sábado, 5 de noviembre de 2022

 

Excepcional cierre del Festival CHOPINIANA por Rafal Łuszczweski en el Palacio Paz

 

UNA LECCIÓN DE PUREZA Y VIRTUOSISMO SONORO

Martha CORA ELISEHT

 

            Como no podía ser de otra manera, el concierto de cierre del Festival CHOPINIANA tenía que estar a cargo de un intérprete de suma jerarquía. Esta vez, la responsabilidad cayó sobre el pianista polaco Rafal -Raphael- Łuszczweski, quien ofreció el pasado miércoles 2 del corriente el mencionado recital de clausura de dicha entidad en el Salón Nicolás Levalle del Palacio Paz, quien contó con el auspicio de la Embajada de Polonia en Buenos Aires y la presencia de la Embajadora de dicho país, al igual que con autoridades de la Fundación que preside Martha Noguera -quien tuvo a su cargo las palabras de cierre-, el encargado militar de España en Argentina y el encargado de Cultura del círculo Militar -Coronel Castiglione- entre otros.   

            El programa estuvo integrado por las siguientes obras:

-          Suite “De la época de Holberg”- Edvard H. GRIEG (1843-1907)

-          Chaconne- Johann S. BACH (1685-1750) (transcripción para piano de Ferruccio BUSONI (1866-1924))

-          Dos paráfrasis sobre canciones (Lieder)- Robert SCHUMANN (1810-1856)

                                                                   Franz LISZT (1811-1886)

-          Berceuse, Op.57

-          Barcarola, Op.60- Frederic CHOPIN (1810-1849)

-          Concierto de Varsovia (transcripción para piano solo- arreglo de Rafal Łuszczweski)- Richard ADDINSELL (1904-1977)

Para el presente recital se utilizó un piano Bruckner de 2,20 metros de largo, que resultó una decisión muy acertada para lograr un sonido puro, prístino, que junto con la deslumbrante digitación, pulsación y virtuosismo de este eximio pianista polaco fueron las principales características del concierto. Independientemente de sus virtudes como pianista, Łuszczweski sorprendió al público con explicaciones y breve reseña sobre las obras en un perfecto y fluido castellano. En un viaje relámpago que duró sólo 48 horas, el intérprete brindó un masterclass y se bajó del avión para dirigirse inmediatamente al Palacio Paz y ensayar el concierto. Al día posterior al evento debía retornar a Varsovia para cumplir con sus compromisos artísticos. Una cabal demostración de profesionalismo, que quedó plasmada desde los primeros compases de la versión original para piano de la célebre Suite Holberg de Grieg, donde se lo vio sumamente concentrado, preciso y seguro, con un perfecto dominio de los tempi y una soberbia interpretación de los halling y springar que forman parte de esta obra. Lo mismo sucedió con la monumental transcripción de Ferruccio Busoni sobre la Chaconne de la Partita en Re menor para violín de Bach, donde Łuszczweski volvió a sorprender con su prodigiosa digitación y la potencia de su pulsación en una colosal serie de escalas ascendentes y descendentes, lo cual logró que, en vez de sonar típicamente barroco, fuera mucho más romántico. Y por sobre todas las cosas, apasionado. La ovación fue total tras su interpretación.

La segunda parte del recital abrió con dos transcripciones de Franz Liszt sobre  lieder de Schumann: Noche de Primavera y Canción de Amor, que no sólo sonaron sumamente bellas y románticas, sino también sumamente precisas. El polaco volvió a deslumbrar en las cadencias, arpegios, tresillos y otros elementos de técnica pianística en estas piezas para pasar a uno de los platos fuertes de la noche: la célebre Berceuse en Re bemol mayor, Op.57, que fuera compuesta en 1844 y que ha sido llevada al disco en numerosas grabaciones -la más célebre, la de Arthur Rubinstein- y que sonó auténticamente chopiniana. El hecho de ser polaco influye -y mucho- en la interpretación de la obra de Chopin. Y si bien la Berceuse corresponde a la etapa francesa del compositor, no por ello deja de tener las características particulares de su música. De la misma época es la Barcarola en Fa sostenido mayor, Op.60 (1845-46), que sonó auténticamente chopiniana. Tras los aplausos y vítores, Rafal Łuszczweski volvió a tomar el micrófono para explicar la historia del célebre Concierto de Varsovia de Richard Addinsell, compuesto en 1942 como música de fondo para la película Dangerous Moonlight (Vuelo suicida), que narra la historia de un pianista polaco y piloto de aviación que se alista en la Royal Air Force para defender a su patria junto a las tropas aliadas durante la Segunda Guerra Mundial. Los productores del film le solicitaron originalmente la composición de la música a Sergei Rachmaninov, pero éste se negó. Por lo tanto, recurrieron al compositor británico -cuya obra comprende casi exclusivamente música para películas- y le impusieron una condición: debía sonar similar a Rachmaninov. Addinsell compuso la melodía y Roy Douglas, la orquestación. El resultado fue un éxito rotundo, que vendió nada más ni nada menos que tres millones de copias en todo el mundo. En este caso, Łuszczweski ofreció un arreglo para piano de su autoría, que sonó de manera romántica y precisa, además de ser un placer y una exquisitez para los oídos. Un ejemplo magnífico de virtuosismo, que se vio coronado por un estallido de aplausos, que motivó al pianista a ofrecer una monumental versión del celebérrimo Estudio n°12 en Do menor (“Revolucionario”) de Chopin, que sonó auténticamente patriótico. El pianista explicó que el 11 de Noviembre próximo se festeja el día de la independencia en Polonia y, por lo tanto, nada mejor que una pieza que demuestre el patriotismo y el amor que Chopin sentía por su tierra natal, de la cual tuvo que emigrar para preservar su vida y a la que nunca olvidó. El auditorio volvió a estallar en aplausos y ofreció una de las Baladas de Chopin para dar un cierre definitivo al recital y al Festival. Posteriormente, Martha Noguera agradeció la presencia del público e invitó a participar del brindis de clausura.

El cierre de CHOPINIANA 2022 va a ser recordado como uno de los grandes eventos del año. Para el año próximo, se espera contar con intérpretes de altísimo nivel para brindar una auténtica demostración de virtuosismo. Rafal Łuszczweski lo es y una espera que retorne más seguido a la Argentina para volver a deleitar al público con la pureza de su sonido y la jerarquía de sus interpretaciones.

 

 

 

 

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