lunes, 6 de diciembre de 2021

 

Le Roi s'amuse en el teatro I.F.T. (Rigoletto)

 

Comentarios de Eduardo Casullo

Miembro de ACMA

 

Basada originalmente en la obra de Víctor Hugo, Rigoletto sufrió muchísimo la tarea de la censura. Hubo que sacarla de Francia y trasladarla a Mantua, cuyo ducado había desaparecido hacía mucho tiempo, con lo cual se suponía que la figura del Rey de Francia transformada en el Duque de Mantua no podría ofender a nadie. El libro de Víctor Hugo había sido prohibido y el título, desde el original de Víctor Hugo hasta el final, cambió de nombre varias veces. Se llamó también “La Maldición” hasta que finalmente quedó “Rigoletto”.

Luego de grandes discusiones con la censura, se firma el contrato con La Fenice para su estreno en 1851.

Esta obra fue cantada a lo largo de su historia por los más grandes intérpretes de todos los tiempos, siendo memorables las de Leonard Warren, María Callas, Alfredo Kraus, Sherrill Milnes, a quien tuvimos la oportunidad de ver en el Teatro Colón, Pavarotti, Domingo, Ana Moffo, etc.

La versión presentada por Celebrarte estuvo plagada de aciertos en lo escénico aunque, seguramente por las dimensiones del escenario, en la gran fiesta del primer acto no se bailó el “Perigordino” como fondo de la trama.

La orquesta sonó convincentemente acorde con lo escrito por Verdi; recordemos que su orgánico es el siguiente: la orquesta exige 2 flautas (flauta 2 dobla flautín), 2 oboes (oboe 2 dobla corno inglés), 2 clarinetes, 2 fagotes, 4 trompas en Mib, Re, Do, Lab, Sol, y Fa, 2 trompetas en Do, Re, y Mib, 3 trombones, cimbasso, 12​ timbales, bombo y címbalos, y cuerdas. Fuera de escena: banda, bombo, 2 campanas, máquina de truenos. En escena: violines I y II, violas y contrabajos.

En este caso  la parte de los instrumentos fuera de escena los ejecutó la misma orquesta desde el foso.

Pero centrándonos en los personajes:

El duque de Mantua (tenor lírico)

Rigoletto, bufón de la corte (barítono dramático)

Gilda, hija de Rigoletto (soprano de coloratura)

Sparafucile, sicario (bajo)

Maddalena, hermana de Sparafucile (mezzosoprano o contralto)

Giovanna, acompañante de Gilda (mezzosoprano)

El conde Monterone (barítono)

Marullo, caballero (barítono)

Borsa, cortesano (tenor)

El conde Ceprano (bajo)

Condesa, esposa de Ceprano (mezzosoprano)

Nobles, cortesanos​ (Coro de hombres: tenor y bajo)

 

Es importante destacar que esta primera producción con orquesta de Celebrarte eleva muchísimo el nivel de la compañía.

El rol de Rigoletto, a cargo de Marcelo Iglesias Reynes, fue realmente de una magnitud y carácter excelente, no solo en lo vocal sino en la difícil parte dramática de la actuación, que convenció a lo largo de toda la partitura.

Paula Alba en el rol de Gilda, mostró una afinación perfecta y, aunque su voz no es de gran volumen, su trabajo fue de total corrección.

El tenor Cristian Karim Taleb posee una voz potente y bien timbrada, aunque peca por exceso de volumen. Algo común en muchos cantantes es cantar las arias hacia el público, casi al borde del proscenio, lo cual anula toda la dirección que esos momentos tienen que tener para que sean creíbles. También el exceso de volumen impidió que el famoso cuarteto del tercer acto se oyera equilibradamente. Lo mismo cuando, en el mismo acto, canta desde un interno, su voz parecía venir del proscenio y no a lontano. También sucede, cuando se dispone de este gran volumen, que muchos agudos parecen crecidos.

La mezzo soprano Bibiana Fischy mostró un dominio total del personaje y de lo dramático.

Se destacó, no solo por el bello color de su voz, sino también por la profundidad de sus bajos fue el Sparafucile de Augusto Nureña Santi.

El resto del elenco cumplió totalmente con lo requerido por Verdi, lo mismo que Giovanna y el coro.

La puesta en escena fue sencilla pero efectiva y de buen gusto.

La dirección orquestal a cargo de Facundo Sacco, conservó el equilibrio entre el foso y la escena con calidad y seguridad.

En definitiva una versión de muy buen nivel que merece la pena ser repetida.

 

CON EL RETORNO DEL MOZARTEUM TAMBIEN VOLVIERON LOS DIAS FELICES

 

Mozarteum Argentino, Concierto de inicio de la Temporada 2021/22. “Into The Light”:  Actuación de la Mezzosoprano Joyce Didonato acompañada al piano por Craig Terry. Participación Especial: Lautaro Greco (Bandoneón). Programa: Obras de Purcell, Händel, Rossini, Wagner, Rodgers/Hart y Guglielmi/Piaf. Teatro Colón, 05 de Diciembre de 2021.

 

NUESTRA OPINION: EXCELENTE.

 

  Con el retorno a Buenos Aires y al Colón de Joyce Didonato, merced a los oficios del Mozarteum Argentino, el que también ha retornado tras el largo silencio que la pandemia impuso, se produjo un tercer retorno: el de los grandes días, los más felices. Esos que se enmarcan cuando una gran figura pisa el escenario ante la expectativa de una sala colmada (Tal vez en la repetición de hoy pueda superarse aún más la concurrencia, pero no se dude que la de ayer fue la mayor registrada en la sala desde la reapertura de Marzo pasado, aun cuando los espectáculos populares que se presentaron pudieron alcanzar un aforo muy cercano al visto ayer) y hace exactamente lo que el público fue a escuchar y mucho más. Esto fue lo ocurrido y la sensación que quedó flotando en el aire es que se había recuperado algo que se extrañaba mucho, que nos aferramos a algunas cosas por más pequeñas que sean después de largo tiempo para volver a percibir sonidos, gestos, movimientos, pero ante la demostración de suma categoría como fue la que Didonato brindó en el escenario, nos damos cuenta finalmente que era esto lo que extrañábamos y buscábamos. Ella misma hablando en un aceptable castellano, le manifestó al público que eligió este repertorio al que podría considerárselo como un tránsito desde el dolor a la esperanza y por eso estaba integrado por obras del Barroco: “Música por un Rato”, tal el título del fragmento de Henry Purcell que forma parte de su música para “Edipo”  en la versión de Dryden y Lee, como también “Así como tus pasos el Amanecer Disipa”, confiado a Irene, amiga cristiana de Theodora, que integra el oratorio de Händel de paso tan controvertido meses atrás por este mismo escenario y que esta estupenda interprete acaba de presentar en París. Saltar en el tiempo hacia adelante para interpretar una joya Rossiniana nacida en la misma París y que hacía mucho tiempo no se escuchaba en recitales ofrecidos en el escenario del Colón: la cantata “Giovanna D’Arco” que llegó vivaz, vibrante, plena de energía, enfática y dicha con inmejorable línea canora. Tras la breve pausa, el retorno a escena y escuchar una magnífica versión de los “Wesendonck Lieder” de Wagner. Amor, dolor, sufrimiento, melancolía, expresados como pocas veces. Aquí también vale el reconocimiento a Craig Terry, quien ya viniera anteriormente junto a la intérprete y que en esta obra se reveló como un muy buen acompañante manejando de forma estupenda desde las tensiones hasta el mínimo silencio. Y finalmente llegar a la esperanza y celebrar la alegría del reencuentro.  Sumando el muy buen aporte del bandoneonista Lautaro Greco, pudimos apreciar una muy sentida versión de “Con una canción en mi corazón” de Rodgers y Hart  y, dedicada muy especialmente a su amiga Gisela Timmermann (Directora ejecutiva de la entidad organizadora), una maravillosa versión de "La vie en rose” de Edith Piaf y Louis Guglielmi. Y una vez más París de fondo.

 

 Luego de este maravilloso tránsito desde la oscuridad hacia la luz, llegaron tres bises en consonancia con la línea de lo escuchado. Un enérgico barroco expresado hasta con matices humorísticos y dos estupendos homenajes a la Argentina: un infaltable Piazzolla, en este caso “Los Pájaros Perdidos” con letra de Horacio Ferrer expresada con toda la garra y una inolvidable versión de la “Canción al Arbol del Olvido” de Alberto Ginastera, cerrando de esta manera con la música de los dos compositores que más nos representan en el mundo un memorable atardecer, ese en el que nos reencontramos por fin con tantas cosas que habíamos olvidado. El Mozarteum retomará el año próximo  este ciclo con una programación tentativa que anunció en Ntro. programa de los Sábados su Presidente, Luís Alberto Erize, la que será confirmada alrededor de Febrero próximo con algunos nombres importantes: El ansiado debut de Piotr Beczala, Elena Bashkirova, Nelson Goerner, Terje Mikkelsen y la Sinfónica Yevgueni Svetlanov de Rusia entre otros. Habrá que esperar y desear que se mantenga el panorama actual.

 

Donato Decina

 

JOYCE DIDONATO – Mezzosoprano

Craig Terry (piano)

Lautaro Greco (bandoneón)

Recital en el Teatro Colon presentado por el Mozarteum argentino – 5/12/20201

Elogiar la labor de Joyce Didonato en el concierto que ofreció el domingo por la tarde en el Teatro Colon para el Mozarteum es algo muy sencillo porque se trata de una cantante superior. Calificarla de estupenda, gran artista, carismática y alabar sus dotes técnicas y expresivas sería redundante porque todo esto lo ha demostrado en presentaciones anteriores y lo ha vuelto a demostrar una vez más en esta ocasión desde el Purcell con que abrió el programa, hasta “La canción del árbol del olvido”, de Ginastera con la que cerró su actuación. Sin duda, Didonato es una artista de primerísimo nivel, y la vara de referencia con la que se debe medir la calidad de un recital.

Después de todo este tiempo de pandemia en el que muy poco hemos podido ver y escuchar, el Mozarteum nos ofrece este recital de Joyce Didonato que marca un nivel superior a todo lo que hemos estado presenciando durante este período.

El programa ofrecido, fue variado y muy interesante. Pensado a la medida justa del repertorio habitual de Didonato y donde puede demostrar todo su talento y capacidades vocales.

Desde el barroco, con “Music for a while” de Purcell, y “As with Rosy steps the morm” del Oratorio Theodora de Haendel, pasando por la cantata “Giovanna d’Arco” de Rossini y los “Wesendonk Lieder” de Wagner, Joyce Didonato desarrolló todo su arte interpretativo del modo en que solo los más grandes artistas pueden hacerlo. Le siguieron dos canciones con acompañamiento de piano y acordeón “La vie en rose”; la canción que inmortalizó Edith Piaf en 1946, cuya letra escribió con música de Louis Gugliemi, y “With a song in my hart” de Rodgers y Hart, estupendamente servidas.

Interpretó tres bises; de Xerxes de Haendel “Crude furie degli orridi abissi”, “Los pájaros perdidos” de Piazzolla y Trejo y “Canción del árbol del olvido” de Ginastera, ante un público que merecidamente la aclamaba.

El pianista Craig Terry, fue un acompañante a la medida de la gran cantante

Párrafo aparte.  Después de la función, en los camarines,  se le hizo llegar a Joyce Didonato, el premio otorgado por la Asociación de Críticos Musicales de Argentina al “Mejor cantante extranjero de la temporada 2019”. Esperemos contar nuevamente con la presencia de Joyce Didonato el año próximo, porque sin duda alguna, se lo ha ganado nuevamente.

En síntesis, fue una velada muy particular porque hemos podido disfrutar y recordar lo que es el canto de primer nivel en la voz y la presencia de una magnífica cantante.

 

Gran concierto de la Orquesta de Cámara del Congreso de la Nación

UN ABRAZO QUE LLEGA HASTA EL ALMA

Martha CORA ELISEHT

Muchos seguidores en Facebook -tanto del muro de quien escribe como del homónimo del programa- se asombraron al ver las fotografías publicadas en la confitería del Molino y preguntaron cuándo se reabrió. En realidad, ese emblemático edificio sirvió de marco para brindar el concierto de homenaje a Astor Piazzolla (1921-1992) en el centenario de su nacimiento por la Orquesta de Cámara del Congreso de la Nación, titulado “UN ABRAZO PARA ASTOR” y que se llevó a cabo el viernes 3 del corriente, con dirección de Sebastiano De Filippi y participación del bandoneonista Pablo Mainetti, con un programa compuesto por las siguientes obras:

-          Abrazo para Astor- Pablo Mainetti (1971)

-          Melodía en La menor

-          Tardecita porteña

-          La muerte del ángel

-          Adiós Nonino

-          Libertango

-          Años de soledad

-          5 Tango sensations- Astor Piazzolla (1921-1992)

La obra de Pablo Mainetti fue compuesta especialmente para esta ocasión en calidad de estreno mundial y está dedicada a la Orquesta de Cámara del Congreso de la Nación. Se inicia con un contrapunto a cargo de violoncellos y contrabajos, para luego ser tomada por las violas, segundos y primeros violines respectivamente, en estilo contemporáneo con ribetes de tango.  Un merecido homenaje a Piazzolla en una muy buena versión de la orquesta. Tras los aplausos, el conjunto comenzó con la primera de las melodías de Piazzolla (Melodía en La menor), donde se destacaron el concertino Pablo Pereira y la violista Mercedes Sánchez. Seguidamente, el ensamble brindó una muy buena versión de Tardecita Porteña para proseguir con una impecable versión para orquesta de cuerdas de las piezas más célebres del compositor marplatense (La muerte del ángel, Adiós Nonino y Libertango). Si bien todos los solistas de la orquesta fueron sobresalientes, merece un párrafo aparte la labor de la cellista Mariana Levitin, al igual que el extraordinario solo del mencionado concertino. Y alcanzó su punto máximo en la celeberrima Libertango, donde los cellos y contrabajos abrieron el juego para que se fueran acoplando las violas, los segundos y primeros violines respectivamente -excelente labor del solista guía Catriel Galván, al igual que la de los instrumentistas mencionados anteriormente- para desembocar en una fuga magistral. Por último, el bloque cerró con Años de soledad, que fuera compuesta en 1981 junto con Gerry Mulligan y donde se fusionan los tradicionales elementos característicos de la música del gran Astor con ribetes de jazz, en una muy buena versión de la mano maestra de Sebastiano De Filippi. El público aplaudió a rabiar al finalizar el bloque.

A continuación, Pablo Mainetti se incorporó en calidad de solista para interpretar las 5 Tango sensations (Asleep, Loving, Anxiety, Despair y Fair), también compuestas durante la permanencia del autor en Estados Unidos. La labor del bandoneonista fue estupenda; no sólo porque es uno de los más grandes intérpretes de dicho instrumento en la actualidad, sino también por su labor como compositor y arreglador. La orquesta supo acompañarlo con un equilibrio perfecto y un sonido prístino y la ovación fue total al finalizar el concierto. El público se puso de pie para aplaudir al director y los músicos.

Antes de comenzar el concierto, la gente pugnaba por entrar. Afortunadamente, este espacio emblemático ha sido objeto de una magnífica restauración y se ha puesto nuevamente en vigencia para que a corto plazo -cuando se inaugure oficialmente- el público pueda disfrutar nuevamente de la tradicional confitería y sus delicias. Mientras tanto, el espacio está muy bien aprovechado para la organización de conciertos y otras manifestaciones culturales. El gran Astor se hubiera sentido orgulloso de escuchar un espectáculo de alta jerarquía en la bella confitería, que resultó ser un abrazo para el alma.

 


Un ensamble de brillantes solistas:

Continuando la antigua tradición de tener intérpretes altamente calificados para el repertorio barroco , y en especial con instrumentos de época, se ofreció en el CCK una interesante versión de la Misa en SI Menor de Bach.

Por cuestiones remanentes de la pandemia no se reparten programas de mano y para quienes no formamos parte de las cercanías de los intérpretes se nos dificulta la identificación.

Sin embargo, en este caso, la omisión nos permite afirmar que el ensamble que acometió la interpretación es una asociación de brillantes solistas.

En la web del CCK están los nombres individualizados. 

Un ensamble coral de cerca de 30 voces, incluyendo a los solistas de amplia carrera en el medio, lograron una conjunción armónica superior, acompañados por un conjunto con instrumentos de época en una cantidad de veinte músicos y el incansable trabajo del maestro Sebastián Achenbach con el maravilloso órgano Klais de la casa.

Desde los acordes iniciales se plantea una versión camarística, cercana a lo que históricamente imaginamos como forma de origen.

Cuidado en evitar excesos y con pulcro balance entre instrumentos y voces se permitió recorrer cada uno de los números de la misa, acompañados por un respetuoso y " sacramental" silencio de los asistentes que ocuparon más del 80 % de la capacidad del Auditorio Nacional.

Si bien se percibieron mínimos desajustes en las entradas de los metales ( casi imperceptibles), el maestro Nuss logró una concertación de jerarquía en donde la sucesión de arias con solistas u orquesta con coro se desgranaron con fluidez haciendo un disfrute pleno del trabajo.

Los antecedentes publicados en redes sociales predecían el nivel interpretativo
En vivo y en sala justificaron los "pergaminos previos" 
El aplauso generoso de reconocimiento luego de más de dos horas de música, fue el justo y merecido premio a dignísimos artistas.

En la web del centro cultural y en You tube está la grabación. Es para tenerla de referencia

                                                                                                                      Ing. Andrés Berretta

sábado, 4 de diciembre de 2021

 

TOMELO O DEJELO

 

Opera Festival Buenos Aires, temporada 2021, Opera: “Don Giovanni”, Música de Wolfang Amadeus Mozart con libreto de Lorenzo Da Ponte. Intérpretes: Augusto Nureña (Don Giovanni), Juan Pablo Labourdette (Leoporello), Rocío Giordano (Donna Anna), Patricio Oliveira (Don Ottavio), María del Valle Almeida (Donna Elvira), Ximena Farías (Zerlina), Alejo Alvarez Castillo (Masetto), Sebastián Barboza (Comendador).Coro del Opera Festival de Buenos Aires, Director: Damián Roger, Orquesta del Opera Festival de Buenos Aires, Cembalísta: Matías Fernández. Dirección de Luces: Pablo de la Hera, Sobretitulado: Mariana Nigro. Dirección General y Artística: Graciela de Glyndenfeldt. Dirección de Orquesta: Helge Dorsch. Dirección de escena, diseño y supervisión de vestuario: Boris. Función del 02 de Diciembre de 2021.

 

NUESTRA OPINION: BUENO.

 

    “Tómelo o Déjelo”. Esta expresión bien que se puede aplicar tanto para los dos productos que ofreció el Opera Festival de Buenos Aires que de modo general y en la faz artística conduce la Sra. Graciela de Glyndenfeldt, como para esta nueva aventura escénica de Boris, a quién justo es reconocerle que en cada trabajo suyo deja una huella que perdura tanto en quienes lo admiran como en quienes tienen reticencias en su labor de director escénico. La entidad organizadora, luego de la controvertida “Carmen” que presentara en el Teatro I.F.T. con la Sra. De Glyndenfeldt en el protagónico, decidió apostar fuerte en dos ítems. El primero el cambio de sala, optando por la sala Alejandro Casona del Teatro Asturias del barrio de Montserrat, la que luego de haber sido tutelada bajo el mecenazgo de una fundación europea entre los años 2013 y 2014 volvió a cerrar sus puertas prácticamente hasta este momento y luego apostar fuertemente a un segundo título en al año, nada menos que Don Giovanni como corolario de su actividad anual. Y si se quiere, súmese también la convocatoria que la titular de la entidad efectuó al Maestro Helge Dorsch, quien vino desde Europa a hacerse cargo de la concertación del espectáculo. Para quienes aún no lo conocen, el Asturias es una sala construida en estilo español, la que ahora exhibe nuevamente su equipamiento completo. La apertura de los años 2013/14 no mostraba las butacas de platea las que momentáneamente fueron reemplazadas por sillas plásticas. Cuenta al igual que el Colón con Piso regulable, lo cual permite darle el grado de inclinación  que hace posible la visión de toda la platea, máxime en espectáculos como los operísticos. Situado en una ubicación interesante  (Solís entre Av. Belgrano y Venezuela), está a mano de importantes vías de conexión.

 

  Boris optó por una visión actual de este “pezzo grosso” mozartiano, y a partir de esa premisa diseño una escena en la que si bien la ambientación  fue dada con unos pocos trastos escénicos, la iluminación  cargó con todo el peso de marcar las situaciones, sean estas las de drama o de comedia. Aquí se constituyó en aliado fundamental Pablo de la Hera quien aportó el diseño de esa iluminación dando espacio tanto a los momentos sórdidos como a los de mayor expresividad. El enfoque que pudo observarse se centró en la juventud de los personajes con un protagonista un poco mayor que los demás, tal vez comenzando a ingresar en la plena madurez, el que está ya de regreso ante tantas vivencias. Si Ud. es amante de lo clásico, no busque ni a la Sevilla del Siglo de Oro, ni el vestuario característico. Esto ha sido fundamentalmente acción, adrenalina  y los toques característicos que bien le conocemos a Boris como realizador. Los personajes se presentan con vestuario actual (salvando la fiesta en la que los protagonistas lo hacen con vestuario típico, único momento tradicional de la puesta), sus gestos son los característicos de la juventud de hoy (Observe las conductas de los jóvenes desplazándose en los medios de locomoción y podrán darse cuenta que Boris se quedó corto, ya llevan en el colectivo hasta su propio alcohol en heladeras de pic nic ante la pasividad de los choferes obligados a recaudar boletos para sus empleadores). Para un habitué de la lírica acepto el hecho de que muchos gestos marcados resulten chocantes y hasta escatológicos y es absolutamente comprensible tanto como que hay un público más joven que comprende el enfoque y lo acepta. Y ambas posturas son válidas. También hay que decir que solo con una muy buena combinación de cantantes que sepan actuar puede entenderse mucho más una propuesta como la ofrecida y en este punto el elenco de la función que presencié lo logró con creces.

 

  Tal cual me ocurriera con el caso de “Carmen”, hubieron cantantes que sobrellevaron perfectamente bien el peso de la obra, tienen sólida preparación y otorgan un plus de jerarquía  con el que logran sostener el espectáculo Y es el caso de Augusto Nureña en el protagónico quien desde el vamos aporta buena figura, correctísima actuación, muy buen decir y una muy correcta línea de canto, sabe desplazarse muy bien en escena convenciendo al espectador. Y los otros dos soportes fundamentales lo aportaron los integrantes de la dupla Donna Anna – Don Ottavio , asumidos por Rocío Giordano y Patricio Oliveira con antecedentes más que suficientes en ambos para lograr dicho cometido. Ambos convencen desde la actuación, la expresividad y la línea de canto. Giordano pasa de la seducción al drama en cuestión de segundos haciendo gala de su ductilidad interpretativa. Oliveira con una fantástica “mezzavoce” entregó un “Dalla sua pace” inolvidable y compuso a un Ottavio enamorado perdidamente de su mujer a la que sostiene aun asumiendo los deslices de esta. Juan Pablo Labourdette encarnó a un “Leoporello” muy jugado y consustanciado con su patrón, disfrutando al máximo de las “migas” que Este le otorga.  María del Valle Almeida compuso a la sufrida “Donna Anna”, perdidamente enamorada de “Don Giovanni”, pero que sorprende en el final con algún guiño cómplice a Leoporello tras la escena de sustitución de rol al que Don Giovanni lo somete a Este para sacarse de encima a la incondicional mujer. Ese “retiro” que anuncia al final no ha de ser el del convento y todo preanuncia que “Leoporello” encontrará trabajo muy pronto.

  Grata sorpresa provocó la Soprano Ximena Farías como Zerlina con voz de timbre muy dulce y sumamente melodiosa y eficaz gracia al actuar. Muy correcto también el desempeño de Alejo Alvarez Castillo como el torturado Massetto, con gesticulación sin desborde alguno.  Sebastián Barboza aportó una voz sumamente interesante para el rol del Comendador y actoralmente cumplió de sobra con su desempeño en la impactante escena del desenlace. Lució muy ajustado el coro de la entidad preparado por Damian Roger, reiterando la buena labor que ya había cumplido en “Carmen”. Otro sostén fundamental fue Matías Galindez desde el Cémbalo acompañando los parlatos en la misma línea de agilidad escénica. En cuanto a la Dirección Musical, me pareció muy interesante el trabajo del Mtro. Helge Dorsch en una concertación prácticamente sin baches, sobre todo en el difícil segundo acto. Llamó mi atención el hecho de ceder la exclusividad al cémbalo en los parlatos con la actitud de descender del podio en esos momentos para retornar y retomar luego la conducción. Muy buena dinámica en la que algunas veces tropezó con desparejas respuestas por parte de los músicos, los que en algunos casos deberían tener claro sentido de la responsabilidad. Algunos de ellos llegaron recién ates del inicio del segundo acto.

 

Así entonces fue “servido” “Don Giovanni”. Para la entidad organizadora, entiendo que las dos propuestas de este año tuvieron logros importantes tanto desde el punto de vista de los concertadores musicales elegidos como de muchas voces seleccionadas. Para Boris, una vez más impuso su enfoque personal muchas veces lográndolo. Rescato en ambos  mucho de lo positivo. Y por supuesto amigo lector que si fue, tiene la palabra definitiva: Tómelo o Déjelo.

 

Donato Decina

miércoles, 1 de diciembre de 2021

 

Estupenda versión contemporánea de “EL LAGO DE LOS CISNES” en El Nacional

 

UN THRILLER PSICOLÓGICO EN UN ÁMBITO LACUSTRE

Martha CORA ELISEHT

 

            Los cisnes son uno de los animales más bellos que existen en la naturaleza. Su porte y elegancia lo transforman en una atracción universal, mientras que su nadar majestuoso marca la delicia de los visitantes en jardines zoológicos y estanques de todo el mundo donde los mismos habitan. A pesar de ser la más bella de las aves, su siringe no puede emitir sonido y diera la impresión de estar atrapado dentro de su belleza. 

            Bajo esta concepción psicológica, Jorge Amarante se basó para transformar el clásico ballet de Tchaikovsky -EL LAGO DE LOS CISNES- en un thriller psicológico en versión de danza contemporánea, cuyas funciones se llevaron a cabo los días 23 y 30 de Noviembre pasados en el teatro EL NACIONAL, con auspicio del Mecenazgo del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires y de la Fundación Julio Bocca, con la participación de los siguientes bailarines: Sofía Menteguiaga (Odette/ Odile), Lisandro Casco (Sigfrido), Nahuel Prozzi (Von Rothbart), Iara Fassi (Reina Madre), Marcone Fonseca (amigo de Sigfrido y Tercero deseado), Sabina Álvarez (Odile transformada), Lorena Sabena (Primera deseada), Manuela Lavalle (Segunda deseada), Agostina Sturla (Tercera deseada) y cuerpo de baile perteneciente a la compañía Jorge Amarante, con participación de alumnos de la Fundación Julio Bocca. La puesta en escena, coreografía y vestuario estuvieron a cargo del mismo Amarante, con realización de vestuario de Stella Maris López; iluminación de Martín Rebello y Christian Richards y producción general de Karina Battilana, con Analía Sosa Guerrero como asistente coreográfico y Gilda Aguirre como asistente de ensayo. Se utilizó pista de audio como acompañamiento musical acorde a las normativas sanitarias vigentes.

            Los cuatro actos que normalmente integran este gran clásico se resumieron en una hora y media de espectáculo, con un intervalo entre los dos primeros actos de 10 minutos de duración para dar paso inmediatamente a los dos segundos y de esa manera, brindar tiempo a los bailarines para el cambio de vestuario. La mayoría de los principales números que integran el ballet se representaron prácticamente en su totalidad. La puesta en escena -sumamente austera y sencilla- comprendió dos colores: blanco, para las escenas de fiesta y negro, para las de misterio. Este último color fue el predominante para los bailarines en las escenas de conjunto, al igual que para Sigfrido -distinguido sólo por portar un chaleco de lamé plateado-, su amigo y el perverso y enigmático mago Von Rothbart al igual que Odile. Por su parte, Odette usa un vestido celeste en el prólogo y ya transformada en cisne, musculosa y falda de tul color gris. Los cisnes usaron musculosas de color gris y polleras de tul del mismo color -simulando un tutú romántico-, mientras que la Reina Madre sorprendió con un enterizo ceñido al cuerpo en tonos de verde botella y negro. A su vez, las figuras deseadas que aparecen en el 3º Acto lucían faldas de tul de diferentes colores (violeta, fucsia y verde) cubiertas de tul negro con musculosa al tono. ¿Por qué esta prenda? Porque permitía no solamente mostrar el trabajo de espalda, sino que también era fácil de quitar en la escena final, donde se rompe el maleficio y los cisnes van tomando nuevamente su forma humana. En este caso, todas las bailarinas quedaron semidesnudas, cayendo de a una tras otra con los últimos compases de música. Un recurso sumamente sencillo y efectivo para mostrar una metamorfosis.

            Tal como se dijo anteriormente, Odette es transformada en cisne como objeto de deseo de Von Rothbart: bella, callada y sumisa. Pero a diferencia del resto de los cisnes -cuya voluntad ha sido quebrada-, ella es capaz de rebelarse y decide terminar con su vida para romper el maleficio y hacer que Von Rothbart se transforme en víctima de su propio odio. En cuanto al resto de los personajes, Sigfrido aparece como el joven y despreocupado príncipe a quien su madre le impone la obligación matrimonial.  El rol del bufón está interpretado por su amigo, quien lo acompaña al lago donde tendrá su encuentro con Odette, de la cual se enamora, pero ella lo rechaza para que no caiga en la trampa de Von Rothbart. En este caso, cuando el malvado hechicero se da cuenta, decide transformar a Odile -una joven víctima cuya voluntad también ha sido quebrantada, en vez de su hija- en una réplica de Odette. Al igual que en la versión clásica, la primera bailarina interpreta ambos roles, y en vez de ser la fiesta de compromiso en palacio, la fiesta transcurre en un lugar donde Sigfrido busca a Odette entre jóvenes privados de su voluntad, ataviados con máscaras. Las mismas permiten que caiga en la trampa de Von Rothbart, quien le presenta a las personas deseadas -en vez de las princesas y sus séquitos-. Por último, en vez de consolar a Odette, los cisnes bailan suplicando volver a ser lo que alguna vez fueron. En el final, Von Rothbart mata a Sigfrido, pretende apoderarse de Odette y ésta cae fulminada por un rayo -efecto logrado mediante un genial recurso de iluminación sobre una tela plateada-. El mago se retuerce sobre el escenario, mientras va siendo cubierto junto con los cisnes mediante un telón negro, bajo el cual, las bailarinas se van cambiando mientras él desaparece y recuperan su forma humana.

            En este tipo de producciones, los personajes secundarios -que solamente aparecen actuando sin danzar- realizan sus solos como cualquier protagonista. Tal es el caso de Iara Fassi, quien con suma elegancia encarnó el rol de la Reina Madre combinando pasos de danza clásica con giros y otros elementos de danza contemporánea. Lo mismo sucedió con Marcone Fonseca, quien asumió el rol del amigo de Sigfrido y del deseado durante el 3ª acto. Es uno de los mejores solistas suplentes de primeros bailarines del Colón en la actualidad y se destacó por su técnica y plasticidad. Las escenas de conjunto estuvieron muy bien logradas mediante movimientos de expresión corporal en una muy buena sincronización. En el caso de los cisnes, se hizo mucho hincapié en el trabajo a espalda descubierta. Y en el caso particular del celebérrimo pas de quatre del 2ª Acto, un par de bailarinas ejecutaba una sucesión de movimientos, mientras que el otro par repetía la misma coreografía, pero “en espejo”, con una perfecta sincronización. Por su parte, Lisandro Castro es un buen bailarín de danza contemporánea, quien se desempeñó con ductilidad, plasticidad y armonía de movimientos. Lamentablemente, se vio un tanto eclipsado por la excelencia actoral de Nahuel Prozzi, quien encarnó a un estupendo Von Rothbart, sobresaliente desde todo punto de vista.  En cuanto a la protagonista, ya se puede considerar a Sofía Menteguiaga como prima donna assoluta en danza contemporánea nacional. Si bien es una bailarina con formación clásica -posee un excelente cambré y una figura longilínea, ideal para este tipo de roles-, su especialidad son las contracciones, relajaciones y giros en técnica Graham. Demostró con creces sobre el escenario su perfecto dominio de la técnica, su plasticidad pero por sobre todas las cosas, sus dotes histriónicas y su expresividad en brazos y manos -simulando las plumas y el vuelo del cisne-. Sus solos, dúos y tríos junto a Lisandro Casco y Nahuel Prozzi fueron de una perfección absoluta y ejerció un juego de seducción perfecto como Odile en el 3ª acto.

            Resulta sumamente difícil traducir en lenguaje contemporáneo un ballet blanco clásico tal como EL LAGO DE LOS CISNES, pero el talento y la maestría de Jorge Amarante lo hicieron posible. Habrá una nueva función el Martes 7 del corriente  (vispera de feriado)para que los amantes del ballet puedan disfrutar esta particular versión, transformada en un interesante thriller psicológico bajo la enigmática belleza de los auténticos habitantes del lago.  

lunes, 29 de noviembre de 2021

 

Brillante concierto en la basílica de Lourdes por la Sinfónica de Tres de Febrero

 

UNA GRATA SORPRESA ORGULLOSAMENTE BONAERENSE

Martha CORA ELISEHT

 

            Durante los últimos años han surgido numerosos organismos sinfónicos dentro de los municipios que integran el área metropolitana de Buenos Aires (AMBA). Junto a su par homónima de General San Martín, la Orquesta Sinfónica de Tres de Febrero es un buen ejemplo de ello y lo demostró organizando un ciclo de conciertos durante el transcurso del corriente año en Caseros y Santos Lugares, con repertorio para grupos de instrumentos acorde a las medidas de distanciamiento social y protocolos sanitarios vigentes. En el día de la fecha se produjo el primer concierto con la totalidad de los músicos que integran la misma en la basílica de Nuestra Señora de Lourdes bajo la dirección de su titular -Ezequiel Fautario-, con un programa compuesto por las siguientes obras:

-          Obertura de “LAS BODAS DE FÍGARO” -Wolfgang Amadeus MOZART (1735-1791)

-          Serenata para cuerdas en Mi menor, Op.20- Sir Edward ELGAR (1857-1934)

-          Sinfonía nº2 en Re mayor, Op.36- Ludwig van BEETHOVEN (1770-1827)

Pese a ser un concierto de corta duración -no más de una hora y 10 minutos-, la orquesta desarrolló un repertorio sumamente interesante y eficaz, con obras que -con excepción de la Serenata para cuerdas de Elgar- forman parte habitualmente de los programas de conciertos.  Aquí se notó un excelente trabajo de preparación previa, con suficiente cantidad de horas de ensayo y ajustes -lo que se denomina habitualmente “sintonía fina”- por parte del director. Si bien la basílica cuenta con una excelente acústica, la misma contribuyó a potenciar la calidad del sonido, dando la impresión que  hubieran tocado 80 músicos en vez de 45. La orquesta sonó magnifica desde los primeros compases de la consabida obertura mozartiana, con ese toque de frescura y espontaneidad característicos del universo del genio de Salzburgo. Todos y cada uno de los instrumentistas lograron una magnífica labor, que se vio coronada por los aplausos del público.

La mencionada Serenata en Mi menor Op.20 de Elgar fue compuesta para orquesta de cuerdas en 1892 y se estrenó en forma privada bajo la dirección del propio compositor durante el transcurso de ese mismo año. Consta de 3 movimientos (Allegro piacevole/ Larghetto/ Allegretto) de los cuales, el Larghetto central es el más conocido y el que marca la transición entre las obras de juventud y la madurez del compositor inglés. El primer movimiento comienza en compás de 6/8 con un empaste a cargo de las violas, que es retomado por los violines y el resto de las cuerdas, mientras que el movimiento central se desarrolla en 2/4. Si bien el Allegretto final arranca en 12/8, posteriormente retoma el tema en 6/8 del 1º movimiento hasta la capitulación final. La versión ofrecida por el organismo sinfónico fue espléndida, a tal punto que si una tuviera que comparar con la ofrecida por Carlos Vieu en el concierto inaugural de la Orquesta Sinfónica Nacional, puede decirse que fue digna de una orquesta europea, lo que representó una grata sorpresa para los oídos de quien escribe. Según palabras del propio Ezequiel Fautario: …”es una obra que ya la teníamos preparada en virtud de los protocolos sanitarios vigentes, aunque hoy sea la primera vez que se puede apreciar a la orquesta en su totalidad”. Tampoco hay que olvidar que Fautario es discípulo de Vieu y por lo tanto, demostró con creces las enseñanzas impartidas por su maestro.

La Sinfonía nº2 en Re mayor fue compuesta entre 1801 y 1802 cuando Beethoven residía en Heiligenstadt -en las afueras de Viena- y ya empezaba a manifestar los primeros síntomas de su sordera. Es una de las obras del estilo temprano del compositor y consta de 4 movimientos escritos en forma de sonata (Adagio molto- Allegro con brío/ Larghetto/ Scherzo: Allegro/ Allegro molto), caracterizados por su introducción lenta y su orquestación clásica, pero con una innovación: Beethoven reemplaza el minuetto del 3º movimiento por un scherzo, mucho más rítmico y dinámico. Esto permitió que sea una sinfonía caracterizada por su agilidad y dinamismo, que le otorgan un tinte enérgico donde se perciben los característicos crescendi y diminuendi del compositor. Fue un auténtico placer escuchar al genio de Bonn en toda su plenitud merced al excelente trabajo de preparación y ensayo previos anteriormente mencionados. Al finalizar el concierto, la ovación fue total merced al gran desempeño por parte de los músicos, que permitió que el organismo sonara como una orquesta europea en un municipio del Gran Buenos Aires. Orgullosamente bonaerense y a mucha honra.

 

Magistral cierre del ciclo MÚSICA EN PLURAL en la Fundación Rómulo Raggio

 

FINAL DE CICLO A PURO BRILLO

Martha CORA ELISEHT

 

            Dentro del vastísimo repertorio de la música de cámara, la combinación clarinete/ piano/ violoncello es una de las menos frecuentadas: no sólo por la dificultad técnica de las obras, sino que también se debe contar con intérpretes de altísima jerarquía para ejecutarlas. Precisamente, el Museo de la Fundación Rómulo Raggio de Vicente López brindó el marco perfecto para el cierre del Ciclo MÚSICA EN PLURAL, que tuvo lugar el pasado sábado 27 del corriente con la participación del trío conformado por los siguientes intérpretes: Stanimir Todorov (violoncello), Carlos Céspedes (clarinete) y Paula Peluso (piano), con un programa formado por las siguientes obras.

-          Trío en Si bemol mayor para clarinete, piano y violoncello, Op.11- Ludwig Van BEETHOVEN (1770-1827)  

-          Trío en La menor para clarinete, violoncello y piano, Op.114- Johannes BRAHMS (1833-1897)

El prestigioso ciclo que llevan a cabo Haydée Seibert y Gustavo Mulé en diferentes residencias y palacios de Buenos Aires llegó a su final, tras cuatro conciertos ofrecidos durante el transcurso del corriente año en dicho lugar, con la participación de intérpretes de gran jerarquía y un suceso de público y crítica, con entrada libre y gratuita.

Tras la presentación de Alejandra Raggio, los músicos hicieron su aparición para ejecutar la mencionada obra de Beethoven, que fue compuesta entre los años 1797 y 1798 y dedicada a la condesa María Wilhemina von Thun. Originalmente fue compuesto para violín, clarinete y piano, pero posteriormente, Beethoven realizó una adaptación para violoncello, que es la que se conoce en la actualidad. Consta de tres movimientos: Allegro con brío/ Adagio/ Tema con variaciones (“Pría ch’io l’impegno”)- Allegretto, que poseen ciertas reminiscencias del Septiminio -obra que lleva el Opus 20- en la parte del clarinete. La labor de los músicos fue magistral merced al perfecto ensamble entre los tres instrumentos (una pudo apreciar los gestos que se hacían entre ellos, indicando entradas y guiños cómplices), logrando un sonido compacto, puro, solemne y a la vez, fresco y juvenil. Esto se notó principalmente en el Tema con variaciones, que desemboca en un jovial Allegretto representativo del primer período del compositor. El auditorio ovacionó al conjunto a sala llena.

El Trío en La menor Op.114 fue compuesto en 1891 y es una de las cuatro composiciones de cámara que Brahms creó para dicho instrumento. A diferencia de su homónimo de Beethoven, corresponde al último período del compositor y muestra el gusto de Brahms por las combinaciones poco habituales. También existe una adaptación para viola en lugar del clarinete y consta de 4 movimientos: Allegro/Adagio/andantino grazioso/Allegro. El cello abre la obra con un arpeggio en La menor, que marca las tres tonalidades de la obra (La menor, Do mayor y Mi menor). Tras el ensamble y la fusión del clarinete y el piano, el cello toca la inversión de la misma composición de notas y anticipa el motivo de la capitulación final, a cargo del cello y el clarinete. Tras un Adagio de gran expresividad donde el piano marca la melodía, el 3º movimiento (Andantino grazioso) incluye un Ländern -danza típica de las montañas de Austria y Alemania- en vez de un scherzo, donde el clarinete brinda ese clima jocoso mediante una serie de matices -excelente labor de Carlos Céspedes, quien ejecutó su parte con maestría e inusual elegancia-. Por último, el impetuoso Allegro final toma el tema en La menor del 1º movimiento, pero con una subdivisión de compases que oscila entre el 2/4 al 9/8. La prodigalidad de Paula Peloso se combinó con la jerarquía de Stanimir Todorov y el fuste de Céspedes en una conjunción perfecta en materia de sonido respetando las tres características básicas de la música de Brahms: solemne, marcial y romántica. El resultado fue una versión memorable de la mencionada obra y el público estalló en aplausos al final de tan sublime interpretación.

Tras los numerosos aplausos y vítores, el trío decidió hacer un bis: una bellísima transcripción del consabido Oblivion de Astor Piazzolla, donde todos y cada uno de los integrantes volvieron a sobresalir con un sonido prístino, coronado por otra intervención magistral de Céspedes en el registro más agudo del clarinete. Un brillante final para un prestigioso ciclo dentro de un marco sumamente propicio para el desarrollo de la música de cámara -recientemente coronado con el Premio al Estímulo otorgado por la Asociación de Críticos Musicales-. Vale la pena aunar esfuerzos para obtener excelentes resultados.