domingo, 24 de julio de 2022

 

UNA EXPERIENCIA SUMAMENTE REVELADORA

 

Ciclo de Conciertos de Música de Cámara de la Asociación de Profesores de la Orquesta Estable del Teatro Colón, temporada 2022. Concierto del mes de Julio Participantes: Nicolás Giordano, Carlos Guillermo Ferreiro Habra (Violines), Sepehr Marjourei Noury (Viola), Esdras Campos (Violonchelo), María Cecilia Muñoz (Flauta), Franco Rapetti, Gabriel Rodríguez, Florencia Barrientos, Federico Taboada (Percusión). Programa: Obras de Webern, Ravel, Jolivet y Cage. Auditorio de la Fundación Beethoven de Buenos Aires, 22 de Julio de 2022.

 

NUESTRA OPINION: MUY BUENO.

 

  Lo que se inició durante la pandemia como un ciclo por redes para mitigar la cuarentena, se extendió luego hacia actividades presenciales en la sala del Centro Montañés de Buenos Aires y hoy asciende un peldaño (quizás el más importante hasta el presente) al acceder al Auditorio de la Fundación Beethoven de Argentina. Me estoy refiriendo al Ciclo de Música de Cámara que organiza la Asociación de Profesores de la Orquesta Estable del Teatro Colón, en el cuál además de intervenir sus instrumentistas más conocidos le brinda la posibilidad de participar a aquellos integrantes de sus filas quienes no tienen hoy la chance de integrar sus primeros atriles pero que son músicos con condiciones de excelencia, acordes con la importancia de la Orquesta que integran. Un programa integrado por obras poco frecuentadas de reconocidos creadores fue el disparador para mi asistencia ahí.

 

  El concierto se inició con la participación de un Cuarteto de Cuerdas que integraron Nicolás Giordano como primer violín, Carlos Guillermo Ferreiro Habra como segundo violín (ambos integrantes de la fila de segundos violines de la Estable), Sepehr Marjouei Nouri en Viola (obviamente integra la fila correspondiente a su instrumento) y Esdras Campos en Violonchelo. Han constituido este conjunto para esta ocasión y lo primero que debo manifestar es que a la luz de los resultados que obtuvieron en esta participación, deseo que continúen en esta senda y formen un Cuarteto con actividad sostenida. En primer lugar ofrecieron “Langsamersatz” de  Anton Webern. Movimiento de Cuarteto (sin catalogar por decisión del compositor) del año 1905. Pieza absolutamente tonal, de extenso desarrollo, muestra a su autor aún consustanciado con los cánones del Post-Romanticismo, cuando aún no había recibido la influencia  de Arnold Schönberg que lo llevará a su obra de tesis final de carrera y que lo decidiera a que lleve el Nº 1 de su catálogo: la célebre “Passacaglia” para orquesta. Los músicos desarrollaron una impecable labor a partir de la firme guía de Nicolás Giordano que obró como sostén fundamental de la interpretación, muy bien secundado por el resto de sus compañeros.  Luego cerraron esta participación con el cuarteto para cuerdas de Maurice Ravel, obra compuesta entre 1902 y 1903 en el que el gran Mtro. Galo expone muchas de las características que luego serán plasmadas en forma más ostensible durante el resto de su producción. A lo largo de sus cuatro movimientos encontraremos pasajes de intensidad y enjundia, alternando con otros de alta expresividad. Aquí Giordano se vio cumplimentado en el trabajo de sostén por el violonchelista Campos siendo ambos el factor fundamental para que la versión, que presentó en el comienzo pasajes un tanto imprecisos, fuese creciendo en intensidad y  vuelo interpretativo al que se acoplaron muy bien Ferreiro Habra y Marjouei Noury, los restantes integrantes del cuarteto. Los sostenidos aplausos del público premiaron con justicia esta labor verdaderamente encomiable de estos jóvenes integrantes de la Orquesta Estable, quienes dieron  sobradas pruebas del porqué están donde están en el Colón.

 

  De la extensa primera parte a cargo de las cuerdas, pasamos luego a la poco frecuente combinación de flauta y percusión con la presentación de la Suite en Concierto para Flauta y Percusionistas de André Jolivet, notable creador francés, único discípulo europeo de Edgar Varese e integrante junto a Olivier Messiaen entre otros del grupo de jóvenes músicos franceses surgido en la Post-Guerra a finales de la década de los cuarenta del pasado siglo. Esta composición data de comienzos de la década del sesenta y remite a su concepción de la música imbuida de un pensamiento espiritual. La solista fue la flautista María Cecilia Muñoz y la acompañaron los percusionistas Franco Rapetti, Gabriel Rodríguez, Florencia Barrientos y Federico Taboada. A lo largo de sus tres movimientos en los que empleó dos flautas diferentes para la interpretación, Muñoz evidenció una técnica formidable y absoluta solvencia interpretativa, muy bien secundada por sus compañeros percusionistas liderados por Rapetti en esta ocasión, quién empleó uno de los palillos de percusión como batuta, haciéndolo de manera muy solvente y precisa y en donde junto a sus compañeros le brindaron un ropaje formidable a la solista.

 

    Finalmente y luego de una breve pausa para acomodar la impresionante batería de percusión que requiere la obra, pudimos apreciar la poco frecuente “Third Construction” de John Cage. Obra compuesta entre 1939 y 1942, tras su estancia formativa en Francia y que integra la serie “Constuctions”. Encontramos aquí a un Cage que desarrolla 24 episodios con un hilo melódico como motivo conductor. Requiere de un dispositivo de instrumentos de percusión convencionales y, como  reconocen Ntros. “Les Luthiers”,  también los “informales” entre los que encontramos diferentes tamaños de envases de hojalata y cuencos invertidos y un gran caracol marino usado como corno. Con Rapetti y Gabriel Romero alternándose en la conducción del conjunto, los cuatro maestros impresionaron al auditorio con una intervención sólida de despliegue imponente, la que enfervorizó al público que de manera atronadora recibió a este notable trabajo.

 

  Vale la pena estar atentos a las próximas fechas en las que seguramente los integrantes de las Estable nos seguirán sorprendiendo con buena música y la notable calidad interpretativa.

 

Donato Decina

lunes, 18 de julio de 2022

 

Espectacular concierto de Josep Vincent al frente de la Filarmónica en el Colón

 

GRACIA, SALERO Y ACERBO ESPAÑOL PARA TODOS LOS GUSTOS

Martha CORA ELISEHT

 

            Debido a una superposición en la programación del Teatro Colón, el concierto correspondiente al Ciclo de Abono de la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires (OFBA) tuvo lugar el pasado sábado 16 del corriente en vez del viernes 15. Si se tiene en cuenta que la jornada coincidió justo con el inicio de las vacaciones de invierno, fue muy provechoso para la Filarmónica, ya que contó con numeroso público que prácticamente agotó las localidades de pie en Paraíso, Tertulia y Cazuela para escuchar al director catalán Josep Vincent, quien junto al pianista Jean Louis Steuerman y la mezzosoprano Adriana Mastrángelo interpretaron las siguientes obras:

-          Danza española n°1 de “LA VIDA BREVE”- Manuel de FALLA (1876-1946)

-          Fantasía “Tarumá” para piano y orquesta- Joaõ Guilherme RIPPER (1959)

-          “El sombrero de tres picos”- Manuel de FALLA (1876-1946)

 

Independientemente de contar con la presencia de los principales solistas de las diferentes secciones de instrumentos, la Filarmónica presentó un sonido compacto desde su afinación, lo que garantiza de antemano un importante porcentaje del éxito de un concierto. Además, contó con su orgánico prácticamente completo para encausar las obras comprendidas en el repertorio. Se cumplió lo expresado anteriormente desde los primeros compases del celebérrimo vals de LA VIDA BREVE, el primero de los grandes éxitos en la talentosa carrera de Manuel de Falla, estrenado en Niza en 1913 y que contó con un suceso rotundo desde el mismo. El director catalán puso de manifiesto los atributos descriptos en el título de la presente nota para hacer su debut sobre el escenario del Colón y resultó ser una de las mejores interpretaciones de tan consabida obra. Su marcación y las entradas fueron muy precisas y contagió su entusiasmo a los músicos. Esto permitió que los principales solistas se lucieran en sus respectivos instrumentos -muy buenas actuaciones de Sebastián Tozzola en clarinete bajo y de toda la percusión en general, con la participación de Juan Ringer en timbales, Abril Delgado en bombo y Ángel Frette en placas y castañuelas-, logrando ese sonido y ritmo típicamente español.

El compositor brasileño Joaõ Guilherme Ripper compuso la Fantasía Tarumá tras conocer la laguna de dicho nombre (remanso del río Negro, afluente del Amazonas) en 2018, tras el estreno de una de sus obras en Manaos. Fue compuesta en 2018 por encargo de la Orquesta Filarmónica de Goiás y es una fantasía sinfónica con cierto aire de rapsodia en estilo neorromántico, de bella línea melódica, donde el piano presenta una serie de cadencias que conjugan ritmos folklóricos brasileños con melodías contemporáneas. Posee un bello solo de clarinete que da paso al solo de piano central antes de culminar con un tutti orquestal en acorde fff fortissimo. Fue estrenada en 2018 por la Filarmónica de Goiás bajo la dirección de Neil Thompson y la participación de Jean Louis Steuerman como solista. El pianista brasileño ha actuado en numerosas oportunidades sobre el escenario del Colón y quizás ésta fue su mejor interpretación, logrando un sonido prolijo, compacto y parejo. Vincent ofreció una gran versión de esta hermosa obra -en calidad de estreno local-, donde hubo una muy buena amalgama sonora entre orquesta y solista. El solo de clarinete estuvo a cargo de Matías Tchicouret, quien se lució en su interpretación.

Hacía mucho tiempo que no se ofrecía una versión integral de El Sombrero de Tres Picos en el Colón, y mucho menos con las arias cantadas. Quien escribe recuerda la monumental actuación de Ángel Pericet junto a sus hermanas -Carmencita y Amparo- sobre el escenario del Colón en 1987, quien trajo a su compañía de danza con cantaores flamencos para el cantejondo de la introducción. En este caso, fueron los músicos de la Filarmónica quienes batieron palmas para acompañar a Adriana Mastrángelo junto a los consabidos “Arza!” y “Olé!” bajo la marcación del director. Una versión exquisita, caracterizada por las andanzas entre La Molinera y el Corregidor -título original de la obra, que dio origen al ballet- pero además permitió el completo lucimiento de la orquesta. Vincent hizo “cantar” a la Filarmónica, que sonó como una auténtica orquesta española, con brillo y altísima calidad sonora. Los solos de fagot a cargo de Gabriel La Rocca estuvieron perfectos, con una  sublime pulcritud de sonido, al igual que el resto de los solistas de diferentes instrumentos. La voz de Adriana Mastrángelo sonó fuera de escena en la segunda aria previamente a la Danza del Corregidor, logrando un sonido típicamente hispano. La apoteosis llegó con la célebre farruca (Danza final), donde la entrega de la Filarmónica fue total. El público deliró y estalló en numerosos aplausos y vítores hacia el final del concierto.

No sólo fue una auténtica fiesta para los oídos de la numerosa concurrencia que se dio cita el sábado por la noche, sino también uno de los mejores conciertos de la Filarmónica en lo que va del año. Un director de raza y fuste, que resultó ser una de las grandes revelaciones del año merced a su talento e imprimió el típico sello español -gracia y salero- al repertorio para un final brillante.

 

LA TARDE FUE DEL DIRECTOR

 

Teatro Colón, temporada 2022, Segundo concierto del ciclo a cargo de la Orquesta Estable, Director: Sylvain Gasançon. Solístas: Rachel Willis-Sorensen (Soprano), Freddy Varela Montero (Violín). Programa: Obras de Elgar y Richard Strauss. 17/07/22.

 

NUESTRA OPINION: MUY BUENO

 

  Dentro del  ciclo de cinco conciertos sinfónicos que se llevan a cabo por  la Orquesta Estable del Teatro Colón en la presente temporada, esta segunda fecha fue confiada al conductor francés Sylvain Gasançon quien por quinta vez visita Ntro. país pero recién ahora se presenta en la sala de Ntro. primer coliseo. Flamante Director Titular de la Orquesta Filarmónica de la UNAM de México , es portador de un interesante currículum el que incluye su triunfo en el Concurso para Jóvenes Directores Eduardo Mata de México en 2005 y colaboraciones con Orquestas Europeas e Iberoamericanas de primer orden. El programa que le fue confiado estuvo compuesto por dos obras de altísima exigencia interpretativa: el concierto para violín y orquesta en Si menor, op. 61 de Sir Edward Elgar y “Las Cuatro Ultimas Canciones de Richard Strauss con dos solistas de primer nivel: Rachel Willis-Sorensen en Strauss y Ntro. bién conocido Freddy Varela Montero en la obra de Elgar.

 

  Es de lamentar que no se hubiese programado alguna obra puramente orquestal ya que considerando el trabajo de Elgar cuya duración se ubica entre los 50 a 55 minutos y las canciones de Strauss en alrededor de 20 minutos sumado al breve intervalo dispuesto, la duración alcanzó la hora y treinta minutos de extensión, sin poder tener el gusto de verlo dirigir algún cierre de fuste con la Estable. También fue llamativo el hecho de que se programaran las canciones como cierre y no como inicio. Por supuesto que todo esto es materia opinable.

 

  Pudo apreciarse un lleno interesante en la sala. Teniendo en cuenta que se trató del primer fin de semana del receso escolar invernal obviamente la composición del público fue heterogénea. También gran parte de ese público fue neófito, concurrió hasta con los más pequeños y lamentablemente aplaudió entre movimiento y movimiento y entre canción y canción aunque justo es decirlo, los intérpretes se prodigaron de tal forma que lograron captar en todo momento la atención de la sala.

 

    Cuatro años le llevó a Sir Edward  Elgar la concreción de su concierto para Violín y Orquesta que dedicó a Fritz Kreisler. Tal vez los suficientes para poder plasmar en el pentagrama una profusa riqueza de ideas tanto melódicas, como tímbricas  o técnicas y lo principal, Solista y Orquesta están en un pié de igualdad y por lo tanto las exigencias del trabajo les caben a ambos. Encontraremos momentos de tensión, de enjundia, de intensas melodías a las que se agrega un final en el que la cadenza es acompañada por un increíble rasguido de cuerdas en violines y violas acompañando al solista. Puede decirse entonces que en esta versión escuchada en el Colón Freddy Varela Montero construyó ladrillo por ladrillo su interpretación con gran solvencia y pleno entendimiento con Orquesta y Director. Aquí Gasançon encontró el punto justo en la interpretación de la música de Elgar, tan identificada con el sentir de su país,  como para brindarle a Varela Montero un ropaje ideal para la actuación. La Estable brilló en esta obra y en cuanto al solista, mostró todos sus recursos interpretativos, tuvo enjundia, vehemencia para marcar los instantes de mayor dramatismo y supo ser sutil en la cadenza previa al final. Algunos pasajes iniciales de sonido un tanto turbio no desmerecen en lo más mínimo su muy buena prestación.

 

  En la segunda parte, se presentó por primera vez la soprano norteamericana Rachel Willis-Sorensen, poseedora de amplios antecedentes previos, con actuaciones de importancia tanto en Europa como en Estados Unidos.  Figura relevante en los elencos de la Staatsoper de Viena, Covent Garden de Londres, Metropolitan de New York o la Lyric de Chicago por citar solo algunos, llegó al Colón para presentarse interpretando “Las Cuatro Ultimas Canciones” de Richard Strauss, obra póstuma del genial creador alemán, en la que virtualmente se despide de la creación y del mundo a partir de los textos de los poemas elegidos para integrar este trabajo. Llega a los 88 años a expresarse de la firma más conmovedora musicalmente hablando con muchas sutilezas y pasajes que surgen de las entrañas mismas de la orquesta, es decir desde lo más profundo. Aquí en esta versión, hubieron dos características distintivas:  Desde la orquesta un discurso absolutamente expresivo, sutilezas más allá de algún percance de bronces que no empañó en modo alguno el fondo del trabajo y un cuidado por parte de Gasançon para con la interprete para que hiciera lo suyo de la mejor forma posible. En cambio Willis-Sorensen quien es portadora  de un registro absolutamente robusto y muy potente no pudo llegar a los matices y sutilezas que esta partitura requiere, abordando los fragmentos  desde la zona grave en pianissimo para pasar directamente al ataque desde la zona aguda, por lo que su enfoque no fue más allá de la corrección cuando esperábamos algo más y eso se alcanzó a percibir cuando tras el final y tras los sostenidos aplausos de gran parte del público abordaron todos “Morgen” del mismo Strauss en donde ahí si se la percibió más cómoda y convincente y en donde Varela Montero quien en esta segunda parte retornó a su sitial de concertino de la Orquesta se floreó en los solos de violín tanto como en “Las cuatro últimas Canciones”. Si queremos encontrar detalles de color, digo que mientras que al finalizar Elgar  Varela Montero obsequió a su compañera de orquesta Natalia Shishmonina (quien ocupó el rol de Concertino en esta primera parte) el ramo de flores que el Teatro obsequia a los solistas y directores, Willis-Sorensen optó por lanzarlo ampulosamente a la platea en gratitud por la ovación recibida, tal vez exagerando un poco. Sin dudas, lo más rescatable del atardecer de Domingo fue la presencia de un notable conductor quién logró entenderse a la perfección con la Estable y que ojalá sea  este el inicio de una fructífera colaboración con Ntro. primer coliseo.  

 

Donato Decina

domingo, 17 de julio de 2022

 



Concierto de la Orquesta Sinfónica Nacional con Christian Baldini, Mónica Ferracani, Juan Pablo Jofré Romairón y Gustavo Mulé

 

.Orquesta Sinfónica Nacional

.Director: Christian Baldini

.Solistas: Mónica Ferracani, soprano; Juan Pablo Jofré Romairón, bandoneón; Gustavo Mulé, Violín.

.Sala La ballena Azul, Centro Cultural Kirchner, 15 de julio, hora 20.

 

            La Orquesta Sinfónica Nacional, bajo la dirección del maestro Christian Baldini, abordó un programa íntegramente dedicado a música argentina, coetánea y contemporánea.

           

Estrenada en Sacramento, California y en primera audición en la Argentina, concebida para orquesta de cuerdas, Ángel apasionado, de Marta Lambertini -2006- fue la primera de las obras del programa.

Descansa sobre una idea muy claramente expuesta en el reportaje que Christian Baldini hiciera a la autora en la oportunidad de aquel estreno, la obra, inspirada en el Cuarteto nro. 17, K.458, la Caza, de Wolfgang Amadeus Mozart: por debajo de los elementos más perceptibles del cuarteto –“de su superficie amable” dice la compositora- hay, latente, una profundidad a explorar.

La estética de la que se vale está muy lejos del lenguaje mozartiano: largos fragmentos en pianísimo a lo largo de toda la cuerda, con una textura por momentos disonante, plantean un permanente clima de inquietud e indefinición: la música es lo que se escucha y lo que se sugiere en una atmósfera reflexiva y alusiva, en la cual la obra original aparece difuminada en un panorama sonoro muy diferente al de su texto musical.

Marta Lambertini (1937-2019) fue una reconocida compositora y docente, cuya extensa producción incluye música de cámara (como el cuarteto Quasares, óperas, como Alicia en el país de las maravillas y Oh eternidad, así como obras orquestales, como Galileo descubre las cuatro lunas de júpiter, fue Miembro de la Academia nacional de Bellas Artes.

Una creación y una escritura actual se nutren del potencial de un opus clásico, de las impresiones que genera y de la posibilidades de expresar a partir de ese opus algo que éste contenía y que, al mismo tiempo, iba más allá de él.

El Concierto nro. 1 para bandoneón, violín y orquesta, de Juan Pablo Jofré Romairón fue estrenado en esta oportunidad.

Por momentos evocador de concerto grosso barroco, por momentos afín a texturas vanguardistas –como el solo de violín que abre el tercer movimiento-, el concierto es una obra rica y elaborada, que da idea de una permanente improvisación a partir de motivos. No hay líneas melódicas extensas ni cerradas sino motivos que pasan de un instrumento a otro: al comienzo por ejemplo, el bandoneón hace una introducción y el violín toma parte de ese material pero lo expande, haciéndolo una suerte de entrada para el resto de la obra. Más que exposición o  re exposición parece tratarse de episodios que se suceden, con comienzo, desarrollo y fin, luego del cual aparece una secuencia nueva: ésta es básicamente la forma, término que, en este contexto, se vuelve secundario: importa el material en sí mismo y no que pertenezca a determinada forma.

La relación con la orquesta también es múltiple: en algunos lugares ésta se imbrica con los instrumentos solistas en secciones de fuga y en otros subraya, crea climas. Es una obra muy precisa porque está dada –básicamente- en intervenciones rápidas, acentuadas, con el aporte de la percusión y las restantes secciones de la orquesta.  Virtuosa en los instrumentos solistas lo es también en la textura orquestal.

Se plantea además la frontera entre los géneros que trae a la memoria la frase del maestro Washington Castro: “la música es simplemente buena o mala”, es decir, su cualidad y posibilidades no dependen de que pertenezcan a un género o a otro. Evocativo del tango, el concierto lo involucra en otros lenguajes.

En suma, muestra el potencial sonoro de un instrumento –el bandoneón- y su vinculación con texturas diferentes a las habituales para él, con el otro instrumento solista y la orquesta.

Juan Pablo Jofré Romairón es sanjuanino, estudió en la Universidad  Nacional de San Juan con Adriana Fernández, armonía con Horacio Lavaise y análisis musical y canto con Rafael Fernández y Antonieta Chiappini. Comenzó a tocar el bandoneón en forma autodidacta y tomando clases con David Molina y de composición con Adrian Rusovich. Fue el comienzo de una extensa carrera internacional como compositor e intérprete.

Gustavo Mulé, nacido en Tucumán, es uno de los primeros violines de la Orquesta Sinfónica Nacional. Inició sus estudios en el Conservatorio Provincial de su ciudad natal para luego perfeccionarse con Szymsia Bajour, Fernando Hasaj y Daniel Robuschi entre otros. Ha llevado a cabo una extensa carrera como integrante de distintas orquestas y del Cuarteto Amigos.

En la oportunidad abordó una obra de gran exigencia técnica y expresiva para el instrumento.

 La Sinfonía Don Rodrigo, opus 31ª, de Alberto Ginastera  -que no era interpretada desde 1983- ocupó la segunda parte del concierto.

Este opus está pensado por el autor como una reelaboración de partes de su ópera Don Rodrigo, con libreto de Alejandro Casona.

Este postulado –el de concebir una suerte de sinfonía dramática- plantea desde el comienzo la función narrativa/connotativa de la música: los hechos están dados  por la injuria sufrida por Florinda, hija Don Julián, gobernador de Ceuta, por parte de Don Rodrigo, rey de España y la venganza consiguiente.

El desarrollo consta de tres movimientos en cuyo curso, más que una descripción musical de los hechos, asistimos a una sucesión de climas vinculados a la línea de canto de la soprano que va refiriendo los sucesos y, más que nada, reflejando sus sentimientos. Más que una línea definida de canto se trata de una suerte de recitado que, en determinados momentos, se hace canto, lo que demanda de la intérprete ya inflexiones graves y desgarradas o una línea que renuncia a la melodía en favor de la intensidad y del sentido de la letra; ello en una  emisión siempre potente y capaz de abrirse paso ante un nutrido dispositivo orquestal. Mónica Feccarani mostró, de este modo, la potencia y belleza de su voz.

Se trata así de una obra muy intensa, intensidad construida en gran parte por las disonancias, la percusión, los timbres orquestales y el volumen: casi siempre la sinfonía está articulada en un volumen fuerte, no hay prácticamente lugares que disipen su tensión, lo que hace que ésta sea acumulativa.

La amplitud en las baterías de percusión que requiere es un ejemplo de ello: timbales, tam tan, campanas y otros instrumentos percusivos. No hay una línea melódica ni una alternancia entre las secciones: más que discurrir el material coexiste y forma un todo compacto.

En la conclusión, cuatro juegos de campanas fueron situados en los dos niveles superiores del final de la sala, dos por piso, lo que produjo, en el momento conclusivo de redención, un efecto abarcador, expandiendo el ámbito sonoro desde el escenario a la parte superior de la sala.

Mónica Ferracani, es profesora de piano y egresada de la carrera de Canto Lírico del Instituto Superior de Arte del Teatro Colón, donde se desempeñó  como maestra de técnica vocal. Fue laureada en concursos internacionales, como el Luciano Pavarotti Traviata, en 2000 y participado en una extensa lista de óperas, en el país y el exterior.

Director de orquesta y compositor, Christian Baldini estudió dirección orquestal y composición en la UCA y luego de concluir su maestría y doctorado en las universidades de Pensilvania y Nueva York fue elegido, entre 91 participantes de todo el mundo en el Concurso Internacional para Directores de Orquesta de Salzburgo. Ha hecho desde entonces una destacada carrera internacional como director y compositor en Europa y Estados Unidos.

            En obras formalmente muy demandantes la orquesta mostró un sonido elaborado, preciso y sus secciones tuvieron gran ludimiento.

El programa evidenció el valor del patrimonio musical argentino y fue en sí mismo, una oportunidad de hacerlo llegar al público: se trata de obras poco o nada frecuentadas,  y la posibilidad de acceder a ellas es algo altamente auspicioso.

Una vez más cabe agradecer la gentileza del personal de la Dirección Nacional de Organismos Estables del CCK.

  

sábado, 16 de julio de 2022

 Sensacional concierto a cargo de Joonas Ahonen en el ciclo Colón Contemporáneo

 

CON RIGOR Y PRECISIÓN NÓRDICA

Martha CORA ELISEHT

 

            Existen obras de música contemporánea que se representan muy a menudo, mientras que a veces, pasa mucho tiempo hasta que se reponen las mismas. Hubo que esperar casi 40 años para que la Sonata Concord del compositor estadounidense Charles Ives (1874- 1954) se exhumara y despertara tras un letargo sumamente prolongado, hecho que tuvo lugar dentro del Ciclo “COLÓN CONTEMPORÁNEO” el pasado viernes 15 del corriente en el escenario principal de nuestro mayor coliseo con la participación del pianista finlandés Joonas Ahonen, acompañado por Diana Gasparini (viola) y Patricia Da Dalt (flauta) en un programa comprendido por las siguientes obras:

-          Suite para piano, Op.25-. Arnold SCHÖNBERG (1874-1951)

-          “Peter Parker”- Bernhard GANDER (1969)

-          Sonata n°2 “Concord”, Massachutets, 1840-60- Charles IVES (1874-1954)

 

Previamente al inicio del concierto, una voz en off anunció que el mismo estaría dedicado a la memoria de Pedro Pablo García Caffi, quien fuera ex Director General del Colón y bajo cuya gestión se inició el ciclo “COLÓN CONTEMPORÁNEO”. Acto seguido, el pianista finlandés hizo su presentación sobre el escenario para dar vida a la mencionada obra de Schönberg. El padre del dodecafonismo vienés compuso esta obra entre1921 y 1923 y puede decirse que es la primera composición dentro de este nuevo estilo, caracterizado por no repetir las 12 notas integrantes de la escala cromática y que se concebía a través de manipulaciones y transposiciones sobre los diferentes grados de la escala (inversión, retrogradación, inversión retrógrada). Se caracteriza por ser una suite barroca compuesta en dicho estilo que se inicia con una introducción (Preludio) y que finaliza con una giga, dentro de la cual se insertan una gavotte, miusette, intermezzo y minuetto con su trío correspondiente. Por su parte, la gavotte contiene la estructura musical de BACH, según la escala de notas empleada en Alemania (B= Si bemol; A=La; C= Do y H= Si). Para poder interpretarla, el pianista utilizó una tablet con partitura electrónica y se caracterizó por ofrecer una magistral interpretación, donde hizo gala de sus excelentes pulsación y digitación, pero por sobre todas las cosas, fue sumamente preciso. Esta última característica se manifestó durante el transcurso del concierto y en todas las obras comprendidas en el mismo. Y en el caso particular de esta obra, pese a ser dodecafónica, guarda cierto atisbo de tonalidad porque posee una línea melódica bella y expresiva. Tras finalizar la misma, se retiró sumamente aplaudido para posteriormente interpretar la mencionada obra de Bernhard Gander, quien es uno de los compositores europeos más reconocidos en la actualidad. Efectivamente, la obra versa sobre el protagonista del comic El Hombre Araña y su transformación en el consabido héroe de historietas. Para ello, Gander emplea una serie de endiabladas figuraciones del teclado, que abarcan todo el registro del piano – de graves a agudos- y que presentan ciertas reminiscencias de autores de la talla de Prokofiev o Rachmaninov, con una armonía sumamente complicada, interrumpida de tanto en tanto por una serie de silencios -que contrastan con trinos y arpegios-. Es como una traducción musical de los diversos cuadros de una tira de historietas, sumamente bien logrados mediante los elementos anteriormente mencionados y glissandi, pero la versión de esta obra se caracterizó por la precisión y la sutileza en su interpretación,  lo que le valió el aplauso del público.

La obra de fondo de este concierto fue la Sonata Concord de Charles Ives, que consta de 4 movimientos: Emerson, Hawthrone, The Alcott y Thoreau. Cada uno está dedicado a un escritor estadounidense (Ralph Waldo Emerson, Nathaniel Hawthrone, Bronson y Louisa May Alcott y Henry Thoreau) y es la segunda sonata del padre del modernismo musical en su país de origen. Compuesta en 1921, se caracteriza por poseer armonías complejas (dos o más tonalidades simultáneas, citas de música propia y ajena (himnos religiosos, popular o marchas), anclaje tonal y acentuaciones irregulares). Por dicho motivo, se la representa en muy contadas oportunidades (la primera vez, en 1938 en el Club Americano de Buenos Aires, donde se produjo su estreno a cargo de  Margarita Fernández y posteriormente, en 1984 por Susana Kasakoff). Por lo tanto, hace exactamente 38 años que esta obra maestra se encontraba ausente de los escenarios porteños hasta que se la rescató de un prolongado olvido. El primer movimiento está dedicado a Ralph Waldo Emerson y es un Allegro escrito en forma de sonata, con siete temas principales, unidos entre sí mediante una línea melódica compleja, pero a la vez, audible. El tema lento posee reminiscencias del blue y otras melodías típicamente americanas, que fueron ejecutadas con suma precisión en la parte de trinos y cadencias. Hacia el final del movimiento, un solo de viola acompaña al piano -en este caso, desde el palco Avant scène de Platea-, apenas perceptible. En cambio, el 2° movimiento describe la literatura fantástica de Nathaniel Hawthrone mediante un scherzo, con elementos de ragtime y síncopa en alternancia con blues y melodías de tinte impresionista, tocada con tablilla en las notas agudas con la mano derecha. También se escucha un insert de una melodía beethoveniana con ribetes que remedan la obra de John Philip Souza, con una monumental interpretación por parte de Ahonen. El 3° movimiento está dedicado a los escritores Bronson Alcott y su hija Louise May -autora de Mujercitas- y se caracteriza por presentar un Adagio sostenuto in crescendo que fue ejecutado de manera monumental por el pianista finés, con la precisión y la elegancia que lo caracterizan más una excelente marcación de tempi. Por último, el movimiento final presenta una línea melódica clásica, de carácter pastoral -representado por el solo de flauta, con una excelente actuación de Patricia Da Dalt al respecto-, que recuerda la paz y la plenitud de los bosques -cosa que solía hacer el escritor Henry Thoreau-. Al finalizar el concierto, el público aplaudió tenazmente para despedir a los intérpretes.

Muchas veces, cuando una explica que debe realizar la crónica correspondiente a un concierto de música contemporánea, la miran como a un bicho raro. Realmente, es un placer descubrir este tipo de obras, tan interesantes y tan poco representadas. El ciclo Colón Contemporáneo es una auténtica caja de sorpresas; no sólo por la programación de las obras, sino también por la calidad de los intérpretes convocados para representarlas.  Si una fuera programadora del ciclo aprovecharía un intérprete nórdico especialista en dodecafonismo para presentar obras prácticamente desconocidas en Argentina de compositores de la talla de Fartein Valen, Eberhart Egge o Per Nørgaard. Ojalá que las autoridades del Colón tengan en cuenta lo manifestado en esta crónica y que se pueda ampliar este tipo de 

domingo, 10 de julio de 2022

 Espectacular debut de la Sinfónica de Porto Alegre en el Colón

 

CON SABOR Y ACENTO GAÚCHO

Martha CORA ELISEHT

 

            Tras la pandemia, las orquestas extranjeras han retomado sus giras y permite que el público argentino vuelva a apreciarlas. Uno de los tantos debuts que quedaron postergados fue el de la Orquesta Sinfónica de Porto Alegre (OSPA), que se produjo finalmente sobre el escenario del Teatro Colón el domingo 10 del corriente con la participación del pianista Fabio Martino y la dirección de su titular -Evandro Matté-, quien además cuenta con el mérito de haber sido trompetista de la mencionada agrupación sinfónica durante más de 20 años.

            El programa estuvo integrado por las siguientes obras:

-          Mba’epu Porá – Arthur BARBOSA (1965)

-          Rapsodia sobre un tema de Paganini, op.43- Sergei RACHMANINOV (1873-1943)

-          Choros n°6- Heitor VILLA- LOBOS (1887-1959)

Fundada en 1950, la OSPA es un organismo vinculado a la Secretaría de Estado de Río Grande do Sul y realiza conciertos por todo el mencionado Estado. Además, es una de las orquestas sinfónicas más antiguas de Brasil, que ha recibido a numerosos músicos y maestros argentinos durante sus 72 años de existencia, según palabras textuales de su director al finalizar el concierto. Precisamente, uno de los maestros del compositor y arreglador Arthur Barbosa fue un compatriota: Darío Ntaca, con el cual estudió composición. Nacido en Ceará en 1965, Barbosa integra la fila de primeros violines de la orquesta y su obra Mba’epu Porá (Música bella, en idioma tupí- guaraní) fue compuesta y estrenada en 2018 para la inauguración de la nueva sala de conciertos de la OSPA bajo la dirección de Evandro Matté. Se trata de una fantasía sinfónica de casi 12 minutos de duración, donde se resume la historia musical de Río Grande do Sul: los sonidos de la selva -representados por silbatos y maderas en agudo, emulando el canto de las aves y el murmullo en trémolo a cargo de los contrabajos-, la música de los nativos -introducida por la flauta, con apoyo por parte de la percusión y las cuerdas-, de los europeos, los negros de África y de todo el mundo, pero con características particulares. El tema correspondiente al legado europeo -en escala heptatónica- está en ritmo de modinha (género típicamente brasileño), introducido por el trombón y retomado por las cuerdas en su conjunto. La obra culmina con una monumental fuga que conjuga todos los temas anteriores. La orquesta contó con un orgánico de aproximadamente 120 músicos en escena y sorprendió por la calidad y pureza del sonido, al igual que la excelente marcación e interpretación de Matté. Fue muy bien recibida por el público y el compositor salió a saludar para luego, volver a tomar su puesto.

La celebérrima Rapsodia sobre un tema de Paganini fue compuesta y estrenada en 1934 por la Orquesta de Filadelfia con la presencia del mismo Rachmaninov al piano bajo la dirección de Leopold Stokowski. Son 24 variaciones sobre el Capricho n°24 del mencionado compositor italiano, quien era además un virtuoso del violín. En esta ocasión, el joven pianista Fabio Martino logró una interpretación brillante y sumamente precisa como consecuencia de su excelente digitación y pulsación. Fue muy sutil en los pasajes suaves, aunque algo impetuoso en los tutti y pasajes fuertes. Por dicho motivo -según apreciación personal de quien escribe- sonó algo excedido, pero se vio compensado rápidamente por una interpretación sin fisuras. La correspondencia entre director y pianista fue total y el Colón estalló en aplausos al finalizar dicha pieza. Esto motivó a realizar un bis: Danza del gaucho matrero de Alberto Ginastera, donde Fabio Martino volvió a deslumbrar con su prodigiosa digitación y pulsación.

Si bien la palabra Choro significa “lamento” en portugués, representa un género típicamente brasileño, donde una serie de músicos (chorões) improvisan sobre un tema determinado. Heitor Villa- Lobos fue un cultor de dicho género y decidió llevarlo al terreno sinfónico, constituyéndolo en uno de los géneros más representativo de la música de su país. Compuso una serie de 14 Choros y choros bis entre 1920 y 1929, algunos de los cuales son para instrumentos de cuerda, orquesta o coro mixto y orquesta. El Choros n°6 data de 1926 y fue compuesto para gran orquesta (2 flautas, flautín, 2 oboes, corno inglés, 2 clarinetes, clarinete bajo, 2 fagotes, 1 contrafagot, 34 cornos, 3 trompetas, 4 trombones, tuba, 2 arpas, timbales, tam-tam, saxofón, xilofón, platillos, bajo, batería, celesta, cuerdas y numerosos instrumentos de percusión), que permite el lucimiento de todos los solistas de las principales secciones de instrumentos. La versión ofrecida por Evandro Matté al frente de la OSPA fue de excelente calidad, muy equilibrada y con un sonido pocas veces escuchado en el Colón por una orquesta latinoamericana. Una no recuerda que el público de platea se haya puesto de pie unánimemente para aplaudir a una agrupación sinfónica de América del Sur al final del concierto. Por dicho motivo, Evandro Matté decidió homenajear al país anfitrión con una monumental versión de Libertango de Astor Piazzolla, que sonó perfectamente bien y donde hizo que el público marcara el ritmo típico de esta pieza.

Al finalizar el concierto, Fabio Martino volvió a presentarse sobre el escenario para despedirse del público argentino junto al director y a la orquesta. No faltaron los tradicionales ramos de flores y los saludos de algunos colegas de las orquestas del Colón que se habían hecho presentes. Sería muy bueno que fuera el comienzo de una auténtica confraternidad y cooperación latinoamericanas que contribuya al crecimiento de músicos y compositores de diferentes países, así como también la difusión de sus obras. En estos tiempos que corren, la globalización cultural también es posible y factible

 

UNO DE LOS CONCIERTOS MAS IMPORTANTES DE SU HISTORIA

 

Orquesta Nacional de Música Argentina “Juan de Dios Filiberto”. Concierto: Directora: Mtra. Lucía Zicos. Solista: Azusa Saito (Violín). Programa: Obras de Gómez, Ginastera y Torrá. Centro Cultural Kirchner (Auditorio Nacional), 08 de Julio de 2022.

 

NUESTRA OPINION: EXCELENTE.

 

  Nació de la mano del creador de “Caminito” (acaso uno de los tangos más emblemáticos de toda la historia) como una orquesta de temática ciudadana. El primer gobierno del Tte. Gral. Perón  la nacionalizó en 1948, mientras que el tercer gobierno Justicialista le dio el nombre de su creador como distintivo: Orquesta Nacional de Música Argentina “Juán de Dios Filiberto”. De los tangos, valses y milongas del inicio se incorporó luego la música folcklórica. Y así fue como a partir de la base de los sonidos nacionales  se fue incorporando la raíz latinoamericana, para luego llegar al Rock Argentino. Todo este panorama es el que le ha correspondido siempre por ser lo más distintivo de la creación popularvde origen nacional en todas sus variantes. Pero luego comenzó a abrirse una ventana y fue la incorporación de música clásica de compositores argentinos en un momento en que el panorama para los estrenos de gran orquesta o exhumaciones de páginas importantes se fue reduciendo a lo que la Orquesta Sinfónica Nacional (que nació en paralelo a la nacionalización de la “Filiberto”) podía ofrecer en cuanto a fechas de programación.  Comenzando a recordar, aparecen “El Matrero” como soporte de la presentación del Programa Federal de Opera y Ballet, los rescates de partituras promovidos por el Mtro. Lucio Bruno Videla que tuvieron en esta Orquesta su principal vehículo de difusión y a partir de la gestión como titular del Mtro. Luís Gorelik, un impulso decidido a la incorporación para el repertorio de los conciertos de música académica argentina.

 

  Desde hace aproximadamente unos tres años, reiteradas invitaciones a Mtros. Nacionales de primer nivel dieron por resultado conciertos notorios. Nombres como Guillermo Becerra, Carlos Vieu, Pablo Boggiano, Mariano Chiacchiarini, Natalia Salinas y Lucía Zicos fueron subiendo al podio de la Filiberto y lograron imponer en el público este repertorio académico, reforzado con realizaciones como por ejemplo los conciertos de Compositoras Argentinas en forma paralela a que estupendos solistas vocales e instrumentales  del medio local fueran integrando las programaciones. Y aquí es preciso detenernos en el nombre de Lucía Zicos ya que evidentemente ha logrado con el conjunto una gran empatía, ha demostrado una absoluta versatilidad interpretativa y son estas características fundamentales las que la han llevado a ser la principal Directora convocada para asumir los conciertos de la presente temporada.

 

  De estos conciertos vamos observando una gran evolución. Tanto de la Directora como de los integrantes de la Orquesta, algunos de los cuales registran trayectoria previa en agrupaciones de gran envergadura de Ntro. País. Solo con mencionar a Pablo Agri como concertino (que además de provenir del Tango como su padre tuvo paso como integrante de la fila de primeros violines de la Sinfónica Nacional) o Elisabeth Ridolfi como viola solista (de paso por la Filarmónica de Buenos Aires)  vamos dando la pista de cómo está conformada esta agrupación. Ya se pudo apreciar calidad en el Concierto dedicado a mujeres compositoras de este año. Un interesante empaste en cada versión escuchada y el fruto de todo este trabajo es este concierto en vísperas del día de Ntra. Independencia que incluyó obras de tres creadores nacionales de diferentes períodos: una de la etapa nacionalista que fue virando a un lenguaje “americanista”, otro, tal vez hoy Ntra. mayor carta de presentación musical ante el mundo en su etapa de comienzo de la vuelta a la raíz “americanista” y una tercera creadora que aborda una temática “contemporánea”. Tres obras. Tres estilos de los cuales dos de ellos observan puntos de contacto. Ardua labor para poder ensamblar este programa que llegó a muy buen puerto. Resultado: Excelencia absoluta.

 

    La velada se inició con la obra de lenguaje actual, en este caso “Arcos en Abstracto” de la compositora Nelly Gómez quien estuvo presente en la sala. Una página muy reflexiva, compacta,  en donde las cuerdas desde las notas más profundas van enlazando temas en forma tonal que reflejan  estados de ánimo. Muestra un interesante desarrollo tanto como una efectiva resolución.   Aquí tuvimos un primer indicio de cómo se desarrollaría la velada ya que a partir de la muy buena afinación de las cuerdas y las respuestas que Zicos fue logrando en el desarrollo de esta versión dieron por resultado la base para el estupendo desarrollo posterior del concierto.

 

  En el centro del programa la página principal: el Concierto para Violín y Orquesta de Alberto Ginastera, obra de 1963 perteneciente al período central del compositor donde si bien el lenguaje es del periodo dodecafonísta ya comienzan a percibirse detalles del regreso a la raíz de corte latinoamericana a partir de la inclusión de instrumentos de percusión que serán quienes expresen esta característica en la obra. Aquí se presentó como solista la joven violinista japonesa de 19 años Azuko Saito, con estudios iniciados en su país, continuados en Brasil adonde actualmente su familia reside y que desde 2017 se perfecciona en Argentina con el Mtro. Rolando Prussak. Ha obtenido además el 1º premio para la 1ª categoría en el Festival que el Violinista Shlomo Mintz realizó en San Miguel de Tucumán. Es portadora de un sonido amplio, muy segura en cada intervención o ataque que efectúa y demostró total compenetración con la obra dando a lo largo de los tres movimientos que la integran pruebas de absoluta solvencia, resolviendo de modo contundente las dificultades que esta página plantea. Junto a Ella, Zicos no solo estableció un ida y vuela permanente sino que realizó una concertación decididamente espectacular en la que la Filiberto se mostró como una notable Orquesta Sinfónica. Hubo total equilibrio sonoro, marcación hasta los mínimos detalles (como los que permitieron que en el movimiento final se perciban con nitidez las citas al Capriccio 24 de Paganini por parte de la solista), formidable amalgama sonora que llevaron a un remate final sencillamente extraordinario. Fue ampliamente justificada la ovación que el público tributó a esta labor como el que afortunadamente se haya guardado un absoluto silencio a lo largo de todo el concierto. Sin especificar compositor (pero que decididamente no era argentino y en este caso es lógico que se le haya permitido hacerlo) la joven Saito ofreció una pequeña pieza fuera de programa en donde reafirmó todas las virtudes que destacamos líneas más arriba.

 

  

  La parte final encontró a Zicos y a la Filiberto en la exhumación de la Suite “Incaica” de Celia Torrá, la compositora que mayor relevancia alcanzó como creadora mujer  dentro del grupo nacionalista de compositores de 1930.  Es una partitura que permanece extraviada en su original. Que se cree que la compositora la ofreció al frente de una orquesta en el mismísimo Teatro Colón de Buenos Aires y que la decidida acción del Instituto Nacional de Musicología “Carlos Vega” permitió la reconstrucción de la Orquestación, la que ha sido subida a su plataforma de Internet y que ha sido declarada de dominio público ya sea para su consulta o interpretación. A lo largo de sus tres números “En Piragua” (Momento este que Martha Cora Eliseht ofreció en Ntro. programa sabatino por On Radio en versión Violín y Piano), “Cortejo” y “Fiesta Indígena , Zicos desplegó una muy buena concertación obteniendo un sonido muy equilibrado, sin excesos de ninguna índole, en donde la percusión (al igual que en Ginastera) desarrolló una labor sin fisura alguna, alcanzando el punto justo en estas páginas coloridas, descriptivas de raíces profundamente telúricas. Por todo esto es que celebramos este concierto en donde la Filiberto alcanzó con todas las de la ley el nivel de una Orquesta Sinfónica de gran magnitud, capaz de brindarle a los Argentinos lo mejor de Ntro. patrimonio musical en todas sus formas y para Lucía Zicos el reconocimiento a una de las mejores faenas de toda su trayectoria profesional.

 

 

Donato Decina

 

Ciclo Grandes Intérpretes

 

Brillante recital de Sondra Radvanovsky 

Teatro Colón

Martes 5 de Julio de 2022

Escribe: Graciela Morgenstern

 

Sondra Radvanovsky, soprano

Anthony Manoli, piano

 

Programa

Giulio Caccini: "Amarilli, mia bella"

Christoph Willibald Gluck: "Paris y Helena": "O del mio dolce ardor"

Francesco Durante: "Danza, danza, fanciulla gentile" 

Georg Friedrich Händel : "Giulio Cesare": "Piangero la sorte mia"

Vincenzo Bellini: "Per pieta, bell’ idol mio"

                            "La ricordanza"

                             "Norma": "Casta diva"

Giuseppe Verdi: "Il trovatore": " Tacea la notte placida…di tale amor"

                            "La forza del destino": "Pace, pace, mio dio" 

Giacomo Puccini: "Sole e amore"

                                "E l’uccellino"

                                "Manon Lescaut": "Sola, perduta, abbandonata"

Giuseppe Verdi: "In Solitaria stanza"

                             "Perduta ho la pace"

                             "Stornello"

Francesco Cilea: "Adriana Lecouvreur": " Io son l'umile ancella"  

Umberto Giordano: "Andrea Chenier": " La mamma morta" 

 

Dentro del marco del ciclo Grandes Intérpretes, hizo su muy esperado debut en el Colón, la soprano norteamericana Sondra Radvanovsky, cantante de fama internacional con una carrera que ha venido en ascenso constante. Y no es para menos. Su calidad interpretativa avala esta situación.

El programa fue ecléctico e interesante. Abarcó canciones y arias italianas de diferentes épocas, partiendo del siglo XVI y llegando hasta el verismo, y mostró de qué manera se van sucediendo unas a otras formando un todo coherente. Antes de cada una, la soprano hizo comentarios sobre las mismas o sobre situaciones personales. Los mismos fueron realizados con mucha simpatía, que el público supo apreciar.

Aunque fue recibida con aplausos entusiastas, el recital comenzó de manera tibia, con  "Amarilli, mia bella", de Giulio Caccini, "O del mio dolce ardor", de Gluck, "Danza, fanciulla gentile", de Francesco Durante, y "Piangeró la sorte mia", de "Giulio Cesare", de Haendel, todas ellas vertidas con indudable solvencia técnica.

Pero fue a partir de su impecable versión de "Casta Diva", de "Norma", que su actuación tomó vuelo, con un registro extenso y parejo, legato sin fallas, elegancia en el portamento, y canto de matices extraordinarios, desde los "forte" hasta los "pianissimi", exhibiendo una amplia gama de recursos vocales, estilísticos e interpretativos. Así, fue ovacionada en cada una de las obras que interpretó, incluyendo "Tacea la notte placida", de "Il trovatore", y una versión excepcional de "Pace, pace, mio Dio", de "La forza del destino", que dio cierre a la primera parte del programa.

El pianista Anthony Manoli brindó un acompañamiento excelente, sin quiebres

De la misma manera se desarrolló la segunda parte, comenzando con las canciones "Sole e amore" y "E luccellino", para terminar el fragmento pucciniano con el aria "Sola, perduta, abbandonata", de "Manon Lescaut", vertida con dramáticos acentos.

Tras tres canciones de Verdi, llegó finalmente, al verismo con "Io son l"umile ancella" de "Adriana Lecouvreur", y "La mamma morta", aria que según dijo la soprano, fue lo último que su madre, fallecida en enero pasado, la escuchó cantar. Eso arrancó las lágrimas de Radvanovsky y la ovación del público.

Ante esta situación, la cantante todavía conmovida, ofreció, fuera de programa, la "Canción a la luna", de "Rusalka", de Dvorak, "Vissi d"arte", de "Tosca", un fragmento de "O mio babbino caro", de "Gianni Schicchi", para concluir con "Somewhere Over the Rainbow", de la película "El mago de Oz".

Una artista fascinante que brindó una velada espectacular. El público dejó el Teatro con el deseo de poder volver a verla en una ópera completa y con la satisfacción de haber vivido un gran momento.

CALIFICACION: EXCELENTE

viernes, 8 de julio de 2022

 

REENCUENTRO FILARMÓNICO CON SU TITULAR…

                                                                                        Por Jaime Torres Gómez

 

La llegada de Roberto Rizzi-Brignoli al titularato de la Filarmónica de Santiago ha sido “muy especial”, por cuanto recién en marzo pasado pudo llegar a Chile para debutar en ese rol, luego de dos años de ausencia debido a la pandemia.

 

Con un importante currículum, este maestro italiano no es desconocido en Chile, habiendo tenido importantes y continuas colaboraciones para producciones de ópera en el Teatro Municipal de Santiago hasta el año 2008. Sin embargo, fue apresurado haberle confiado la titularidad de la Filarmónica tras una larga ausencia, considerando que una designación así debiera ser la culminación de un proceso de colaboración con una razonable vecindad  temporal…

 

Debiendo debutar en la temporada 2020, no fue posible ante la razón señalada, no obstante, a partir de la apertura de los espectáculos con público presencial en agosto pasado -y antes de manera virtual-, era menester dar una señal de presencia en Chile para iniciar in situ el trabajo junto a los filarmónicos.

 

Por otro lado, no se conoce hasta cuándo se extendería su contrato, considerando los 2 años de ausencia, más el hecho que recién se le está conociendo. Y su dedicación a la orquesta para la actual temporada es insuficiente respecto a los titulares históricos, notado especialmente en los conciertos, con apenas una presencia del 20% del ciclo de abono, no obstante una presencia de dos tercios en la temporada de ópera (de un total de 3 títulos…) más un título de ballet.

 

Las consideraciones anteriores obedecen a lo esperable de un maestro titular, que es liderar con fuerte presencia el desarrollo de la agrupación a su cargo, siendo la instancia de la temporada de conciertos la mejor plataforma para profundizar un trabajo de modelación sonora, idealmente mediante una amplia gama de repertorios. Y al no conocerse bien a Rizzi-Brignoli en este ámbito, debiera esperarse a futuro revierta su poca presencia, y con mayor variedad repertorística.

 

Titulado “Grandes Románticos”, el programa (primera función) consultó obras de Carl Maria von Weber, Felix Mendelssohn y Johannes Brahms, no disponiendo de mayor variedad de períodos musicales para calibrar, con mejor óptica, las capacidades de Rizzi-Brignoli en el campo de conciertos, habiéndose circunscrito sólo al romanticismo musical…    

 

No obstante la limitación señalada, los resultados en general fueron muy positivos, dando cuenta de la buena formación musical de Rizzi-Brignoli y su eficacia en extraer entusiastas entregas de los filarmónicos. Comenzando con la Obertura de la ópera “El Cazador Furtivo” de Von Weber -largamente ausente en el medio-, resultó afín a la batuta. De contagiosa vitalidad, e impregnada de una directa influencia italiana y algo francesa, no obstante de recio carácter germano, esta pieza posee una rica variedad de contrastes y enjundiosos desarrollos. La versión del maestro Rizzi-Brignoli acertó con creces al espíritu de la obra, con generosa exposición de las líneas melódicas, estupendos balances, empáticos tempi y calibradas progresiones expresivas. Muy buena respuesta de los filarmónicos.

 

Seguidamente, una errática versión de la Sinfonía N° 4 “Italiana” de Mendelssohn. Siendo una obra de inmensa frescura (como toda la producción mendelssohniana), amén de una bestial exigencia técnica global, una idiomática interpretación supone una amabilidad de discurso que provea natural fluidez (y calidez) del flujo armónico, y ajena a indicaciones que endurezcan el sonido y marcaciones que rigidicen los pasajes briosos, ya de fuertes exigencias rítmicas.

 

La versión ofrecida discurrió de menos a más, en cuanto tuvo un arranque en exceso rígido y agresivo, confundiendo frescura con extemporáneo ímpetu, amén de una respuesta a ratos imprecisa de la orquesta. El segundo movimiento, si bien estuvo bien ensamblado, careció de profundidad de carácter (alusión a una procesión de peregrinos), donde lo arcano debiera ser la constante, no obstante hubo claridad de voces especialmente al comienzo del entrañable pasaje de las corcheas en staccato de los cellos y bajos. El tercero, si bien hubo amabilidad discursiva, pero sin mayores relieves, salvo en el hermoso Trío con muy buenas participaciones de cornos y fagotes. Y en el endemoniado cuarto movimiento (Saltarello-Presto), hubo extraordinarios logros en transparencias y ajuste grupal ante el arrebatador y puntilloso requerimiento de la batuta.

 

Y como última obra, una formidable versión de la Primera Sinfonía de Brahms, donde Rizzi-Brignoli demostró soberano dominio. Considerada como la “Sinfonía Patética” brahmsiana (no apodada así por el compositor), se da una lógica quasi dialéctica de fuerzas oponentes entre lo trágico y lo amable. Con una arrebatadora invocación del Destino en la introducción (decisivo protagonismo de los timbales), sus desarrollos a lo largo de toda la obra reflejan gran oficio de armonía y orquestación. Grandes logros con una magnífica adopción de tempi, inteligente manejo del rubato, más una generosa exposición de las líneas melódicas, contrastes y controladas progresiones expresivas. Y los filarmónicos, con atenta respuesta, flexibles y con buen esmalte sonoro.

 

En suma, un reencuentro de la Filarmónica de Santiago con su maestro titular, dando cuenta de un debido anhelo por contar con su mayor presencia en el ámbito de conciertos, máxime al darse un sólido resultado con esta presentación.