lunes, 13 de junio de 2022

 

Monumental concierto de música barroca a cargo del Ensamble FULMINI en el CCK

 

UNA MAESTRÍA EN EXQUISITEZ Y BUEN GUSTO

Martha CORA ELISEHT

 

Ciudad de Astengo, Echesortu y Casas;

Cuna del onorevole Benvenuto.

En ti se han fundido cuatrocientas razas;

Pero nunca ha salido un gringo bruto.

Sin lugar a duda, los versos del gran caseur Arturo Palenque Carreras definen a  Rosario como uno de los grandes epicentros de la cultura nacional. Cuna de numerosos artistas, pintores y escritores, es también la sede del Ensamble FULMINI de música barroca, creado hacia fines de 2012 y cuya misión consiste en la interpretación de la música antigua correspondiente al período barroco y clásico con instrumentos de época y docentes especializados en la materia.  Además, sus objetivos comprenden el estudio de la técnica correspondiente a cada instrumento de manera personal y particular y el trabajo de la música desde una perspectiva histórica. La mayoría de sus integrantes son muy jóvenes y no hace falta que emigren para especializarse en este tipo de música, porque luego de haberse capacitado debidamente en Europa, los docentes decidieron hacer escuela en su ciudad natal y de esta manera, formar a los músicos jóvenes. Los instrumentos que utilizan son réplicas de instrumentos antiguos (flauta dulce, flauta piccolo barroca, flauta de pan, oboe d’amore, oboe barroco -cuyo sonido es similar al clarinete-, clave e instrumentos de cuerdas usando cuerdas de tripa), lo que brinda una sonoridad especial, ya que la afinación es diferente de la de los instrumentos modernos (415 Hertz en vez de los característicos 440). Su repertorio está formado principalmente por obras barrocas, que abarca desde tríos hasta obras sinfónico-corales.

Con motivo de celebrar su décimo aniversario, la agrupación se presentó con un concierto en la Sala Sinfónica -Auditorio Nacional- del Centro Cultural Kirchner (CCK) el pasado domingo 12 del corriente. Sus integrantes son: Agustín Tamagno y Diego Nadra (oboes), María Eugenia Montalvo (flauta), Azul Chiavia (fagot), Gustavo Di Giannantonio y Nicolás Toneatto (violines), Lucas Soria (viola), Claudia Di Giannantonio (violoncello), Guillermo Properzi (contrabajo), Jorge Lavista (clave) y Juan Carlos Saez Kovacs (órgano) e interpretaron el siguiente repertorio:

-          “Les caracteres de la danse”- Jean Férry REBEL (1666-1747)

-          Suite de “The Fairy Queen”- Henry PURCELL (1659-1695)

-          Suite Burlesque- Georg Philipp TELEMANN (1681-1767)

Ante la consabida ausencia de programas de mano, el oboísta Agustín Tamagno ofició como presentador y destacó que las obras comprendidas en el repertorio se caracterizaron por ser tres suites que poco a poco, fueron despegándose de la danza y de los textos - motivos originales por los cuales fueron compuestas- para dar prioridad a la música.  En el caso particular de Les caracteres de la danse, Rebel hilvana 12 danzas de la época (Courante, Menuet, Bourée, Chaconne, Sarabande, Gigue, Rigaudon, Passepied, Gavotte, Sonate, Loure y Musette). Tras comenzar con un bello e inspirado Preludio, las danzas seleccionadas por este gran compositor barroco francés representan diferentes estados de ánimo. Curiosamente, Rebel inserta una sonata entre la Gavotte y la Loure para finalizar con otra sonata. La obra fue compuesta en 1715 y ambas sonatas están escritas en estilo italiano. Este tipo de composición ya permite entrever la separación de la música de la danza y fue ejecutada magistralmente con el empleo de instrumentos de época, que le dieron una sonoridad diferente. En el caso particular del oboe d’amore, éste suena como una trompeta barroca, mientras que el oboe barroco, como un clarinete. Todos los instrumentistas demostraron su experiencia y maestría a cargo de cada uno de sus instrumentos, pero le otorgaron exquisitez y buen gusto a cada una de sus interpretaciones. Por otra parte, el hecho de que el contrabajo usara cuerdas de tripa permitió -por momentos- que sonara como un segundo violoncello.

Tras el éxito alcanzado con su ópera Dido y Eneas, Henry Purcell compuso The Fairy Queen (La Reina de las Hadas) en 1692 como una opereta con un prólogo y 5 actos, basada en El sueño de una noche de verano de William Shakespeare. Acorde a la tradición inglesa de la opereta, sólo se podía incluir música en escenas de amor o donde hubiera personajes fantásticos. Purcell propuso que las antesalas de las escenas tuvieran música para que el espectador pudiera imaginar lo que no podía apreciar en escena. El ensamble interpretó algunos fragmentos de esta célebre obra (First music, Hornpipe, Second music, Rondeau, First act tune (Jig), Dance of the fairies, Third act tune: Hornpipe, Act V: Prelude, Monkeys dance y Chaconne), que fueron interpretados con un enfoque muy dinámico, con un fantástico contrapunto entre los tonos agudos y graves y una espléndida labor de todos los instrumentistas.

Georg Philipp Telemann ha sido el compositor más prolífico de toda la música: se estima que su producción abarcó más de 3000 obras, de las cuales sólo se pudieron recuperar 800, ya que muchas se han perdido. En el caso particular de la Suite Burlesque, se denomina así porque los números que integran la misma están inspirados en personajes de la Commedia dell’Arte (Scaramouche, Harlequinade, Colombine, Pierrot, Menuet 1 y Menuet 2, Mezzetin in turc). Tras una breve Obertura al estilo francés, Scaramouche está representado por una música en tono marcial, ya que era quien provocaba las peleas entre los personajes -de ahí deriva el término escaramuza-, mientras que Arlequín era acróbata y por lo tanto, representado por un Allegro vivace; Colombina se representa con una melodía dividida, que le otorga un carácter dulce y conciliador, mientras que el pizzicato en cuerdas es la característica de Pierrot. Telemann introduce un Menuet porque era su danza predilecta, pero lo transforma de tal manera, que cuando se quiere bailar, cambia el ritmo y todos los pasos. Por último, Mezzetin se representa con ritmo de una sarabanda alla turca, donde los oboes emulan el “hic” del borracho para cerrar la obra. Una magistral interpretación para finalizar el concierto.  Tanto gustó, que decidieron hacer como bis un número de otra suite de Telemann: “Los Turcos” de LES NATIONS (Las Naciones), que también reunió las características mencionadas anteriormente en cuanto a su interpretación.

Después de las afortunadas intervenciones de Nikolas Harnoncourt, Helmut Rilling y otros grandes músicos que insistieron que la música barroca debía tocarse con instrumentos originales de época, hubo un auténtico renacimiento de la música de este período, que permitió recuperar su belleza original. Es sorprendente ver que esta tendencia prendió fuerte en el interior del país, donde se crearon numerosas agrupaciones especialistas en música barroca con instrumentos de época. Y es otro auténtico placer poder apreciarlas periódicamente en Buenos Aires para rendir a la música antigua el homenaje que se merece. 

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