viernes, 16 de septiembre de 2022

 

Recital Lírico en la Villa Victoria Ocampo

 

El último recital del ciclo que desde 2015 ofrecen María Paula González –en la producción- y Miguel Silva Macías –en la faz artística- estuvo dedicado al repertorio alemán y austríaco, en la primera parte, y a canciones argentinas en la segunda.

Se presentaron en la ocasión  el tenor Miguel Silva Macías y el pianista Jonás Ickert.

An Clohe, K .524, de Wolfgang Amadeus Mozart , para voz y piano, fue obra inicial del programa. La siguió el aria de Tamino Dies Bildris ist bezaubend schön del singspiel “La flauta mágica” del mismo compositor. De exigencia para la cuerda de tenor es, en una línea melódica sencilla y de gran belleza, de una singular belleza y expresividad.

Franz Schubert compuso el ciclo de lieder Viaje de invierto (Winterreise), sobre poesías de Wilhem Müller, como surge del número de opus del catálogo (89 y D. 911) durante el último año de su vida.  Se trata de una de sus obras más significativas y centrales. En esta oportunidad Miguel Silva Macías interpretó Gute Nacht, el primero de los lieder del ciclo. En la metáfora típicamente romántica del viaje como símbolo de la vida, de un exilio interior y de una exploración, las gradaciones de color son por demás significativas: “Como un extraño llegué y como un extraño me marcho …Para mi viaje/no puedo elegir el momento./Debo hallar mi senda/en la oscuridad./Una sombra vaga a la luz de la luna es mi compañera”. Se trata de una obra de honda y singular belleza y de un gran requerimiento expresivo.

    El lied Sylvia, D.891 de Franz Schubert fue la siguiente obra, a la cual sucedió un interludio con la Fantasía en re menor, K.397 de Mozart, para piano. Le siguió el lied Verborgenheit de Hugo Wolf. La primera sección finalizó con   Zueignung y Morgen, de Richard Strauss.

En la segunda parte fueron abordadas las Cinco Canciones Populares Argentinas, de Alberto Ginastera: Chacarera, Triste, Samba, Arrorró y Gato, que implican diferencias estéticas y requerimientos muy diferentes una de otra.

Como bises, fueron interpretadas Pueblito, mi pueblo, de Carlos Guastavino y  Del cabello más sutil, de Fernando Obradors.

Con obras del Sturm un drang, como las de Mozart, del romanticismo temprano y del tardío, la exigencia en los matices fue diversa. El lied requiere pureza de fraseo, sutileza de inflexiones y ser plasmado en una perfecta pronunciación. Miguel Silva Macías mostró nuevamente la ductilidad, diafanidad y matices de un timbre que resultó especialmente apto tanto en ese repertorio como en el de la segunda parte, donde los requerimientos son muy diferentes.

Une a ello sus cualidades de presentador: es sobrio, cálido y conciso en las referencias a cada obra, capaces de ofrecer un criterio de escucha para el oyente.

Jonás Ickert  es un pianista de gran sobriedad y amplitud en el repertorio que suele acompañar con asiduidad en nuestro medio y se revela como un excelente solista.

Ambos vienen de hacer presentaciones en Estados Unidos.

Como señalé en otras oportunidades, las características salientes del ciclo son la variedad de repertorios –canción alemana, francesa o argentina, así como arias de óperas-, así como el nivel artístico con el cual estos repertorios son abordados, lo que significa la oportunidad de poder asistir a obras poco frecuentes, como ciertos lieder y canciones argentinas.  

 

 

  

           

 

Eduardo Balestena                

 

domingo, 11 de septiembre de 2022

 

Tercer concierto de la Orquesta Estable del Teatro Colon

10/09/2022

El tercer concierto de la Orquesta Estable, en esta temporada, ofreció un programa con obras de Berlioz y Ravel dirigidas por el M°.  Julian Kuerti y el debut en el Colon de la mezzosoprano norteamericana Isabel Leonard.

De Hector Berlioz, se escuchó el ciclo de seis canciones “Les nuits d’eté (Las noches de verano), op. 7 interpretadas por Isabel Leonard, poseedora de una hermosa voz de mezzo, y buena técnica vocal pero carente de compromiso interpretativo. Efectivamente, si bien su trabajo vocal fue irreprochable, la cantante no transmitió expresivamente la belleza de los poemas de Théophile Gautier utilizados en esta partitura.

Lo mismo vale para su interpretación de Shéhérazade, de Maurice Ravel; bien en lo vocal, pero falto de expresividad. Llamó la atención que utilizara la ayuda de la partitura, ya que estas obras no son un estreno para Leonard.

La cantante ofreció un solo bis, porque admitió no haber venido preparada para ello, cantando muy bien la Habanera de Carmen de Bizet.

Estupenda la batuta del Maestro Julian Kuerti, con una muy buena versión de la Rapsodia española de Ravel, ratificando el muy buen concepto que tuvimos de él cuando dirigió Rusalka de Dvorak en 2017.

Esperemos poder apreciar a Isabel Leonard en opera, ya que de ella se conocen muy buenos trabajos a través de sus actuaciones en el Metropolitan Opera House de N.Y. También el Maestro Kuerti será siempre bienvenido, ya que se trata de un excelente director orquestal.

Roberto Falcone

 

UN CASTRO DISTINTO NOS FUE REVELADO

 

Orquesta Sinfónica Nacional, temporada 2022. Concierto. Director: Luis Gorelik. Solistas: Marcelo Balat (Piano), Ingrid Pellicori (Recitante), Coro Polifónico Nacional, Director: Antonio Domeneghini. Centro Cultural Kirchner (Auditorio Nacional), 07 de Setiembre de 2022.

 

NUESTRA OPINION: EXCELENTE.

 

  Tomé conocimiento de la existencia de la Sinfonía Nº 2 “Bíblica” de Juan José Castro en el extraordinario libro que escribió el Maestro Carlos Manso sobre la vida del insigne intérprete y compositor. Sabíamos de rol que le cupo a Victoria Ocampo durante la concreción de esta partitura y en el estreno de la misma en el que cumplió el rol de recitante. También es sabida la amistad y la mutua admiración que se profesaban, gracias a  la que Castro pudo tomar contacto con músicos de excepción de la talla de Igor Stravinsky, Pau Casals o Manuel de Falla,  quienes tuvieron decisiva gravitación en la carrera del Maestro. Baste con mencionar el premio "Verdi"con “Proserpina  y el Extranjero” (30 años sin pisar el escenario del Colón, tomen nota), formar parte del cuerpo docente del Conservatorio de San Juan de Puerto Rico y las participaciones del creador argentino en los festivales Casals y ser al decir de Don Manuel de Falla que fue quien mejor comprendía la esencia de sus partituras, dejando como expresa voluntad el que Castro sea quién estrenara “La Atlántida”, con final realizado por Cristobal Halffter, lo que  ocurrió recién en 1964 en la sala del Teatro Colón. Luis Gorelik halló los materiales de la Sinfonía “Bíblica” justamente en el Teatro, en donde vio la luz en 1932 y al ver su partitura se propuso interpretarla. Tres factores se combinaron muy positivamente: que lo hiciera la Sinfónica Nacional, la verdadera Orquesta de Juan José Castro (Titular entre comienzos de 1956 a comienzos de 1962). Que el Coro Polifónico Nacional estuviera preparado por Antonio Domeneghini quien también fuera titular del Coro del S.O.D.R.E. de Montevideo, institución en donde Castro fuera titular de su Orquesta Sinfónica entre 1948 y 1952 dejando huellas imborrables a su paso y que el programa del concierto tuviera una espectacular formulación, como lo hacía el Maestro en sus tiempos de titular de Ntra. Sinfónica.

 

  Justamente la primera parte estuvo consagrada al Concierto para Piano y Orquesta Nº 2 de Bela Bartok con Marcelo Balat como solista y a la segunda suite del Ballet “Daphnis et Chloe” de Maurice Ravel y de fondo la revelación para quienes estuvimos presentes o quienes vieron por la transmisión en las redes de la Sinfonía “Bíblica” .

 

  En el concierto de Bartok, descolló Marcelo Balat como solista. Concentración, técnica impecable, total consustanciación con tan difícil página, sonido amplio. Tuvo en Gorelik y en la Orquesta de la que forma parte a sus incondicionales aliados. De un comienzo en el que las cuerdas no tienen intervención y en donde la página arranca desde las más bajas sonoridades hacia los ataques más plenos, Balat  fue el absoluto protagonista. Los dos movimientos siguientes lo encontraron en permanente ida y vuelta con la Orquesta,  hasta lograr todos un remate contundente en la labor. La justa ovación con que el público retribuyó a este trabajo, motivó a Balat a interpretar un formidable Debussy fuera de programa en el que el reconocido intérprete cordobés se movió a sus anchas.

 

  En “Daphnis et Chloe”, Gorelik ofreció un estupendo trabajo con todos los detalles, riqueza de sonido y en la parte central un formidable solo de flauta a cargo de Amalia Perez. Los climas y la esencia “Raveliana” fueron logrados en todo momento y resultó otro de los altos puntos de la noche.

 

  Y finalmente el gran motivo de la convocatoria. El que se nos revelara luego de ochenta años de la única interpretación entre nosotros la sinfonía Nº 2 “Biblica”. En la década de 1920, Juan José Castro permaneció en París perfeccionándose con Vincent D’Indy. Momento trascendente en el que allí reinaban Stravinsky, Falla, Ravel y la lógica impronta que dejara Claude Debussy. Período de posguerra, con los Ballets Russes de Serguei Diaghiliev y su estrella Nijinsky descollando. Sin dudas todo ese movimiento marcó a fuego a Juan José Castro y claramente se percibe en muchos momentos de la “Biblica” esa influencia. Tal vez como nunca se encuentra allí un lenguaje musical absolutamente contrastante hasta con su producción posterior y que trasciende al de sus compañeros del “Grupo Renovación” los que en su mayoría partían de influencias de Ntra. música autóctona. Una muy buena orquestación  con momentos de imponente grandiosidad y una estructura que se divide en tres episodios principales (“Anunciación”, “Entrada en Jerusalem” y “Gólgota”) , quince momentos musicales y textos en francés basados fundamentalmente en el profeta Isaías en donde la pluma de Victoria Ocampo se encargó de la adaptación y en la que ella misma intervino como recitante tanto en el estreno de 1932 como en la interpretación en 1939 en el Carnegie Hall de New York. El trabajo de Luís Gorelik fue absolutamente meticuloso y la respuesta de la Sinfónica Nacional fue magnífica, ratificando una vez más el sostenido crecimiento que registra en cada concierto. Una labor impecable del Coro Polifónico Nacional con momentos de una emisión homogénea verdaderamente espectaculares y una muy solvente labor de Ingrid Pellicori  con un estupendo manejo de la voz. Por todo ello es que una vez más la Sinfónica y el Polifónico Nacionales volvieron a efectuar en trabajo conjunto de notable excelencia y honraron a Juan José Castro como su trayectoria verdaderamente lo merece.

 

Donato Decina

viernes, 9 de septiembre de 2022

 

Concierto de la Orquesta Sinfónica Nacional, solista y el Coro Polifónico Nacional, en el CCK

 

.Orquesta Sinfónica Nacional de Argentina

.Director: Luis Gorelik

.Solista: Marcelo Balat, piano

.Coro Polifónico Nacional

.Antonio Domeneghini, director del coro

.Recitante: Ingrid Pellicori

.Sala Principal, Centro Cultural Kirchner, 7 de septiembre, hora 20.

 

             

La Orquesta Sinfónica Nacional abordó obras representativas de muy diferentes texturas y concepciones musicales en su concierto del 7 de septiembre.

Concierto para piano y orquesta nro. 2 en sol mayor, opus 95, de Bela Bartók (1881-1945)

Estrenado en 1931, es, por su virtuosismo, quizás una de las obras de mayor dificultad técnica del compositor. Construido a partir de un elemento recurrente con el cual el piano abre la obra, el primer movimiento –Allegro- alterna, en su esquema de: rápido-menos rápido, pasajes contrapuntísticos, transformaciones del motivo inicial y cambios rítmicos. Es de una complejidad extrema. No interviene la cuerda pero el diálogo que establece el instrumento solista con metales –trompetas, trombones, cornos: que trabajan ya por alternancias ya por construcción de acordes con aportes de los distintos timbres-, y maderas es muy nutrido y “cruzado”, por así decirlo, ya que no siempre responden al mismo motivo. Hay, en la concepción del compositor que asume un pianismo percusivo,  cierto sentido de marcha y avance indeclinable. La sensación es que el todo se mueve como una máquina extremadamente precisa, que acumula una tensión que si bien permuta con otros elementos no se disipa.  

El Adagio-presto-piu adagio del segundo movimiento cambia de la intensidad inicial a un diseño de la cuerda que recuerda al comienzo de la Música para Cuerdas, Percusión y Celesta. Se turnará con un motivo del piano que parece una transformación del que abre el primer movimiento, y el diálogo instrumento solista-orquesta se establece en una alternancia –entre el piano y la orquesta- más que en una imbricación cerrada como en el primer movimiento. Entre el glissando del timbal y el piano se establece un diálogo que recuerda al tercer movimiento de la Música para Cuerdas… , con una sensación de acechante misterio. Este paisaje sonoro cambia bruscamente en la sección central del movimiento –presto- con un diseño de gran complejidad rítmica, que se resuelve finalmente en el piu adagio.

Hacia el final, ahora con el aporte de la cuerda, la obra responde a una forma cíclica, ya que reaparece el motivo del comienzo, esta vez con diferentes aportes tímbricos en pasajes de motivos cambiantes y gran rapidez.

Se trata, como vemos, de un tour de force, al ser una obra de gran demanda en la precisión, la energía y los permanentes cambios que Marcelo Balat interpretó con el virtuosismo que lo caracteriza, sin vacilaciones, con precisión absoluta y la gradación de volúmenes que el opus requiere. Lo hizo sin evidenciar tensión, como si una interpretación semejante no le demandara un esfuerzo extra. Perfeccionado en la escuela Reina Sofía, de España, ha llevado a cabo numerosas presentaciones en ese país y ganado premios en certámenes como el “Ciutat de Manresa”, “Eugenia Verdet” y otros.

Se trata de uno de los pianistas más destacados de la Argentina.

La Suite nro. 2 del Ballet Dafnis y Cloé, de Maurice Ravel (1875-1937) fue la siguiente obra del programa.

El material temático corresponde a partes del ballet original, tales como Amanecer, Pantomima y Danza General.

Escrito para los Ballets Rusos, de Sergei Diaghilev, y estrenado en 1912, se basa en una obra griega de Longo, del siglo II.

El elemento que predomina es el del tratamiento tímbrico, el color orquestal y sus gradaciones, de gran sutileza, lo cual demanda un fraseo también muy sutil y un sentido de la frase instrumental como un discurso espontáneo que parece seguir las inflexiones del habla. En la versión completa el coro más que por la palabra se expresa por la sílaba, creando climas evanescentes.

La amalgama de timbres, al mismo tiempo diferenciados, que forman parte de un todo pero resultan en sí mismos reconocibles, es el equilibro por el que transita una obra sensorial, en aquello que transmite y el en modo en que lo transmite.

Hacia el final, un pasaje de la cuerda, seguido por intervenciones del oboe, el clarinete y las arpas conducen a un extenso solo de flauta –interpretado por Amalia Pérez- que resume en sí mismo el carácter sensual y  delicado de la obra: más que escucharlo, somos llevados por él a un espacio imposible de imaginar, ya que no parece encaminado a un cierre determinado sino a un permanente avance cuya resolución no podemos vislumbrar y que nos sorprende una vez que se produce. Valga para connotar el carácter de una obra que, de un modo diferente al concierto que la precedió, es también  virtuosística.

Sinfonía nro. 2, “Sinfonía Bíblica”, de Juan José Castro (1895-1968)

El maestro Luís Gorelik –como antes respecto de las obras previamente interpretadas- hizo una significativa referencia a este opus, a la figura de Juan José Castro y a la época y circunstancias de la gestación de lo que -clasificando a este trabajo con precisión formal- denominó un oratorio, que, a la manera de los de Haydn, se basa en el  fragmento de un texto religioso y de otro poético, de los cuales la música es un desarrollo, con lo cual no se trata, en sentido estricto, de una sinfonía.

Conforme lo refirió, tanto la amistad de Victoria Ocampo y Juan José Castro, como su colaboración en distintos proyectos y su estancia en París (donde Juan José Castro fue alumno nada menos que de Vincent D´indy) fueron elementos centrales en la elaboración de esta obra. Como director de la Orquesta de la Asociación del Profesorado Orquestal, Juan José Castro solía estrenar obras de compositores como Igor Stravinsky, poco después de que lo fueran en Europa, sirviendo Victoria Ocampo de vínculo con los compositores europeos.

La “Sinfonía” consta de tres partes: Announciation, Entrée a Jerusalem y Golghota, y los breves textos se encuentran escritos en francés. Hacia principios de la década de 1980 el programa Qué significa lo argentino musical, de Napoleón Cabrera, bien hubiera podido detenerse en esta cuestión: las razones por las cuales una obra argentina se encuentra estructurada a partir de fragmentos escritos en francés, así como su textura musical se basa en antiguas formas, preguntándose qué hay de argentino en ella y cómo se expresa, ya que el canto gregoriano, contrapunto, fuga constituyen la base de su lenguaje. Quizás la respuesta esté en la concepción de la revista Sur -1931- (dirigida por Victoria Ocampo): establecer una posición cultural argentina como parte de Latinoamérica, en un nivel comparable al europeo. Se trata, como señala Beatriz Sarlo (Escritos sobre Literatura Argentina,  “Borges en Sur…) “de pensar las ´esencias americanas´ y al mismo tiempo, incorporar un conjunto de textos europeos”. Es en un marco así que quizás debamos pensar a esta sinfonía: un texto al nivel de los europeos concebido desde el Sur ; no parece comprensible una obra así fuera de ese marco.

De gran extensión y dificultad, tanto en el coro como en la orquesta, comienza con un ostinato y un motivo que le confieren una sensación de movimiento. Conocedores de la restante obra de Juan José Castro afirman que se trata de un lenguaje más avanzado respecto de otras obras. La textura musical responde a una suerte de paradoja: su lenguaje se basa en la claridad y el despojamiento, pero utiliza fortes y amplios volúmenes sonoros en todo el dispositivo orquestal durante la mayor parte de su desarrollo.

Asimismo, tratándose de una obra de inspiración religiosa, suscita no la sensación de placidez, calma y claridad sino la angustia connotada por timbres netos, volúmenes fuertes y dureza melódica. Son muy pocos los remansos de una frase cálida y abierta en un paisaje de aspereza sonora, sin una continuidad de líneas; por el contario, se explaya en la alternancia de diferentes recursos formales.

Estrenada en 1932, fue interpretada en Estados Unidos en 1939 y jamás vuelta a ejecutar. Ello da al concierto del 7 de septiembre un valor único: el del rescate de una obra que pertenece a un acervo a descubrir, puesta en el marco necesario para su escucha.

Ingrid Pellicori le dio presencia y expresión a los textos en francés, con el timbre de voz que tanto la singulariza, con una dicción en francés que era en sí misma una música.

En el Coro Polifónico Nacional hubo presencias como la de Mónica Ferracani, Soledad de la Rosa y Carla Filipcic Holm, lo que es indicativo de su nivel. La orquesta, por su parte, tuvo un amplio lucimiento en obras –cada una a su propio modo- de gran complejidad.

En suma, se trató de un concierto relevante por este motivo, por presentar tres obras muy diferentes y brindar referencias acerca de ellas que parecen potenciarlas mutuamente.

El maestro Lui Gorelik es, además de un director de orquesta internacionalmente reconocido, un formador y un estudioso, tanto del aspecto formal como cultural y estético de las obras.

Es de valorar la posibilidad de una experiencia así en tiempos de crisis, de falta de esencia, donde todo fluye y sigue. Es una muestra de lo que la música nos puede dar y que, como ella, es indefinible.

Una vez más, corresponde agradecer al personal de la Dirección Nacional de Organismos Artísticos por su cordialidad y atención.  

 

 

 

 

 

 

 

 

       

 

 

 

 

Eduardo Balestena

 

Estupenda reposición de “ONEGUIN” a cargo del Ballet Estable del Colón

 

DE AMORES CONTRARIADOS Y REVANCHA FINAL

Martha CORA ELISEHT

 

            Quizás, el poeta ruso Alexander Pushkin (1799-1837) nunca hubiera imaginado que su novela EUGÈNE ONEGUIN gozara de tanta popularidad. Fue escrita originalmente en verso entre 1823 y 1831 y, tras la muerte del poeta en un duelo con el mariscal francés George D’Anthés en 1837, Piotr I. Tchaikovsky (1840-1853) compuso su ópera homónima con libreto de su hermano Modest y Konstantin Shilovski respetando el drama original de Pushkin. Posteriormente, el coreógrafo sudafricano John Cranko (1927-1973) creó su ballet ONEGUIN en 1965, cuando era director del Ballet de Stuttgart con música de Tchaikovsky, pero con una particularidad: no utilizó ninguno de los temas de la ópera, sino una serie de melodías del compositor ruso seleccionadas y orquestadas por Kurt Heinz- Stolze. Cranko realizó una revisión de su obra en 1967 y es la que se representa en la actualidad.

            El estreno local de ONEGUIN se produjo sobre el escenario del Colón en 1979 a cargo del Ballet de Stuttgart dirigido por Marcia Haydée, con la participación de Richard Cragun y ella misma en los roles protagónicos, alternando junto con Birgit Keil y Vladimir Klos. Posteriormente, el Ballet Estable del Colón lo incorpora a su repertorio en 1985 y dentro de la temporada de ballet, su actual director -Mario Galizzi- decidió suplantar LA FILLE MAL GARDÉE (La Hija Malcriada) por este clásico, que se representa sobre el escenario de nuestro mayor coliseo desde el 1° al martes 13 del corriente, con escenografía de Pier Luigi Samaritani, vestuario de Roberto Guidi di Bagno, iluminación de Rubén Conde, reposición coreográfica de Thierry Michel y supervisión de quien fuera un gran intérprete de este rol: Tamas Dietrich -actual director del Ballet de Sttutgart, quien supo brillar sobre el escenario del Colón-. La dirección musical estuvo a cargo de Tara Simoncic al frente de la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires.

            Quien escribe asistió a la función correspondiente al Abono Nocturno del pasado miércoles 7 del corriente, con el siguiente reparto: Martí Paixá (Oneguin), Elisa Badenes (Tatiana), Rocío Agüero (Olga), Jiva Velázquez (Lenski), Gerardo Wyss (Príncipe Gremin), Claudia Pereyra Sábato (Madame Larina), Norma Molina (Nodriza) y Julieta Lerda (reflejo en espejos- actos I y III).

            La escenografía y el imponente vestuario diseñado por Guidi di Bagno para las escenas en la casa de campo de Madame Larina -madre de Olga y Tatiana- y en el palacio del Príncipe Gremin brindaron el marco ideal para el desarrollo de la trama. Mientras casi todos los personajes principales realizan cambios de vestimenta, el único que permanece inalterable es el protagonista -ataviado con traje negro, demostrando su carácter de aristócrata arrogante, despectivo y hedonista-. Los cambios de escena se lograron mediante telones negros y efectos de iluminación. Quizás, el mayor logro radicó en los reflejos en el espejo de los Actos I y III, donde aparece la imagen de Tatiana antes de quedarse dormida soñando con el hombre que ama (escena de la carta) y posteriormente, la de Oneguin implorando por Tatiana (escena del boudoir), mientras ella lee las cartas de amor que éste le envía. Todo es brillo y luminosidad en las primeras escenas de cada uno de los tres actos y oscuridad y penumbra en las segundas (habitación y sueño de Tatiana, duelo entre Oneguin y Lenski y escena final), logrando una perfecta puesta en escena.

            El Ballet Estable descolló en las principales escenas de conjunto (gopak del 1° Acto, vals y mazurka del 2° y la polonesa del 3°), con una impecable coordinación de movimientos y suma elegancia. Julieta Lerda brindó una excelente imagen en espejo de Tatiana junto a Elisa Badenes, mientras que Norma Molina y Claudia Pereyra Sábato encarnaron correctamente a la nodriza y Madame Larina respectivamente. Por su parte, Gerardo Wyss se destacó como el Príncipe Gremin, con seguridad, firmeza y perfección en las escenas de conjunto del 2° Acto y en el pas de deux junto a Elisa Badenes en el 3°. Independientemente de la pareja protagónica, la pareja formada por Jiva Velázquez y Rocío Agüero se consolida como una dupla de primer nivel. No sólo por la perfección, gracia y plasticidad en sus movimientos, sino también por la excelente conexión que existe entre ellos. Además del Colón, desarrollan su actividad dentro del Buenos Aires Ballet de Federico Fernández, donde han bailado juntos en numerosas oportunidades. Ella derrochó gracia y simpatía como la pizcueta y jovial Olga, mientras que él hizo gala de su técnica en los pas de deux, al igual que en su solo previo a la escena del duelo, donde Lenski pierde la vida a manos de su mejor amigo. También tuvo una destacada actuación desde el punto de vista actoral.

            En cuanto a la pareja protagónica, Martí Paixá y Elisa Badenes han desarrollado una carrera meteórica: en menos de 10 años se consolidaron como primeros solistas y hoy en día, son los primeros bailarines del Ballet de Stuttgart. Poseen una notoria plasticidad y expresividad para encarnar los roles protagónicos y lo demostraron con creces sobre el escenario del Colón; sobre todo, en la escena de la carta y sueño de Tatiana, donde aparece Oneguin tras el espejo y le declara su amor. Ella se lució en los developées y él, en las fouettes, ejecutadas con impecable técnica. Esta coordinación de movimientos es similar en la escena final (escena del boudoir), donde un arrepentido Oneguin suplica e implora desconsoladamente por el amor de Tatiana, pero ella lo rechaza, dada su condición de mujer casada. Desde el punto de vista histriónico, Martí Paixá brindó una sublime transformación del protagonista, mientras que Elisa Badenes también realizó una excelente metamorfosis de su personaje.  De ser una joven campesina ingenua y romántica despechada, pasó a ser una mujer amada y poderosa, quien posee la fortaleza suficiente para rechazar al hombre que ama. Al terminar la función, el público los ovacionó, al igual que a Tara Simoncic, quien realizó un magnífico trabajo al frente de la Filarmónica. Es una de las mejores directoras de orquesta acompañantes de ballet y especializada en el tema.

            A juicio personal de quien escribe, la decisión de reponer este ballet por parte de Mario Galizzi fue sumamente acertada por varios motivos. Por empezar, la coordinación en las escenas de conjunto por parte del Ballet Estable, con movimientos sumamente precisos. Y siguiendo con la incorporación de solistas de notable nivel al rango de suplentes de primeros bailarines, brindando oportunidad a gente joven y talentosa en los roles principales y secundarios. Una gestión que está rindiendo muy buenos frutos y cuyos resultados se aprecian cada vez que la compañía y sus integrantes aparecen en escena, engalanada por la participación de figuras internacionales. En este caso, para narrar una historia de sentimientos tan contrariados como la vida misma.

martes, 6 de septiembre de 2022

 

EL MEJOR NELSON GOERNER BRILLO EN EL COLON

 

Mozarteum  Argentino, temporada 2022: recital del pianista Nelson Goerner. Programa: Obras de Chopin, Debussy y Albeniz.  Teatro Colón, 05 de Setiembre de 2022.

 

NUESTRA OPINION: EXCELENTE (+)

 

  Cuando con el correr del tiempo los que tuvimos el enorme privilegio de presenciar este recital hagamos memoria, seguramente diremos que ha sido de lo más grande que uno haya escuchado en el Colón y en los ciclos del Mozarteum Argentino. Nelson Goerner ha demostrado aquí que es un intérprete absolutamente consumado. Formula sus programas con rotunda inteligencia sin caer en lugares comunes y con ello le amplía al oyente el espectro de obras, las que en manos suyas terminan siendo reveladoras. Técnicamente perfecto, sutil como pocos, capaz de trazar filigranas sensibles y exquisitas para pasar a los ataques más enérgicos con total seguridad. Dedicó toda la primera parte a Chopin con sus baladas : Nos 1 en Sol menor, op.23, 2 en Fa menor, Op. 38, 3 en La bemol mayor, Op- 67 y 4 en Fa menor, Op. 52. extrayendo de cada una hasta los mínimos detalles y queriendo formularlas con continuidad,  aunque una parte del público no lo entendió y por eso hubo aplausos entre una y otra (lo que desgraciadamente se repitió a lo largo de todo el recital). Goerner ofreció una versión absolutamente visceral de un compositor que está entre sus preferidos y al que lo interpreta como pocos. Transitó cada una de esas composiciones reflejando todo lo que Chopin expuso en los pentagramas. Así de este modo se inició el triunfal recorrido del concierto.

 

  Tras la pausa, Goerner  retornó al escenario para ofrecer la poco frecuentada “Estampas” de Claude Debussy. Tres postales en música que describen tres escenas diferentes: “Pagodas”, inspirada en sonidos de Java (Indonesia) apreciados por el compositor durante la Exposición Universal de 1889 en Paris, en la que Goerner dio en el punto exacto, recreando la atmósfera exótica que esa música expresa.  “La Tarde en Granada” con todo el acento y gracejo español, tal como acontece en “Iberia” el otro gran trabajo del genial compositor francés y que el extraordinario pianista sampedrino plasmó de manera formidable, para cerrar con “Jardines bajo la lluvia” en donde Debussy plasma en música el ambiente de Normandía en verano y que Ntro. intérprete tradujo a la perfección.

 

  Y en el cierre, Isaac Albeniz, uno de los más grandes músicos españoles del siglo diecinueve con una de las pinturas más hermosas de su tierra: “Iberia”, de la que de sus doce números, Goerner tomó el cuarto y último cuaderno que la integra, compuesto por “Málaga”, evocación y pintura de esta región de Andalucía  que el intérprete la transcribió con toda sutileza. “Jerez”, la zona que no solo produce el célebre vino, sino que con sus paisajes y todo lo que enmarca a ese lugar llevó a producir a Albeniz una exquisita paleta sonora que el pianista expuso maravillosamente y cerrar con “Eritaña” evocación de las ventas de las afueras de Sevilla con su movimiento, ajetreo y bullicio que  el compositor plasmó gloriosamente en el pentagrama y que Goerner la ofreció con todos los detalles.   

 

     Si algo había quedado en el tintero, Nelson Goerner lo ofreció en sus bises. Un magnífico Intermezzo Op. 18 de Brahms , seguido de un muy sentido Estudio de Chopin y cerrando con la Rapsodia Húngara Nº 6 de Liszt en una versión electrizante que levantó al Colón entero y en la que el intérprete reafirmó con creces porque es uno de los más grandes pianistas Argentinos de la historia.

 

Donato Decina

 

 

 

 

UNA VERSION FORMIDABLE

 

Orquesta Sinfónica Juvenil Nacional “Libertador General San Martín”, Director Invitado: Pablo Boggiano. Solista: Ayako Tanaka (Soprano). Programa: Obras de Skoryk, Esteban Benzecry y Mahler. Centro Cultural Kirchner (Auditorio Nacional), 04 de Setiembre de 2022.

 

NUESTRA OPINION: EXCELENTE

 

  El pasado Domingo 4 se registró una nueva presentación de la Orquesta Sinfónica Juvenil Nacional “Libertador General San Martín” en el Auditorio Nacional del Centro Cultural Kirchner para abordar un programa muy exigente en el que el conjunto respondió con creces a la Dirección de Pablo Boggiano, quien como lo recordó al comienzo del concierto durante el comentario de las obras a interpretarse fue Asistente de Dirección de la Orquesta en sus comienzos profesionales. Como solista volvió a presentarse en Ntro. medio la soprano japonesa Ayako Tanaka, la que como podrán apreciar líneas más abajo alcanzó un rutilante desempeño.

 

  El concierto se inició con la interpretación de “Melodía para Orquesta” del compositor Ucraniano Myroslav Skoryk. El Mtro. Boggiano manifestó que la inclusión de esta obra (que revistó el carácter de primera audición latinoamericana) se debía a elevar su pensamiento hacia esa nación en la que llevó a cabo su labor durante trece años y en la que además se registró discográficamente la obra con la que continuaría el programa (Grabación que Ntro. programa de Streaming presentó en exclusiva en una espectacular emisión al aire el 4 de Julio de 2020).  Es una obra sencilla y absolutamente tonal. La melodía es muy melancólica y parece sugerir lejanía y la nostalgia por ese territorio, potenciada por la devastación que hoy la guerra ha producido. La orquesta respondió a la perfección y el público recibió de muy buen modo esta audición.

 

  Como expresé anteriormente, hizo su ingreso Ayako Tanaka para interpretar el Ciclo de Canciones de Esteban Benzecry, quien a mi entender es Ntro. Compositor más representativo en el mundo luego de Alberto Ginastera y Astor Piazzolla y que la dupla Tanaka-Boggiano ya las ofreciera en el año 2019 en el mismo auditorio pero en aquella ocasión con la Orquesta Sinfónica Nacional. Recordamos entonces que son cinco poemas los musicalizados con textos de Fernanda Caputi Monteverde, Alfonsina Storni, Ana Lía Bercaitz, Gabriela Mistral y que la última (“Altar de la Existencia”) es un texto Quechua traducido al castellano. Aquí impresionó muy gratamente la evolución vocal de Tanaka, con estupenda coloratura, un comienzo arduo pero muy seguro en una “Vocalise” a cappella que da paso a la intervención de la orquesta (lo que se repite en la última canción). Las intensidades, la potencia de la música y el énfasis en la interpretación de los textos por parte de la intérprete fueron dignas del mayor encomio al igual que la labor de la San Martín bajo la segura guía de Boggiano. La música reúne muchas melodías autóctonas y una pátina de corte oriental, casi un preanuncio del tratamiento musical que Esteban Benzecry le dio a posteriori a su monópera “Garasha” de la que Ayako Tanaka es dedicataria y que se estrenara con rotundo suceso durante 2020 en Kyoto (Japón).

 

  La segunda parte correspondió a una espectacular versión de la Cuarta Sinfonía de Gustav Mahler, en la que se aunaron la madurez interpretativa de Pablo Boggiano, adquirida justamente en estos años de permanente labor en Austria, con su consecuente consustanciación con este repertorio. La espectacular camada actual de instrumentístas que integran la “San Martín”, los que están absolutamente amalgamados brindando un sonido profundo y homogéneo. Comienzo impecable reflejando el paisaje campesino austríaco que inspira a esta sinfonía. Un muy buen Concertino abordando el difícil segundo movimiento con violín preparado.  Formidable “canto orquestal” en el tercero, constituyéndose en una de las mejores versiones del mismo que este cronista recuerde en casi 40 años de recorrer auditorios  y un final absolutamente “celestial” acorde al título de la canción que cierra la obra (“La Vida Celestial” correspondiente al ciclo de poemas “El Cuerno Mágico de la Juventud” de Armin y Brentano). Sumado a ello la muy eficaz intervención de Tanaka en la parte vocal, moviéndose con comodidad y expresando el texto de modo impecable. No sorprendió entonces la favorable reacción del público, casi inmediata con el final (no hubieran venido nada mal algunos segundos más de silencio) para saludar este estupendo trabajo que entregó este formidable conductor argentino, el que al igual que no menos de otros cinco colegas suyos de idéntica situación de residencia y trabajo en el exterior merecen ser incluidos en las programaciones  de la sala principal del Colón y no solo ser convocados para presentaciones fuera de sede. A esta altura tanto Boggiano como sus colegas no necesitan demostrar nada más.

 

Donato Decina

sábado, 3 de septiembre de 2022

 

Orquesta de Cámara al día…

                                                                                        Por Jaime Torres Gómez

 

Nutrida ha estado la actividad de la Orquesta de Cámara de Chile en todo el primer semestre e inicio del segundo, y enmarcada en su histórico perfil itinerante.

 

Si bien fue de las últimas agrupaciones en insertarse tras la reapertura de las presentaciones con público en pandemia, hoy está en normalidad de actividades y con una atractiva parrilla programática. Sin embargo, sus presentaciones se han alterado ante la inutilización de su sede del ex Teatro California, en Ñuñoa, debido a refacciones que han demorado más tiempo de lo previsto, esperándose un pronto y necesario retorno, conforme sus excelentes condiciones acústicas. Mientras tanto, el ciento por ciento de las presentaciones se han realizado en iglesias y auditorios de diversas comunas de Santiago y regiones.      

 

Cabe señalar que, felizmente, la línea editorial de la OCCH no ha sido sacrificada, no cayendo en errados criterios de “captación de audiencias”, contemplando, en más de la mitad de los programas, obras de compositores nacionales, como propuestas de obras raras veces difundidas localmente (incluyendo estrenos), y no descuidando el repertorio tradicional muy querido por transversales públicos.   

 

Ha sido posible estar presente en la mayoría de las presentaciones de lo que corre el año -con debida cobertura crítica-, siendo menester ofrecer una “puesta al día” de las últimas presentaciones del primer semestre, incluyendo parte de agosto.

 

El primero de los programas “pendientes…”, correspondió al regreso a la OCCH del excelente y carismático maestro argentino Carlos Vieu. Presenciado en la Iglesia Nuestra Señora del Carmen en Ñuñoa, incluyó un repertorio clásico-romántico y muy ad-hoc a la sensibilidad de la batuta trasandina.

 

Comenzó con una idiomática versión de la Obertura de la ópera La Italiana en Argel de G. Rossini, constituyendo cierta novedad que la OCCH abordara una pieza rossiniana… Con reposados tempi (quizás para acomodar el sonido y brindar debida transparencia ante la fuerte reverberancia), el espíritu rossiniano (crescendos y vivaces diálogos instrumentales) tuvo cabal omnipresencia.

 

Posteriormente, una notable versión de la Serenata para Cuerdas de E. Elgar. Con elocuencia discursiva, hubo enjundiosa exposición de las líneas melódicas más excelentes contrastes, balances y transparencias.

 

Como colofón, una importante entrega de la Cuarta Sinfonía de L.V. Beethoven, encontrando al maestro Vieu a sus anchas. Empáticos tempi, completa claridad (y cantabilidad) de voces, calibradas matizaciones más notables progresiones expresivas a lo largo de esta contrastada sinfonía beethoveniana. Otro triunfo a las reconocidas contribuciones de Carlos Vieu en Chile…        

 

A las dos semanas siguientes, otro destacado director argentino fungió de invitado con la OCCH, tratándose del joven maestro Christian Baldini. Después de algunos años, Baldini (1978), residente en Estados Unidos y titular de dos orquestas allí, retornó a esta agrupación. Con una importante trayectoria, sus credenciales tuvieron pleno correlato con los resultados exhibidos, dando cuenta de una sólida formación iniciada con el recordadísimo maestro Guillermo Scarabino (de importantes aportes en Chile), y perfeccionada en Estados Unidos.

 

Presenciado en la Iglesia Nuestra Señora del Rosario y nuevamente apoyado por la Corporación Cultural de Las Condes, consultó un contrastado programa de obras clásicas junto a una pieza del destacado compositor nacional Miguel Farías (1983). Iniciándose con “Un Súspiro” de este último, se trata de una obra de notable factura compuesta en 2007 y estrenada por la misma OCCH, disponiendo de un escrupuloso tratamiento del color, timbre y ritmo, amén de una bestial exigencia a todo el orgánico instrumental, de por sí atípico. Comprometido trabajo de Baldini, obteniendo una bien ensamblada respuesta de los camaristas.

 

Seguidamente, con radical giro estético, una secuencia de arias de óperas mozartianas, contando con la prestigiosa soprano nacional Claudia Pereira. Con ajustada vocalidad y consumada musicalidad, la magnífica cantante deslumbró en las arias “Giunse alfin il momento- Deh vieni, non tardar” (Susanna, en Bodas de Figaro), “Batti, batti, o bel Masetto” y “Vedrai, cariño” (ambas de Zerlina, en Don Giovanni), y “Una donna a quindiei anni” (Despina, en Cosí fan tutte). Notable complemento de Baldini, y totalmente consubstanciado con la formidable solista.

  

Con una importante versión de la Sinfonía N° 103 “El Redoble del Tambor” de F.J. Haydn finalizó el reencuentro de Christian Baldini con la OCCH. Prolijo trabajo en texturas, balances y matices. Gran labor del solista en timbal Miguel Zárate, más descollantes otros rendimientos solísticos y de conjunto. Y sólo esperar un regreso de Baldini a la OCCH como a otras agrupaciones nacionales.

 

Continuando con la temporada de la OCCH, el siguiente programa se realizó en el Teatro de la Corporación Cultural de Carabineros, constituyendo su reapertura al público desde el inicio de la pandemia. Sólidamente dirigido por David Navarro, maestro chileno radicado en Bélgica y con anteriores colaboraciones con los camaristas nacionales, consultó otra vez obras clásicas junto a una nacional. Cabe señalar lo oportuno de volver a contar con el Teatro de Carabineros, ante la escasez de salas en Santiago, y especialmente ahora, mientras no concluyan las refacciones del ex Teatro California, sede la de OCCH. 

 

Iniciando con una transparente versión de la Obertura de la ópera Don Giovanni de W.A, Mozart, pudo calibrarse la excelente formación musical de Navarro más su liderazgo de conducción, obteniendo ajustada respuesta de los músicos.

 

Luego, del destacado compositor chileno Aliosha Solovera, se ofreció “Tramas Discontinuas”, obra de magnífica factura (acabado tratamiento de colores, rítmica y planos sonoros) e interesante inmanencia discursiva. Comprometido trabajo de Navarro más una entusiasta respuesta de los camaristas.        

 

Finalizó con una notable versión de la Séptima Sinfonía de L.V. Beethoven, obra muy ofrecida localmente, aunque siempre bienvenida... No obstante su alta recurrencia, siempre es un desafío para cualquier orquesta, amén de una inmejorable plataforma para calibrar las capacidades de los directores. Con admirable visión unitaria, hubo excelentes exposiciones de las líneas melódicas más un escrupuloso trabajo en diferenciaciones de planos sonoros y acentos. Con estos logros, sería oportuno conocer de otras colaboraciones del maestro Navarro con orquestas nacionales que aún no han contado con su presencia…

viernes, 2 de septiembre de 2022

 

Donizetti: Viva la Mamma

Teatro 25 de mayo – 01/09/2022

 Le convenienze ed inconvenienze teatrali, es el título original de esta opera buffa, inicialmente compuesta en un acto, que Donizetti escribió para su “Serata a beneficio”, con libreto de Domenico Gilardoni. Estrenada en el Teatro Nuovo di Napoli, el 21 de noviembre de 1827 está inspirada en una pieza con ese mismo título de Antonio Simone Sografi (1795-1818).

Más tarde, en 1831, Donizetti amplía la obra a dos actos, con parte de música propia original, y temas tomados de otros compositores, como por ejemplo el aria de Desdemona, del Otello de Rossini “ Assisa al pie d’un salice”. La presenta en Milán, en el Teatro de la Cannobiana, en 1831.

En 1963 se exhuma en el Teatro dei Rinnovati de Siena una versión revisada por Vito Frazzi en base al manuscrito autógrafo de Donizetti, y sobre esta revisión, nace una adaptación que el director cinematográfico Helmut Käutner  da a conocer en Munich en 1969 bajo el título de “Viva la mamma” . De esta manera nace “Viva la mamma”, título que jamás pensó Donizetti.

 Esta farsa lírica que satiriza con gran sentido del humor el mundo de cantantes, músicos y empresarios no era ajena a Donizetti, quien vivía, en cierto modo, en carne propia las circunstancias que el argumento relata y que por cierto, no dejan de tener actualidad.

Ciertamente, no fue Donizetti el primero ni el último en abordar el tema del mundo del teatro. Lo hicieron anteriormente, Pergolesi con “Il maestro di música”; Mozart con “Der Schauspieldirektor; Cimarosa con “L’impresario en angustie”, e “Il Maestro di Capella”; Fioravanti con “I cantatrice villani” y más adelante, Richard Strauss con su “Ariadna en Naxos”.

“Viva la mamma” es una crítica a los excesos y tiranía de los divos, sus mezquindades, envidias y luchas de poder; una parodia sobre las jerarquías en el seno de las producciones operísticas, con los creadores -compositor y libretista- subordinados a los caprichos de los cantantes, disposiciones de los empresarios y arbitrariedades del público.

La versión que la Opera de Cámara del Teatro Colon ofreció en el Teatro 25 de mayo fue excelente. Una gran labor de todo el conjunto de intérpretes.

Descollante trabajo de Victor Torres, como Mamma Agata, con un estupendo desempeño vocal y actoral; sin desbordes ni exageraciones, hilarante, divertidísimo y sobrio a la vez, interpretando un personaje travestido con el que sería muy fácil caer en el ridículo o en lo chabacano si no se es un artista experimentado como Torres.

Igualmente estupendo Luis Gaeta, quien demostró una vez más sus cualidades histriónicas en el rol de Briscoma, el músico.

También, en el mismo sentido que Torres y Gaeta, Gustavo Gibert, en el rol del poeta, fue parte de este trio de estupendos artistas quienes con su experiencia, fueron el pilar del éxito de este Viva la mamma.

Marina Silva cantó con solidez el rol de Daria, la prima donna. Muy bien interpretada el aria “E puoi goder tiranno”,  donde desplegó estupendamente sus cualidades vocales.

Alejandro Spies protagonizó el rol de Procolo, (el marido de la prima donna), con solvencia y eficacia. Ivan Meyer como Guglielmo (el tenor), cumplió un rol muy decoroso.

Hay muchas versiones de Viva la mamma, y algunas incluyen números musicales que otras no ofrecen, y son reemplazadas como en este caso, por números musicales de otras operas que no pertenecen a Donizetti. En esta versión no aparecen las arias de Procolo y  de Ligia, que fueron escuchadas en el 2002 en la versión ofrecida por La Casa de la Opera, en el Teatro Margarita Xirgu. En cambio se introdujo “In fernem land”, del Lohengrin de Wagner interpretada por Ivan Meyer,  y el dúo “Mira o Norma”, de Norma de Bellini interpretada por Florencia Bugardt y Estefania Cap.

Muy buena dirección orquestal del Maestro Javier Mas.

La puesta de Pablo Maritano fue muy inteligente y sobria potenciando la actuación de cada personaje, donde sobresale el humor sin dar golpes bajos.

En síntesis, una gratificante y divertidísima versión de “Viva la Mamma”

Roberto Falcone