martes, 11 de junio de 2019

Excelente interpretación de la Irish Chamber Orchestra en el Colón

SONIDO PRÍSTINO COMO LAS AGUAS DEL SHANNON
Martha CORA ELISEHT

            Quien haya visitado alguna vez Irlanda sabe que el río Shannon es el más largo y caudaloso del país. En la desembocadura de dicho río se encuentra Limerick, la tercera ciudad del país y sede de la Irish Chamber Orchestra (Orquesta de Cámara de Irlanda), que se presentó en el Teatro Colón los días 3 y 10 del corriente, dentro del ciclo de Abono del Mozarteum bajo la dirección de Jörg Widmann, quien actuó no sólo como Director Musical de la agrupación, sino también como solista.
            Esta cronista asistió a la función del día 10 del corriente, donde se ejecutaron las siguientes obras: el Concierto para clarinete y orquesta en La mayor, K.622 de Wolfgang Amadeus Mozart (1756-1791), Con brío (obertura de concierto) del mismo Widmann (1973) y la Sinfonía n° 2 en Do mayor, Op.61 de Robert Schumann (1810-1856).
            Este prestigioso conjunto ha actuado en los escenarios más importantes de Europa y Estados Unidos junto a músicos de primer nivel (entre otros, James Galway, Carolin Widmann y Elisabeth Leonskaja), gracias a las numerosas colaboraciones que promueve el clarinetista y compositor Jörg Widmann, quien es Director de la misma desde 2012. En este caso, se pudo apreciar a este gran músico alemán en sus tres facetas: compositor, solista y director.  Su obra Con brío fue presentada en el Colón en calidad de estreno local en la edición 2015 del Festival Barenboim por la West Eastern Divan Orchestra, bajo la batuta del mencionado director. Se lo pudo apreciar como solista en el célebre Concierto para clarinete y orquesta de Mozart y, finalmente, como director con la Sinfonía n° 2 de Schumann, donde no sólo ofreció una versión memorable de dicha obra, sino que también puso de manifiesto su garra y su ímpetu en el podio, contagiando su entusiasmo a sus músicos. Pero antes de comenzar el concierto, la concertino Diane Daly fue la encargada de lograr una afinación perfecta, de modo que cuando Widmann hizo su aparición en el escenario, la orquesta arrancó sola, perfectamente coordinada, afiatada y acompasada. Hacía rato que no se escuchaba en el Colón una agrupación con un sonido tan compacto, prístino, con excelentes matices y una profundidad estupenda. En cuanto al solista, Jörg Widmann se hallaba plenamente imbuido del espíritu mozartiano. Sus trinos y arabescos fueron perfectos, haciendo hincapié en las notas más graves del clarinete. Hay que recordar que cuando Mozart compuso esta obra, fue escrita para clarinete bassetto- que no tiene nada que ver con lo que hoy en día se conoce como clarinete bajo o clarón- y, por ende, la dificultad de la interpretación de este concierto radica en las notas graves. Debido a que el clarinete actual –clarinete en La- no alcanza a cubrir el registro original, las notas fueron traspuestas hacia una octava más aguda. Los tres movimientos que componen el mencionado Concierto (Allegro/ Adagio/ Rondó- Allegro) fueron ejecutados con una absoluta perfección y con una estupenda marcación de los tempi. Esto se notó más en el célebre Adagio y en el Rondó- Allegro, donde el público deliró en aplausos al final del mismo.
            Acto seguido, se interpretó la mencionada obertura de concierto Con brío, con el compositor en el podio. Esta obra se compuso por encargo de la Filarmónica de Baviera en 2008 y se estrenó el 25 de Septiembre de ese mismo año por la Orquesta Sinfónica de la Radio de Baviera, bajo la dirección de Mariss Jansons. Se basa en las Sinfonías 7° y 8° de Beethoven y abre con un solo de timbal, seguido por un tutti entre las cuerdas y las maderas. Posee matices y reminiscencias de diferentes compositores (Beethoven, Mahler, Stravinsky, Béla Bartok y Ravel), que se van alternando progresivamente, en un ritmo vibrante. En este caso, la versión ofrecida por la Irish Chamber sonó diferente de aquella que una pudo apreciar con la West Eastern Divan –más compacta e imponente, con un trémolo perfecto por parte de las cuerdas- y con una precisión absoluta en los golpes de timbal – estupenda labor del solista Adam Dennis-. Pero lo mejor de la noche fue la excelsa interpretación de la Sinfonía n° 2 en Do mayor de Schumann, donde la orquesta ofreció una expresividad sublime, con  precisión absoluta en los tempi de los 4 movimientos que la  integran (Sostenuto assai- Allegro ma non troppo/ Scherzo: Allegro vivace/ Adagio espressivo/ Allegro molto vivace). Es una obra romántica por antonomasia y la orquesta supo plasmar el espíritu de la misma, sacando un sonido prístino y una majestuosidad en la interpretación, similares a la de aquella versión ofrecida por Kurt Masur al frente de la Orquesta de la Gewandhaus en los ’80 en el mismo escenario. Las intervenciones de los solistas fueron magistrales y, tal como se mencionó previamente, Widmann no sólo contagió su entusiasmo a los músicos, sino que también puso de manifiesto su profesionalismo, con un gran trabajo de afinación, acople y ensamble de los diferentes instrumentos. Al finalizar el concierto, el público los ovacionó.
            Curiosamente, la orquesta no ofreció ningún bis. Tampoco hicieron falta, ya que luego de haber escuchado algo tan sublime y tan perfecto, hubiera sido imperdonable tocar algo más. Una prefiere quedarse con esa versión maravillosa y ese sonido prístino, tan puro y transparente como las aguas del Shannon. Y que quedará dentro de los oídos de los asistentes por mucho tiempo, en una auténtica noche digna del Colón

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