sábado, 18 de abril de 2026

 


El Maestro Vakh al frente de la Filarmónica en una captura de la autora del presente comentario



Estupendo concierto de Jongwhi Vakh al frente de la Filarmónica en la Usina del Arte

 

NUNCA SE VIO UN AUDITORIO TAN REPLETO

Martha CORA ELISEHT

 

En la temporada de su 80° aniversario, la Orqueta Filarmónica de Buenos Aires sigue ofreciendo conciertos en diferentes escenarios del ámbito porteño. El último tuvo lugar el pasado viernes 10 del corriente con entrada libre y gratuita en la Usina del Arte bajo la dirección de Jongwhi Vakh dentro del ciclo “Colón en la Ciudad”, donde tuvo lugar el siguiente programa:

-          Obertura de “El Cazador furtivo”- Carl María von WEBER (1786-1826)

-          Sinfonía n°39 en Mi bemol mayor, K.543 (“Masónica”)- Wolfgang A. MOZART (1756-1791)

-          Obertura de “Guillermo Tell”- Gioachino ROSSINI (1792-1868)

Debido a la amplia difusión del evento por las redes sociales, contó con una notoria afluencia de público. Se habilitaron las bandejas superiores de la sala sinfónica para que la numerosa audiencia pudiera tener su lugar y, de esa manera, disfrutar del espectáculo.

Tras la tradicional afinación de instrumentos a cargo del concertino Xavier Inchausti, el director coreano -quien se desempeña actualmente como titular de la Orquesta Sinfónica de Córdoba- hizo su presentación sobre el escenario para comenzar el concierto con la celebérrima obertura de la ópera más famosa de von Weber, compuesta entre 1817 y 1818 con libreto de Johann Friedrich Kind sobre una leyenda del folklore alemán. Su estreno tuvo lugar en la Schauspielhaus de Berlín en 1821 con el compositor al podio y se transformó en un suceso rotundo. Se considera la primera ópera romántica alemana y su obertura forma parte de los tradicionales programas de conciertos sinfónicos. En este caso, la versión se vio opacada por pifias en el adagio inicial a cargo de las trompas, pese a que el director tuvo un excelente manejo de tempi y muy buena marcación. También se destacó por un muy buen manejo de pausas y silencios y por mantener un muy buen equilibrio sonoro en los tutti y forti.               

La Sinfonía n°39 en Mi bemol mayor, K.543 (“Masónica”) forma parte de la trilogía de sinfonías finales del genio de Salzburgo, que fueron compuestas en 1788 durante un período sumamente fructífero de su vida. Consta de 4 movimientos: Adagio- Allegro (Mi bemol mayor, 2/2 y 4/4, respectivamente) / Andante con moto (La bemol mayor, 2/4) / Menuetto- Allegretto. Trío (Mi bemol mayor, ¾) y Allegro (Mi bemol mayor, 2/4) y su duración aproximada oscila entre 25 a 30 minutos. Luego de una lenta y prolongada introducción (adagio), le sigue un allegro escrito en forma de sonata con marcados contrastes de intensidad, mientras que el 2° movimiento (Andante con moto) adopta la forma de una sonata abreviada con transiciones enérgicas y marcadas. El 3° movimiento comienza con un elegante minuetto en 3/4, seguido de un allegretto a cargo de los clarinetes para desembocar en el trío final, basado en un ländler austríaco. El movimiento final retoma la tonalidad inicial de Mi bemol mayor y en forma sonata, pero el final es un despliegue de maestría en el contrapunto mediante una sucesión de escalas ascendentes y descendentes. Una versión brillante, muy bien marcada, donde la Filarmónica hizo gala de sus fueros y el director, del dominio del repertorio. Se destacaron los solos de las maderas en el 2° movimiento y el hecho de dirigir todo el programa de memoria le dio un valor agregado a Jongwhi Vakh, quien sorprendió al público por su carisma. La ovación de aplausos y vítores se hizo sentir al culminar la interpretación.

Como obra de fondo, la Filarmónica eligió la celebérrima obertura de la última ópera compuesta por Rossini en 1829: GUILLERMO TELL, basada en la leyenda del héroe suizo que liberó a su país en el siglo XIII contra la ocupación austríaca del tirano Gessler -quien mandó atrapar a él y a su hijo, prometiendo liberarlos si era capaz de partir una manzana por la mitad colocada sobre la cabeza de su hijo disparando una flecha- e inmortalizada por ser cortina musical de la serie de televisión El Llanero solitario. A diferencia de otras óperas belcantistas del compositor, GUILLERMO TELL es una ópera romántica, muy diferente del tradicional estilo de composición de Rossini cuya obertura se divide en 4 partes: Preludio (Alborea), donde el bellísimo solo de violoncello en Mi menor es respondido por los 5 violoncellos restantes y los contrabajos -monumental labor de José Araujo al respecto-; Tormenta (Mi menor), caracterizada por frases punteadas por breves intervenciones de las maderas, de 3 notas cada una para luego, estallar mediante un tutti fortissimo con los metales y el bombo, que termina con un solo de flauta luego de la disminución de la masa orquestal que indica su amainar; Ranz de vaches (Llamado a las vacas), que muestra el bucólico paisaje suizo introducido por el corno inglés en contrapunto con la flauta -impecables intervenciones de Michelle Wong y María Cecilia Muñoz- para desembocar en la majestuosa Marcha de los soldados suizos (el fragmento más conocido), un galope ultradinámico anunciado por las trompetas y repicado por toda la orquesta, que marca el triunfo de los suizos liderados por el protagonista contra la tiranía de Gessler. La versión ofrecida fue de excelencia por su brillo, enjundia y fuste, con un sonido robusto. Si a eso se le suman la garra y el carisma del director, se logró una versión perfecta, que motivo el estallido de aplausos y vítores por parte del numeroso público que se dio cita esa noche. Naturalmente, la audiencia quería más y Jongwhi Vakh aprovechó la oportunidad no sólo para agradecer su presencia, sino también para anunciar un bis: la Danza húngara n°1 de Johannes Brahms, que también sonó brillante de la mano de una orquesta que ya estaba más que encendida a esa altura de la noche. Pero el público no se conformó y hubo que volver a bisar la Marcha de los soldados suizos, donde Fernando Ciancio se lució en la introducción inicial de dicho fragmento para que la orquesta volviera a lucirse en toda su plenitud. Y el director aprovechó para que el público acompañara con palmas en los forti antes de poner punto final al concierto.

En la temporada de su 80° aniversario, la Filarmónica sigue cosechando éxitos de la mano de directores argentinos y extranjeros -tanto visitantes como residentes en el país- merced a la renovación de su sonido. Sería muy bueno que se anunciara mediante altoparlante que el público que concurre a este tipo de eventos no aplaudiera entre movimientos de una sinfonía para no desconcentrar a los intérpretes durante la ejecución de las obras. Precisamente, no hay que olvidar que este tipo de repertorio ayuda a formar nuevos públicos.            


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