domingo, 5 de octubre de 2025

 


Lila Salzano-Carlos Guastavino. Dupla perfecta para brillar en el Salón Dorado del Teatro Colón. Fotografía de la autora del presente comentario.


Impactante recital de Lilia Salsano en el Salón Dorado del Teatro Colón


AL RESCATE DE LA OBRA DEL GRAN MAESTRO


SANTAFESINO


Martha CORA ELISEHT


Uno de los compositores nacionales más prolíficos dentro del ámbito de la

música académica como del folklore fue Carlos Guastavino (1912-2000). Nacido en

Santa Fe en 1912, se crío dentro de un ambiente musical, pese a que no había músicos

profesionales en su familia. Estudió piano con Esperanza Lothinger durante su infancia

en su ciudad natal, y, luego de finalizar el bachillerato, estudió Ciencias Exactas en la

Universidad Nacional del Litoral. Tras abandonar los estudios de Ingeniería Química en

1937, toma contacto con Héctor Ruiz Díaz para dedicarse de lleno a la música y obtuvo

una beca para proseguir sus estudios en Buenos Aires bajo la tutela de Athos Palma,

quien le enseñó armonía, composición y contrapunto. Allí comienza su carrera como

pianista y compositor, donde se hizo famoso por la calidad y variedad de sus obras. Su

estilo se caracteriza por insertar melodías folklóricas y danzas populares argentinas con

elementos del impresionismo y expresionismo europeos, siendo un maestro en el arte de

la fuga.

A pesar de haber compuesto numerosas piezas para piano, sólo tres intérpretes

han grabado su obra integral para dicho instrumento: Dora De Martini (Grupo

Mendoza), el inglés Martin Jones y Lilia Salsano, quien no sólo se ha transformado en

la gran difusora de sus composiciones realizando giras por todo el país (Herencia

Guastavino), sino que presentó la obra integral para piano en CD físico el pasado

sábado 4 del corriente en un recital que tuvo lugar en el Salón Dorado del Teatro Colón,

donde se ofreció el siguiente programa:

- Bailecito (1937)

- Danza de las Tres sonatinas sobre ritmos de la manera popular argentina

(1949)

- Romance de Cuyo: “La Zamacueca” (1953)

- Presencia n°1 (“Lodouvina”) (1960)

- Presencia n°5 (“Horacio Lavalle”) (1962)

- Diez preludios sobre melodías infantiles populares argentinas: (1952)

- N°8: “Un domingo de mañana”

- N°9: “La Torre en Guardia”

- N°10: “En coche va la niña”

- Sonata para piano en Do sostenido menor (1947)

- Cantilena n°3: “Jacarandá” (1953)

- “Las Niñas” (1948)

- “Gato” (1937)


Ante la ausencia de programas de mano, la pianista se dirigió al público provista

de un micrófono para anunciar las diferentes partes del recital y dar una breve reseña

sobre las mismas. Asimismo, agradeció a la ingeniera de sonido Fabiola Russo -que

participó del CD- antes de comenzar con el celebérrimo Bailecito, compuesto en 1937 y

que forma parte del repertorio de todo pianista argentino, a punto tal que suele ofrecerse

como bis en salas de conciertos y/o recitales. En este caso, sonó muy preciso y brillante

desde los primeros compases hasta el final. Siguió con la Danza de la Tercera sonatina

sobre ritmos a la manera popular argentina, compuesta durante la estancia del

compositor en Londres en 1949. Se trata de un Allegro scherzando in tempo di malambo

con ribetes de chamamé hacia el final, que fue interpretado de manera exquisita y

sublime, con un perfecto dominio en arabescos, cadencias y elementos de técnica

pianística. Lo mismo sucedió con Romance de Cuyo – compuesta en ritmo de

zamacueca en 1953-, donde Salsano demostró ser una profunda conocedora de la obra

merced a la resolución de la colosal cadencia de arpegios, glissandi y arabescos que se

dan tanto al inicio como al final de la obra.

A continuación, se interpretaron dos de las denominadas Presencias (retratos

musicales compuestos entre 1960 y 1962 sobre personajes imaginarios), donde el

compositor permite que el oyente se imagine las características de los personajes a

través de la música. Quien escribe describe a Lodouvina como una joven jovial, alegre y

romántica que sueña en busca del amor ideal, mientras se imagina a Horacio Lavalle

como un porteño -el mismo Guastavino lo describió como tal- preocupado y sumergido

en sus cavilaciones, pero que se da una pausa y un espacio para reflexionar. La melodía

en tono menor con ribetes impresionistas en las cadencias constituye la mencionada

descripción del personaje.

Seguidamente, se interpretaron tres de los Diez preludios sobre temas populares

infantiles, compuestos en 1952: Un domingo de mañana, La Torre y En coche va la

niña. Mientras el primero es una fuga a tres voces basado en el tema “Estaba la

Catalina”, el segundo es una versión libre sobre “La Torre en Guardia”. Ambas piezas

fueron ejecutadas de manera impecable y magistral, si se tiene en cuenta los numerosos

contrapuntos en la segunda. La última, en cambio, es una melodía fresca, con una

cadencia que posee numerosos glissandi in crescendo que desembocan en un final

abrupto y grandilocuente. Lilia Salsano demostró un perfecto dominio de técnica,

variaciones y fuga sobre el tema principal en los tres preludios y su interpretación fue

brillante, lo que se reflejó en los aplausos por parte del público.

La Sonata para piano en Do sostenido menor data de 1947 y es una de las obras

más hermosas y emblemáticas de este gran compositor. A pesar de su breve duración -

15 minutos-, posee 4 movimientos que se ejecutan de forma attaca (sin interrupción):

Allegretto íntimo/ Scherzo: molto vivace/ Recitativo: lento y Fuga y final: allegro. El

primer movimiento incluye dos temas: el primero, en la tonalidad inicial, mucho más

rítmico, mientras que el segundo es mucho más romántico y lírico. Como en toda la

obra de Guastavino, los temas folklóricos locales se entrelazan con un estilo europeo de

gran finura y delicadeza. El scherzo es un molto vivace in tempo di malambo precio y

contundente, con pasajes de extrema dificultad técnica, que luego pasa a un glissandi

para, posteriormente, retomar la melodía inicial. El recitativo (lento) es de gran belleza

melódica, que asienta sobre una serie de acordes desarrollados mediante una sucesión


de arpegios en tono menor que le brindan un tono netamente dramático, mientras que el

movimiento final se basa sobre un tema popular riojano (“Viniendo de Chilecito”) que

se desarrolla mediante una serie de fugas sucesivas y yuxtaposición de una fuga sobre

otra hasta desembocar en el tema principal del 1° movimiento, otorgándole un carácter

cíclico y un final impetuoso. La interpretación fue magistral y representó el punto más

alto del recital, donde la pianista se retiró sumamente aplaudida.

La Cantilena n°3 “Jacarandá” forma parte de las Diez Cantilenas Argentinas

compuestas entre 1953 a 1958 y describe la explosión de flores celestes de dicho árbol

mediante un cantábile ricamente elaborado con ribetes impresionistas y una sucesión de

glissandi in crescendo. Seguidamente, se interpretó Las Niñas (1953), concebida

originalmente para dos pianos en homenaje a las hermanas Cavallini, quienes eran

prestigiosas pianistas. Posteriormente, Guastavino realiza una transcripción para un solo

piano, que es la que se escuchó en el presente recital. Una vez más, Lilia Salsano volvió

a deslumbrar con su magistral interpretación para culminar el recital con una de sus

obras más célebres: el Gato (1937), donde se ofrece una versión académica de este

tradicional ritmo folklórico. Un final de fuste, que se vio coronado por numerosos

aplausos y vítores, motivo por el cual la pianista santafesina ofreció un bis: FERMINA,

que también forma parte de las Presencias y es un auténtico caballito de batalla no sólo

de la intérprete, sino también una marca registrada del compositor.

No sólo ha sido un placer volver a escuchar a esta gran intérprete santafesina,

sino también, poder apreciar parte de la obra integral para piano de Guastavino

cristalizada en tres CD físicos por una intérprete nacional nada más ni nada menos que

en un ámbito como el del Salón Dorado. Un orgullo nacional y una brillante iniciativa

por parte de las autoridades del Colón de brindar homenaje a un compositor nacional.

 

NOCHE DE GRATAS SORPRESAS

 

Dirección Nacional de Elencos Estables, temporada 2025. Presentación de la Orquesta Sinfónica Nacional, Dirección: Carlos David Jaimes. Solista: Claudio Santoro (Piano) Programa: Obras de Flügelman, Beethoven y Tchaickovsky. Palacio Libertad, Auditorio Nacional, 03 de Octubre de 2025.

 

NUESTRA OPINION: MUY BUENO

 

  Una nueva presentación de la Orquesta Sinfónica Nacional tuvo lugar el pasado Viernes 3 en el Auditorio Nacional, en esta oportunidad bajo la dirección de Carlos David Jaimes, actual titular de la Banda Sinfónica de la Ciudad de Buenos Aires. El programa tuvo condimentos sumamente interesantes y el resultado final fue de muy buena factura, lo que el público refrendo con sostenidos aplausos para cada obra interpretada.

 

  El inicio del concierto tuvo lugar con el estreno local de la Sonatina para Orquesta de Máximo Flügelman, compositor argentino residente en Estados Unidos desde hace muchísimos años y que también por mucho tiempo colaborara con notas sobre música escritas desde allí para el matutino Ambito Financiero durante la etapa en la que se hallaba al frente su fundador, Julio Ramos.  Se trata de una composición en tres movimientos con predominio de la tonalidad, inteligentemente orquestada, con momentos en los que se distingue mucha influencia de compositores del país del norte. La versión escuchada tuvo equilibrio, justeza y, fundamentalmente, un gran ajuste, característica que se evidenciaría a lo largo de todo el concierto con total distinción del sonido de todas las familias de instrumentos. Flügelman, presente en la sala, fue invitado a subir al escenario. Dos llamadas del público con sus aplausos fueron muestra elocuente de la aceptación del trabajo.

 

  Con la participación del pianista Claudio Santoro, el concierto continuó con una muy buena versión del Concierto para Piano y Orquesta número 2 de Beethoven.  Hubo una total comunión solista-orquesta-director para lograr este resultado. Santoro con una interpretación meticulosa, que alcanzó su climax en el segundo movimiento, plasmó una versión de fuste, con exquisito sonido y técnica impecable, alcanzando pasajes de verdadera excelencia junto a un gran acompañamiento de Jaimes junto a la Orquesta. Ese pleno entendimiento hizo que el movimiento final fuera percibido pleno de energía y esplendor, redondeando todos una  memorable faena. Una vez más los aplausos se tradujeron en varios llamados a saludar para que Santoro respondiera con un Chopin de exquisita factura que llegó pleno al corazón de los presentes.

 

  La parte final estuvo  reservada a la Sinfonía Nº 5, op.64 de Tchaickovsky, célebre por su segundo movimiento y por las reiteradas citas al tema del destino. Jaimes fue construyendo con meticulosidad una versión sumamente sólida, obteniendo de todos los sectores impecables respuestas. Hubo muy buen empaste, colorido orquestal y un sonido muy bien trabajado. Gran labor del solista de corno en el célebre solo que inicia el segundo movimiento y una muy firme y marcial coda de cierre, a la que el público respondió categóricamente con una gran ovación.

 

  Luchador incansable y muy buen interprete, Carlos David Jaimes  obtiene en este concierto un logro importante para su carrera.

   

 

Donato Decina

 


Ciro Mansilla y Ayelen Sanchez deslumbrando en el escenario del Colón. Créditos: Prensa Teatro Colón, fotografía de Carlos Villamayor.


Muy buena versión de “ONEGUIN” a cargo del Ballet Estable del Colón


CUANDO SE SUFRE REALMENTE POR AMOR


Martha CORA ELISEHT


Basado en la ópera homónima de Piotr I. Tchaikovsky (1840-1893) sobre la

novela de Alexander Pushkin (1799-1837), ONEGUIN es uno de los grandes clásicos

del ballet y representa un drama de la vida real: el enamorarse de la persona que sólo

piensa en sí misma, el rechazo y el sufrimiento por un amor no correspondido. Pero el

egoísmo y la arrogancia del protagonista pagan un precio muy alto: cargar con la eterna

culpa por el asesinato de su mejor amigo al retarlo a duelo, a lo cual, se suman el

rechazo y desprecio por parte de la mujer que realmente ama y a quien le pagó con la

misma moneda en su juventud. Ésta es la trama original de la novela de Pushkin -

EUGÈNE ONEGUIN-, escrita originalmente en verso entre 1823 y 1831. Tchaikovsky

compuso su ópera luego de la muerte del poeta en un duelo con el mariscal francés

George D’Anthés en 1837, con libreto de su hermano Modest y Konstantin Shilovski.

Muchos años después, el coreógrafo sudafricano John Cranko (1927-1973) decidió

crear este ballet con música de Tchaikovsky en 1965 mientras se desempeñaba como

director del Ballet de Stuttgart, pero con una particularidad: no utilizó ninguno de los

temas de la ópera, sino una serie de melodías del compositor seleccionadas y

orquestadas por Kurt Heinz- Stolze. Posteriormente, Cranko realizó una revisión de su

obra en 1967 y es la que se representa actualmente.

Dentro de los festejos correspondientes al centenario de los Cuerpos Estables del

Teatro Colón, el director del Ballet Estable -Julio Bocca- decidió incorporar este clásico

en la presente temporada, cuyas representaciones tendrán lugar entre los días 3 al 14 del

corriente con la siguiente ficha técnica: supervisión coreográfica de Reid Anderson-

Gräfe; reposición coreográfica de Agneta y Víctor Valcu; escenografía de Pier- Luigi

Samaritani; vestuario de Roberta Guidi Di Bagno, iluminación de Rubén Conde y

casting de Reid Anderson- Gräfe y Marcia Haydée. Participa la Orquesta Estable bajo la

dirección de Ermanno Florio.

Esta cronista tuvo la oportunidad de asistir a la función de Abono Nocturno

ofrecida el pasado viernes 3 del corriente, con el siguiente reparto: Ciro Mansilla

(Oneguin), Ayelén Sánchez (Tatiana), Stephanie Kessel (Olga), Facundo Luqui

(Lenski), Eliana Figueroa (Espejo), Julieta Lerda (Tatiana- libro), Maricel Di Mitri

(Nodriza), Natacha Bernabei (Madame Larina) y David Juárez Vizgarra (Príncipe

Gremin).

El estreno local de ONEGUIN se produjo sobre el escenario del Colón en 1979 a

cargo del Ballet de Stuttgart dirigido por Marcia Haydée, con la participación de

Richard Cragun y ella misma en los roles protagónicos, alternando junto con Birgit Keil

y Vladimir Klos. Posteriormente, el Ballet Estable del Colón lo incorpora a su repertorio

en 1994 interpretado por Silvia Bazilis y Raúl Candal en los roles protagónicos,

acompañados por Maricel Di Mitri como Olga e Iñaki Urlezaga como Lenski.


Precisamente, fue el ballet elegido para la despedida de Bazilis y Candal sobre el

escenario del Colón y luego, interpretado por estrellas de la talla de Alessandra Ferri,

Maximiliano Guerra, Marianela Núñez y tantos otros. La última representación sobre el

escenario del Colón fue en 2022, con la participación de Elisa Badenes y Martí Paixá -

primeros bailarines del Ballet de Stuttgart- bajo la dirección de Mario Galizzi y Tara

Simoncic al frente de la Filarmónica de Buenos Aires,


La escenografía de Pier- Luigi Samaritani y el imponente vestuario

diseñado por Guidi di Bagno para las escenas en la casa de campo de Madame Larina -

madre de Olga y Tatiana- y en el palacio del Príncipe Gremin brindaron el marco ideal

para el desarrollo de la trama. Mientras casi todos los personajes principales realizan

cambios de vestimenta, el único que permanece inalterable es el protagonista -ataviado

con traje negro desde el principio hasta el final, demostrando su carácter de aristócrata

arrogante, despectivo y hedonista-. Los cambios de escena se lograron mediante telones

negros y efectos de iluminación. El mayor logro radicó en los reflejos en el espejo del

1° acto, donde aparece la imagen de Tatiana antes de quedarse dormida soñando con el

hombre que ama (escena de la carta). Todo es brillo y luminosidad en las primeras

escenas de cada uno de los tres actos y oscuridad y penumbra en las segundas

(habitación y sueño de Tatiana, duelo entre Oneguin y Lenski y escena final), logrando

una perfecta puesta en escena.

El Ballet Estable tuvo una muy buena coordinación, plasticidad y elegancia de

movimientos en las principales escenas de conjunto (gopak del 1° Acto, vals y mazurka

del 2° y la polonesa del 3°). Eliana Figueroa brindó una excelente imagen en espejo de

Tatiana junto a Ayelén Sánchez, mientras que Maricel Di Mitri y Natacha Bernabei

encarnaron correctamente a la nodriza y Madame Larina respectivamente (Una muy

buena oportunidad y un acierto por parte de Julio Bocca de ofrecer este tipo de roles a

grandes estrellas que supieron brillar sobre el escenario del Colón). Por su parte, David

Juárez Bizgarra se destacó como el Príncipe Gremin con seguridad y firmeza en las

escenas de conjunto del 2° Acto y en el pas de deux junto a Ayelén Sánchez en el 3°.

Independientemente de la pareja protagónica, la dupla formada por Stephanie Kessel y

Facundo Luqui tuvo una destacadísima actuación. Ella brilló como Olga: fresca,

espontánea, coqueta y despreocupada en los pas de deux junto a su novio Lenski en el 1°

acto y junto a Oneguin en el 2°. Independientemente de su impecable técnica, se destacó

como bailarina- actriz en las escenas dramáticas, llorando desesperadamente la muerte

de su amado tras haberse batido a duelo. Y él se destacó desde su presentación,

logrando elegancia y plasticidad de movimientos en sus solos. A pesar de un ligero

traspié en el solo previo a la escena del duelo, fue subsanado inmediatamente y tuvo un

gran despliegue de movimientos, luciéndose en los giros y piruetas.

Con respecto de la pareja protagónica, ha sido un acierto convocar al argentino

Ciro Mansilla- primer bailarín del Ballet de Stuttgart- para encarnar el rol protagónico.

Posee el physique du rôle ideal para interpretar este personaje, pero, además, una

notoria plasticidad, técnica y expresividad. Puso de manifiesto sus dotes histriónicas al

servicio del personaje y lo demostró con creces sobre el escenario del Colón; sobre

todo, en la escena de la carta y sueño de Tatiana, donde aparece Oneguin tras el espejo

y le declara su amor. Sus sisonées, developées y fouettes fueron ejecutadas con

impecable técnica. Esta coordinación de movimientos es similar en la escena final


(escena del boudoir), donde un arrepentido Oneguin suplica e implora

desconsoladamente por el amor de Tatiana, pero ella lo rechaza, dada su condición de

mujer casada. Ayelén Sánchez se consolidó una vez más como étoile asumiendo este

fascinante rol, luciéndose en los developées, sostenues y fouettes y experimentando la

metamorfosis de su personaje desde el punto de vista histriónico, De ser una joven

campesina ingenua y romántica despechada, pasó a ser una mujer amada y poderosa,

quien posee la fortaleza suficiente para rechazar al hombre que ama. Al terminar la

función, el público los ovacionó junto al resto del elenco y tuvieron que salir varias

veces a saludar. Ermanno Florio demostró su maestría al frente de la Orquesta Estable,

logrando un muy buen sonido y desempeño acorde a los tiempos de los bailarines.

A pesar de que los programas de mano del Colón poseen muchos más datos

sobre la producción, curriculum vitae de las principales figuras invitadas e historia de

las representaciones, siguen adoleciendo del reparto -reducido simplemente a un código

QR- pero en esta ocasión, sucedió algo mucho más grave: omitieron colocar el

argumento de la obra. Algo totalmente incomprensible para quien asiste por primera vez

a ver un espectáculo coreográfico a menos que haya alguien que conozca la obra y le

explique de qué se trata, lo que representa una total falta de respeto hacia el público. A

diferencia de la ópera, el ballet es expresión corporal y carece de subtitulado electrónico

como para poder seguirlo. Dicho sea de paso, ¿cuánto hace que EUGÈNE ONEGUIN

no se representa sobre el escenario del Colón?... Desde 1997, para ser más exactos.

Sería muy bueno poder volver a apreciar este gran clásico emblemático de la ópera rusa

sobre el escenario de un teatro lírico por definición.

jueves, 2 de octubre de 2025

 

Final de función de "Il Trovatore" de Giuseppe Verdi con todo el elenco aplaudido por el público que se dio cita en el Teatro Asturias. Fotografía suministrada por Valquiria Compañía.


Impresionante versión de “IL TROVATORE” en la Sala Alejandro Casona


UNA PRODUCCIÓN DIGNA DE JUGAR EN LAS GRANDES


LIGAS


Martha CORA ELISEHT


Situada en el Centro Asturiano de Buenos Aires, la Sala Alejandro Casona del

teatro ASTURIAS se ha transformado en un nuevo espacio para producciones de ópera

independiente. Una apreció en dicha sala la versión de DON GIOVANNI con puesta en

escena de Boris Laures hace algunos años atrás y una muy buena producción de LA

FLAUTA MÁGICA organizada por MÚSICA EN ESCENA durante el transcurso del

corriente año. Precisamente sobre este mismo escenario, el pasado domingo 28 del

corriente tuvo lugar la primera de dos representaciones organizadas por VALQUIRIA

COMPAÑÍA de un gran clásico de Giuseppe Verdi (1813-1901): IL TROVATORE, que

contó con la presente ficha técnica: dirección escénica de Facundo Nahuel Aguilar;

asistencia de dirección escénica y caracterización de Cecilia Castellano; dirección

musical interna y preparación de coro a cargo de Fernando Angulo y preparación al

piano de Constanza López. Participaron el Coro y Orquesta de la compañía bajo la

dirección musical de Germán Zacoro Nielsen.

El elenco estuvo integrado por los siguientes cantantes: Lucas Arrieta (Manrico),

Sofía Godoy (Leonora), Omar Carrión (Conde de Luna), Ericka Cussy (Azucena),

Luciano Straguzzi (Ferrando), Claudia Drescher (Inez) y Maximiliano Figueroa (Ruiz).

Estrenada en 1853 en el Teatro Apollo de Roma, IL TROVATORE forma parte de

la trilogía más popular compuesta por Verdi a mediados de su carrera junto con

RIGOLETTO y LA TRAVIATA y también, de la tetralogía verdiana ambientada en

España con ERNANI, LA FORZA DEL DESTINO y DON CARLO. A su vez, el libreto

de Salvatore Cammarano (1801-1852) se basó en la obra homónima de Antonio García

Gutiérrez sobre un hecho histórico: la revuelta del Conde Jaime de Urgel en junio de

1413 contra el rey Fernando I de Aragón por el desacuerdo del Compromiso de Caspe,

cuando el rey Martín I de Aragón muere sin dejar herederos. De ahí que la trama de esta

ópera se desarrolla entre Vizcaya y Aragón a principios del siglo XV.

Lamentablemente, Cammarano falleció en 1852 poco después de concluir el libreto,

motivo por lo cual, Verdi recurrió a uno de sus colaboradores - Leone Emanuele

Bardare-, quien añadió el cantábile del Conde de Luna (“Il balen del suo soriso”) y el

de Leonora (“D’amor sull’ali rose”) y cambió la métrica de la canción de Azucena

(“Stride la vampa”). El éxito fue rotundo desde su estreno y se transformó en una de las

óperas más representadas del repertorio verdiano por la belleza de sus melodías, que

contrarresta la dificultad de exigir cinco voces de gran calidad.

Si bien la presente producción careció de escenografía, contó con un magnífico

vestuario de época y una perfecta caracterización de los personajes, tanto en los roles

principales como el coro (soldados, gitanos y monjas en la escena del convento en el 2°

acto). También se aprovechó el balcón del 1° piso de la sala para ubicar al coro fuera de


escena en el Miserere del 4° acto, lo que fue un gran acierto. La preparación a cargo de

Fernando Angulo y Constanza López fue muy buena, al igual que el desempeño de

Germán Zacoro Nielsen al frente de la orquesta de la compañía, integrada por músicos

muy jóvenes pero que sonó auténticamente verdiana y fue una agradable sorpresa para

deleite de los oídos de quien escribe. El coro tuvo muy buenas intervenciones en el

Coro de los Gitanos del 2° acto y en las escenas donde participa. Tanto Maximiliano

Figueroa como Claudia Drescher interpretaron muy correctamente los roles de Ruiz e

Inez respectivamente y sucedió lo mismo con Luciano Straguzzi como Ferrando. Pese a

que el bajo no tiene tantas intervenciones como los cuatro roles principales, se necesita

una voz rotunda para este rol y cumplió su papel de manera contundente.

Los intérpretes que estuvieron a su cargo los roles principales fueron de una

extraordinaria calidad, dignos de un gran teatro lírico como el Colón o el Argentino de

La Plata. Tal fue el caso de Omar Carrión como el Conde de Luna, donde brilló en todas

y cada una de sus intervenciones desde el inicio hasta el final. El barítono es un

conocido intérprete de este rol y se lució como tal, al igual que la mezzosoprano Ericka

Cussy como la gitana Azucena. Posee una hermosa voz, rica en matices dramáticos, con

buena línea de canto, legato y perfecto dominio de trinos en la célebre Stride la vampa,

pero se lució como actriz en el duetto del 2° acto con Manrico (“Condotta ell’era in

ceppi”) donde su interpretación dramática fue excepcional. Por su parte, Sofía Godoy

brindó una excelente Leonora mediante sus recursos vocales e histriónicos. Es notable

el crecimiento profesional de la soprano desde su salto a la fama como finalista del

Concurso CLARA el año pasado hasta el presente. En este caso, sobresalió en todas sus

arias (“Tacea la notte placida”; “Di tale amor, che dirsi”; “D’amor sull’ali rose” y

“Tu vedrai che amore in terra”) y en los dúos con Manrico y el Conde. Y Lucas Arrieta

brilló como Manrico merced a sus recursos vocales e histriónicos desde su presentación,

cuando canta fuera de escena (“Deserto sulla terra”), continuando con el trío del 1°

acto (“Qual voce!... Ah, dalle tenebre”), el duetto con Azucena (“Mal reggendo al

aspro assalto”) y la celebérrima “Di quella pira”, donde fue ovacionado. Al finalizar la

función, todo el elenco recibió un sinfín de aplausos y vítores.

Independientemente de que le guste el fútbol a esta cronista, la paráfrasis

deportiva a la que alude el título de esta nota resulta muy apropiada para describir esta

magnífica producción de ópera independiente. Es una lástima que sólo se ofrezcan dos

funciones de este gran clásico de Verdi, porque se trata de un espectáculo digno de

apreciar y escuchar. Merecería ser representada dentro de un teatro lírico de la jerarquía

del Colón, porque cuenta con intérpretes de alta calidad y es una producción digna de

jugar en las grandes ligas.

 

El saludo del Maestro Sebastiano de Filippi y de la Orquesta de Cámara del Congreso de la Nación tras un nuevo concierto en el Salón de los Pasos Perdidos del Palacio Legislativo. Fotografía de la autora del presente comentario.



Gran actuación de César Angeleri junto la Orquesta de Cámara del Congreso


DANZAS DEL MUNDO QUE GUSTAN Y CONVOCAN

Martha CORA ELISEHT


Los conciertos que brinda la Orquesta de Cámara del Congreso de la Nación se

caracterizan no sólo por ser de excelente calidad y participación de solistas de alta

jerarquía -tanto invitados como integrantes del conjunto-, sino también por ser

temáticos. El pasado lunes 29 del corriente tuvo lugar en el Salón de los Pasos Perdidos

del Congreso Nacional un concierto denominado “NOTAS EN DANZA” que contó con

la participación del guitarrista César Angeleri como solista bajo la dirección del titular

de la agrupación -Sebastiano De Filippi- para interpretar el siguiente programa:

- «Pavana para una infanta difunta»- Maurice RAVEL (1875-1937)

(orquestación de Juan Elías)

- Cinco danzas griegas- Nikos SKALKOTTAS (1904-1949)

- Cinco arreglos de música urbana rioplatense:

“A don Agustín Bardi”- Horacio SALGÁN (1916-2016)

“Golondrinas”- Carlos GARDEL (1893-1935)

“Ausencias”

“Prepárense”- Astor PIAZZOLLA (1921-1992)

“Garabato”- Osvaldo FATTORUSO (1948-2012)

(orquestación de Cristian Zárate)- César ANGELERI (1963)

- Quince cantos campesinos húngaros- (orquestación: Alan Bonds) (estreno

argentino)- Bela BARTÓK (1881-1945)

- Danzas transilvanas (orquestación de Alan Bonds) (estreno argentino)- Bela

BARTÓK (1881-1945)

- Danzas populares rumanas (orquestación de Arthur Willner)- Bela

BARTÓK (1881-1945)

El concierto contó con el auspicio y la presencia de los directores de Cultura de

ambas Cámaras parlamentarias: el Magister Daniel Abate, por el Senado, y la Lic.

Flavia Alemann, por Diputados, además de una notoria afluencia de público.

Con motivo del 150° aniversario del nacimiento de Maurice Ravel, la Orquesta

de Cámara del Congreso decidió homenajearlo con su célebre Pavana para una infanta

difunta, compuesta en 1899 cuando el genio de Ciboure todavía estudiaba con Gabriel

Fauré en el conservatorio de París -de hecho, se basó para componerla en la Pavanne,

Op.50 de su maestro-. Dedicada a su mentora, -la princesa de Polignac- recrea la

elegancia y distinción de una infanta bailando una pavana -danza lenta renacentista muy

popular entre los siglos XVI y XVII- en la corte española, inspirada e inmortalizada en

los cuadros de Diego Velázquez. No obstante, su título no tiene nada que ver con la

composición. Según palabras del propio Ravel: “Simplemente me gustó cómo sonaban

las palabras y así las escribí en la partitura. Eso es todo”. Posteriormente, fue

orquestada en 1910 y en esta ocasión, se la pudo apreciar en esta bellísima transcripción


para cuerdas de Juan Elías, donde De Filippi imprimió una marcación puntillosa y

precisa para lograr los matices característicos de la versión tradicional para orquesta

sinfónica. Lo mismo sucedió en la interpretación de las Cinco danzas griegas de Nikos

Stalkottas (Epirótica/ Cretense/ Cameriense/ Arcádica/ Clefticense), compuestas entre

1931 y 1936 tras su regreso a su tierra natal. En ellas, el compositor fusiona danzas

folklóricas típicas de diferentes regiones griegas con elementos de la Segunda Escuela

de Viena. En particular, la última (Clefticense) posee reminiscencias de la Danza ritual

del Fuego de EL AMOR BRUJO, de Manuel de Falla. Los músicos se destacaron en una

versión de fuste, colorida y vibrante.

Seguidamente, César Angeleri se presentó sobre el escenario para interpretar los

Cinco arreglos de música urbana rioplatense de su autoría con orquestación de Cristian

Zárate sobre tangos de Horacio Salgán, Carlos Gardel, Astor Piazzolla y Osvaldo

Fattoruso. Se apreció una muy buena labor por parte de la guitarra solista junto a la

orquesta desde los primeros compases de A don Agustín Bardi al ritmo del 2/4, con

excelentes intervenciones de la violoncelista Mariana Levitin, el concertino Pablo

Pereira en los solos de violín y la entrada de las cuerdas en pizzicato en el célebre tango

de Gardel (Golondrinas). Los mismo sucedió en Ausencias y Prepárense, de Piazzolla.

En cambio, la pieza de Fattoruso (Garabato) está escrita en ritmo de candombe y sonó

como tal, vibrante y negro como los esclavos rioplatenses que le dieron origen. La

percusión se logró mediante efecto strappata (golpes sobre la caja) de la guitarra. El

público aplaudió al término de cada pieza, pero también, al término de las cinco en

reconocimiento a la magnífica labor desempeñada por la orquesta y el guitarrista para

cerrar la primera parte del concierto.

Durante el transcurso del corriente año se cumple el 80° aniversario del

fallecimiento de Bela Bartók, motivo por el cual Sebastiano de Filippi decidió incluir

todas obras del compositor húngaro para la segunda parte del concierto, de las cuales,

dos se presentaron en calidad de estrenos locales: los Quince cantos campesinos

húngaros y las Danzas transilvanas. Las primeras fueron compuestas originalmente

para piano durante la Primera Guerra Mundial (1914-1918) y llevan el número Sz.71/79,

acorde al catálogo realizado por el musicólogo András Szöllösy (1921-2007). La

orquestación corresponde a Alan Bonds y consta de 4 números: Cuatro viejas melodías,

Scherzo, Balada (tema con variaciones) y Nueve viejas melodías de baile. El primero es

un adagio donde los violoncellos y las violas llevan la melodía hasta la entrada de los

violines hasta el vibrante scherzo para seguir con las variaciones en la balada, que

permite el lucimiento de los solos de violín a cargo del solista guía de segundos violines

y el concertino – gran labor de Catriel Galván y Pablo Pereira, respectivamente-. El

movimiento final es un allegro que inician los violoncellos seguidos por los demás

instrumentos de cuerda que reúne czardas, polkas, ländern y otros ritmos folklóricos

centroeuropeos desarrollados mediante una serie de variaciones. Una versión exquisita,

donde De Filippi demostró su maestría al frente del organismo y que fue muy aplaudida.

A diferencia de su predecesora, las Danzas transilvanas Sz.96/102 b fueron compuestas

originalmente para orquesta en 1931 y también se empleó la orquestación para cuerdas

de Alan Bonds en calidad de estreno local. Posee 3 números: Gaiteros, Danza del oso y

final. El primero es un allegro marcato que sonó como tal y el segundo, una danza de

carácter vibrante que desemboca en el movimiento final en ritmo de czarda, cuya

velocidad va aumentando en intensidad a medida que avanza la melodía. Un gran


desempeño del director y los músicos y otra ovación de aplauso luego de su

interpretación. Por último, se interpretaron las Danzas populares rumanas Sz.56/68 en

orquestación de Arthur Willner. Compuestas originalmente para piano en 1915, reúne

los siguientes números: Danza con bastón, danza del brazo, danza en el lugar, danza

con cornamusa, polca rumana y danza rápida, donde Bartók inserta temas folklóricos

típicos de dicho país y de su Hungría natal. Constituye otra de las especialidades del

ensamble, donde el concertino Pablo Pereira se lució en todos los solos a su cargo y

acompañado magistralmente por el resto. La precisión y la marcación de De Filippi

fueron perfectas y sumamente precisas hasta tal punto, que el Salón de los Pasos

Perdidos estalló en aplausos y vítores tras su interpretación, motivo por el cual se tuvo

que hacer un encore de la Danza rápida final, que sonó mejor todavía que en la primera

versión para poner punto final a una función de eximia jerarquía.

El título del presente concierto no sólo fue completamente acorde con el

repertorio ofrecido, sino que, además, cumplió plenamente con las expectativas. Se

unieron danzas de países tan disímiles como Hungría, Grecia, Argentina, Uruguay y

Francia para integrar un programa versátil y de excelencia que gusta y convoca, además

de rendir homenaje a dos grandes de la música universal.

domingo, 21 de septiembre de 2025





Instante del estreno absoluto en Argentina del Concierto para Violín y Orquesta de Moritz Moskowski por José Daniel Robuschi, Emmanuel Siffert, la Sinfónica Nacional y la presencia como Concertino Invitado de Pablo Saraví. Fotografía de la autora del presente comentario


Sublime interpretación de Bruckner por la Sinfónica Nacional en el Palacio Sarmiento


ENTRE LO ROMÁNTICO, LO TERRENAL Y LO ESPIRITUAL

Martha CORA ELISEHT


“Los espíritus se separan delante de una concretización sonora de diálogos

entre el Hombre y Dios. Aquí, la razón organizativa no es más que un medio para

lograr el objetivo. Éste se encuentra en los mundos ocultos plenos de consolación y de

felicidad, que se abren al auditorio como las cúpulas celestes de una catedral. Esta

obra nos habla del sufrimiento y de la naturaleza perecedera de lo terrenal, pero

también de la paz y la consolación de un imperio que no es de este mundo. Es un eco

lejano de este imperio al cual Bruckner hace alusión dentro de su obra en la Tierra”.

Las palabras de Alphonse Ott definen perfectamente a la Sinfonía n°6 en La

mayor de Anton Bruckner (1824- 1896), obra de carácter íntimo, mucho menos

imponente y más espiritual dentro de su vasta producción. Fue compuesta entre 1879 y

1881 dentro de un período de gran creatividad, ya que de esta misma época también

data su Sinfonía n°4 (“Romántica”). No obstante, sólo se representaron en vida del

compositor dos movimientos: el Adagio y el Scherzo en 1883, dirigidos por Wilhelm

Jahn. La primera audición integral de esta monumental sinfonía tuvo lugar en 1899 bajo

la dirección de Gustav Mahler y, posteriormente, Karl Pohlig la interpreta en Stuttgart

acorde a las especificaciones realizadas por el propio compositor en 1901.

La Orquesta Sinfónica Nacional decidió incluir esta gran sinfonía dentro de su

Ciclo de Conciertos el pasado viernes 19 del corriente bajo la dirección de Emmanuel

Siffert, que contó con la participación del concertino de la agrupación -Daniel

Robuschi- en calidad de solista y un concertino invitado de lujo: Pablo Saraví, donde se

interpretaron las siguientes obras:

- Concierto en Do mayor para violín y orquesta, Op.30 (1° audición)- Moritz

MOSKOWSKI (1854-1925)

- Sinfonía n°6 en La mayor- Anton BRUCKNER (1824-1896)

Una de las principales virtudes de Emmanuel Siffert es la de dar a conocer obras

inéditas para el público local. En este caso, no existen antecedentes de que el

mencionado concierto del compositor polaco se haya representado en el país y, por lo

tanto, se ofreció en carácter de primera audición. Si bien Mosskowski fue un compositor

prolífico de conciertos para piano, su Concierto para violín y orquesta en Do mayor fue

el único que escribió para dicho instrumento en 1883 y consta de 3 movimientos:

Allegro commodo (Do mayor) / Andante (Mi menor) y Vivace (Do mayor), de carácter

romántico. El Allegro commodo inicial se inicia de manera brillante con una gran

introducción orquestal que precede a la entrada del solista, donde se lo pudo apreciar

muy seguro y sólido a Daniel Robuschi desde los primeros compases. Demostró un

perfecto dominio del instrumento en cadencia, fraseo, trinos y pasajes en escalas

ascendentes y descendentes de gran dificultad técnica durante todo el desarrollo del

concierto, que permite el lucimiento del solista. El equilibrio sonoro fue perfecto, al


igual que los diálogos entre la orquesta y el violín solista, mientras que en el Andante

central se apreció un muy buen contrapunto y diálogo de línea netamente romántica

entre el violín y el violoncello antes de desembocar en una serie de arabescos a cargo

del instrumento solista previos al cierre del movimiento. El Vivace se inicia con una

fuga in crescendo hasta la entrada del violín mediante una serie de escalas ascendentes y

descendentes para desembocar en un final brillante por parte de la orquesta en diálogo

con el solista. El dominio de tempi y la marcación de Emmanuel Siffert hicieron el resto

para lograr una versión de gran calidad, que fue coronada por numerosos aplausos y

vítores. En agradecimiento, Daniel Robuschi anunció un bis: la Danza malambo de las

Tres piezas para violín solo de Luis Gianneo, que sonó muy bien y donde se retiró

sumamente aplaudido tras su interpretación.

Tal como se mencionó anteriormente, la Sinfonía n°6 en La mayor de Bruckner

representa una perfecta conjunción entre lo terrenal y lo espiritual. Pese a que no es una

obra que se represente muy a menudo, en Buenos Aires se han ofrecido recientemente

dos versiones de esta sinfonía: la del pasado viernes 12 del corriente por la Orquesta

Filarmónica de Buenos Aires y la actual. Su duración aproximada es de una hora y

posee 4 movimientos: Maestoso/ Adagio: sehr feierlich (muy solemne) / Scherzo: nicht

zu schnell (no muy rápido)- Trío: langsam (Lento) /Fínale: bewegt, doch nicht zu

schnell (Animado, pero no muy rápido). A su vez, el maestoso inicial posee 3 temas,

con cuya conjunción se logra ese maravilloso sentido de atención y equilibrio. En el

primero, en vez de comenzar con un trémolo, los violines lo hacen mediante una figura

rítmica compleja en modo frigio en contrapunto con los contrabajos y violoncellos, dada

la predilección de Bruckner de usar 2 notas en vez de 3 -al costado o en cúspide de la

otra-. En el segundo -mucho más romántico y menos imponente que el anterior- usa 4

notas en vez de 6 para producir un poderoso contraste, mientras que el tercero posee una

gran belleza melódica en intensidad y velocidad para posteriormente retornar al primero

mediante recapitulación. Culmina con una coda donde se destaca el tiempo lento del 2°

tema para brindar un final triunfante. En cambio, el bellísimo Adagio en Fa menor es el

que le otorga a la sinfonía ese carácter íntimo y espiritual, apasionado y meditativo, que

se logra mediante un maravilloso lamento a cargo del oboe y que termina con una coda

muy prolongada para dar la sensación de espiritualidad. A su vez, el 3° movimiento se

divide en dos partes: un Scherzo breve, intenso y deslumbrante y un Trío más lento y

pausado, que contrasta para culminar mediante una rica y poderosa orquestación con el

tema del scherzo. El movimiento final se inicia con una melodía austera en violines

secundada por el segundo clarinete, donde se vuelve a la tonlidad original mediante un

poderoso desarrollo orquestal en metales. Posteriormente, se introduce una segunda

melodía lejana que se desarrolla a posteriori para volver a la original - ricamente

orquestada-. Esto permite el contrate entre lo terrenal y lo espiritual, que culmina con

una imponente coda que retoma el tema principal del 1° movimiento. Una vez más e

independientemente de que Emmanuel Siffert sea un experto en este tipo de repertorio,

demostró que se encontraba sumamente inspirado y perfectamente compenetrado con la

obra para brindar una versión sublime y majestuosa de esta sinfonía. El brillo, los

matices, las texturas y el canto interno de la Sinfónica prevalecieron durante todo su

desarrollo, logrando ese clima de metafísica entre lo mundano y lo espiritual; sobre

todo, en el 2° movimiento, que fue de una perfección absoluta. Pudo existir cierto

exceso de sonoridad en los tutti orquestales y en las fanfarrias a cargo de los metales en


el scherzo, pero lo hizo magistralmente en su conjunto. Precisamente y, a diferencia de

otros scherzi – que se marcan en un solo tiempo-, el director lo hizo en 3 tiempos,

acorde a la indicación de la partitura. El movimiento final fue de excelencia, abordado

con maestría y enjundia para lograr ese sonido auténticamente bruckneriano, con lo cual

demostró con creces que es un especialista en la materia. El Auditorio Nacional lo

ovacionó aplaudiendo unánimemente de pie luego de tan extraordinaria versión.

Con semejantes intérpretes, ¿qué podía salir mal?... Absolutamente nada. Tenían

todo lo necesario para triunfar y lo lograron en base al esfuerzo, el trabajo, los ensayos y

la disciplina. Así les fue y lo demostraron una vez más sobre el escenario del Auditorio

Nacional.

 

El Maestro Diego Martín-Etxebarría, debutante absoluto en el Teatro Colón al frente de la Filarmónica de Buenos Aires, hacemos votos por una próxima visita. Créditos: Prensa Teatro Colón, fotografía de Juanjo Bruzza.


UN BUEN HOMENAJE A LA MEMORIA DE UN GIGANTE

 

Teatro Colón, temporada 2025. Decimotercer concierto del ciclo de abono a conciertos sinfónicos a cargo de la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires, Director: Diego Martín- Etxebarría. Solista: Giuseppe Albanese (Piano).  Programa: Obras de Maurice Ravel. 20 de Setiembre de 2025.

 

NUESTRA OPINION: MUY BUENO

 

  Hilando fino a lo largo de las 42 temporadas en las que este cronista asiste a los conciertos de la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires, hay un nombre en cuanto a los compositores que este conjunto aborda que se reitera en las grandes ocasiones: Maurice Ravel. Fechas: año 1986 (cuadragésimo aniversario de la Orquesta: Versión integral de la música para el Ballet “Daphnis et Chloe” con la conducción de su entonces titular, Pedro Ignacio Calderón), año 1987 (Quincuagésimo aniversario del fallecimiento del compositor: concierto monográfico con la participación de la gran Alicia de Larrocha bajo la Dirección de Enrique Bátiz), año 2006:   con motivo de los 60 años de la Orquesta, música de Ravel bajo la dirección de Enrique Arturo Diemecke y entrega de medallas conmemorativas a los miembros más antiguos del conjunto, acuñadas con el hierro de los techos retirado durante la primera etapa del “Master Plan” del Teatro Colón. En esta ocasión, se cumple el sesquicentenario del nacimiento del gran genio francés y, al igual que en ocasión del cincuentenario del fallecimiento, se programó un concierto monográfico que recayó en dos artistas jóvenes que efectuaron su debut absoluto en la gran sala de la calle Libertad: el Director Diego Martín- Etxebarría y el Pianista Giuseppe Albanese.

 

  Nada para reprochar en cuanto a la programación, para la que se escogieron obras fundamentales de la producción Ravelliana: “Ma mere l’oye”  (mi Madre la Oca), Concierto en Sol para piano y orquesta, “La Valse” y “Bolero”. No se puede agregar ni un punto y una coma más. En todo caso, daría para dos o tres programas más incluir todo el acervo para orquesta.

 

     Vamos a ir primero a la actuación de la dupla Solista-Orquesta. Tres años le demandó a Ravel la composición de esta maravilla cuya duración oscila alrededor de una treintena de minutos. Allí se expresan todos los estados de ánimo imaginables desde la melancolía a la exultancia. Sea por su orquestación, por la exquisitez de sus melodías o por el colorido que se halla en muchos pasajes, requiere de un buen director y un solista rayano en el virtuosismo. El Maestro Etxebarría comprendió la partitura en todo el sentido  y guió con absoluta precisión al conjunto. Trató en todo momento de sostener la comunicación solista orquesta, algo que en cambio no logró establecer el solista, Giuseppe Albanese. Si bien este último exhibió buena técnica, su acelerada digitación conspiró para que la orquesta pudiera brindarle el adecuado acompañamiento. En el primer movimiento afloraron algunas desprolijidades, no así en el segundo en donde se pudo llegar al clima de melancolía que ese momento trasunta y un final en donde encontramos el brillo sonoro que hacía un tiempo no se le apreciaba a la Filarmónica con una correcta integración del solista. El público aceptó de todas formas a esta versión, dando lugar a que el Mtro. Albanese respondiera con un “bis” en donde expuso su técnica y, porque no, su “pirotecnia”  con una rareza que aquí se agradece:  ”Moto perpetuo” de Carl María Von Weber.

 

  En cuanto a las obras eminentemente orquestales, el Maestro Etxchebarría presentó una muy interesante versión de “ Ma mere l’oye”, en la que se llegó en muchos momentos al punto justo interpretativo y ese estado entre la melancolía y la simpatía con la que Ravel expuso en música a las  narraciones de historias que les brindaba a  dos hijos de una pareja amiga suya confiados a su cuidado.

 

  “La Valse” fue objeto de una versión muy cuidada en la que Etxebarría evitó caer en excesos, por lo que fue de “tempi” sumamente controlado. Finalmente “Bolero”  fue la obra más lograda del programa con la que probablemente sea la mejor versión de una Orquesta Argentina en los últimos años, en donde todos los primeros atriles de la Filarmónica lucieron en sus intervenciones y en donde se registró total empaste y estupendo sonido.

 

  El balance nos deja la muy buena impresión dejada por el Maestro Etxebarría (ojalá en poco tiempo más retorne) y una muy buena labor de la Filarmónica para alegría de sus seguidores.    

 

  Donato Decina


sábado, 20 de septiembre de 2025

 Muy buena presentación de la Filarmónica de Qatar en el Teatro Colón


DOS NACIONES TAN LEJANAS HERMANADAS POR LA


MÚSICA


Martha CORA ELISEHT


Como parte de la celebración de diálogo cultural Argentina- Qatar 2025, el

pasado miércoles 17 del corriente hizo su debut en el Teatro Colón la Orquesta

Filarmónica de Qatar bajo la dirección de Enrique Arturo Diemecke en un concierto

formado por obras de compositores de ambas naciones con entrada libre y gratuita

dentro de la iniciativa Años de Cultura, que cuenta con la presidencia de Su Excelencia

-Jequesa Al Mayassa bint Hamad bin Khalifa Al Thani- y que crea los espacios donde

tienen lugar este tipo de encuentros.

Fundada en 2007 por iniciativa de Su Alteza -Jequesa Moza bint Nasser-, la

orquesta está compuesta por músicos de más de 28 diferentes nacionalidades y se

transformó en uno de los principales conjuntos proveniente de los países árabes y su

repertorio combina música proveniente de la región con obras del repertorio universal,

dando una impronta internacional a sus presentaciones. Se presentó en La Scala de

Milán, en el Royal Albert Hall de Londres y en el Teatro Colón, donde actuó como

solista el bandoneonista Víctor Hugo Villena para ofrecer el siguiente programa:

- Obertura tanguera- Esteban BENZECRY (1970)

- Pangea

- Borealis- Dana AL FARDAN (1985)

- Concierto “Aconcagua” para bandoneón y orquesta- Astor PIAZZOLLA

(1921-1992)

- Variaciones concertantes- Alberto GINASTERA (1916-1983)

- Four Seasons

- Spirit of Maqam- Nasser SAHIM (1979)

Debido a la ausencia de programas de mano, Enrique Arturo Diemecke hizo su

reaparición triunfal sobre el escenario del Colón con sus consabidos gestos de

presentación e hizo no sólo una presentación de la orquesta y sus integrantes, sino

también comentarios alusivos a las obras comprendidas en el programa.

Compuesta por encargo de la entidad de Coros y Orquestas Juveniles de México en

1993, la Obertura tanguera de Esteban Benzecry constituye un homenaje a la memoria

de Astor Piazzolla, fallecido el año anterior. Utiliza giros melódicos y rítmicos propios

del tango en su expresión más moderna. Se estrenó en 1995 en México por la

Fue escrito en 1993 tras un encargo de la entidad de Coros y orquestas juveniles de

México. Su estreno se llevó a cabo dos años después por la Orquesta Sinfónica “Carlos

Chávez”, bajo la dirección de Fernando Lozano. Posee una estructura tripartita, con una

breve introducción que desemboca en un tema rápido, una sección central de tema lento

y expresivo que ejecutan las cuerdas, que van in crescendo hasta la reexposición del


tema. rápido, llegando a su clímax en el final. La orquesta brindó una muy buena

versión, que sonó como tal. Seguidamente, les tocó el turno a dos obras de Dana Al

Fardan- primera compositora de música qatarí-, quien se desempeña como embajadora

cultural de la Filarmónica de su país. Su estilo es una mezcla de clásico y

contemporáneo con influencias árabes y, asimismo, emplea instrumentos típicos de la

región como la rababa – instrumento de arco de 3 cuerdas, magníficamente ejecutado

por el primer violoncelista Hassan Moataz El Molla- y el ensamble de percusión -que

incluyó cajón, parches y derbakes- en Pangea. Tanto esta obra como Polaris fueron

muy buen recibidas por el público y sumamente aplaudidas por su línea melódica,

orquestación y matices típicos de la música qatarí.

A continuación, Víctor Hugo Villena hizo su presentación sobre el escenario del

Colón para ofrecer un clásico piazzoliano: el Concierto “Aconcagua” para bandoneón

y orquesta del compositor marplatense, compuesto para orquesta de cuerdas, arpa y

piano, que acompañan al instrumento solista. Se grabó por primera vez en el Colón en

1983, pero la versión más conocida es la de 1987 por la Saint Luke Orchestra dirigida

por Lalo Schifrin. Piazzolla lo escribió a la manera tradicional en tres movimientos:

Allegro marcato/ Moderato/ Presto, donde incluye en este último la melodía de un

tango de su autoría (El Flaco Aroldi), orquestado de manera pomposa para lograr un

poderoso final. La versión ofrecida fue magnífica, con un gran desempeño de la pianista

Sun Yeong Park y la arpista Julie Sgarro. Villena se lució en el manejo del fuelle y la

interpretación fue coronada por un Colón atiborrado de gente en los estratos superiores

por numerosos aplausos y vítores.

La segunda parte del concierto se abrió con una magnífica versión de las

Variaciones concertantes, Op.23 de Alberto Ginastera, compuestas en 1953 como un

concierto para orquesta, donde el compositor argentino permite el lucimiento de los

solistas instrumentales en las 12 variaciones que integran la obra (Tema per violoncello

ed arpa/ Interludio per corde/ Variazione giocosa per flauto/ Variazione in modo di

scherzo per clarinetto/Variazione drammatica per viola/ Variazione canonica per oboe

e fagotto/ Variazione ritmica per trombe e trombone/ Variazione in modo di moto

perpetuo per violino/ Variazione pastorale per corno/ Interludio per fiati/ Ripresa dal

tema per contrabasso/ Variazione finale in modo di rondo per orchestra). La calidad de

los solistas instrumentales de la orquesta quedó fehacientemente demostrada en virtud

de haber brindado una magnífica interpretación. Es una obra que Diemecke interpretó

en varias ocasiones como Director Titular de la Filarmónica de Buenos Aires y, por lo

tanto, su compenetración con la misma también influyó en el resultado final. Por último,

el concierto cerró con dos obras del compositor qatarí Nasser Sahim, quien se

encontraba presente en la sala y se desempeña como Subdirector Ejecutivo de la

orquesta. La primera (Four Seasons) es de estilo más europeo y posee matices que

remedan una habanera, mientras que la segunda (Spirit of Maqam) está escrita en escala

pentatónica -característica de los países árabes y de Medio Oriente- y posee bellísimos

solos de violín, que fueron ejecutados con suma precisión por Mohamed Oweda -

integrante de la fila de segundos violines- y lleva ensamble de percusión con

instrumentos locales. Tras los aplausos, no faltaron los bises: una versión para orquesta

sinfónica de tangos de Gardel y Le Pera (Por una cabeza, Volver), que hicieron delirar

al numeroso público que se dio cita esa noche.


Es la primera vez que una orquesta sinfónica proveniente de un país de origen

árabe se presenta sobre el escenario del Colón en el marco de un convenio cultural entre

ambos países y también, muy enriquecedor para un periodista especializado el poder

escuchar obras de compositores de estas naciones. En un año donde hay escasez de

orquestas sinfónicas extranjeras, bienvenido sea este tipo de iniciativa.

 

Acerca del estreno de “EL RETABLO DE LA JESENSKÁ” en el Teatro EMPIRE

 

SE HIZO JUSTICIA A LA MEMORIA DE UNA GRAN OLVIDADA

Martha CORA ELISEHT

 

            Hubo infinidad de mujeres que hicieron historia por sus contribuciones a la Humanidad en materia de artes, ciencias y escritos, mientras que otras se destacaron por su heroísmo y valentía. Y no porque fueran guerreras en materia de estrategia militar, sino porque se atrevieron a denunciar las atrocidades cometidas en tiempos de guerra o simplemente, por ponerse del lado de los más débiles en momentos sumamente difíciles a costa de arriesgar sus propias vidas. Por dicho motivo, en muchas ocasiones la historia las ha olvidado injustamente.

            Una de estas valientes mujeres fue la escritora y periodista checa Milena Jesenská (1896-1944), quien pasó a la historia como “la enamorada de Franz Kafka”, ya que no solamente tradujo al checo obras de este gran escritor como El Proceso, El Fogonero y La Condena -escritas en alemán-, sino que, además, ambos mantuvieron una nutrida correspondencia epistolar. Nacida en Praga en el seno de una familia aristocrática -su padre era médico y Profesor en la Universidad local-, estudió en el prestigioso instituto para niñas Minerva de su ciudad natal y, obedeciendo los deseos de su padre, comenzó a estudiar Medicina, pero abandonó sus estudios al poco tiempo para contraer matrimonio con el escritor austríaco de origen judío Ernst Pollack. Ambos se establecieron en Viena desafiando la voluntad paterna. Allí busca independizarse de su esposo dando clases de checo y toma contacto directo con las condiciones de vida que sufría la clase trabajadora. Comenzó a escribir una serie de reportajes y relatos sobre la vida cotidiana como corresponsal para el diario Tribuna de Praga y adquiere una conciencia de izquierda, que la marcaría por el resto de su vida. 

            En 1919 solicita autorización a Kafka para traducir al checo El Fogonero (Der Heizer) y, a partir de allí, comienza un fluido intercambio epistolar entre 1919 y 1922 que culminará con dos encuentros: uno de 4 días en Viena, y el otro, en Gmünd. A partir de 1920 comienza a ser reconocida como periodista y colaboradora de los periódicos checos Tribuna y Národni Listy e importantes revistas de Praga. Tras la muerte del escritor en 1924, Milena publicó en Viena una nota fúnebre para el diario Národni Listy  resaltando sus virtudes. Luego de 1920, salieron publicados tres de sus libros escritos en vida: Las Recetas de Milena, El camino a la simplicidad y El Monje hace al hábito. Mientras que el primero era una recopilación de recetas enviadas por sus oyentes, los dos últimos fueron recopilación de sus reportajes. Se divorció de Pollack y se trasladó a Praga, donde se casó con el arquitecto checo Janomir Krejcar y dio a luz a su hija Jena en 1928. Ambos eran miembros del Partido Comunista Checo y su esposo viajó a la Unión Soviética, de donde volvió desencantado de las arbitrariedades y crímenes de Stalin.

            Allí comenzó una etapa de profundo crecimiento profesional para Milena, pero también, trágica. Se hizo adicta a la morfina, se divorció de su marido y, si bien todavía colaboraba con la prensa comunista, denunció las purgas y la traición del régimen soviético a militantes comunistas judíos, al igual que brindaba ayuda a refugiados del régimen nazi. Luego de la ocupación de Praga, se incorporó a la lucha clandestina contra los ocupantes y, si bien no era judía, se colocó la estrella de David amarilla en señal de protesta. Escondía a judíos y a muchos soldados checos con ayuda del médico Joachim Von Zadwitzowi, quien los llevaba cerca de la frontera polaca.

Durante los años 1938 y 1939 editó el importante semanario cultural y político Presencia (Přítomnost), publicado en Praga por Ferdinand Peroutka, cuyos reportajes, artículos y reflexiones son una muestra de una mirada original y del espíritu feminista que figuran entre las mejores páginas del periodismo checoslovaco de preguerra. Sin embargo, fue detenida por la Gestapo en 1939 y recluida en el campo de concentración de Ravensbrück, donde fallece como consecuencia de una infección renal en 1944. Durante su detención, no sólo animaba a las prisioneras a resistir, sino que trabó amistad hasta su muerte con Margarete Buber- Neumann, con quien intercambió opiniones sobre literatura, refiriéndose a ella como “el espíritu que constituye una isla pequeña, pero segura, en el medio de un mar lleno de miseria y desolación”. Hoy en día, un asteroide (6441) lleva su nombre en su memoria y en 1995 fue reconocida por el gobierno israelí con el título de “Justa entre las Naciones”.

La vida de esta mujer extraordinaria fue rescatada del olvido por la escritora Ana Arsoumanian, cuyo libro (“La Jesenská”) sirvió como fuente de inspiración para Pedro Santiago Chotsourian, quien compuso una ópera-suite de madrigales denominada “EL RETABLO DE LA JESENSKÁ” cuyo estreno se produjo en el Teatro Empire el pasado jueves 11 del corriente  y cuyas representaciones tendrán lugar en dicha sala los días 25 y 28 de Septiembre próximo, con dirección musical y acompañamiento al piano del propio compositor y la presencia de las siguientes cantantes: Sofía Drever (soprano), Julieta Schena (soprano), Andrea Maragno (mezzosoprano) y Silvina Suárez (soprano). La producción cuenta con la siguiente ficha técnica: libreto, dramaturgia y puesta en escena de Pedro Santiago Chotsourian; escenografía y vestuario de Eli Di Bussolo; iluminación de Pedro Barletta; asesoría coreográfica de Yamil Ostrovsky y dirección de actores de Ana María Rozzi de Bergel, con producción general de César Mathus.

Quien escribe asistió a la representación que tuvo lugar el pasado sábado 13 del corriente, donde actuaron Sofía Drever, Julieta Schena y Andrea Maragno, La música es de carácter absolutamente tonal y la obra se desarrolla rapsódicamente en un espacio escénico dividido en tres planos, que corresponden a los tres registros de la voz, la mirada y el lenguaje de la protagonista en sus diferentes facetas, que son recitadas por las tres cantantes desde el inicio. Las voces estuvieron muy bien ensambladas para narrar los diferentes episodios de la vida de la protagonista descriptos anteriormente-tanto en las arias, el trío y el canon- y cada una de las tres recibe una carta en diferentes momentos del relato. Andrea Maragno se destacó por la interpretación del final de su parte a bocca chiusa, mientras Julieta Schena puso su voz al servicio de la narración de los sucesos en Berlín y Praga durante el inicio del Reichstag, logrando un muy buen efecto vocal al igual que Sofía Drever cuando se niega a traducir al alemán por ser el idioma del invasor. Lo mismo sucedió cuando los nazis invaden Checoslovaquia, donde las tres cantantes lucen sobre su pecho la estrella de David que identificaba a los judíos, mientras deciden destruir pruebas e incorporarse a la resistencia. Previo al final, se hace alusión al traslado de Milena Jesenská al campo de concentración de Ravensbrück y su amistad con Margarete Buber- Neumann mediante un canon a dos voces, donde se alude a la literatura como “esa isla pequeña, un refugio seguro en medio de un mar de miseria y desolación”. Todo esto ocurre en 45 a 50 minutos de música, con una muy buena labor de Santiago Chotsourian en acompañamiento al piano, mediante una producción escénica sumamente efectiva con recursos sencillos y un vestuario en blanco y negro que alude a los diferentes aspectos de la protagonista. Tras su interpretación, la audiencia estalló en aplausos y vítores para todos los participantes y la escritora, quien se hizo presente sobre el escenario.

No sólo ha sido gratificante presenciar un estreno desde el punto de vista escénico y musical, sino también, el hecho de haber descubierto a partir de esta obra a una mujer extraordinaria, que supo ser un grito de rebeldía en una época donde atreverse a desafiar todo aquello que estaba estrictamente prohibido era una osadía y que representó la voz de aquellos que no tenían voz. Una heroína injustamente olvidada por la historia y un digno tributo a su memoria a través de una suite de madrigales.