a la tendencia actual de revisionísmo empleando instrumentos a la usanza de época, celebro la decisión de Baldini de emplear una formación absolutamente camarística con un orgánico de  18 instrumentistas. Si bien los “tempi” adoptados responden a la usanza de orquesta moderna, Barile se movió como pez en el agua, contagiando al resto de sus compañeros de orquesta quienes estuvieron atentos a las indicaciones de Baldini. El sonido del solista no pudo ser más transparente y perfecto con un último tramo en donde todos entregaron un momento pleno de entusiasmo y energía tal  que motivó la inmediata reacción del público saludando la labor. Barile le entrego a modo de agradecimiento una “yapa” de lujo: una descomunal versión de “Syrinx” de Claude Debussy que tuvo clima íntimo, sutilezas y magistral sonido.

  La segunda parte nos mostró a Baldini llevando adelante la injustamente relegada Sinfonía Nº 2 en Si menor de Alexander Borodin, en donde el compositor de “El Principe Igor” se revela como un magistral orquestador  y un creador de melodías que deben hacer “cantar” a las buenas orquestas que se precien de serlo, con cumbres como el “Andante” que conforma el tercer movimiento que contiene momentos de pleno lirismo. Baldini tuvo el exacto control de la Filarmónica, alcanzó instantes de lucimiento, hubo muy buenas respuestas de todos los sectores, aunque adoptó por momentos un “tempi” un tanto más ágil de lo habitual. A veces hay que expresar más el discurso, y más con los buenos atriles de la Filarmónica. De todos modos fue una buena versión y los aplausos solicitando la salida a escena del joven conductor fueron prueba elocuente de ello.

  Junto a Baldini hay no menos de cinco conductores Argentinos más que tienen el suficiente nivel para presentarse en el Colón al frente de la Filarmónica. Entonces ¿Por qué no están presentes en los ciclos de abono en lugar de algunas presencias cuanto menos discutibles en el podio?.

Donato Decina

jueves, 3 de octubre de 2019




SABER APROVECHAR LA OPORTUNIDAD

Teatro Colón,  temporada 2019: Opera: “Don Pasquale”, en tres actos y cinco escenas con música de Gaetano Donizetti y libreto de Giovanni Ruffini basado en el libreto de Angelo Anelli para “Ser Marcantonio” de Stéfano Pavesi. Intérpretes: Víctor  Torres (Don Pasquale da Cornetto), Constanza Díaz Falú (Norina), Santiago Martínez (Ernesto), Luís Loaiza Isler (Dr. Malatesta), Felipe Carelli (Notario), Coro Estable del Teatro Colón, Director: Miguel Martínez, Orquesta Estable del Teatro Colón. Escenografía e Iluminación: Enrique Bordolini. Vestuario: Imme Möller, Puesta en Escena: Fabio Sparvolli. Dirección Musical: Srba Dinic. Función del 02 de Octubre de 2019.

NUESTRA OPINION: BUENO.

  Hace algunos años tuve oportunidad de asistir a un “Don Pasquale” organizado por el Teatro Argentino de La Plata con un elenco encabezado por el inolvidable Oscar “Quique” Grassi, acompañado por Paula Almerares, Carlos Gramajo (quien de emergencia reemplazó al tenor originalmente anunciado) y como el Doctor Malatesta, Víctor Torres. Hoy este extraordinario valor de la lírica nacional asumió el protagónico en una función destinada a promover a los jóvenes artistas de acuerdo al programa que el Instituto Superior de Arte del Teatro Colón tiene para tales fines, integrando la última de las funciones de la nueva presentación escénica que el Teatro hace en su temporada oficial bajo las ordenes escénicas del titular del espectáculo, Fabio Sparvolli y la Dirección Musical del serbio Srba Dinic, a quien días pasados valoramos por llevar de emergencia a buen puerto “La Condenación de Fausto”.

  Veintiún años de ausencia es demasiado para un título que forma parte del gran repertorio. Sucede con esta ópera lo mismo que con “Rigoletto”, por ejemplo. El retorno al escenario aconteció con una escenografía polifuncional de Enrique Bordolini compuesta por toda la tirantería que conforma el esqueleto de una casa con los ambientes bien diferenciados. Según la ocasión, el plato giratorio la colocará como la residencia del protagonista, mientras que otro ángulo nos la mostrará como el domicilio de Norina. Yendo al “plato” se apreció que fue girado por figurantes. ¿Es que no hay solución técnica?. Es una puesta atemporal, aun cuando el vestuario de época de la servidumbre insinúe cierta “tradición”. La iluminación del propio Bordolini estuvo acertada en todo momento y no dejó nada librado al azar. Brillo en los conjuntos, el foco justo para los momentos de intimidad. El vestuario de Imme Möller va en línea directa con la propuesta visual. La Regie de Fabio Sparvolli (mas allá de la atemporalidad en cuanto a época) fue muy esquemática y pareció que dejó hacer a los interpretes de acuerdo a sus respectivas capacidades actorales. Con respecto a éstos, todos evidenciaron soltura escénica y si hubo sonoras risas de parte del público fue porque supieron refrendar con la actuación las frases que el subtitulado iba entregando en consonancia con dicha acción.

  Vocalmente, Víctor Torres hizo gala de señorío y oficio. Tuvo irreprochable línea de canto. No cayó en la tentación de la sobreexigencia y trazó de buena forma al protagonista, al que el regisseur lo muestra como un hombre de 70 años pero actual. Constanza Díaz Falú fue la gran figura de la noche. Quienes ya la conocemos por sus actuaciones en “Buenos Aires Lírica”, “Juventus Lyrica”, el Argentino de La Plata y la Opera de Cámara del Colón, vemos en Ella a un valor en constante crecimiento. Fue una exacta Norina. Viuda Joven pero experta que sabe lo que quiere y lo sigue hasta las últimas consecuencias. Su Voz corrió por toda la sala, el timbre fue grato y la línea de canto irreprochable.  Santiago Martínez trazo de muy buena forma a Ernesto con buena actuación y estupenda línea de canto. Su “Come e gentil” alcanzó el mismo nivel que al entonarlo en la gala de “Juventus Lyrica” en el mismo Colón días pasados. Luís Loaiza Isler trazó a un correcto Dr. Malatesta, compensando con actuación los momentos en que su caudal vocal no alcanzaba a cubrir toda la sala. De todas formas esto es un comienzo y persistiendo en el trabajo no dudo en que los progresos no tardarán en aparecer. En su corta aparición Felipe Carelli fue un estupendo Primo/Notario,. El Coro Estable tuvo brillante lucimiento, muy bien preparado una vez más por Miguel Martínez.

  En la faz musical, Srba Dinic demostró que no solo es un excelente piloto de tormentas, sino que con tiempo de preparación puede realizar una concertación superlativa. Lo tuvo todo: Brillo, fraseo, entrega, matices, rendimientos superlativos del conjunto, el que lo saludo con el típico “golpeteo de pies” al ingresar a dirigir el último acto. Tuvo plena conexión con los intérpretes y redondeó una labor de excelencia.  

  El balance nos deja, la generosidad de un valor extraordinario que apoyó sin retaceos a sus jóvenes colegas y a estos no desaprovechando la oportunidad que el Colón les brindó. Costumbre que se debe repetir todos los años. Y ,como si fuese poco, a un extraordinario Conductor al que se lo debe volver a ver más seguido.

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Donato Decina

miércoles, 2 de octubre de 2019


DON PASQUALE – T.C. Función del 29/09/2019
Tanto Don Pasquale, de Gaetano Donizetti, como El Barbero de Sevilla, de Gioachino Rossini, son dos obras capitales del género “Buffo” y hay una conexión entre ambas.
Aunque sus argumentos son diferentes, la estructura de estas dos obras, son similares. El barítono, ( Malatesta y Fígaro), arma la trama para ayudar al tenor (Ernesto y Almaviva), a casarse con la pícara soprano (Norina / Rosina), que a su vez es pretendida por el anciano bajo (Don Pasquale/ Don Bartolo).
Don Pasquale, fue estrenada en 1843, cuando Donizetti era el compositor italiano más importante del momento y el “Bel canto”, reinaba en el repertorio. A partir de esos años, el gusto del público iría cambiando. Verdi, estrenaba en 1842 su “Nabucco”, y al año siguiente, Wagner daba a conocer su  “Holandés errante”, mientras que Donizetti, ya comenzaba a sufrir los síntomas de su enfermedad, y solo le quedarían por componer tres obras más, antes de su fallecimiento en 1848.
Estrenada en Buenos Aires en 1851, llega por primera vez al Teatro Colon, en 1910, con un elenco de campanillas: Paterna, Storchio, De Luca y Anselmi; dirigidos por el maestro Edoardo Vitale.
En 1912, la dirige Arturo Toscanini con los mismos cantantes masculinos, pero con Lucrecia Bori, como Norina.
Así, fueron 16 reposiciones previas a la actual, donde brillaron figuras como Bonci, Barrientos, Borgioli, Schipa, Baccaloni, Evans, Bruscantini y directores como Serafin, Panizza y Previtali.
La función del domingo 29, fue musicalmente discreta, destacándose la dirección orquestal del Maestro Srba Dinic, por el dinamismo y el buen pulso de su ejecución. También fue destacable la labor del tenor Santiago Ballerini, con un perfecto estilo belcantista, elegante fraseo, y sutilezas vocales.
El bajo Nicola Ulivieri, en el rol de Don Pasquale, mostró eficiencia vocal, pero interpretativamente su personaje resultó anodino. No reflejó con su canto los distintos estados de ánimo por los que va pasando su personaje a lo largo de la obra; ansiedad, entusiasmo, rabia, melancolía, depresión y resignación.
El barítono Darío Solari, que interpretó al Doctor Malatesta, es un buen cantante, y su labor fue correcta en lo vocal, pero intrascendente en lo escénico. La soprano Jaquelina Livieri fue correcta en su desempeño vocal y demostró gran soltura en lo escénico.
La escenografía de Enrique Bordolini, y el vestuario de Imme Möller, nos ubican en época y espacio atemporal, a pesar que el libreto de Don Pásquale indique que la acción transcurre en Roma, en la primera mitad del siglo XIX. Por otra parte, esta “atemporalidad provocada”, permite soslayar situaciones puntuales del libreto, que en su contexto original no sería necesario soslayar.
Lo peor que puede le pasar a una “Opera Bufa”, es que no tenga gracia y aburra. El Director de Escena Fabio Spárvoli, no supo aprovechar el excelente libreto de Ruffini para crear situaciones graciosas, como para hacer algo cómico o al menos, entretenido. A tal punto, que el romántico dúo “Tornami a dir”, fue convertido en una caricatura grotesca.
En síntesis, salvando un par de buenas actuaciones, (Director de orquesta y tenor), esta fue una versión de Don Pasquale que quedará en el olvido por insípida y aburrida.
Roberto Falcone





martes, 1 de octubre de 2019




LA REVELACION DEL AÑO

Mozarteum Argentino, temporada 2019: actuación de la Orquesta Filarmónica de Luxemburgo, Director: Gustavo Gimeno. Solista: Julian Rachlin (Violín). Programa: Obras de Schubert, Mendelsohn  y Brahms. Teatro Colón, 30 de Setiembre de 2019.

NUESTRA OPINION: EXCELENTE.

  Si bien un serio inconveniente de salud dio por tierra con la anunciada presentación de la notable violinista Holandesa Janine Janssen, rápido de reflejos el Mozarteum logró el concurso del no menos notable violinista Lituano Julian Rachlin para asumir la parte solista del Concierto para Violín y Orquesta Nº 1 en Mi menor, Op. 64 de Mendelsohn con el que se cerró la primera parte del Concierto. Y en verdad, la versión terminó por confirmar la excelencia de la agrupación visitante y ratificar la categoría del solista, conformando ambas partes un bloque monolítico para una versión que quedará en nuestra mejor memoria auditiva. Tuvo todo: magnetismo, exquisito sonido, matices, “tempi” personal y un Director atento a los mínimos detalles que enriquece a la  versión dando también El su “toque” con un conjunto que muestra la tersura de su cuerda, la justeza de los bronces y la sutileza de sus aerófonos. Además de la presentación del día anterior con fragmentos de la Novena de Dvorak que comenté ampliamente en este espacio, la única referencia del Conjunto Luxemburgués estaba dada por la titularidad que del mismo ejerciera Leopold Hager, uno de los conductores preferidos de los porteños hace 30 años atrás, quien además invitara a dirigir allí al Maestro Pedro Ignacio Calderón y que también, junto al Trío San Telmo de Argentina, grabara con la Orquesta el Triple Concierto de Bohuslav Martinu. Además de Hager, nombres ilustres como Louis de Froment o Emmanuel Krivine ejercieron también la titularidad de la agrupación, la que naciera como Orquesta de la Radio y Televisión de Luxemburgo, para tomar en  1996 su actual denominación. Gimeno es el titular desde hace cinco temporadas. Llega a esa posición tras haber sido asistente de Claudio Abbado y Bernard Haitink en el Festival de Lucerna y ejercer en paralelo la Titularidad de la Sinfónica de Toronto desde el año pasado. Posee una solidez técnica incuestionable. Traza las frases musicales con gestos precisos y hace “cantar” a la orquesta de modo categórico. Es por ello que la enfervorizada ovación con la que el Concierto de Mendelsohn fue recibido hizo justicia con estos excepcionales intérpretes, dando lugar a un bis fuera de lo común. Con la complicidad del violinista Haoxing Liang, uno de los dos Concertinos de la Orquesta, Rachlin  desplegó un desopilante arreglo del corrido popular mexicano “La Cucaracha”, a modo de “humoresque” que hizo divertir al público mientras ambos instrumentistas intercambiaban miradas cómicas y enlazaban el tema en distintas tonalidades.

 Previo al mencionado Concierto de Mendelsohn, la Orquesta realizó una chispeante  versión de la Obertura “ Die Zauberharfe” (El Arpa Mágica)  que lleva el D. 644 en el Catálogo de obras de Franz Peter Schubert, que da comienzo a la música con la que Schubert brindara marco a la obra de teatro homónima  de Georg Von Hofman, la que al no tener el éxito previsto y frente a una solicitud posterior se “reconvirtió” en la Obertura de la bien conocida “Rosamunda, Princesa de Chipre”. Así, entre sutilezas y vibración, encontramos en Gimeno al exacto traductor de la esencia Schubertiana.

  Y la segunda parte nos mostró a un excepcional interprete llevando adelante una excelente versión de la Primera Sinfonía en Do menor, Op. 68 de Johannes Brahms,  la que nos mostró a una orquesta noble, con excelentes respuestas de todos sus sectores y de los primeros atriles de los mismos y nuevamente al Concertino Liang  que desarrolló de manera insuperable el célebre solo de violín que cierra el segundo movimiento. Al igual que en el Concierto de Mendelsohn, Gimeno adoptó tiempos personales de manera muy acertada, llegando hasta el fondo de la partitura. El sonido de la agrupación es de una sutileza tal que suscita la inmediata admiración del oyente, la misma que 24 horas antes había causado en el Auditorio Nacional del CCK. Por lo que estas presentaciones en Ntras. Dos mejores salas de Concierto del País, consagran a esta formación Luxemburguesa como la revelación de la presente temporada en virtud de la calidad de todos los productos musicales que ha ofrecido.

  No podían faltar bises. Los encabezó (como no podía ser de otra manera) una exquisita versión de la Danza Húngara Nº 1 de Brahms, seguida luego de “Libertango” de Piazzolla, tal como lo ofreciera el día anterior en el CCK, con la misma excelencia que el resto del repertorio.

  Ojalá el Mozarteum vuelva a convocar a esta Orquesta verdaderamente exquisita en un futuro no muy lejano.

Donato Decina




MERECIDAS DISTINCIONES

Por iniciativa de la legisladora Andrea Conde, ratificada por mayoría en la Legislatura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, se aprobaron sendos proyectos presentados por la Edil por los cuales fueron declarados “De Interés Cultural”, el ciclo “Música e Historia en los Palacios” que desarrollan en conjunto la Profesora Noemí Pilar Molinero  en su carácter de historiadora y el “Cuarteto de Amigos”, consistente en una actuación del conjunto en alguno de los palacios o edificios de importancia de la ciudad y durante el transcurso de la misma conocer la historia del barrio y del lugar en el que se desarrolla el concierto,  y en la segunda de las resoluciones aprobada también, se declaró ”De Interés Cultural” al propio conjunto de cámara. Para hacer efectivas ambas distinciones, se llevó a cabo un acto en el Salón San Martín del Palacio Legislativo de la Ciudad ante una gran cantidad de espectadores. Tras la apertura formal, hizo uso de la palabra la Sra. Laura Morán, colaboradora de la Legisladora Conde y en nombre de ésta última, para explicar los fundamentos de ambos proyectos, tras lo cual , asumiendo la representación de la Legisladora ante la imposibilidad de esta última de estar presente, hizo entrega a los Miembros del Cuarteto: Haydee Seibert Francia, Gustavo Mulé, Elizabeth Ridolfi y Miriam Santucci del Diploma correspondiente, al igual que a la Profesora Molinero por el Ciclo “Música e Historia en los Palacios”. La Maestra Haydee Seibert Francia hizo uso de la palabra luego en nombre de los distinguidos para agradecer las mencionadas declaraciones , enumerando la serie de lugares en los cuales el conjunto se presentó, rescatando de ellos el realizado en el hoy “Abasto Shopping” en donde mucha gente joven escuchó tanto a Beethoven como a Carlos Gardel   al interpretarse de éste último  “Por una Cabeza”.  También hizo uso de la Palabra el escritor Noé Jitrik, asiduo concurrente a dichas presentaciones, quien con una extraordinaria lucidez manifestó que mientras en las calles la ciudad muestra su rostro más hostil, en los palacios podía conocerse la historia y la música era el vehículo más apropiado para ese acercamiento, además de admirar el entendimiento y las disciplina existente entre los miembros del Cuarteto distinguido. Finalmente, y como en toda actuación, la Profesora Molinero comenzó a reseñar la historia de la zona céntrica y luego, por supuesto, la del Palacio Legislativo, alternando los conceptos con las interpretaciones del Conjunto.

  La parte musical incluyó “Minué” de Amancio Alcorta, “Tres Minués Argentinos” de Juan Pedro Esnaola, “Figarillo” de Juan Bautista Alberdi, el cuarto movimiento del “Cuarteto para Cuerdas Nº 1” de Alberto Ginastera y, ya en el cierre, “Fuga y Misterio” de Astor Piazzolla en donde la agrupación mostró una vez más su excelencia, para disfrute de todos los concurrentes al acto.

  No cabe duda alguna del acierto de la Legisladora Conde en el impulso de ambas resoluciones. Muchos porteños comenzaron a conocer la historia de los barrios y sus edificios más distintivos de la mano de este ciclo y de la muy buena programación que brinda como marco el “Cuarteto de Amigos”

Donato Decina .