viernes, 3 de abril de 2026

 

INTERESANTE INICIO DE TEMPORADA

 

Dirección Nacional de Elencos Estables, temporada 2026. Presentación de la Orquesta Sinfónica Nacional, Director: Emmanuel Siffert. Solista: Luís Roggero (Violín). Programa: Obras de Williams, Saint-Saëns, Rachmaninoff y Glazunov. 27 de Febrero de 2026.

 

NUESTRA OPINION: MUY BUENO

 

A lo largo de las últimas cuatro décadas han ido cambiando los hábitos del público y las costumbres en materia de organización. Si uno recurre a las hemerotecas y reúne fundamentalmente los diarios de alrededor de 45 años atrás, observará que en materia de música clásica durante las épocas de altas temperaturas se programaban conciertos a cargo de dos orquestas armadas por el recordado Centro de Divulgación Musical de la Secretaría de Cultura de la entonces Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires, el  que dirigido por el Mtro. Ariel Ramírez y con Luís Pujal como “Nervio-Motor” confió una bajo la dirección del compositor y director Juan Carlos Zorzi  y la otra por el director de orquesta Jaime Braude.  Así, escenarios como el Parque Lezama y la Glorieta de Barrancas de Belgrano convocaban a numeroso público ávido de la escucha en vivo de un repertorio que, si bien liviano y acorde a la época, permitió la cercanía con la gente. Transcurrido el mes de Enero, las dos Orquestas antes mencionadas recibían el inestimable aporte de las dos formaciones del Teatro Colón (Estable y Filarmónica de Buenos Aires), las que realizaban primero al aire libre y luego en la sala del teatro sus conciertos (algo así como “si le  gustó, venga a escucharla al Teatro y, de paso, lo conoce”). Una acertadísima política de precios populares fomentó que ese público descubriera páginas como la “Bachiana Brasileira Nº 5” de Heitor Villa-Lobos,  “Rhapsody In Blue” de Gershwin. Quinta Sinfonía de Tchaikovsky. “Pampeana Nº 3” de Ginastera e incluso las “Canciones del Caminante” y la Sinfonía Nº 1 de Mahler.  Tras la temporada estival, el Colón comenzaba con los ensayos de sus cuerpos estables para la apertura de la temporada lírica y la Filarmónica iniciaba un “Ciclo de Otoño” preparatorio de la temporada oficial que se iniciaba alrededor de fines de Abril y que, aún con las prestaciones de acompañamiento del ballet, comprendían alrededor de 22 conciertos que culminaban en Noviembre. En cuanto a la Sinfónica Nacional, se efectuaban conciertos preparatorios de temporada  en la Bolsa de Comercio, en donde se llegaron a escuchar la Sinfonía Nº 4 “Inextinguible” de Nielsen y la Nº 1 de Brahms, para luego pasar al entonces “Ciclo de Abono” en el Auditorio de Belgrano (A precios módicos. Se vendían en la boletería del Teatro Cervantes, se anunciaba la grilla completa de programación en los diarios y en pocas horas se agotaban los mismos).

 

  Con el tiempo empezaron a deformarse las cosas. Ya a principios de la década del 2000 se fue perdiendo la programación estival. En cuanto al Colón podría decirse que se redujo a un cierre de año al aire libre en Capital y un inicio en el Parque San Martín de Mar del Plata,  en donde de manera inexplicable, aun cuando el Instituto Superior de Arte tiene una sede en nuestro principal balneario y cuando como hoy las Ciudades de Mar del Plata y Buenos Aires están gobernadas por los mismos intereses políticos, jamás se integraron a los conciertos a los cuerpos musicales Marplatenses, cosa que sí ocurrió con Cultura de la Nación a comienzos de la década del 10, cuando la Sinfónica Nacional invitó a la Sinfónica Marplatense y a la Banda Sinfónica también de la misma ciudad para interpretar el “Requiem” de Berlioz  al cumplirse 30 años de la guerra del Atlántico Sur.

 

  Hoy tanto en los Elencos Estables de Nación como en el Colón, se inician las temporadas oficiales a fines de Febrero y con repertorio sumamente comprometido. No está mal comenzar de esta forma, solo que cabe preguntarse si es correcto que tras una extensa pausa de dos meses vale la pena arrancar “en frío”, sin un ajuste que le permita a los conjuntos mensurar si está todo bien, o si previamente no convendrían  hacer algunos conciertos de repertorio más “liviano” que además favorezcan el reencuentro con el público.

 

  Ingresando de lleno entonces en el concierto objeto del presente cometario, la Sinfónica Nacional se presentó en el Auditorio Nacional del Palacio Libertad bajo la guía del principal director invitado Emmanuel Sieffert. En el comienzo se apreció una muy buena interpretación de la Sinfonía Nº 6 “La Muerte del Cometa” de Alberto Williams dentro de la integral de sinfonías del gran compositor nacional que abordan en conjunto los maestros Siffert y Pablo Boggiano. Pagina inspirada en el recordado paso del Cometa Halley por la órbita de mayor cercanía con la tierra a comienzos de la década del 10 del pasado siglo, el gran maestro nacional (también gran aficionado a la astronomía) encuentra, sostenido también en extensos versos que sirven de programa, el motivo para desarrollar profusamente a lo largo de tres movimientos una partitura en la que hallaremos pasajes de mucha energía, otros de gran densidad de discurso y algunas influencias de sus maestros europeos, matizadas con algunas “grageas” de tinte nacionalista. Meticuloso hasta en el mínimo detalle, el Mtro. Siffert desarrolló una labor muy precisa, con una orquesta muy ajustada, aunque en algunos pasajes en “forte” los ataques de la percusión saturaron la sala.

 

  Con el concurso solista del violinista Luis Roggero se apreciaron dos páginas de Camille Saint-Saëns  vertidas de manera impecable: “Havannaise” e “Introducción y Rondó Caprichoso”. El maestro Roggero ofreció dos interpretaciones ricas en sutilezas,  sonido limpio y profundidad interpretativa, impecablemente acompañado por Siffert y los músicos.  Los sostenidos aplausos recibidos tras la segunda de las obras, llevaron a que el maestro retribuyera con un Bach que cautivó y mantuvo expectante al público presente, el que despidió al solista de manera fervorosa

 

  Ya en la segunda parte escuchamos al inicio de la misma la mejor interpretación orquestal de la noche con una refinadísima versión de “La Isla de los Muertos”. Op. 29 de Serguei Rachmaninoff. Inspirado en el cuadro homónimo de Arnold Böcklin que viera en París en una copia en blanco y negro en 1907, el gran creador ruso plasmó en el pentagrama una  página densa, rica en matices y de amplia sonoridad. Siffert logró aquí un gran trabajo con impecables respuestas de todos los sectores de la orquesta para una versión que merece ser recordada.

 

 El cierre fue reservado para otra página rusa de poca visita en los atriles; “Stenka Razin”  de Alexander Glazunov, dedicada a Alexander Borodin e inspirada en la vida de un famoso cosaco que se enfrentó al régimen zarista y que, capturado, fue ejecutado en 1672. La obra se inicia con la alusión a una navegación que el protagonista realiza junto a una princesa persa, a la sazón su amante, por las aguas del Volga. De ahí el empleo en esta apertura de la célebre “canción de los barqueros” para luego internarse en sus últimos enfrentamientos, su captura y su posterior ejecución. Tratándose de Glazunov no faltan los ricos matices y la muy buena orquestación. Esta interpretación fue muy correcta, aun cuando algunos detalles debieron pulirse algo más. De todas maneras,  bienvenida sea su interpretación para culminar una noche con repertorio diferente y muy bien revelado al público.

 

Donato Decina

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