martes, 23 de agosto de 2022

 

 

 

YERUHAM SCHAROVSKY EN SU NOCHE MAS FELIZ

 

Mozarteum Argentino, temporada 2022. Presentación de la Orquesta Sinfónica de Jerusalem, Director: Yeruham Scharovsky. Solista: Danielle Akta (Violonchelo). Programa: Obras de Ben -Haim, Elgar y Tchaickovsky. Teatro Colón, 22 de Agosto de 2022.

 

NUESTRA OPINION: MUY BUENO.

 

 Promediando ya la temporada 2022 (o 2021/2022 si tomamos en cuenta la presentación de Diciembre pasado de Joyce Di Donato), el Mozarteum presentó a la segunda y última de las Orquestas Sinfónicas comprometidas dentro del abono anual, en este caso la Sinfónica de Jerusalem ,nacida como orquesta de la la radio de esa ciudad a finales de la década de 1930 del pasado siglo (casi coetánea en cuanto a antigüedad de la mayor orquesta Hebrea, la primitiva Sinfónica Palestina, hoy Filarmónica de Israel también traída tantas veces por el Mozarteum) en tiempos de la presencia Británica en esa región. Tras la independencia del hoy Estado de Israel, la agrupación tomó el nombre de “Kol Israel Orchestra” siempre bajo la tutela de la Radio de jerusalem, la que ya había tomado el nombre de Autoridad Radiodifusora de Israel, hasta que en la década de 1970 adopta su actual nombre y  la Municipalidad de Jerusalem suma su aporte económico al de la Radio para el mantenimiento del conjunto. Grandes batutas fueron titulares de la agrupación, dos de ellas bien conocidas por gran parte del público argentino: Gary Bertini y Frederic Chaslin. Grandes solistas, compositores y Directores invitados han trabajado con ella (nombar algunos significaría dejar de lado a otros tan importantes como los primeros) El Maestro Steven Sloane es su actual titular y en esta gira el conjunto viene conducido por un nombre muy ligado a El: Yeruhan Scharovsky, director Argentino-Israeli quién no deja de resaltar en su semblanza del programa de mano que se formó musicalmente en Buenos Aires en el viejo Conservatorio Carlos López Buchardo (hoy sede de la Facultad de Música de Ntra. Universidad Nacional de las Artes) teniendo como uno de sus profesores al Mtro. Jacobo Ficher en composición,  completando sus estudios en el Estado de Israel con la guía de Mendi Rodan en la célebre academia Rubin de música. Para la entidad organizadora, una vez más solo cabe el reconocimiento, ya que en los momentos de crisis económicas muy profundas (¡y vaya si desde 1952 hasta el presente han habido!)  núnca dejó de honrar sus compromisos y de presentar los conjuntos anunciados. Todo esto trae aparejado una logística de cachets, traslados, alojamientos, viajes, fletes entre tantas otras cosas que aún con un orgánico ajustado como el traído por la orquesta visitante (similar al que Ntras. Orquestas emplean en sus conciertos habituales) significan costos altísimos.El Mozarteum volvió a cumplir frente a su público.

 

  La Sinfónica de Jerusalem hizo honor a su visita al Colón, más aún que en la anterior ocasión en el 2018 en el teatro Coliseo. La acústica colonera permitió percibir de manera muy nítida un sonido mate, típicamente Europeo, con una magnífica cuerda enrolada en la mejor tradición judía, una muy equilibrada sección de vientos, metales muy ajustados y una estupenda sección de percusión, la que no cayó en excesos en ningún momento de la noche.

 

  La velada dio comienzo con “Fanfarria para Israel” del Compositor germano-israeli Paul Ben-Haim, compuesta en 1950 para la celebración del segundo aniversario de la proclamación del estado hebreo. Está compuesta por un tema central que se va reiterando y en cada ocasión gana en intensidad para alcanzar un final brillante. Scharovsky le dio la interpretación y el justo sentido a esta página que abrió el concierto de modo muy efusivo.

 

  El programa continuó con una obra de sumo compromiso como sín dudas lo es el Concierto para Violonchelo y Orquesta de Sir Edward Elgar en la que la joven solista Israeli de 20 años Danilelle Akta hizo su presentación. Es la  última obra completa del gran compositor Inglés, la que es concebida como una despedida de un estilo de composición  y de una forma de expresarlo (el post-romanticismo). Momentos de plena melancolía que dan paso a un énfasis mayor, como en el cierre, deben ser expuestos por solista, director y orquesta en un verdadero trabajo de equipo y aquí lo hubo a partir de una refinadísima Dirección de Scharovsky en un acompañamiento en que dirigió de memoria a la agrupación con justeza y elegancia de gestos que dieron por resultado una  respuesta directamente proporcional de los músicos. Su entendimiento con Akta fue total. Y si de la solista hablamos, es una muy delicada interprete. Su versión del concierto de Elgar fue muy correcta con pasajes de pleno lirismo y vuelo interpretativo. Aun cuando su sonido no es muy caudaloso, le extrae a su instrumento todo lo mejor. Aquí me cabe consignar que es becaria de la Fundación Vladimir Spivakov , que actuó justamente bajo la Dirección de este gran Maestro  junto a sus “Virtuosos” de Moscú y se está perfeccionando en Berlín en la Academia Barenboim-Said en la sede que Ntro, compatriota estableció en el edificio de la Staatsoper Unter den Linden. Muy visiblemente conmovidos tanto la solista como el Director salieron a saludar al público ante los sostenidos aplausos. Sín embargo y a mi entender con muy buen criterio no hicieron bis, tal vez por semejante obra abordada y por aquello de “lo bueno si breve….”.

 

 Tras el  intervalo, la obra de fondo. En este caso la Cuarta sinfonía en Fa menor, Op.36 de Tchaickovsky la que fue muy bien presentada por Scharovsky. Sumo equilibrio, sin excesos, guiada con elegancia y con estupendas respuestas del orgánico orquestal. Acentuación justa en los instantes de carga dramática. Brilo en los pasajes festivos. Un tercer movimiento de exquisita factura por parte de las cuerdas en el célebre “Pizzicato”.  Todo ello llevó a una muy buena versión bien recibida por el público que ovacionó con justicia al conjunto visitante.

 

  Fue notoria la emoción y felicidad del maestro, quien explicó que ansiaba una presentación así (tal vez por aquel axioma de “nadie es profeta en su tierra”) y en los bises unió sus dos lugares en el mundo. Con la presencia solista del bandoneonista y arreglador Roberto Fogel, una muy emotiva versión de “Mi Buenos Aires Querido” de Gardel y Lepera en un finísimo arreglo. Y como cierre definitivo, el que se considera como el segundo himno nacional israelí: “Jerusalem de Oro” en el que Scharovsky deseó que esta capital de tantas religiones y culturas se transforme prontamente en “Ciudad de Paz” y no puedo menos que estar de acuerdo.

 

Donato Decina

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