domingo, 23 de junio de 2019


APOSTAR POR EL ARTE

Concierto de Re-apertura del la Sala Profesor Roberto Gustavino del Teatro del Colegio Pío IX de Buenos Aires. Presentación del Ensamble 4 40, Director: Ignacio Mandrafina. Programa: Obras de Williams, Biber y Tchaickovsky. 22 de Junio de 2019.

NUESTRA OPINION: MUY BUENO.

  Hablar del Colegio Pío IX, es referise a un ícono de la educación en la República Argentina. E indisolublemente es remitirse también a las huellas que los miembros de la orden Salesiana y San Juán Bosco en particular dejaron a lo largo del País, pero fundamentalmente desde Buenos Aires hacia la Patagonia toda. Si bien siempre se hace referencia al hecho de que sus dos alumnos más notables han sido el Presidente Constitucional Dr. Arturo Humberto Illia y el Zorzal Criollo Carlos Gardel, no es menos cierto que desde lo anónimo centenares de alumnos adquirieron conocimientos, egresaron, siguieron carreras terciarias de importancia y ocuparon posiciones trascendentes dentro de los esquemas laborales de hoy en día. Sea por la calidad de la enseñanza, por los ámbitos edilicios en los que se brinda la misma y por la capacidad de sus cuerpos docentes, el Colegio Industrial Pío IX trasciende a Almagro, a Buenos Aires y a la Argentina toda.

    En su cuerpo docente figura Ignacio Mandrafina, de quién nos refiriéramos el año pasado como titular del Ensamble 4 40 y como violinista. Batallador como pocos en estos tiempos difíciles, gestiona este conjunto que solventa en parte sus gastos a través del Mecenazgo Cultural de la Ciudad de Buenos Aires. Su  inquietud lo lleva también a llevar adelante el “Proyecto Orquesta” por el cuál los Alumnos del Pío IX que lo deseen podrán aprender instrumentos de la Orquesta y si la convocatoria surte el efecto deseado, poder conformar una Orquesta Clásica. El Pio IX cuenta con la Sala Profesor Roberto Gustavino para Ello. Es una sala de clásico corte “Alla Italiana” aún cuando ahora esté revestida en sus cielorrasos con paneles de aislación acústica. Un escenario de gran boca y aceptable profundidad, instalaciones de camarines en su subusuelo y, lo ms importante, hasta un foso pequeño evidentemente pensado para conjuntos de cámara, con lo que  quienes participaron del diseño de la sala lo hicieron  tomando el Teatro Musical como forma de elevación cultural y espiritual del alumnado. Ignacio Mandrafina tuvo la visión suficiente como para proponer a las autoridades del Colegio la puesta en valor de ese espacio, abriendo a la comunidad el mismo, lo que seguramente obrará como disparador para que quienes tengan proyectos serios y se adecúen a la sala, puedan llavar a cabo sus realizaciones.

  La reapertura formal tuvo lugar con un concierto en donde Mandrafina unió sus dos pasiones, la Sala Gustavino y su Ensamble 4 40 como protagonista. Y lo hizo con un programa compuesto por obras para Orquesta de Cuerdas armado con inteligencia y muy buen gusto.

   Con “A Prayer For Peace” (Una plegaria por la Paz) de John Williams, que integra su banda de sonido compuesta para la película “Munich” que recuerda la horrorosa matanza de atletas Israelíes a manos de un comando Palestino durante los Juegos Olímpicos de 1972, se inició el concierto. La formación lució completamente amalgamada, con una gran profundidad de sonido y la acústica del especio es irreprochable.

  Gracias a la invectiva de Mandrafina a la hora de formular la programación, tuvimos oportunidad de conocer música de Heinrich Biber, compositor Austriaco (Hoy sería Checo ya que su lugar de nacimiento fue en Bohemia). Nacido en 1644, cultivó el barroco y sus obras son de marcada índole religiosa ya que ejerció cargos para Obispos y la Nobleza, llegando a su momento cumbre en Salzburgo, ciudad en la que falleció. “Battaglia a 9” es una obra suya que vista hoy tuvo momentos de avanzada por el trabajo de sonoridades en las que han abrevado muchos compositores actuales. El uso de golpes con los pies por parte de los músicos (piense Ud. En los calzados del mil seiscientos y la sonoridad que allí se encontraba era mayor que la que ya provocan los músicos hoy). Otra sorpresa es el empleo de un contrabajo al que se le coloca una hoja de papel entre sus cuerdas y la caja de resonancia del mismo. Pensemos entonces en las obras de hoy para instrumentos preparados. No cabe duda que las invenciones de esa época fueron fermento para los creadores actuales. La versión fue de excelencia, aún cuando siempre hago la salvedad de mi preferencia por los instrumentos a la usanza de época, lo que aviva ahora aún mas mi interés por escuchar a este creador con una formación de ese tipo. El mérito exclusivo es del Director por su inclusión y su revelación.

  Previo a “Battaglia….”, un percance en el violín del guía de segundos violines retrasó el inicio de la interpretación ,por lo que ese espacio se cubrió con lo que iba a ser el primer “Bis” de la noche y consistió en un arreglo solo para cuerdas del primer tema del segundo movimiento (Poco Allegretto) de la Sinfonía Nº 7, Op. 92 en La mayor de Beethoven. A partir de la flamante Concertino, Nelly Guevara (Integrante de la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires y ahora brazo derecho del joven Director), la agrupación desgranó una sentida interpretación que logró llevar a pleno la tensión que ese pasaje requiere, siendo aplaudido muy efusivamente ese fragmento ofrecido por la concurrencia.

  La obra de fondo fue un verdadero “Pezzo Grosso” y se trató de la Serenata para Cuerdas, Op. 48 de Tchaickovsky. Intensa, delicada, con altísimo refinamiento y un final pleno de enjundia. El 4 40 y su Director brindaron al público una versión de altísima calidad. Que pudieron existir algunos pequeños desajustes, pasa hasta en los grupos mas profesionales, pero no debe dudarse en modo alguno de la honestidad, la seria intención y la entrega absoluta del Director y todo el Conjunto. La efusiva y sentida ovación del público fue contundente.

  Y hubo lugar para “una más”, y fue el arreglo para Orquesta de Cuerdas de “Por Una Cabeza” de Gardel y Le Pera, magníficamente llevada. Seguramente ”Desde arriba” y apreciando lo que en su escuela ocurría, “El Morocho” volvió a sonreír. ¿Habrá cantado ahí junto a sus compañeros?

Donato Decina

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