viernes, 17 de marzo de 2023

 

Excelente apertura del Ciclo de conciertos de la Sinfónica Nacional en el CCK

 

Y A SUS PLANTAS, RENDIDO UN LEÓN

Martha CORA ELISEHT

 

            No es casual que esta cronista haya elegido uno de los versos más hermosos de las estrofas del Himno Nacional Argentino -que lamentablemente, no se canta en la actualidad- para titular esta nota, que refleja fielmente lo que sucedió en el concierto de apertura del ciclo 2023 de la Orquesta Sinfónica Nacional, que tuvo lugar en la Sala Sinfónica -Auditorio Nacional- del Centro Cultural Kirchner (CCK) el pasado 15 del corriente, bajo la dirección de Mariano Chiacchiarini y con la participación de Antonio Formaro como solista, quienes ofrecieron el siguiente programa:

-          Variaciones para orquesta- Gerardo GANDINI (1936-2013)

-          Concierto n°2 para piano y orquesta en Sol menor, Op.22- Camille SAINT- SAËNS (1835-1921) 

-          Variaciones “Enigma”- Sir Edward ELGAR (1857-1934)

Ante una sala prácticamente llena, la Sinfónica Nacional fue ampliamente aplaudida tras ingresar al escenario de la mano de su concertino Gustavo Mulé, donde se la oyó muy afiatada y con un sonido muy sólido luego de la tradicional afinación de instrumentos. Acto seguido, Mariano Chiaccharini anunció las obras provisto de un micrófono, ya que la consabida ausencia de programas de mano parece haberse instalado definitivamente post pandemia. Asimismo, rogó al público apagar sus celulares para evitar molestias.

La primera de las obras comprendidas en el programa fue compuesta por Gerardo Gandini en 1962 y fue estrenada por la Orquesta Sinfónica de Buffalo en 1965 durante el Interamerican Music Festival de Washington. Recibió también el premio Municipal de Música de Buenos Aires en ese mismo año y posee una orquestación profusa (cuerdas, arpa, piano, percusión, timbales, celesta, xilofón, glockenspiel y vibrafón). Se considera una de las obras más tempranas del mencionado compositor -del cual, se cumplen 10 años de su muerte durante el corriente año- y la versión ofrecida durante el presente concierto fue muy interesante, con buen equilibrio sonoro en los numerosos contrapuntos ofrecidos por las diferentes secciones de instrumentos, creando un clima de misterio y suspenso. Un digno homenaje a quien fuera pianista de la Sinfónica Nacional, Director Musical de la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires y del Teatro Colón, entre otros cargos.

De los 5 conciertos para piano y orquesta compuestos por Saint- Saëns, el n°2 en Sol menor, Op.22 es el más conocido. Fue compuesto en 1868 y si bien consta de los tres movimientos clásicos (Andante sostenuto/ Allegro scherzando/ Presto), exhibe mucha más libertad en la elección de los tempi. Es uno de los conciertos más difíciles para dicho instrumento por la complejidad de su técnica, la diversidad de tempi ya descripta y por las monumentales cadencias que posee el 1° movimiento, que permiten el lucimiento del solista. No pareció tener dificultad alguna para un pianista de los quilates de Antonio Formaro, quien no sólo lo ejecutó de memoria, sino que demostró su virtuosismo en la cadencia inicial con elegancia e ímpetu. Por su parte, el acompañamiento de la orquesta fue perfecto desde el tutti luego de la primera cadencia hasta pasar a la segunda, logrando un poderoso equilibrio sonoro. que se mantuvo luego de la recapitulación por parte del solista y la orquesta hasta el final. En el 2° movimiento (Allegro scherzando), el solista tuvo una perfecta resolución no sólo de los tempi, sino también de los arpegios y arabescos in crescendo, al igual que los trinos. Formaro brindó una versión sublime, que sonó magistralmente hasta desembocar en el vibrante Presto final, donde el solista debe afrontar pasajes de extrema dificultad técnica.  No sólo salió airoso de tamaño desafío, sino que logró el aplauso unánime por parte del numeroso público que se dio cita esa noche en la Sala Sinfónica. En un sinfín de numerosos aplausos y vítores, el público se puso de pie para ovacionarlo y cayó rendido a los pies de la dupla Formaro- Chiacchiarini.

Las Variaciones sobre un tema original para orquesta, Op.36 -conocidas universalmente como Variaciones Enigma – fueron compuestas como un ejercicio orquestal en 1898. Al escucharlas, la esposa de Edward Elgar se sintió atraída por la melodía y le pidió que las repitiera. Entonces, comenzó a realizar variaciones dedicadas no solamente a su esposa, sino también a sus amigos a manera de retratos musicales. Fueron estrenadas en Londres en 1899 y comprende 14 variaciones sobre un tema oculto, que nunca es tocado. Pese a que el compositor dejó numerosas pistas, nunca fueron resueltas hasta su deceso. De ahí el nombre de “Enigma”. La versión ofrecida por Mariano Chiacchiarini al frente de la Sinfónica sonó sumamente armónica y profunda desde su inicio, con un perfecto lucimiento de los solistas a medida que iban transcurriendo las melodías de las diferentes variaciones, destacándose el concertino Gustavo Mulé, el violista Félix Peroni, el timbalista Gilberto Ayala y los solistas de maderas y metales. La música llegó a su clímax en la celebérrima NIMROD, donde se destacaron los pizzicatos de los cellos y las cadencias de todos los instrumentos. El desempeño de Chiacchiarini en el podio fue excelente y la pieza culminó con un final vibrante y un sonido prístino.

Si bien no se suelen ofrecer bises al finalizar los conciertos, en este caso se hizo una excepción con otra pieza célebre de Elgar: Salut d’amour, que fuera compuesta como regalo de aniversario de casamiento para su esposa. Otra muy buena versión de la Sinfónica al frente de tan deliciosa pieza y otra nueva ovación de aplausos.

En cierta ocasión, el pintor francés Eugène Delacroix manifestó que “la música es la voluptuosidad del espíritu”.  Una frase que sintetiza perfectamente la excelente apertura de un ciclo de conciertos que promete ser muy auspicioso e intenso.  

martes, 14 de marzo de 2023

 

"El Tercero en Discordia" 

La Scala de San Telmo

Sábado 11 de marzo de 2023

Escribe: Graciela Morgenstern

 

"El tercero en Discordia"

Intérpretes:

Ma Luisa Merino Ronda (mezzosoprano)

Rocìo Giordano (soprano)

Sergio Spina (tenor)

Eduviges Picone (piano)

Programa:

C Saint-Saëns: "Samson y Dalila": "Mon coeur ..."

G. Rossini: "La Serenata"

F. Lehar: "Giuditta": "Meine Lippen"

G. Verdi: "La Traviata": "Parigi o cara"

F. P. Tosti: "Ideale"

W. A. Mozart: "Così fan tutte": "Prendero quel brunettino"

P. Mascagni: "Cavalleria Rusticana": "Voi lo sapete o mamma"

S. Cardillo: "Core 'ngrato"

S. Gastaldon: "Musica proibita"

L. Arditi: "Il bacio"

F. Cilea: "L' Arlesiana": "Lamento di Federico"

 

En la tórrida tarde del sábado, en La Scala de San Telmo, se presentó un espectáculo muy agradable a cargo de la mezzo soprano María Luisa Merino Ronda, la soprano Rocío Giordano y el tenor Sergio Spina, acompañados al piano por la Maestra Eduviges Picone.

El título "El tercero en discordia", anunciaba un conflicto, que se basaba en cuál sería la preferencia: la ópera o la canzonetta. Con un programa equilibrado entre ambos géneros, se fue desenvolviendo la trama entre arias, dúos y canciones.

Todos los integrantes del elenco pudieron lucir sus habilidades. Rocío Giordano aportó la naturalidad de su canto, impecable coloratura y gracia interpretativa. Esto se evidenció especialmente en "Meine Lippen", que acompañó con unos pasos de danza española y en "Il bacio", que vertió con desenvoltura.

María Luisa Merino Ronda otorgó hondura dramática a sus arias más trágicas, como "Voi lo sapete o mamma" y sensualidad a "Mon coeur ...". Como ella mismo lo dijo "Las arias para mezzo son más pesadas". Exhibió facilidad para la zona aguda en la que se prodigó con generosidad.

Sergio Spina, como es ya bien conocido en él, dio a través de la rica gama de matices que utilizó, significado a cada frase de cada obra. Un verdadero caballero del decir, con quien cada partitura cobra un significado especial. Su  "Core 'ngrato" y "Lamento di Federico" fueron especialmente sentidas y conmovedoras.

Al piano, el excelente acompañamiento de Eduviges Picone, pianista que realizó el trabajo óptimo, sin quiebras, al que ya nos tiene acostumbrados.

Hubo dos instancias en las que el público pudo elegir las obras a interpretar. Una de ellas fue al finalizar el espectáculo, cuando el trío cantó "Nons ti scordar di me".

En la bochornosa tarde de ese día, un aire fresco parecía recorrer la sala. Arias o canciones? Era la música que triunfaba.

 

CALIFICACION: Muy bueno

 

 

 

 

lunes, 13 de marzo de 2023

 

Muy buena presentación de EL TERCERO EN DISCORDIA en la Scala de San Telmo

 

EL DELICADO EQUILIBRIO DEL TRIÁNGULO

Martha CORA ELISEHT

 

            Se dice que hay que en la vida hay que evitar tres figuras geométricas conflictivas e innecesarias: los círculos viciosos, las mentes cuadradas y los triángulos amorosos. Sin embargo, no parece ser el caso de EL TERCERO EN DISCORDIA (espectáculo de poliamor lírico, según definición de sus protagonistas), cuya presentación tuvo lugar el pasado sábado 11 del corriente en La Scala de San Telmo, con la participación de los siguientes cantantes: Rocío Giordano (soprano), María Luisa Merino Ronda (mezzosoprano) y Sergio Spina (tenor), acompañados al piano por Eduviges Piccone.

            Dicho espectáculo estuvo compuesto por una serie de arias románticas de ópera, opereta, canciones de cámara y canzonettas napolitanas hilvanadas mediante una serie de diálogos entre los protagonistas. La elección del repertorio fue muy acertada, basada mayoritariamente en lo italiano y llevada a muy buenos términos por parte del trío de cantantes y el excelente acompañamiento de Eduviges Piccone. Y lo bueno que también tuvo fue, precisamente, evitar caer en el repertorio habitual y redundante. De hecho, quien abrió el juego fue María Luisa Merino Ronda con “Mon coeur s’ouvre à ta voix” de SANSÓN Y DALILA, ejecutada de manera exquisita e impecable. Seguidamente, cantó junto a Sergio Spina “La Serenata” de Rossini, con muy buen lucimiento vocal. Rocío Giordano deslumbró en la célebre “Meine Lippen, sie küssen so heit” de GUIDITTA, de Franz Léhar e hizo gala de sus dotes de soprano ligera interpretando junto a Sergio Spina el célebre duetto “Pariggi, o cara” de LA TRAVIATA. El tenor se lució con una bellísima interpretación de Ideale de Paolo Tosti, mientras que Merino Ronda y Giordano cerraron esta primera parte del recital con una muy buena versión de“Prendero qual brunettino” de COSI FAN TUTTE.

            Tras una breve pausa, el juego entre los protagonistas y la pianista siguió acerca de si entonaban arias de ópera o canzonettas. La ópera ganó el round y dio paso a la célebre aria de Santuzza “Voi ió sapete, o mamma” de CAVALLERIA RUSTICANA. En el caso particular de quien escribe, era la primera vez que una escuchaba a María Luisa Merino Ronda interpretar esta aria y salió airosa del desafío. Sin embargo, la canzonetta tuvo su lugar con Core ‘ngrato de Salvatore Cardillo con una gran interpretación de Sergio Spina, quien volvió a formar dúo con la mezzosoprano chilena para brindar una exquisita versión de Música proibita, de Ettore Campogilliani. Tras los aplausos, Rocío Giordano dejó elegir al público entre dos melodías, donde triunfó por mayoría Il Baccio de Arditti, ofreciendo una versión donde derrochó frescura y simpatía. Seguidamente, Sergio Spina eligió el bellísimo Lamento de Federico de L’ARLESIANA de Cilea, brindando una interpretación sumamente correcta. El espectáculo cerró con una muy buena versión para tres voces de Non ti scordar di me de De Curtis, donde los protagonistas se retiraron sumamente aplaudidos, pese al escaso público que se dio cita a la tarde de ese día como consecuencia de las altísimas temperaturas que los porteños vienen soportando estoicamente.

            En un diálogo mantenido con los protagonistas una vez finalizado el recital, los intérpretes comentaron que era la primera vez que cantaban juntos y que tenían planeado realizar nuevos espectáculos con el correr del tiempo, al igual que incorporar más canciones de cámara italianas, lieder y otras arias del repertorio alemán y francés. Se retiraron sumamente contentos y conformes con su desempeño y prometieron ir por más, como habitualmente se dice en la jerga profesional.

            Sea equilátero, isósceles o escaleno, el triángulo es una de las figuras geométricas más bellas e inspirador de numerosas obras de arte. En materia musical en general y en la ópera en particular, siempre representa el conflicto entre sus protagonistas. En este caso, el poliamor lírico vino para quedarse sin caer en el vulgar mote de vicioso.    

 

Excepcional recital de piano en la apertura del Ciclo de Cámara en la Usina del Arte

 

CON GARRA, PASIÓN Y ESPÍRITU SANTAFESINOS

Martha CORA ELISEHT

 

            Carlos Guastavino (1912-2000) no sólo fue uno de los compositores argentinos más prolíficos, sino también uno de los mejores en cuanto a la calidad y variedad de sus composiciones -tanto en el ámbito del folklore como en el de la música académica-. Pese a haber compuesto numerosas obras para piano, sólo tres intérpretes han grabado su obra integral para dicho instrumento: Dora De Marinis (Grupo Mendoza), el inglés Martin Jones y la pianista santafesina Lilia Salsano, quien tuvo a su cargo el concierto de apertura del Ciclo de Cámara en la Usina del Arte el pasado domingo 12 del corriente como parte de la gira nacional de difusión de la obra integral del compositor.

            Ante la ausencia de programas de mano, la pianista se dirigió al público provista de un micrófono para anunciar las diferentes partes del recital y dar una breve reseña sobre las mismas.  Como no podía ser de otra manera, abrió con el celebérrimo Bailecito, compuesto en 1940 y que forma parte del repertorio de todo pianista argentino, a punto tal que suele ofrecerse como bis en salas de conciertos y/o recitales. Siguió con la Tercera sonatina sobre ritmos a la manera popular argentina (danza), que es un Allegro scherzando in tempo di malambo con ribetes de chamamé hacia el final, que fue interpretado de manera exquisita y sublime. Lo mismo sucedió con Romance de Cuyo – compuesta  en ritmo de zamacueca en 1953-, donde Salsano demostró ser una profunda conocedora de la obra merced a la resolución de la colosal cadencia de arpegios y arabescos que se dan tanto al inicio como al final de la obra.

            A continuación, se interpretaron dos de las denominadas Presencias (retratos musicales compuestos entre 1960 y 1961 sobre personajes imaginarios), donde el compositor permite que el oyente se imagine las características de los personajes a través de la música. Quien escribe describe a Loduvina  como una joven jovial, alegre y romántica que sueña en busca del amor ideal, mientras se imagina a Horacio Lavalle como un porteño -el mismo Guastavino lo describió como tal- preocupado y sumergido en sus cavilaciones, pero que se da una pausa y un espacio para reflexionar. La melodía en tono menor con ribetes impresionistas en las cadencias constituye la mencionada descripción del personaje.

            Seguidamente, se interpretaron tres de los Diez preludios sobre temas populares infantiles, compuestos en 1952: Un domingo de mañana, La Torre y En un coche va la niña. Mientras el primero es una fuga a tres voces basado en el tema “Estaba la Catalina”, el segundo es una versión libre sobre “La Torre en Guardia”. Ambas piezas fueron ejecutadas de manera impecable y magistral, si se tiene en cuenta los numerosos contrapuntos en la segunda. La última, en cambio, es una melodía fresca, con una cadencia que posee numerosos glissandi in crescendo que desembocan en un final abrupto. El esfuerzo de Salsano se vio coronado por numerosos aplausos.

            Posteriormente, se ofreció una de las primeras obras del mencionado compositor: “Movimiento” (Sonatina n°1), que fuera compuesta en Londres en 1949 merced a una beca otorgada por el British Council, basada en el taquirari “El cocherito” en fusión con chacarera y malambo. La interpretación fue magistral, al igual que la de la Cantilena n°3 “Jacarandá”, que forma parte de las Diez Cantilenas Argentinas compuestas entre 1953 a 1958 y que describe la explosión de flores celestes de dicho árbol mediante un cantábile ricamente elaborado con ribetes impresionistas y una sucesión de glissandi in crescendo. El recital continuó con el Romance n°1 “La niña del río Dulce”, perteneciente a la serie Tres Romances Nuevos (1954), donde se alternan dos leit motiv muy bien definidos: el de una niña (bastante traviesa, por cierto) y el río (caracterizando por arpegios y arabescos, con ribetes folklóricos), que fueron abordados con singular estilo y maestría. Seguidamente, se interpretó Las Niñas (1953), concebida originalmente para dos pianos en homenaje a las hermanas Cavallini, quienes eran prestigiosas pianistas. Posteriormente, Guastavino realiza una transcripción para un solo piano, que es la que se escuchó en el presente recital, donde Lilia Salsano volvió una vez más a deslumbrar con su magistral interpretación para culminar el recital con una de las obras más célebres del compositor santafesino: el Gato (1940), donde se ofrece una versión académica de este tradicional ritmo folklórico. Un final de fuste, que se vio coronado por numerosos aplausos y vítores

            No podían faltar los bises, que fueron dos: una versión íntima del consabido “Pueblito, mi pueblo”, compuesto en 1957 y otro clásico: “Fermina”, que forma parte de la serie de retratos musicales a jóvenes pianistas “Mis amigos” y que data de 1966. Este último se hizo a pedido del público, ya que la pianista manifestó su deseo de tocar “Se equivocó la paloma” sobre el poema homónimo de Rafael Alberti. Pero decidió respetar el pedido del público y volvió a brindar otra bellísima interpretación.

            Además de demostrar con creces que es una profunda conocedora de la obra de Guastavino, Lilia Salsano es una pianista de dotes excepcionales, que posee el privilegio de ser la única pianista argentina que llevó al disco su obra integral para dicho instrumento, además de difundir su obra por todo el país. La gira comenzó el año pasado y ya recorrió 12 provincias. Tras haber pasado por la capital de todos los argentinos, continuará por el resto del país con la garra, pasión y ese espíritu que sólo una santafesina puede brindar a la hora de difundir la música de su coterráneo.  

sábado, 11 de marzo de 2023

 

LISA Y LLANAMENTE UN FIASCO

 

Teatro Colón, temporada 2023. Ciclo Colón en la Ciudad: “Resurrección” Puesta en escena de Romeo Castelucci con Escenografía, Vestuario e Iluminación de su autoría tomando como soporte la Sinfonía Nº 2 en Do menor “Resurrección” de Gustav Mahler. Intérpretes: Jaquelina Livieri (Soprano), Guadalupe Barrientos (Mezzosoprano), Grupo Vocal de Difusión, Director: Mariano Moruja. Actores: Danae Cisneros, Enzo Lucino, Soledad García y Wenceslao Tejerina. Grupo de Figurantes. Dramaturgia: Piersandra Di Matteo. Dirección Musical: Charles Dutoit. Predio Ferial de Palermo de la Sociedad Rural Argentina (Pabellón Ocre) ,presentación del 08/03/23, formando parte del ciclo “Divina Italia”

 

NUESTRA OPINION: REGULAR.

 

Más allá de todos los comentarios que se hallan en el programa de mano que entregó el Teatro Colón, en el que explican el porqué de este espectáculo, lo cierto es que Romeo Castelucci desperdició una formidable oportunidad de escenificar este verdadero monumento a la música compuesto por un por entonces joven Gustav Mahler, si tan solo se ceñía al programa original que el mismo compositor escribió en ocasión de su estreno y, más aún, si también se hubiese inspirado en los textos tanto de Armin y Brentano en “Luz Primigenia” (Cuarto Movimiento) como de Klopstrock (Reforzado con agregados del propio Mahler) en el coral final de “Resurrección” que le da el título a este monumental trabajo. En su lugar, luego de oscurecerse el Pabellón Ocre del predio de la Rural de Palermo, ámbito seleccionado por el Colón para esta realización en colaboración con la Embajada de Italia en Argentina y el Instituto Italiano de Cultura dentro del ciclo denominado “Divina Italia”, un audio de canto de pájaros se apodera del espacio, un caballo aparece llevado por su dueña pastoreando sobre el terreno hasta que encuentran restos humanos emergiendo de la tierra. Llamado de emergencia y en lugar de autoridades de seguridad, la presencia directa de los equipos del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados, encargados de descubrir una fosa común en medio del campo como ocultamiento de las barbaridades de la Guerra. Excavaciones, exhumaciones que comienzan a revelar la magnitud de lo que se ha encontrado. Si esto hubiese ocurrido dentro del marco del primer movimiento, que es una marcha fúnebre en la que el compositor expresa despedir a un héroe, la escena encajaría perfectamente. Ahora bien si observamos que en el transcurso del segundo movimiento, en el que Mahler indica que recuerda los momentos de felicidad de ese héroe que ahora no está la acción de exhumación continúa, al igual que en el tercero que simboliza el desencanto de la mano del sarcasmo, en donde para ello recurre a una reelaboración de su lied “El Sermón de San Antonio a los Peces” del mismo ciclo de Armin y Brentano en el que se apoya para su cuarto movimiento, vemos que música y acción van por caminos separados, incluso ante el potente y desesperado pasaje final de este fragmento. Al inicio del Cuarto Movimiento (Conformado por el Lied “Luz Primigenia”), se congela la acción con todos los actores y figurantes observando los restos recuperados y dio la impresión que a partir de ese momento en donde la música es reflexiva, la escena iría en la misma dirección. No fue así, ya que la acción escénica se retoma y continuaban las exhumaciones y otro tanto en el quinto, en donde Mahler simboliza con su música un juicio final en el que todos emergen, pero vivos, de sus sepulturas para dirigirse hacia donde Dios emitirá su sentencia. Una presencia se rescata y la de una integrante de esa Organización que evidentemente está buscando a algún ser querido con la certeza de que sus restos están allí y desesperadamente escarba con sus manos sin hallarlo y es contenida por un compañero que la disuade de continuar muy a pesar de ella. Los cuerpos son colocados en bolsas de morgue y cargados en los vehículos, los responsables se abrazan por el éxito de la misión y parten, tras lo cual y ya promediando desde la orquesta la parte final vocal y coral, una suave lluvia cae en ese campo borrando todo vestigio de horror y con un leve aumento de la luz queda expuesta la simbología de que esa lluvia traerá de la mano el inicio de un nuevo tiempo, recién ahí es donde música e imagen convergen en una misma idea, llegando juntos al final.

 

   Como podrán observar luego de todo lo que he expuesto, Romeo Castelucci cuenta una historia llamándola “Resurrección” sirviéndose de la música de Mahler pero muy lejos de todo lo que el compositor expresó en su partitura. La escena muy oscura, y la reiteración de la acción de exhumación de cadáveres durante aproximadamente cincuenta de los setenta minutos que dura la obra, da la pauta exacta de la pobreza de ideas para armar este espectáculo, que podría haber tenido danza, mayor movimiento escénico y no caer en el tedio. Sumado a ello, el hecho de haberse realizado con una deficiente amplificación, en donde todos los detalles de orquestación que Mahler incluye en su frondosa partitura quedan reducidos a la mínima e imperceptible expresión, debiendo prescindirse entre otras cosas de las bandas fuera de escena que le dan fundamental sustento al último movimiento (justamente es el llamado al Juicio Final), por lo que el espectáculo se volvió tedioso, difícil de sobrellevar para los espectadores, los que estaban ubicados en sillas plegables muy incómodas ubicadas en una tribuna tubular en la que algunos de sus tablones estaban muy mal asegurados con el consiguiente riesgo de accidentes, por lo que no fue de extrañar de que algunos de ellos emprendieran la retirada bastante antes del final hastiados y fastidiados de presenciar todo esto.

 

  El final mostró un leve y respetuoso aplauso a los actores y figurantes en el escenario y una efusiva recepción a las solistas y al Maestro Dutoit, quienes saludaron desde una posición elevada en el improvisado foso orquestal. Ni bien ellos se retiraron de ahí, cesaron automáticamente los aplausos y rápidamente el público inició la retirada.

 

  Musicalmente hablando y a pesar de la magra amplificación, el Maestro Dutoit  estuvo a la altura de la obra y supo disimular muy bien todo aquello que no pudo percibirse o que se perdió como resultado de la puesta en escena. Contó con una buena Guadalupe Barrientos en sus intervenciones sumada a la estupenda participación de Jaquelina Livieri, cada vez más asentada en el repertorio del Lied. En cuanto al Grupo Vocal de Difusión que lidera Mariano Moruja, estuvo muy correcto en su intervención. Me permito recordar que todos los años ofrece un ciclo de conciertos muy cerca de la Rural en la Parroquia San Ildefonso y muchos de sus integrantes han trabajado para el Teatro Colón dentro de sus programaciones y en otros ámbitos como los de la música contemporánea o en el mismo CETC del Teatro por lo que rechazo terminantemente que se diga que se trata de un coro no profesional.

 

  Para llegar a este espectáculo se movilizó una cantidad muy importante de tierra, más detalles de iluminación vehículos, animal, actores, figurantes y hasta un coro que no es el del Teatro. Se lo quiso presentar como apertura de la temporada cuando ya la Orquesta Estable retornó en Parque Centenario y la ópera lo hará la próxima semana. Demasiada inversión para algo que debió haberse hecho dentro de los conciertos en la sala y testimoniar con una “Resurrección” en serio el homenaje a los cuarenta años del retorno a la normalidad democrática. Recordemos que para llegar hace cuarenta años atrás pasamos por atrocidades más graves e inhumanas de las que aquí se narra. El resultado de esto: Un verdadero fiasco.

 

Donato Decina

viernes, 24 de febrero de 2023

 

EN EL FINAL, EL PUBLICO ELIGIO

 

Teatro Colón, temporada 2023: Concierto realizado junto a la Dirección de Música del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires en adhesión al 70º aniversario de la inauguración del primer Anfiteatro del Parque del Centenario, hoy “Anfiteatro Eva Perón”. Presentación de la Orquesta Estable del Teatro Colón, Director: Silvio Viegas. Programa: Obras de Verdi, Tchaickovsky, Gomes y Liszt. 23 de Febrero de 2023.

 

NUESTRA OPINION: BUENO.

 

   La suspensión de éste concierto por razones meteorológicas en su fecha original del pasado Viernes 17, obró, sin dudas, como disparador para el imponente lleno que presentó el Anfiteatro “Eva Perón” en esta nueva fecha con una fila de público que tomó la forma de un perfecto abrazo al perímetro de este espacio y que tras el ingreso cubrió todos los sectores disponibles, incluida la grada superior que pocas veces se habilita y hasta las escalinatas en donde el público de muy buena gana aceptó sentarse. Esta es la prueba cabal de la avidez de este tipo de manifestaciones en época estival, lo que debe llamar a la reflexión, hablando del 40º aniversario del retorno de la democracia del que tanto hincapié se hace con motivo del próximo espectáculo que el Colón ofrecerá en unos días más en el Predio Ferial de Palermo, en el sentido de que debe pensarse seriamente en retornar  a los espectáculos que el Colón ofrecía por aquellos años de conciertos que efectuaban durante Febrero tanto la Orquesta Estable como la Filarmónica de Buenos Aires, primero en la sala del Teatro con entradas pagas a precios accesibles, los que luego se repetían en Parque Lezama o en la Glorieta de Barrancas de Belgrano, por supuesto con entrada gratuita. Y hablando de historia, el primitivo anfiteatro del que se cumplen 70 años de su inauguración, albergó producciones “Coloneras” tanto de ballet como ópera, conciertos y recitales como el que ofreciera el tenor Tito Schipa en su última visita a la Argentina. Un incendio del que mucho se habló, acaecido a comienzos de la década del 60 del pasado siglo, privó al público por casi veinticinco años de este ámbito formidable. Alrededor de 1985, durante la gestión del entonces Intendente Municipal Facundo Suarez Lastra con la dupla Mario “Pacho” O`Donnell/Félix Luna al frente de la Cultura de la Ciudad le devolvió el escenario, emplazado cerca de la actual y definitiva ubicación, a la que se arribó alrededor de mediados de la década del 2000, pensado en principio para el Colón, pero luego traspasado a la órbita de la Dirección General de Música para albergar a toda clase de manifestaciones culturales. Desde ese entonces, el Colón presentó producciones tanto operísticas (“El Barbero de Sevilla” por ejemplo)de Zarzuela (Una inolvidable “Verbena de la Paloma” en dupla con “La Revoltosa” con Director y voces provenientes del Teatro “La Zarzuela” de Madrid), como de Ballet (Con Julio Bocca y Raquel Rossetti entre otros), La Camerata Bariloche o la Filarmónica de Buenos Aires en noches inolvidables y más aquí en el tiempo los conciertos que prepararon el regreso a la sala luego de las refacciones del “Master Plan”. Como puede apreciarse el nombre del Anfiteatro “Eva Perón” va indisolublemente asociado a la presencia allí de Ntro. Primer Coliseo.

 

  Y es en este concierto en donde la Estable se presentó de manera muy digna con el Maestro Brasileño Silvio Viegas (Titular de la Sinfónica Provincial de Santa Fe) a su frente, a pesar de una muy deficiente amplificación que motivó que los técnicos del “Eva Perón” debieran hacer reemplazo de algunos micrófonos en las pausas entre obra y obra hasta alcanzar un aceptable equilibrio sonoro. El Maestro Viegas ofició de muy buen y agradable comentarista de las obras,  ya que los programas eran ofrecidos únicamente por código QR (habrá que reveer eso, hay público mayor que no entiende esos vericuetos tecnológicos y hay gente que por seguridad no lleva encima sus celulares).  El programa dio comienzo con una vibrante y sentida versión de la Obertura (o Sinfonía) de “I Vespri Siciliani” de Giuseppe Verdi en donde Viegas puso nervio, logrando además contener desbordes. Aquí se notó mucho la falencia del sonido ya que por ejemplo la fila de violonchelos se vio perjudicada por una emisión que no logro captar la plenitud de su discurso.

 

  Mejor suerte corrió la “Suite” integrada por los cinco  números fundamentales del Ballet “La Bella Durmiente del Bosque” de Tchaickovsky. Aquí sí la Estable respondió con creces a los requerimientos del Maestro Viegas quién logro exponer la belleza de estos números en todo su esplendor, culminando con una magnífica versión del célebre Vals.

 

  El primer músico de trascendencia internacional que Brasil dio al Mundo es Carlos Gomes y de El no podía faltar la Obertura de su ópera más famosa. “O Guarani” (O “Il Guarany”,  tal como se la conoció en su estreno mundial en Italia). Fama que llega hasta Ntros. dias,  contando además con una grabación íntegra protagonizada por Placido Domingo. La versión de Viegas expuso todo el color y la belleza sonora de esta bonita página.

 

  El cierre “formal” vino de la mano de una muy buena versión del poema sinfónico “Los Preludios” de Franz Liszt, guiado por Viegas hasta en los más imperceptibles detalles y con estupendas respuestas de todos los sectores de la Orquesta Estable, lo que desató la ovación del público en premio a la muy buena labor. Ahora bien, en los comentarios previos el Maestro Viegas anunció al público que si la respuesta de éste al concierto era positiva en cuanto al nivel de aplausos, habría un “bis” Argentino. Al final preguntó al público si lo hacían y ante la respuesta afirmativa dijo que lo harían para que el público acompañe cantando “en la casa de los campeones del mundo” y acometió con la canción popular “Muchachos” (No olvidar nunca que la letra original de hace veinte años plagiaba una frase de Enrique Santos Discépolo del tango “Esta noche me emborracho”) en un al menos polémico arreglo del compositor brasileño Fred Natalino el que incluyó citas al comienzo del Himno Nacional (el público se puso de pié pensando que el bis era Ntra. canción patria y quedó desconcertado hacia donde iba el arreglo) e inclusive a la polémica Marcha del Mundial 1978, dada en el contexto de la dramática dicotomía que el País vivía por entonces (recordar que la versión oficial fue grabada utilizando a la hoy Banda Sinfónica de la Ciudad y a la sección Masculina del Coro Estable del Teatro Colón), por lo que si bien fue muy aplaudida la versión, ubicarla luego de un programa de tanta envergadura e inmediatamente después de Liszt resultó de un verdadero mal gusto.

 

  El público pedía otro “bis”. Tras intercambiar unas palabras con el Concertino, el Mtro. Viegas anunció que sometía a votación del público si preferían la repetición de “Muchachos” o del Vals de “La Bella Durmiente” de Tchaickovsky, y el soberano eligió lo que había ido a escuchar: abrumadoramente triunfó Tchaickovsky, poniendo las cosas en su lugar: Quien quiera oír, que oiga.

 

Donato Decina

jueves, 9 de febrero de 2023

 

Orquesta de Cámara en sólido inicio de año

                                                                                         Por Jaime Torres Gómez

 Después de un año con muchas novedades programáticas tras la llegada de Emmanuel Siffert como Director Titular, la Orquesta de Cámara de Chile inició el 2023 con un programa magníficamente dirigido por Rodolfo Fischer, destacado director chileno radicado en Suiza.

Gran interés revestía presenciar el retorno del maestro Fischer como invitado a esta agrupación luego de varios años de ausencia, confirmando sus credenciales de solvencia artística. Por otro lado, gran interés revestían las obras consultadas, asimismo el alto nivel de la Orquesta de Cámara, especialmente ahora con un renovado liderazgo artístico con Siffert desde la titularidad, siendo hoy los conciertos de esta agrupación ineludibles de asistir…

La presentación correspondió a la del Teatro California en Ñuñoa, de formidable acústica y sede de la orquesta. Se inició con  la Obertura “La Bella Melusina” de Félix Mendelssohn, obra poco frecuentada localmente. De carácter feérico, está basada en los cuentos de la princesa-hada Melusina, quien se intercambiaba una vez a la semana en mitad serpiente o sirena. La pieza brinda fuerte protagonismo a los clarinetes, que presentan el primer tema (de Melusina), para luego expandirse ampliamente con magistrales elementos melódicos y rítmicos. Gran versión de Fischer y los camaristas, con certeras exposiciones temáticas y completa fluidez en las líneas melódicas, más un esmaltado sonido y precisión de  ensamble.

Siguiendo con la línea editorial de la Orquesta de Cámara de Chile respecto la difusión de los compositores nacionales, se ofreció el Concierto para Orquesta de Cámara, de Gustavo Becerra. Siendo un compositor de culto y con un amplio catálogo de obras (muchas estrenadas en otros países), esta pieza, de 1970, no es de lo mejor en la producción becerriana, fundamentalmente al no presentar mayor unidad global, siendo los dos últimos movimientos los que concitan mayor interés. Ubicada hacia el final del denominado “tercer período creativo” de este compositor, no es posible identificar claramente los rasgos estilísticos dominantes, siendo, a la postre, una obra divagatoria (discurso errático), no obstante con debido oficio en lo rítmico y armónico, más un interesante compendio entre la tonalidad y atonalidad. Buen trabajo de ensamble e intento dilucidador de la batuta invitada.      

Y con una triunfal versión de la Tercera Sinfonía de Franz Schubert culminó este primer programa de los camaristas chilenos. Siendo una obra de juventud (escrita a los 18 años), constituye una magistral muestra de coherencia discursiva y sentido de proyección compositiva, con una inteligente asimilación de la tradición en la estructura de los clásicos más ciertos guiños premonitores hacia desarrollos posteriores del género sinfonía, desarrollados después en el romanticismo.

La versión del maestro Fischer acertó en completo idiomatismo y profundo conocimiento de la obra, obteniendo lo mejor de los músicos nacionales. Excelente trabajo en calidez de texturas, empáticos tempi, hermosos fraseos,  más un soberbio manejo de las transiciones, dinámicas y transparencias.

En suma, un sólido inicio de temporada de la Orquesta de Cámara de Chile, reflejando una amplia versatilidad programática y magníficamente dirigida por una de las más distinguidas batutas nacionales.

 

RECUPERACIÓN SINFÓNICA….

     Por Jaime Torres Gómez

La normalización de los espectáculos hoy en día está al ciento por ciento del nivel pre-pandemia, no obstante al albur y consecuente adecuación a las variabilidades propias de las medidas sanitarias pertinentes, en el entendido -aunque cueste aceptarlo-, que la pandemia en sí no ha acabado…

Dentro de este contexto, las agrupaciones musicales están con una casi completa recuperación de sus estándares cualitativos históricos, aunque aún con ciertas falencias de productividad…, esto dentro de un contexto por retomar las periodicidades históricas de las presentaciones.

La Sinfónica Nacional -la decana orquestal del país- ha tenido una gradual recuperación de su producción histórica, no descuidando su línea editorial tradicional, no obstante, aún, en cierta deuda con la música de los compositores chilenos. Y en otro orden, si bien últimamente se ha visto una recuperación de la productividad general, especialmente al propenderse a una mayor repetición de los programas, todavía se requiere (y se “clama”…) una necesaria diversificación hacia lo territorial…    

 Así, a lo largo del último semestre, la programación de la decana tuvo continuidad fundamentalmente en Santiago. A la vez, referirse a cada una de las presentaciones (felizmente fue posible asistir al ciento por ciento) daría pie a un lato (esperándose no “latoso”) relato…, ofreciéndose un sumario de las más relevantes presentaciones.

Principalmente dirigida por su excelente maestro titular (Rodolfo Saglimbeni), contempló algunos directores invitados, como en el caso de agosto con un deslumbrante concierto dirigido por el prestigioso maestro chileno Francisco Rettig, sin duda una de las más importantes batutas latinoamericanas.

Contemplando el formidable Preludio N° 2 del compositor nacional Alfonso Leng, pieza largamente ausente en la Sinfónica, tuvo una notable entrega en todo orden. Luego, una deslumbrante versión las Danzas Sacras y Profanas de C. Debussy, fungiendo de solista la destacada arpista María Chiossi, quien dio lección de completo idiomatismo y pulcritud técnica, más una dirección de Rettig a niveles superiores. Finalizó con una versión de visos antológicos de la Primera Sinfonía de J. Brahms, obra antes presenciada al maestro Rettig. Notable la profundidad conceptual y libertad interpretativa dentro de los cánones de irrestricto respeto a la partitura. Un triunfo artístico inapelable…

Por otro lado, interesante destacar los dos programas a cargo del emergente director nacional Pablo Carrasco. El primero, con excelente resultado, contempló una inteligente selección de música de películas, incluyendo una notable versión del Aprendiz del Hechicero de Paul Dukas, completamente ad-hoc a la lógica programática. Con un lleno total (a la sazón, la presentación más copada de público en pandemia), dio cuenta de un adecuado criterio de ampliarse a audiencias menos habituales a conciertos de música clásica.

El segundo programa a cargo de Pablo Carrasco se dio en el Teatro Municipal de Las Condes (dos funciones), y enmarcado dentro del exitoso convenio con dicho espacio. Se trató de un programa en extremo tradicional, con el Concierto N° 1 para Violín de N. Paganini más la Sinfonía N° 4 “Italiana” de F. Medelssohn, habiéndose deseado incluir alguna obra chilena de corta duración al inicio.

Relevante fue contar con el regreso del destacado violinista ruso Alexander Markov como solista, máxime al tratarse de una autoridad mundialmente reconocida en Paganini, y no defraudando en esta nueva visita a la Sinfónica. Si bien a ratos hubo algunas inexactitudes de pulso en la batuta, de ninguna manera afectó la globalidad de la entrega. Y antes, como primera obra, una formidable entrega de la Italiana, con muy buena calidad de sonido, excelentes balances, diferenciaciones de planos sonoros y matices, más una inteligente adopción de tempi. Quizás, en el segundo movimiento, faltó un mayor halo de misticidad, conforme al requerimiento de carácter en ese segmento.

Sobre el resto de los programas de la decana entre agosto diciembre, deslumbrantes fueron los resultados de su maestro titular, Rodolfo Saglimbeni, quien con justicia fue distinguido por el Círculo de Críticos de Arte de Chile por todas sus presentaciones del año 2022.

El primero consulto un interesante estreno en Chile de “Vigilia”, del compositor venezolano Juan Bautista Plaza (escrita en 1938), obra de magnífica factura orquestal y de marcado espíritu neorromántico, y no obstante su cautivante vena melódica, quizás su duración cercana a los 20 minutos se torna algo excesiva. Posteriormente, una versión de antología de Sheherezade de N. Rimsky Korsakov. Pletórica de idiomatismo, Saglimbeni extrajo lo mejor de sus músicos en todo orden, con importantes logros solísticos y de conjunto (espectacular desempeño en los solos de violín a cargo del concertino de turno, Fabián Cáceres, asimismo notables las intervenciones de la destacada arpista solista, María Chiossi, como los solos del fagot y corno). Sin duda, una de las versiones más impactantes en décadas de Sheherezade...

Posteriormente, un programa latinoamericano del máximo interés, con la Suite “Al Sur del Mundo” del connotado compositor chileno Guillermo Rifo, recientemente fallecido, junto a “La Noche de los Mayas” de Silvestre Revueltas. De acabado oficio composicional, la obra de Rifo explota al máximo las posibilidades tímbricas y colorísticas de toda la paleta orquestal, todo dentro de una atmósfera al más puro Raautavara… Deslumbrante resultado de los sinfónicos junto a su maestro titular. Lo mismo en Revueltas con La Noche…, largamente ausente, en una versión de completo idiomatismo y obteniendo una adherente respuesta de toda la orquesta (formidable el contingente extra de percusiones).    

A la semana siguiente, un programa largamente esperado junto a la decana del piano en Chile, la maestra Edith Fischer (1935), con el Cuarto Concierto para Piano de Beethoven, más la Sinfonía N° 5 de D. Schostakovitch, Con un descollante desempeño musical, la maestra Fischer (premio del Círculo de Críticos de Arte de Chile 2022) demostró nuevamente su solvencia artística y acabado oficio para sortear cualquier singularidad de ejecución, y a la vez, de absoluta colaboración el acompañamiento de Saglimbeni junto a los decanos sinfónicos. Y con una versión también digna de antología de la Quinta de Schostakovitch, dando triunfalmente término a este relevante programa sinfónico. Grandes logros en todo orden, dando cuenta de una orquesta en plenitud de forma más un liderazgo artístico de inapelable autoridad.   

Y de regreso al Teatro Municipal de Las Condes (nuevamente con dos funciones), se contempló una interesante Gala Wagner. Con una batería de oberturas, preludios y coros de óperas wagnerianas, constituyó un retorno más pleno del Coro Sinfónico de la Universidad de Chile junto a la Sinfónica (poco antes había intervenido en La Canción del Destino de Brahms). Y debe consignarse del referente inmediatamente pre-pandemia de haberse ofrecido una gala similar (Teatro Caupolicán, enero 2020), sólo que en esta oportunidad hubo menos música que entonces, aunque igualmente con un excelente resultado global liderado por el maestro Saglimbeni.

Y terminando el año, Saglimbeni lideró una serie de presentaciones de la Novena Sinfonía de Beethoven, también con deslumbrantes resultados. Cabe señalar la alta convocatoria de la presentación al aire libre en el Parque Araucano, asimismo casi todas la funciones llenas en el Teatro de la Universidad de Chile más un lleno total en la presentación en la magnífica Aula Magna de la Universidad Santa María de Valparaíso (muy encomiable haberse trasladado a la Región de Valparaíso, en especial a la USM, sin duda la sala de mejor acústica en Chile). Autorizada lectura de Saglimbeni (notable el enfoque de la coda del último movimiento, con menos prosopopeya de lo habitual y de inusitado arranque…) más un buen cuarteto de solistas (gran labor de Patricio Sabaté como barítono, de completo empoderamiento) y del Coro Sinfónico de la Universidad de Chile sólidamente preparado por su director, Juan Pablo Villarroel.     

En suma, la recuperación en pandemia del nivel cualitativo histórico de la decana sinfónica chilena es una realidad, esperándose para el presente año mayores pasos de una mayor diversificación de sus presentaciones en Santiago y regiones, más un incremento de repertorios menos frecuentados.

 

Municipal y la Ópera: balance y nuevos desafíos…

                                                                                        Por Jaime Torres Gómez

 

El desarrollo en pandemia de las artes escénicas en su conjunto evidencia buena recuperación, refrendado por una paulatina demanda presencial de público, amén de una completa flexibilidad de las medidas sanitarias.

 

Cabe señalar, en el caso de la ópera, que se ha visto parcialmente desarrollada, en buena parte ante las limitaciones de emplazamiento del soporte orquestal al inutilizarse los fosos respectivos. Sin embargo, conforme las últimas disposiciones sanitarias, hoy es posible utilizar dichos espacios, traduciéndose en producciones normalizadas, aunque aún al albur de las vicisitudes pandémicas

 

Durante este año, el Teatro Municipal de Santiago -hoy rimbombantemente denominado “Ópera Nacional de Chile”…- como lógico referente de la ópera en Chile (y sin soslayar excelentes ámbitos como los Teatros Regionales del Maule, Universidad de Concepción, Temuco y en su momento Rancagua), programó sólo 3 títulos en modalidad híbrida, respondiendo así al desarrollo del género ante las fuertes restricciones sanitarias y económicas.

 

A la vez, conforme el estado actual del panorama económico, tanto a nivel país como en particular la realidad financiera del Teatro Municipal, el desafío por incrementar la cantidad de títulos a futuro plantea interrogantes, tanto respecto las factibilidades reales de retornar a los históricos 6 títulos como a la forma de llevarlos a cabo, amén de no perder de vista la difusión de un transversal arco repertorístico que conjugue tradición y vanguardia, mandato tácito esencial a una factoría artística solventada mayoritariamente con recursos del Estado… 

 

El despliegue de esfuerzos de imaginación para viabilizar el desarrollo del género operístico, puso a prueba las capacidades creativas esperables del Municipal, cuyo balance no deja resultados del todo positivos. De hecho, considerando el único título levantado el año 2021 (Don Giovanni), sirvió de base en cómo luego llevar a cabo una temporada en circunstancias adversas, donde, lamentablemente a la luz de lo presenciado, en vez de superar puntos susceptibles de mejoras, a la postre visibilizaron más las brechas limitantes…

 

En este contexto, como una forma de atraer audiencias, los títulos escogidos lograron balancear algunos muy queridos por transversales públicos, como “La Bohéme” y “La Traviata”, anunciados en modo de concierto y derivados luego a semi-stage, junto a “Manon” de Massenet, menos conocida (aunque muy bienvenida…), que llegó completamente escenificada.

   

En el caso de La Bohéme, con natural éxito de público, la derivada semi-teatral no colaboró hacia un efecto que, a priori, se buscaba ante las limitaciones de marras, que era potenciar más la música por sobre el palco escénico, axioma en sí plenamente válido al existir buenos referentes. Y si bien el foco debió direccionarse hacia el desarrollo de una idea que discurriera sin desdibujar dicha opción, lamentablemente terminó siendo el Talón de Aquiles del híbrido ofrecido, donde, so pretexto de cierta “conceptualización teatral” (a cargo de Fabiola Matte), a la postre terminó siendo una mixtura desconcertadora que no enriqueció la experiencia musical.

 

Así, extemporáneo haber abusado de una cámara negra, a la vez -pudiendo hacerse- no haber utilizado elementos corpóreos, más un escolar diseño lumínico, y coronado con un risible uso de una vestimenta de rigurosa etiqueta, propia de una versión de concierto per se, que terminó confundiendo la trama interna. De hecho, hay híbridos que funcionan bien, pero en este caso no calificó al mínimo esperable de una factoría del nivel del Municipal de Santiago

 

En lo musical, gran triunfador fue el actual director titular de la Filarmónica de Santiago, el maestro italiano Roberto Rizzi-Brignoli, quien firmó una versión de innegable solidez analítica, transparente y desprovista de muchos aditamientos tímbricos (abusos de glissandi) recurrentes en ciertos enfoques de dudoso idiomatismo. Asimismo, el segundo elenco contó con una adecuada lectura del director residente de la Filarmónica, Pedro-Pablo Prudencio. Del primer elenco, destacable fue la soprano norteamericana Alexandra Razskasoff, de formidable material vocal y eficazmente administrado, amén de componer una certera interpretación de Mimí (notable su “decir” del personaje).  A la vez, excelente desempeño del emergente tenor peruano Ivan Ayón-Rivas como Rodolfo (magnífica proyección y belleza de timbre), quien, junto a Razskasoff, ameritan seguirles sus trayectorias. Y del segundo elenco, débiles la mexicana Yunuet Laguna, con destemples de vocalidad como Mimí, asimismo el venezolano Jorge Puerta con evidentes dificultades en la tesitura alta. Y de los comprimarios, en ambos elencos con parejos cometidos.

 

Por mejor carril discurrió La Traviata, tanto por una mejorada conceptualización teatral (a cargo de Francisco Krebs) y nuevamente con una deslumbrante dirección de Rizzi-Brignoli, con grandes logros en empáticos tempi, hermosos fraseos más un notable trabajo en texturas y gradaciones en planos sonoros. De menor jerarquía se percibió el enfoque de Pedro-Pablo Prudencio en el segundo elenco, especialmente al adoptar apurados tempi no siempre en correlato con una debida tensión interna.

 

De las voces, hubo resultados desparejos especialmente en el primer elenco, principiando con una inadecuada vocalidad para el rol de Violeta en el caso de Francesca Sassu (pesante especialmente en el primer acto, más errático manejo general del vibrato), buen desempeño general de Long Long como Alfredo, y definitivamente fuera de enfoque Javier Arrey como Giorgio Germont, con graves carencias de evolutividad interpretativa, quien nunca pudo despojarse de la altivez inicial del rol, y al umbral de la arrogancia interpretativa…

 

Por mejor carril estuvo el segundo elenco, con una buena progresión interpretativa de Yaritza Véliz como Violeta (aunque incómoda en las coloraturas del primer acto, luego bien ajustada en general, en especial hacia el final con una memorable entrega del Addio del passato…), buen rendimiento de Santiago Ballerini como Alfredo, y Javier Weibel bien empoderado en el rol de Germont en todo sentido.              

 

Mención especial la conceptualización teatral de Francisco Krebs, a gran diferencia de La Bohéme. Con buena correlación teatro-música, existió una adecuada conciliación de los elementos materiales disponibles, con una debida optimización del espacio, junto a logrados efectos visuales en base a inteligentes superposiciones lumínicas de la estructura de paneles disponible (último acto), no obstante un inadecuado uso de una cámara negra de fondo en el segundo acto, en perjuicio del diseño de luces respectivo.    

 

Y como último título, una esperada producción de Manon, de Massenet, al constituir la primera puesta en escena completa en pandemia. Así, altas expectativas existían sobre la propuesta de Emilio Sagi, bien conocido en el Municipal, más un alto interés al elenco liderado musicalmente por Maximiano Valdés, de gran afinidad con el repertorio francés, asimismo hacia la destacada soprano española Sabina Puértolas.

 

Los resultados tuvieron sus fortalezas en lo musical por sobre la producción en sí, esta última con una estructura innecesariamente pesada y con una apuesta escenográfica casi monocromática (permanente color musgo), que en vez de facilitar la recreación teatral, terminó confundiéndola, a excepción del vestuario de muy buena factura de Pablo Núñez.

 

Encabezada por una deslumbrante dirección del maestro Valdés -pletórica de idiomatismo, altamente colaborador con las voces más una ajustadísima respuesta de la Filarmónica-, además hubo notables participaciones de Sabina Puértolas como Manon y Galeano Salas como Des Grieux. Con excepcional vocalidad y musicalidad, Puértolas recreó con elocuencia de cátedra toda la progresividad psicológica de la protagonista, lo mismo Galeano Salas, con una hermosura de timbre raras veces encontrada más una musicalidad a borbotones. De los demás roles, todos plenamente ajustados en todo sentido.

 

Y en el caso del segundo elenco, la dirección de Pedro-Pablo Prudencio tuvo un rendimiento de menos a más, principalmente ante cierta debilidad estilística en el primer acto, optando por sonoridades algo destempladas y a ratos con velocidades innecesariamente rápidas, no obstante excelente en los dos últimos actos. Muy buen debut de la chilena Annya Pinto como Manon (toda una revelación, al tratarse de un rol de muchísima exigencia global y normalmente confiado a voces muy bien asentadas). En el caso de Andrés Presno, de importante material y arrojada entrega como Des Grieux, se trató de un tenor aún en formación y con pulimientos estilísticos pendientes del repertorio francés.

 

En suma, a la luz de la experiencia de lo realizado en pandemia más la realidad económica y sanitaria actual, el Municipal de Santiago aún está con tareas pendientes hacia una necesaria recuperación del nivel histórico de sus producciones de ópera, demandando máximos esfuerzos en imaginación ante la fuerza de la actual coyuntura.