domingo, 23 de junio de 2019


Presentación del Ciclo de Conciertos del Ensamble 440 en el Teatro del Colegio Pío IX

CON SELLO PROPIO
Martha CORA ELISEHT

            Es sorprendente la cantidad de salas de auditorios no convencionales que existen en la Ciudad de Buenos Aires y que podrían dar albergue a jóvenes valores en las diferentes disciplinas artísticas a fines de mostrar su talento. Lamentablemente, la mayoría de ellas no se aprovechan como debiera. Sin embargo, el pasado sábado 22 del corriente hubo un hecho que permitió que una agrupación integrada por músicos muy jóvenes pudiera mostrar en un escenario aquello que mejor saben hacer: tocar sobre un escenario. Y lo hizo en el Teatro del Colegio Pío IX, sito en el barrio de Caballito, en la sala Gustavino, donde el Ensamble 440 inauguró su temporada de conciertos para este año, bajo la dirección de Ignacio Mandrafina.
            Este conjunto se formó en 2015 y desarrolla un repertorio basado fundamentalmente en música de cámara y música para cuerdas. Se ha presentado en la Parroquia Nuestra Señora de Guadalupe, Iglesia Santa Rita, Teatro Auditorio CENDAS, en el Gran Rex y en el Club de Pescadores, entre otros lugares. Entre sus miembros figuran instrumentistas de prestigioso nivel, como Nelly Guevara – concertino del Ensamble y solista guía de segundos violines de la Filarmónica de Buenos Aires- , el violinista Sergio Rodríguez y los violistas Luis Bohorquez y Christina Moreno.
            La sala donde actuaron el 22 del corriente mes también se reinauguró tras una remodelación. Consta con una capacidad aproximada para 150 personas y posee un escenario apto para representar no sólo conciertos, sino también una ópera de cámara, porque posee un foso para la orquesta. Quien escribe tuvo oportunidad de visitar no sólo el mencionado foso, sino también, los 5 camarines que se encuentran debajo del escenario luego del concierto, de modo que es una sala que cuenta con todas las comodidades para los artistas y el público. Por lo tanto, se puede aprovechar muy bien.
            Tras unas breves palabras de presentación a cargo del director, la orquesta abrió el concierto con A Prayer for Peace (“Una oración por la paz”) del compositor estadounidense John Williams. Nacido en 1932, es bien conocido por ser compositor de música de películas y es el tema de Black Sunday (Domingo Negro), que narra la masacre de los atletas olímpicos de Israel, asesinados durante los Juegos que se realizaron en Munich en 1972. La apertura estuvo a cargo de los 4 cellos- todas mujeres-, seguidas por el resto de la orquesta, al cual se le incorpora un solo de violín –a modo de lamento- que, posteriormente, es tomado por el resto de la orquesta en una excelente recapitulación. Desde el inicio, la agrupación sonó muy compacta, bien ajustada y afiatada, con una excelente labor de Nelly Guevara como solista y un muy buen acompañamiento por el resto del conjunto.
|           Debido a un inconveniente surgido con el segundo violín guía –un corte de una de las cuerdas del instrumento, que obligó a cambiarla-, la violinista Luz Merlo ocupó el lugar de su compañero y ofrecieron una muy buena versión del 2° movimiento de la Sinfonía n° 7 en La mayor, Op.92 de Ludwig van Beethoven, que sonó muy compacta y solemne. Muy destacada labor de los violistas  Luis Bohorquez y Christian Manzano, de la violinista Nelly Guevara y de la cellista Lorena Nogueira, que supieron darle brillo a los pasajes de los diferentes instrumentos.  Si bien estaba programado como un bis, Mandrafina supo solucionar inmediatamente la situación y utilizar un “plan B” que funcionó a la perfección.       Seguidamente, el Ensamble brindó una obra del compositor barroco austríaco Heinrich Franz von Biber (1644- 1704): la sonata La battaglia (Battaglia a 9), que consta de 9 movimientos. Compuesta en 1673, su versión original es para 3 violines, 4 violas, 2 violones y 2 continuos. Debido a que el grupo no posee instrumentos barrocos originales, se ofreció una versión por todo el conjunto, pero usando algunos recursos para que tratara de sonar lo más fidedignamente posible acorde a la partitura original (Ej.: golpes con los pies para marcar el compás por parte de los músicos en los presti y allegri con brio; frotes con los arcos  para lograr efectos metálicos cercanos al puente de los instrumentos e interponer un papel entre las cuerdas del contrabajo para lograr un sonido un  poco más áspero). Para esta cronista fue una sorpresa total, debido a que hay pasajes de la misma que son muy similares a la música de folkedans escandinavo o al ceilidgh celta- irlandés –algo casi imposible de imaginar en una obra barroca- . Naturalmente, sonó muy bien y fue muy aplaudida y bien recibida por el público.
            Por último, la orquesta ofreció una obra romántica y de envergadura: la Serenata para cuerdas en Do mayor, Op. 48 de Piotr I. Tchaikowsky (1840- 1893). Compuesta en 1880, consta de 4 movimientos: Pezzo in forma de sonatina- Andante non troppo- Allegro moderato (Do mayor)/ Valse. Moderato- Tempo di valse (Sol mayor)/ Elegia- Larghetto elegiaco (Re mayor)/ Finale- Andante- Allegro con spirito (Do mayor). Como en casi todas sus obras, Tchaikowsky incorpora temas folklóricos rusos en el último movimiento (“Bajo el manzano verde”) y lo desarrolla en el mismo tono con el que se inicia la obra. La agrupación supo darle su impronta personal, ya que sonó muy romántica y fiel a la partitura original. Mandrafina demostró en escena su amplia formación en el repertorio de cámara, ofreciendo una versión luminosa y equilibrada. Y el público presente supo elogiar la labor realizada por el conjunto con un  fuerte y cálido aplauso. Y hubo tiempo para ofrecer un bis: una versión para cuerdas del tango Por una cabeza, de Carlos Gardel y Alfredo Le Pera –hay que recordar que El Mudo fue alumno de dicho colegio-, de modo que también se le rindió homenaje a la institución que cobijó a los músicos.
            Una espera que estos jóvenes valores puedan seguir desarrollando su arte en el futuro, ya que brindaron un concierto de excelente calidad en el ámbito de una institución no oficial, que afortunadamente, abrió sus puertas al público. Ojalá que se repitan muchos emprendimientos de este tipo y que las autoridades de los organismos oficiales puedan apoyar a estos grandes talentos: ya sea brindándoles apoyo económico, o permitirles presentarse sobre algún escenario de alguna institución dependiente de su jurisdicción. Y que asimismo, los escenarios que hoy están vacíos e inutilizados puedan llenarse de artistas en el futuro.

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