sábado, 18 de abril de 2026

 


Momento de la versión adaptada de Porgy and Bess de Gershwin que ofrece el Ensamble Lírico Orquestal festejando sus 25 años en el Teatro del Picadero. Fotogtrafía de Martha Cora Eliseht


Muy buena representación de “PORGY & BESS” por el Ensamble Lírico Orquestal


UNA HISTORIA DE AMOR, VALENTÍA Y COSTUMBRISMO

Martha CORA ELISEHT


Con motivo de celebrar su 25° aniversario, el Ensamble Lírico Orquestal ha

decidido festejarlo con la reposición de uno de sus grandes éxitos en versión semi

escenificada: PORGY & BESS, de George Gershwin (1898-1937), cuyo estreno tuvo

lugar el pasado sábado 11 del corriente en el Teatro El Picadero. Participó un ensamble

de jazz conformado por piano, bajo eléctrico, saxofón, clarinete, batería y flauta y el

Coral Ensamble bajo la dirección musical y coral de Gustavo Codina. El espectáculo

contó con coordinación de producción de Cecilia Layseca; ambientación y dirección

escénica de Gonzalo Berdes y el siguiente elenco: Pol González (Porgy), Ximena Farías

(Bess), Juan Salvador Trupia (Crown), Lidice Robinson (Serena), Christian Casaccio

(Sporting Life), Juan Feico (Jake) y Clara Pinto (Clara).

La idea de Geroge Gershwin acerca de componer una ópera se cristalizó en 1926

luego de leer la novela Porgy de DuBose Heyward, que narra las condiciones de vida de

los afroamericanos en Carolina del Sur. El compositor quedó fascinado con el

personaje: un lisiado que vive en un suburbio de Charleston (Catfish Row), quien trata

de rescatar a Bess del submundo de la droga y la prostitución por parte de Crown (su

esposo y proxeneta) y de Sporting Life (un vendedor de drogas). Él le brinda refugio,

comprensión y afecto y ambos se enamoran. Ni bien terminó de leerla, Gershwin le

escribió inmediatamente una carta a su autor manifestándole su intención. Debido a que

no tenía prisa en componer, Heyward realizó una versión teatral de su novela en

colaboración con su esposa Dorothy, que se estrenó en 1927. Inmediatamente, tanto Al

Jolson como Oscar Hammerstein II y Jerome Kern quisieron componer un musical

basado en dicha versión, pero luego perdieron el interés. Por lo tanto, Gershwin tenía el

camino libre, de modo que él y su hermano Ira se reunieron con DuBose Heyward en

Charleston para comenzar la composición de su denominada “ópera folklórica” en

1927, que debía ser interpretada exclusivamente por cantantes negros.

Debido a que Gershwin estaba fascinado con las melodías afroamericanas, los

pregones de los vendedores locales y los mitos y creencias populares (Buzzard keeps on

flyin’ this morning, aria de la lechuza), la composición de su ópera tardó 5 años en vez

de 2 como había previsto originalmente. Es la obra que condensa y conjuga a la

perfección la técnica europea de orquestación con expresiones idiomáticas del jazz,

blues, gospel y melodías folklóricas afroamericanas. Sin embargo y, pese a su gran

riqueza rítmica, no fue aceptada como una ópera en Estados Unidos, aunque Gershwin

siempre la consideró como su mejor obra. En aquella época, el prejuicio racial era muy

grande y ningún teatro lírico aceptaba cantantes afroamericanos como intérpretes.

El estreno mundial en escena se produjo en septiembre de 1935 en el Colonial

Theater de Boston, aunque la versión original se estrenó ese mismo año en el Carnegie

Hall de New York en versión de concierto bajo la dirección musical de Eva Jessye.


Durante los ensayos en Boston, Gershwin hizo muchos cortes, la refinó para resaltar su

acción dramática y acortar su duración. Bajo la régie de Rouben Mannoulian y

dirección musical de Alexander Smallens, se transformó en un suceso. No obstante,

todavía tuvo que pasar mucho tiempo para su aceptación como ópera en Estados

Unidos. Recién en 1976 la Houston Grand Opera produjo la partitura completa y su

estreno en el Metropolitan Opera House de New York tuvo lugar en 1985, con la

participación de Grace Bumbry y Simon Eastes en los roles protagónicos. Desde ese

entonces, se representa con bastante periodicidad dentro de Estados Unidos y en el resto

del mundo.

No es la primera vez que el Ensamble Lírico Orquestal representa este clásico.

Lo hizo en 2014 en el Auditórium de Belgrano en versión de concierto, donde

participaron cantantes, orquesta y coro en una selección de los fragmentos más

importantes. En este caso, se prefirió montar una versión semi escenificada con algunos

elementos (mesa con sillas, tarimas) para representar las diferentes escenas (juego de

dados, sepelio de Robbins, habitación de Porgy, escena de amor, convocatoria de Jake)

y ubicar al coro, que juega un rol primordial desde el principio hasta el final de la ópera,

ya que Gershwin lo considera como un protagonista más. Pero a diferencia de la

concepción del bel canto italiano, aquí se entonan frases integradas por vocales

características de las melodías folk afroamericanas y repeticiones (antífonas) del gospel.

El vestuario es sumamente sencillo y la escenificación de Gonzalo Berdes estuvo muy

bien realizada, al igual que la caracterización de los personajes.

En cuanto al aspecto musical, el ensamble de jazz sonó muy bien y los

fragmentos empleados en esta versión reducida estuvieron muy bien combinados.

Teniendo en cuenta que no se trata de un coro profesional, el Coral Ensamble -que

también cumple 20 años de existencia este año- sonó muy bien en todas sus

intervenciones, ya sea solo o acompañando a los principales intérpretes. Se destacó en

las arias del picnic en Kittiwah Island del 2° acto (Oh, I can’t sit down y I ain’t got no

shame doin’what I like to do!) y en la escena final del 1° (Oh, the train is at the station).

Si bien Clara Pinto ofreció una correcta versión del aria más famosa de la ópera

(Summertime), la de Lidice Robinson -que se repite en el 3° acto luego que Porgy mata

a Crown en defensa propia- fue muy superior. La mezzosoprano ecuatoriana se lució en

el aria de Serena (My man is gone now), lo que le valió un aplauso sostenido tras su

interpretación. Por su parte, Juan Feico brindó un correcto Jake en sus dos arias (A

woman is a sometime thing y Oh, I’m again now at the Blackfish Banks), pero la

revelación de la tarde fue Christian Casaccio como Sporting Life. No sólo posee el

physique du rôle necesario para interpretar este personaje, sino también sus recursos

vocales, que le permitieron lucirse en dos arias fundamentales: It ain’t necessarily so y

There’s a boat that’s livin’ soon for New York, lo que le valió la ovación del público.

¿Qué decir de Juan Salvador Trupia?... Un barítono extraordinario de gran caudal vocal,

que brindó un excelente Crown. Y en cuanto a la pareja protagónica, Ximena Farías fue

una gran intérprete de Bess, destacándose en todas sus intervenciones; principalmente,

en los dúos de amor (Bess, you is my woman now y I want to stay here… I love you,

Porgy) y en el encuentro con Crown (What you want wid Bess?). Lo mismo sucedió con

Pol González, un excelente bajo que encarnó muy bien el rol protagónico tanto desde lo

vocal como en lo actoral en los dúos de amor y en sus arias (I’ve got plenty o’ nuttin’ y

Oh Lawd, I’m on my way). Al término de la función, todos fueron muy aplaudidos.


Tanto Gustavo Codina como Cecilia Layseca no solamente se mostraron muy

agradecidos por la respuesta del público, sino que también aprovecharon la oportunidad

para entregar un diploma al actor Osvaldo Santoro, quien fue designado padrino del

Ensamble Lírico y que se encontraba entre la audiencia, invitándolo a pasar al

escenario. Un hermoso gesto hacia un grande de la escena nacional y para poner punto

final al estreno de esta producción, cuyas próximas funciones tendrán lugar los sábados

18 y 25 del corriente en un escenario simbólico, cuna del teatro independiente en el

país. Una obra que gusta y convoca, que permite disfrutar a pleno de la música del

compositor más genuino y auténticamente estadounidense.

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