sábado, 21 de diciembre de 2019


Cierre de Temporada del Ballet Estable del Colón con “EL LAGO DE LOS CISNES”

UN FINAL BRILLANTE Y TRISTEMENTE ENLODADO
Martha CORA ELISEHT

            La directora del Ballet Estable del Teatro Colón –Paloma Herrera- decidió cerrar la Temporada 2019 con el superclásico de la danza: EL LAGO DE LOS CISNES de Piotr I. Tchaikowsky (1840-1893), con coreografía de Mario Galizzi (sobre original de Maruis Petipa y Lev Ivanov), escenografía de Christian Prego, vestuario de Aníbal Lápiz e iluminación de Rubén Conde. La dirección musical estuvo al frente de Ezequiel Silberstein al frente de la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires.
            Quien escribe asistió a la función de Abono Nocturno ofrecida el día 20 del corriente, con el siguiente reparto: Macarena Giménez (Odette/Odile), Juan Pablo Ledo (Sigfrido), Federico Fernández (El Mago Von Rothbart), Yosmer Mejía (El Bufón), Natalia Sarraceno (La Reina Madre), Roberto Zarza (Wolfgang, el preceptor del príncipe), Leandro Tolosa (Maestro de Ceremonias) y cuerpo de baile.
            El más célebre y representado de todos los ballets de Tchaikowsky consta de 4 actos (2 en palacio y los otros 2, junto al lago que da el título a la obra). Mario Galizzi tuvo una concepción muy inteligente al unir los dos primeros y los dos segundos, de manera tal que este clásico quedó reducido a sólo dos actos. Los cambios de escenografía y la transición de las escenas fueron muy fáciles de hacer merced al ingenio de Christina Prego, quien empleó una escenografía muy clásica: un castillo estilo Tudor para las escenas de la corte y un bosque donde se encuentra el lago. Y dentro del mismo, un promontorio rocoso desde el cual, el malvado hechicero Von Rothbart controla sus dominios y a los cisnes que en él habitan. Y desde donde Sigfrido y Odette se arrojan al lago para luego aparecer transfigurados en la vida eterna, rompiendo el maleficio y permitiéndole a los cisnes volver a su forma humana cuando aclara el día. La escena de la desaparición y muerte de Von Rothbart se logró mediante un recurso muy sencillo y efectivo a la vez: una gran tela verde –asemejando la marea del lago- donde el villano de la historia desaparece hundiéndose en sus aguas. Posteriormente, cuando las aguas se aquietan, todos los cisnes rinden homenaje al amor eterno de la pareja protagónica, que permanece constante más allá de la muerte. Un efecto muy bien logrado mediante la excelente iluminación de Rubén Conde. Por su parte, Aníbal Lápiz diseñó un vestuario sencillo y a la vez, suntuoso –en el mismo estilo- , donde predominan el blanco y el negro para los principales protagonistas y en las escenas junto al lago, y sumamente colorido y vivaz para las escenas de la corte y la fiesta.
            Otra de las características de este superclásico son sus famosos números: el Pas de trois del 1° Acto –que en esta ocasión, fue interpretado por el primer bailarín en lugar de su amigo Benno-  a cargo de Juan Pablo Ledo, Emilia Peredo Aguirre y Georgina Giovanonni. Formaron un trío perfecto, donde los bailarines se destacaron por sus pezzi di bravura, al cual Yosmer Mejía se acopló haciendo gala de su capacidad acrobática. Este extraordinario bailarín venezolano impresionó a la audiencia con sus piruetas, sus impecables solages y su excelente técnica. Junto a su colega Jiva Velázquez son los mejores acróbatas que posee el Ballet Estable del Colón y es un placer verlos siempre sobre el escenario del mayor coliseo. Por su parte, Jun Pablo Ledo tuvo una destacadísima actuación por sus manèges y sus impecables solages. También se destacó el trío formado por Paula Cassano, Manuela Rodríguez Echenique y Iara Fassi en el Pas de trois del 2° Acto, donde también se debe interpretar los pezzi di bravura. Y pese a que una de las dos bailarinas que acompañaron a Paula Cassano tuvo un pequeño traspié sobre el escenario, fue rápidamente subsanado. El cuarteto formado por Emilia Peredo Aguirre, Stephanie Kessel, Magdalena Cortés y Natalia Pelayo brilló en el celebérrimo Pas de quatre y fueron largamente aplaudidas. A su vez, los roles de las princesas invitadas a la fiesta del 3° Acto –donde Sigfrido debe contraer matrimonio- fueron interpretados de manera muy convincente por las siguientes bailarinas: Ludmila Galaverna (Princesa Húngara), Paula Cassano (Princesa Napolitana), Manuela Rodríguez Echenique (Princesa Española), Ayelén Sánchez (Princesa Polaca) y Iara Fassi (Princesa Rusa), mientras que Candela Rodríguez Echenique, Pablo Marcilio, Matías Santos y Alejo Cano Maldonado hicieron gala del bellísimo fandango de la Danza Española en el séquito que acompaña a Odile. Emilia Peredo Aguirre se lució una vez más como solista en la Danza Napolitana con gracia, soltura y firmeza en sus movimientos, acompañada por Magdalena Cortés, Stephanie Kessel, Luisina Rodríguez y Clara Sisti Ripoll.  A su vez, Natacha Bernabei y Gerardo Wyss fueron la pareja protagónica de la Czarda en compañía de Cecilia Lucero, Lucía Giménez, Oana Hutsutoru,  Marisol López Prieto, Marín Vedia y Emiliano Falcone, mientras que Julieta Urmenyi, Eliana Figueroa, Victoria Wolf, Laura Penido, Antonio Luqui Igot Vallone, Franco Noriega y Alan Pereyra bailaron una acompasadísima Mazurka. Por su parte, tanto Leandro Tolosa como Roberto Zarza y Natalia Sarraceno supieron encarnar perfectamente a sus personajes.
            En  cuanto a los principales protagonistas, algo se mencionó sobre la excelente actuación de Juan Pablo Ledo como el príncipe Sigfrido –tanto desde su impecable técnica como desde lo actoral- . Y Macarena Giménez ha tenido un gran crecimiento no sólo como bailarina, pero también como actriz. El rol de Odette le sentó perfecto a su etérea figura, donde temblaba como una hoja ante el encuentro con Sigfrido e interpretó perfectamente los desmayos ante la dominación de Von Rothbart en el 4° Acto, traicionada y doliente al saber que jamás recuperará su forma humana ni el amor del príncipe. Se manejó con gran precisión en los dos principales Adagi del 2° Acto, destacándose por su port des bras, sus developées y su panché. Si bien carece del contorneo de brazos semejando plumas- cualidad sólo alcanzada por la gran Maya Plissetskaia y Eva Evdokimova, y en menor medida, por Liliana Belfiore-, desde el punto de vista actoral, aportó gracia, inocencia y temor como Odette  mientras que sobresalió como Odile en el 3° Acto, mostrándose procaz, audaz y envolvente para engañar y seducir a Sigfrido creyendo que se trata de Odette.  En resumen, “sacó la perra que hay dentro de ella” y lo hizo muy bien con las deslumbrantes 32 fouettes del Pas de deux del cisne negro. Pero la revelación de la noche fue Federico Fernández como el malvado hechicero Von Rothbart, asumiendo un rol de carácter que supo desarrollar a la perfección. Vestido de verde y con un inmenso manto de plumas del mismo color,  le permitió manejar estupendamente el dominio escénico. 
            En cuanto a la Filarmónica, Ezequiel Silberstein tuvo una correcta dirección,  acompañando y respetando el ritmo del bailarín en algunos pasajes que pudieron haber sonado algo más lentos. El concertino Nicolás Favero tuvo a su cargo los dos bellísimos solos de violín del 2° y 3° Acto, mientras que Diego Fainguersch, el solo de cello del Adagio del 2° Acto. Con excepción de alguna que otra nota en falso por parte de los metales, en líneas generales sonó bien. Todos los integrantes del cuerpo de ballet y el mismo director fueron largamente aplaudidos, debido a que fue una muy buena versión del clásico de Tchaikowsky. Lamentablemente, se vio empañada por los reclamos de los cuerpos estables del Colón por mejoras salariales. Cuando la compañía y los músicos exhibieron los carteles de #Precarización laboral, #Salarios Dignos y “Basta de despidos”, el público reaccionó con un abucheo generalizado. Una verdadera lástima, porque esta vez, los cisnes nadaron majestuosamente sobre el lago, mientras parecía que el público no sabía hacer otra cosa que chapotear en un lodazal.

No hay comentarios:

Publicar un comentario