viernes, 20 de mayo de 2022

 

Cierre del Festival KONEX a cargo del Buenos Aires Ballet

 

FINAL DE FIESTA CON ÓPERA Y DANZA

Martha CORA ELISEHT

 

Tras la postergación sufrida de la Gala de Ballet que habitualmente marca el cierre del Festival KONEX -prevista para el domingo 8 del corriente-, el pasado domingo 15 de este mes tuvo lugar dicho evento, denominado “GALA DE BALLET EN LA ÓPERA” en el Centro Cultural KONEX con la participación del Buenos Aires Ballet dirigido por el primer bailarín del Teatro Colón Federico Fernández, con coreografías de Emanuel Abruzzo y Federico Fernández sobre distintos fragmentos de óperas, que se detallan a continuación:

-          “LA FAVORITA”- Gaetano DONIZETTI (1797-1848)

-          Bacanal de “SANSÓN Y DALILA”- Camille SAINT- SAËNS (1835-1921)

-          Preludio de “TRISTÁN E ISOLDA”- Richard WAGNER (1813-1883)

-          “AÍDA”- Giuseppe VERDI (1813-1901)

-          “GUILLERMO TELL”- Gioacchino ROSSINI (1792-1868)

-          Habanera y fragmentos de “CARMEN”- Georges BIZET (1838-1875)

-          Danza de los siete velos de “SALOMÉ”- Richard STRAUSS (1864-1949)

-          “FAUSTO”- Charles GOUNOD (1818- 1893)

-          Encore final: Noche de Walpurgis de “FAUSTO”- Charles GOUNOD

Con excepción de GUILLERMO TELL, cuya coreografía fue de Federico Fernández sobre el original de August Bournonville, el resto fueron de Emanuel Abruzzo.  El elenco estuvo integrado por los siguientes bailarines: Ayelén Sánchez, Camila Bocca, Federico Fernández, Iara Fassi, Rocío Agüero, Lola Mujica Calvo, Milagros Niveyro, Nahuel Prozzi, David Juárez, Sebastián Bustos, Paulo Marcilio (integrantes del Ballet Estable del Teatro Colón) y Julieta Zabalza (bailarina invitada). La producción contó con la producción artística de Juan Lavanga, con asistencia en escenario de María Sol Matienzo y Emiliano Caffarelli, vestuario de Laura Sol Torresillas y sonido e iluminación de Sebastián Viola y Luis Casella Horn. Se empleó música grabada con algunos cortes para agilizar la función en virtud de las coreografías.

Tan solo con un simple tejido entrelazado como telón de fondo iluminado por diferentes colores se plamó la escenografía que permitió el lucimiento de los artistas en escena. El primer número estuvo a cargo de Federico Fernández y Camila Bocca, quienes derrocharon plasticidad, técnica, gracia y maestría escénica para interpretar con una coreografía sumamente clásica -realzada por el tutú negro y la clásica chaqueta con calzas- fragmentos de LA FAVORITA.  Ella es una de las primeras figuras del Ballet Estable del Colón y una de las habituales acompañantes de Fernández en las funciones del Buenos Aires Ballet. Seguidamente, la célebre Bacanal de SANSÓN Y DALILA fue interpretada por Rocío Agüero y Nahuel Prozzi, secundados por Iara Fassi/ David Juárez y Lola Mujica Calvo/ Sebastián Bustos. Las tras parejas deslumbraron con la sensualidad de sus movimientos, pero la pareja protagónica se llevó los laureles. Ella es una talentosa bailarina que se encuentra en pleno ascenso y que posee todo lo necesario para ser una étolie: gracilidad en sus movimientos, técnica y conectividad con su pareja. Por su parte, él es uno de los mejores bailarines de carácter que forma parte del cuerpo de baile del Colón y que supo acompañarla a la perfección en una coreografía destacada por las posturas eróticas para interpretarla -muy buen acierto de Emanuel Abruzzo-. Las parejas acompañantes también se destacaron,  tanto en su respectiva variación como en las escenas de conjunto. Seguidamente, se empleó una versión con cortes del Preludio al Acto 1| de TRISTÁN E ISOLDA, donde la pareja integrada por Milagros Niveyro y Paulo Marcilio protagonizaron más un desencuentro amoroso que la historia de un amor imposible signado por la tragedia. Dio la impresión que la coreografía de Abruzzo no condecía con el drama de Wagner, pese a que ambos son muy buenos en cuanto a técnica e interpretación. Lo mismo sucedió con AÍDA, donde Iara Fassi hizo su presentación en escena con los acordes de la marcha triunfal, para luego ser raptada por David Juárez y encontrarse como esclava en la corte del faraón con los acordes de la obertura de dicha ópera. No obstante, ambos también tuvieron una excelente actuación, aunque hubiera sido bueno ejecutar las famosas Danzas sinfónicas del 2° Acto.

Uno de los platos fuertes de la presente gala fue la actuación de Lola Mujica Calvo y Sebastián Bustos con música de GUILLERMO TELL de Rossini, donde encarnaron a una pareja de aldeanos en un juego de enamoramiento y seducción. Ella hizo gala de gracia y maestría, donde sus entrechats estuvieron perfectos, mientras que los de él fueron brillantes. Si a esto se le suma conexión, empatía y plasticidad, no hace falta decir nada más. Seguidamente, se usó una versión de la célebre Habanera -cantada por María Callas- para la presentación de Ayelén Sánchez en el rol protagónico, acompañada por Federico Fernández como Don José. El rol de la gitana implica un desafío para cualquier primera bailarina en cuanto a los requerimientos en materia de actuación. La coreografía empleada por Abruzzo tuvo todos los ingredientes necesarios para lograr el juego de seducción y la influencia que la protagonista ejerce sobre Don José, quien cae rendido a sus pies en la última escena. Ambos dieron cátedra de danza y actuación sobre el escenario. Pero lo mejor de la noche fue la interpretación de la Danza de los siete velos de SALOMÉ, donde una Julieta Zabalza ataviada en traje de odalisca tuvo una perfecta coordinación de movimientos, coincidentemente con los golpes de música. Bailó con el cuerpo, la mirada y su profusa cabellera mientras iba desplegando cada uno de los siete velos de esta célebre pieza. La coreografía incluyó elementos de danza árabe y oriental para hacer aún más atrayente la poderosa seducción que Salomé ejerce sobre el Tetrarca Herodes con el objetivo de obtener la cabeza de Jochanaan. Una perfecta demostración de talento y gracia sobre el escenario.

Como broche de oro, toda la compañía -ataviados en trajes de gala- bailaron diferentes fragmentos de FAUSTO, comenzando por el célebre vals del 2° Acto y siguiendo con otros números de la suite orquestal sobre dicha ópera para desarrollar una coreografía clásica, donde no faltaron los fouettes, developées, giros, solages y otros elementos para que todos y cada uno de los integrantes de la compañía se lucieran sobre el escenario en una magistral versión al compás de La Noche de Walpurgis. Y antes del saludo final, cada uno de los bailarines hizo una variación en le anunciado encore. Los aplausos y los vítores cundieron por doquier ante un auditorio prácticamente lleno.

Al terminar la función, tanto Luis Ovsejevich -presidente de la Fundación KONEX- como Juan Lavanga se hicieron presentes, pero hubo un invitado especial: el maestro Mario Galizzi -actual director del Ballet Estable del Colón-, quien se hizo presente como espectador y en apoyo a los integrantes de su compañía. Un gesto que vale la pena rescatar y tener en cuenta para cerrar una gala de ballet que a su vez, también marcó el cierre del Festival. Un gran esfuerzo que se repite todos los años gracias a los que apuestan al desarrollo y la difusión de la cultura.    

 

Excelente concierto de cámara con solistas de la Filarmónica en el CCK

 

CINCO MÁS CUATRO PUEDE DAR MUCHO MÁS QUE NUEVE

Martha CORA ELISEHT

 

            Durante todo el mes de Mayo, el Centro Cultural Kirchner (CCK) en forma conjunta con la Secretaría de Cultura de la Nación organizaron un festival de música clásica que comprende conciertos sinfónicos y de música de cámara en homenaje a grandes compositores argentinos, haciendo especial hincapié en la figura de Alberto Williams (1862-1952) con motivo de cumplirse este año el 70° aniversario de su fallecimiento. Pero también se han rescatado obras que nunca se representan o que pertenecen a compositores muy poco conocidos en estas latitudes. Dentro del Ciclo de Cámara, el ejemplo cabal de ello fue el concierto del pasado domingo 15 del corriente en el Auditorio Nacional, donde participaron los siguientes músicos: Pablo Saraví (violín), Dennis Golovin (viola), Cecilia Stamig (violoncello), Julián Medina (contrabajo), Claudio Barile /flauta), Néstor Garrote (oboe), Mariano Rey (clarinete), William Thomas Genz (fagot) y Fernando Chiappero (trompa). Todos son integrantes de la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires e interpretaron un programa compuesto por las siguientes obras:

-          Tres piezas breves para quinteto de vientos- Jacques IBERT (1890-1962)

-          Quinteto para vientos en Sol menor, Op.56 n°2- Franz DANZI (1763-1826)

-          Noneto en Fa mayor, Op.31 para flauta, oboe, clarinete, corno, fagot, violín, viola, violoncello y contrabajo- Louis SPOHR (1794-1859)

 

Tras producirse el ingreso de los solistas de instrumentos de viento y ante la consabida ausencia de programas de mano, el concierto contó con un presentador de lujo: Mariano Rey, quien provisto de un micrófono dio una breve reseña de las obras comprendidas en el programa, así como también sobre sus autores. Y destacó la labor de su compañero William Thomas Genz -quien reemplazó en último momento a Gabriel La Rocca por problemas de salud-, motivo por el cual fue largamente aplaudido.

La mencionada obra de Ibert fue compuesta en 1930 como música de escena para una obra de teatro y es una de las más conocidas de este prolífico compositor francés. Consta de tres movimientos: Allegro/ Andante- Lento/ Allegro vivo y se caracteriza por ser brillante y virtuosa. Acorde a la época, presenta neto corte impresionista con características de música de ciertos compositores nórdicos como Hugo Alfvén y también, reminiscencias de los integrantes del denominado Grupo de los Seis en París.  El Allegro inicial posee numerosos arabescos, trinos y pasajes de difícil ejecución, que fueron perfectamente resueltos por los solistas, mientras que el corno marcó el ritmo. Culmina con una melodía muy parecida a “La máquina de escribir” de Leroy Anderson. Una combinación entre flauta y clarinete abre el 2° movimiento, que es retomada posteriormente por el oboe y el fagot. Tras una brece pausa, el Allegro vivo final permite el lucimiento de todos los solistas en una franca demostración de virtuosismo. Por tratarse de los principales solistas de las secciones de vientos de la Filarmónica, de más está decir que fue una interpretación vibrante, vivaz y de excelencia.

De los nueve quintetos para instrumentos de viento compuestos por el alemán Franz Danzi, el Quinteto para vientos en Sol menor Op.56 n°2 fue el elegido para esta ocasión.  De línea oscilante entre el clasicismo y el romanticismo, permite el lucimiento de cada uno de los instrumentos solistas como virtuosos, pero sin perder de vista al ensemble como un todo. Consta de 4 movimientos: Allegretto/ Andante/ Minuetto/ Allegretto y suena muy mozartiano al inicio, pero con un sello personal que recuerda a Haydn. Las cuatro maderas se lucen en el Allegretto inicial, mientras el corno da el apoyo. Este orden se invierte en el Andante, donde el corno se luce en la apertura del movimiento en contrapunto posterior con el fagot y el oboe. Los solos de todos los instrumentistas fueron espléndidos y el Allegretto final fue un vivacissimo de antología, donde se cumplió a la perfección la concepción del compositor. Al finalizar, el público estalló en aplausos.

En su época, el alemán Louis Spohr fue un compositor muy conocido y prolífico de la talla de Haydn, Mozart o Beethoven. Lamentablemente, sus obras cayeron en la impopularidad por su manierismo y concepciones estilísticas a fines del siglo XIX y se dejaron de ejecutar a principios del siglo XX. No obstante, su Noneto en Fa mayor Op.31 fue rescatado del olvido en 1980 -merced a la aparición del catálogo Göthel- y se transformó en su obra más conocida. Fue compuesto durante la estancia de Spohr en Viena en 1813 a pedido de Johann Tost -primer violín de la orquesta de Haydn-, de manera tal que cada instrumento pudiera mostrar su carácter específico. Spohr aceptó el desafío y su obra se transformó en referencia y modelo para futuros compositores de la talla de Louis Farrenc, Bohuslav Martinu, Maurice Ravel y Anton Webern. Pertenece a la etapa romántica temprana, donde su autor explora detalladamente las virtudes de las posibilidades tímbricas de combinaciones de instrumentos. Consta de 4 movimientos: Sonata/ Scherzo/ Adagio/ Vivace, de los cuales, el primero es una sonata sin introducción, donde el violín presenta el tema principal, que es retomado por los vientos y donde se garantizan la dirección armónica y el fraseo, con muy buenos contrapuntos entre viola y contrabajo -magistral labor de Julián Medina y Dennis Golovin, respectivamente-. El scherzo comienza con un solo a cargo del contrabajo y el violoncello en Re menor e incluye dos tríos en su estructura: uno de cuerdas, y uno de vientos. El segundo tema de este movimiento está introducido por el violín en contrapunto con el contrabajo, mientras el corno y el oboe hacen lo mismo con el fagot.  La labor de los músicos ha sido soberbia, con gran desempeño de Pablo Saraví, Julián Medina, Cecilia Stamig, Fernando Chiappero y Néstor Garrote. El Adagio posee un carácter triste y melancólico, donde la cellista Cecilia Stamig se lució en toda su dimensión, al igual que los instrumentistas de vientos. Por último, el Vivace final es de carácter dinámico y vibrante, que permite que todos y cada uno de los solistas se luzcan. El contrapunto entre flauta y clarinete -a cargo de Claudio Barile y Mariano Rey, respectivamente- fue espléndido, al igual que el solo de fagot a cargo de William Genz. Tras ese final brillante, un Auditorio Nacional estalló en aplausos y vítores, que obligaron a los músicos a bisar el Scherzo del consabido noneto.

En Medicina, existen varios axiomas relacionados con las matemáticas: “Las ecuaciones no existen, porque no es una ciencia exacta” o “Dos más dos puede llegar a dar cualquier cosa, pero nunca igual a cuatro”. En este caso, hubo dos grupos de instrumentos: un cuarteto de cuerdas y un quinteto de vientos para interpretar un noneto, pero que sonaron como mucho más que nueve. Por lo tanto, en música sucede lo mismo que en Medicina. Con intérpretes de excelsa jerarquía, las interpretaciones no sólo no son exactas, sino que pueden multiplicarse hasta llegar a la enésima potencia.    

 

Concierto N° 1 Orquesta Estable del Teatro Colon

Sábado 14 de mayo 2022 - Teatro Colon

 

En el primer concierto de la temporada de la Orquesta Estable del Teatro Colon, se presentó un programa con obras de Giacomo Puccini a cargo de la soprano  eslovena Rebeka Lokar y el tenor argentino Gustavo Porta, bajo la dirección del Maestro Mario Perusso.

Realmente flojo fue este primer encuentro con la Estable, donde además se rindieron algunos homenajes.

El primero, a la mezzosoprano Teresa Berganza,  recientemente fallecida, para quien la voz del Teatro pidió un minuto de silencio, y para vergüenza y decepción de muchos de los que estábamos presentes y hemos admirado y querido a esta maravillosa cantante, gran parte del público no se puso de pie como corresponde y merece la circunstancia.

El segundo, en el que intervino el Director del Teatro Colon Jorge Telerman, para dos componentes de la Estable que se retiraban.  Otro homenaje, fue el de la orquesta al Maestro Mario Perusso, por su larga trayectoria el frente de la misma.

En cuanto al concierto en sí, se puede decir que no estuvo a la altura de las expectativas previas.

De la soprano Rebeka Lokar, esperábamos una voz con tintes más dramáticos dado el repertorio que aborda; sin embargo resultó ser una voz lírica, más apropiada para ese registro que para encarar roles de peso como Turandot, Minie, o tal vez Gioconda.  No cantó mal, quizás algún “vibrato” que afectaba su registro agudo, pero sin mayores defecciones en su línea de canto. Tampoco es muy comunicativa en su expresión por lo que todo resultó bastante lineal y solo alcanzó el punto de lo correcto. El “In questa reggia” de Turandot, fue bien cantando, dentro del contexto del concierto, otra cosa sería en una representación, lejos de la boca del escenario, y con un gran coro de apoyo.

Lamentablemente, Gustavo Porta no está pasando por un buen momento vocal. Su voz ya no tiene el squillo y la frescura que le supimos conocer. Calante en su entonación y con notable portamento en su pasaje al agudo muestran un claro declive de sus condiciones canoras. Deseamos de todo corazón que estas circunstancias sean pasajeras, pues se trata de un artista que a pesar de sus actuales  falencias vocales sabe mantener su prestancia sobre la escena y mantiene, eso sí, la expresividad en el canto.

El Maestro Mario Perusso, que fue llamado para la ocasión desde su retiro, seguramente disfrutó volver dirigir obras de uno de sus compositores favoritos, como tantas veces lo ha hecho con esa orquesta en funciones memorables.

Roberto Falcone

domingo, 15 de mayo de 2022

 

 

 

CON TODAS LAS CONDICIONES PARA SER UNA GRAN ARTISTA

 

Orquesta Sinfónica Nacional, temporada 2022. Concierto dirigido por Carlos Vieu. Solista: Pilar Policano (Violín) Programa: Obras de Williams, Mendelsohn y Dvorak. Auditorio Nacional del Centro Cultural Kirchner, 13 de Mayo de 2022.

 

NUESTRA OPINIÓN: MUY BUENO

  Se pueden decir muchas cosas acerca del concierto que comentaré a continuación, pero todas quedarán superadas por lo que ha sido el debut junto a la Sinfónica Nacional en carácter de solista invitada de la joven Pilar Policano, de 14 años de edad, discípula de Rafael Gintoli, quien a pesar de su juventud afrontó cual experimientada instrumentista el Concierto para Violín y Orquesta en Mi menor, Op. 64, haciéndolo con una pasmosa tranquilidad, seguridad y soltura provocando entonces la inmediata atención de todo el público asistente que siguió  esta versión en un reconcentrado silencio. La Sinfónica Nacional comandada en esta ocasión por Carlos Vieu, le brindo un ropaje perfecto, alcanzando un pleno entendimiento, ida y vuelta permanente y le permitió a la joven solista mostrar todos sus recursos interpretativos, los que a pesar de ser tan joven, ya los posee. Muy buena sonoridad, toque limpio, interpretación sin fisuras forman ya parte de este bagaje. Una vez más Rafael Gintoli ha tallado un diamante, el que ahora ha desplegado sus alas y comienza a remontar vuelo propio. Están en ella y en su entorno las decisiones más pertinentes para continuar con una carrera muy prometedora  la que esperamos poder seguir paso a paso en su evolución. A priori esta llamada a grandes cosas. A la magnitud de esta presentación, respondida por el público con una ovación gigantesca a la que retribuyó bajando su cabeza y en genuflexión hacia el público en señal de gratitud, sobrevinieron los pedidos de bis, respondidos con una sólida versión del Capriccio Nº 24 de Niccolo Paganini que volvió a sacudir al soberano.

 

  El concierto comenzó con una magnífica versión de la Obertura de Concierto Nº 1 de Alberto Williams, expuesta por Vieu acabadamente, resaltando todos los planos sonoros y manteniendo un discurso sostenido. Y culminó tras el “sacudón Policano” con una estupenda versión de la Sinfonía Nº 8 en Sol menor Op. 88 de Antonin Dvorak en donde Vieu le extrajo a la Sinfónica todo lo mejor que hoy por hoy puede ofrecerle al público. Partiendo de la base de que contó, afortunadamente, con muchos de los principales atriles, Vieu pudo plasmar una versión plena de canto y colorido en donde expuso todas las características de la música del gran genio checo. Así desde el brillo inicial del “Allegro”, pasando por el estupendo “andante”, seguido por el magnífico Vals que da marco al tercer movimiento y el explosivo “allegro” de cierre, los maestros de las diferentes familias de instrumentos de la Sinfónica Nacional con Luís Roggero a la cabeza, dieron acabada respuesta a los requerimientos del conductor y plasmaron entre todos esta versión de una obra a la que en décadas a tras se la echaba a mano de manera permanente casi como “salvavidas” de programas y que hoy, dejándola descansar convenientemente, retornó en muy buenas manos para que sea reivindicada y puesta en su muy justo punto. De este modo, la orquesta alcanzó la mejor actuación en lo que va del presente año.

 

Donato Decina

 

Muy buen concierto de la Filarmónica a cargo de Alejo Pérez en el Colón

 

LA CALIDAD BIEN ENTENDIDA EMPIEZA POR CASA

Martha CORA ELISEHT

 

            Entre otras cosas, el retorno de la presencialidad permite que directores argentinos radicados en el exterior puedan dirigir a los principales organismos sinfónicos del país. Tal fue el caso del 5° concierto del ciclo de Abono de la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires (OFBA), que tuvo lugar el pasado viernes 13 del corriente en el Teatro Colón bajo la dirección de Alejo Pérez, con la participación de Néstor Garrote como solista en un programa comprendido por las siguientes obras:

-          “Die Toteninsel” (La isla de los muertos) Op.29- Sergei RACHMANINOV (1873-1943)

-          Concierto para oboe y orquesta en Re mayor, Op.144- Richard STRAUSS (1864-1949)

-          “Die Seejungfrau” (La Sirena)- Alexander VON ZEMLINSKY (1872-1942)

 

Una de las características del programa fue que dos de las obras comprendidas en el mismo fueron compuestas prácticamente dentro de la misma década (entre 1902 y 1908), mientras que el mencionado concierto de Richard Strauss data de 1945. Sea como fuere, los compositores vivieron más o menos dentro del mismo período de tiempo y fueron contemporáneos. Por tratarse de poemas sinfónicos, las dos primeras llevan una gran orquestación, mientras que la de Strauss requiere de una formación de cámara para permitir que se luzca el instrumento solista. 

La isla de los muertos Op.29 fue compuesta en 1908 y está basada en la pintura homónima del artista plástico alemán Arnold Bröcklin (1827-1901). Comienza suavemente, con un movimiento de vaivén en compás de 5/8 que remeda el agua del río Estigia -río de los muertos en la mitología grecorromana- por donde navega la barca del dios Caronte, a quien la parca debía pagarle una moneda. El tema principal se repite a lo largo de la obra en un crescendo en la sección central para desembocar en un breve silencio. Luego del mismo, Rachmaninov recurre al tema del Dies irae como referencia a la muerte mediante una orquestación rica en matices sobre variaciones de un mismo tema. El final vuelve a ser calmo y se vuelve al motivo inicial del vaivén del agua hasta llegar al reino de los muertos. La versión ofrecida por la Filarmónica fue muy buena, donde se conjugaron el temple y la profesionalidad del director y de los músicos, con un perfecto ensamble de los principales grupos de instrumentos. El sonido fue muy compacto, bien afinado y por sobre todas las cosas, muy equilibrado; sobre todo, si se tiene en cuenta los tutti y el crescendo en el Dies irae.

El Concierto para oboe y orquesta en Re mayor Op.144 fue una de las últimas obras de Richard Strauss y fue compuesto por sugerencia del estadounidense John De Lancle -un oboísta de la Orquesta Sinfónica de Pittsburg que combatió durante la Segunda Guerra Mundial-, que se reunió con Strauss cuando estuvo destinado en Alemania y que posteriormente fue primer oboe de la prestigiosa Orquesta de Filadelfia por casi tres décadas.  Al principio Strauss se opuso, pero luego aceptó la propuesta y lo compuso en estilo neoclásico con orquesta reducida (2 cornos en Fa, 2 flautas, 1 oboe, 1 corno inglés, 2 clarinetes en Si bemol, 2 fagot y cuerdas) en tres movimientos: Allegro moderato/ andante/vivace- Allegro. Fue estrenado en 1946 por la Orquesta Tonhalle de Zurich dirigida por Volkmark Andreae y Marcel Sallet como solista.  El movimiento inicial es un auténtico tour de force para el solista, porque debe afrontar un fraseo ininterrumpido de prácticamente 56 compases. Pero un virtuoso del instrumento como Néstor Garrote supo llevarlo sin dificultades, con un perfecto acompañamiento por parte de la orquesta. Lo mismo sucedió en el movimiento central (Andante) de carácter lento y melancólico para desembocar en un brillante Vivace- Allegro que permite el lucimiento del solista. La coda que posee este último movimiento también representa un desafió, ya que posee un compás y un tempo diferentes del resto del movimiento. La labor desempeñada por Néstor Garrote fue espléndida, al igual que el contrapunto con el corno inglés -notable actuación de Michelle Wong- y los cornos. Por su parte, Alejo Pérez dirigió al ensamble con fuste y energía, dando una vez más muestra de su profesionalismo.

La obra de fondo elegida para esta ocasión fue otro poema sinfónico: La Sirena de Alexander Von Zemlinsky, basada en el cuento original de Hans Christian Andersen. Fue compuesto entre 1901 y 1902 y su estreno se produjo en 1905. Al igual que la mayoría de las obras del catálogo de este gran compositor alemán -poco escuchado en estas latitudes- no lleva número de Opus y consta de 3 movimientos: Sehr mäβig bewegt (Movido muy moderadamente)/ Sehr bewegt, rauschend (Muy movido, apresurado) y Sehr gedehnt, mit schmerzvollem Ausdruch (Muy estirado, con expresión dolorosa), que representan los estados de ánimo de la protagonista hasta que al final, la sirena no muere, sino que se transforma en “hija del aire” (a diferencia del cuento original de Andersen, donde se desintegra en espuma de mar). Posee una profusa orquestación, donde la protagonista está representada por el violín -estupenda labor de Xavier Inchausti, donde apenas se lo escuchaba en el momento donde la sirena perdía su voz para transformarse en un ser humano- y el mar, mediante una figura ascendente. El tema de la tormenta donde la sirena rescata al príncipe y lo salva de morir ahogado está muy bien representado por los trombones, la tuba y las cuerdas en grave en contrapunto con la percusión, al igual que el poderoso tutti orquestal inicial del 2° movimiento que narra la fiesta en el palacio del rey del mar. Esto brindó una perfecta oportunidad para que la orquesta se luciera en toda su plenitud, logrando una perfecta armonía entre los diferentes grupos de instrumentos merced a la soberbia marcación y enjundia del director. En el movimiento final, la intensidad de la orquesta va en aumento al juntarse los leitmotives de los temas anteriores para desembocar en un tinte dramático cuando la sirena se siente traicionada, hasta que finalmente se vuelve a la calma del tema inicial para ilustrar la transformación de la protagonista en “hija del aire”.  El clima y la interpretación logrados por la Filarmónica fueron perfectos y el público respondió con numerosos aplausos y vítores al final.

A pesar de haber sido un concierto magnífico y con interpretaciones de gran calidad, una tuvo la impresión de haber escuchado un repertorio un tanto iterativo. No es usual -ni casual- que se hayan incluido dos poemas sinfónicos dentro de un mismo programa. Esto hace que el público que no es habitué de una sala de conciertos se aburra y no quiera asistir nunca más, lo cual va en desmedro de su renovación. Si se quiere atraer a un nuevo público, no sólo hay que renovar el repertorio -cosa que sí sucedió en esta ocasión-, sino también hacerlo con una obra más amena al principio o con una obra autóctona de sonido agradable y que sea atractiva -dicho sea de paso, también suelen escasear en los programas de conciertos del Colón, pese a que abundan-. Ojalá que las ideas de esta cronista no caigan en saco roto y sean escuchadas para que no tener que oír un poco más de lo mismo.

viernes, 13 de mayo de 2022

 

Otra soberbia presentación de la Orquesta “Juan de Dios Filiberto” en el CCK

 

CON ENCANTO Y SONIDO BIEN TELÚRICO

Martha CORA ELISEHT

 

            Existe un sinfín de compositores argentinos -tanto clásicos como contemporáneos- cuyas obras son bellísimas y que afortunadamente, poco a poco van ganando espacio dentro de los programas de conciertos. Precisamente, el pasado miércoles 11 del corriente tuvo lugar en la Sala Sinfónica del Centro Cultural Kirchner (CCK) una nueva presentación de la Orquesta Nacional de Música Argentina “Juan de Dios Filiberto” (ONMA) dirigida por Sebastián Giraudo, con la participación de los siguientes solistas: Horacio Romo (bandoneón), Ezequiel Méndez (trompeta piccolo) y Lilian Saba (piano) en un programa compuesto íntegramente por compositores locales, que se detalla a continuación:

-          Tres tangos para bandoneón y orquesta- Astor PIAZZOLLA (1921-1992)

-          Concierto para trompeta piccolo y orquesta, Op.34- Eduardo ALONSO CRESPO (1956)

-          “Remembranza” (aires sobre temas folklóricos)- Lilian SABA (1961)

Debido a que el concierto coincidió con el día del Himno Nacional Argentino, Sebastián Giraudo invitó a todo el público presente a ponerse de pie y entonar las estrofas de la canción patria en una bellísima versión. Seguidamente, anunció todas las obras comprendidas en el programa y a los intérpretes.

El primero que hizo su presentación en escena fue el bandoneonista Horacio Romo, músico de temple y fuste que brindó una magnífica versión de los Tres tangos para bandoneón y orquesta. Sus tres movimientos (Allegro tranquilo/ Moderato místico/ Allegro molto marcato) fueron ejecutados con precisión, estilo y por sobre todas las cosas, con esa profunda emoción y sentimiento que representa el tango. Sobresalió en el solo inicial del 2° movimiento seguido de un perfecto contrapunto entre el arpa, violín y cello tras el mismo. La orquesta sonó muy bien afinada y afiatada desde los primeros compases y también se destacaron los percusionistas.

El Concierto para trompeta piccolo y orquesta Op.34 fue una obra encomendada por la ONMA al compositor tucumano Eduardo Alonso Crespo en 2020 y también consta de 3 movimientos: Ouverture et Rigaudon/ Air/ Passepied. La obra presenta una formación de cámara, donde participan maderas y dos cornos para permitir el lucimiento de la trompeta. Se inicia con la participación conjunta del solista y la orquesta desde la Ouverture -caracterizada por temas bucólicos típicamente argentinos al estilo de Carlos López Buchardo y Julián Aguirre- hasta que la trompeta piccolo marca el Rigaudon que rompe ese clima bucólico inicial mediante un presto íntegramente a cargo del solista, con pasajes de gran dificultad. No sólo Ezequiel Méndez demostró ser un músico extraordinario -lo ejecutó de memoria-, sino además, un virtuoso. Y hubo una perfecta conjunción y equilibrio entre el solista y la orquesta merced a la excelente marcación y labor de Sebastián Giraudo, quien contagió su entusiasmo y energía a los músicos. El 2° movimiento se inicia con un solo de flauta traversa en contrapunto con el timbal y fagot previamente a la entrada del trompetista -impecable labor de Daniel Lifschitz-, quien ejecutó el adagio central con un sonido redondo, brillante y limpio. El passepied final es un allegro scherzando de línea melódica y armónica bellísima, que permite el completo lucimiento del solista. Pese a que la gente aplaudía a rabiar entre movimientos, no se privó de hacerlo nuevamente al final, donde tanto el solista como los músicos se retiraron ovacionados. También se invitó al maestro Alonso Crespo a subir al escenario para participar del éxito alcanzado.

Por último, la pianista y compositora Lilian Saba se hizo presente sobre el escenario del auditorio Nacional para presentar su obra. Pero en vez de estar frente al público, el piano se ubicó en el lugar habitual que corresponde como instrumento acompañante en vez de solista. Consta de 5 movimientos:

1)      Terruño (malambo sureño)

2)      La espera (milonga)

3)      Aves en vuelo (vidala chayera)

4)      Río y cielo (chamamé)

5)      Celebración (huayno)

El piano introduce el 1° movimiento en ritmo de malambo para que posteriormente, la orquesta se acople tras un solo de percusión, luego del cual toma la melodía, con muy buena línea de contrapunto en forma conjunta con la guitarra. También se destaca un solo de bombo y timbal para posteriormente desembocar en un tutti orquestal al final. El 2° movimiento -en ritmo de milonga sureña- abre con una melodía en tono menor que evoca la nostalgia -interpretada por el solo del concertino-, que brinda un excelente contrapunto con el piano y el resto de la orquesta. Culmina con un lento en las cuerdas (en agudo) en contrapunto con el piano en graves. El 3° movimiento se inicia con un solo de piano y posteriormente se acoplan las cuerdas, flauta y percusión. Si bien su autora lo caratula como vidala chayera, parece más una zamacueca que dicho género. La orquestación es brillante y culmina con otro tutti a cargo de timbales y percusión. El chamamé del 4° movimiento posee un bellísimo solo para bandoneón solista y guitarra, que representa ese tinte nostálgico del litoral -con reminiscencias del tema de Historias de la Argentina Secreta, de Tarragó Ros-. Mientras el piano marca el ritmo, el bandoneón cierra el movimiento en contrapunto con las cuerdas. Por último, el piano abre el 5° movimiento con una línea melódica bella en ritmo de huayno -que por momentos, remeda más un taquirari- seguido por la guitarra. Posteriormente, la orquesta toma el ritmo y la melodía hasta una nueva entrada del piano a modo de insert que interrumpe la línea melódica. La obra culmina con una baguala in crescendo acentuada por la percusión. Una magnífica labor de Lilian Saba en su doble faceta de pianista y compositora, así como también de la orquesta y su director.

Sin lugar a dudas, la ONMA marca su nivel como una de las mejores orquestas sinfónicas del país y demuestra que posee el orgánico y la jerarquía suficiente como para cumplir su misión: interpretar obras -inéditas o no- de compositores locales. Y con solistas de primerísimo nivel para lograr versiones tan estupendas como las interpretadas durante este último concierto.  

lunes, 9 de mayo de 2022

 

ESPECTACULAR POR DONDE SE LO MIRE

 

Mozarteum Argentino (Temporada del 70º Aniversario). Concierto de presentación de la Temporada 2022. Recital del Tenor Piotr Beczala acompañado al piano por Camilo Radicke. Programa de compositores y estilos varios. Teatro Colón 07 de Mayo de 2022.

 

NUESTRA OPINION: EXCELENTE (+)

 

  Es tal cuál la calificación lo indica, porque no alcanzan los adjetivos para definir la categoría, la clase, la maestría, la técnica y el timbre bellísimo de voz de Piotr Beczala. Si uno lo tenía por muy bueno en todo lo visto y escuchado, sea por las transmisiones del Met de New York o por audios diversos, los que pudimos acceder al Colón la noche del 7 de Mayo de 2022 no solo lo ratificamos con creces sino que salimos de la sala apabullados y rendidos ante tamaña excelencia.

 

     Abordó Verdi con una línea de canto impecable y un decir estupendo ya sea en “Questa o Quella” como en la poco abordada en recitales “Di’tu sei Fedele” de “Un Ballo in Maschera”. Cambió sabiamente el “Deserto sulla terra” de “Il Trovattore” por “Quando le sere al placido” de “Luisa Miller” pero dejó en cambio el “Ah si ben mío” brindado a pura expresividad.  Si de canciones italianas se trata, se floreó con “Mattinata” de Leoncavallo , “L’Ultima Canzone”, “Chi sei tu che mi parli” e “Ideale” de Tosti tanto como con “Vaghissima semblanza”, “Freschi luoghi,parti aulenti” y “O del mio amato ben” de Donaudy, estas últimas como inicio de la segunda parte.  Agradeceremos siempre el hecho de que haya incluido “Aria z Kurantem” de “La Mansión Encantada “ de Moniuszko que causó excelente impresión en el público y entrar entonces de lleno en la parte de máximo voltaje de la noche con cuatro canciones cada una de ellas de diferentes ciclos de Serguei Rachmaninoff (Un Sueño, Sirenas/lilas, No me cantes doncella encantada y Agua de Manantial), en las dos últimas nombradas dejó al público en literal estado de euforia, ratificada luego con una muy emotiva versión de “Kuda,Kuda” de Eugene Oneguin de Tchaickovsky. Si de repertorio francés se trata el “Ah leve toi soleil” de “Romeo  y Julieta” de Gounod fue una de las mejores versiones por mi escuchadas en vivo y cerrar la parte formal con dos fragmentos de “Tosca”: “Recondita Armonía” y “E Lucevan le Stelle” cantados con todo el sentimiento.

 

  Hubieron Bises de jerarquía: “Pour quoi me revellier” de “Werther” de Massenet, el “Aria de la Flor” de “Carmen” de Bizet, “Cor’ngrato” de Cardillo, “Tuyo es mi corazón” de Lehar (tal vez el mejor de todos los bises), “In Traum” de Richard Strauss y una canción polaca del Mtro. Karlovic como cierre definitivo de la velada. Mención especial al pianista Camilo Radicke, quien como solista participó en temporadas del Mozarteum y que demostró ahora su jerarquía como acompañante, dando el justo apoyo, creando el clima previo y entregado totalmente al servicio del cantante.

 

  Beczala no se guardó absolutamente nada, usó sus medios vocales con absoluta generosidad y conquistó al público argentino. Noche de gloria para el Mozarteum que festejó con su público sus primeros 70 años de vida brindando en todos los niveles del teatro y dándose el lujo de retornar a fines del 2021 con Joyce Di Donato y abrir el 2022 con Piotr Beczala. Las grandes instituciones por algo lo son y el Mozarteum es una de ellas. ¡Salud por ello!

 

Donato Decina

 

PIOTR BECZALA (tenor)

Camilo Radicke (piano)

Mozarteum Argentino – Teatro Colon 07/05/2022

En la primera función de la temporada del corriente año, el Mozarteum Argentino, que celebra este año su 70°  aniversario,  presentó en la sala del Teatro Colon a una figura relevante de la lírica internacional: el tenor polaco Piotr Beczala. Indudablemente, Beczala es uno de los grandes tenores de la actualidad y dejó perfectamente demostrada la razón de su fama y jerarquía.

Voz de bellísimo timbre, una técnica vocal perfecta, exquisita musicalidad y carisma escénico, son las virtudes que hacen que este gran tenor ofreciera una noche memorable. Una voz fresca, en su plena madurez que corría por la sala del Teatro Colon dejando apreciar hasta el más sutil de los pianísimos y las inflexiones interpretativas de un cantante de gran jerarquía que tiene bien en claro los secretos y las técnicas de su oficio.

Abordó un generoso programa donde alternó arias de opera y canciones, cantadas a la perfección. Desde el “Questa o quella”, del Rigoletto, con que comenzó el concierto hasta la última canción interpretada dentro nutrido número de bises, fue ovacionado en todos y cada uno de los temas. Si bien todo lo que cantó, lo hizo de manera excelente, los momentos culminantes de su actuación estuvieron en las obras de Rachmaninov, el “Aria de Stefan” de la opera La mansión encantada de Moniuszko, y dentro de los bises, en “Tuyo es mi corazón”, de El país de las sonrisas, de Lehar, y “Zueignung” de Richard Strauss.

Digno sucesor de la línea de tenores líricos como Fritz Wunderlich y Nicolai Gedda, Piotr Beczala supo cautivar a una sala que vivió un día de fiesta, de esos que raramente tenemos hoy en día.

Tal como sucediera en diciembre del año pasado con Joyce Di Donato, que apreciamos también gracias al Mozarteum, la presencia de Piotr Beczala nos permite admirar y disfrutar del primer nivel de cantantes de la actualidad. Dicho sea de paso, la presencia de estos grandes cantantes en recitales, nos hace reflexionar sobre la falta de este nivel en representaciones de operas completas que solo están a nuestro alcance a través de transmisiones en directo de los grandes teatros del mundo.

Destacable también fue la actuación del pianista acompañante, Camilo Radicke, quien estuvo a la altura de la figura central de este concierto.

Agradecemos al Mozarteum Argentino por ofrecernos una noche maravillosa con el arte de este excelente tenor llamado Piotr Beczala.

Roberto Falcone

 

Muy buen concierto de la Orquesta Estable del Teatro Argentino de La Plata en el CCK

 

TODOS LOS CLÁSICOS, TODOS

Martha CORA ELISEHT

 

            Una de las canciones más bellas que se han compuesto es Canción con todos, cuya letra narra la unión de los pueblos latinoamericanos hermanados mediante su lengua, su historia y sus recursos naturales. Parafraseando los versos de Armando Tejada Gómez, el pasado domingo 8 del corriente se ofreció en la Sala Sinfónica -Auditorio Nacional- del Centro Cultural Kirchner (CCK) un concierto a cargo de la Orquesta Estable del Teatro Argentino de La Plata/ Centro Provincial de las Artes con la dirección de Andrés Dos Santos, cuyo repertorio estuvo íntegramente compuesto por obras de compositores latinoamericanos y que se detalla a continuación:

-          Obertura e introducción al 2° Acto de “EL JUEGO DE LOS INSECTOS”- Federico IBARRA GROTH (1946) (Estreno argentino)

-          “Negro Bembón”- Yalil GUERRA (1973) (Estreno mundial)

-          “Un relato sobre Camila”- Claudia MONTERO (1962-2021)

-          Rapsodia entrerriana- Celia TORRÁ (1884-1962)

-          “Las Milongas de la Orquesta”- Alberto WILLIAMS (1862-1952)

-          “Río San Francisco”- Joāo Guilherme RIPPER (1959)

Previamente al inicio del espectáculo, muchos de los integrantes de la orquesta salieron al escenario para repasar ciertos pasajes de sus respectivos instrumentos, mientras que podía escucharse a otros practicando tras las bambalinas. Eso muestra dedicación y disciplina. Y cuando todos los músicos tomaron sus respectivos lugares sobre el escenario tras la indicación de la concertino Ana Patsa para afinación de los instrumentos, pudo apreciarse que la agrupación poseía un sonido muy compacto y que estaba bien afinada y afiatada. Dichas características prevalecieron durante todo el concierto.

Ante la consabida ausencia de programas de mano- una constante que todavía prevalece en el CCK, pese al regreso de la presencialidad con aforo completo-, el director anunciaba las obras antes de su ejecución provisto de un micrófono colocado especialmente para tal fin, además de brindar una breve reseña sobre las mismas para facilitar la compresión por parte del público.

EL juego de los insectos es una ópera del compositor mexicano Federico Ibarra Groth, que se basa en la obra homónima de teatro escrita por los hermanos Karel y Josef Čapek (República Checa) en 1921, donde se ridiculiza a la sociedad como si fuera un enjambre de insectos. Su estreno se produjo en el Palacio de Bellas Artes (Ciudad de México) en 2009 y es la primera vez que se representa en calidad de estreno local. La partitura trata de recrear la música de los años ’30 y conjugarla con la música clásica. Para ello, Ibarra emplea un rico cromatismo y legato entre las diferentes secciones de instrumentos en la obertura. En el caso de los oboes y las flautas, simulan el vuelo de moscas y mosquitos, mientras las cuerdas remedan el caminar de escarabajos y los metales, el andar y el vuelo de los coleópteros. El trémolo en las cuerdas contrasta con el contrapunto en las maderas, generando un clima de misterio e intriga. Por momentos, suena impresionista; sobre todo, en el contrapunto entre cellos y arpa -similar a Las Sirenas, de Reinhold Glière- para culminar en staccato. El preludio al 2° Acto consta de un crescendo sostenido donde se destacan los bronces a predominio del trombón, al igual que el fagot y contrafagot para desembocar en un acorde fff hasta un poderoso tutti final. La labor desempeñada por la orquesta fue soberbia y el esfuerzo se vio coronado por numerosos aplausos.

También tuvo lugar el estreno mundial de Negro Bembón del compositor cubano Yalil Guerra. Es una obra dedicada en homenaje al poeta Nicolás Guillén y se inicia con un ritmo de xandé en 6/8 por parte de los cellos y violas para luego desembocar en un tutti a cargo de los cellos, que toman la melodía principal para ser repicada posteriormente por los violines y el resto de las cuerdas. Tras el desarrollo, los cellos en pizzicato retoman el primer tema para cerrar con un bello solo de viola. La línea melódica es colorida, rítmica y sumamente fácil de escuchar.

El concierto siguió con Un retrato para Camila de Claudia Montero, que se basa sobre el poema homónimo de Enrique Medina sobre la historia de amor entre Camila O’Gorman y el sacerdote Ladislao Gutiérrez y su posterior condena a muerte durante la época de Rosas. La melodía es bellísima, muy romántica, donde el solo de arpa y las cuerdas narran el amor entre los protagonistas. La obra culmina con el tema inicial en un crescendo reforzado por el tambor redoblante -que narra la marcha de Camila y Ladislao hacia el pelotón de fusilamiento-. Una versión brillante, que mereció numerosos aplausos y vítores por parte del público -entre el cual se encontraba la hermana de la compositora, fallecida súbitamente en España en enero del año pasado-. Para seguir con el listado de compositores argentinos, se interpretó la célebre Rapsodia entrerriana de Celia Torrá. Compuesta en 1931, recibió el premio de la Asociación del Profesorado Orquestal y conjuga ritmos locales (vidala) con jota y campera mediante un cromatismo muy rico en matices. Alumna de Alberto Williams y de Athos Palma, fue la primera mujer en el país en obtener una beca de la Comisión Nacional de Bellas Artes para estudiar en Europa, donde se perfeccionó con César Thompson en Bruselas y Zoltan Kodaly en Hungría. Asimismo, fue la primera mujer que dirigió la Orquesta Estable del Teatro Colón en 1949. La versión ofrecida por la orquesta fue muy buena, con una excelente marcación de los tempi y precisión por parte de Dos Santos.

Tras una breve pausa, la agrupación interpretó Las Milongas de la Orquesta de Alberto Williams. Compuesta en 1938, es una obra que brinda una función educativa, porque ilustra los diferentes instrumentos que componen la orquesta mediante 4 números: Milonga del corno inglés, Milonga del concertino, Milonga del trombón y Tutti. Puede decirse que Williams se adelantó 7 años a Benjamin Britten en su famosa Introducción de la Juventud hacia la orquesta, Op.34. En el primer número, el corno inglés desarrolla la melodía principal -cuyo cromatismo es similar a Iberia, de Isaac Albéniz- mientras la orquesta la desarrolla, en ritmo de milonga. En el segundo, los cellos y contrabajos introducen el tema para que el primer violín pueda desarrollarlo -magistral labor de la concertino Ana Patsa- mediante una cadencia en cascada. Desemboca en un crescendo final, donde las cuerdas se lucieron para dar vida a un impactante tremolo. El tercero se inicia con un solo de trombón bajo con contrapunto a cargo de los trombones tenores y la tuba, para que posteriormente se desarrolle un contrapunto entre cornos y trompetas en una estupenda fanfarria. Seguidamente, los trombones tienen a su cargo otro solo donde los tenores emplean sordina, mientras que el bajo marca la melodía para culminar con otra fanfarria. La labor de todos los bronces fue estupenda, donde los solitas de dicha familia de instrumentos se lucieron con creces. Por último, toda la orquesta ejecuta el primer tema en ritmo de milonga, mientras que el segundo tema está solamente a cargo de los metales. La recapitulación final está a cargo de las cuerdas y luego, se acoplan las maderas y finalmente, toda la orquesta. Una versión impecable desde todo punto de vista y un merecido homenaje al compositor con motivo del 70° aniversario de su fallecimiento.

La obra de cierre correspondió a Río San Francisco, del brasileño Joāo Guilherme Ripper. Fue compuesta en 1987 en conmemoración del centenario del nacimiento de Heitor Villa- Lobos y su estreno tuvo lugar en el Teatro Puricelli de Bari (Italia) ese mismo año con la participación de la Orquesta de la Puglia dirigida por Roberto Duarte. Es un poema sinfónico que narra el recorrido de dicho río, la naturaleza del nordeste brasileño y sus ritmos. Abre en cadencia de samba por parte de cellos y contrabajos, con contrapunto en los violines tras lo cual, se incorporan las maracas y el guiro. Posteriormente, se aprecian otros ritmos como pagode y xandé hasta la introducción de un tema lento en ritmo de choros que posee reminiscencias de las Bachianas brasileiras. La orquestación es profusa, con un gran orgánico y rica en matices. Dos Santos supo imprimir muy bien su sello personal para una perfecta y bellísima ejecución de la obra de su compatriota.

Un Auditorio Nacional aplaudió unánimemente de pie la labor ofrecida por esta orquesta, orgullo del país y de la Provincia de Buenos Aires. La disciplina narrada al principio de esta nota se notó en la calidad de sonido y en la labor ofrecida por todos y cada uno de sus integrantes, con un alto nivel de profesionalismo y entrega.  Y con una excelente versión de obras de compositores latinoamericanos, que supieron estar perfectamente representados. No hay nada más hermoso que la hermandad de los pueblos a través de la música.