Antonio Formaro y el piano. Una imágen que lo dice todo merced a esta toma plasmada por Martha Cora Eliseht.
Estupendo recital de Antonio Formaro en el Salón Dorado del Colón
ELEGANTE, REFINADO Y TEMPERAMENTAL
Martha CORA ELISEHT
En materia de música de cámara y recitales, el Salón Dorado del Teatro Colón
también abrió sus puertas durante la presente temporada con varios ciclos: EL
LEGADO, donde se rinde homenaje a prestigiosas figuras del ámbito local e
internacional por su trayectoria; Cuartetos de cuerdas, recitales de canto y piano y, esta
vez, le tocaba el turno a PIANISSIMO, donde tienen cabida los máximos representantes
e intérpretes de este instrumento. El concierto inaugural estuvo a cargo de la pianista
rusa Asiya Korepanova en marzo del corriente año y el pasado miércoles 8 del corriente
se presentó uno de los más prestigiosos pianistas argentinos de la actualidad: Antonio
Formaro, quien brindó un recital integrado por las siguientes obras:
- Sonata para teclado en Fa mayor, I.28- Baldassare GALUPPI (1706-1785)
- Introducción a la danza, Op.65- Carl María von WEBER (1786-1826)
- Variations sérieuses, Op.54- Félix MENDELSSOHN BARTHOLDY (1809-
1847)
- Images, Libro I (105-110) - Claude DEBUSSY (1862-1918)
- Suite de danzas criollas, Op.15- Alberto GINASTERA (1916-1983)
Una de las principales características de este concierto fue que Formaro tocó todo el
repertorio absolutamente de memoria, lo que representó un valor agregado en un evento
donde primaron la elegancia, exquisitez y sutileza en materia de interpretación en todas
las obras comprendidas en el programa.
Acorde a la tradición de composición del período barroco, la mencionada sonata de
Baldassare Galuppi se divide en tres movimientos: Andante/ Allegretto/ Presto, cuya
interpretación fue muy precisa y bien acompasada, sonando sumamente barroca. El
pianista hizo gala del dominio de tempi y ejecución de arpegios, trinos y cadencias.
Introducción a la Danza Op.65 o J.260 fue compuesta originalmente para piano a 4
manos en 1819 y se la considera como el primer vals de concierto de carácter
romántico, ya que sirvió de modelo a Johann Strauss para componer sus célebres valses
vieneses. Posteriormente, Héctor Berlioz lo orquestó en 1841 para una representación
de El cazador furtivo en París y fue la versión que inmortalizó Michel Fokine en 1911
para la coreografía de su ballet El Espectro de la Rosa. Su estructura es un vals en ¾ en
Re bemol mayor seguido de un rondó. Luego de una introducción lenta (Moderato),
sigue una sección rápida (Allegro vivace) y vals, que se alternan entre sí. Luego de una
serie de pasajes en escala exuberante (vivace), se repite el vals principal para culminar
con una coda final que, luego de una pausa, desemboca en el acorde final. Esta última
sección posee una serie de arabescos que no se incluyen en el ballet y que fueron
perfectamente ejecutados. Antonio Formaro no sólo es un pianista ideal para este tipo de
repertorio, sino que es especialista en el repertorio romántico. Fue una interpretación
que descolló por su elegancia, refinamiento y precisión.
Las Variations sérieuses (Variaciones serias), Op.54 en Re menor de
Mendelssohn fueron compuestas en 1841 y publicadas al año siguiente en Viena. Sobre
un tema principal de 16 compases -dividido en 4 secciones de 4 compases cada una- se
desarrollan 16 variaciones breve y diferentes en su estilo dentro de la misma tonalidad
agrupadas por parejas, que se interpretan sin solución de continuidad y culminan con
una fuga y un coral. Representan una auténtica demostración de virtuosismo y fueron
abordadas por un verdadero especialista en la materia, con un perfecto dominio de tempi
en los prestissimi alternando con pianissimi. Mientras las rápidas sonaron más
dramáticas, las lentas lo hicieron de manera más solemne y romántica.
Claude Debussy compuso el libro I de Images (Imáenes) entre 1901 y 1905, que está
formado por 3 piezas: Réflects dans l’eau (Reflejos sobre el agua), Hommage à Rameau
(Homenaje a Rameau) y Mouvement (Movimiento), que sonaron con el típico toque
impresionista característico del compositor usando la escala de tonos enteros, donde
hubo un perfecto dominio del teclado mediante arabescos, trinos, glissandi, arpegios y
cadencias que sonaron de manera útil y refinada. Por último, el pianista cerró el recital
con una magnífica versión de la mencionada Suite de danzas criollas, op.15 de
Ginastera, compuesta en 1946 e integrada por 5 números: Adagietto pianissimo/ Allegro
rustico/ Allegretto cantabile/ Calmo e poético/ Scherzando. Coda, donde la primera se
da en ritmo de balada; la segunda, de chacarera; la tercera, de huella/ triste; la cuarta, de
zamba y la última, de malambo. Todas son breves y su línea melódica es tonal.
Naturalmente, el público deliró luego de escuchar el malambo típico y característico del
compositor, con una síncopa en la sección central previamente a la coda final, lo que
produjo una ovación de aplausos y vítores. Como no podía ser de otra manera, Antonio
Formaro ofreció un bis: la Gavota de Camille Saint- Saëns, que también sonó magnífico
y le valió numerosos aplausos antes de finalizar un recital de excelencia.
En periodismo, se dice que el título de una nota representa la síntesis más perfecta
de su contenido y el presente recital no constituye la excepción a la regla. La elegancia
y el refinamiento en la interpretación se sumaron al temperamento del pianista para
lograr un recital donde descollaron la excelencia y la jerarquía en todos los aspectos.
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