sábado, 24 de mayo de 2025

 Muy buena actuación de la Filarmónica bajo la dirección de Zoe Zeniodi en el Colón


REENCUENTRO CON LA CALIDAD SONORA


Martha CORA ELISEHT


Tras los ecos del concierto sinfónico ofrecido a comienzos del presente mes, la

Orquesta Filarmónica de Buenos Aires (OFBA) continuó con su tradicional Ciclo de

Abono de la mano de su actual titular- Zoe Zeniodi-, quien dirigió un concierto el

pasado sábado 10 del corriente en el Teatro Colón con la participación del violoncelista

José Araujo en calidad de solista, donde se interpretaron las siguientes obras:

- Glosas sobre temas de Pau Casals, Op.48- Alberto GINASTERA (1916-1983)

- Concierto en Si menor para violoncello y orquesta, Op.104- Antonin DVOŘAK

(1841-1904)

- Variaciones sobre un tema original (“Enigma”), Op.36- Sir Edward ELGAR

(1857-1934)

Luego de la tradicional afinación de instrumentos a cargo del concertino Xavier

Inchausti, la directora helénica hizo su aparición sobre el escenario y se dirigió al

público provista de un micrófono no sólo para anunciar las obras comprendidas en el

programa, sino también para explicar el eje temático (Dedicatorias) que las hilvanaba.

En el caso particular de Ginastera, a Pau Casals; el de Dvořak, al violoncelista Hanuś

Wihan y a su cuñada – Josefina Cermáková, quien estaba muy enferma y que falleció

durante la composición de su célebre concierto- y en el de Elgar, a sus amigos y a sí

mismo. Pero a diferencia del concierto anterior, donde rogó al público encarecidamente

que no aplaudiera entre los movimientos de las obras, en esta ocasión no lo hizo. Una

pena, porque existe numeroso público que asiste por primera vez a una sala de

conciertos creyendo erróneamente que se debe aplaudir después de cada pieza, tal como

se hace en un recital.

Con un orgánico prácticamente completo que incluyó piano, celesta y órgano, la

Filarmónica brindó una muy buena versión de la mencionad obra de Ginastera, basada,

a su vez, en el Cant dels ocells (Canto de los pájaros) del célebre músico catalán.

Compuesta en 1976 como una pieza para quinteto y orquesta de cuerdas, el músico

argentino la orquestó en 1977 y comprende 5 números: Introducció, Romanç, Sardanes,

Cant y Conclusió delirant. El solo de fagot que introduce el tema principal -que se

repite al principio de cada uno de los movimientos ya descriptos- fue magistralmente

ejecutado por un solista de los quilates de Gabriel LaRocca quien, en esta oportunidad,

estuvo acompañado por el denominado “quinteto filarmónico” en instrumentos de

viento (Claudio Barile en flauta, Néstor Garrote en oboe, Matías Tchicourel en clarinete,

Fernando Chiappero en corno y Jonathan Bisulca en trompeta). Todos los

instrumentistas anteriormente mencionados tuvieron una destacadísima actuación, al

igual que la arpista María Cecilia Rodríguez en el glissando del 2° movimiento. Se

logró una muy buena profundidad sonora en los crescendi y tutti orquestales,

desarrollados mediante una serie de variaciones sobre el tema principal luego de u


exposición. Por su parte, el cellista Benjamín Báez también se destacó en su solo, al

igual que Iván Rutkauskas en piano, celesta y órgano en el 4° movimiento. La obra

cierra con un tutti y acorde fff de manera brillante y fue muy aplaudida.

De los múltiples conciertos compuestos para violoncello y orquesta, el Op.104

de Dvořak es quizás, el más conocido y permite un perfecto lucimiento del solista. Fue

compuesto en 1895 durante su estadía en Estados Unidos, mientras se desempeñaba

como director del Conservatorio de Música de New York. Su estilo es netamente

romántico en forma de sonata, ya que consta de tres movimientos (Allegro/ Adagio ma

non troppo/ Finale: Alegro moderato- Andante- Allegro vivo), donde Dvořak introduce

melodías folklóricas típicas de su país de carácter dramático en los dos temas

presentados por la orquesta en el 1° movimiento antes de la intervención del cello, que

son retomados por el instrumento solista. En cambio, el Adagio ma non troppo posee un

clima más nostálgico y melancólico, donde se introduce un lied del propio compositor

(“Déjame solo”, Op.82) y culmina plácidamente, mientras que, en el último

movimiento introduce melodías folklóricas checas para terminar con un final brillante.

Fue dedicado a la memoria de su cuñada y amiga Josefina Cermáková y, al enterarse de

su muerte, Dvořak decidió componer este final para que su evocación siguiese aún más

viva. En la presente versión, pudo apreciarse una muy buena calidad de sonido desde la

introducción por parte del clarinete marcando el primer tema del 1° movimiento, que se

mantuvo durante todo el desarrollo de la obra, donde la mayoría de los solistas de cada

grupo de instrumentos se lucieron en sus respectivas intervenciones -pese a algunas

imperfecciones en los metales-. La labor de José Araujo fue excepcional: no sólo lo tocó

de memoria, sino que, además, brindó una versión brillante, de neto corte romántico. Su

fraseo, cadencias, trinos y cascadas fueron de una perfección absoluta y, además, le

agregó un ingrediente fundamental: la emoción. Se lo notó perfectamente compenetrado

con la obra y lo tocó con el alma. Debido a que el violoncello es el instrumento más

parecido a la voz humana, posee múltiples matices que le permiten “cantar” la melodía,

que fue la característica de esta gran interpretación. También se destacó el concertino

Xavier Inchausti en la cadencia en el dúo entre el solista y el primer violín del 3°

movimiento, al igual que los brillantes trinos por parte de las maderas en el 2°

movimiento. El público estalló en aplausos y vítores tras su ejecución, motivo por el

cual José Araujo interpretó un bis junto a sus compañeros de fila: una bellísima

transcripción para violoncellos de la Canción de los pájaros (Cant dels ocells) de Pau

Casals, que sonó magistralmente y que les valió numerosos aplausos, además de un

reconocimiento hacia sus colegas.

Las Variaciones sobre un tema original para orquesta, Op.36 -conocidas

universalmente como Variaciones Enigma – fueron compuestas como un ejercicio

orquestal en 1898. Al escucharlas, la esposa de Edward Elgar se sintió atraída por la

melodía y le pidió que las repitiera. Entonces, comenzó a realizar variaciones dedicadas

no solamente a su esposa, sino también a sus amigos a manera de retratos musicales,

donde cada una de las cuales posee una serie de letras que identifican a los destinatarios.

Fueron estrenadas en Londres en 1899 y comprende 14 variaciones sobre un tema

oculto, que nunca es tocado. Pese a que el compositor dejó numerosas pistas, nunca

fueron resueltas hasta su deceso, motivo por el cual surgió el mote de “Enigma”. El

tema con el que comienza la composición -que se repite durante toda la obra- posee dos

partes: una, lenta y melancólica en modo menor y la otra, brillante y en modo mayor. En


este caso, se trató de una versión muy correcta desde la marcación y dominio de tempi

por parte de la directora, pero que – por momentos- sonó muy excedida; sobre todo, en

los tutti orquestales. Por otra parte, faltaron matices y sutilezas en el celebérrimo adagio

NIMROD -la más conocida de todas las variaciones-, lo que opacó la muy buena

actuación que venía desarrollando la orquesta.

A juicio personal de quien escribe, los comentarios con micrófono estuvieron de

más: sobre todo, si se tiene en cuenta que la directora ya los escribió al comienzo del

programa de mano y que también existe el comentario de un reconocido musicólogo

donde explica el contexto en que fueron compuestas las obras incluidas en el presente

concierto. También es un hecho poco feliz que la programación de conciertos se

discontinúe por tanto tiempo. Ya sucedió desde un brillante debut inicial hasta casi dos

meses que la Filarmónica no tocó en sala y vuelve a suceder lo mismo debido a la

programación de las funciones de ballet. No es lo mismo tocar en el foso que sobre el

escenario y esto atenta contra la continuidad sonora de una orquesta que tiene mucho

para ofrecer y, a la cual, todavía le falta encontrar ese sonido de jerarquía que siempre

 


Momentos decisivos de Don Carlo de Giuseppe Verdi en la Opera Bastille de París


“Don Carlos” en París


Una versión musical estupenda

Graciela Morgenstem

25 de abril de 2025


Opéra National de París


Don Carlo, de Giuseppe Verdi (versión de 1867, en cinco actos).

Libreto: Joseph Mery y Camille Du Locle.

Elenco: Charles Castronovo, Marina Rebeka, Christian Van Horn, Ekaterina Gubanova,

Andrzej Filończyk, Alexander Tsymbalyuk y otros

Coro y Orquesta de l’Opéra national de París

Directora del Coro: Ching-Lien Wu 

Escenografía y vestuario: Małgorzata Szczęśniak

Iluminación: Felice Ross

Régie: Krzysztof Warlikowski 

Directora de orquesta: Simone Young 

Sala: Opéra Bastille


Dentro del marco de una nutrida temporada lírica, l’Opéra National de París presentó

“Don Carlos”, una de las obras cumbres del genio verdiano. La versión aquí ofrecida fue

la francesa (1867), en cinco actos, en la que se incluye la escena de Fontainebleau. La

amistad, la libertad, el amor, la lucha de poderes entre Estado e Iglesia, la Inquisición, la

lealtad, son los temas incluidos en el libreto, detrás del desencuentro amoroso de Carlos,

hijo de Felipe II de España, e Isabel de Valois.


Si bien es una partitura monumental, tal vez una de las más interesantes del repertorio

italiano, es muy difícil en su programación, porque requiere la participación de cinco

cantantes de primera línea, un coro poderoso y un director de orquesta que sea un

verdadero concertador. Y esta representación tuvo todo eso.


El rol protagónico encontró en Charles Castronovo musicalidad considerable, facilidad

para la zona aguda y buen dominio de la mezza voce. Su capacidad de producir tonos

heroicos se puso de manifiesto ya desde los momentos más escabroso de su aria del

primer acto. Realizó una interpretación actoral sentida con medios vocales muy

interesantes.


Sobresaliente fue también el barítono Andrzej Filończyk como su amigo Rodrigo. Con

registro parejo y buen dominio del fraseo, dio convicción y fortaleza a la parte.


Christian Van Horn, bajo barítono de voz bien timbrada, aportó emisión franca y buenos

armónicos. Su Felipe II exhibió poderío y amplitud vocal y en la faz actoral, realizó una

interpretación intensa que expresó totalmente la angustia y al mismo tiempo,

autoritarismo del soberano, especialmente en su aria “Elle ne m’aime pas”.


La soprano Marina Rebeka como Isabel de Valois, fue uno de los puntales del elenco.

Con voz aterciopelada, de bello color, excelente manejo del legato y actuación impecable,

cumplió con creces con todas las exigencias del personaje, especialmente en sus arias y

el dúo final con Carlos.


Ekaterina Gubanova cumplió dignamente con el rol de Eboli. Aunque su voz deja

expuesto el paso del tiempo y su caudal vocal se ve un poco disminuido, sus agudos y

graves suenan firmes y se desenvolvió escénicamente de manera convincente


Alexander Tsymbalyuk como el Gran Inquisidor, mostró rotundez vocal en todas sus

intervenciones, por lo que resultó convincente y actuó con autoridad vocal y escénica..


El resto del elenco tuvo un buen desempeño en los roles comprimarios.

El coro de l’Opéra national de Paris realizó una labor encomiable, bajo la dirección de

Ching-Lien Wu.


En tanto, Simone Young tuvo un vigoroso control de la orquesta de l’Opéra national de

Paris, para plasmar el tumultuoso drama verdiano, resaltando todos los claroscuros de la

partitura y sacando provecho de los mismos, al mismo tiempo que mostró simbiosis con


el palco escénico.


Si bien desde el punto de vista musical, se podría decir que la función se acercó mucho

a la perfección, la puesta en escena, no se condijo con el libreto. La régie de Krzysztof

Warlikowski sitúa la escena en España, en la década de los años 40 a los 50, con lo que

pierde rigor histórico. ¿Qué hacía el Inquisidor ahí? La Inquisición ya no existía en esa

época. El cuadro de Fontainebleau transcurre en una habitación con un caballo de

material plástico blanco casi en el fondo de la escena. La escena de Eboli en el jardín se

ubica en un gimnasio con el coro femenino practicando esgrima. Y así siguen las

incoherencias. De todas maneras, debe decirse que los decorados y vestuario de

Małgorzata Szczęśniak y la iluminación de Felice Ross fueron funcionales a la concepción

de la régie.


Para sintetizar, una obra estupenda en una versión musical magnífica que fue preferible

escuchar antes que ver.


CALIFICACIÓN: MUY BUENO

 IL TRITTICO


El jueves 8 de mayo se escuchó en el Teatro Colon “Il Trittco”, de Giacomo

Puccini, que comprende tres operas; Il Tabarro, Suor Angelica y Gianni

Schicchi.

En ella participaron destacados cantantes nacionales como Fabian Veloz,

en el papel de Michele, en Il Tabarro; Carla Filipcic Holm, como Giorgietta;

Guadalupe Barrientos en los tres roles principales para su cuerda en esta

trilogía y Jaquelina Livieri, como Lauretta en Gianni Schicchi, entre otros.

Dada la trayectoria y calidad profesional de estos cantantes argentinos,

puede decirse que líneas generales, que la versión musical alcanzó un

nivel de corrección.

Entre los cantantes extranjeros que participaron, es de destacar la

solvencia vocal del tenor Mikheil Sheshaberidze (Luigi, en Il Tabarro).

La soprano Marta Torbidoni como Suor Angelica, cumplió sin mayor

trascendencia su rol, en una actuación carente de peso vocal y emoción

dramática. El barítono Ricardo Seguel compuso un Gianni Schicchi cantado

con corrección, pero también carente de la picardía y la gracia que el

libreto impone en su texto al personaje.

La directora Beatrice Venzi, el frente de la Estable, condujo prolijamente

una versión rutinaria y sin mayor expresividad con cambios de tiempo y

variación del volumen que en algunos momentos parecieron perjudicar a

algunos los cantantes solistas.

En cuanto a la puesta escénica de este Trittico, asistimos una vez más a

ver la “creación” imaginada por un Director escénico, (en este caso

Francesco Maestrini), que utiliza la música de una opera (de Giacomo

Puccini, en esta oportunidad), como fondo musical para su invención.

Realmente, lo visto nada tiene que ver con Il Trittico pucciniano.

Justamente Puccini; un compositor que describe en sus partituras hasta el

mínimo detalle de la acción teatral que corresponde a cada momento

musical. Un compositor que casi no requiere reggiseur ya que cumpliendo

con sus indicaciones cada intérprete conoce lo que debe hacer.


Hay que reconocer sin embargo, que el diseño escenográfico de Nicolas

Boni es realmente impactante y muy interesante. Sinceramente, a tal

punto es muy bueno, que realmente merece que se componga la opera

apropiada para poder utilizarla; que no es Il Trittico.

De este tema se ha hablado tanto, que no vale la pena ahondar en

detalles. Lo que queda bien claro, es que al no corresponderse la acción

teatral que se propone, con el texto del libreto, se pierden las emociones

que el autor de la opera (llámense Puccini, Verdi, Bizet…etc. etc.),

pretende transmitir y que hacen a entender el argumento de la obra.


Conclusión: Una versión mediocre.

Roberto Falcone

lunes, 5 de mayo de 2025

 

Zoe Zeniodi y la Filarmónica de Buenos Aires durante la interpretación de la Sinfonía Nº 7 en Mi mayor wab 107 de Anton Bruckner. Créditos: Prensa Teatro Colón, fotografía del Mtro. Arnaldo Colombaroli.



BUENAS INTENCIONES

 

 

Teatro Colón, Temporada 2025. Concierto de Abono a cargo de la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires, Directora: Zoe Zeniodi. Programa: “De Haydn a Bruckner I Mundos Sinfónicos”. Obras de Haydn y Bruckner. 03 de Mayo de 2025.

 

NUESTRA OPINION: BUENO.

 

  En el reencuentro con el público luego de su intervención en el Ballet “Carmen”, la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires se presentó en la sala del Teatro Colón bajo la guía de su nueva titular, Zoe Zeniodi. Esta oportunidad sirvió para apreciar la respuesta del conjunto a los requerimientos de la joven directora griega y también, más allá  de que anteriormente ha venido a dirigir como invitada, conocer sus enfoques ante las obras por ella programadas  y percibir la reacción del público al final de cada obra.

 

  A la programación ofrecida se la tituló “De Haydn a Bruckner I, Mundos Sinfónicos”. Si bien se nos entregó el clásico programa de mano en el que se percibe claramente el muy buen trabajo de Claudia Guzmán como editora, la que convocó a Pablo Giannera para los comentarios de las obras,  ya en las primeras páginas se halló un comentario adicional de la Mtra. Zeniodi explicando porque armó con las dos obras ofrecidas  este concierto presenciado, sumado que al entrar la misma al escenario al inicio de la velada, empuñó el micrófono para volver a hablar del tema, dar la bienvenida al público y, aquí lo más rescatable, solicitarle al soberano que no se aplauda entre movimientos, lo que afortunadamente se cumplió a rajatabla. Una cosa que se nota en estos últimos tiempos, es el hecho de que independientemente de los comentarios que acompañan los programas impresos, a muchos conductores les encanta hablarle al público. La intención puede ser muy loable, pero habiendo un comentario y una nota de página de la propia Mtra. Zeniodi explayándose sobre el concierto, la intervención micrófono en mano es redundante.

 

  Con un orgánico ”de cámara”,  integrado por los  maestros filarmónicos que más saben del tema, se abordó la Sinfonía Nº 44 en Mi menor, “Fúnebre”, catálogo Hob I: 44 de Franz Joseph Haydn.  Obra en la que el compositor no necesitó una extensa introducción, ya que casi de inmediato se sumerge en el discurso del movimiento de apertura de carácter dramático y trágico con dos temas de esas características de los que podríamos decir que se entrelazan entre sí y que grafican una atmósfera “oscura”, de verdadera despedida. Un vibrante segundo movimiento, el que le da paso al tercero, de mayor carga dramática,  y un final de tensa resolución. La Orquesta acometió la obra de manera prolija y ajustada respecto a las indicaciones de la directora, aunque en el balance final se hubiera preferido una profundización mayor en la  interpretación.

 

  Tras el intervalo, se pudo apreciar una correcta versión de la Séptima Sinfonía Nº 7 en Mi mayor señalada en el catálogo como Wab 107 en la producción de Anton Bruckner. A lo largo de sus cuatro movimientos, el compositor respeta su propia estructura la que se mantiene inalterable a lo largo de las 11 obras que compuso para el género (tomando en cuenta el ensayo “sinfonía”[ numerado luego como “Sinfonía 00”] y la propia Sinfonía Nº 0), esto es : Allegro al comienzo con una coda brillante, un Adagio o un Scherzo que pueden ir en ese orden o al revés como en este caso y un vibrante final. En esta circunstancia, el adagio adquiere la forma de una honra fúnebre a modo de despedida a Richard Wagner, del que Bruckner era un confeso admirador, y que plasmó en dos temas de extenso desarrollo que grafican orfandad y melancolía ante una pérdida verdaderamente irreparable. En cambio el scherzo adquiere  ribetes vibrantes. Ya desde el comienzo  hay un solo de trompeta , apoyado por la cuerda grave, que evoca a la Austria campesina, ya que el tema semeja el canto del gallo, el que vira a un segundo tema de corte más calmo para retomar luego la idea inicial. El final está compuesto por dos temas entrelazados expuestos en diferentes variaciones que van conduciendo a un vibrante cierre con el primer tema.

 

  Llamó mucho la atención que los dos primeros movimientos fueran expuesto solo de manera correcta y prolija, fundamentalmente el Adagio que cuenta con tanta carga expresiva. Puede decirse que a partir del tercer movimiento la interpretación hizo un giro de ciento ochenta grados y de ahí al final se escuchó a Bruckner como bien lo conocemos. Las ideas y la esencia de la obra estuvieron presentes. Habrá que ver seguramente como se relaciona el conjunto con su nueva titular y de que forma el público reciba y asimile las próximas propuestas.

 

Donato Decina 


domingo, 4 de mayo de 2025

 

 

 

UNA EXTRAORDINARIA CONJUNCION

 

Dirección Nacional de Elencos Estables, Temporada 2025. Actuación de la Banda Sinfónica Nacional de Ciegos “Pascual Grisolía”, Director: Agustín Toccalini. Solista: Fernanda Morello (Piano). Programa: Obras de Poulenc, Persichetti y Ravel. Auditorio Nacional del Centro Cultural Domingo Faustino Sarmiento, 02 de Mayo de 2025.

 

NUESTRA OPINION: MUY BUENO

 

  Continuando con una política iniciada años atrás cuando con la participación del Mtro. Bruno Gelber, la Banda Sinfónica Nacional de Ciegos “Pascual Grisolía” Interpretó junto al gran maestro una muy buena transcripción del Concierto para Piano y Orquesta Nº 3 de Beethoven, en esta oportunidad, la agrupación se convirtió en anfitriona de una gran solista como Fernanda Morello para un programa denominado “El Affaire Ravel”, el que se inició con un magnífico momento de música de cámara cuando la Maestra, acompañada por cinco integrantes de la agrupación de los que lamentablemente no tenemos sus nombres, pero que sí podemos decir que fueron intérpretes de Flauta, Fagot, Oboe, Corno y Clarinete, abordó junto a ellos el sexteto para piano y vientos de Francis Poulenc. Obra de 1932 con revisión durante 1939 a 1940, nos muestra a un compositor en plenitud de medios, quien logra plasmar una partitura rica en matices, vivaz en sus dos movimientos “de punta” y un movimiento central pleno en expresividad, en donde tanto el piano como los vientos se lucen en sus intervenciones. Fue admirable la labor de Morello junto a los instrumentistas, los que con plena concentración desarrollaron una labor estupenda.

 

  Seguidamente con el orgánico instrumental a pleno con la Dirección del Mtro. Agustín Toccalini (Director al que vengo siguiendo desde tiempos de pandemia cuando asumió la Dirección para el streaming de la puesta de Marcelo Lombardero de “El Cimarrón“ de Hans Werner Henze con el inolvidable desempeño del bajo Iván García), la banda brindó una estupenda versión de la Sinfonía que para este tipo de agrupación compuso el Norteamericano VIncent Persichetti (1916/1987), quien además fue  docente y pianista, formador de Phillip Glass, seguramente su alumno más destacado. Obra de corte melódico, con ideas sumamente interesantes y de estupenda orquestación, fue objeto de una muy buena versión por parte de Toccalini y la agrupación. Hubo magnífico empaste, intensidad y expresividad, logrando que el público reaccione de manera enfervorizada, para  premiar así la estupenda labor desarrollada.

 

  El final encontró a solista y conjunto abordando una muy buena transcripción para Piano y Banda del “Concierto en Sol para Piano y Orquesta” de Maurice Ravel, el nombre convocante de esta velada al cumplirse el sesquicentenario de su nacimiento.  Compuesto entre 1929 y 1931, estrenado por la celebérrima Orquesta Lamoreaux con el autor en el podio y la gran Marguerite Long como solista, a lo largo de sus tres movimientos expone muy buenas ideas con claras referencias al jazz, instantes de ritmo pleno y un movimiento central de gran corte reflexivo, generando un instante de gran introspección. Fernanda Morello desarrolló una labor descollante con total conexión con Tocallini y los músicos, quienes respondieron en magnífica forma a las indicaciones del Mtro., el que cumplió un trabajo de altísima calidad, guiando con precisión al conjunto. Cabe destacar la presencia de un refuerzo de lujo como la arpista Lucrecia Jancsa con brillante participación en el solo de su instrumento en el primer movimiento.

 Esto es lo que logra la música. El que hombres y mujeres se sobrepongan a sus falencias físicas, aprendan sus instrumentos y se integren de igual a igual con figuras consagradas, logrando que la fiesta sonora sea plena.

 

Donato Decina

viernes, 2 de mayo de 2025

 


El Ensamble "Sónico" durante el concierto de apertura de los tradicionales "Conciertos del Mediodía" del Mozarteum Argentino en la Sala Argentina del Centro Cultural "Domingo Faustino Sarmiento" Fotografía de la autora del presente comentario.


Excelente inicio de Conciertos del Mediodía del Mozarteum en el Palacio Sarmiento


A LA VANGUARDIA EN MATERIA DE TANGO


Martha CORA ELISEHT


Junto con Astor Piazzolla y Osvaldo Berlingieri, Eduardo Rovira (1925-1980) ha

sido uno de los más grandes exponentes del tango moderno, sacándolo de su concepción

original como danza e imprimiéndole un nuevo enfoque. Nacido en el seno de una

familia obrera en Lanús, comenzó a trabajar como intérprete de bandoneón en la

orquesta de Francisco Alesso y posteriormente, comenzó a estudiar composición y

armonía bajo la tutela de Pedro Aguilar a los 15 años. Ahí aprendió contrapunto,

dodecafonismo, composición e instrumentación, formas y técnicas que aplicaría

posteriormente en su vida. A fines de la década del ’50 funda su propio conjunto en La

Plata -Agrupación de Tango Moderno-, definida como “un tango de la cintura para

arriba”, ya que lo elevó a la categoría de música instrumental de vanguardia.

Lamentablemente, sus obras cayeron en el olvido por su muerte prematura y porque no

había sello discográfico que las editara.

Tuvo que pasar mucho tiempo hasta que, en 2015, un grupo integrado por

músicos argentinos y extranjeros reunidos en Bruselas (Bélgica) tuvo la idea de rescatar

y difundir la obra integral de Eduardo Rovira: el Grupo SÓNICO. La agrupación

formada por Stephen Meyer (violín), Lysandre Donoso (bandoneón), Alejandro

Schwarz (guitarra eléctrica), Ariel Eberstein (contrabajo) e Ivo De Greef (piano) fue la

convocada por el Mozarteum Argentino para la apertura de su tradicional ciclo

Conciertos del Mediodía, hecho que se llevó a cabo el pasado miércoles 30 de Abril en

la Sala Argentina del Centro Cultural Palacio Domingo F. Sarmiento en homenaje al

centenario del fallecimiento del compositor, donde se interpretaron las siguientes obras:

- “Majo Majú”

- “Tango para Charrúa”

- “Tango para Ernesto”

- “Azul y yo”- Eduardo ROVIRA (1925-1980)

- “Ritual”- (arreglo de Eduardo ROVIRA) Osvaldo BERLINGIERI (1928-2015)

- “Preludio de la guitarra abandonada”- Eduardo ROVIRA (1925-1980)

- “Los mareados”- Juan Carlos COBIÁN (1896-1953) (arreglo de Astor

PIAZZOLLA)

- “Etéreo”- Alberto CARACCIOLO (1918-1994)

- “Efímero”- Omar LUPPI

- “Que lo paren”- Eduardo ROVIRA (1925-1980)


Precisamente, el conjunto adoptó su nombre del tema homónimo compuesto por

Rovira en 1961 (“Sónico”), editado por el sello discográfico RECORD, cuando la

agrupación de Tango Moderno hacía su presentación en 1961 con el LP Tangos en una

nueva dimensión. También formó parte de ese disco el Preludio de la guitarra


abandonada que formó parte del presente recital, dividido en tres partes: la primera, a

cargo del bandoneón, violín, piano y contrabajo -todos con amplificador, pero con un

excelente balance sonoro- para interpretar los tres primeros temas de Rovira, que

formaron parte de su último disco (Que lo paren) editado en 1975. Cada instrumento

ejecutó un solo con variaciones sobre el tema principal con sutilezas y la pasión

característica del género, con un sonido bien canyengue. Seguidamente, el trío formado

por Alejandro Schwarz, Ariel Eberstein y Lysandre Donoso ofrecieron una excelsa

versión de Azul y yo, tema que formó parte del icónico álbum SÓNICO (1968), donde el

compositor introduce el pedal de distorsión para el bandoneón -similar al usado en la

guitarra eléctrica-, al mismo tiempo que introduce este último instrumento para atraer al

público más joven y logra otra innovación: el empleo de la electroacústica en el tango,

siendo el primer compositor argentino en usar este recurso. La obra posee ciertas

reminiscencias y ribetes de Dvořak -pese a que está escrita en 2/4- y sonó realmente

magistral. Seguidamente, el trío interpretó el arreglo que Eduardo Rovira realizó sobre

Ritual, de Osvaldo Berlingieri, brindando una versión memorable por la perfecta

sincronización y síncopa empleados. Y el guitarrista argentino ofreció una versión

antológica del mencionado Preludio de la guitarra abandonada del propio Rovira, que

sonó soberbia.

En la tercera parte del recital participaron todos los integrantes del ensamble,

abriendo con el arreglo realizado por el mismo Astor Piazzolla de Los mareados, de

Juan Carlos Cobián, donde se empleó efecto strappata (golpes sobre la caja) en el

contrabajo y el bandoneón y chicharra en el violín. Debido a que el tango es una

construcción colectiva, la versión ofrecida fue excelente, al igual que Etéreo de Alberto

Caracciolo y Efímero de Omar Luppi, quienes fueron grandes bandoneonistas y

compañeros de Rovira en el Octeto de La Plata. Para terminar, no podía faltar la obra

que da nombre al último disco de este eximio compositor: Que lo paren, que sonó de

manera sublime. A medida que el recital avanzaba, iba creciendo en intensidad y el

público aplaudía rabiosamente al final de cada tema. Los intérpretes se retiraron

ovacionados y, en este caso, no hubo bises porque tenían que hacer su presentación en el

Salón Dorado del Teatro Colón.

Con motivo del fallecimiento de Su Santidad el Papa Francisco, se suspendieron las

actividades en los organismos dependientes de la Secretaría de Cultura de la Nación,

motivo por el cual este concierto debió postergarse una semana más tarde. No obstante,

la espera valió absolutamente la pena. Ha sido un auténtico placer descubrir y rendir

homenaje a este gran compositor argentino en el centenario de su nacimiento, auténtico

cultor del tango de vanguardia e injustamente olvidado..



 Muy buen concierto de Roberto Tubaro junto a la Orquesta de Cámara del Congreso


EL REGRESO DE UN GRANDE AL PODIO


Martha CORA ELISEHT


Tras 25 años de ausencia de los escenarios porteños, el director ítalo- argentino

Roberto Tubaro se hizo presente en el segundo de los conciertos del ciclo de la Orquesta

de Cámara del Congreso de la Nación, denominado “ESCENAS ROMANAS”, que tuvo

lugar el pasado lunes 28 de Abril en el Salón de los Pasos Perdidos del Parlamento

Nacional y que contó con la participación del mencionado director en el podio y el

contrabajista Adrián Speziale como solista para interpretar el siguiente programa:

- “Capricho de bravura”- Giovanni BOTTESSINI (1821-1889) (orquestación de

Adrián Speziale)

- “Ut unum sint”- Renzo ROSELLINI (1908-1982)

- Concierto para cuerdas- Nino ROTA (1911-1979)

- Música de películas:

- Tema principal de “AMARCORD”

- “Qué es un joven” de “ROMEO Y JULIETA”

- Tema de amor de “EL PADRINO”- Nino ROTA (1911-1979)

- “Te miraré en mi corazón” de “PERRO MUNDO”- Nino OLIVIERO (1918-

1980)

- Vals brillante de “IL GATOPARDO”- Giuseppe VERDI (1813-1901)

- Tema principal de “LA VITA É BELLA”- Nicola PIOVANI (1946)

- Tarantela de “EL PADRINO”- Carmine COPPOLA (1910-1991)


Ante una sala prácticamente colmada de público, los músicos se presentaron en

el escenario para la tradicional afinación de instrumentos a cargo de Florencia Ciaffone

– quien reemplazó al concertino Pablo Pereira por encontrarse este último de viaje en el

exterior mientras se realizaron los ensayos- y, posteriormente, tanto el director como el

solista tomaron sus puestos sobre el escenario para dar comienzo al concierto con la

mencionada obra de Bottesini. Escrita originalmente para contrabajo y piano, consta de

dos movimientos: Andante/ Allegro con fuoco, que se ejecutan sin interrupción. En este

caso, ha sido un doble mérito del contrabajo solista de la agrupación, ya que no sólo

realizó una magnífica labor solista explorando todos los matices de su instrumento

merced a un impecable fraseo y digitación, sino que, además, realizó el correspondiente

arreglo para orquesta de cuerdas. El valseado en ¾ del movimiento final permitió

asimismo que Speziale se luciera en la cascada y el rondó. No es habitual que se

incluyan obras para contrabajo solista en un programa de concierto y no sólo fue muy

aplaudido, sino que retornó a su puesto dentro de la orquesta una vez finalizada su

interpretación.


Hermano del cineasta Roberto Rossellini, Renzo Rossellini ha sido un prolífico

compositor de música de cámara, ballet y bandas sonoras de numerosos films- entre

otros, Roma, ciudad eterna y Los hermanos Karamazov-. En este caso, la obra elegida

para continuar el concierto fue Ut unum sint (Que todos sean uno). Se inicia con una

melodía de gran belleza en tono menor a cargo de los violoncellos y contrabajos con un

sonido muy compacto y señorial, que es tomada posteriormente por las violas, segundos

y primeros violines en canon. Tras su desarrollo, cierran las cuerdas graves y luego, las

agudas con la melodía inicial previamente a su recapitulación. La obra gustó mucho y

fue sumamente aplaudida, al igual que el Concierto para cuerdas de Nino Rota. Este

último fue compuesto entre 1964 y 1965 y posteriormente revisado en 1977. Consta de

4 movimientos: Preludio/ Scherzo/Aria/ Finale y se inicia con un ostinato en tono

menor en cuerdas, seguido por un staccato al unísono con ribetes de tonalidad

expansiva- que, por momentos, emula la homónima de Carl Nielsen-, donde la

concertino Florencia Ciaffone se lució en el solo de violín. El scherzo es un andantino

giocoso que posee reminiscencias de la música de la película Ensayo de orquesta,

mientras que el 3° movimiento es un adagio que sonó calmo y apaciguado, en contraste

con el vibrante e impetuoso movimiento final (Allegro con spirito), lográndose una

versión de fuste y gran jerarquía sonora, que fue sumamente aplaudida por el numeroso

público que se dio cita en el Salón de los Pasos Perdidos.

Tras un breve intervalo, la segunda parte del concierto se inició con música de

películas, cuyos arreglos estuvieron a cargo del propio Roberto Tubaro. Más

precisamente, con la celebérrima banda sonora de AMARCORD de Fellini, cuya música

también fue compuesta por Nino Rota. En este caso, hubo un gran lucimiento por parte

de Florencia Ciaffone y Mercedes Sánchez en los solos de violín y viola

respectivamente. Pero el público deliró tras el consabido tema de amor de ROMEO Y

JULIETA (“Qué es un joven”) de Franco Zefirelli, donde se logró una versión muy

romántica mediante un magnífico contrapunto entre el violín y el violoncello solista,

que permitió el lucimiento de Florencia Ciaaffone y Mariana Levitin respectivamente.

Asimismo, ambas solistas también se lucieron junto a la violista Mercedes Sánchez en

el famoso tema de amor de EL PADRINO, también compuesto por Nino Rota. Y, como

no podía ser de otra manera, el público deliró tras cada interpretación. Seguidamente, se

ofreció una bellísima y romántica versión de Te miraré en mi corazón (I will look for

you in my heart) de PERRO MUNDO, compuesta por Nino Oliviero e inmortalizada en

la voz de Andy Williams, con gran lucimiento del violín solista y una muy buena

marcación y precisión por parte del director. Lo mismo sucedió con el Vals Brillante de

IL GATOPARDO -la única obra de Verdi que formó parte de este programa- y que sonó

como tal, con muy buenos matices y dominio de tempi. Los contrabajos y los

violoncellos sonaron muy bien al inicio de la celebérrima LA VITA É BELLA de Nicola

Piovani hasta que las violas y los violines toman esta melodía que ya forma parte del

repertorio universal de música de películas, motivo por el cual su compositor ganó el

Oscar de la Academia de Hollywood en 1999. Finalmente, Roberto Tubaro cerró el

concierto con la Tarantela de EL PADRINO, que sonó auténticamente siciliana y con

todas las de la ley: impecable marcación y ejecutada de manera triunfal. El público

estalló en aplausos y vítores hacia el final del concierto, motivo por el cual se ejecutó

nuevamente en calidad de encore. Y lo mejor de todo, que cedió generosamente los

arreglos a la Orquesta para que pueda incorporarlos a su repertorio.


Es notable el poder de concentración de los músicos de la Orquesta de Cámara del

Congreso Nacional, que llevaron adelante el programa contra viento y marea pese a los

constantes y continuos aplausos de un acto llevado a cabo en el salón contiguo. Una

auténtica falta de consideración y respeto no sólo a los artistas, sino también al público

que se dio cita para escuchar el concierto.

Independientemente de que la música de cámara de compositores italianos sea

convocante, la decisión de incorporar música de grandes éxitos cinematográficos en un

programa de conciertos ha sido genial por dos motivos: en primer lugar, porque permite

atraer nuevo público, y, en segundo lugar, porque siempre es un auténtico placer

escuchar estas bellísimas melodías por una agrupación de cámara de alta calidad y

jerarquía sonora. En este caso y, parafraseando el título de una famosa comedia del cine

español, Roberto Tubaro demostró que se puede conjugar perfectamente bien el

repertorio de la música académica con la popular y no morir en el intento.

jueves, 1 de mayo de 2025


El Dúo Pablo Saraví-José Luís Juri, derrochando talento en el Salón Anasagasti del Jockey Club de Buenos Aires. Fotografía de la autora del presente comentario.


recital de Pablo Saraví y José Luis Juri en el Ciclo del Jockey Club


ÁMBITO DE ALCURNIA, PRESTIGIO Y ALTA CALIDAD

Martha CORA ELISEHT


Los elegantes y distinguidos salones del Jockey Club de Buenos Aires son

sinónimo de prestigio, motivo por el cual se organizan todo tipo de eventos; entre otros,

recitales y conciertos de cámara. El pasado jueves 24 del corriente, la tradicional

institución ofreció el primer concierto del Ciclo de Cámara 2025 en el Salón Anasagasti

con la presencia de dos intérpretes excepcionales: Pablo Saraví (violín) y José Luis Juri

(piano), quienes ofrecieron un recital con las siguientes obras:

- Sonata para violín y piano n°1, Op.12 (dedicada a Antonio Salieri)- Ludwig

van BEETHOVEN (1770-1827)

- Sonata para violín y piano en Re menor, Op.28- Floro UGARTE (1884-

1975)

- Sonata para violín y piano en La mayor, FWV 8- César FRANCK (1822-

1890)

Tras la presentación de los intérpretes por parte del personal de la comisión de

Cultura de la entidad, ambos comenzaron el recital con la mencionada Sonata para

violín y piano n°1, Op.12 de Beethoven. Compuesta en 1798, está dedicada a la

memoria de Antonio Salieri- uno de sus maestros y Kapellmeister en Viena- y consta de

tres movimientos: Allegro con brio (Re mayor) / Tema con variazioni. Andante con

moto (La mayor) y Rondó- Allegro (Re mayor). Su duración aproximada es de 20

minutos y luego de una breve introducción dramática, el violín toma un tema alegre y

festivo. Posteriormente, mientras el piano toma el tema principal, el violín introduce

otro y ambos temas se desarrollan durante todo el movimiento. En el segundo, el piano

toma el tema con variaciones -desarrolladas a posteriori por el violín- para desembocar

en un atractivo y juguetón rondó, que fue interpretado de manera sublime por el

binomio Saraví- Juri. Ante un salón repleto de gente, la respuesta del público no se hizo

esperar tras la interpretación de esta obra de juventud del genio de Bonn. Un aplauso

sostenido coronó la labor de ambos músicos.

La Sonata para violín y piano en Re menor, Op.28 de Floro Ugarte data de 1928

y ganó el Premio Municipal de la Ciudad de Buenos Aires en ese mismo año. Sus tres

movimientos (Apasionado y expresivo/ Tiernamente melancólico/ Vivaz y bien ritmado)

son reflejo de su formación en el Conservatorio de París en fusión con ritmos

folklóricos locales como la zamacueca. Mientras el primero posee un estilo netamente

romántico con tintes y matices impresionistas en los glissandi por parte de ambos

instrumentos, el segundo -tal como su nombre lo indica- contrasta notoriamente con el

primero hasta desembocar en el vivaz ritmo de zamacueca que caracteriza al tercer

movimiento. La labor de ambos intérpretes fue estupenda, con perfecto dominio de

tempi, cadencias, fraseo por parte del violín y elementos de técnica pianística

perfectamente equilibrados y logrados. Por ser una obra que no se interpreta tan


frecuentemente en los recitales y siendo de un compositor vernáculo, fue sumamente

aplaudida.

Tras un breve intervalo, los músicos brindaron una excepcional versión de la

célebre Sonata para violín y piano en La mayor, FWV 8 de César Franck, compuesta en

1886 y dedicada a su compatriota Eugène Ysaÿe, quien la estrenó en Bruselas durante el

transcurso de ese mismo año y quien fuera su principal divulgador. Es una obra

característica del romanticismo tardío y de la música de cámara francesa que se divide

en 4 movimientos: Allegro ben moderato/ Allegro/ Recitativo. Fantasía. Ben moderato/

Allegretto poco mosso y que gozó de gran popularidad y éxito desde su estreno. El

movimiento inicial -escrito en forma de sonata- presenta el motivo cíclico de la obra y

sirve como introducción a un Allegro intenso y apasionado, con un impresionante

crescendo y una brillante resolución, que sonó muy bien marcado mediante la labor de

estos grandes intérpretes. El desarrollo inusual del 3° movimiento mostro una perfecta

conjunción y marcación de tempi en las tres partes en las que se divide el mismo para

desembocar en un excepcional canon en el allegretto poco mosso final, cuya

interpretación fue luminosa y brillante. El esfuerzo de ambos músicos se vio coronado

por una ovación de aplausos y vítores, que motivaron al binomio a ofrecer un bis: el

scherzo de la Sonata “Primavera” de Beethoven, que sonó fresco, preciso y jovial. Una

nueva ovación para los intérpretes y finalizar un concierto de apertura de alta calidad.

En este caso, de alta calidad en un ámbito de alcurnia.

 



El Ensamble "Camerus", su director, Alejandro Nuss y extraordinarios solistas, honrando a Bach en semana santa. Fotografía de la autora del presente comentario.



Sublime versión de “LA PASIÓN SEGÚN SAN JUAN” en el Auditorio Nacional


UN CIERRE DE LUJO PARA CULMINAR LA SEMANA SANTA

Martha CORA ELISEHT


Muy a menudo se interpreta el significado de la palabra “pasión” como

momento de exaltación o júbilo y se le otorga un carácter romántico. En realidad, el

término pasión significa sufrimiento y ése es el auténtico significado desde el punto de

vista religioso, descripto en el Nuevo Testamento de los Evangelios bíblicos y

magistralmente traducido en música por Johann S. Bach (1685-1750). De todas las

obras religiosas compuestas por el genio de Leipzig, LA PASIÓN SEGÚN SAN JUAN

BWV 245 es una de las obras más bellas del repertorio de música sacra e ideal para ser

interpretada en Viernes Santo. Compuesta en vísperas de dicha fecha en 1724 y basada

en la traducción realizada por Martín Lutero (1483-1546) de los capítulos 18 y 19 del

Evangelio de Juan, es la que mejor representa el calvario de Jesús desde su entrega a

manos de Judas Iscariote hasta su crucifixión, muerte en el Gólgota y sepultura. Si bien

no goza de tanta popularidad como su homónima (LA PASIÓN SEGÚN SAN MATEO),

es mucho más extravagante y expresiva. Quizás por eso fue la que el Ensamble

CAMERUS eligió para el concierto de cierre de Semana Santa el pasado domingo 20 del

corriente en el Auditorio Nacional del Palacio Domingo F. Sarmiento, coincidiendo con

el Domingo de Pascua.

Bajo la dirección de Alejandro Nuss y un ensamble instrumental compuesto por

bajo continuo, cuerdas e instrumentos de época -entre otros, viola d’amore, viola da

gamba, oboe d’amore, corno da caccia, tiorba, laúd y flauta traversa-, la función contó

con la presencia de las siguientes voces solistas: Víctor Torres (Jesús/ Aria), Santiago

Tiscornia (Pilato/ Arias), Elías Ongay (Evangelista), Silvina Petryna (soprano),

Mariana Rewerski (mezzosoprano) y Martín Díaz (tenor), acompañados por coro a

cuatro voces.

A diferencia de LA PASIÓN SEGÚN SAN MATEO, LA PASIÓN SEGÚN SAN

JUAN sufrió numerosas revisiones y modificaciones, de las cuales, la más conocida es

la de 1724. Posteriormente, en 1749 Bach regresó a algunos diálogos que se habían

eliminado en las revisiones de 1725 y 1730, estableciendo la efectuada en 1740 como la

definitiva. Las palabras de la apertura, recitativos, corales y arias se tomaron de varis

fuentes: entre otras, de la traducción de la Biblia hecha por Lutero, pero también de LA

PASIÓN SEGÚN SAN MATEO. El tenor que interpreta al Evangelista sigue al pie de la

letra los textos bíblicos originales, pero se desconoce quién realizó la compilación.

La obra se divide en dos partes: la primera (números 1- 14) se desarrolla en el

valle de Kidrón, y la segunda (números 15-40), en el palacio de Caifás. A su vez, ésta se

divide en tres escenas: cuando Jesús dialoga con Poncio Pilato, la escena en el Gólgota

y el final en la tumba. El diálogo entre Jesús y Pilato es interrumpido por la multitud

que clama su muerte en Jerusalén, interpretado por el coral central.


El hecho de escuchar esta obra maestra del repertorio sacro con instrumentos de

época ya representó un deleite para los oídos de quien escribe desde los primeros

compases, con una notable compaginación y equilibrio sonoro entre el ensamble

instrumental, el coral y las voces solistas. La intervención de Martina Lischetti como

pianista preparadora fue impecable, ya que logró una perfecta integración entre los

intérpretes. El trabajo desempeñado por Joelle Perdaens y Cecilia Carnero en las violas

d’amore fue excelente, al igual que el del violonchelista Hermann Schreiner en viola da

gamba; los oboístas Horacio Laria y Marisa Schmidt, la fagotista Leticia Zucherino y

Mariano Irschick a cargo del órgano y bajo continuo. Bien es sabido que el Auditorio

Nacional es la sala más apta del país para la realización de este tipo de conciertos por la

presencia del imponente órgano Kreis, el cual sonó acorde a la partitura bachiana.

También se notó un perfecto equilibrio entre las voces del coro, que sonó

sumamente preciso y compacto. Y en cuanto a las voces solistas, Mariana Rewerski es

una especialista en este tipo de repertorio cuya voz sonó angelical, al igual que la de

Silvina Petryna. La soprano se destaca en el repertorio de cámara y se consolida como

una de las cantantes nacionales más relevantes del género en estos últimos tiempos.

Martín Díaz es un tenor con buen esmalte vocal, línea de canto y tesitura para

interpretación del repertorio barroco, mientras que Elías Ongay fue la revelación de la

noche como el Evangelista. Los potentes matices de su voz y sus agudos crearon el

clima necesario para recitar los textos bíblicos, transformándose en el narrador de la

historia. Por su parte, Víctor Torres demostró una vez más su maestría, talento y su

poderosa voz para interpretar a Jesús. Descolló en su interpretación junto al barítono

Santiago Tiscornia como Pilato, quien fue otra de las revelaciones de la noche merced a

su impecable técnica, caudal y matices vocales. Unido esto a la dirección de un experto

en este repertorio como Alejandro Nuss, fue un excelente broche de oro para festejar el

domingo de Pascua. El Auditorio Nacional estalló en aplausos y vítores tras su

interpretación – que se hizo sin intervalos, con pequeños cortes de apenas dos minutos

para que los músicos pudieran afinar sus instrumentos-.

Las interpretaciones del Ensamble CAMERUS se destacan por su excelencia

sonora y vocal, pero esta versión fue de una calidad superlativa. Sonó perfecta desde la

primera hasta la última nota y ha sido el lujo del año en materia de música de cámara y

sacra en lo que va de la presente temporada.