sábado, 4 de junio de 2022

 

Impecable actuación de Srba Dinič al frente de la Filarmónica

 

REFINADO, PRECISO Y SUTIL

Martha CORA ELISEHT

 

            Tal como se mencionó en la nota anterior sobre las características del presente Ciclo de Conciertos de la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires (OFBA), el mismo reúne a prestigiosos directores invitados. Esta vez fue el turno del serbio Srba Dinič, quien tuvo a su cargo la dirección del concierto correspondiente al pasado viernes 4 del corriente con la participación del flautista Claudio Barile como solista, en un programa integrado por las siguientes obras:

-          Obertura en Do mayor- Fanny MENDELSSOHN (1805-1847)

-          Concierto para flauta y orquesta en Re menor n° 2, Op.31- Franz DANZI (1763-1826)

-          Sinfonía n°4 en Do menor “Trágica”, D.417- Franz SCHUBERT (1797-1828)

Tras los consabidos anuncios y la correspondiente afinación de instrumentos, el concertino Pablo Saraví se dirigió al público munido de un micrófono para realizar algunos anuncios, hecho que sorprendió al público presente esa noche en el Colón. Entre otras cosas, aprovechó la ocasión para resaltar el trabajo de los músicos y brindar la despedida a dos integrantes de la orquesta que se han jubilado: el trombonista Manuel Campos y el violinista Alejandro Wajnerman. De paso, denunció algo que dejó atónita a la audiencia: es inconcebible que luego de prácticamente 40 años de carrera dentro del teatro, los que han formado parte de los Cuerpos Estables del Colón no puedan asistir más al teatro cuando se jubilen. Un hecho lamentable e inconcebible, deplorable y deleznable desde todo punto de vista.

Una vez que todos los músicos estuvieron en sus puestos, Srba Dinič hizo su presentación para dirigir la mencionada Obertura de concierto de Fanny Mendelssohn. La hermana del célebre compositor alemán no sólo ha sido una excelente pianista, sino además una compositora que escribió numerosa música de cámara, oratorios y cantatas. No era usual en aquel entonces que una mujer se dedicara plenamente a la música, pero Fanny sí lo hizo, desobedeciendo el mandato paterno y con el apoyo de su esposo -el pintor Wilhelm Hensel-. Fue compuesta entre 1830 y 1832 para ser interpretada en una serie de veladas matutinas que tenían lugar en casa de los Mendelssohn cada domingo (Sonntagmusiken) y es la única obra que compuso para gran orquesta. Dura sólo 10 minutos, pero posee una rica y profusa orquestación, con pasajes para los vientos y las cuerdas por separado de innegable belleza. Posteriormente, cayó en el olvido hasta que por iniciativa de Judith Rosen -integrante de la Junta de la Filarmónica de Mujeres en San Francisco- se pudo reconstruir la partitura y salió de su ostracismo en 1992. Dinič ofreció una versión que se caracterizó por ser muy precisa, refinada y sutil, donde todos los solistas de los diferentes bloques de instrumentos pudieron lucirse.

En su época, el alemán Franz Danzi fue tan popular como Mozart y Haydn y su música cabalga entre el clasicismo tardío y el romanticismo temprano. Una de las características de sus composiciones es que permite siempre el lucimiento del instrumento solista en un claro ejemplo de virtuosismo, pero a la vez, logrando un todo mediante una perfecta y equilibrada combinación entre el instrumento solista y la orquesta. Además de sus célebres quintetos para vientos, compuso 4 conciertos para flauta y orquesta, de los cuales el Concierto n°2 en Re menor data de 1806 y consta de 3 movimientos: Allegro/Larghetto non troppo/ Polacca, que fueron ejecutados con sutileza, maestría y precisión por Claudio Barile y Srba Dinič. Si se le suma el hecho que Barile lo tocó de memoria, fue un valor agregado a la maestría de este gran intérprete, que dio sobradas muestras de virtuosismo en el Allegro inicial, en el Larghetto central -donde hubo un excelente contrapunto con fagot y corno, con las destacadas actuaciones de William Thomas Genz y Martcho Mavrov respectivamente- y en la Polacca final, donde la flauta posee pasajes caracterizados por trinos, arpegios y arabescos de difícil resolución. Al finalizar, el público estalló en aplausos y Barile tomó el micrófono para dedicar el concierto a la memoria de su maestro -Domingo Rullo-, a su madre y a los músicos que se jubilaron. Y decidió ejecutar un bis: El sueño de la cabra de Arthur Honegger (composición poco conocida por estas latitudes), donde volvió a dar muestra de su maestría y musicalidad y se retiró ovacionado.

La Sinfonía n°4 en Do menor (“Trágica”) fue compuesta por Schubert cuando tenía tan sólo 19 años en 1816 y es la primera de sus sinfonías en tono menor. No es que sea una obra de carácter trágico en sí misma, sino que dicho mote surgió de la concepción beethoveniana. Sus 4 movimientos (Adagio molto- Allegro vivace/ Andante/ Menuetto- Allegretto vivace/ Allegro) poseen cierto carácter melancólico al inicio, pero luego se torna netamente romántica, de gran belleza cromática. La última vez que se interpretó en 2019 dentro del ciclo de Abono de la Filarmónica no tuvo una buena repercusión; por lo tanto, Srba Dinič la reivindicó mediante una versión que no sólo reunió las características del título de esta nota, sino que además enfatizó los pasajes más melancólicos y los más románticos mediante una impresionante marcación y equilibrio sonoro. La Filarmónica brilló como pocas veces y luego de los aplausos, el director hizo pasar a Campos al escenario para reunirse con Wajnerman, mientras los lacayos les ofrecieron los correspondientes ramos de flores y el público, sus aplausos.

A propósito de los anuncios sobre apagar los teléfonos celulares y colocarse el barbijo en virtud de las disposiciones sanitarias vigentes, ¡no sería bueno colocar un anuncio rogando a la gente que no aplauda entre movimientos?... No sólo desconcentra a los músicos, sino que también demuestra una tremenda falta de educación por parte del público que quizás -en muchos casos- asiste por primera vez a una sala de conciertos. Basta sólo con grabar un anuncio explicando los motivos y de paso, se prepara y se forma al público. Educar al soberano también es forjar el futuro.    

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