viernes, 22 de mayo de 2020


Excelente versión por streaming de “UN BALLO IN MASCHERA” en el Metropolitan

INTRIGAS, ALIANZAS Y TRAICIONES EN LA CORTE DEL REY DE SUECIA
Martha CORA ELISEHT

            El título de esta nota no pretende emular el de un libro del periodista Gustavo Sylvestre, sino para ilustrar otra de las excelentes transmisiones por streaming desde el Metropolitan Opera House de New York. En el día de la fecha le tocó el turno a “UN BALLO IN MASCHERA” de Giuseppe Verdi (1813-1901) con producción integral de David Alden realizada en 2012, con escenografía de Paul Steimberg, vestuario de Brigitte Reinsfelstuel, iluminación de Adam Silverman y coreografía de Maxine Braham. Deborah Voigt actuó como presentadora, mientras que la dirección orquestal estuvo a cargo de Fabio Luisi. Participó el Coro Estable de la institución, dirigido por Donald Palumbo y un grupo de danza compuesto por 6 bailarines.
            El elenco estuvo integrado por los siguientes cantantes: Marcelo Álvarez (Riccardo, Rey de Suecia), Sondra Rabdanovsky (Amelia), Dmitri Hvorostovsky (Renato), Katheleen Kim (Oscar), Stephanie Blythe (Ulrica), Trevor Scheunemann (Silvano), David Crawford (Tom), Keith Miller (Samuel), Marc Schonwalter (Un juez) y Scott Scully (Siervo de Amelia).
            La ópera se basa sobre un hecho verídico: el asesinato del Rey Gustavo III de Suecia en 1792 como consecuencia de una conspiración durante un baile de disfraces. Luego de 13 días de agonía, Gustavo III muere como consecuencia de las heridas recibidas. Esto motivó al compositor francés Daniel F. Auber para componer su ópera Le Roi toué en 1833, con libreto de Eugène Scribe. El escritor italiano Antonio Somma se basó en este último para componer Gustavo III –título original de la obra de Verdi- en 1857. Debido a la censura imperante en la época, Verdi tuvo que cambiar el título de su ópera en más de una oportunidad. En principio, pasó de ser Gustavo III a Una vendetta in dominio en 1858, pero debido al intento de asesinato del emperador Napoleón III por parte de 3 italianos en París, Verdi no tuvo más remedio que volver a cambiar el título por Un Ballo in Maschera- acorde al refrán, “la tercera es la vencida”- , que finalmente se estrenó en 1859 y fue un auténtico suceso.
            En vez de presentar una corte imperial clásica con  escenografía y vestuario de época, David Alden tuvo la idea de ambientar la presente versión del clásico verdiano a principios de 1920 –cuando ya había pasado un cierto tiempo luego de la firma del Tratado de Versailles- y lo hizo con una escenografía y vestuario muy simples. Mientras el Rey  Riccardo abre la obra pensando en su amada Amelia –esposa de su amigo y consejero Ackenström (Renato)-, aparece el paje Oscar como un ángel alado, vestido con un traje a saco de corte clásico blanco con ribetes negros. Probablemente haya en esto una alegoría a Mercurio –mensajero alado de los dioses-, mientras los principales protagonistas masculinos aparecen vestidos con trajes a saco y corbata en colores sobrios. La hechicera Ulrica lo hace vestida completamente de negro y se arrodilla en palacio para invocar a Lucifer, hasta que el Coro le ofrece una mesa para que la maga lea las manos de los protagonistas. Para ocultar su imagen, Riccardo aparece vestido como pescador,  mientras que Oscar lo hace como grumete y Silvano, como marinero. Cuando Amelia hace su aparición en escena, luce un traje a saco con estola de piel. Antes y después de su encuentro con Riccardo en el 2° Acto, lo hace con un velo, que permite ocultar su identidad en presencia de Renato y posteriormente, mostrarlo en la escena del encuentro con los conspiradores. Y para el baile final, Renato luce un traje con smoking color bordó, mientras que sus secuaces Samuel y Tom, en azul. Los integrantes del Coro lucen vestidos largos con falda amplia y el clásico smoking negros y todos, con antifaces –igualmente, los bailarines-, mientras que Oscar luce el mismo traje que en la primera escena del 1° Acto y Amelia, un vestido de corte clásico y falda amplia sobrio en bordó. Por su parte, Riccardo lo hace con un traje negro, con camisa verde oscuro.
            Los detalles de escenografía son simples: una habitación blanca con entradas múltiples como el Palacio, con techo decorado con frescos imitando los de la Capilla Sixtina. Esa misma escenografía se aprovecha para la entrada de Ulrica y la lectura de manos de quienes la consultan. Cuando entra el Coro al final de la primera escena del 1° Acto, todos lucen sombreros de copa y bastones, al igual que el Rey Riccardo, quien no teme a la conspiración planeada para urdir su muerte, pese a las advertencias de Renato. Puede parecer un tanto hollywoodense, pero bien compaginada y lograda. En el 2° Acto sólo se agrega una escalera subterránea por la cual suben y bajan los protagonistas, mientras que en la primera escena del 3° Acto se muestra una habitación en blanco y negro, que representa la casa de  Amelia y Renato. En una de las paredes cuelga un retrato del Rey, que posteriormente Renato destruye mientras planea su venganza (“Eri tu, qui macchiavi quell’anima”), mientras que los protagonistas entran y salen mediante rampas móviles. La escena final en Palacio es igual que en el 1° Acto, pero se proyectan arcos y una columnata mediante video.
            Fabio Luisi es uno de los mejores directores que Italia ha dado últimamente y supo recrear el clásico verdiano con suma maestría y lirismo. Excelente el solo de violín que anuncia la entrada del Rey en la segunda escena del 3° Acto y la advertencia de Amelia sobre el complot para matarlo, aunque Riccardo sigue incólume pese a las advertencias de Ulrica y de la mujer a la cual ama. El Coro estuvo excelentemente bien preparado y jugó un rol fundamental, al igual que los bailarines en el 3° Acto.
            En cuanto a los roles principales, Marcelo Álvarez brilló en el rol protagónico. Sus excelentes matices, su impecable técnica vocal y sus dotes histriónicas descollaron en las arias principales y en la cavatina de la escena junto a Ulrica (“Su, profetessa, monta il treppe”). Pero el Met se vino abajo luego del dúo de amor con Amelia (“Teco ió sto…”), al igual que en las dos arias principales del 3° Acto (“Ah! Desse é la….porrei vederla” y “Ella é pura”). Lo mismo ocurrió con el gran Dmitri Hvorostovsky, que encarnó a un excelente y dolido Renato, debatido ante su deber de consejero real y de marido traicionado. Su actuación fue magistral en el 2° Acto (“Segolemi….Mío Dío!”) y durante todo el 3° Acto desde la primera escena (“A tal colpo é nullo il pianto”) hasta la ya mencionada “Eri tu qui macchiavi quell’anima” que son las arias de mayor intensidad dramática de la ópera. Al finalizar esta última, se produjo una ovación generalizada. Lo mismo sucedió con el célebre quinteto (“Alle danze questa sera”), donde la alegría de Oscar contrasta con el macabro plan de los conspiradores. Este último  personaje encontró en la soprano coreana Katheleen Kim a su intérprete ideal. Su prodigiosa coloratura, la amplitud del registro de su voz en las notas agudas y su diminuta estatura contribuyeron al physique du rôle necesarios para componerlo. Su cavatina (“Il primo Giúdice”) fue perfecta, al igual que la mencionada “Ah! Dessa é porrai vederla” junto a Riccardo. Por su parte, la gran mezzosoprano Stephanie Blythe encarnó una excelente Ulrica, donde su imponente voz de coloratura dramática brilló desde su primera intervención (“Zitti… l’incanto non déssi turbare”) y descolló en los diálogos con Riccardo y Amelia. Naturalmente, fue sumamente aplaudida y ovacionada al término de la función. Y una soprano dramática de los quilates de Sondra Rabdanovsky fue ideal para personificar a una excelsa Amelia, que descolló en las arias principales (“Ecco l’orrido campo”, “Ma dall’arido stello divulsa”) y que alcanzó su apoteosis en el 3° Acto (“Morró ma prima in grazia”), donde arrancó el aria cantando acostada sobre el piso y fue incorporándose lentamente a medida que avanzaba la misma. Ahí se produjo otra ovación de vítores y aplausos para esta gran intérprete. No sólo sus agudos son estupendos, sino que también posee excelente color y matices en las notas graves, con cierta oscuridad en el tomo de voz. Y en cuanto a los roles secundarios, el barítono Trevor Scheunemann encarnó a un excelente Silvano, que descolló en su aria principal (“Su, fattemi largo, saper vo’il mio fato”…). Los bajos David  Crawford y Keith Millerque interpretaron a Tom y Samuel, respectivamente- se lucieron en el célebre quinteto del 3° Acto, mientras que el tenor Mark Schonwalter brindó un muy buen Juez.
            Cuando se escuchan cantantes de semejante envergadura, es un placer para los oídos poder disfrutar de esta gran ópera de Verdi, basada en una historia de la vida real. Y que al igual que su homónima Rigoletto, presenta todos los condimentos que un buen drama debe poseer: intrigas, alianzas y traiciones, que persisten hasta la actualidad y permiten que las obras del genio de Roncole gocen de buena salud en tiempos modernos.

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