sábado, 9 de noviembre de 2019


Monumental actuación de la Orquesta Sinfónica de RTV Eslovena en el Coliseo

LA SEGUNDA GRAN SORPRESA DEL AÑO
Martha CORA ELISEHT

            De todos los países integrantes de la ex Yogoslavia, Eslovenia ha sido quizás el que más haya estado bajo la órbita de Alemania en cuanto a su cultura, caracterizada por su disciplina y la excelencia de sus manifestaciones artísticas, pero sin dejar de lado sus raíces eslavas. Y dio consabida prueba de ello en la presentación de la Orquesta Sinfónica de la Radio y Televisión (RTV) de dicho país el pasado viernes 8 del corriente dentro del abono de Nuova Harmonía en el Teatro Coliseo, bajo la dirección de Raoul Grüneis y con la participación del excelso cellista Mischa Maisky, quienes ofrecieron el siguiente programa: Obertura de “La Novia Vendida” de Bedrich Smetana (1824-1884), el Concierto para violoncelllo y orquesta en La menor, Op.129 de Robert Schumann (1810-1856) y la Sinfonía n° 4 en Mi menor, Op. 98 de Johannes Brahms (1833-1897).
            La mencionada agrupación sinfónica es fundó en 1955, luego de la fusión de la Orquesta de Radio Ljubliana con la Filarmónica de Eslovenia. No sólo ofrece conciertos, sino que ha realizado grabaciones de estudio y concierto para el Archivo Nacional de Música, disponible para programas de radio y televisión. No sólo ha grabado todo el repertorio sinfónico de su país, sino también la de numerosos autores clásicos, motivo por el cual ha sido distinguida con numerosos premios por la excelente calidad de su sonido. Asimismo, se presenta en conciertos dentro de su país e internacionalmente. Ha sido dirigida por directores de gran prestigio, tales como Samo Hubad, Stanislav Macura, Anton Nanut, David de Villiers y En Shao. Desde 2019, su director estable es el prestigioso músico búlgaro Rossen Milanov. En este caso, se presentó con Raoul Grüneis, quien resultó no sólo ser un director de carácter, sino también una soberbia batuta. Nacido en Alemania, es desde 2010 Director General de Música de la Ópera de Estambul y ha ocupado previamente dicho cargo en los teatros más importantes de Alemania (Freiburg, Mannheim, Darmstadt) y en la Ópera de Ratisbona.  Ni bien se subió al podio, ofreció una versión vibrante y colorida de la mencionada obra de Smetana, caracterizada por su perfecta marcación de los tempi (Fugato, molto prestissimo, staccato) en el Furiant –danza popular checa- central. La orquesta demostró una férrea disciplina de trabajo y ensayo y una pureza de sonido pocas veces escuchadas en el ámbito del Coliseo, totalmente acoplado y ensamblado. Sin lugar a dudas, fue una muy grata sorpresa haber podido apreciar a un organismo sinfónico de excelente nivel.  Y cuando apareció Mischa Maisky sobre el escenario, el delirio fue total. Independientemente de demostrar su habitual maestría, Maisky estaba profundamente compenetrado con la interpretación del mencionado Concierto en La menor de Schumann. La orquesta ejecutó los tres movimientos que lo integran (Allegro: nicht zu schnell (no muy rápido)/ Adagio: langsam (lento)/ Vivace: nicht bewegt (no apasionado)) de manera attaca (sin interrupción), logrando una perfecta armonización y diálogo con el solista. Prueba de ello fue el magnífico dúo entre el primer cello de la orquesta y el solista en el Adagio, seguido por el insuperable matiz del solista en el Allegro scherzando del 3° movimiento, ofreciendo una versión versátil y vibrante, caracterizada por su excelencia sonora y jerarquía interpretativa. La ovación fue tal, que Mischa Maisky brindó 4 bises: los dos primeros, con la orquesta (fragmento final de las Variaciones sobre un Tema Rococó para cello y orquesta en La mayor, Op.33 de Tchaikowsky) y los dos últimos, solo (último número de la Suite en Sol menor para violoncello solista y primer número de la Suite en Sol mayor para dicho instrumento de Johann Sebastian Bach). Tanto con la orquesta como solista, Mischa Maisky hizo gala de su poderosa técnica brindando sus excelentes matices sonoros, con la humildad de los grandes intérpretes. Un eximio artista compenetrado con su música y generoso con su público, motivo por  el cual se retiró ovacionado.
            Quien escribe ha escuchado versiones brillantes de la celebérrima Sinfonía n° 4 en Mi menor de Brahms y pensó que la estupenda versión de Daniel Barenboim al frente de la Staatskapelle Berlin en 2018 iba a ser muy difícil de superar; o al menos, de igualar. Sin embargo, la versión ofrecida por la orquesta con Raoul Grüneis fue excelsa, donde se respetaron los tempi a rajatabla de los 4 movimientos que integran la misma (Allegro non  troppo/ Andante moderato/ Allegro giocoso/ Allegro enérgico e appasionato) y las características de la música de Brahms: romántico, solemne y marcial. Al igual que el resto de las obras, fue una versión brillante desde todo punto de vista. Y la passacaglia con variaciones del 4° movimiento sonó con majestuosidad. Al final del concierto, y luego del aplauso sostenido del público, Raoul Grüneis se dirigió al auditorio en un perfecto castellano para anunciar el primero de los bises: una pieza típica eslovena (Pita) del compositor Aldo Zmab, de gran belleza melódica. Y se despidió con una versión sublime de Poeta y Paisano de Friedrich von Suppé, donde el cellista Igor Mitrovic brindó un espléndido solo de su instrumento dentro de la mencionada obra.
            A veces, los países europeos menos conocidos deparan este tipo de sorpresas. Ya sucedió con la excelente presentación de la Filarmónica de Luxemburgo en el Colón y se repite con esta estupenda orquesta eslovena, que demostró poseer una disciplina férrea, gran tradición musical y alto nivel de interpretación. Todos los ingredientes para brindar un concierto de gran jerarquía, que será recordado como uno de los mejores del corriente año.    

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