Momento de la versión adaptada de Porgy and Bess de Gershwin que ofrece el Ensamble Lírico Orquestal festejando sus 25 años en el Teatro del Picadero. Fotogtrafía de Martha Cora Eliseht
Muy buena representación de “PORGY & BESS” por el Ensamble Lírico Orquestal
UNA HISTORIA DE AMOR, VALENTÍA Y COSTUMBRISMO
Martha CORA ELISEHT
Con motivo de celebrar su 25° aniversario, el Ensamble Lírico Orquestal ha
decidido festejarlo con la reposición de uno de sus grandes éxitos en versión semi
escenificada: PORGY & BESS, de George Gershwin (1898-1937), cuyo estreno tuvo
lugar el pasado sábado 11 del corriente en el Teatro El Picadero. Participó un ensamble
de jazz conformado por piano, bajo eléctrico, saxofón, clarinete, batería y flauta y el
Coral Ensamble bajo la dirección musical y coral de Gustavo Codina. El espectáculo
contó con coordinación de producción de Cecilia Layseca; ambientación y dirección
escénica de Gonzalo Berdes y el siguiente elenco: Pol González (Porgy), Ximena Farías
(Bess), Juan Salvador Trupia (Crown), Lidice Robinson (Serena), Christian Casaccio
(Sporting Life), Juan Feico (Jake) y Clara Pinto (Clara).
La idea de Geroge Gershwin acerca de componer una ópera se cristalizó en 1926
luego de leer la novela Porgy de DuBose Heyward, que narra las condiciones de vida de
los afroamericanos en Carolina del Sur. El compositor quedó fascinado con el
personaje: un lisiado que vive en un suburbio de Charleston (Catfish Row), quien trata
de rescatar a Bess del submundo de la droga y la prostitución por parte de Crown (su
esposo y proxeneta) y de Sporting Life (un vendedor de drogas). Él le brinda refugio,
comprensión y afecto y ambos se enamoran. Ni bien terminó de leerla, Gershwin le
escribió inmediatamente una carta a su autor manifestándole su intención. Debido a que
no tenía prisa en componer, Heyward realizó una versión teatral de su novela en
colaboración con su esposa Dorothy, que se estrenó en 1927. Inmediatamente, tanto Al
Jolson como Oscar Hammerstein II y Jerome Kern quisieron componer un musical
basado en dicha versión, pero luego perdieron el interés. Por lo tanto, Gershwin tenía el
camino libre, de modo que él y su hermano Ira se reunieron con DuBose Heyward en
Charleston para comenzar la composición de su denominada “ópera folklórica” en
1927, que debía ser interpretada exclusivamente por cantantes negros.
Debido a que Gershwin estaba fascinado con las melodías afroamericanas, los
pregones de los vendedores locales y los mitos y creencias populares (Buzzard keeps on
flyin’ this morning, aria de la lechuza), la composición de su ópera tardó 5 años en vez
de 2 como había previsto originalmente. Es la obra que condensa y conjuga a la
perfección la técnica europea de orquestación con expresiones idiomáticas del jazz,
blues, gospel y melodías folklóricas afroamericanas. Sin embargo y, pese a su gran
riqueza rítmica, no fue aceptada como una ópera en Estados Unidos, aunque Gershwin
siempre la consideró como su mejor obra. En aquella época, el prejuicio racial era muy
grande y ningún teatro lírico aceptaba cantantes afroamericanos como intérpretes.
El estreno mundial en escena se produjo en septiembre de 1935 en el Colonial
Theater de Boston, aunque la versión original se estrenó ese mismo año en el Carnegie
Hall de New York en versión de concierto bajo la dirección musical de Eva Jessye.
Durante los ensayos en Boston, Gershwin hizo muchos cortes, la refinó para resaltar su
acción dramática y acortar su duración. Bajo la régie de Rouben Mannoulian y
dirección musical de Alexander Smallens, se transformó en un suceso. No obstante,
todavía tuvo que pasar mucho tiempo para su aceptación como ópera en Estados
Unidos. Recién en 1976 la Houston Grand Opera produjo la partitura completa y su
estreno en el Metropolitan Opera House de New York tuvo lugar en 1985, con la
participación de Grace Bumbry y Simon Eastes en los roles protagónicos. Desde ese
entonces, se representa con bastante periodicidad dentro de Estados Unidos y en el resto
del mundo.
No es la primera vez que el Ensamble Lírico Orquestal representa este clásico.
Lo hizo en 2014 en el Auditórium de Belgrano en versión de concierto, donde
participaron cantantes, orquesta y coro en una selección de los fragmentos más
importantes. En este caso, se prefirió montar una versión semi escenificada con algunos
elementos (mesa con sillas, tarimas) para representar las diferentes escenas (juego de
dados, sepelio de Robbins, habitación de Porgy, escena de amor, convocatoria de Jake)
y ubicar al coro, que juega un rol primordial desde el principio hasta el final de la ópera,
ya que Gershwin lo considera como un protagonista más. Pero a diferencia de la
concepción del bel canto italiano, aquí se entonan frases integradas por vocales
características de las melodías folk afroamericanas y repeticiones (antífonas) del gospel.
El vestuario es sumamente sencillo y la escenificación de Gonzalo Berdes estuvo muy
bien realizada, al igual que la caracterización de los personajes.
En cuanto al aspecto musical, el ensamble de jazz sonó muy bien y los
fragmentos empleados en esta versión reducida estuvieron muy bien combinados.
Teniendo en cuenta que no se trata de un coro profesional, el Coral Ensamble -que
también cumple 20 años de existencia este año- sonó muy bien en todas sus
intervenciones, ya sea solo o acompañando a los principales intérpretes. Se destacó en
las arias del picnic en Kittiwah Island del 2° acto (Oh, I can’t sit down y I ain’t got no
shame doin’what I like to do!) y en la escena final del 1° (Oh, the train is at the station).
Si bien Clara Pinto ofreció una correcta versión del aria más famosa de la ópera
(Summertime), la de Lidice Robinson -que se repite en el 3° acto luego que Porgy mata
a Crown en defensa propia- fue muy superior. La mezzosoprano ecuatoriana se lució en
el aria de Serena (My man is gone now), lo que le valió un aplauso sostenido tras su
interpretación. Por su parte, Juan Feico brindó un correcto Jake en sus dos arias (A
woman is a sometime thing y Oh, I’m again now at the Blackfish Banks), pero la
revelación de la tarde fue Christian Casaccio como Sporting Life. No sólo posee el
physique du rôle necesario para interpretar este personaje, sino también sus recursos
vocales, que le permitieron lucirse en dos arias fundamentales: It ain’t necessarily so y
There’s a boat that’s livin’ soon for New York, lo que le valió la ovación del público.
¿Qué decir de Juan Salvador Trupia?... Un barítono extraordinario de gran caudal vocal,
que brindó un excelente Crown. Y en cuanto a la pareja protagónica, Ximena Farías fue
una gran intérprete de Bess, destacándose en todas sus intervenciones; principalmente,
en los dúos de amor (Bess, you is my woman now y I want to stay here… I love you,
Porgy) y en el encuentro con Crown (What you want wid Bess?). Lo mismo sucedió con
Pol González, un excelente bajo que encarnó muy bien el rol protagónico tanto desde lo
vocal como en lo actoral en los dúos de amor y en sus arias (I’ve got plenty o’ nuttin’ y
Oh Lawd, I’m on my way). Al término de la función, todos fueron muy aplaudidos.
Tanto Gustavo Codina como Cecilia Layseca no solamente se mostraron muy
agradecidos por la respuesta del público, sino que también aprovecharon la oportunidad
para entregar un diploma al actor Osvaldo Santoro, quien fue designado padrino del
Ensamble Lírico y que se encontraba entre la audiencia, invitándolo a pasar al
escenario. Un hermoso gesto hacia un grande de la escena nacional y para poner punto
final al estreno de esta producción, cuyas próximas funciones tendrán lugar los sábados
18 y 25 del corriente en un escenario simbólico, cuna del teatro independiente en el
país. Una obra que gusta y convoca, que permite disfrutar a pleno de la música del
compositor más genuino y auténticamente estadounidense.
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