sábado, 30 de noviembre de 2019


Excelente presentación del CD del Trío Alberto Williams en el Museo Fernández Blanco

CUANDO SE LLEVA CON DIGNIDAD UN ILUSTRE APELLIDO
Martha CORA ELISEHT

            Dentro de la innumerable oferta de conciertos que se ofrecen en el ámbito de la Ciudad de Buenos Aires, muchos tienen lugar en museos. Además, el Museo de Arte Hispanoamericano “Isaac Fernández Blanco” posee una magnífica colección de instrumentos musicales notables, que fueron adquiridos por este gran coleccionista durante sus diferentes viajes. Tras un excelente trabajo de identificación y restauración llevado a cabo con la colaboración de Pablo Saraví- concertino de la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires y experto en el tema- , los violines de la colección que se exhiben en dicho museo se pueden utilizar para brindar conciertos, como el que tuvo lugar en dicha institución el pasado miércoles 27 del corriente a cargo del Trío Alberto Williams, integrado por Nicolás Favero (violín), Siro Bellisomi (cello) y Antonio Formaro (piano).
            Además del valor agregado que representó la ejecución de las obras con los violines de la colección del museo, el mencionado trío presentó su primer CD (Tríos con Aires Argentinos) tras nueve años de trabajo, con un programa integrado por las siguientes obras: Trío en Re menor, Op. 25 de Constantino Gaito (1878-1945), Scherzo de la Sonata FAE para violín y piano, de Johannes Brahms (1833-1897), el Trío para violín, cello y piano en Re menor, Op. 63 de Robert Schumann (1810-1856) y Dos danzas populares para Trío: Huella y Bailecito, de Luis Gianneo (1897-1968).
            Esta agrupación comenzó sus actividades en 2011 y su debut se produjo con el Triple Concierto para violín, cello y piano de Ludwig van Beethoven bajo la dirección de Alejo Pérez al frente de la Orquesta Estable del Teatro Argentino de La Plata.  A partir de allí, desarrolló una intensísima actividad presentándose en las principales salas de conciertos del país y su repertorio no sólo comprende las numerosas obras de cámara para trío instrumental de la música universal, sino que también hace hincapié en la difusión de compositores argentinos y latinoamericanos. Y lleva el nombre del ilustre músico y compositor argentino  Alberto Williams (1862-1952) por ser el primer autor nacional que compuso un Trío en La menor para violín, cello y piano Op. 54 en 1904. No sólo fue un prolífico compositor, sino también una figura clave en la difusión de la música –tanto en la práctica como en la didáctica- mediante la creación de numerosos conservatorios en el interior del país, y principalmente, en la región pampeana. Además, incorporó elementos del folklore argentino siguiendo la tradicional formación europea, lo que resultó fundamental para el surgimiento del nacionalismo musical argentino.
            Previamente, Nicolás Favero realizó los comentarios sobre los diferentes violines que se utilizaron para interpretar las obras. Para el Trío de Constantino Gaito, Favero empleó un Guadanini construido en Piacenza en 1730. Desde el inicio de la obra, el trío logró un sonido perfecto, diáfano y muy compacto, logrando una interpretación caracterizada por su versatilidad y exquisitez durante los tres movimientos de la obra (Allegro moderato/ Lento/Allegro enérgico). En este último, el tema del 1° movimiento –con ribetes de música urbana de Buenos Aires-  se retoma y se desarrolla mediante una fuga que sonó magistralmente, seguida de un soberbio cantábile a cargo del violín antes del cierre en Sol mayor. Ante una sala colmada de público, el mismo respondió con un aplauso cálido y prolongado. Seguidamente, Nicolás Favero presentó el segundo de los violines de la colección para la obra de Brahms: un Santo Serafín construido en Venecia en 1730, de madera lustrada con numerosas vetas y con una sonoridad estupenda (según el solista, uno de los mejores instrumentos que ejecutó en su vida y asimismo, uno de sus predilectos). Por lo tanto, resultó sumamente apropiado para la excelente versión del Scherzo de la mencionada Sonata para violín y piano de Brahms, donde Favero y Formaro brindaron una versión brillante, con un sonido espléndido. Pero lo mejor de la noche fue el Trío en  Re menor, Op. 63  de Schumann. Compuesto en 1847, es una de las obras más bellas de este eximio compositor alemán y posee cuatro movimientos: Mit Energie und Leidenschaft (Con energía y pasión)/ Lebhaft, doch nicht zu rasch (vivo, pero no demasiado rápido)/ Langsam mit inniger Empfindung/ Bewegter/ Tempo/ Attaca (Lento con sensación sincera/ Movido/Tempo/ Attaca)/ Mit Feuer/ Nach und nach schneller (Con fuego/ más y más rápido). No sólo se respetaron los tempi y la partitura a rajatabla, sino que la ejecución fue impecable, muy precisa y con una maestría tal que los intérpretes lograron una profundidad sonora muy marcada. Siro Bellisomi ejecutó un magnífico contrapunto a cargo del cello y Nicolás Favero empleó un Guarnieri del Gesú de 1732. Un auténtico placer auditivo al ejecutar tan hermosa obra con el sonido de un instrumento emblemático. Mientras que el segundo movimiento posee aires de un Länder (danza popular alemana) en el scherzo, el tercero arranca en tono menor, que posteriormente, va creciendo en intensidad hasta culminar en el monumental 4° movimiento, a partir de una magnífica fuga en tono mayor, con un contrapunto espléndido entre los tres instrumentos. Tras los aplausos y los vítores del público, el Trío usó los mismos instrumentos para cerrar un concierto excelente con la mencionada obra de Luis Gianneo. Alumno de Gaito, pasó mucho tiempo en Tucumán y por lo tanto, su música recrea los ritmos folklóricos del noroeste argentino. En la Huella, el violín y el cello desarrollan la melodía mediante un soberbio contrapunto, mientras el piano sostiene la melodía principal. Posteriormente, el piano desarrolla dicho tema mientras el violín y el cello sostienen la melodía principal mediante un contrapunto con punteo. El Bailecito arranca con un Allegro molto en tono menor en 6/8 que permite el lucimiento de los instrumentos, seguido de un Lento a cargo del cello –impecable actuación de Siro Bellisomi- que es retomado por el piano –soberbia ejecución de Antonio Formaro-  para luego, recapitular sobre el primer tema a cargo del violín. La interpretación fue magistral y los músicos se retiraron ovacionados entre aplausos y vítores. Tras los mismos, Formaro agradeció la presencia del público y el hecho de poder presentar su primer CD luego de nueve años de trabajo.
            La velada siguió en los jardines del  museo- recientemente restaurados-, donde el público tuvo oportunidad de poder conversar con los músicos, las autoridades de la institución y degustar un espumante reservado para tal ocasión-a cargo de una bodega patrocinante-. Pero independientemente de ese detalle, la sede del Fernández Blanco constituyó el marco perfecto para un concierto de gran calidad y jerarquía con instrumentos de colección, donde los integrantes de la agrupación no sólo demostraron ser tres excelentes músicos, sino que además, honraron con creces el ilustre apellido del conjunto.   

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