viernes, 7 de octubre de 2022

 

Magnífico concierto con obras inéditas de compositores argentinos en el CCK

 

AL RESCATE DEL NACIONALISMO MUSICAL ARGENTINO

Martha CORA ELISEHT

 

            Dentro de todas las particularidades que posee este año, una de las principales ha sido el rescate y la difusión del patrimonio cultural argentino. Merced a un grupo de investigadores del Instituto Nacional de Musicología “Carlos Vega” liderados por los maestros Lucio Bruno Videla y Tomás Ballicora, se han rescatado numerosas obras de compositores pertenecientes al denominado nacionalismo musical argentino, cuyos máximos exponentes han sido Alberto Williams (1862-1952), Julián Aguirre (1868-1924), Constantino Gaito (1878-1945), Luis Gianneo (1897-1968), Floro Ugarte (1884-1975) y Pascual De Rogatis (1880-1980), entre otros, que escribieron magníficas obras que lamentablemente, han quedado en el olvido o se representan en muy escasas ocasiones. Afortunadamente y gracias al trabajo de musicólogos, copistas, arregladores y otros, el pasado viernes 7 del corriente tuvo lugar en la Sala Sinfónica -Auditorio Nacional- del Centro Cultural Kirchner (CCK) un concierto a cargo de la Orquesta Municipal de Gral. San Martín (Provincia de Buenos Aires) dentro del ciclo ARGENTINA SINFÓNICA bajo la dirección de Javier Mas, con la participación de Benjamín Báez (violoncello) en calidad de solista invitado, en un programa comprendido por las siguientes obras:

-          “De mi Patria”- Luis SANMARTINO  

-          Rapsodia Argentina para violoncello y orquesta- Pascual DE ROGATIS (1880-1980) (estreno)

-          Sinfonía en La- Floro UGARTE (1864-1975)

-          Obertura Criolla, Op.20- Ernesto DRANGOSCH (1882-1925)

Ante la consabida ausencia de programas de mano, Javier Mas se encargó de anunciar las obras comprendidas en el programa y una breve referencia sobre las mismas previamente a su ejecución.  La suite De mi Patria de Sanmartino fue compuesta entre los años 1940 y 1950 y consta de tres números basados en ritmos folklóricos argentinos: Triste/ Milonga rioplatense/ Gato. Mientras que el Triste posee una bella línea melódica con las características de ese ritmo tan particular, la Milonga rioplatense es en tono mayor y de carácter dinámico, alegre y chispeante. En cuanto al Gato, la cadencia y la línea melódica recuerdan más a un huapango mexicano o a un corrido que al tradicional ritmo de dicha danza folklórica en 4/4, pero no por ello deja de ser una obra interesante -y en el caso particular de quien escribe, su primera audición- que ha sido rescatada de su prolongado ostracismo.

La Rapsodia argentina para violoncello y orquesta fue compuesta por Pascual De Rogatis en 1968 y según un articulo de Carmen García Muñoz -publicado en la revista del Instituto Nacional de Musicología “Carlos Vega” en 1986-, existe una dicotomía sobre su origen. Según el mismo De Rogatis, la obra se encontraba terminada para ese año, mientras que otros biógrafos del músico señalaron que la composición original fue para violín y orquesta y que se trataba de una transcripción para violoncello y orquesta. Nunca se representó, lo que le agrega valor a la presente versión. La obra comienza con un pizzicato en cellos y contrabajos más un stacatto en cuerdas previamente a la entrada del instrumento solista, donde Benjamín Báez demostró por qué es uno de los mejores cellistas del país. Su fraseo y sus cadencias fueron magistrales tanto en el Andante inicial como en el impetuoso Allegro in tempo di malambo hasta desembocar en un tercer tema, que conjuga ritmos típicos del norte argentino (baguala, taquirari) para cerrar con un monumental fraseo en el malambo final. Una bella obra en una excelente versión, que sonó muy justa y equilibrada.

La Sinfonía en La de Floro Ugarte fue compuesta en 1948 y estrenada en 1952. Se tocó por última vez en 1980 y tuvieron que pasar 42 años después de su última representación para que esta joya sinfónica volviera a los escenarios porteños. Consta de un solo movimiento, pero con dos secciones bien definidas: la primera en La mayor, luminosa, romántica y bucólica y la segunda, en La menor, que comienza luego de una primera fanfarria a cargo de los metales. Es una obra representativa de un compositor en su plenitud y madurez, caracterizada por un fluir continuo sobre el tema principal.  Su orquestación lleva un orgánico completo (cuerdas, maderas por 3, corno inglés, piccolo, clarinete bajo, contrafagot, 4 cornos, 3 trompetas, tres trombones, tuba y percusión). A diferencia de otras composiciones de Ugarte, suena más europea que autóctona, ya que posee reminiscencias impresionistas (que recuerdan a Debussy y en parte, a La péri de Paul Dukas y también remeda a ciertos pasajes de Los Planetas de Holst) y que por momentos, la cadencia final recuerda a Muerte y Transfiguración de Richard Strauss. La sinfonía culmina con un poderoso tutti orquestal que posteriormente, toma el tema bucólico del principio. La versión ofrecida por Javier Mas sonó muy compacta, equilibrada y por sobre todas las cosas, brillante.

Por último, la Obertura Criolla op.20 de Drangosch es, quizás, la más conocida de las piezas comprendidas en este repertorio. Data de 1910 y fue elaborada sobre ritmos rioplatenses tratados solos, superpuestos o fragmentados; entre ellos, la milonga “No me tires con la tapa de la olla”, que se hizo muy popular a fines del siglo XIX. Se estrenó en el Teatro Colón en 1920 bajo la dirección de Félix Weingartner. La orquestación es profusa y ricamente elaborada, con muy buen trémolo en violoncellos y contrabajos en contrapunto con la trompeta con sordina. Por su parte, las flautas y el clarinete ejecutan numerosos trinos -que posiblemente, hayan servido de inspiración a Mariano Mores para componer EL FIRULETE-, que fueron perfectamente interpretados.  Naturalmente, el público aplaudió calurosamente al finalizar el concierto.

Fue uno de los conciertos más lindos del año; no sólo por la calidad de los intérpretes, sino también por el rescate del repertorio nacional, injustamente olvidado y compuesto por obras bellísimas, absolutamente desconocidas para la mayoría de los asistentes. Ésa es una de las grandes virtudes de ARGENTINA SINFÓNICA: poner en vigencia el patrimonio cultural y el acerbo musical argentino.

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