viernes, 17 de junio de 2022

 

Tres chilenos en triunfales direcciones…

                                                                                        Por Jaime Torres Gómez

 

Ha sido asombroso el nivel de recuperación de la actividad musical en pandemia, pudiendo asistirse a una apreciable cantidad de presentaciones en diversas instituciones.

 

Lo anterior no ha dado espacio para consignar todo lo visto, y de ahí la tardanza en publicar las críticas… dando cuenta de un saludable estado de normalización de las actividades, amén de contemplarse propuestas con mayor valor agregado ante la creciente concurrencia de un público cautivo allende los avatares pandémicos…

 

Dentro de lo presenciado, es menester destacar tres relevantes presentaciones a cargo de jóvenes y talentosos directores nacionales con circulación internacional, como Paolo Bortolameolli, Luis Toro Araya y Lautaro Mura.

 

En el caso de Paolo Bortolameolli, de importante internacionalidad como Residente de la prestigiosa Filarmónica de Los Ángeles más relevantes actuaciones de invitado con orquestas de rango mundial, recientemente se le vio como flamante Titular de la Sinfónica Nacional Juvenil luego de un importante titularato de Maximiano Valdés, y debutando con un deslumbrante concierto realizado en la magnífica sala de Corpartes, de privilegiadas condiciones acústicas y actualmente facilitada a esta agrupación para el desarrollo de su temporada.

 

Esta presentación en sí constituyó un multivariado hito, en cuanto confluyeron varios elementos como el debut de un renovado orgánico de músicos -prácticamente en su totalidad-, asimismo la presencia de las nuevas autoridades de la Fundación de Orquestas Juveniles e Infantiles (Foji), encabezadas por la actual Primera Dama de la Nación junto al nuevo Director Ejecutivo, el destacado compositor nacional Miguel Farías, y musicalmente, como relevante hito, el estreno mundial del Concierto para Piano de Jorge Peña Hen, emblemática figura de la música nacional asesinado en 1973…, proyecto postergado tras el estallido social y luego por la pandemia.

 

Tratándose de una obra de juventud dedicada a su futura esposa, se aprecia una exploración de una variopinta estética, signada por un eclecticismo post romántico de atractivos giros modernistas con influencias de Paul Hindemith, Max Reger, y algo de Arthur Honneger, Sergej Rachmaninoff e incluso del chileno Domingo Santa-Cruz (en el tratamiento del contrapunto).

 

No obstante disponer de una idiomática escritura pianística más un buen manejo de la orquestación, su relato a ratos se torna divagatorio (especialmente el tercer movimiento) e incluso prosopopéyico, amén de un manejo ineficiente de la economía discursiva (innecesariamente largo…). Así, disponiendo de méritos para incorporarlo con relativa jerarquía a la literatura de piano y orquesta chilena, empero no llega a las cimas de los conciertos de Enrique Soro, Gustavo Becerra, Alfonso Leng, Alfonso Letelier, Domingo Santa-Cruz, Juan Orrego Salas y Juan Allende-Blin

 

Excelente cometido de la destacada pianista rusa radicada en Chile Svetlana Kotova -fundamental en el rescate de esta obra-, obteniendo precisa digitación y soberbio manejo de los planos sonoros. Y la alada labor de concertación de Bortolameolli, del mayor encomio en ajuste grupal y calidad de sonido.

 

Luego, en la segunda parte, se presenció una atrapante versión de las Suites 1 y 2 del ballet El Sombrero de 3 Picos” de Manuel de Falla, donde Bortolameolli se mostró soberanamente idiomático, auscultando toda la frescura emanada de la propia partitura. Grandes logros en colores, timbres, transparencias y neurálgico pulso, obteniendo de los jóvenes músicos una entrega de contagiosa vitalidad y excelencia global, dando cuenta de un revitalizado liderazgo de continuidad al reconocido trabajo formativo por décadas.

 

Por su parte, el concierto de la Orquesta de Cámara de Chile, organizado por la Corporación Cultural de Las Condes y realizado en un grato espacio contiguo de la Parroquia San Vicente Ferrer, estuvo deslumbrantemente dirigido por Luis Toro Araya, multipremiado maestro chileno en relevantes concursos internacionales. Dentro de su ascendente carrera, hoy ostenta el cargo de Director Asistente de la prestigiosa Orquesta Nacional de España, posición ganada en un concurso internacional ante varias decenas de postulantes.

 

Abrió con una notable versión de la Obertura Coriolano, de L.V. Beethoven, exhibiendo completo dominio de la obra. Idiomáticos logros en carácter (de trágicos tintes), contrastes temáticos (calibrados fortes y delicados pianissimi) y certeras exposiciones globales. Fabulosa respuesta de los camaristas chilenos ante los autorizados requerimientos de la joven y talentosa batuta.

 

Posteriormente, con radical giro programático, una impactante entrega del Divertimento para Cuerdas de Béla Bartók, obra de extremadas dificultades técnicas (como toda la producción bartokiana…). Con irreprochable idiomatismo, Toro Araya hilvanó un discurso interpretativo sin sinuosidades, obteniendo una respuesta de completa adherencia de los camaristas nacionales. Notable trabajo de articulaciones, transparencias, planos sonoros y matizaciones. Grandes logros de conjunto e individuales, especialmente los solos del concertino, Hernán Muñoz.

 

Como última obra, una versión de importantes logros de la Sinfonía N° 59 (“Feuer”, “Fuego”) de F.J. Haydn. Siendo una obra de magnética expresividad, a lo largo de sus cuatro movimientos existe una atractiva variedad de contrastes que en su conjunto proveen una progresiva linealidad auditiva. Notables aciertos en carácter y estilo, asimismo un artesanado trabajo de texturas y dinámicas, elementos de elocuentes méritos para calibrar el talento de un emergente talento nacional de la dirección de orquesta, esperando se le pueda ver prontamente en mayores colaboraciones con más orquestas del país.

 

Finalmente, una importante presentación de la Orquesta Clásica de la USACH dirigida por Lautaro Mura. Este talentoso director, al igual que Paolo Bortolameolli, ha sido formado por David del Pino Klinge, complementando luego sus estudios en Alemania, país donde actualmente reside, y donde está vinculado principalmente a ensembles de música contemporánea.  

 

Por su parte, la labor de la Orquesta de la USACH -injustamente, a veces-, no ha tenido una ideal cobertura mediática, circunscribiéndose (quizás, en exceso…) a un ámbito universitario sin mayor visibilidad nacional, máxime al tratarse de una agrupación de excelencia… esperándose pueda ampliarse su alcance geográfico en lo pronto.     

 

Con un atractivo programa clásico-romántico que incluyó el Idilio de Sigfrido de R. Wagner y la Cuarta Sinfonía de L.V. Beethoven, constituyó una inmejorable plataforma para apreciar la musicalidad de Lautaro Mura, dando muestras de una solvente formación artística y técnica.

 

En el caso del Idilio wagneriano, si bien al inicio se dio un espesor sonoro algo grueso más cierto desbalance entre las voces instrumentales, a poco andar hubo una debida amalgama perfectamente correlacionada al certero discurso interpretativo del maestro Mura, con inteligente adopción de tempi, transparencias y empáticas resoluciones de carácter.   

 

Y con una gran versión de la Cuarta beethoveniana se puso término a esta solidísima jornada de la Orquesta USACH, que por años ha brindado importantes aportes a la difusión de atractivos repertorios y a buenos niveles de entrega. Grandes logros en claridad y linealidad discursiva, desde un hipnótico logro de lo  misterioso discurrido en la primera sección del primer movimiento (notable la entrada dada al primer acorde) más una vitalidad irrefrenable en los desarrollos posteriores en toda la obra, signado de hermosos fraseos, soberbio manejo de las dinámicas, contrastes y balances, amén de una respuesta con extraordinario sentido de ensemble de toda la orquesta. Un triunfo artístico superior     

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