miércoles, 29 de junio de 2022

 

EL REENCUENTRO CON LOS SONIDOS QUE VIENEN DESDE LEJOS

 

Mozarteum Argentino, temporada 2021/22. Presentación de la Orchestre Philarmonie Royal de Liège (Bélgica). Director: Gergely Madaras. Solista: Nicolay Lugansky (Piano). Programa: Obras de Lekeu, Chopin y Brahms. Teatro Colón, 27/06/22.

 

NUESTRA OPINION: EXCELENTE.

 

 Tras casi tres años, forzados por las consabidas razones y en un contexto económico muy comprometido, el Mozarteum Argentino, fiel a su compromiso con sus Asociados y Abonados ha mantenido su tradición y como tantas otras veces en los ciclos económicos más desfavorables para Ntro. País, ha logrado presentar a una agrupación sinfónica extranjera de notable nivel como lo ha sido en esta oportunidad la Orchestre Phlilarmonique Royal de Liêge, la que ha llegado  al escenario de Ntro. primer Coliseo con la conducción de su titular, el joven Mtro. Húngaro Gergely Madaras y junto a ellos un excepcional solista como lo fue el pianista ruso Nicolay Lugansky abordando un programa con dos obras centrales que no por conocidas no sean un desafío ya que justamente de haber existido deslices quedan todos los interpretes expuestos ante el público. Sea por el retorno de orquestas extranjeras al escenario del Colón, como por la oportunidad de escuchar a un solista de primerísimo orden o por volver a escuchar el sonido mate típico de los conjuntos europeos, este concierto habrá justamente de quedar en el recuerdo porque han vuelto a resonar entre Ntros. expresiones de excelencia.

 

  En el comienzo, la agrupación visitante abordó una obra de un compositor de su país, en este caso Guillaume Lekeu, quien vivió tan solo 24 años, discípulo de Cesar Franck y de Vincent D’Indy. Se pudo escuchar “Las Flores Pálidas de la Memoria” una composición concebida para cuarteto orquestal de cuerdas que data aproximadamente de 1891 y del que se presume que ha sido un homenaje a la memoria de Franck, su primer maestro fallecido meses antes. Es una obra de notable factura, música densa, por momentos melancólica, con solos reservados a Violín, Viola y Violonchelo, donde luego de una primera sección “pesante” casi por completo da paso a un segundo tema más vibrante para luego retomar el discurso lúgubre con el que dio comienzo. Madaras ofreció una versión intensa en donde se pudo apreciar el sonido mórbido y homogéneo típicamente europeo de las cuerdas, frente a un público que por momentos hizo sentir alguna incomodidad con las clásicas toses. Sin embargo con  el contexto de reaparecer tras la pandemia, sumado a la actual tensión bélica en la Europa del este con sus secuelas de muerte y destrucción  para ambos casos, ha sido un acierto la inclusión en el programa, aun cuando a muchos no les guste reflexionar sobre todo lo vivido y lo que se esta viviendo.  

 

  Con un orgánico más completo, pudo apreciarse luego la que haya sido la versión más homogénea entre Orquesta, Solista y Director del Concierto Nº 1 en mi menor de Friederic Chopin que se recuerde en mucho tiempo, en el que Nicolay Lugansky descolló como formidable solista. En el comienzo lució el conjunto abordando la introducción completa con un vuelo interpretativo notable a partir de las indicaciones de Madaras. Pocas veces se escuchó una interpretación así de este fragmento para que la versión crezca aún más a partir de la entrada del solista con un formidable entendimiento  y perfecta conexión. Lugansky es un intérprete exquisito. Posee una formidable sonoridad, adopta tiempos muy personales los que son absolutamente valederos, muy seguro en la digitación y llega al fondo de la obra como pocos. Al extenso movimiento inicial se sumó una descollante interpretación del segundo movimiento en donde el lirismo surgió en toda su expresión y en donde Lugansky recreó el clima exacto para que la concurrencia quede en cerrado silencio. Finalmente con un rotundo movimiento de cierre en donde se repitieron todas las características antes señaladas, se escuchó una de las más grandes ovaciones que en materia de conciertos sinfónicos hacía mucho tiempo que no se verificaba, prueba de todo lo que expuse líneas más arriba. Ante semejante reacción e incluso a pedido del Director (Que siguió desde los atriles del fondo del escenario lo que ocurría) y de los propios músicos, Lugansky retribuyó con una magnífica y arrolladora versión del Preludio Nº 5 del Op. 23 de Serguei Rachmaninoff en donde mostró su autoridad, su perfección interpretativa y su fuerte personalidad.

 

  En la parte final, Madaras y la Orquesta ofrecieron una muy interesante versión de la Sinfonía Nº 2  en Re mayor, Op. 73 de Johannes Brahms, la que si bien es ámpliamente conocida, aquí tuvo momentos de sumo interés. Madaras transmite al conjunto desde la forma en que empuña la batuta. No es simplemente una guía, ni marca y nada más. Forma parte de su gestualidad, por lo tanto hacia donde llega la extensión hacia allí van los músicos y entonces nos encontramos con realce de frases, instantes de sumo refinamiento, dejar hacer a los solistas como por ejemplo Corno, Oboe, Flauta y Clarinete, hasta llegar a un movimiento de cierre pleno de belleza sonora. Ha sido una verdadera revelación la presencia de este muy buen maestro húngaro en este ciclo del que comenzaremos a seguir su trayectoria con detenimiento.

 

  No podía faltar un bis y aquí se conjugaron Brahms, el conjunto y las raíces del conductor: Una exquisita versión de la Danza Húngara Nº 5 con una transparencia de sonido pocas veces lograda.  Habrá sido muchas veces abordada, solo que aquí fue “de paladar negro”.

 

Donato Decina

                                                                                                                         

 

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario