sábado, 9 de noviembre de 2019

Excelente concierto a cargo de la Filarmónica en el Auditorium de Belgrano

UNA CARICIA PARA EL ALMA (de un corazón cátaro luterano)
Martha CORA ELISEHT

            Dentro del Ciclo Colón en la Ciudad 2019, la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires se presentó el pasado jueves 7 del corriente en el Auditorium de Belgrano bajo la dirección de Darío Domínguez Xodo, con la participación de Daniel Marcel Crespo como solista, en un concierto donde se interpretaron las siguientes obras: la Obertura de “Rosamunde” de Franz Schubert (1797-1828), el Concierto para trompeta y orquesta de Gerardo Gardelin (1965) (estreno mundial) y la Sinfonía n°5 en Re mayor, Op. 107 “La Reforma” de Félix Mendelssohn- Bartholdy (1809-1847).
            Entre sus numerosos antecedentes curriculares, Darío Domínguez Xodo ha sido discípulo del célebre director alemán Kurt Masur, director asistente de Enrique Arturo Diemecke en la Filarmónica de Buenos Aires y se desempeña desde 2013 como director artístico de la Orquesta Sinfónica Municipal de Florencio Varela. Ha dirigido en numerosas oportunidades en Europa y Latinoamérica y quien escribe pudo apreciarlo dirigiendo a la Filarmónica en varias oportunidades fuera del ámbito del Colón, destacándose por lograr un sonido puro y por una impecable marcación de los tempi. Y estas cualidades se pusieron de manifiesto en el presente concierto, donde la orquesta brilló durante la interpretación de las obras comprendidas en el programa.
La Obertura” Rosamunde” fue compuesta  originalmente como obertura de ópera en 1820 por encargo del Theater an der Wien para el drama Die Zauberharfe (“El Arpa Mágica”). Debido a que su estreno fue un fracaso rotundo, la obra desapareció para siempre de los escenarios. No obstante, Schubert la rescató posteriormente y la incluyó dentro del ballet “Rosamünde, Princesa de Chipre”. A partir de allí, la obra adquiere su denominación popular y forma parte del repertorio habitual y tradicional de conciertos. Comienza con un Andante al unísono, introducida por el timbal y los bronces para luego desembocar en un Allegro vivace, compuesto por dos temas que contrastan entre sí en un diálogo fluido, para desembocar posteriormente en un Scherzo giocoso hacia el final de la obra –que será retomado por Paul Dukas como fuente de inspiración para El Aprendiz de Brujo-. Es una obra que forma parte del repertorio habitual de la Filarmónica y uno de sus tradicionales “caballitos de batalla”. En la presente versión, la orquesta sonó de forma fresca y magistral a la vez, transportando al espectador a la Viena del compositor. La coordinación y el contrapunto entre los diferentes grupos de instrumentos en los dos temas principales que integran la misma fueron soberbios y el público respondió con un  cálido aplauso.
Seguidamente, el trompetista Daniel Marcel Crespo tomó el micrófono para anunciar el estreno mundial del mencionado Concierto para dicho instrumento del compositor argentino Gerardo Gardelin –quien estuvo presente en la sala durante la ejecución de su obra-. Al mismo tiempo, aclaró que iba a utilizar una trompeta diferente para cada uno de los tres movimientos que integran el concierto: la primera, en Mi bemol (Allegro), mientras que para el segundo movimiento (Adagio) utilizó una trompeta en tono más grave (Guggelhorn) y para el Vivace final,  una piccolo en Do mayor. El Allegro inicial abre con una melodía en Mi bemol mayor, en ritmo y cadencia de tango –al estilo de Astor Piazzolla- mientras que la trompeta solista retoma el tema principal con un solo en fuga. Daniel Marcel Crespo logró un sonido compacto, redondo, con excelentes matices, mientras que la orquesta respondió con un contrapunto admirable. Por el contrario, el 2° movimiento (Adagio) presenta un tema lento y romántico, donde la trompeta lleva la voz cantante.  El oyente podrá apreciar ciertas reminiscencias de la Sinfonía n° 2 (“Romántica”) de Howard Hanson y de Rimsky- Korsakov en el solo de oboe y clarinete que abre el movimiento antes de dar paso al instrumento solista. Posteriormente, los cellos inician un contrapunto que es retomado por la trompeta solista, luego del cual se acopla el resto de la orquesta. Este tema presenta ribetes de jazz, tango y romanticismo tardío (al estilo de las Rapsodias noruegas n° 1 de Halvorsen y Johan Svendsen), pero con una impronta personal. El Vivace final abre en Do mayor, donde la melodía presenta síncopa y otros elementos del jazz, que recuerdan a Gershwin y Ravel. Posteriormente, hay un segundo tema lento a cargo de la trompeta, que posteriormente es tomado por la orquesta hasta la recapitulación final con el tema inicial. Tras el último acorde de la trompeta que cierra el concierto, el público aplaudió este estreno, obligando a Gardelin a subir al escenario en medio de numerosos aplausos.
La Sinfonía n° 5 en Re menor, Op. 107 (“La Reforma”) fue compuesta en 1830 para la celebración de los 300 años de la Reforma Protestante  iniciada en 1517 por Martín Lutero en el monasterio de Wittemberg. Sin embargo, no se estrenó hasta 1832 debido a la enfermedad del compositor –se dice que Mendelssohn había contraído sarampión para ese entonces y, por ende, su recuperación recién se produjo luego de los festejos-. Por otra parte, había un antisemitismo profuso para la misma época – hay que recordar que Mendelssohn era descendiente de una prestigiosa familia judía, posteriormente convertida al protestantismo y donde adopta el apellido Bartholdy- y probablemente dicha circunstancia también demoró el estreno. Posee 4 movimientos (Andante- Allegro con fuoco- Andante- meno allegro/ Allegro vivace/ Andante con moto/ Chorale: Andante con moto- Allegro vivace- Allegro maestoso) y comienza con la Confesión Agustina (Salmo 46, que da origen a la Reforma) escrita en forma de sonata, con una lenta introducción de tipo coral, que aparece casi como una fuga. Posteriormente, se escucha el Amén de Dresde dos veces en las cuerdas antes de llegar al Allegro en tono mayor, mientras que el 2° movimiento (Allegro vivace)  es el más típicamente mendelssohniano y abre con un scherzo en ¾ en Si bemol mayor, derivado del Amén de Dresde y que culmina con la misma tonalidad. En cambio, el 3° movimiento es un Andante en Solo menor en 2/4, que remeda más a la música coral que instrumental. Se alterna con una melodía en Si bemol mayor hasta desembocar en los majestuosos acordes  del himno “Castillo fuerte es nuestro Dios”, compuesto por el mismo Lutero e introducido por la flauta, seguida por el resto de las maderas y los metales. Finalmente, la orquesta recapitula con una magistral versión de dicho himno en forma coral. Independientemente del credo de esta cronista, la versión ofrecida por la Filarmónica fue magnífica, logrando una interpretación sublime en todos los aspectos, que podría definirse como cálida y versátil, solemne y majestuosa al mismo tiempo. Hacía rato que esta joya sinfónica estaba ausente de los tradicionales programas de conciertos, de modo tal que el mérito de Domínguez Xodo al reflotarla fue por partida doble: rescatar del olvido a una obra maestra y además, ejecutarla espléndidamente, en una versión acorde al título de esta nota: una auténtica caricia para el alma. En este caso, la residente en un corazón cátaro (puro, según este emblemático grupo protestante del sur de Francia) de una luterana

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