El Maestro Vakh al frente de la Filarmónica en una captura de la autora del presente comentario
Estupendo concierto de Jongwhi Vakh
al frente de la Filarmónica en la Usina del Arte
NUNCA
SE VIO UN AUDITORIO TAN REPLETO
Martha
CORA ELISEHT
En
la temporada de su 80° aniversario, la Orqueta Filarmónica de Buenos Aires
sigue ofreciendo conciertos en diferentes escenarios del ámbito porteño. El
último tuvo lugar el pasado viernes 10 del corriente con entrada libre y
gratuita en la Usina del Arte bajo la dirección de Jongwhi Vakh dentro del
ciclo “Colón en la Ciudad”, donde tuvo lugar el siguiente programa:
-
Obertura de “El Cazador
furtivo”- Carl María von WEBER (1786-1826)
-
Sinfonía
n°39 en Mi bemol mayor, K.543 (“Masónica”)- Wolfgang A. MOZART
(1756-1791)
-
Obertura de “Guillermo
Tell”- Gioachino ROSSINI (1792-1868)
Debido
a la amplia difusión del evento por las redes sociales, contó con una notoria
afluencia de público. Se habilitaron las bandejas superiores de la sala
sinfónica para que la numerosa audiencia pudiera tener su lugar y, de esa
manera, disfrutar del espectáculo.
Tras
la tradicional afinación de instrumentos a cargo del concertino Xavier
Inchausti, el director coreano -quien se desempeña actualmente como titular de
la Orquesta Sinfónica de Córdoba- hizo su presentación sobre el escenario para
comenzar el concierto con la celebérrima obertura de la ópera más famosa de von
Weber, compuesta entre 1817 y 1818 con libreto de Johann Friedrich Kind
sobre una leyenda del folklore alemán. Su estreno tuvo lugar en la Schauspielhaus
de Berlín en 1821 con el compositor al podio y se transformó en un suceso
rotundo. Se considera la primera ópera romántica alemana y su obertura forma
parte de los tradicionales programas de conciertos sinfónicos. En este caso, la
versión se vio opacada por pifias en el adagio inicial a cargo de
las trompas, pese a que el director tuvo un excelente manejo de tempi y
muy buena marcación. También se destacó por un muy buen manejo de pausas y
silencios y por mantener un muy buen equilibrio sonoro en los tutti y forti.
La
Sinfonía n°39 en Mi bemol mayor, K.543 (“Masónica”) forma parte
de la trilogía de sinfonías finales del genio de Salzburgo, que fueron
compuestas en 1788 durante un período sumamente fructífero de su vida. Consta
de 4 movimientos: Adagio- Allegro (Mi bemol mayor, 2/2 y 4/4,
respectivamente) / Andante con moto (La bemol mayor, 2/4) / Menuetto-
Allegretto. Trío (Mi bemol mayor, ¾) y Allegro (Mi bemol mayor, 2/4)
y su duración aproximada oscila entre 25 a 30 minutos. Luego de una lenta y
prolongada introducción (adagio), le sigue un allegro escrito en
forma de sonata con marcados contrastes de intensidad, mientras que el 2°
movimiento (Andante con moto) adopta la forma de una sonata abreviada
con transiciones enérgicas y marcadas. El 3° movimiento comienza con un
elegante minuetto en 3/4, seguido de un allegretto a cargo de los
clarinetes para desembocar en el trío final, basado en un ländler austríaco.
El movimiento final retoma la tonalidad inicial de Mi bemol mayor y en forma
sonata, pero el final es un despliegue de maestría en el contrapunto mediante
una sucesión de escalas ascendentes y descendentes. Una versión brillante, muy
bien marcada, donde la Filarmónica hizo gala de sus fueros y el director, del
dominio del repertorio. Se destacaron los solos de las maderas en el 2°
movimiento y el hecho de dirigir todo el programa de memoria le dio un valor
agregado a Jongwhi Vakh, quien sorprendió al público por su carisma. La ovación
de aplausos y vítores se hizo sentir al culminar la interpretación.
Como
obra de fondo, la Filarmónica eligió la celebérrima obertura de la última ópera
compuesta por Rossini en 1829: GUILLERMO TELL, basada en la leyenda del
héroe suizo que liberó a su país en el siglo XIII contra la ocupación austríaca
del tirano Gessler -quien mandó atrapar a él y a su hijo, prometiendo
liberarlos si era capaz de partir una manzana por la mitad colocada sobre la
cabeza de su hijo disparando una flecha- e inmortalizada por ser cortina musical
de la serie de televisión El Llanero solitario. A diferencia de otras
óperas belcantistas del compositor, GUILLERMO TELL es una ópera
romántica, muy diferente del tradicional estilo de composición de Rossini cuya
obertura se divide en 4 partes: Preludio (Alborea), donde el bellísimo
solo de violoncello en Mi menor es respondido por los 5 violoncellos restantes
y los contrabajos -monumental labor de José Araujo al respecto-; Tormenta (Mi
menor), caracterizada por frases punteadas por breves intervenciones de las
maderas, de 3 notas cada una para luego, estallar mediante un tutti fortissimo
con los metales y el bombo, que termina con un solo de flauta luego de la
disminución de la masa orquestal que indica su amainar; Ranz de vaches
(Llamado a las vacas), que muestra el bucólico paisaje suizo introducido
por el corno inglés en contrapunto con la flauta -impecables intervenciones de
Michelle Wong y María Cecilia Muñoz- para desembocar en la majestuosa Marcha
de los soldados suizos (el fragmento más conocido), un galope ultradinámico
anunciado por las trompetas y repicado por toda la orquesta, que marca el
triunfo de los suizos liderados por el protagonista contra la tiranía de Gessler.
La versión ofrecida fue de excelencia por su brillo, enjundia y fuste, con
un sonido robusto. Si a eso se le suman la garra y el carisma del director, se
logró una versión perfecta, que motivo el estallido de aplausos y vítores por
parte del numeroso público que se dio cita esa noche. Naturalmente, la
audiencia quería más y Jongwhi Vakh aprovechó la oportunidad no sólo para
agradecer su presencia, sino también para anunciar un bis: la Danza
húngara n°1 de Johannes Brahms, que también sonó brillante de la mano de
una orquesta que ya estaba más que encendida a esa altura de la noche. Pero el público
no se conformó y hubo que volver a bisar la Marcha de los soldados suizos, donde
Fernando Ciancio se lució en la introducción inicial de dicho fragmento para
que la orquesta volviera a lucirse en toda su plenitud. Y el director aprovechó
para que el público acompañara con palmas en los forti antes de poner
punto final al concierto.
En
la temporada de su 80° aniversario, la Filarmónica sigue cosechando éxitos de
la mano de directores argentinos y extranjeros -tanto visitantes como
residentes en el país- merced a la renovación de su sonido. Sería muy bueno que
se anunciara mediante altoparlante que el público que concurre a este tipo de
eventos no aplaudiera entre movimientos de una sinfonía para no desconcentrar a
los intérpretes durante la ejecución de las obras. Precisamente, no hay que
olvidar que este tipo de repertorio ayuda a formar nuevos públicos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario