lunes, 7 de agosto de 2023

 Extraordinario concierto de la Sinfónica Juvenil San Martín en la Facultad de Derecho


LA FUERZA Y EL ÍMPETU DE LA JUVENTUD LO PUEDEN


TODO


Martha CORA ELISEHT


El Ciclo de Grandes Conciertos organizado por la Facultad de Derecho de la

Universidad de Buenos Aires reúne lo más granado de los intérpretes locales y brinda la

oportunidad a numerosos organismos sinfónicos de excelente nivel de poder presentarse

en un ámbito prestigioso. Unido esto al hecho de ser absolutamente gratuito -a cambio

de un alimento no perecedero, que se dona a instituciones de bien público-, se reúne una

importante convocatoria de público que asiste los sábados por la tarde para escuchar un

espectáculo de buena calidad. Y se ha transformado en la casa de la Orquesta Sinfónica

Juvenil “Libertador Gral. San Martín”, que se presenta en el Aula Magna de dicha casa

de altos estudios los primeros sábados del mes. Esta vez, la agrupación creada y

conducida por el maestro Mario Benzecry ofreció un concierto el pasado sábado 5 del

corriente bajo la dirección de Pablo Boggiano, con la participación del pianista Gastón

Frydman y la soprano Ayako Tanaka para ofrecer el siguiente programa:

- Concierto en La menor para piano y orquesta, Op.54- Robert SCHUMANN

(1810-1856)

- Concierto para soprano de coloratura y orquesta, Op.82- Reinhold GLIÈRE

(1875-1956)

- Suite del ballet “PETROUSHKA” (revisión de 1947)- Igor STRAVINSKY

(1882-1971)

Pablo Boggiano no sólo es uno de los mejores directores argentinos del presente,

sino, además, un prestigioso intérprete. Ha actuado con las principales orquestas

sinfónicas del país y del exterior; principalmente, en Europa, donde se halla radicado y

ejerce actualmente su profesión. Alumno de Mario Benzecry, recibió ayer el diploma de

Personalidad destacada de la Cultura otorgado por el Gobierno de la Ciudad de Buenos

Aires previamente al inicio del concierto. Se lo notó muy emocionado ante semejante

galardón y aprovechó la oportunidad para dedicárselo a su maestro.

Acto seguido, se procedió a la tradicional afinación de instrumentos, donde se pudo

apreciar de antemano una orquesta muy bien afinada y afiatada previamente al ingreso

de Gastón Frydman para ejecutar el celebérrimo concierto de Schumann. Es uno de los

pianistas más jóvenes y talentosos de nuestro país y lo demostró brindando una soberbia

y estupenda versión del concierto romántico por antonomasia desde los primeros

compases del Allegro affettuoso inicial en La menor, siguiendo con una versión

exquisita y refinada del Intermezzo- Andantino grazioso para desembocar en el vibrante

Allegro vivace final, donde no sólo hizo gala de su maestría, sino que lo tocó con pasión

-pese a que el piano no era el mejor para un solista de tal jerarquía-. La orquesta supo

acompañarlo logrando un perfecto diálogo y se desató una ovación de aplausos y vítores

al final de la interpretación. Frydman se mostró sumamente agradecido y ofreció un bis


muy poco habitual: Danza de la moza donosa de Alberto Ginastera, que sonó de manera

sutil, precisa y sumamente refinada, con ese toque folklórico característico del

compositor. Una delicia para los oídos del público y otra ovación de aplausos para el

joven intérprete.

A continuación, Boggiano acudió al escenario en compañía de Ayako Tanaka para

interpretar una obra desconocida hasta entonces por el público local: el Concierto para

soprano de coloratura y orquesta en Fa menor de Reinhold Glière, compuesto en 1943

y que consta de dos movimientos: Andante/ Allegro, donde la solista sólo vocaliza las

letras A y O y que permiten el total lucimiento de la soprano mediante pasajes donde -

por momentos- debe emular el sonido de la flauta y ascender 3 escalas más alto. Era una

 vez mas que Ayako Tanaka se presentaba en Buenos Aires y  no pudo haber

sido mejor: deslumbró al público con su línea de canto, los matices de su voz en la

coloratura y su impecable técnica. Por su parte, Pablo Boggiano dirigió la orquesta de

forma magistral, logrando un sonido puro merced a su impecable marcación y

contagiando su ímpetu a los jóvenes músicos. Ella sobresalió en el sobreagudo final e

hizo que el Aula Magna estallara en aplausos y vítores.

Para la segunda parte del concierto, la Sinfónica Juvenil se presentó con su orgánico

completo para ejecutar una obra sumamente compleja y escasamente representada en

los programas de conciertos: la suite del ballet PETROUSHKA de Stravinsky,

compuesto originalmente en 1911 para Les Ballets Russes por encargo de Sergei

Diaghilev tras el éxito de sus dos ballets anteriores en París (EL PÁJARO DE FUEGO y

LA CONSAGRACIÓN DE LA PRIMAVERA). Petroushka es una marioneta de paja y

trapo, pero posteriormente, cobra vida y trata de ganar el amor de la bailarina, quien, a

su vez, está enamorada del Moro. Ambos se transforman en rivales y se traban en lucha

hasta que el Moro lo mata con su cimitarra. Es Carnaval y todos creen que es sólo un

muñeco roto, pero se aparece el fantasma de Petroushka, lo que aterroriza al titiritero

(Charlatán). El protagonista posee un acorde característico a modo de leitmotiv (Do

mayor y Fa sostenido mayor, tocados simultáneamente). Posteriormente, Stravinsky

realiza una revisión de la obra en 1947 para una orquesta más reducida – que lleva

piano, celesta, arpa, címbalos y abundante percusión, dos trompetas (dos en Si bemol y

la otra, en Do), 3 flautas (una, piccolo), 2 oboes, corno inglés, 3 clarinetes en Si bemol,

2 fagots, contrafagot, 4 cornos en Fa, 3 trombones, tuba y cuerdas-, donde todos y cada

uno de los solistas de los diferentes grupos de instrumentos puede lucirse a pleno.

Merced a la enjundia puesta por parte de los músicos y a la garra y precisión de Pablo

Boggiano, fue una versión excepcional. Hacía mucho que esta joya sinfónica no se

representaba en los programas de conciertos -prácticamente, desde la década del ’80-,

así como tampoco dentro del repertorio del ballet. La única vez que una lo pudo apreciar

sobre el escenario del Colón fue en 1979 con la participación del Ballet del Siglo XX

dirigido por Maurice Béjart, con Jorge Donn en el rol protagónico antes de que se

hiciera mundialmente famoso por su participación en el film LOS UNOS Y LOS

OTROS, de Claude Lelouch. La gente los aplaudió rabiosamente al final y fueron

muchos los que se acercaron a la trastienda para saludar al director y a los músicos.

La labor llevada a cabo por la Orquesta Sinfónica Juvenil “Libertador Gral. San

Martín” de la mano de Benzecry es soberbia y se encuentra formando parte de los

organismos sinfónicos más importantes no sólo del país, sino también del continente. Se


encuentra a la altura de su hermana “Simón Bolívar” de Venezuela y bien merecería un

espacio en las salas de conciertos más importantes de la Argentina. La fuerza y el

ímpetu juvenil lo pueden todo y lo han demostrado con creces en todas y cada una de

sus presentaciones.

domingo, 6 de agosto de 2023

 

Concierto de Ciro Alejandro Rolón

 

.Ciro Alejandro Rolón, piano

.Teatro Colón, Mar del Plata, 3 de agosto, hora 20.

 

            Nacido en Río Negro, el joven pianista Ciro Alejandro Rolón está llevando a cabo una nutrida agenda de conciertos que proseguirá en el Museo Fernández Blanco, La Fundación Beethoven y la Scala de San Telmo, entre otros escenarios.

            Para su presentación en Mar del Plata optó por obras de distinta naturaleza del repertorio romántico y post-romántico del siglo XIX, de autores con una concepción pianística también muy diferente.

           

El Impromptu en la bemol mayor, opus 90, D 899, nro. 4 de Franz Schubert (1797-1828) abrió el programa. El hondo sentido melódico de quien es, con toda evidencia, uno de los compositores mayores y más singulares de la historia de la música, la belleza intrínseca de estas invenciones sepulta, por decirlo así, el desafío técnico que implica abordarlas, ya desde su comienzo, en rápidos pasajes en semicorcheas que forman parte del comienzo del primer motivo y del acompañamiento luego. La escritura es un fluir de estos elementos nada sencillos que deben ser interpretados en toda su musicalidad para dar el sentido de improvisación que es la propia naturaleza de los impromptus.

 

El Nocturno en do menor, opus 48 nro. 1; el Estudio en do menor, opus 25, nro 12; la Mazurca en si menor, opus 33, nro. 4 y la Balada nro. 1 en sol menor opus 23 de Frédéric Chopin (1810-1849) siguieron en el orden del programa.

El nocturno y su misterioso y delicado comienzo imponen un sentido de la frase similar al del habla, íntimo y crepuscular, donde es difícil predecir a donde conducirá la frase. Totalmente diferente, el estudio se destaca por su intensa sonoridad y amplitud, en una permanente cascada de notas, ya sea en la línea melódica y el acompañamiento. En cambio,  la mazurca, con su alternancia dinámica y su acentuación que se desplaza del primer tiempo del compás al segundo o que se aprecia en ambos, es una añoranza de la música folklórica del país natal del compositor.  La balada, una de las obras acaso más conocidas está desarrollada en un permanente cambio dinámico y una línea que conduce de un motivo melódico a otro.

El pianista polaco Piotr Andersewski en el interesante documental El viajero inquieto –donde evoca con dolor y nostalgia a aquella antigua Varsovia destruida en  la Segunda Guerra Mundial- se refiere a la naturaleza de la música de Chopin como una “ebullición muy controlada” y su definición cobra sentido en estas obras de exuberancia y a la vez de equilibrio, de sonoridad y a la vez de dulzura.

Tales distintas inflexiones –del nocturno, al estudio, de este a la mazurca y luego a la balada- constituyen una exigencia para el sentido estético de la interpretación e cualquier pianista y fue un acierto exponerlas en su rica diversidad.    

           

            Las siguientes obras del programa fueron:    I. Prelude. Moderato, II Choral piu lento- Poco Allegro III Fugue Tempo I° - Come Cadenza, de César Franck (1822-1890). La obra de Cesar Franck es de una gran finura en la concepción: virtuosística, dulce, conducida por motivos sencillos en un contexto de amplios desarrollos sonoros. No parece dada en el fácil efecto sino en la delicada sensación de un descubrimiento que nos conduce por motivos recurrentes y de una belleza que les es peculiar. Poco difundida en el repertorio de los pianistas, su complejidad de interpretación es evidente: rápidas cascadas de notas que constituyen pasajes similares entre sí que se suceden y constituyen un tejido muy cerrado, y la belleza de los motivos centrales. Se destaca en las frases las micro-dinámicas: es decir, las variaciones de intensidades en una misma nota, en un discurso que está concebido de ese modo particularmente en los pasajes lentos.

            Obra de demanda técnica y a la vez de criterio, hubo la rara oportunidad de escucharla en vivo.

 

            El programa concluyó con Six Moments Musicaux, opus 16: Nro. 3, Andante Cantabile en si menor;  nro. 4,  Presto, en mi menor, de Sergei Rachmaninov (1873-1943). Se cumplen este año el sesquicentenario del nacimiento del compositor ruso y el ochenta aniversario de su muerte. Es sin duda uno de los mayores exponentes del post romanticismo, que vivió en un momento en que imperaban las vanguardias. Fue fiel a su música y a lo que resuena en ella: la diversidad –desde el intimismo de obras pianísticas como las del opus 23 o el 32- a la inventiva tan racionalmente organizada de sus Variaciones Sobre un Tema de Paganini, opus 34 y muchas otras de diferente naturaleza, como las Vísperas para coro a capella.

            El nro. 3 connota el lirismo nostálgico de muchas de sus obras para piano solo mientras que el nro. 4 es una pieza de bravura.

            Obras breves y representativas para cerrar un programa donde todos los opus fueron representativos de un lenguaje y de un compositor.

 

            Luego de interpretar las obras de Chopin Ciro Rolón se dirigió al público para referirse al repertorio, a lo representativo de cada opus, a las razones por las cuales eligió cada uno de ellos y a sus particularidades técnicas. Confirió a su presentación un carácter espontáneo y a la vez orientó la escucha de este repertorio.

              La técnica permite abordar las obras pero su dominio es un punto de partida que lleva a un criterio de interpretación dado en el sentido de la obra, lo que significa para el intérprete y el modo de abordarla.

            La falta de programa de mano, práctica lamentablemente establecida en varios escenarios, no permitió al público acceder a la referencias de la formación del pianista, que entre sus antecedentes se cuentan el haber sido becado por el Centro de Estudios Pianísticos (CEP BARCELONA) como alumno activo en las Clases Magistrales de la reconocida pianista Ingrid Fliter (medalla de Plata en el Concurso Internacional de Piano F.Chopin de Varsovia) sobre la obra de F.Chopin.
así como haber obtenido el Primer Premio del Seminario y Concurso “Los conciertos para piano y orquesta de Ludwig Van Beethoven”, cuyo jurado estuvo conformado por miembros de la Comisión Directiva de ALAPP Argentina(Mayo 2019), entre otras distinciones.

 

            Una vez más, resulta enriquecedor el contacto con los jóvenes intérpretes, quienes en una formación las más de las veces intensa han podido desarrollar un sentido de la técnica así como  de la significación de obras que abordan por razones que siempre son muy caras a sus preferencias. Ciro Alejandro Rolón eligió, de un repertorio más vasto, obras que por motivos propios deseaba brindar al público y lo logró acabadamente

                       

 

Eduardo Balestena

  

 

           

           

            

martes, 1 de agosto de 2023

 

Estupenda actuación del Cuarteto Gianneo en Conciertos del Mediodía del Mozarteum 

 

CON RENOVACIÓN Y LA EXCELENCIA DE SIEMPRE

Martha CORA ELISEHT

 

            Fundado en el año 2000, el Cuarteto Gianneo es una de las agrupaciones de cámara con mayor trayectoria de la Argentina. Se ha presentado en los escenarios de las salas de conciertos más prestigiosas del país y ha ganado en varias oportunidades el premio otorgado por la Asociación de Críticos Musicales de la Argentina (ACMA) en la categoría “Mejor conjunto de Música de Cámara”. El pasado 1° de Agosto se presentó en el Ciclo Conciertos del Mediodía del Mozarteum Argentino en la sala Martín Coronado del Teatro San Martín, perteneciente al Complejo Teatral de Buenos Aires, con una renovación de sus integrantes: además de los violinistas Luis Roggero y Sebastián Masci, se incorporaron Fernando Rojas Huespe (viola) y Esdras Campos (violoncello) para interpretar el siguiente programa:

-          Cuarteto para cuerdas en Do mayor, K.157- Wolfgang A. MOZART (1756-1791)   

-          Movimiento de cuarteto en Do menor, D.703- Franz SCHUBERT (1797-1828)

-          Cuarteto para cuerdas n°1 en Re mayor, Op.11- Piotr I. TCHAIKOVSKY (1840-1893)

Las nuevas adquisiciones del Gianneo son dos músicos de impecable trayectoria. Ambos son integrantes de la Orquesta Estable del Teatro Colón y han participado recientemente en el Festival Argerich y en el ciclo de la Asociación de Profesores de la Orquesta Estable – tanto en la Fundación Beethoven como en el Salón Dorado del Colón-. En este caso, lo demostraron con creces sobre el escenario de la sala Martín Coronado desde los primeros compases del mencionado Cuarteto en Do mayor de Mozart, que sonó en forma estupenda desde el Allegro inicial. Fue compuesto durante la estadía de Wolfgang A. Mozart en Milán entre los años 1772 y 1773 para el estreno de su ópera Lucio Silla, donde el genio de Salzburgo compuso una serie de cuartetos para cuerdas (del 2° al 7°), que pasaron a denominarse Milaneses y en los cuales se nota una clara influencia de la ópera. Esto se refleja más en el Andante central en tono menor, donde tanto la viola como el violoncello lograron un perfecto contrapunto con el primer violín -estupendo solo de Luis Roggero- para desembocar en el vibrante Presto final, lleno de síncopas y de una coda que sonó auténticamente mozartiana. Fernando Rojas Huespe se destacó por su obsesión por la afinación de su instrumento y un sonido pleno, mientras que Esdras Campos lo ejecutó con pasión. Ingredientes necesarios para lograr una versión perfecta, que le valió el cálido aplauso de una platea prácticamente colmada de gente.

Seguidamente, el cuarteto ofreció el Allegro assai del Cuarteto para cuerdas en Do menor, D.703 de Schubert, compuesto en 1820 cuando tenía 23 años. Sin embargo, dejó en suspenso su obra y nunca más la retomó. Posteriormente, Johannes Brahms adquirió el manuscrito original de Schubert y lo estrenó de manera póstuma en 1867 en Viena. Es un Allegro de sonata con dos temas llenos de efectos contrastantes, que marcaron un estilo diferente de composición. Los cuatro instrumentistas ofrecieron un muy buen trémolo y fraseo en cascada desde el inicio y brindaron una brillante versión, que se vio coronada por numerosos aplausos y vítores al término de su ejecución.  

Dentro de su abundante producción de música de cámara, Tcahikovsky compuso tres cuartetos para cuerdas, de los cuales, el n°1 en Re mayor es el más famoso por su celebérrimo Andante cantábile -que posteriormente, fue orquestado aparte en versión para violoncello y orquesta de cuerdas y que despertara las lágrimas del escritor León Tolstoi durante su estreno en 1871-. Precisamente, Tchaikovsky se inspiró en una canción típica ucraniana para componer esta bellísima melodía, donde un campesino sueña con su enamorada y le declara su amor. Consta de 4 movimientos: Moderato e semplice (en Re mayor), Andante cantábile (Si mayor), Scherzo- allegro non tanto e con fuoco (Re menor) y Allegro giusto- Allegro vivace (Re mayor). La versión ofrecida sonó muy compacta y a la vez, intensamente romántica desde los primeros compases del 1° movimiento, donde se destacaron las cadencias de los violines y el contrapunto en cello y viola, con una magnífica labor del ensamble en el crescendo. En lugar de la clásica versión del Andante cantábile para cello y orquesta de cuerdas, el primer violín es el solista y lleva la consabida melodía, con un excelente desempeño de Luis Roggero y un soberbio contrapunto por parte de sus compañeros bajo la guía de Sebastián Masci. El potente Scherzo- Allegro non tanto e con fuoco que abre el 3° movimiento sonó sumamente preciso y vibrante, con un magnífico fraseo por parte de todos y cada uno de los instrumentistas para culminar con una excelente performance del Allegro giusto- Allegro vivace que cierra el cuarteto, caracterizado por un tema en tiempo de drushba -danza típica ucraniana- con variaciones. Unido esto a la garra y la pasión ya descriptas, los integrantes del Gianneo hicieron que el público volviera a aplaudir rabiosamente una vez concluida la obra. Fue la oportunidad de Sebastián Masci no sólo de agradecer la presencia del público y a las autoridades del Mozarteum y del Complejo Teatral de Buenos Aires, sino también de anunciar el bis: el Gato de Emilio Napolitano, que sonó magistral y auténticamente criollo.

Independientemente que un molesto e inoportuno ringtone de un teléfono celular haya desconcentrado a los músicos previamente al inicio del concierto (pese al previo aviso de apagar o silenciar los mismos), lo que motivó a Luis Roggero a anunciar que el concierto iba a comenzar una vez que se hubiesen apagado verdaderamente los celulares -lo que motivó el aplauso por parte del público, incluyendo a quien escribe-, fue un concierto estupendo. La renovación de sus integrantes le sentó de perlas al Gianneo, que sigue sonando con la excelencia a la cual tiene acostumbrado a su público.  

lunes, 31 de julio de 2023

 

Espectacular cierre del Festival Argerich junto a los cuerpos estables del Colón


ENTRE EL CIELO Y LA TIERRA


Martha CORA ELISEHT


El título de esta nota representa la impresión de la mayoría de los melómanos

que han seguido la presente edición del Festival Argerich, que contó con

prestigiosísimos intérpretes de diferentes instrumentos y directores de orquesta

invitados de primer nivel. Tras el celestial concierto de Vassily Petrenko al frente de la

Filarmónica junto a Nelson Goerner, el pasado domingo 30 del corriente se produjo el

concierto de clausura del Festival bajo la batuta de Charles Dutoit al frente de la

Orquesta Estable del Teatro Colón, con la presencia de los siguientes intérpretes:

Martha Argerich, Alan Kwiek, Iván Rutkauskas y Marcelo Ayub (pianos); el Grupo

Vocal de Difusión, dirigido por Mariano Moruja; el Coro Estable del Teatro Colón, bajo

la dirección de Miguel Martínez y los siguientes cantantes: Jaquelina Livieri (soprano),

Guadalupe Barrientos (mezzosoprano), Santiago Martínez (tenor), Hernán Iturralde

(bajo), Laura Pisani y Florencia Burgardt (sopranos), María Luisa Merino Ronda

(mezzosoprano), Darío Schmunck e Iván Maier (tenores) y Fernando Radó (bajo) para

interpretar el siguiente programa:

- “Las Bodas”- Igor STRAVINSKY (1862-1971)

- Sinfonía n°4 en Re menor, op.120- Robert SCHUMANN (1810-1856)

- Fantasía Coral en Do menor, Op.80- Ludwig van BEETHOVEN (1770-1827)

El concierto se dividió en tres partes: la primera, para interpretar la mencionada

cantata de Stravinsky, compuesta originalmente como un ballet en 1913 y concluida en

1917. Originalmente, lo concibió para orquesta ampliada -similar a la utilizada en LA

CONSAGRACIÓN DE LA PRIMAVERA- pero posteriormente, cambió drásticamente la

orquestación y decidió utilizar dos grupos de instrumentos de percusión, cuatro pianos,

coro mixto y un cuarteto de cantantes: soprano, mezzosoprano, tenor y bajo. Esto

manifiesta la tendencia del compositor de simplificar la orquestación usando grupos de

sonido desnudo, claro y mecánico. El libreto fue escrito por el mismo Stravinsky,

basado en letras de canciones de bodas rusas recopiladas por P.V. Kireevski en 1911 y

puede cantarse en ruso o en francés. En este caso, se cantó en francés y puede apreciarse

que las cadencias de los pianos -apoyadas en la percusión- poseen una melodía muy

similar a la de LA CONSAGRACIÓN DE LA PRIMAVERA, mientras que la melodía

cantada por el coro posee pasajes que recuerdan a CARMINA BURANA de Carl Orff. La

labor de los cuatro pianistas fue soberbia: mientras el dúo Ayub/ Rutkauskas tocaba los

trinos y arpegios, el dúo opuesto (Argerich/ Kwiek) marcaba la melodía, y viceversa.

La labor del Grupo Vocal de Difusión -muy bien preparado por Mariano Moruja- fue

estupenda, al igual que la del cuarteto vocal integrado por Jaquelina Livieri, Guadalupe

Barrientos, Santiago Martínez y Hernán Iturralde. Ninguno sobresalió por sobre el otro

en las partes al unísono y cada uno descolló en sus pasajes como solista. Los

percusionistas de la Orquesta Estable también tuvieron una destacadísima actuación

bajo la batuta magistral de Charles Dutoit en una versión brillante.


Tras el aluvión de aplausos, la mudanza de instrumentos y atriles y la

correspondiente preparación del escenario, los integrantes de la Orquesta Estable

tomaron posición sobre el escenario para brindar una fabulosa versión de la célebre

Sinfonía n°4 en Re menor de Schumann, cuyos 4 movimientos (Ziemlich langsam-

Lebhaft/ Romanze: Ziemlich langsam/ Scherzo & Trio: Lebhaft/ Langsam- Lebhaft-

Schneller- Presto) se ejecutan de manera attaca (sin interrupción). Tras la introducción

inicial a cargo de clarinetes y fagots (Bastante lento- Ziemlich langsam) en Re menor,

pasa luego a un tema brillante en Re mayor (Lebhaft- vivo). Este juego y alternancia de

tonalidades (primero, en menor y luego, en mayor) se va a dar también en el 2°

movimiento (Ziemlich langsam- Bastante lento), donde se inicia en La menor y pasa

posteriormente, a La mayor, mientras que el Scherzo y trío característico del 3°

movimiento se mantiene en Re menor para culminar con un final brillante y rápido

(Schnell- Presto) en Re mayor, que fueron interpretados con una entrega, maestría y

precisión totales, donde se destacaron todos y cada uno de los músicos. En la presente

versión, los solistas de los principales grupos de instrumentos tuvieron una

destacadísima actuación; sobre todo, en el cantábile del 3° movimiento, donde la

impecable marcación de Dutoit logró su efecto. La orquesta sonó como los dioses y

“cantó” en los pasajes de mayor lirismo, mientras que lo hizo de manera muy solemne

en los tutti y en las cadencias alla marcia. Como no podía ser de otra manera, el rugido

del Colón y otro aluvión de aplausos se sintieron luego de tan excelsa interpretación.

Por último, se interpretó la Fantasía Coral en Do menor de Beethoven, que fuera

compuesta y estrenada en Viena en 1808. No se conoce con certeza quién escribió el

texto y se cree que el poeta Christoph Kuffner lo arregló para la composición. Es muy

similar en cuanto a su estructura al último movimiento de la Sinfonía n°9 “Coral”, con

la única diferencia es que comienza con una introducción lenta y virtuosa a cargo del

piano (Adagio) hasta la introducción del tema principal (Allegro) a cargo de los

violoncellos y contrabajos. Luego de la introducción del tema coral a cargo del piano,

las flautas, oboes, clarinetes y las cuerdas realizan variaciones sobre el tema. Luego del

acompañamiento orquestal en forma conjunta con el piano en varias secciones (Meno

allegro/ Adagio ma non troppo/ Marcia, assai vivace), se repite el tema instrumental del

primer Allegro como introducción a la entrada del coro, cuando las sopranos cantan el

tema principal en trío con la mezzosoprano, que es tomado posteriormente por los

tenores y el bajo, y luego, por el coro en tutti (Allegretto ma non troppo). La obra

finaliza con una coda en Presto junto a la orquesta, coro y piano. Hacía mucho tiempo

que no se representaba en el Colón y el binomio Argerich/ Dutoit hizo gala de su

maestría, precisión y calidad interpretativa. Por su parte, el Coro Estable estuvo muy

bien preparado y sonó como un instrumento más junto con el sexteto de cantantes,

donde se destacaron la soprano Laura Pisani y la mezzosoprano María Luisa Merino

Ronda. Un final digno de la mejor tradición sinfónica- coral del Colón y otra ovación

para los intérpretes. Desde ya, no faltaron los ramos de flores arrojados por el público

desde las gradas más altas, lo que motivó a que Martha Argerich ofreciera un bis:

Escenas Infantiles de Schumann, que sonó muy íntimo y personal.

El repertorio elegido para el concierto de clausura no pudo haber sido mejor. Dio

posibilidad a músicos y cantantes de lucirse sobre el escenario del Colón con obras no

tan difundidas o que se representan muy poco. Y que sonaron absolutamente terrenales

gracias a la alquimia y la magia característica de estos intérpretes.

domingo, 30 de julio de 2023

 



     Fotografía, Servicio de Prensa del Teatro Colón, realizada por el Mtro. Arnaldo Colombaroli 



EL MEJOR CONCIERTO DE UNA ORQUESTA ARGENTINA EN UNA DECADA

 

Teatro Colón, temporada 2023: Noveno concierto del ciclo de abono y séptimo concierto del Festival Argerich 2023 a cargo de la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires, Director: Vasily Petrenko. Solista: Nelson Goerner (Piano). Programa: obras de Rachmaninoff y Strauss. Teatro Colón, 29 de Julio de 2023.

 

NUESTRA OPINION: EXCELENTE (+).

 

   Con la presencia en el podio del Maestro Vasily Petrenko (actual titular de la Royal Philarmonic Orchestra de Gran Bretaña) sumada a la convocatoria a Charles Dutoit para la concertación de la Sinfonía Nº 2 en Do menor “Resurrección” de Mahler y próximamente “Juana de Arco en la Hoguera” de Honegger, el Teatro Colón ha retomado para la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires un sendero que fue lamentablemente dejado de lado desde hace mucho tiempo por las razones que fuesen (además de las económicas o de pandemia). Ello devino en una declinación del nivel al que tradicionalmente nos tenía acostumbrados el conjunto de conciertos del Colón, a presencias injustificables de directores extranjeros  de cuestionables antecedentes a la hora decidirse sus contrataciones, la también injustificada ausencia de Directores Argentinos en el ciclo principal, sobre todo en cuanto a los consagrados residentes en nuestro medio como a no menos de seis compatriotas residentes en el exterior, a los que mayoritariamente se les ofrece actuaciones con la orquesta fuera de sede o bajar al foso a dirigir ballet (nada cuestionable esto, pero sí el hecho de que estén ausentes del ciclo de abono). Colofón, es imprescindible señalar de mi parte que desde hace algo más de una década hasta el año pasado, la gestión del Maestro Enrique Arturo Diemecke como titular terminó echando por tierra  todo lo que había construido desde su primera titularidad en el año 2005 posición a la que llegó, recordémoslo, avalado por los propios músicos del conjunto. Sin ninguna duda una gestión excedida en tiempo, limitada en repertorio y frenada en crecimiento artístico.  No es menester del presente comentario el recordar los ríos de opiniones que he vertido a lo largo de tantos años, pero sí  traer a colación todo esto, para entender mejor  porque gracias a la presencia de estos extraordinarios maestros, a los que se puede sumar el nivel magnífico de Ntros. compatriotas, la Filarmónica de Buenos Aires puede convertirse nuevamente en una de las mejores de América.

 

  Recordando al inolvidable Federico Monjeau cuando en ocasión de los primeros Festivales Argerich allá por el 2003 señalaba respecto a la presencia del Mtro. Dutoit que era estupendo que el Colón tuviera para sí a un Maestro con pleno prestigio internacional. Creo que estas palabras son absolutamente aplicables al Mtro. Petrenko. Su labor al frente de la Filarmónica solo puede ser catalogada como de excelencia absoluta. Un trabajo de verdadera orfebrería que incluyó, limpieza y pureza de sonido, estilo, ajuste, empaste para extraerle lo mejor a la Orquesta. La presencia de la mayoría de los atriles titulares, sumado a que en la Sinfonía Alpina de Richard Strauss se completó el orgánico con muchos de los mejores maestros de la Orquesta Estable (acierto del Colón en emplear solo elementos de la casa), coadyuvaron  a que la amalgama sonora fuese perfecta.

 

  El programa ofrecido fue de absoluta exigencia “Rapsodia sobre un tema de Paganini”, Op. 43 para piano y orquesta de Serguei Rachmaninoff  con Nelson Goerner como solista y “Una Sinfonía Alpina”, Op. 64 de Richard Strauss. Tal vez el concierto más comprometido de todo el abono.

 

  Afortunadamente Nelson Goerner es un artista que en cada presentación demuestra no tener techo. Su versión de la rapsodia fue electrizante: nervio, energía, despliegue técnico, sutilezas y un pleno entendimiento con el Mtro. Petrenko y la Orquesta.  Y estos últimos aportaron todo para redondear la versión perfecta: equilibrio, cero estridencias, planos sonoros finamente perceptibles. Magnífico trabajo de conjunto y la primera ovación gigantesca de la noche a la que Goerner retribuyo con una muy sentida versión del Nocturno en Do sostenido menor nº 20, Op. Póstumo de Frederic Chopin. Sobran los elogios.

 

 En la parte final, la Filarmónica con la inmensa guía de Petrenko ofreció una versión de la “Alpina” digna de las mejores orquestas del mundo. Quienes la hayan presenciado en vivo como los que aún pueden apreciarla en la red social You tube o la hayan visto por los mismos medios en directo, pueden dar fe de esto. Sutilezas en los solistas, ataques precisos sin excesos, bronces espectaculares, vientos en estado de gracia, ajustada percusión, buenas intervenciones del órgano y cuerdas que “cantaron” toda la noche, hacen que la escucha de este inmenso trabajo Staussiano haya sido un deleite absoluto y que me haya llevado a recordar a la Filarmónica representante de Buenos Aires ante el mundo con las inolvidables tres giras europeas casualmente con cuatro batutas de fuste (Yuri Simonov, Christof Escher, Luís Enrique García Navarro y Gabor Ötvos). ¿Les suena?.

 

  El “rugido” del Colón no se hizo esperar, aun cuando el Mtro. Petrenko  pidió con claro gesto al público un poco más de silencio para dejar extinguir los últimos sonidos. Cuatro salidas al escenario para agradecer la demostración de sublime maestría que Vasily Petrenko desplegó en el concierto son la cabal prueba del veredicto unánime del público, que solo se apaciguó con el beso y el saludo finales a la sala  por parte del maestro. De no haberlo hecho, probablemente la ovación hubiese sido aún mayor.

 

No caben dudas acerca de que este es el rumbo correcto. Seguramente deben solucionarse otros temas (salariales y artísticos) que la conducción actual y la que surja en Diciembre próximo deberán resolver. Mientras tanto, los músicos en el escenario dan lo mejor de sí para que la Filarmónica sea esta, la que todos queremos.

 

Donato Decina

sábado, 29 de julio de 2023

 Extraordinario concierto de la Orquesta de Cámara del Congreso de la Nación


CON EL SABOR DE LA NONNA PATRIA


Martha CORA ELISEHT


Se considera a España como la Madre Patria de la República Argentina por lazos

históricos, culturales, lingüísticos y religiosos. Sin embargo, para un considerable

porcentaje de la población del país, Italia también entra dentro de dicha categoría. Más

de la mitad de los argentinos posee raíces italianas -tanto propias como producto de los

vínculos conyugales y/o familiares- y, por lo tanto, se puede considerar a Italia como la

Nonna Patria de la Argentina. Precisamente, fue el país elegido para participar del

concierto temático organizado por la Orquesta de Cámara del congreso de la Nación

dentro de su Ciclo 2023, denominado “AIRES ITALIANOS” que tuvo lugar en el Salón

de los Pasos Perdidos del Congreso Nacional el pasado viernes 28 del corriente bajo la

batuta de su director titular -Sebastiano De Filippi- con la participación de la

mezzosoprano Guadalupe Barrientos como solista.

El programa estuvo comprendido por las siguientes obras:

- “De mi Patria” (serie argentina)- Luis SANMARTINO (1888-1973) (edición

de Lucio Bruno VIDELA)

- Allegro para cuerdas en Do mayor- Gaetano DONIZETTI (1797-1848)

- “El Ocaso”, poema lírico, P.101- Ottorino RESPIGHI (1879-1936)

- Sinfonía para cuerdas en Mi menor (transcripción orquestal del Cuarteto para

cuerdas por Arturo TOSCANINI)- Giuseppe VERDI (1813-1901)

En todos los conciertos de la mencionada agrupación de cámara se incluye una obra

argentina. En este caso, se interpretó la serie De mi Patria de Luis Sanmartino con

motivo de cumplirse el 50° aniversario de su fallecimiento. Fue compuesta en 1946 y

consta de tres números: Triste/ Milonga/ Gato, que fueron muy bien interpretados por la

orquesta. Lo mismo sucedió con el mencionado Allegro en Do mayor de Donizetti,

donde De Filippi demostró su profundo conocimiento de una de las escasamente

interpretadas obras de cámara del gran músico bergamasco. Es un allegro enérgico e

con brio con reminiscencias mozartianas, que posee pasajes sumamente complejos y

difíciles de interpretar. La orquesta salió airosa del compromiso y fue ovacionada al

final de esta exquisita versión.

Así como Gaetano Donizetti es un compositor principalmente operístico, Ottorino

Respighi lo es en el ámbito sinfónico. Sin embargo, ambos han compuesto numerosas

obras de cámara de gran belleza, la mayoría de las cuales son escasamente difundidas o

se representan en muy pocas ocasiones. No es el caso del poema lírico Il Tramonto (El

Ocaso), compuesto por Respighi en 1914 sobre el poema homónimo de Percy Bysshe

Shelley (1792-1822) escrito en 1816. Originalmente fue escrita para mezzosoprano y

cuarteto de cuerdas y, posteriormente, para orquesta de cuerdas. Es una obra muy

hermosa, con numerosos pasajes escritos de manera ondulante y múltiples matices

sonoros para el lucimiento de la orquesta de cuerdas y la mezzosoprano. En el caso


particular de Guadalupe Barrientos, el repertorio de cámara le sienta de maravilla. Su

caudalosa voz – muy rica en matices dramáticos y románticos- permitió no sólo su

lucimiento personal, sino, además, un magnífico acompañamiento del conjunto. Unido

esto a la magistral dirección de Sebastiano De Filippi, el resultado fue una combinación

perfecta, que se vio coronada por numerosos aplausos y vítores tras su interpretación.

La única obra de cámara de Giuseppe Verdi que se ha conservado es su Cuarteto

para cuerdas en Mi menor, compuesto durante una producción de su ópera AÍDA en

Nápoles en 1875. Escrito originalmente para dos violines, viola y violoncello, consta de

4 movimientos: Allegro/ andantino/ Prestissimo/ Scherzo- Fuga. Allegro assai mosso y

la versión interpretada en este concierto corresponde a la transcripción para orquesta

realizada por Arturo Toscanini. La presente versión fue magnífica, con gran maestría,

fuste y enjundia en su interpretación; sobre todo, del Prestissimo, que posee

reminiscencias de la música eslava -muy similar al Furiant de algunas obras de Dvořak-

que se alternan con un segundo tema más lírico, ricamente elaborado para desembocar

en la monumental Fuga del último movimiento. Ante una sala colmada de público, el

final fue un aluvión de aplausos y vítores.

Lo único que opacó este concierto fue la ausencia de programas de mano, ya que los

mismos no alcanzaron para satisfacer las demandas del numeroso público que se dio

cita en el Salón de los Pasos Perdidos del Congreso Nacional esa tarde. Sin embargo, se

compensó no sólo con la magnífica actuación de los músicos, director y solista invitada,

sino también con la proyección en simultáneo, que permitía seguir el programa

mediante el canal de Senado TV. La iniciativa de organizar conciertos temáticos es

excelente, ya que atrae al público y permite su renovación. Y tanto mejor cuando se

interpretan obras bellísimas como las comprendidas en este concierto, que se ejecutan

en raras ocasiones para que el público tenga oportunidad de conocerlas y disfrutarlas.

jueves, 27 de julio de 2023

 

HONESTIDAD Y ABSOLUTA ENTREGA

 

Orquesta Sinfónica Nacional, temporada 2023. Concierto, Director: Christian Baldini. Solista: Emilio Peroni (Piano). Programa: Obras de Gandini y Schumann. Centro Cultural Kirchner,  Auditorio Nacional: 26/07/23.

 

NUESTRA OPINION: MUY BUENO

 

   En la continuidad de su temporada y de los concursos de efectivización de cargos vacantes, la Orquesta Sinfónica Nacional volvió a presentarse en el Auditorio Nacional del Centro Cultural Kirchner. La velada marcó una nueva presentación como Director invitado del Maestro Christian Baldini, quien como bien se sabe se encuentra radicado en Estados Unidos y que como ocurre en cada verano boreal, vuelve al país no solo para pasar sus vacaciones, sino también para responder a estos compromisos que se presentan. El programa ofrecido contó además con otro de los homenajes a la figura de Gerardo Gandini, quien integró por muchos años la agrupación como instrumentista de Piano y Celesta.

 

  Tal como informamos en Ntro. programa del pasado Viernes 21 de labios del propio Maestro Baldini en el marco del reportaje que le efectuáramos,  debió rehacerse la programación por causas de fuerza mayor. No pudo ofrecerse el pautado concierto para piano y orquesta Nº 1 de Serguei Prokofieff en adhesión al 70º aniversario de su fallecimiento. Consultado el solista convocado, el pianista Emilio Peroni, se llegó de común acuerdo al reemplazo por el Concierto para Piano y Orquesta Op. 54 de Robert Schumann, de quién además se interpretó en la parte final su Sinfonía Nº 1 “Primavera”. Teniendo en cuenta que Gerardo Gandini era un confeso admirador de Schumann, no pudo haberse armado un programa tan redondo dado que la obra elegida del gran creador argentino fue “Eusebius” (Seudónimo que Schumann empleaba como crítico musical), basada en la danza para piano Nº 14 de la “Liga de David” de este gran creador universal, en la que Gandini se  basó para componer cinco nocturnos para orquesta de los cuales los cuatro primeros requieren intervención de los diferentes sectores del conjunto, quienes intervendrán en su totalidad interpretando al unísono cada parte asignada en el quinto y último. Y si de rarezas se trata, la partitura del director está impresa de forma tal que la debe leer de atrás hacia adelante.  En las tres oportunidades que tuve  de escuchar esta formidable obra, tanto Juan Pablo Izquierdo (en el estreno mundial de la obra por mi presenciado) como Leopold Hager luego separaron por sectores a la orquesta en donde cada uno de dichos sectores intervino en los cuatro primeros nocturnos para luego unirse todos en el final. Aquí el Mtro. Baldini mantuvo a la formación en sus lugares habituales, aun así logró ir marcando a cada sector en los primeros fragmentos y luego, sí, todos juntos. La música no puede ser más descriptiva, ni deja de rescatar el maravilloso halo de misterio que Gandini creó. Baldini estuvo en todos los detalles y los músicos respondieron de modo formidable conformando una muy buena  versión.

 

  Entrando ya en el Concierto de Schumann, Emilio Peroni no solo mantuvo en pié su participación como solista, sino que ofreció junto a Baldini y la Sinfónica una muy buena versión. Fue precisa, de transparencia sonora y sumamente ajustada. Muy bien acompañado por el Mtro. y la Orquesta, construyeron entre todos una sólida actuación. Si bien  Baldini previo al comienzo solicitó que no se aplauda entre movimientos, la enjundia de la interpretación y el final del primer movimiento que pareciera ser el de un concierto en sí mismo motivó que un sector del público prorrumpiera en un fuerte aplauso. Vuelto todo a su lugar, ya en el final propio de la obra, todo el auditorio tributó un fervoroso y justiciero aplauso en gratitud por la labor encomiable y en especial al Mtro. Peroni por todo lo expuesto anteriormente.

 

  Y en la parte final, el Mtro. Baldini ofreció junto a la Orquesta una versión estupenda de la Sinfonía Nº 1 “Primavera”. Sumamente ajustada, con instantes de un estupendo “canto orquestal” y altísimo vuelo interpretativo, se pudo escuchar esta página exquisita. Un pequeño desacople en la parte final no restó méritos de modo alguno para redondear una labor formidable y agregar una nueva y muy buena página en la relación Christian Baldini-Orquesta Sinfónica Nacional. Esperamos desde ya el retorno del Maestro. Será en Diciembre y en el Colón, justamente con “La Ciudad Ausente” del propio Gandini.

 

Donato Decina

martes, 25 de julio de 2023

 


                                  Fotografía: Prensa Teatro Colón/Mtro. Arnaldo Colombaroli


Excepcional concierto de Martha Argerich junto a prestigiosas figuras en el Colón


CON ENJUNDIA, MAESTRÍA Y PRECISIÓN


Martha CORA ELISEHT


El Festival Argerich no sólo cuenta con la presencia de la talentosa pianista

argentina, sino que también participan numerosos intérpretes de primer nivel -tanto

nacionales como internacionales-. El escenario del Teatro Colón fue el marco perfecto

para el 4° concierto del mencionado festival, que tuvo lugar el pasado sábado 22 del

corriente con la presencia de los siguientes artistas: Gideon Kremer y Madara Pētersone

(violines), Martha Argerich (piano), Sergei Nakariakov (trompeta) y la Orquesta

Filarmónica de Buenos Aires dirigida por Sylvain Gasançon, quienes interpretaron el

siguiente programa:

- “Twilight” para dos violines y orquesta de cámara- Giya KANCHELI (1935-

2019)

- “Metamorfosis”- Richard STRAUSS (1864-1949)

- Concierto n°1 para piano y trompeta en Do menor, Op.35- Dmitri

SHOSTAKOVICH (1906-1975)

Con motivo de las representaciones de LA CARRERA DEL LIBERTINO (THE

RAKE’S PROGRESS) de Igor Stravinsky, se utilizó un telón negro de fondo en vez de la

tradicional cámara acústica y se empleó el proscenio para que una reducida formación

de cuerdas y órgano electrónico pertenecientes a la Filarmónica tomaran posesión sobre

el escenario de nuestro mayor coliseo. Tras la tradicional afinación de instrumentos a

cargo del concertino Xavier Inchausti, los violinistas hicieron su presentación junto a

Sylvain Gasançon para interpretar la mencionada pieza de Giya Kancheli, que data de

2004. Es una obra íntima, de muy buena línea melódica, cuya apertura está a cargo de

los dos violines con contrapunto con el violoncello y el órgano electrónico.

Posteriormente, se alternan dos temas: uno, más misterioso y profundo, y otro, de

carácter romántico. La ejecución de Gasançon al frente de la Filarmónica se destacó por

la profundidad del sonido y su precisión en la marcación, característica que se vio

favorecida por la formación de la orquesta a la alemana. Los solos de violín poseen

reminiscencias barrocas, mientras las cuerdas desarrollan una serie de staccatos y

ostinatos. Madara Pētersone se destacó en sus pizzicatos, mientras Gideon Kremer

ejecutó un magistral cantábile en contrapunto con el pizzicato del segundo violín

solista. Tras un impecable contrapunto de los contrabajos con el pizzicato a cargo de los

violines, la obra culmina con el tema inicial ejecutado por los dos violines solistas en

diminuendo hasta que la melodía se evanesce. El resultado se vio coronado por

numerosos aplausos para la agrupación y una ovación para dos solistas de fuste y

reconocida trayectoria.

Acto seguido, Sylvain Gasançon brindó una formidable versión de la Metamorfosis

de Richard Strauss, cuyos 5 movimientos (Adagio ma non troppo- Aguisto- Piú allegro-

Adagio, tempo primo- molto lento) se ejecutan sin interrupción. Fue compuesta a fines


de la Segunda Guerra Mundial en los primeros meses de 1945 para 11 instrumentos de

cuerda y fue comisionada por Paul Sacher, quien era director del Collegium Musicum

de Zürich y la Orquesta de Cámara de Basilea. Su estreno tuvo lugar al año siguiente

por la mencionada agrupación en Zürich bajo la batuta de Sacher. Su motivo principal

hace alusión a la Marcha Fúnebre de la Sinfonía n°3, “Heroica” de Beethoven, pero

también posee ribetes de la 5° Sinfonía del genio de Bonn. En este caso, se reunió a lo

más selecto y granado de las cuerdas de la Filarmónica para interpretarla, con

actuaciones excepcionales en los solos de viola a cargo de Denis Golovin; de

violoncello, por Benjamín Báez; de contrabajo, por Javier Dragún y de violín, por

Xavier Inchausti. El Colón estalló en aplausos y vítores tras su interpretación.

El rugido del Colón volvió a escucharse una vez más cuando Martha Argerich,

Sergei Nakariakov y Sylvain Gasançon hicieron su presentación sobre el escenario para

brindar una excelsa interpretación del célebre Concierto n°1 para piano y trompeta de

Shostakovich, que fue el plato fuerte y lo mejor de la noche. La poderosa cadencia

inicial del piano a cargo de Martha Argerich sonó como los dioses: con enjundia, garra

y una precisión asombrosa, que se vio perfectamente acompañada por las intervenciones

-en mucha menor medida- de Sergei Nakariakov en los 4 movimientos en que se divide

la obra (Allegretto/ Lento/ Moderato/ Allegro con brio). Es, precisamente, en el Lento

donde el solo de trompeta con sordina suena similar a un oboe o corno inglés, lo que

permite el lucimiento del intérprete. El músico ruso- israelí es uno de los mejores

solistas de dicho instrumento en la actualidad y se lo conoce como “el Paganini de la

trompeta”. Su sonido limpio, llano y redondo se complementó perfectamente con las

cadencias y pasajes del piano en los dos últimos movimientos (se considera al Moderato

como una especie de preludio al imponente Allegro con brio final, dado que son dos

temas diametralmente opuestos). No sólo ambos lo tocaron de memoria, sino que su

interpretación fue sublime. A su término, la ovación fue de tal magnitud que tuvieron

que volver a bisar los últimos dos movimientos. No conforme con esto, el público

seguía aplaudiendo y vitoreando al binomio, que salieron juntos a interpretar un nuevo

bis: una versión para trompeta y piano de las Drei Klavierstücke, Op.73 para clarinete y

piano de Schumann. Sin embargo, hubo un inconveniente: una de las páginas de la

partitura estaba mal colocada y Martha Argerich interrumpió inmediatamente la

ejecución al darse cuenta que la melodía del piano no se correspondía con la de la

trompeta. Esto fue rápidamente subsanado y se ejecutó la obra da capo, que sonó

magistralmente desde el principio hasta el final. Una nueva ovación para los músicos

para poner punto final a una noche memorable.

A sus 82 años, Martha Argerich se encuentra espléndida y más talentosa que nunca.

Su enjundia, garra y precisión siguen siendo insuperables y lo demuestra cada vez que

aparece sobre el escenario del Colón en el festival que lleva su nombre, que reúne lo

más selecto de la música a nivel mundial y que permite que el rugido del Colón se

vuelva a sentir con cada una de sus interpretaciones.

viernes, 21 de julio de 2023

 

"La Carrera del Libertino" en el Colón

Teatro Colón

Jueves 20 de julio de 2023 

Escribe: Graciela Morgenstern

Fotos: Arnaldo Colombaroli/ Máximo Parpagnoli (Prensa teatro Colón)

 

 “La Carrera del Libertino”, de Igor Stravinsky

Libreto: W. H. Auden y Chester Kallman

Elenco: Ben Bliss, Christopher Purves, Andrea Carroll, Patricia Bardon, Hernán Iturralde, Alejandra Malvino, Darío Schmunck y Alejandro Spies

Orquesta Estable del Teatro Colón

Coro Estable del Teatro Colón

Director del Coro: Miguel Martínez

Escenografía: Julia Freid

Vestuario: Julio Suárez

Iluminación:  Matías Sendón

Dirección de escena: Alfredo Arias

Dirección musical: Charles Dutoit.

 

 

Inspirado en los grabados y pinturas de William Hogarth, Igor Stravinsy, decide componer su ópera "La carrera de un libertino" ("The Rake's Progress"), ampliamente representada en los escenarios líricos mundiales. El libreto, en inglés, es obra de  W. H. Auden y Chester Kallman. La ópera relata la manera en que un personaje diabólico, Nick Shadow,  tienta al joven Tom Rakewell, corrompiéndolo, llevándolo a su perdición, a la insania y alejándolo de su verdadero amor, Anne Truelove.

La obra fue estrenada en el Teatro La Fenice, Venecia, en 1951, subió a escena en el Teatro Colón cuatro veces, entre 1959 y 2001.

 

En esta nueva producción escénica de Alfredo Arias, al igual que en 2001, la escena cuenta con una especie de anfiteatro griego, con un reloj de fondo y una mesa de múltiples usos en el centro. Puede ser usada como mesa de disección, como cama o como asiento. En esta escenografía estática, de Julia Freid, se destaca el muy buen diseño de luces de  Matías Sendón y también el adecuado vestuario de Julio Suárez. La puesta dista de ser extraordinaria pero al menos, enmarca el drama y cumple su cometido en este respecto.

 

El elenco fue muy bueno y homogéneo, en términos generales. El tenor Ben Bliss tuvo un  manejo técnico de calidad y su interpretación de Tom Rakewell fue creciendo en intensidad a medida que iba avanzando la función. En su cavatina “Love, too frequently betrayed”, hizo gala de su elegante línea de canto.

 

Andrea Carroll como  Anne Truelove exhibió voz de belleza tímbrica, buen manejo del legato y hermosos pianisimos que quedaban "flotando" en la sala. En la faz actoral, también resultó convincente.

 

El barítono Christopher Purves compuso un multifacético Nick Shadow, el personaje diabólico que se juega el alma de Rakewell a las cartas,  con presencia escénica y flexibilidad vocal, que le permitió dar a cada frase la intención justa.

 

La Baba la Turca de Patricia Bardon fue correcta, sin descollar vocalmente..

 

Por otra parte, el Truelove de Hernán Iturralde estuvo a la altura del nivel artístico general, de la misma manera que la Mamá Oca de Alejandra Malvino, el Sellem de Darío Schmunck y .el guardia de manicomio Alejandro Spies.

El Coro Estable bajo la dirección de Miguel Martínez, realizó una muy buena actuación, con una interpretación pulida, como acostumbra hacerlo.

Pero indudablemente, lo mejor de todo fue la maravillosa conducción de Charles Dutoit, al frente de la Orquesta Estable, concertando los diferentes planos sonoros con precisión, de manera minuciosa, destacando la diáfana sutileza de algunos momentos de la partitura y contrastándolos con la el tempestuoso dramatismo de otros. Todos los sectores de la Estable le respondieron con idoneidad, para conformar lo que fue un muy buen espectáculo.

 

CALIFICACION: MUY BUENO