martes, 3 de septiembre de 2019




UN INTERPRETE MUY PERSONAL

Mozarteum Argentino, Temporada 2019. Actuación de Jean-Guihen Queyras (Violonchelo). Programa. Obras de Bach y Dutilleux. Teatro Colón, 02 de Setiembre de 2019.

NUESTRA OPINION: MUY BUENO.

  En otra de las aristas positivas de la presente temporada, integrada mayoritariamente por música de cámara, el Mozarteum presentó al violonchelista francés Jean-Guihen Queyras, intérprete versátil capaz de abordar contemporáneos e incursionar en el barroco, haciéndolo en ambos casos con alto refinamiento y suma elegancia.   En su primera presentación el día Lunes de la semana anterior, abordó las tres primeras Suites para su instrumento solo de Johann Sebastian Bach, cerrando con una sonata de Zoltan Kodaly. Aquí presentó las tres suites Bachianas restantes, pero en este caso acompañadas de una interesante Obra de Henri Dutilleux:  “Tres estrofas sobre el nombre Sacher”.

  Compuestas por Bach en su estancia en la Corte de Kothen para cuyos príncipes  fue Maestro de Capilla de la misma, Bach desarrolló estos trabajos pensando muy probablemente en el Violonchelista Carl Lienicke, el que integraba el grupo instrumental al comando del genio de Leipzig. Son obras que dejan trascender mucho de la técnica, el refinamiento y las ideas de avanzada que Bach expresó. Las últimas tres escuchadas en este concierto tienen como característica ir desde un academicísmo la Nº 4, pasar por una profunda introspección la Nº 5,  hasta exaltar una gran luminosidad la Nº 6. Si bien las tres composiciones tienen un mismo ordenamiento de números (Preludio-Allemande-Courante-Sarabande-Gavotte I y II y Gigue) son sus desarrollos, algunos de ellos inmensamente ricos en ideas como las Allemande y Sarabande, otros de verdadera distensión como las Gavotte y otros plenos de vibración y energía como las Gigue los que distinguen a cada Suite.  En todos ellos Queyras tuvo, tempi personal (Al no estar especificado por Bach, queda al criterio de cada interprete), logró extraer infinitos matices sonoros a su Violonchelo (desde las notas más bajas a las más altas y un increíble trabajo de las sonoridades), buena dinámica e impecable técnica. Dado que Pau Casals a fines de la década del 30 del pasado siglo fue quien a través de la grabación por etapas de la totalidad de las mismas logró darlas a conocer a una audiencia masiva, no faltó al alusión a este al público por parte del interprete antes de abordar la Suite Nº 6 que cerró de manera formal el concierto. Esta presenta otra característica, su original es para Violonchelo “Piccolo” aunque también podríamos decir que hubo un instrumento de similares características como la viola “a Spalla”, el que también perfectamente pudo abordar esta composición. Sea como sea, Queyras hizo la transpolación al violonchelo de manera perfecta alcanzando una estupenda interpretación,  la que señaló  por completo la luminosidad que esta página contiene.

  La distribución deñ programa estuvo conformada por las Suites Nºs. 4 y 5 en la primera parte y el cierre con la Nº 6 en la segunda. Para el inicio de ésta última, Queyras abordó “Trois Strophes sur le nom de Sacher” de Henri Dutilleux, encargo del gran “Slava” Rostropovich para homenajear a Paul Sacher, fundador de la Basel Chamber Orchestra (También visitante de la Argentina merced al Mozarteum). Composición original de 1976, a la que Dutilleux agregó en 1982 dos números más, sus tres partes constituyen una alusión al nombre de Sacher. Aquí Queyras las abordó de modo exquisito en un repertorio al que verdaderamente siente, ganándose por ello una merecida ovación.

  Un impensado, breve y divertido Bis de György Kurtag cerró la noche aunque no hacía falta agregar nada más.

Donato Decina




JUGARSE Y SOSTENER SU IDEA, VALE LA PENA

“Contemporánea Lírica- Opera de Hoy” y “Atípica Buenos Aires”, Opera: “Prohibido Suicidarse en Primavera”, Comedia musicalizada en dos partes basada en la obra teatral homónima de Alejandro Casona más textos en poema de Alfonsina Storni y Leopoldo Lugones, con adaptación y música de Mailen Ubiedo Mykshow. Intérpretes: Pablo Cena (Dr. Roda), Cecilia Rivero (Alicia), Silvina Suarez (La Dama Triste), Natalia Iñón (Cora Yaco), Gabriel García (El Amante Imaginario), María Victoria Píriz (Chole), Exequiel Ibarra (Fernando), Luís de Glyndenfeldt (Juan), Fran Guglielmino (Hans-Rol Actuado). Escenografía (Rocío Arlía), Vestuario y Caracterización: Tamara Pirillo, Orquesta Atípica de Buenos Aires (Concertino: Yamila Ghío), Dirección Musical y Preparación: Emiliano García Pérez, Dirección Escénica: Angela Chiuffo. Teatro Empire, 01 de Setiembre de 2019.

NUESTRA OPINION: BUENO.

    Para los amantes del género musical clásico, hablar de Alejandro Casona es sinónimo del autor del libreto de “Don Rodrigo”, la primera creación operística de Alberto Ginastera (la que sería muy bueno ver nuevamente en el escenario del Colón, ya que generaciones enteras no la conocen aún). Para  los que gustan del teatro, decir “Los Arboles Mueren de Pié” (en cartel actualmente en Av. Corrientes), “La Tercera Palabra” o “Prohibido Suicidarse en Primavera”, es remitirse a una época de oro en la ciudad, con una alta cantidad de salas teatrales y cinematográficas, sean estas céntricas o barriales, en donde el espectador tenía la oportunidad de conocer a muchos de los artistas a quienes escuchaba diariamente por la radio. La segunda mitad de la década de 1960 del pasado siglo, con el ascenso y auge de la clase media, encontró en un nuevo medio (la televisión) una nueva forma de entretenimiento. La desaparición de grandes salas y grandes espacios (por fuera del Colón, el Cervantes y el San Martín, sobreviven el Coliseo, el Nacional, el Lola Membrives, el Opera y el Gran Rex en el centro y el Gran Rivadavia y el Auditorio de Belgrano en los barrios), llevó a que se reformularan las propuestas. Si sumamos productos como el video y las redes sociales, apostar al Teatro hoy solo tiene dos vertientes, el drama serio o la comedia (sea esta la prosa o musicalizada). El folletín, o la revista en las formas en que se conocieron hasta fines de los ochenta del pasado siglo, fueron formas que virtualmente desaparecieron, al igual que la comedia “Blanca”, en la que tal vez debamos inscribir a “Prohibido Suicidarse en Primavera”. Algunos esfuerzos aislados como el del Actor y Director Adrián Di Stefano se registraron en salas más pequeñas para el público que siempre gustó de este tipo de variantes. Y bien, hay una joven instrumentista y compositora llena de inquietudes, llamada Mailen Ubiedo Mykshow, quien decidió que esta obra del gran autor español (quien por muchos años se afincó en Buenos Aires) podía ser llevada a un formato operístico y asumió además la seria tarea de su adaptación a tal fin.  En estos tiempos difíciles, hubo que conseguir espacio físico para estrenar el producto obtenido. Y se apostó a la autogestión con todos los riesgos que ello implica. Así cada integrante del grupo formado para este proyecto, aportó tiempo, ganas y dinero. Se realizaron audiciones para los roles a comienzos de año y finalmente todo estuvo conformado al servicio del proyecto.

  El original de Casona sitúa la acción en un lugar de albergue que ha estado abandonado. Es rescatado y reconvertido por un médico que proviene de una familia adinerada en la que se registra una serie de casos de sus integrantes quienes por diferentes causas recurren al suicido. El uso que este profesional quiere darle al lugar es de un espacio para la distención, reencuentro y salida de la situación anímica por parte de quienes se hallan en un trance similar. Un discípulo suyo queda a cargo del lugar a la muerte del primero y con dos asistentes, uno que se regordea con la posibilidad de trabajar con muertos y otra que con escasos recursos y muy depresiva, llega al lugar y termina ofreciéndose para trabajar junto al joven médico. Y aparecen entonces los pacientes, Un padre que descubre en la joven ayudante a alguien como su hija muerta, una Dama presa de tristeza permanente, un “eterno enamorado” quien queda prendado de una cantante de opera, el vive soñando una vida de viajes, lujos y placeres, hasta que la verdadera cantante llega al lugar para internarse como modo de llamar la atención y recuperar la fama perdida, un hombre depresivo quien siente el menosprecio de su familia , la que prefiere a su hermano hasta que, finalmente, este hermano (periodista él) junto a su novia (también periodista), llegan por error al lugar, comienzan a interesarse por el establecimiento y encuentran al enfermo, lo que desata el nudo dramático de la obra. Serán ellos los que ayudarán a los demás (hermano inclusive) a reencauzar sus respectivas vidas, aun cuando por situación allí vivida la novia del periodista también intente quitarse la vida y sea salvada, paradójicamente, por los enfermos.

  Para la versión con música, Ubiedo Mykshow, deja de lado al Padre que busca a su hija muerta, entendiendo esto como no introducir un tema delicado que puede interferir en situaciones de comedia, y emplea como textos de las arias de los principales protagonistas poemas de creadores suicidas como Alfonsina Storni o Leopoldo Lugones. Un cartel con el mismo poema sobre la muerte de Sor Juana Inés de la Cruz que Casona cita en su obra da desde lo alto del escenario la bienvenida al espectador, rodeado de retratos de personajes históricos y artistas suicidas. Así Cleopatra o Séneca lucen junto a los mencionados Storni o Lugones, con una identificación de cada uno de ellos y mencionando la forma que adoptó cada uno para su trágico final.  Botellones de veneno cada cual  identificado por su nombre, revólveres colgando  de cordones como ocurre con las zapatillas que marcan la zona de cada “dealer” y el espacio central del albergue en donde transcurrirá la trama con una austera ambientación, bien diseñada por Rocío Arlía.

    Denomino a éste trabajo “comedia musicalizada” ya que hay muchas partes habladas y otras cantadas. No hay supremacía ni del canto ni de la prosa. Hay sí mucho respeto al original de Casona, no hay giros o adaptaciones al humor de tipo picante ni nada que se le parezca. Solo pequeñas alusiones hechas por la pareja de periodistas del tipo de “¿Es un hotel Sindical?” o “¿Por qué está Usted aquí, así deprimido?. ¿Es músico de la Sinfónica que no cobró?”, la poca alusión a la dura actualidad nacional de hoy en día, tomada en situación de humor. Los poemas de Storni y Lugones están muy bien colocados en boca de los personajes que los interpretan.

  En cuanto a la música es  absolutamente tonal, entendible para cualquier espectador. Hay formas de tipo folcklóricas ya sean Argentinas o Latinoamericanas. La Instrumentación es para conjunto reducido con primacía de instrumentos clásicos, pero con abundante percusión de carácter autóctono.

  El principal desafío lo ha tenido a mi entender Angela Chiuffo, la Directora Escénica. No solo debió orientar a las voces, sino que también debió hacerlas actuar en prosa. Halló muy buena predisposición en los cantantes y logró respuestas muy positivas de todos ellos. Supo desplazarlos sobre el escenario de manera inteligente. Estimo que la iluminación estuvo indicada por Ella, ya que no aparece el ítem en el programa de mano. Sea así o hecha de manera colectiva, la faz lumínica estuvo resuelta de manera impecable. En cuanto al vestuario y las caracterizaciones de Tamara Pirillo, fueron de época y a tono con la iluminación de la puesta y, en algunos casos, alcanzando magnifico colorido

 En cuanto a la actuación del actor Fran Guglielmino en el rol de Franz, único personaje que solamente actúa, derrochó simpatía e introdujo de modo inteligente los toques de comedia negra que el texto contiene.

  Las voces tuvieron en mayor o menor medida una buena actuación, con sorprendentes resultados en el plano actoral y formidable lucimiento dramático en el trío central. Así, Cecilia Rivero cumplió acabadamente en el rol de Alicia, la chica humilde que termina trabajando en el lugar. Pablo Cena actuó con suma corrección el rol del Dr. Roda (titular del lugar). Silvina Suarez es portadora de una voz de bellísimo timbre y dio lustre al personaje de “La Dama Triste”. La pareja de Comedia estuvo integrada por Natalia Iñón como la Diva Cora Yaco y su Eterno Enamorado fue Gabriel García, quienes protagonizaron las situaciones más hilarantes y en el caso de García, a quien conozco del “Off Colón”, con un extraordinario lucimiento vocal, con agudos firmes y sostenidos. El “Trío Central” estuvo conformado por Exequiel Ibarra como Fernando ( el hermano exitoso), con muy buena actuación y voz de correcto timbre. Luís de Glyndenfeldt (otro valor bien conocido por todos nosotros) con la difícil tarea de componer a Juan (el hermano frustrado, enamorado además de la novia del hermano), quien además de tener sobre sus hombros la carga más dramática del espectáculo sobrelleva también la carga musical en un rol cuya parte va desde las notas más bajas de barítono a un registro sopranísta del que logra salir muy airoso y María Victoria Píriz, la figura de la noche por actuación y soberbia voz, como Chole, novia de Fernando y amor imposible de Juan, navegando entre ambos, intentando suicidarse por ambos y terminando por unir a ambos. La escena de despedida de los dos hermanos conmueve con el solo gesto.

  Emiliano García Pérez demostró en la conducción de la “Orquesta Atípica de los Buenos Aires” suma pericia en la concertación. Contó con un grupo que sabe lo que es “tirar para adelante”. Como dijo Martha Cora Eliseht en ntro. programa, fue uno de los más destacados conductores del curso Brahms del Mtro. Pedro Ignacio Calderón. Y esta actuación me permite entender por qué, de manera acertada, el Mtro. lo seleccionó.

 Mailén Ubiedo Mykshow es capaz, sumamente creativa y se juega a fondo por ello. La sigue un grupo que confió plenamente en su producto. Han logrado un buen resultado. Ahora debe venir la Opera en serio, cantada toda y con todas las de la ley. Esta experiencia debe ser la plataforma.

Donato Decina

sábado, 31 de agosto de 2019


EL REGRESO DE UN MUY BUEN CONDUCTOR

Orquesta Sinfónica Nacional, Temporada 2019. Director: Sylvain Gasançon. Solistas: Haydee Seibert Francia-Gustavo Mulé (Violines). Programa: Obras de Chausson, Ysaÿe, Messiaen y Roussel. CCK-Auditorio Nacional. 30 de Agosto de 2019.

NUESTRA OPINION: EXCELENTE.

  Quienes conformamos el equipo de “De Paraíso Para Usted” siempre hemos bregado en Estas páginas y en el Aire en imagen y sonido por la renovación del repertorio de los programas de conciertos (sean en la forma en que se hagan) , tanto como en la Opera y en el Ballet. Por eso no deja de ser sumamente sorprendente y saludable la propuesta que tanto la semana anterior como en Esta ocasión ofreció el joven conductor Francés Sylvain Gasançon al frente de la Sinfónica Nacional en el Auditorio Nacional del CCK. Autores poco frecuentados, obras importantes y resultados que ya Uds. apreciarán,  muy sorprendentes. No es la primera visita de este Director de Orquesta a Ntro. País. Años atrás se presentó al frente de la Filarmónica de Buenos Aires con el Colón cerrado en el 2008 en el Auditorio de Belgrano, durante un ciclo que se llamó “La Filarmónica Joven”. Su solista en aquella ocasión fue su Concertino en esta oportunidad: Xavier Inchausti. Ya por entonces su presentación me causó una óptima impresión. La actual lo muestra consolidado y definitivamente asentado como conductor sinfónico.

  Como viene sucediendo desde el año anterior (y lo mencionamos en cada comentario), antes del comienzo y con una pancarta que expresa “Sinfónica Nacional en Crisis”, el Delegado Sindical de la Orquesta, Mtro. Carlos Cossattini, se dirige al público para comentar que el Secretario de Gobierno de Cultura, Pablo Avelluto, incumple con el Presupuesto Nacional del Corriente año al no aplicar la partida adicional aprobada por el Congreso de la Nación en dicho presupuesto de $500.000.000.- (Pesos Quinientos millones.-) con la cual se pueden efectivizar los cargos vacantes sobre los cuales hubo concurso para tales fines, como así también cubrir los nuevos producidos por emigración de los titulares de los mismos, quienes lo hacen ante mejores ofertas de trabajo dados los bajos salarios sin actualización ni llamado a paritarias, con valores que en las categorías iniciales llegan a estar bajo la actual línea de pobreza, calificando todo este estado de cosas como de “vaciamiento cultural”. Ante esta situación que concierto a concierto el Mtro. Cossattini menciona, viendo la grilla actual de nómina de músicos de la Sinfónica Nacional, que,  ya sea por reemplazos de instrumentistas jubilados, cargos no efectivizados o por licencias de titulares, incluye muchos jóvenes que saltan al ruedo, los muy buenos resultados artísticos de Esta velada son verdaderamente una hazaña y hablan por sí solos del muy buen trabajo que el Mtro. Gasançon realizó con el conjunto y del compromiso permanente que Este último mantiene de modo permanente con su público.

  El programa se inició con “Viviane”, Op. 5 de Ernest Chausson. Obra de 1882, revisada en 1887, pertenece a su etapa inicial con marcada influencia del Wagnerianísmo, ya que era admirador del gran genio Alemán, al que conoció. Tanto que asistió al estreno de “Parsifal” en 1882.  Tiene momentos de gran intensidad y enjundia y otros de exquisita sensualidad, clara influencia de uno de sus mentores , Vincent D’Indy. Gasançon extrajo un rendimiento superlativo de todas las secciones del conjunto, logrando una versión rayana en la excelencia, la que marcó la primera reacción positiva del público.

  “Amitié”, del Op. 26  de Eugene Ysaÿe está concebido como un Poema para dos Violines y Orquesta. Forma parte de la serie de obras que compuso para esa combinación (Uno y dos Violines y Orquesta). Tiene una clara influencia de la época (Vieuxtemps fue uno de sus mentores y fue coetáneo y amigo del recién mencionado Chausson quien le dedicó obras para El, también eximio violinista). Posee una estructura muy similar a la obra de Chausson, momentos “elegíacos”, momentos de gran intensidad y otros de introspección. Hay un diálogo permanente entre los violinistas y la orquesta y entre los violinistas entre sí. Aquí no cabe duda alguna que el tiempo de compañerismo que Haydee Seibert Francia y Gustavo Mule llevan el el “Cuarteto de Amigos” juega de tal manera que se cumplimentan a la perfección. Mulé con su sólida técnica y refinado sonido y Seibert Francia con un oficio inigualable y seguridad absoluta. Tuvieron pleno entendimiento con Gasançon y la Orquesta, quienes entregaron un impecable ajuste y muy buena sonoridad.

  La segunda parte se inició con “La Tumba Resplandeciente” del gran Olivier Messiaen. Obra de 1931, en cuatro partes, alterna los momentos de suma intensidad con otros retrospectivos. Es un Messiaen aún muy joven, muy vibrante y pleno de enjundia. Gasançon supo darle enfoque muy ajustado y obtuvo un rendimiento encomiable de la Sinfónica Nacional. A la Orquesta se la percibió sumamente motivada ante el desafío del nuevo repertorio, y el público respondió con una cerrada ovación por la categoría de la versión ofrecida.

  El Plato Fuerte de la noche fue la presentación de la Sinfonía Nº 3 de Albert Roussel. Compuesta entre 1929 y 1930, coetánea de “Bacchus Et Arianne” y estrenada por Serge Koussevistsky al frente de la Sinfónica de Boston (la que tendría luego de titular a otro gran divulgador de su obra, Charles Munch), la tercera es una página que nos muestra a Roussel en plena posesión de medios y en pleno dominio del lenguaje expresionista que tanto El cómo Ravel (y anteriormente Debussy) trabajaron a fondo. Momentos de pleno colorido, intensidad y total discurso orquestal se alternan a través de sus cuatro movimientos con otros de suma expresividad como el Adagio central. Gasançon presentó una orquesta plena, compacta, amalgamada con sonoridades muy refinadas, logrando exponer una amplia gama de matices. Como era de esperar, el público estalló en una calurosa ovación ante la calidad de lo ofrecido.

  Un Auditorio que estuvo apreciablemente cubierto recibió de muy buena forma este concierto. No cabe duda que ese es el camino a una programación sumamente equilibrada. La Sinfónica Nacional, aún muy limitada en sus recursos, está haciendo lo que quienes tienen y pueden no hacen. No podemos dejar de apoyarla y esperemos que visitas como las de Lano y Gasançon se sigan manteniendo.


Donato Decina
 




Extraordinario concierto a cargo de la Sinfónica Nacional en el CCK

CON ACENTO Y EVOLUCIÓN DEL IMPRESIONISMO FRANCÉS
Martha CORA ELISEHT

            El Ciclo de Abono da la Orquesta Sinfónica Nacional se caracteriza por la diversidad de su programación y por abarcar repertorios integrados por obras muy poco convencionales, o que rara vez se ejecutan fuera de su país de origen. En este caso, el pasado viernes 30 del corriente, la mencionada agrupación brindó un concierto formado por obras del impresionismo musical francés en el Auditorio Nacional del Centro Cultural Kirchner (CCK) bajo la batuta de Silvain Gasancon, que comprendió el siguiente repertorio: Viviane, Op.5 de Ernest Chausson (1855-1899), Poème de l’Amitié para dos violines y orquesta, Op. 26 de Eugène Ysaÿe (1858-1931), con la participación de Haydée Seibert Francia y Gustavo Mulé como solistas; Le tombeau réspléndessant (La tumba resplandeciente) de Olivier Messiaen (1908-1992) y la Sinfonía n° 3 en Sol menor, Op.42 de Albert Roussel (1862-1937).
            La primera de las obras fue el único poema sinfónico que compuso Ernest Chausson durante su breve vida y se basa en la leyenda de los Caballeros de la Tabla Redonda, donde el hada del lago Viviane recibe a Lancelot y le recomienda que tome los consejos del mago Merlín. Fue compuesta en 1882 y dedicada a quien fuera su esposa –Jeanne Éscudier-. Su estreno se produjo en 1883, bajo la dirección de Édouard Colonne. Posteriormente, Chausson realiza una reorquestación de la misma en 1888 y es la que se conoce hasta nuestros días. De tono y estirpe romántica, lleva una orquestación clásica a la cual se le agregan dos arpas –que representan el tema de la protagonista- y trompetas fuera de escena. Musicalmente, posee una estructura donde existen motivos principales –leitmotiv- que caracterizan a los diferentes protagonistas y con tinte impresionista que -por momentos- recuerda a La Péri de Paul Dukas. No hay que olvidar que tanto Chausson como este último fueron alumnos de César Franck en composición. La versión ofrecida por Gasancon fue soberbia, con un perfecto equilibrio sonoro, buena marcación de los tempi y de las entradas para los músicos que estaban fuera del escenario. Hubo un muy buen trabajo de ensayo y brindó una versión exquisita y refinada.
            Seguidamente se ejecutó la obra de Eugène Ysaÿe, quien no sólo fue un eximio violinista y compositor belga, sino que además, Chausson le dedicó su Poema para violín y orquesta y su Concierto para violín, piano y cuarteto de cuerdas.          Por ende, no es casual que la elección del repertorio haya seguido este orden, ya que Ysaÿe fue posterior a Chausson. Además de haber compuesto numerosas obras de cámara, un concierto para violín y orquesta y  numerosos cuartetos para cuerdas, Ysaÿe cultivó un género sinfónico: el poema, en el cual era un experto en la materia. El Poème de l’Amitié (Poema de la Amistad) consta de un solo movimiento, donde los dos violines ejecutan un cantábile a doble canon, estableciendo un diálogo entre ellos y la orquesta. Es una obra bellísima, que rara vez  se escucha en los programas de conciertos y se caracterizó por ser una versión brillante, donde tanto Haydée Seibert Francia como Gustavo Mulé demostraron sus dotes de excelentes solistas, con un fraseo perfecto y una sonoridad estupenda. Silvain Gasancon puso su sello particular y logró una profundidad sonora como un brillo orquestal de alta jerarquía. El numeroso público que se dio cita esa noche en la Sala Sinfónica respondió mediante un cálido y prolongado aplauso.
            La Tumba resplandeciente data de 1931 y es una obra que se ejecuta sin interrupción. Posee una neta influencia de Stravinsky, con algunas disonancias –que recuerdan a Béla Bartok.- y matices jazzísticos hacia el final, a cargo de los trombones, trompetas y tuba –muy similar a las composiciones de André Previn, quien seguramente debió haberse basado en la obra de Messiaen para componer Un tranvía llamado Deseo- y que Gasancon dirigió magistralmente, logrando un sonido puro y poniendo énfasis en los tutti orquestales. Finalmente, el concierto cerró con una monumental versión de la Sinfonía n° 3 en Sol menor, Op. 42 de Roussel. Es la más conocida de las cuatro sinfonías de este músico y fue compuesta por encargo de la Orquesta Sinfónica de Boston con motivo de cumplirse su 50° Aniversario en 1929. Fue estrenada por dicho organismo sinfónico en 1930, bajo la dirección de Serge Koussevitsky, en un programa donde además de la misma, incluyó la Sinfonía de los Salmos de Strtavinsky y la Sinfonía n° 4 de Sergei Prokofiev. Posee 4 movimientos (Allegro vivo/ Adagio/ Vivace/ Allegro con brio) y su duración es de 30 minutos. La música de Roussel posee tres características: refinamiento de la armonía, audacia rítmica y riqueza de color tonal.  Y se nota desde el Allegro inicial la seguidilla –similar a la empleada por Joaquín Rodrigo en el tercer movimiento del celebérrimo Concierto de Aranjuez- con una orquestación más profusa, que lleva celesta, arpa, címbalos y otros instrumentos de percusión y en tono menor. Hay que recordar que ambos compositores formaron parte de la Schola Cantorum, y eso se refleja en sus obras. El bellísimo Adagio abre con un solo de flauta, cuya melodía es tomada posteriormente por la orquesta para engarzar con un segundo tema introducido por flauta y trompetas, donde se ofreció una versión sublime. El movimiento cierra con un bellísimo solo de violín, que el concertino Xavier Inchausti supo ejecutar con su habitual maestría y su profesionalismo. El 3° movimiento (Vivace) abre con un scherzo- rondó con golpes de timbal –al estilo de la Sinfonía n° 4 (La Inextinguible) de Carl Nielsen- que es respondido por las cuerdas y la trompeta mediante un poderoso contrapunto, para cerrar posteriormente con una recapitulación del tema, mientras que el Allegro con brio final se inicia con una cadencia marcada por la flauta en contrapunto con el timbal y la celesta, que es seguido posteriormente por las cuerdas y los metales. Al final de la sinfonía, recapitula con el tema inicial del 1° movimiento. Las actuaciones de los solistas fueron notables y la magistral dirección de Gasancon hizo el resto para el deleite del público.
            Realmente, no sólo es un placer escuchar este tipo de obras para poder apreciarlas en toda su magnitud, sino también innovar el repertorio tradicional de los programas de conciertos. Sobre todo, en estos tiempos que corren, donde –lamentablemente-  los músicos  de la Sinfónica Nacional siguen exhibiendo el consabido cartel de #Sinfónica Nacional en crisis; por lo tanto, carecen de dinero para poder realizar giras por el interior del país (pese al aumento de la partida presupuestaria designada por el Congreso de la Nación a tal efecto). Mientras tanto, se seguirá teniendo la oportunidad de escuchar y contemplar a estos intérpretes de gran jerarquía dentro del maravilloso marco del principal centro cultural de América Latina, ofreciendo al público obras inéditas.    




SALVADA DE “LA CONDENACION…..AL NAUFRAGIO”

Teatro Colón, temporada 2019: Tercer y Ultimo Concierto del Abono Sinfónico-Coral, Director Musical: Srba Dinic. Solistas: Adriana Mastrángelo (Mezzosoprano), Arturo Chacón Cruz (Tenor), Hernán Iturralde (Bajo-Barítono), Lucas Debevec-Mayer (Bajo). Orquesta y Coro Estables del Teatro Colón  y Coro de Niños del Teatro Colón. Directores de Coro: Miguel Martínez y César Bustamante (Respectivamente). Programa: Héctor Berlioz: “La Condenación de Fausto”, Leyenda Dramática para Solistas Vocales, Coros y Gran Orquesta en Un Prólogo, dos partes y Epílogo, basada en la novela “Fausto” de Goethe. Texto de Almire Gandonniere y el propio compositor sobre la traducción francesa de G. de Nerval.

NUESTRA OPINION: BUENO.

   Lo que debió ser una crónica referida al cierre de un abono que bien podría haber sido un acontecimiento extraordinario, pasa primero en mi caso por poner lamentablemente el acento en episodios que parecían haber sido desterrados en la historia de Ntro. Teatro Colón. Si bien es cierto que se han sufrido cancelaciones de importantísimos artistas en los  últimos tiempos (Angela Gheorghiu, Ramón Vargas, por caso) y de Directores de Orquesta que con antelación avisaban que no cumplirían con el compromiso apalabrado (utilizo esta expresión dado que por los procedimientos vigentes en Ntro. País, el Colón no puede asumir con muchísima antelación los contratos), hacía muchísimo tiempo que algún artista no se plantaba en medio de los ensayos y no dejaba trunca su participación bajo excusa de que a su entender la preparación de la obra a ofrecerse era insuficiente y sin una mayor cantidad de ensayo no garantizaba calidad en la versión que se realizaría. Esto es lo que realizó el Conductor Suizo Marc Piollet  (recordado aquí por ser el Concertador de la última y muy accidentada “Carmen” firmada por Emilio Sagi con un mediocre primer elenco del que solo la gran Inva Mula salvó su parte y un gran segundo elenco que junto a la primera salvó la última función titular)  convocado para reemplazar al originalmente anunciado Director de Orquesta Español Ramón Tebar para la realización de una única función de “La Condenación de Fausto “ de Héctor Berlioz y, de esta manera, además de finalizar el Abono a tres funciones de Conciertos Sinfónico-Corales, agregar un homenaje más al padre de la gran Orquesta Sinfónica en el año del Sesquicentenario de su Fallecimiento. Hubo otros cambios: el muy buen y experimentado tenor Mexicano Arturo Chacón Cruz reemplazó al también originalmente anunciado Bogdan Volkov y , de manera sorpresiva, Hernan Iturralde debió suplir a su colega Fernando Radó anunciado por el Teatro hasta en su programa de mano.

  Como expresé líneas arriba, el Maestro Piollet abandona la preparación a escasas 72 hs. de la presentación en el escenario. Lo hizo en medio de un ensayo. Hasta aquí todo podría haber sido resuelto en modo normal. No lo fue de momento en que a través de las redes sociales el Tenor Chacón Cruz expresó que el mismo dirigió el ensayo abandonado de Piollet para que no se perdiera y que esperaban al Mtro. Srba Dinic, quien se hizo cargo del Concierto para los ensayos que quedaban (Pre-General y General) y que de esta manera el Concierto estaba salvado, agradeciendo además la confianza de todos quienes intervendrían por la confianza en El depositada para llevar a cabo en esas condiciones ese polémico ensayo. Si bien es cierto que este abono fue confiado para que tuviese relieve y jerarquía (Presencias como Evelino Pidó en la Primera fecha o el propio Chacón Cruz así lo acreditan), ¿Cómo es posible que el ensayo fuese llevado adelante por el Tenor Invitado?. ¿Los Maestros Preparadores no estaban?, los Directores de Coro, que también son de Orquesta ¿no podían al menos por ese ensayo subir al podio?. ¿Y el Maestro Diemecke en su doble condición de Director de Producción Artística y Titular de la Filarmónica (Orquesta Interviniente) estaba o no en el Colón para hacerlo?. ¿No correspondía que este último se hiciera cargo del espectáculo?. Interrogantes sín respuesta. Afortunadamente Dinic (que había llegado a Buenos Aires para preparar y concertar en el Colón el próximo “Don Pasquale”) le hizo al Colón el tremendo favor de cargarse a sus espaldas el Concierto y logró una verdadera proeza artística y personal, con un resultado sumamente decoroso y le evitó así al Teatro lo que a todas luces pudo ser un escándalo mayúsculo. Y a propósito, ¿La Sra. Directora General estuvo al tanto de todo?.

     Ya en el escenario las cosas comenzaron a fluir de manera más o menos armónica en la primera parte, en donde Arturo Chacón Cruz mostró una fuerte presencia escénica y nobles medios vocales. Un Imponente Hernán Iturralde haciendo su aparición con completo dominio de su voz y la escena,  una especie de semi-montaje (no me cabe duda que propuesta por el Tenor, quien de este modo se muestra en la misma línea de Ntro. Compatriota José Cura), que hizo mucho más llevadero el Concierto y Lucas Debevec-Mayer, haciendo con corrección su intervención como Brander en el pasaje de la Taberna. La célebre marcha “Rakoczy” que cierra la primera escena fue interpretada de modo muy ajustado y digno. La Filarmónica, con Pablo Saraví como Concertino, fue una verdadera “facilitadora” de las cosas.

  En la segunda parte, lució todo de manera más segura y con un muy buen ajuste por parte de Dinic. Adriana Mastrángelo en el rol de Marguerite comenzó de manera muy segura y con buen timbre su monólogo de inicio. Luego se la percibió un tanto irregular, pero tal vez haya sido producto de la tensión vivida. Una muy buena comunicación con Chacón Cruz  en el Dúo de Amor para la tercera parte y estridente en cambio para la escena del abandono.

 Los Coros estuvieron muy  bien en líneas generales y entiendo que no puede expresarse mucho más en virtud de todo lo expuesto anteriormente por lo que el producto final fue muy correcto, Srba  Dinic demostró tener muchísima pericia para enfrentar estas situaciones (la limpeiza con la que se escuchó el pasaje del “Descenso a los Infiernos” fue prueba cabal) y merced a su muy buena predisposición las cosas no tuvieron un final de escándalo.

  Ya que no hubo información previa alguna a la prensa a través de su departamento respectivo, ¿no sería bueno al menos para dejar en claro que fue lo que ocurrió un comunicado del Directorio del Teatro al respecto?

Donato Decina


LA CONDENACION DE FAUSTO – 29/08/2019
Dice LA Ley de Murphy: "Si algo malo puede pasar, pasará".
Por suerte para el Teatro Colon, esta vez el enunciado de la Ley de Murphy, no se cumplió.
Resulta que después del escándalo por el abandono de los ensayos pre general y general, por parte del Director de Orquesta asignado para la representación de La condenación de Fausto de Berlioz,  Maestro Marc Poillet, debidos sus entredichos con la OFBA, todo parecía naufragar.  La situación llegó a tal punto, que el mismísimo tenor Arturo Chacón Cruz, (Fausto, en la obra) alzando una birome, en lugar de una batuta para dirigir la orquesta  continuó con el ensayo, esperando una definición, o la llegada de la caballería, (como en las películas del Oeste), en forma de conductor de orquesta. La función podría haberse cancelado, si no hubiera estado ya en Buenos Aires el Maestro Sbra Dinic quien dirigirá las próximas representaciones de Don Pasquale, de Donizetti y que gracias a la Providencia conocía la obra y cual Teniente "Rip" Masters, de la serie “Rin Tin Tin”, se hizo presente en el Teatro para salvar la situación.
Con solo el ensayo de la segunda parte, originó  en la Orquesta, Coro y solistas, la confianza suficiente como para encarar al día siguiente la ejecución de una obra difícil, como lo es La condenación de Fausto.
Arduo trabajo el del Maestro Dinic durante la función, para lograr sacar adelante semejante tarea. Felizmente lo logró con un buen resultado. No hubo desajustes, y todo transcurrió con normalidad a  pesar que por las razones expuestas, no hubo tiempo para una profundización interpretativa de la obra ejecutada.
Evidentemente, y a pesar del profesionalismo de todos los involucrados, la situación daba como para estar un poco tensos por lo que pudiera ocurrir, y es no justo remarcar falencias ante tales circunstancias y sí, comentar los puntos positivos, porque los hubo.
El tenor mexicano, Arturo Chacón Cruz, en el rol de Fausto, resulto eficiente y lució su brillante registro agudo en el dúo con Margarita de la segunda parte. El barítono Hernán Iturralde, que reemplazó a Fernando Radó, en el rol de Mefistopheles, lució su hermosa voz, y todo su profesionalismo en un personaje que le queda muy bien a su vocalidad. Correcta Adriana Mastrangelo como Margarita.  El Maestro Dinic, héroe de la jornada, demostró su pericia al frente de la OFBA.
Esta situación por la que tuvo que pasar el Teatro Colon, y que providencialmente pudo superarse, demuestra a las claras la precariedad con la que se está trabajando. ¿Cómo es posible que no haya ningún Maestro Interno, que se haga cargo del espectáculo cuando estos imprevistos ocurren? ¿Si el Maestro Dinic, no hubiera estado en Bs, As.; se hubiera suspendido la función?. Quedaron al descubierto falencias que necesariamente deben corregirse  y que demuestran que el Colon no es “El mejor Teatro del mundo”, como algunos ingenuos creen y otros ineficaces que están a cargo, nos quieren hacer creer.
Roberto Falcone


Cierre del Abono Sinfónico Coral con “LA CONDENACIÓN DE FAUSTO” en el Colón


PARA BIEN Y PARA MAL
Martha CORA ELISEHT

            El Ciclo de Abono de Conciertos Sinfónico- Coral llegó a su fin el pasado jueves 29 del corriente con la reposición de “LA CONDENACIÓN DE FAUSTO” (“La Damnation de Faust”, según su título original en francés) de Héctor Berlioz (1803-1869), dentro de los festejos con motivo del 150° aniversario del fallecimiento del compositor. En esta ocasión, participaron la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires –bajo la dirección del croata Srban Dinic-, el Coro Estable y el Coro de Niños del Teatro Colón –bajo la dirección de Miguel Ángel Martínez y César Bustamante, respectivamente- y los siguientes solistas: Arturo Chacón Cruz (Fausto), Adriana Mastrángelo (Marguerite), Hernán Iturralde (Mefistófeles) y Lucas Debevec Mayer (Brander).
            La mencionada obra de Berlioz está caratulada por su autor como “leyenda dramática” y se basa en la obra homónima de Goethe. Berlioz compuso un primer esbozo cuando tenía 24 años y ante la falta de respuestas por parte del autor alemán, abandonó su obra para retomarla posteriormente en 1845 y la estrenó en 1846 como ópera en versión de concierto. El fracaso fue rotundo y no le quedó otra cosa por hacer mejor que emigrar –por sugerencia de su amigo Honaire de Balzac-. Volvió a representarla en Moscú y San Petersburgo, donde obtuvo un gran suceso que lo llevó a dirigirla en Berlín y Londres. Pero no fue hasta 1877 –a poco menos de diez años luego de la muerte del compositor- hasta que La Damnation de Faust pudo volver a escucharse en Francia merced a los esfuerzos de Édouard Colonne y Jules Pasdeloup, quienes la rescataron del olvido y la incorporaron al repertorio de sus respectivas orquestas. Posee una estructura de 18 números, divididos en un Prólogo, Segunda, Tercera y Cuarta partes antes del Epílogo final y se requiere una orquestación numerosa, con bronces fuera de escena, abundante percusión y un trío de piccolo para lograr los efectos diabólicos por parte de Mefistófeles; dos arpas, dos oboes, corno inglés para las escenas románticas de la dulce e inocente Marguerite; metales (3 trombones, 2 tubas, 4 trompetas y 4 cornos), que marcan el leitmotiv de Mefistófeles y la célebre Marcha de los Caballeros con la que se cierra el prólogo; clarinete, clarinete bajo y requinto más 4 fagotes. A su vez, los diferentes grupos de instrumentos ilustran con su sonoridad los diferentes pasajes de la obra: la llegada de la primavera y la exaltación de la Naturaleza por parte del Doctor Fausto, el festejo de los campesinos, la entrada de  Mefistófeles, la balada de Marguerite sobre el rey de Thulé, el descenso a los infiernos y la salvación de Marguerite antes de su entrada en el reino de los cielos. Berlioz pinta todas estas escenas con una paleta tonal magistral y se anticipa en casi 10 años al impresionismo musical francés, que alcanzará su apogeo de la mano de Dukas, Ravel y Débussy a posteriori.
            Si bien para la presente versión estaba previsto que el francés Marc Piollet dirigiera a la Filarmónica, hubo una queja del director debida a que a su criterio, necesitaba más ensayo para representar adecuadamente la obra, debido a su alta complejidad. Al recibir la negativa por parte de las autoridades del teatro, se retiró ofuscado y debió ser reemplazado de urgencia por el mencionado director croata, que le puso un sello muy personal a la orquesta. Pese a que logró un buen sonido, hubo momentos donde se lo escuchó muy excesivo en los tutti y en el Pandemonium, al igual que con cierto grado de desacople en las entradas del coro- que fueron rápídamente subsanadas- . No obstante, debido a la profesionalidad de los músicos de la Filarmónica, se brindó  una interpretación de calidad. Los trombones sonaron espléndidamente, al igual que el trío de flautín formado por Claudio Barile, Gabriel Romero y Ana Rosa Rodríguez. Michelle Wong también ejecutó con proverbial maestría el bellísimo solo de corno inglés que anticipa el aria de Marguerite luego de ser abandonada por Fausto (“O’amour! L’ardente flamme”), mientras que Matías Tchicourel, Sebastián Tozzola y Alfonso Calvo se lucieron en sus pasajes. También fue soberbia la interpretación de las violas –bajo la guía de Kristine Bara en el solo de dicho instrumento- en la Segunda parte de la obra y la consabida maestría de Pablo Saraví en su carácter de concertino de la agrupación.
            En cuanto a los principales protagonistas, el mexicano Arturo Chacón  Cruz encarnó a Fausto con pasión y gran soltura escénica. Posee una bellísima voz y una muy buena línea de canto, aunque por momentos, se lo notó algo impreciso en el fraseo. No obstante, sorteó sin dificultad las notas sobreagudas que requiere su personaje y se lució en las principales arias (“Le viel hiver a fait place au printemps”, al inicio de la obra y en “La cours au énfer” (La carrera hacia el infierno). Hernán Iturralde –quien también debió reemplazar a Fernando Radó en último momento- encarnó un muy buen Mefistófeles, tanto vocal como actoralmente. Lucas Debevec Mayer brindó una correcta versión del Aria de la rata como Brander en la Segunda parte, mientras que Adriana Mastrángelo tuvo una actuación un tanto irregular. Comenzó muy bien en el aria del rey de Thulé (“Autrefois, un roi de Thulé…”) y logró un buen dúo de amor con Chacón Cruz, pero se la notó algo deslucida en “O’amour, l’ardente flamme”, que es el aria más conmovedora de toda la obra. El Coro Estable estuvo muy bien preparado y sonó muy bien, mientras que la intervención del Coro de Niños fue muy breve –sólo marca la entradas de Marguerite al cielo, logrando ese efecto de ascenso mediante voces angelicales-, pero efectiva.
            Una vez más hubo desprolijidades, cambios de elenco y de director de orquesta a último momento, sin comunicar previamente a la prensa especializada ni a los abonados. Cualquiera puede enfermarse o sufrir un contratiempo, pero es la segunda vez en lo que va del año donde ocurre este tipo de situaciones. Ya pasó con LA SYLPHIDE y ahora vuelve a suceder. Un teatro lírico de la jerarquía del Colón no puede darse el lujo de tener estos contratiempos y mucho menos, que el público se habitúe a los mismos. Caso contrario, es una clara señal que demuestra que las cosas van de mal en peor.

martes, 27 de agosto de 2019




EXCELSO

Orquesta de Cámara del Congreso de la Nación, Temporada 2019, Primer Violín y Director Invitado: Nicolás Favero. Solista: Pablo Saraví (Violín).  Programa: Obras de Alberdi, Haydn y Schoemberg. Salón de los ios Pasos Perdidos, 26 de Agosto de 2019.

NUESTRA OPINION: EXCELENTE.

    De la mano de dos de los mejores Violinistas del medio musical Argentino, la Orquesta de Cámara del Congreso de la Nación produjo uno de los conciertos más importantes en sus casi 30 años de historia. Bajo la guía de Nicolás Favero y actuando como solista Pablo Saraví,  se desarrolló un programa que cubrió desde los albores de la música Nacional, pasando por el Clacisismo y llegando a una de las cumbres del Post-Romanticísmo. El resultado fue superlativo en todo sentido  y el público se mantuvo expectante en todo momento.

  El inicio nos mostró a Favero Director empuñando su batuta para rendir homenaje al Padre de la Constitución Nacional de 1853, Juan Bautista Alberdi, con una breve composición que es toda una autocita: “Figarillo”, seudónimo que utilizaba para firmar sus escritos periodísticos. Es un arreglo para conjunto de cámara ya que su original es para Piano. Lamentablemente la falta incomprensible de programas de mano hace que no podamos dar cuenta del autor de este arreglo. Sí en cambio hace casi 30 años tuve la oportunidad de apreciar uno sinfónico a cargo de José Rodriguez Faure, quien, como no podía ser de otro modo, lo interpretó al frente de la Sinfónica Municipal de Avellaneda en el Teatro Roma la previa de un 9 de Julio.  Es una composición breve, sencilla, bien desarrollada, tratada en su arreglo de modo muy noble y Favero supo conducirla acertadamente obteniendo un muy buen rendimiento del conjunto.

  El primer momento extraordinario de la noche, sobrevino de la mano de Pablo Saraví, quien fue el Solista del Concierto Nº 1 para Violín y Orquesta en Do mayor de Franz Joseph Haydn. Composición en 3 Movimientos se inicia con un Allegro Moderato en donde tras una relativamente breve introducción el Solista comienza a desarrollar un amplio pasaje. Saraví estuvo impecable en todo momento, tuvo refinamiento, exquisito sonido y excelente técnica. La Orquesta muy bien guiada por Favero tuvo matices y muy buena dinámica, logrando que este movimiento fuese del gusto de todos. El siguiente momento es un Adagio sencillamente exquisito que obra a modo de Serenata en donde el Solista, extraordinariamente secundado por la agrupación, tuvo momentos de altísimo vuelo interpretativo, condiciones reafirmadas en el Presto que cierra la composición. Aquí Solista, Director y Orquesta actuaron en un todo logrando una versión de excelencia virtualmente aclamada por el Público, lo que tras tres salidas a saludar y tras la explicación por parte de Saraví de la naturaleza del segundo movimiento, se lo bisó de manera completa, reiterándose idéntica reacción del público al recibir la totalidad de la obra.

  Para la parte final, Favero asumió el carácter de Primer Violín Guía, dispuso en semicírculo y de pié a los instrumentistas (a excepción lógicamente de los Violonchelos) y ofreció al frente del conjunto una electrizante versión de “Noche Transfigurada” en la versión final de 1943 de Arnold Schoemberg. Tras la explicación del propio Favero de la naturaleza del poema que originó la composición, del origen del trabajo y de la versión a ofrecerse, se pudo disfrutar de momentos de tensión, energía, lirismo y alto vuelo interpretativo, a tal punto que un silencio cerrado en torno al Salón de los Pasos Perdidos fue la prueba elocuente del impacto causado sobre el auditorio. Tras un cierre exquisito de la obra en donde el virtuosismo del conjunto fue absoluto, se pudo obtener un silencio de varios segundos hasta que Favero comenzó a bajar su arco casi como señalando inequívocamente que se podía comenzar a aplaudir, desatando una ovación que este cronista no recuerda a lo largo de los conciertos escuchados por El a cargo de este conjunto en el edificio legislativo.

  Esta es una prueba concluyente de la categoría alcanzada por esta formación y este debe ser el único fin para el cual se desempeña. Quienes piensen en otras cosas, se equivocan.

Donato Decina

domingo, 25 de agosto de 2019


Ecos del Concierto de cierre de Horacio Lavandera en el Teatro Coliseo

CON SELLO PROPIO Y ESTILO PERSONAL
Martha CORA ELISEHT

            Hace ya un tiempo que además de actuar como solista, Horacio Lavandera participa en conciertos donde ejerce el doble rol de pianista y director de orquesta. Así  como su colega Andras Schiff se presenta regularmente como solista y director del Ensamble Andrea Barcia,  Lavandera ha decidido incursionar en este rubro desde hace ya un par de años atrás, donde una pudo apreciarlo al dirigir la Orquesta Sinfónica Nacional en el Centro Cultural Kirchner (CCK), con gran suceso de público y crítica.  Por lo tanto, este año decidió repetir esa maravillosa  experiencia ofreciendo dos conciertos los días 23 y 24 del corriente en el Teatro Coliseo, dirigiendo a la Orquesta Clásica Argentina en un programa que incluyó los dos Conciertos para piano y orquesta de Frederik Chopin (1810-1849) y sus homónimos n° 3 en Do menor, Op. 37 y n° 5 en Mi bemol mayor, Op.73 (“El Emperador”) de Ludwig van Beethoven (1770-1827).
            En declaraciones radiales ofrecidas hace aproximadamente dos meses a quien escribe, Horacio Lavandera manifestó que se encuentra actualmente en una etapa de crecimiento profesional y que se sentía muy cómodo al ejercer los dos roles. Por ende, decidió organizar estos conciertos incluyendo las obras anteriormente mencionadas, que conoce a la perfección merced a su prodigiosa memoria y a su temperamento, que le permite incursionar en ambos géneros. Asimismo, mencionó que la elección del repertorio no fue casual, ya que siempre soñó con dirigir estas obras además de tocarlas, imprimiendo- les su sello personal. Para ello, convocó a músicos de las más importantes agrupaciones sinfónicas del país –Orquesta Sinfónica Nacional, Filarmónica de Buenos Aires y de Música Argentina “Juan de Dios Filiberto”, entre otras-y creó la Orquesta Clásica Argentina.
            Debido a compromisos profesionales, quien escribe participó del concierto ofrecido el sábado 24 del corriente, donde se interpretaron el Concierto n°5 para piano y orquesta en Mi bemol mayor, Op.73 (“El Emperador”) de Beethoven y el n° 2 en Fa menor, Op.21 de Chopin. Ambos poseen tres movimientos,  pertenecen al género romántico y forman parte de los tradicionales programas de conciertos. Y si bien una los ha escuchado infinidad de veces por grandes intérpretes,  en esta nota sólo se referirá a la presente versión.
            El título de “Emperador” no pertenece a Beethoven, sino al editor inglés Johann Cramer, quien lo publicó en Londres luego de su estreno por la Gewandhaus de Leipzig en 1811. Desde los acordes del Allegro inicial, el último de los conciertos escritos por el genio de Bonn sonó magistralmente, respetando los tempi y los tres temas del 1° movimiento. Lavandera sorprendió dirigiendo de memoria y dando perfectamente las entradas a cada uno de los grupos de instrumentos al mismo tiempo que interpretaba sus solos, que fueron  ejecutados con su habitual maestría y su técnica impecable.  Esto se notó aún más en el tercer tema –introducido por el piano hacia el final del movimiento-, caracterizado por su virtuosismo y por ser vibrante (cualidades que Lavandera cumplió eficazmente). Como no podía ser de otra manera, el lirismo típico del 2° movimiento (Adagio un poco mosso) fue sublime, al igual que la coda que anuncia –de manera attaca-  al Rondó- Allegro ma non tanto final. Mientras que la parte solista estuvo maravillosamente ejecutada desde el principio hasta el final, no obstante, hubo un ligero desacople entre solista y orquesta previo a la capitulación final. Probablemente, pudo haberse apurado un tanto en la marcación del tiempo correspondiente, pero en líneas generales, la orquesta supo acompañar perfectamente al solista y todos los instrumentistas desarrollaron una muy buna labor. Si Lavandera no podía dar una entrada, el concertino Gustavo Mulé sí lo hizo en tiempo y en forma, constituyendo una dupla perfecta. De todos modos, no fue motivo para desmerecer todo lo actuado hasta ese momento, sino todo lo contrario, ya que el público estalló en aplausos hacia el final, en un teatro prácticamente colmado de gente.
            El célebre Concierto n° 2 en Fa menor, Op. 21 data de 1829 y fue estrenado por el mismo Chopin en Varsovia al año siguiente. En realidad, fue compuesto antes que su homónimo en Mi menor y también consta de tres movimientos. El primero de ellos (Maestoso) está escrito en forma sonata y posee una amplia introducción orquestal, donde se exponen los dos temas principales: el primero, más lírico –desarrollado por la orquesta- y el segundo, de carácter íntimo –desarrollado por el solista-. Luego de un fortissimo, el piano toma el comando y ya será el protagonista hasta el final. Para un pianista de los quilates de Horacio Lavandera, fue como un guante que le calzó perfectamente bien, ya que pudo hacer gala de su técnica y su brillante interpretación. Se lo apreció más aplomado y seguro como director en este concierto que en el de Beethoven, logrando un espléndido equilibrio sonoro entre piano y orquesta y respetando perfectamente los tempi. El maravilloso tema romántico del 2° movimiento (Larghetto) encontró en Lavandera a un intérprete ideal, ya que supo conjugar los momentos de mayor dramatismo con el cantábile y la connotación erótica de la melodía (hay que recordar que Chopin se lo dedicó a su amada, Konstanza Gladkowska, antes de abandonar su Polonia natal). El tercer movimiento (Allegro vivace) está escrito en forma de rondó y también tiene dos melodías principales, de las cuales, la última es una mazurka, que fue interpretada según la mejor tradición romántica polaca, donde el piano juega con la orquesta para cerrar con un brillante moto perpetuo final, que la misma supo ejecutar magníficamente bien. Una versión memorable desde todo punto de vista,  que encontró su correlato en los numerosos vítores y el aplauso unánime del público al final del concierto.
Naturalmente, no faltaron los bises y ante el aplauso sostenido por parte del público. Horacio Lavandera decidió brindar uno junto a la orquesta, y el otro, como solista: el último movimiento del Concierto para piano n° 3 en Do menor, Op.37 de Beethoven (Rondó- Allegro), donde tanto el solista como la orquesta se lucieron en una versión excelsa, caracterizada por respetar perfectamente los tempi y por la soberbia interpretación  de la cadencia por parte del solista, que cerró el recital con una monumental variación para piano de Libertango, de Astor Piazzolla. Tanto Lavandera como los músicos se retiraron ovacionados y se lo vio profundamente conmovido y feliz  por el suceso alcanzado. Ha crecido como director orquestal y ha demostrado con creces que puede ejercer ambas funciones a la vez. Y, al igual que varios de sus colegas –Leopold Hager, Andras Schiff y Daniel Barenboim, entre tantos otros- ha decidido incursionar en este nuevo rol. ¿Quién dice que en el día de mañana no se transforme en un gran director de orquesta sinfónica?... Sólo es cuestión de tiempo.