INTERESANTE INICIO
DE TEMPORADA
Dirección
Nacional de Elencos Estables, temporada 2026. Presentación de la Orquesta
Sinfónica Nacional, Director: Emmanuel Siffert. Solista: Luís Roggero (Violín).
Programa: Obras de Williams, Saint-Saëns, Rachmaninoff y Glazunov. 27 de
Febrero de 2026.
NUESTRA OPINION: MUY BUENO
A lo largo de
las últimas cuatro décadas han ido cambiando los hábitos del público y las
costumbres en materia de organización. Si uno recurre a las hemerotecas y reúne
fundamentalmente los diarios de alrededor de 45 años atrás, observará que en
materia de música clásica durante las épocas de altas temperaturas se
programaban conciertos a cargo de dos orquestas armadas por el recordado Centro
de Divulgación Musical de la Secretaría de Cultura de la entonces Municipalidad
de la Ciudad de Buenos Aires, el que dirigido
por el Mtro. Ariel Ramírez y con Luís Pujal como “Nervio-Motor” confió una bajo
la dirección del compositor y director Juan Carlos Zorzi y la otra por el director de orquesta Jaime Braude. Así, escenarios como el Parque Lezama y la
Glorieta de Barrancas de Belgrano convocaban a numeroso público ávido de la
escucha en vivo de un repertorio que, si bien liviano y acorde a la época,
permitió la cercanía con la gente. Transcurrido el mes de Enero, las dos
Orquestas antes mencionadas recibían el inestimable aporte de las dos
formaciones del Teatro Colón (Estable y Filarmónica de Buenos Aires), las que
realizaban primero al aire libre y luego en la sala del teatro sus conciertos
(algo así como “si le gustó, venga a
escucharla al Teatro y, de paso, lo conoce”). Una acertadísima política de
precios populares fomentó que ese público descubriera páginas como la “Bachiana
Brasileira Nº 5” de Heitor Villa-Lobos,
“Rhapsody In Blue” de Gershwin. Quinta Sinfonía de Tchaikovsky.
“Pampeana Nº 3” de Ginastera e incluso las “Canciones del Caminante” y la
Sinfonía Nº 1 de Mahler. Tras la
temporada estival, el Colón comenzaba con los ensayos de sus cuerpos estables
para la apertura de la temporada lírica y la Filarmónica iniciaba un “Ciclo de
Otoño” preparatorio de la temporada oficial que se iniciaba alrededor de fines
de Abril y que, aún con las prestaciones de acompañamiento del ballet,
comprendían alrededor de 22 conciertos que culminaban en Noviembre. En cuanto a
la Sinfónica Nacional, se efectuaban conciertos preparatorios de temporada en la Bolsa de Comercio, en donde se llegaron
a escuchar la Sinfonía Nº 4 “Inextinguible” de Nielsen y la Nº 1 de Brahms,
para luego pasar al entonces “Ciclo de Abono” en el Auditorio de Belgrano (A
precios módicos. Se vendían en la boletería del Teatro Cervantes, se anunciaba
la grilla completa de programación en los diarios y en pocas horas se agotaban
los mismos).
Con el tiempo empezaron a deformarse las
cosas. Ya a principios de la década del 2000 se fue perdiendo la programación
estival. En cuanto al Colón podría decirse que se redujo a un cierre de año al
aire libre en Capital y un inicio en el Parque San Martín de Mar del Plata, en donde de manera inexplicable, aun cuando el
Instituto Superior de Arte tiene una sede en nuestro principal balneario y
cuando como hoy las Ciudades de Mar del Plata y Buenos Aires están gobernadas
por los mismos intereses políticos, jamás se integraron a los conciertos a los
cuerpos musicales Marplatenses, cosa que sí ocurrió con Cultura de la Nación a
comienzos de la década del 10, cuando la Sinfónica Nacional invitó a la
Sinfónica Marplatense y a la Banda Sinfónica también de la misma ciudad para interpretar
el “Requiem” de Berlioz al cumplirse 30
años de la guerra del Atlántico Sur.
Hoy tanto en los Elencos Estables de Nación
como en el Colón, se inician las temporadas oficiales a fines de Febrero y con
repertorio sumamente comprometido. No está mal comenzar de esta forma, solo que
cabe preguntarse si es correcto que tras una extensa pausa de dos meses vale la
pena arrancar “en frío”, sin un ajuste que le permita a los conjuntos mensurar
si está todo bien, o si previamente no convendrían hacer algunos conciertos de repertorio más
“liviano” que además favorezcan el reencuentro con el público.
Ingresando de lleno entonces en el concierto
objeto del presente cometario, la Sinfónica Nacional se presentó en el
Auditorio Nacional del Palacio Libertad bajo la guía del principal director
invitado Emmanuel Sieffert. En el comienzo se apreció una muy buena
interpretación de la Sinfonía Nº 6 “La Muerte del Cometa” de Alberto Williams
dentro de la integral de sinfonías del gran compositor nacional que abordan en
conjunto los maestros Siffert y Pablo Boggiano. Pagina inspirada en el
recordado paso del Cometa Halley por la órbita de mayor cercanía con la tierra
a comienzos de la década del 10 del pasado siglo, el gran maestro nacional
(también gran aficionado a la astronomía) encuentra, sostenido también en
extensos versos que sirven de programa, el motivo para desarrollar profusamente
a lo largo de tres movimientos una partitura en la que hallaremos pasajes de
mucha energía, otros de gran densidad de discurso y algunas influencias de sus
maestros europeos, matizadas con algunas “grageas” de tinte nacionalista.
Meticuloso hasta en el mínimo detalle, el Mtro. Siffert desarrolló una labor
muy precisa, con una orquesta muy ajustada, aunque en algunos pasajes en “forte”
los ataques de la percusión saturaron la sala.
Con el concurso solista del violinista Luis
Roggero se apreciaron dos páginas de Camille Saint-Saëns vertidas de manera impecable: “Havannaise” e
“Introducción y Rondó Caprichoso”. El maestro Roggero ofreció dos
interpretaciones ricas en sutilezas,
sonido limpio y profundidad interpretativa, impecablemente acompañado
por Siffert y los músicos. Los
sostenidos aplausos recibidos tras la segunda de las obras, llevaron a que el
maestro retribuyera con un Bach que cautivó y mantuvo expectante al público
presente, el que despidió al solista de manera fervorosa
Ya en la segunda parte escuchamos al inicio
de la misma la mejor interpretación orquestal de la noche con una refinadísima
versión de “La Isla de los Muertos”. Op. 29 de Serguei Rachmaninoff. Inspirado
en el cuadro homónimo de Arnold Böcklin que viera en París en una copia en
blanco y negro en 1907, el gran creador ruso plasmó en el pentagrama una página densa, rica en matices y de amplia
sonoridad. Siffert logró aquí un gran trabajo con impecables respuestas de
todos los sectores de la orquesta para una versión que merece ser recordada.
El cierre fue reservado para otra página rusa
de poca visita en los atriles; “Stenka Razin”
de Alexander Glazunov, dedicada a Alexander Borodin e inspirada en la
vida de un famoso cosaco que se enfrentó al régimen zarista y que, capturado,
fue ejecutado en 1672. La obra se inicia con la alusión a una navegación que el
protagonista realiza junto a una princesa persa, a la sazón su amante, por las
aguas del Volga. De ahí el empleo en esta apertura de la célebre “canción de
los barqueros” para luego internarse en sus últimos enfrentamientos, su captura
y su posterior ejecución. Tratándose de Glazunov no faltan los ricos matices y
la muy buena orquestación. Esta interpretación fue muy correcta, aun cuando
algunos detalles debieron pulirse algo más. De todas maneras, bienvenida sea su interpretación para culminar
una noche con repertorio diferente y muy bien revelado al público.
Donato Decina
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