miércoles, 12 de junio de 2019


PLENA JERARQUIA

Mozarteum Argentino, Temporada 2019. Actuación de la Irish Chamber Orchestra, Solista y Director: Jörg Widmann (Clarinete). Programa: Obras de Mozart, Widmann y Schumann. Teatro Colón, 10 de Junio de 2019.

NUESTRA OPINION: EXCELENTE.

    Tal como venimos haciendo en cada comentario en gran parte de lo que va de la presente temporada, es evidente que la situación socioeconómica actual de la Argentina obliga a las entidades privadas de conciertos a adoptar decisiones como las de programar pequeñas agrupaciones u Orquestas de Cámara extranjeras por sobre agrupaciones sinfónicas o solistas de alto renombre. Pues bien, la sesión anterior nos trajo a la Orquesta de Cámara de Munich en reemplazo de la agrupación sinfónica de China y se constituyó en un gran suceso, enriquecido por la presencia como solista de la Pianista Francesa Lise de La Salle. Aquí,, si bien ya estuvo programado desde el comienzo, volvió a reiterarse el formato con la presencia de la Irish Chamber Orchestra, agrupación con sede en Limerick,  liderada desde hace 7 años por el Compositor, Director y Clarinetista Alemán Jörg Widmann, quien justamente se presentó ante el público argentino en todas sus facetas, abordando un programa harto comprometido.

  Ya de movida nomás, Widmann acometió junto a la agrupación como solista y Director el Concierto para Clarinete y Orquesta Kv. 622 en La mayor de Mozart. Obra que a lo largo de sus tres movimientos muestra amplio discurso, melodísmo a toda prueba y desafíos permanentes al solista. Widmann se reveló como un muy buen clarinetista, capaz de llevar el discurso musical mozartiano hasta los últimos detalles. Trabaja como pocos los “pianissimi”, aún durante la interpretación se acerca hacia el sector de la agrupación pronto a atacar para acompañar esas entradas con su cuerpo Sonido refinadísimo por parte del conjunto al que le extrajo todos los detalles. Podría  decir que fue una versión exquisita en todo sentido, donde la transparencia mozartiana estuvo hasta en el menor pasaje.

   “Con Brío”, es una obra compuesta en 2008 por Widmann debido a un encargo efectuado por Mariss Jansons y la Orquesta Sinfónica de la Radio Bávara, para ser interpretada durante los conciertos en los que la Orquesta y el Director Letón  interpretaron la integral de sinfonías de Beethoven. Al igual que lo hiciera Ntro. Compatriota Oscar Strasnoy en “The End”, estrenada entre Ntros. El pasado año con la Filarmónica de Dresde, Widmann toma citas de los movimientos “Con Brío” delas Sinfonías Nºs. 7 y 8 del Gigante Alemán, para desarrollar una escritura muy personal, la que incluye solo soplos por parte de los vientos de la Orquesta. Daniel Barenboim y la Orquesta del Diván fueron aquí en la Argentina, los encargados de revelarnos este trabajo de Widmann. Lógicamente el hecho de estar el propio compositor al frente de la Orquesta en esta oportunidad acrecentó mi inquietud y realmente no defraudó en absoluto. Al hacerlo con un conjunto de cámara, además de sacrificar masa orquestal, asume el riesgo de quedar mas descubierto. En este caso eso posibilito la percepción de un mayor número de detalles quw con una gran orquesta no acontece. Las citas a Beethoven más el estilo de otros compositores posteriores a El. El desdoble del percusionista, el que se prodigó totalmente, la justeza de la cuerda y la firmeza de vientos y metales, para que esta obra eminentemente atonal pudiera ser disfrutada  de punta a punta. Los sostenidos aplausos del final rubricaron la labor de Widmann, quien indiscutiblemente fue el centro de la escena en ese segmento.

  La otra gran sorpresa de la noche fue la inclusión en la segunda parte de la Sinfonía Nº 2 en Do mayor, Op. 61 de Robert Schumann. Son pocas, lamentablemente, las agrupaciones que incluyen Schumann en sus programas de concierto. Sea por su escritura, por la necesidad de encontrar interpretes supremos y hasta orquestas virtuosas, la realidad indica que muchas veces se prefieren las obras para mayor masa orquestal y dejar elegantemente a un costado a las obras de este gran compositor. Widmann se inscribe sin ningún lugar a dudas entre la corriente “Schumaniana”, la que influye hasta en sus composiciones y demostró ser un “Schumaniano” de fuste. Logró del conjunto bellísimas sonoridades, riqueza tímbrica, infinidad de matices y un “tempi” absolutamente acertado para lograr una de las más imponentes versiones que este cronista recuerde. Habrá que mirar muy atrás y recordar tal vez la ofrecida en 1985 por Bernad Haitink (Quien en Setiembre próximo a los 94 años deja el podio) y la Royal Concertgebow Orchester para comparar algo semejante.

  La justiciera ovación tributada marcó el final de la noche. Nadie necesitó más.

Donato Decina

martes, 11 de junio de 2019

Excelente interpretación de la Irish Chamber Orchestra en el Colón

SONIDO PRÍSTINO COMO LAS AGUAS DEL SHANNON
Martha CORA ELISEHT

            Quien haya visitado alguna vez Irlanda sabe que el río Shannon es el más largo y caudaloso del país. En la desembocadura de dicho río se encuentra Limerick, la tercera ciudad del país y sede de la Irish Chamber Orchestra (Orquesta de Cámara de Irlanda), que se presentó en el Teatro Colón los días 3 y 10 del corriente, dentro del ciclo de Abono del Mozarteum bajo la dirección de Jörg Widmann, quien actuó no sólo como Director Musical de la agrupación, sino también como solista.
            Esta cronista asistió a la función del día 10 del corriente, donde se ejecutaron las siguientes obras: el Concierto para clarinete y orquesta en La mayor, K.622 de Wolfgang Amadeus Mozart (1756-1791), Con brío (obertura de concierto) del mismo Widmann (1973) y la Sinfonía n° 2 en Do mayor, Op.61 de Robert Schumann (1810-1856).
            Este prestigioso conjunto ha actuado en los escenarios más importantes de Europa y Estados Unidos junto a músicos de primer nivel (entre otros, James Galway, Carolin Widmann y Elisabeth Leonskaja), gracias a las numerosas colaboraciones que promueve el clarinetista y compositor Jörg Widmann, quien es Director de la misma desde 2012. En este caso, se pudo apreciar a este gran músico alemán en sus tres facetas: compositor, solista y director.  Su obra Con brío fue presentada en el Colón en calidad de estreno local en la edición 2015 del Festival Barenboim por la West Eastern Divan Orchestra, bajo la batuta del mencionado director. Se lo pudo apreciar como solista en el célebre Concierto para clarinete y orquesta de Mozart y, finalmente, como director con la Sinfonía n° 2 de Schumann, donde no sólo ofreció una versión memorable de dicha obra, sino que también puso de manifiesto su garra y su ímpetu en el podio, contagiando su entusiasmo a sus músicos. Pero antes de comenzar el concierto, la concertino Diane Daly fue la encargada de lograr una afinación perfecta, de modo que cuando Widmann hizo su aparición en el escenario, la orquesta arrancó sola, perfectamente coordinada, afiatada y acompasada. Hacía rato que no se escuchaba en el Colón una agrupación con un sonido tan compacto, prístino, con excelentes matices y una profundidad estupenda. En cuanto al solista, Jörg Widmann se hallaba plenamente imbuido del espíritu mozartiano. Sus trinos y arabescos fueron perfectos, haciendo hincapié en las notas más graves del clarinete. Hay que recordar que cuando Mozart compuso esta obra, fue escrita para clarinete bassetto- que no tiene nada que ver con lo que hoy en día se conoce como clarinete bajo o clarón- y, por ende, la dificultad de la interpretación de este concierto radica en las notas graves. Debido a que el clarinete actual –clarinete en La- no alcanza a cubrir el registro original, las notas fueron traspuestas hacia una octava más aguda. Los tres movimientos que componen el mencionado Concierto (Allegro/ Adagio/ Rondó- Allegro) fueron ejecutados con una absoluta perfección y con una estupenda marcación de los tempi. Esto se notó más en el célebre Adagio y en el Rondó- Allegro, donde el público deliró en aplausos al final del mismo.
            Acto seguido, se interpretó la mencionada obertura de concierto Con brío, con el compositor en el podio. Esta obra se compuso por encargo de la Filarmónica de Baviera en 2008 y se estrenó el 25 de Septiembre de ese mismo año por la Orquesta Sinfónica de la Radio de Baviera, bajo la dirección de Mariss Jansons. Se basa en las Sinfonías 7° y 8° de Beethoven y abre con un solo de timbal, seguido por un tutti entre las cuerdas y las maderas. Posee matices y reminiscencias de diferentes compositores (Beethoven, Mahler, Stravinsky, Béla Bartok y Ravel), que se van alternando progresivamente, en un ritmo vibrante. En este caso, la versión ofrecida por la Irish Chamber sonó diferente de aquella que una pudo apreciar con la West Eastern Divan –más compacta e imponente, con un trémolo perfecto por parte de las cuerdas- y con una precisión absoluta en los golpes de timbal – estupenda labor del solista Adam Dennis-. Pero lo mejor de la noche fue la excelsa interpretación de la Sinfonía n° 2 en Do mayor de Schumann, donde la orquesta ofreció una expresividad sublime, con  precisión absoluta en los tempi de los 4 movimientos que la  integran (Sostenuto assai- Allegro ma non troppo/ Scherzo: Allegro vivace/ Adagio espressivo/ Allegro molto vivace). Es una obra romántica por antonomasia y la orquesta supo plasmar el espíritu de la misma, sacando un sonido prístino y una majestuosidad en la interpretación, similares a la de aquella versión ofrecida por Kurt Masur al frente de la Orquesta de la Gewandhaus en los ’80 en el mismo escenario. Las intervenciones de los solistas fueron magistrales y, tal como se mencionó previamente, Widmann no sólo contagió su entusiasmo a los músicos, sino que también puso de manifiesto su profesionalismo, con un gran trabajo de afinación, acople y ensamble de los diferentes instrumentos. Al finalizar el concierto, el público los ovacionó.
            Curiosamente, la orquesta no ofreció ningún bis. Tampoco hicieron falta, ya que luego de haber escuchado algo tan sublime y tan perfecto, hubiera sido imperdonable tocar algo más. Una prefiere quedarse con esa versión maravillosa y ese sonido prístino, tan puro y transparente como las aguas del Shannon. Y que quedará dentro de los oídos de los asistentes por mucho tiempo, en una auténtica noche digna del Colón

sábado, 8 de junio de 2019


DE MENOR A MAYOR

Teatro Colón, temporada 2019, Danza: Actuación del Ballet Estable del Teatro Colón, Dirección: Paloma Herrera. “Noche Clásica y Contemporánea”. Programa: “Allegro Brillante”, con Coreografía de George Balanchine y Música de Piotr Illich Tchaikovsky en reposición de Ben Huys con vestuario de Karinska e Iluminación de Rubén Conde. Interpretes: Camila Bocca, Alejo Cano Maldonado, Ayelén Sánchez, Natalia Pelayo, Ludmila Galaverna, Eliana Figueroa, Franco Noriega, David Gómez, David Juárez y Alan Pereyra. “Clear”: Con Coreografía de Stanton Welch AM con Música de Johann Sebastian Bach, Vestuario de Michael Kors, Iluminación de Lisa Pinkham y Reposición de Sean Kelly. Intérpretes: Maximiliano Iglesias, Ludmila Galaverna, Alejo Cano Maldonado, Paulo Marcilio, David Gómez, Luciano García, Yosmer Mejía, Martín Vedia. “Fancy Free”, con Coreografía de Jerome Robbins y Música de Leonard Bernstein. Con Escenografía de Oliver Smith, Iluminación de Ronald Bates, Vestuario de Kermith Love y Reposición de Kipling Houston. Intérpretes: Juan Pablo Ledo, Emanuel Abruzzo, Emiliano Falcone, Natalia Pelayo, Emilia Peredo Aguirre, Eugenia Starna y Matías de Santis. Orquesta Filarmónica de Buenos Aires, Director: Carlos Prazeres. Solistas: Iván Rutkauskas (Piano [“Allegro Brillante”/”Fancy Free”], Pablo Saraví (Violín [“Clear”]) y Natalia Silipo (Oboe [“Clear”]). Teatro Colón, 07 de Junio de 2019.

NUESTRA OPINION: MUY BUENO.

  En una semana en donde como pocas veces presentó dos espectáculos en la misma, ell Ballet Estable del Colón retornó al escenario de la calle Libertad para presentarnos tres coreografías enmarcadas bajo el título de “Noche Clásica y Contemporánea”. Las creaciones elegidas responden a tres concepciones diferentes de creadores de afamadísima reputación mundial: Balanchine, Stanton Welch y Jerome Robbins y fueron desde el estilo clásico o neoclásico del gigante ruso hacia la modernidad de Welch y culminar recalando en el más popular Robbins.

 Párrafo aparte merece el cada vez más escueto programa de mano, no por carecer de comentarios  de las obras (que lo tiene), sino por la carencia de información acerca de los repositores y equipos escenotécnicos responsables de las puestas y hasta las fotografías individuales de algunos de los intérpretes. Es cierto que al ser tres Coreografías podrían insumir muchas páginas, pero no es menos cierto el hecho de que los Intérpretes y equipos todos merecen la mención para poder conocerlos más y valorar aún más y mejor las labores de cada uno. El Colón ha hecho una importante inversión  para montar este espectáculo convocando para ello a equipos internacionales. ¿Por qué no podemos conocerlos en el programa de mano?.

  La apertura vino de la mano de “Allegro Brillante”, coreografía del inmenso Balanchine (así a secas como todo amante de la danza lo reconoce). La reposición corrió por cuenta de Ben Huys. Un ballet de corte Neo-Clásico con soporte en uno de los movimientos del poco frecuentado Concierto para Piano y Orquesta Nº 3 de Tchaikovsky. Sobre la base de las evoluciones que presenta una pareja en escena, se mueven, estiran y desplazan otras cuatro parejas en forma secundaria. Aún con menos integrantes en escena, se sigue percibiendo una falta de precisión en los desplazamientos de los bailarines. No logran conformar un movimiento uniforme y ya son varios repositores que pasaron por el escenario del Colón (alguno de ellos de renombre mundial) y aun no se logra. Aun así la pareja protagónica, conformada por Camila Bocca (A pocas horas de su protagónico en “El Corsario”) y Alejo Cano Maldonado, tuvo un destaque muy especial. Bocca con su reconocida belleza en los desplazamientos, elegancia, refinamiento y Cano Maldonado resultando la revelación de todo el espectáculo con elegancia, presencia, absoluta prestancia y  verdadera delicadeza como en la bajada a su compañera, la que pareció “flotar” en el aire. Ojalá se lo pueda ver más a menudo en estos roles. Un correctísimo vestuario de Karinska y una correcta iluminación de Rubén Conde contribuyeron visualmente con este trabajo.

 La  “bisagra” del espectáculo la constituyó “Clear” del Australiano Stanton Welch portador de la “Orden de Australia”, Director del Ballet de Houston desde el 2003 y creador de coreografías para instituciones como  “American Ballet”, “San Francisco Ballet”, “Australian Ballet”, “Birmigham Royal Ballet” y “Royal Danish Ballet”. Es una creación que cuenta con soporte de dos conciertos de Johann Sebastian Bach, los de Oboe, Violín y Orquesta en Re menor y de Violín y Orquesta en Sol menor (no se contó con la información de a cual número del catálogo BWV pertenecen). Siete hombres con torso  desnudo rodean a la pareja protagónica, la que evoluciona junto a ellos a través del primero de los conciertos de Bach y desembocarán en una segunda parte bajo la música de los dos primeros movimientos del segundo de los conciertos, en los que quedarán a solas con un final íntimo bajo un haz de lúz y el resto de la caja escénica a oscuras.  Las  cuatro parejas secundarias estuvieron muy correctas en el desenvolvimiento. Hubo mucha energía, soltura y entrega. En cuanto a la pareja principal, Ludmila Galaverna tuvo una actuación consagratoria, con bellos desplazamientos, conexión con su compañero y fuerte presencia escénica. Maximiliano Iglesias en cambio, fue de menor a mayor. Llamativamente inexpresivo en el comienzo, trocó esa imagen preocupante del inicio en una mayor entrega y ya en la segunda parte mostró solvencia, buena técnica y conexión total con su compañera. El muy buen desempeño final de ambos se vio opacado al fallar la iluminación, la que no enfocó por completo a ambos en el final, quedando parte de los cuerpos bajo la oscuridad de la caja escénica.

  “Fancy Free”   de Jerome Robbins con música de Leonard Bernstein, fue por lejos lo más logrado de la noche. Con mucho de Tap y Swing, la simple historia de Tres marineros de franco en el New York de los 40 del pasado siglo y su búsqueda de chicas en la puerta de un bar. Una simple escenografía de Bar con su Barman tras la barra y las situaciones en las que abundan la mímica, la actuación, la agilidad y la entrega. La música es apabullante. Es el Bernstein previo a West Side Story y mucho de lo que se escuchará aquí se lo podrá escuchar luego en la primera ( y en el filme de Esta, verla bailar) . Juan Pablo Ledo cumplió una colosal actuación, también El a pocas horas de su Conrad en “El Corsario”. Gracia, talento y frescura más total soltura escénica. Fue muy bien secundado por Emmanuel Abruzzo y Emiliano Falcone, ambos con una veta de tap y swing encomiables  y soberbia entrega actoral a partir de la gestualidad y la mímica. Natalia Pelayo y Emilia Peredo Aguirre (Otra participante del “El Corsario”, en este caso como “Gulnara”), fueron el complemento ideal de ambos, como las chicas seducidas, pero que huyen ante los choques de los amigos (Son 3 que pretenden a 2). Breve pero decisiva intervención en el final le cupo a Eugenia Starna quién con una figura “Pizpireta” y muchísima gracia arrastrará tras de Sí a los tres compañeros .  Muy correcta la intervención actoral de Matías de Santis como el “Bartender”. Evidentemente el repositor Kipling Houston dio en la tecla en la disposición escénica y obtuvo de todos los bailarines una total entrega.

  Párrafo aparte para la excelente prestación de la Filarmónica con el Brasileño Carlos Prazeres en el podio, a quien conociéramos en el Abono 2017 de la Orquesta, estrenando la Sinfonía “Antártica” de Ralph Vaughan Williams. Extraordinario ajuste, brillo orquestal, conexión total con el palco escénico en las tres coreografías y tres solistas de lujo: Iván Rutkauskas, de descollante labor en el Concierto para Piano y Orquesta Nº 3 de Tchaikovsky y muy solventes intervenciones en “Fancy Free”(A propósito y más allá de ser maestro Interno del Teatro, ¿no se lo podría ver más seguido como solista en conciertos?). Natalia Silipo, con bellísima intervención en el Concierto para Oboe, Violín y Orquesta de Bach.  Y, fundamentalmente, la labor en ambos conciertos de Bach de Pablo Saraví, conocedor del repertorio como pocos, quien cerró “Clear” de modo espectacular con absoluta belleza de sonido.


  El balance nos muestra tres creaciones bienvenidas para la escena. El Ballet Estable precisa, a mi humilde entender, mayor trabajo con gente de la casa (entiéndase sumar a los que ya están de manera irreprochable), lograr mayor afiatamiento de conjunto y un Director Musical Estable. No porque no lo valgan los Maestros convocados, sino porque tiene que ser alguien que lata junto al resto, única manera de amalgamar mas y contribuir a que el trabajo sea más sólido.

Donato Decina

miércoles, 5 de junio de 2019


Presentación del grupo de cámara “KIEV VIRTUOSI” en Nuova Harmonía

CON TRADICIÓN ACADÉMICA Y GLAMOUR DE HOLLYWOOD
Martha CORA ELISEHT

            El Abono 2019 de Nuova Harmonía se caracteriza por la gran cantidad de grupos de música de cámara invitados. Esta vez, le tocó el turno a KIEV VIRTUOSI (Los Virtuosos de Kiev) el pasado 3 del corriente en el Teatro Coliseo, bajo la dirección de Dmitri Yablonski, quien actuó también como violoncello solista. Asimismo, se presentó como solista invitado el violinista Haik Kazazyan.
            El programa comprendió las siguientes obras: Concierto para viola y orquesta en Do menor (versión para violoncello) de Henri- Gustave Casadesus (1879-1947), el Adagio y Fuga en Do menor, K.546 de Wolfgang Amadeus Mozart (1756-1791), la Sinfonía para cuerdas, Op.10 de Felix Mendelssohn- Bartholdy (1809-1847), los Seascapes (Paisajes Marinos) de Alexey Shor (1970) y la Suite “En los tiempos de Holberg”, Op. 40 de Edvard H. Grieg (1843-1907).
            Esta joven agrupación musical se creó en 2016 y está compuesta por  21 talentosos músicos ucranianos, algunos de los cuales han sido ganadores de certámenes internacionales. Su director –Dmitri Yablonsky- es hijo de la famosa pianista Oksana Yablonskaya- quien ha actuado en el Colón en numerosas oportunidades, y a quien esta cronista ha escuchado oportunamente-y, además, un niño prodigio: brindó su primer concierto en público a los 9 años y, posteriormente, emigró a los Estados Unidos en compañía de su madre cuando tenía 16 años, donde se perfeccionó. A partir de esa edad, desarrolló una carrera meteórica, que lo llevó a actuar y dirigir en los escenarios más prestigiosos del mundo. Y antes de comenzar el concierto, se dirigió al público en un perfecto castellano –que confesó haber aprendido durante su estadía laboral en Barcelona-, donde presentó a la orquesta, el repertorio y  al violinista invitado. El armenio Haik Kazazyan comenzó sus estudios en la escuela de Mùsica Sayat- Nova de Ereván con Levon Zoryan y, posteriormente, se perfeccionó en el Royal College of Music de Londres. Actualmente se desempeña como profesor en la Facultad del Conservatorio de Moscú.
            El mencionado Concierto para viola de Casadesus está inspirado en Johann Christina Bach y, por ende, compuesto a la usanza antigua en 1947. En este caso, Yablonsky ofreció una transcripción parta violoncello de Maurice Maréchal. Consta de tres movimientos: Allegro molto ma maestoso/ Adagio molto espressivo/ Allegro molto energico. Los mismos se encuentran muy bien marcados, con líneas melódicas barrocas, con reminiscencias románticas. La versión ofrecida por la orquesta sonó muy bien afiatada, compacta, con buenos matices y un equilibrio perfecto entre el instrumento solista y el resto de las cuerdas. Yablonsky se destacó como cellista, sacando un sonido puro, con un fraseo perfecto y una gran musicalidad, lo que arrancó los aplausos y vítores del público una vez concluido el mismo.
            Con respecto del Adagio y Fuga en Do menor de Mozart, es una obra que posee tintes oscuros, ya que existe una diferencia de compases en el Adagio (3/4) y en el Allegro (2/2), seguido de una fuga en igual tonalidad. Probablemente, esto originó ciertas discrepancias, ya que sonó con ribetes y reminiscencias propis de la música de Astor Piazzolla –otro gran exponente contemporáneo de la fuga- . No obstante, la orquesta tuvo un sonido bastante íntegro, que no le restó mérito a la interpretación. Y para finalizar la primera parte del concierto, la Sinfonía para cuerdas nº 10 en Si menor de Mendelssohn sonó magistralmente, con tempi muy bien marcados entre los tres movimientos que dura la obra (Adagio/Allegro/ Piú presto). No es una obra que se ejecute habitualmente en conciertos de cámara, lo que le da aún más mérito a la interpretación; sobre todo, si se tiene en cuenta que Mendelssohn la escribió durante su juventud  -tenía menos de 20 años cuando la compuso- y que estuvo perdida durante muchos años. Afortunadamente, las Doce sinfonías para cuerdas fueron felizmente recuperadas  tras la Segunda Guerra Mundial y la nº 10 no es la excepción. Los tres movimientos se ejecutan sin interrupción y representa un desafío para los intérpretes.
            La segunda parte del concierto se abrió con los Pasajes Marinos (Seascapes) de Alexey Shor y están compuestos para violín solista y orquesta de cuerdas. Este joven compositor nació en Kiev en 1970 y emigró a Israel en 1991. Actualmente reside en Estados Unidos y esta obra posee cuatro movimientos: Abandoned Lighthouse (Faro Abandonado), Lonely sail (Navegación solitaria), Gathering storm (Tormenta en cierne) y Summer Hail (Chaparrón de verano). Es una obra con matices descriptivos, románticos, con reminiscencias de Dvorak en el 3º movimiento y tintes que recuerdan a música de películas (“La lista de Schundler”).. La labor del solista Kazazyan fue impecable, con un excelente fraseo, dando vuelo a la línea melódica. Hubo muy buen equilibrio entre la orquesta y el solista, que se ganó los aplausos del público.  Y, como no podía ser de otra manera, el grupo ofreció una excelente e impecable versión de la Suite en estilo antiguo “De los tiempos de Holberg”, de Grieg –más conocida como Suite Holberg- , donde el violista Konstyantin Kuleba ofreció una excelente versión de su solo en el Rigaudon (Allegro con brio) que cierra la obra. Los 5 movimientos que componen la misma (Allegro vivace/ Andante/ Allegretto/ Andante religioso/ Allegro con brio) sonaron con solemnidad y un lirismo pocas veces escuchado. Esto se notó más aún en el halling del 3º movimiento, donde el primer violín Taras Yaropud ofreció una destacadísima interpretación. Los tempi estuvieron perfectamente bien marcados y el público estalló en aplausos al final del concierto.
            Haciendo gala de su buen humor, Yablonsky anunció al primero de los bises como “algo más ligero”. Lo que una nunca hubiera imaginado era encontrarse con una impecable versión de Fiddle Diddle, de Leroy Anderson. Se trata de una obra que arranca con un molto presto, que continúa con un presto agitato y sigue con un pizzicato en las cuerdas, para luego recapitular con el tema inicial. Un ejemplo de virtuosismo instrumental puesto al servicio del entretenimiento, en una obra de música ligera que sonó maravillosamente bien. Posteriormente, cerró con una monumental versión de El Vuelo del Moscardón de Rimsky- Korsakov.
            La orquesta se destacó por haber realizado un programa original, muy poco convencional y con obras bastante inéditas. Si a esto se le suma el entusiasmo brindado por el director y el glamour de Hollywood puesto en la interpretación, el resultado está a la vista: una orquesta de cámara con tradición académica, que es capaz de interpretar un programa versátil y que cuenta con estupendos solistas. Los ingredientes necesarios para una noche perfecta. 

martes, 4 de junio de 2019


DOS REVELACIONES QUE ESPEREMOS PODER RETENER UN POCO MAS

Teatro Colón, Temporada 2019, Danza: “El Corsario”, Ballet en Tres Actos inspirado en el Poema de Lord Byron, con libreto de Vernoy de Saint Georges y Joseph Mazillier con Música de Adolphe Adam, Cesare Pugni, Leo Delibes y Riccardo Drigo en versión coreográfica de Anne-Marie Holmes. Intérpretes: Juan Pablo Ledo (Conrad), Camila Bocca (Gulnara), Maximiliano Iglesias (Lankendem), Emilia Peredo Aguirre (Gulnara), Jiva Velázquez (Alí), Edgardo Trabalon (Birbanto), Julian Galván (Pasha), Rodrigo Cuadra (Asistente del Pasha), Integrantes del Ballet Estable del Teatro Colón, Selección de Alumnos del Instituto Superior de Arte del Teatro Colón. Escenografía: Christian Prego, Vestuario: Aníbal Lápiz, Iluminación: Rubén Conde. Dirección del Ballet Estable: Paloma Herrera,  Repositora Coreográfica: Lorena Fernández, Orquesta Estable del Teatro  Colón, Director: Javier Logioia Orbe. Función Extraordinaria del 02 de Junio de 2019.

NUESTRA OPINION: MUY BUENO.

  La programación diseñada por Paloma Herrera para la presente temporada del Ballet Estable incluyó la reposición por cuatro funciones de “El Corsario”, espectáculo que con gran suceso se presentó la pasada temporada, la que marcó, entre otras, las celebradas presencias de Danil Simkin y Herman Cornejo en el escenario del Colón. En esta oportunidad la coreografía de Anne-Marie Holmes, que contara la pasada temporada con el montaje de Julio Bocca, fue repuesta por la Española Lorena Fernández , quien trabajara junto a Julio en el Ballet del S.O.D.R.E. de Montevideo, institución en la que continúa desempeñándose actualmente. Un reparto que sufrió modificaciones al anunciado originalmente, ya que Federico Fernández que debía asumir el rol protagónico de Conrad no pudo presentarse, por lo que Juan Pablo Ledo, quien encabezó el segundo reparto, lo hizo en la función que aquí comentamos.

  El Poema de Lord Byron que da origen a este ballet, al igual que a la opera homónima de Giuseppe Verdi, cuenta la historia del Corsario Conrad, quien junto a sus hombres toma por asalto el Gran Bazaar de Estambul, en donde conoce y se enamora de Medora, una esclava manejada por Lankendem, quien a su vez la logra vender al Pasha. La trama se cumplimenta con la pretensión que Birbanto, secuaz de Conrad tiene sobre Gulnara, otra esclava  también integrante del Harem del Pasha. El escape de ese sometimiento, las peleas entre el grupo del Corsario y la  venganza que el mercader trama contra el Este, dan origen a situaciones a veces de drama, a veces de humor, las que culminarán en el definitivo rescate de las mujeres, la huida en el barco pirata a través de una feroz tormenta, en la que los protagonistas se ven expulsados de la nave por la violencia de la misma y logren alcanzar la playa y la cueva del Corsario en donde finalmente los protagonistas verán cristalizado el amor.  

  Anne-Marie Holmes hace hincapié en las escenas de conjunto, mucho lucimiento en los dos principales roles femeninos (Medora/Gulnara), contrapuntos en los personajes masculinos (Conrad/Lankedem, Conrad /Birbanto, Ali/Lankedem, Ali/Birbanto) y algunos cuadros adicionales a cargo de personajes secundarios. De todo esto podemos mencionar que Juan Pablo Ledo impuso su escuela y su oficio para moldear a su Conrad con su reconocida técnica, pulcritud de desplazamientos y permanente enlace con el rol de Medora. Emilia Peredo Aguirre fue una estupenda Gulnara, con derroche de Belleza, magníficos desplazamientos y pleno entendimiento con sus compañeros. Edgardo Trabalón fue un muy buen Birbanto, el inescrupuloso secuaz de Conrad, capaz de entregar hasta a la propia compañera de su líder con tal de alcanzar sus propias pretensiones. Mostró solvencia y seguridad. De la misma manera Maximiliano Iglesias moldeó a Lankedem, un mercader que solo vive para sus negocios y la amistad aquí no cuenta. Lo expresó en muy buena forma, tuvo muy buena gestualidad y desplegó interesantes recursos. Desopilante el Pasha de Julian Galván. la mímica, la expresividad y sus prolijos movimientos lo llevaron a sostener una buena faena. Dentro de los roles secundarios, mencionamos al Trío femenino que realizó las variaciones del primer acto: Georgina Giovanonni, Ayelén Sánchez y Ludmila Galaverna. Magdalena Cortes como la  Sufrida mujer de Birbanto el traicionero secuaz de Conrad y todos los integrantes de las parejas de piratas que Bailan en la escena de la cueva de Conrad en el segundo acto. En cambio sigue el cuerpo de baile sin poder lograr una escena plena de conjunto con total sincronización de movimientos. Bella y funcional, la escenografía de Christian Prego, imaginativa hasta el último  detalle, no es novedad la belleza en la realización de Vestuario de Anibal Lápiz, ambos realzados por una estupenda iluminación de Rubén Conde. La Estable tuvo muy interesante participación, guiada en buena forma por Javier Logioia Orbe con buen entendimiento con el escenario.

  Lo mejor de la tarde fue la estupenda composición de Medora por parte de Camila Bocca, con técnica y desplazamientos exquisitos y  magnífica expresividad. Tuvo plenos enlaces con Ledo y total consustanciación con el Rol.

 El otro destaque le correspondió a Jiva Velázquez, la figura de la función. Técnica, agilidad, acrobacias plenas, exquisita composición del rol de Alí con gestualidad y expresión  absolutas. Fue un placer verlo actuar.

  Fue una interesante reposición que deja en el balance la confirmación de las condiciones de estos dos jóvenes valores a los que espero podamos verlos mucho más, aunque sus condiciones harán imperioso que deban tomar, tal vez y muy pronto, otros destinos.

Donato Decina


EXPERIENCIA Y JUVENTUD, LA COMBINACION JUSTA

Usina del Arte, Ciclo de Conciertos de Música Clásica: Presentación de Miceal O’Rourke (Piano) y el Cuarteto “Bríos” (Alma Quiroga (Violín), Astro Rocco (Violín), Julio Domínguez (Viola) y María Teresa Fainstein Day (Violonchelo)). Programa: Obras de Mozart y Brahms. Sala de Cámara, 02 de Junio de 2019.

NUESTRA OPINION: EXCELENTE

    A escasas 48 hs. de su presentación en la Sala Sinfónica del CCK junto a la Sinfónica Nacional, el Pianista Irlandés Miceal O’Rourke  volvió a presentarse, esta vez en la Sala de Cámara de la Usina del Arte, haciéndolo junto a un cuarteto que combina juventud y oficio, el cuarteto “Brios” que integran los muy jóvenes Alma Quiroga (Suplente de Guía de Segundos Violines de la Orquesta Estable del Teatro Colón), Astro Rocco (Integrante de la hilera de Primeros Violines de la Orquesta Sinfónica Nacional) y los ya experimentados Julio Domínguez (Aquí en Viola al igual que en el Cuarteto “Gianneo”, pero también integrante de la hilera de Primeros Violines de la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires) y María Teresa Fainstein Day (Violonchelista de la Orquesta Sinfónica Nacional), estos dos últimos mencionados, como se ve, portadores de reconocidísimo oficio tanto en la vis sinfónica como en la eminentemente camarística.

  Lo primero que cabe reconocerles tanto a pianista como a la formación, es el no haber caído en una programación de corte “facilista” y asumir importantes riesgos como podrán apreciar Uds. en la continuidad del presente comentario. Eso por si solo debe ser bienvenido y saludado.

  La primera obra presentada fue nada menos que la reducción para Piano Solista y Cuarteto de Cuerdas del Concierto Nº 12  para Piano y Orquesta en La mayor del Nº 414 de catálogo de Mozart. Como se dijo unas líneas arriba, 48 hs. antes O’Rourke se presentó junto a la Sinfónica Nacional y Ricardo Sciammarella  interpretando el Nº 24 (Ver Comentario en este mismo blog). Ofrecer una reducción de Mozart junto a una “novel” formación, con los riesgos que conlleva una instrumentación totalmente despojada y en donde una falla, un desliz o la menor desinteligencia dejan expuesto a los intérpretes, resultó ser mucho más que un desafío. Por lo cual debemos saludar también a O’Rourke por su generosidad, depositando su confianza en esta joven formación y en donde se percibieron extraordinarios frutos de ese trabajo en común.

  El “Bríos” reemplazó de manera excelente a la Orquesta tradicional. Se cumplimentan todos desde la firme guía de Alma Quiroga, las intervenciones muy seguras y acertadas de Astro Rocco, el innegable oficio que ya ha adquirido Julio Domínguez desde la Viola y  el noble sonido de María Teresa Fainstein Day.

  En cuanto al desempeño de O’Rourke, una vez más ratificó las excelentes condiciones que mostró en la “Ballena Azul”. Toque bello, suave. Pedal que casi no utiliza. Filigranas transparentes, para redondear una versión de absoluta delicadeza.

  Todos los intérpretes se sumergieron, ya en la segunda parte, para ofrecer una espectacular versión del Quinteto para Piano y Cuerdas de Brahms. Aquí O’Rourke mostró firmeza, caudaloso sonido y se integró, como debe ser, como un miembro más del conjunto. El apasionamiento de todos, el manejo de las tensiones, un primer movimiento apabullante en el discurso, un lirismo pleno en el Andante, “Chispa” en el Scherzo y el exacto remate del “Presto” final. Todos estos elementos redondearon una de las mejores versiones en vivo que yo recuerde, más allá de los interpretes internacionales que he escuchado y si tengo un recuerdo más nítido de esta obra fue el que me dejó el inolvidable “Quinteto Rego” en la Villa Ocampo de Mar del Plata, durante la presentación de la grabación comercial que incluyó esta obra, parte de la cual fue interpretada en esa ocasión, tan intensa y tan lograda como la actual y ambas con dos extraordinarios pianistas guiando al resto.

  Un bellísimo fragmento de música irlandesa, con plena participación del mejor O’Rourke, fue el regalo final para redondear la bella media mañana de Domingo.

Donato Decina

sábado, 1 de junio de 2019


“PERFUME” MOZARTIANO QUE SE IMPREGNO EN EL CORAZON DE LA “BALLENA”

Orquesta Sinfónica Nacional, Temporada 2019, Director: Ricardo Sciammarella. Solista: Miceal O’Rourke (Piano). Programa: Obras de Mozart y Beethoven. CCK-Sala Sinfónica, 31 de Mayo de 2019.

NUESTRA OPINION: MUY BUENO.

    Una interesante velada tuvo lugar en la “Ballena Azul”, sala sinfónica del CCK, para esta nueva presentación de  la Sinfónica Nacional, la que tuvo  el aditamento de poder conocer a Ricardo Sciammarella en su rol de Director de Orquesta luego de innumerables ocasiones en que pudo apreciárselo como un muy buen violonchelista. En rigor de verdad, es en la presente década en la que este reconocidísimo interprete ha intensificado su rol de Conductor Orquestal a partir de crear El la Kammerphilarmonia en el país vasco, en donde realiza incontable actividad tanto en San Sebastián del lado español como San Juán de la Luz del lado Francés, por lo que se trata de una agrupación con sedes binacionales integrada por músicos vascos de las Orquestas de Euskadi y Sinfónica de Bilbao. La elección del programa no deja dudas de su concepción Camarística con Mozart del los períodos medio y final de su producción y un joven Beethoven mas influenciado por Mozart y Haydn, aun cuando ya comenzaban a asomar sus rasgos distintivos.
 
    El inicio del Concierto tuvo lugar con la interpretación de la breve pero contundente Obertura de la Opera “La Clemenza di Tito”, que lleva el Nº 621 del Catálogo. Estamos ante un Mozart ya consagrado que pinta en esta relativamente breve página con contundencia los rasgos que después se percibirán más nítidamente en la escena musical. Llamó la atención que la masa Orquestal fuera muy profusa, más cuando con comodidad se podría haber hecho con un orgánico tan acotado como el del Concierto para Piano y Orquesta que se escucharía a posteriori y como lo apreciamos ya desde hace algunos años en las agrupaciones de cámara extranjera que nos visitan año a año. Así y todo, fue una versión muy dinámica, dirigida de memoria por parte de Sciammarella, muy bien llevada y con “tempi” acertadísimo. Por lo que ya nos dejó una punta en el sentido de que puede tratarse de un orgánico amplio, pero su concepción se acerca más a la “historicista” hoy en vigencia que a la que hasta hace muy poco se hallaba en boga.

  Junto a los intérpretes se presentó el pianista Irlandés Miceal O’Rourke como solista del Concierto para Piano y Orquesta Nº 24 en Do menor del mismo Mozart, que lleva el Nº de catálogo 491. Luego de su antecesor Nº 23, Mozart desarrolla una composición de una introducción y desarrollo de primer movimiento de gran carga dramática, la que da paso a un muy expresivo “Larghetto” y vira hacia una mayor vivacidad en el “Alegretto” final. O’Rourke llega a Nuestro País nuevamente, tras su paso en años anteriores por los festivales de la Fundación Chopiniana. Es un veterano interprete que ha tenido actuaciones junto a agrupaciones de primer y segundo nivel europeos, situando dentro del primero a la Royal Philarmonic y hasta una sorprendente actuación junto a la legendaria “Boston Pops” (Dada la veteranía del solista, cabe pensar que perfectamente fue dirigido por el legendario Arthur Fiedler). Además desarrolla una profusa carrera docente que lo lleva a la Julliard School of Music de Estados Unidos y en instituciones de Rusia, Estonia y Lituania, además de su Irlanda natal. Su toque es “cristalino”, usa muy poco el pedal, digamos lo justo y necesario, posee un lirismo absoluto, capaz de crear un clima intimo en el “Larghetto” y firmeza no exenta de elegancia en los movimientos de “punta”. Tuvo buen entendimiento con Sciammarella y el conjunto. Y de Este último digamos que hizo un acompañamiento rayano en la excelencia, como pocas veces se escuchó de la Nacional en repertorio Mozartiano. Los vientos y bronces tuvieron momentos de gloria con intérpretes de la talla de Rubén Albornoz, Amalia Pérez, Guillermo Sanchez y Lucio Maestro, los que junto a sus compañeros  fueron reconocidos tanto por Solista y Director, ganándose la ovación del público. Un nuevo Mozart, fuera de programa, fue ofrecido por O’ Rourke, ratificando sus excelentes cualidades que ya he descripto.

  La parte final tuvo en los atriles a la Sinfonía Nº 1 en Do mayor, del Op. 21 de Beethoven , para la que Sciammarella empleó el mismo Orgánico que en la Obertura de “La Clemenza…”. Insisto en que para toda la sesión bien se pudo haber empleado el orgánico del Concierto para Piano y Orquesta y si por cuestión de prestaciones se trataba, hasta se podía haber hecho rotación de algunos músicos como lo hacen las Orquestas extranjeras que nos visitan. Aún así, Sciammarella empleó una concepción “Mozartiana” en la interpretación, por lo que la versión tuvo plena vivacidad, momentos muy chispeantes y un cierre espectacular que logró la adhesión de los presentes y reiterados llamados al saludo al Director, al que sería desde ya muy interesante verlo más a menudo en sus dos funciones (Solista y Director) junto a la Nacional

Donato Decina


CON EL SELLO DISTINTIVO DEL TALENTO

Teatro Municipal Roma de Avellaneda, Temporada Oficial 2019. Opera: “Madama Butterfly”, drama lírico  en dos actos y tres cuadros (versión 1907  con presentación escénica en versión original), con libreto de Luigi Illica y versificación de Giuseppe Giacosa, basada en el cuento homónimo de John Luther Long, dramatizado a su vez por David Belásco. Intérpretes: Marina Torres (Cio-Cio-San), Patricio Saxton (B.F. Pinkerton), Ernesto Bauer (Sharpless), María Florencia Machado (Suzuki), Maico Hsiao (Goro), Enzo Romano (Principe  Yamadori/Comisario Imperial), Román Modzelewski (Tío Bonzo), Vanina Guilledo (Kate Pinkerton), Leonardo Menna (Tío Yakuside), Ximena Ibarrolaza (Madre de Cio-Cio-San), Adriano Ricardes (Oficial del Registro), Susana Gómez (Tía de Cio-Cio-San), Natalia Bereskij (Prima de Cio-Cio-San), Amadeo Hsiao (Hijo de Cio-Co-San). Coro del Instituto Municipal de Música de Avellaneda, Director: Armando Garrido. Orquesta Sinfónica Municipal de Avellaneda: Concertino:  Hugo Eliggi. Solo de Viola: Darío Legname. Escenografía e Iluminación: Rodrigo Parise, Vestuario: Alicia Guma, Caracterización: Carolina Siliguini, Diseño de imágenes: AC Design. Dirección Escénica: Ximena Belgrano Rawson. Dirección Musical: Ezequiel Fautario. Función del 30 de Mayo de 2019.

NUESTRA OPINION: MUY BUENO.

    En un escenario de reducidas dimensiones como el del Roma de Avellaneda, encarar una puesta de un título tan emblemático como “Madama Butterfly” es solo un desafío para pocos y requiere de mucha imaginación y esfuerzo. Hay que reconocer dentro de ello, que la actual gestión de Cultura de Avellaneda a cargo de la actriz Victoria Onetto ha resuelto, a mi entender de manera harto satisfactoria, mantener la presentación de títulos líricos en sus temporadas, como lo hacía su antecesor, Antonio Hugo Caruso. Y para esta primera propuesta del 2019 se convocó a una dupla de realización que con probadísimo éxito tomó el timón de una entidad privada como “Lírica Lado B” realizando una excelente producción de “Suor Angelica” en el Templo Oculto de Santa Felicitas de la porteñísima Barracas, son: Ximena Belgrano Rawson y Ezequiel Fautario, quienes por esa realización resultaron nominados por la Asociación de Críticos Musicales de Argentina al premio a le mejor producción de Entidades Privadas del pasado año, aunque tal galardón le correspondió finalmente a la excelente ”Hamlet” de “Juventus Lyrica” con las firmas de María Jaunarena y Hernán Schvartzman.
 
   Ya abierto el telón, se apreció una magnífica realización escenográfica de Rodrigo Parise. Para quienes son “tradicionalistas” todo estaba en su lugar. La típica “casita”, los enseres de jardín, el árbol, el puentecito de la entrada, los infaltables almohadones en el interior y el impecable mobiliario, todo esto reforzado con una excelente iluminación.  Para el comienzo del segundo acto hubo una sorpresa. Fue la proyección de las imágenes históricas tomadas en Agosto de 1945 (ignoro si fue la previa del 6 o la previa del 9) en la base que Estados Unidos montó para la Segunda Guerra Mundial en las Islas Guam, para el momento en que la Bomba Atómica era cargada en las entrañas del Bombardero B-29, su despegue y su lanzamiento sobre territorio Japonés con el posterior estallido incluido y la imagen del “Hongo de Humo” también (Para quienes se interesan por el tema, les comento que esa pista aérea en Guam aún está en pié sostenida por los habitantes de las Islas como “Espacio de la Memoria”. Sus imágenes pueden verse en las redes sociales y ya la pista en sí genera escalofríos.Y si de historia se trata, no está de más recordar que Guam era posesión Española, ganada por Estados Unidos a finales del Siglo XIX  al igual que Filipinas en el Pacífico y también la “ayuda” que este diera a Cuba en el Mar Caribe, época en la que se publicaba el cuento de Long, inmortalizado más por esta Opera que por la dramatización de Belasco). Entonces veremos que la escena se trasladó a 1946, previo al “Plan Marshall”, y  a la devastada escena post partida de Pinkerton se le suma en esta puesta las propias consecuencias de guerra corporizadas en Goro , el inescrupuloso Casamentero, quien aparece en escena sin un brazo, como consecuencia de alguna “acción” de la misma. Esa traslación de tiempo acentuará aún  más su efecto al regresar Pinkerton , cuando se lleve sin miramientos a su hijo aún con la sangre caliente de Cio-Cio-San. Por lo que aquí, la dramaturgia no molestó en absoluto, cosa ratificada por el público al ovacionar a la Directora Escénica y a su Equipo de Realización. Del mismo,  cabe resaltar una vez más  a Alicia Gumá con un vestuario de excelencia, acorde con la época para la que fue ambientada. La Esencia del Texto y la acción, las costumbres niponas y la actitud de Cio-Cio-San, de considerarse Americana adoptando sus costumbres y ,como tal, considerar también así a su propia casa fueron exhibidas de manera muy respetuosa. Yendo a la parte actoral, Ximena Belgrano Rawson supo extraer lo mejor de cada intérprete vocal con resultados harto satisfactorios a los que me referiré al analizar el desempeño de cada interprete. Otro punto a favor fue el excelente desempeño del Coro del Instituto Municipal de Música con Armando Garrido a su frente. Se lo ve mucho más amalgamado, con algunas incorporaciones provenientes de agrupaciones de entidades independientes (alguno de ellos ha cantado hasta Wagner y Tchaickovsky en esos coros). Más allá de alguna pequeña entrada a destiempo o algún desacople, solo queda expresar mi satisfacción al escucharlo. Incluso por razones de espacio, parte estuvo en el escenario y parte a ambos costados en los palcos “Avant Scene” y el famoso coro “A Bocca Chiusa”, fue interpretado desde los pasillos subterráneos detrás del foso con muy buen resultado.

  En lo vocal iremos una vez más desde los pequeños a los más importantes roles.  Muy simpática labor le cupo al niño Amadeo Hsiao como el hijo de la desdichada protagonista. Atento a todos los gestos de los intérpretes que eran su referencia para desplazarse en escena, siendo por ello aplaudido entusiastamente por la concurrencia. Muy correctos tanto Ximena Ibarrolaza (Madre de la Protagonísta), Susana Gómez (La Tía) y Natalia Bereskij (La Prima). También cumplieron en sus breves roles Leonardo Menna ( Tío Yakuside) y Adriano Ricardes (Oficial del Regístro), todos ellos en el primer acto. En ese mismo acto consigno a un Impresionante Román Modselewski como el Tío Bonzo con una potencia total y muy convincente en su faz actoral. Nuestra bien conocida Vanina Guilledo tuvo a su cargo el rol de Kate Pinkerton, a la que trazó desentendida en una primera instancia para luego sí involucrarse de lleno ante la cobardía de su marido y en auxilio del Cónsul Sharpless, asegurándole a Butterfly que el niño será cuidado como un hijo propio. Su actuación y su voz fueron correctísimas en todo sentido. Enzo Romano ofreció de manera muy prolija sus recursos vocales tanto como el Comisario Imperial en el Primer Acto y aún más como el no correspondido Principe Yamadori en el segundo, mostrando en este caso el oportunismo de un ambicioso que busca una “perlita” más para agregar a su colección.  Rotundo triunfo de Maico Hsiao como el inescrupuloso y por momentos repugnante Goro, el casamentero. Actoralmente soberbio y estupendo en lo vocal, acentuado por tratarse de alguien oriundo de Oriente. Y aquí llegamos a dos valores que ya trascienden el ámbito de el “Off Colón” y que merecen más oportunidades en Ntro. Primer Coliseo (Ella ya las tuvo y las merece) y, porque no, en el Exterior:  María Florencia Machado y Ernesto Bauer . La Primera con las cualidades que advertí ya la semana anterior durante la “Misa Glagolítica” de Janaceck junto a la Sinfónica Nacional, reforzadas con una soberbia actuación, fiel a su Ama hasta el final. Su desempeño escénico al momento de conocer la verdad y que Pinkerton está casado y se llevará al niño tuvo impacto desgarrador,  y en cuanto a Ernesto  Bauer, a pocas horas de cantar Giorgio Germont en el Avenida (también consignado en este blog), se anota otro triunfo a mi entender más importante aún que el primero con un Sharpless magníficamente trazado en expresividad y en el decir . La carga dramática que imprimió en los dos actos finales  fue extraordinaria. El tenor Chileno Patricio Saxton tuvo a su cargo el Pinkerton con nobilísimos medios vocales, gran presencia escénica y fuerte personalidad. Muy seguro en el primer acto y dando toda la faceta canallésca en el tercero, inclusive no exenta de cinismo al final, llevándose al niño sin siquiera fijarse en la madre muerta. Para el final de este tramo saludo a Marina Torres quien asumió la responsabilidad de cargarse el protagónico ante la renuncia de Daniela Tabernig. Muy buena voz, convincente dramáticamente, expresa muy bien y conmueve en la escena final. Que este sea el comienzo con rumbo a éxitos mayores.

  El ensamblado musical del espectáculo nos mostró otra estupenda realización de Ezequiel Fautario. Es un gran “Pucciniano” (ya lo había demostrado en “Suor Angélica el pasado año). Tomó esta vez a una Orquesta Estable como la Sinfónica Municipal de Avellaneda, a la que le extrajo todo lo posible. Hubo matices, riqueza de detalles, plena comunicación con el escenario y con los coros fuera de el. A un conjunto no tan numeroso no podía pedírsele más que a donde Fautario llegó. Contó con dos puntales: la estupenda intervención del Concertino Hugo Eliggi en los solos de violín y la muy buena asistencia de Darío Legname en el solo de viola que acompaña al coro “A bocca chiusa” al final del segundo acto. Y para el conjunto, la mejor actuación que este cronista haya visto junto al estreno integral de “La Arlesiana” de Cilea hace dos años atrás.

Donato Decina

viernes, 31 de mayo de 2019

Muy buena producción de “MADAME BUTTERFLY” en el Teatro Roma de Avellaneda

EL ENCANTO DE ORIENTE EN TODO SU ESPLENDOR
Martha CORA ELISEHT

            Los espectáculos que ofrece la compañía Lírica Lado B se destacan por la originalidad de sus producciones y la excelente calidad de las mismas. Y la nueva producción de “MADAME BUTTERFLY” ofrecida en el día de ayer en el Teatro Roma de Avellaneda no fue la excepción a la regla, bajo la soberbia dirección musical de Ezequiel Fautario y la magnífica puesta en escena de Ximena Belgrano Rawson, quien tuvo la inteligencia de montar esta nueva versión del clásico de Puccini durante la Segunda Guerra Mundial.
            Mientras que en el 1° Acto de la obra todo es color y alegría –exaltada por la boda de Cio Cio San con Benjamin Franklin Pinkerton-, previo al inicio del 2° Acto y después del intervalo, se ofreció una proyección de la carga de la bomba atómica en el Enola Gay y la consabida imagen del hongo atómico que destruyó Nagasaki en 1945 para pasar, posteriormente, a un panorama de destrucción y desolación a partir del 2° Acto de la obra, donde se resalta la extrema situación de pobreza y abandono en que vive la protagonista. También fue muy inteligente mostrar a un personaje como Goro con un brazo amputado en el 2° Acto, dando a entender que hubo quienes sufrieron secuelas graves como consecuencia de la bomba atómica. Esto se mantuvo durante el 3° Acto –donde Pinkerton regresa en compañía de su esposa y despoja a Butterfly de su pertenencia más preciada: el hijo de ambos-, lo que contribuyó aún más a acentuar el dramatismo que caracteriza el fatal desenlace de la geisha, quien se suicida mediante un harakiri con la espada que el Mikkado le legó oportunamente a su padre. Una magistral interpretación de músicos, cantantes principales y coro hizo el resto, mediante la estupenda caracterización de Carolina Siliguini, el vestuario de Alicia Gumá y la escenografía e iluminación de Rodrigo Parise.
            Se ofrecerá una representación más el 1° de Junio y el elenco estuvo integrado por los siguientes intérpretes: Marina Torres (Madame Butterfly- Cio Cio San), Patricio Saxton (Pinkerton), Ernesto Bauer/ Cristian Maldonado (Sharpless), Florencia Machado (Suzuki), Maico Hsiao (Goro), Enzo Romano (Comisionado Imperial/ Príncipe Yamadori), Román Modzelewski (Tío Bonzo), Vanina Guilledo (Kate Pinkerton), Leonardo Menna (Tío Yakusidé), Ximena Ibarrolaza (Madre de Cio Cio San), Susana Gómez (tía), Natalia Bereskyl (prima), Adriano Ricardes (Oficial de Registro), mientras que los niños Amadeo y Olivia Hsiao alternarán en el rol del hijo de Butterfly. Participaron la Orquesta Sinfónica y el Coro del Instituto Municipal de Música de Avellaneda, bajo la dirección de  Armando Garrido.
            Es bien conocida la capacidad de Ezequiel Fautario como director de orquesta, pero anoche puso más énfasis en la interpretación, sabiendo sacar a los músicos lo mejor de sí mismos para ponerlos al servicio de la obra. En una charla previa al estreno, esta cronista tuvo la oportunidad de hacerle un reportaje, donde le preguntó cuál iba a ser la característica principal de esta reposición, a lo cual, Fautario respondió con una sola palabra: DELICADEZA. Precisamente, dicha cualidad fue preponderante. Supo resaltar tanto los pasajes más dulces y exquisitos que compuso Puccini como las escenas de mayor y hondo dramatismo, de manera delicada y sutil. Logró excelentes matices en los pasajes más conocidos de la obra y un equilibrio sonoro perfecto, marcando las entradas de los diferentes instrumentos y del famoso coro “A boca chiusa” del final del 2° Acto con una precisión absoluta. También estuvo muy acertada la decisión de colocar al violinista Roberto Eliggi desde fuera de escena, para que su solo se escuchara con mayor amplitud y coincidiera con el Coro, mientras el resto de las cuerdas interpretaba el consabido pizzicato. Pero el momento de mayor intensidad fue durante la interpretación del aria de Butterfly del 2° Acto (“Il ritorna… Ancora m’ama!”), donde el público estalló en aplausos antes que la soprano terminara de cantarla y durante el tutti orquestal. La estupenda voz de Marina Torres y la excelente calidad de su interpretación en el rol protagónico formaron una conjunción perfecta entre solista y orquesta. Unido esto a la garra y euforia puestos por el director,  la magia de Puccini se hizo presente. También fue muy aplaudida en el aria más emblemática de la ópera (“Un bel di vedremo”), aunque demostró todo su profesionalismo dando vida a su personaje desde su entrada en escena (“Ancora un paso or via”), ofreciendo una tierna y graciosa geisha en el 1° Acto, que se transforma en una doliente esposa y madre durante el 2° Acto, hasta asistir a su degradación total en el 3°, donde sola, abandonada y desposeída de todo lo que ama, decide suicidarse. Y lo hizo con una maestría vocal y actoral estupendas.
            En cuanto al resto de los protagonistas, el tenor chileno Patricio Saxton ofreció una magnífica interpretación de Pinkerton, tanto desde el punto de vista vocal como actoral. Su gran caudal de voz le permitió alcanzar perfectamente las notas más agudas y se lució en el dúo de amor junto a Marina Torres (“Bimba, non piangere” hasta el bellísimo “Vogliatemi bene”), al igual que en el aria del 3° Acto (“Addio, fiorito asil de letizia e d’amore”). Ernesto Bauer tuvo una destacadísima actuación como Sharpless, al igual que Florencia Machado en el rol de Suzuki. Esta gran mezzosoprano posee la madurez vocal justa para encarnar este personaje, que se destaca por el color vocal –debe poseer un registro que abarca notas agudas, pero donde el dramatismo se acentúa aún más en las graves- y, además, por su capacidad actoral. Y lo sorteó sin ninguna dificultad, motivo por el cual se ganó la  ovación del público. Independientemente de poseer el  physique du rôle ideal para el personaje,  Maico Hsiao dio lugar a un muy buen Goro que -tal como se mencionó anteriormente- apareció como víctima de la explosión atómica en el 2° Acto. Su hijo Amadeo interpretó al hijo de Butterfly con un típico traje de marinero, lo que provocó la admiración y la ternura del público cuando su madre lo presenta ante Sharpless (“E questo? E questo?”). Muy buenas intervenciones de Román Modzelewski como el Tío Bonzo y de Enzo Romano como Yamadori, al igual que Vanina Guilledo como la esposa legítima de Pinkerton. Y el Coro estuvo muy bien caracterizado y preparado, merced a la dirección de Armando Garrido.
            Es una lástima que sean solamente dos funciones, porque esta producción da para mucho más. No sólo por su excelente nivel en todos los aspectos, sino también por la originalidad de la régiesseuse de ambientarla en el marco de la Segunda Guerra Mundial, lo que agregó un condimento más al choque de dos culturas. Esto demuestra que este clásico de Puccini es de una enorme actualidad por varias razones: no sólo porque puede representarse en distintas épocas, sino también porque pone de manifiesto un tema candente y actual, como es la violencia hacia la mujer. ¿Acaso el engaño mediante palabras de amor para aislar a una persona de su cultura y de su familia, para después abandonarla a su suerte,  no es sino una característica de la violencia de género?... Mucho más aún lo son la ilusión de la protagonista en contraposición a la indiferencia por parte de quien ama, al igual que el despojo y el abandono.  Y estos temas fueron recreados a la perfección. De ahí la enorme vigencia de Madame Butterfly, cuyo encanto radica en  la belleza de su música y  la psicología del personaje, que atrapa y deslumbra a la audiencia en cualquier parte