viernes, 21 de octubre de 2022

 

Muy buena versión de “CARMEN” a cargo de Juventus Lyrica en el Avenida

 

UNA VERSIÓN RENOVADA DE UN CLÁSICO SEMPITERNO

Martha CORA ELISEHT

 

            Tras dos años de inactividad por la pandemia de COVID 2019, Juventus Lyrica es otra de las entidades de ópera independiente que retornó a sus actividades en su habitual sede del Teatro Avenida. Luego de la Gala Lírica llevada a cabo en Julio del corriente año, la compañía volvió al ruedo con un clásico del repertorio francés: CARMEN, de Georges Bizet (1838-1875), que se representa desde el 14 al 22 del corriente con puesta en escena de Ana D’Anna y María Jaunarena y dirección musical de Hernán Sánchez Arteaga, con la participación de orquesta, coro y el Coro de Niños de la entidad, dirigido por Rosana Bravo. La escenografía e iluminación estuvieron a cargo de Gonzalo Córdova; el vestuario, de María Jaunarena y Cecilia Diéguez; maquillaje y peinado, de Silvana Caruso.

            Quien escribe tuvo la oportunidad de asistir a la función del pasado jueves 20 del corriente, con el siguiente elenco: Rocío Arbizu (Carmen), Marcelo Gómez (Don José), Juan Salvador Trupia (Escamillo), Rocío Giordano (Micaela), Virginia Lucero Guevara (Frasquita), Estefanía Cap (Mercedes), Gabriel Vacas (El Dancairo), Lautaro Chaparro (El Remendado), Walter Schwartz (Zúñiga), Marcelo Iglesia Reynes (Morales), Manuel Brenner (Lilas Pastia y Guía), Giorgio Zamboni (Picador y gitano) y el bailarín flamenco Vico Zapata.

            La opéra comique con libreto de Henri Meilhac y Ludovic Hálevy sobre la novela original de Prosper Mérimée es la más popular y conocida de las óperas a nivel universal, junto con LA TRAVIATA de Verdi. Sin embargo, su estreno en París en marzo de 1875 resultó un rotundo fracaso. Tres meses después, Bizet fallece por un ataque cardíaco sin poder habido disfrutar del éxito que su ópera logró. La genialidad del músico francés radica en varios aspectos: la ambientación en España, la recreación de costumbres tan populares como las corridas de toros y fundamentalmente, en que la protagonista es una gitana y, por sobre todas las cosas, una mujer libre. Ella posee la autonomía necesaria para decidir a quién amar y cuándo terminar con una relación, rompiendo todo tipo de convencionalismo imperante en aquella época. Dueña y señora de sí misma, contrasta con el personaje de Don José, quien representa los valores morales típicos de aquel entonces: se hace soldado para defender a su patria, su madre le recomienda casarse con una muchacha dulce y sumisa de su pueblo como Micaela para formar una familia y mantener la tradición. Sin embargo, no puede resistirse al embrujo ni a los encantos de Carmen y, a medida que avanza la obra, sufre una degradación moral: es capaz de desertar y hacerse bandido por amor a ella hasta llegar a asesinarla antes de verla en brazos de otro. Por lo tanto, Bizet no sólo se adelanta en casi 30 años al verismo italiano de Leoncavallo, Zandonai, Mascagni y Puccini, sino que trata un tema de candente actualidad como el femicidio.

            En la presente versión, Anna D’Anna y María Jaunarena utilizaron una puesta en escena sencilla, pero efectiva, que permite los cambios de escena. El vestuario de época a la usanza tradicional brinda una correcta ambientación de este clásico y están muy bien logrados los efectos especiales -manchas de sangre en el traje de Escamillo ante la embestida de un toro en la Canción del Toreador y en la escena final entre Carmen y Don José, cuya puñalada fatal coincide con el momento en que Escamillo mata al toro-, al igual que la iluminación enfocada en el bailaor flamenco en la taberna de Lilas Pastia. Y otro gran acierto es lograr la entrada de los picadores, banderilleros y chulos por el pasillo central de la platea -interpretados por figurantes y tres bailarinas, portando faroles y cintas con los colores de la bandera española-, al igual que la entrada triunfal de Escamillo en traje de luces antes de su encuentro con Carmen previamente a su ingreso a la plaza de toros.

            La dirección coral y orquestal estuvo a cargo de Hernán Sánchez Arteaga, quien demostró su maestría al respecto. Es un profundo conocedor de la obra y la ha dirigido en numerosas oportunidades. Las entradas estuvieron muy bien marcadas y, más allá que alguna que otra nota dudosa, la orquesta tuvo un buen desempeño. Y pese a que hubo más voces de nenas que de varones, el coro de niños dirigido por Rosana Bravo estuvo muy bien preparado, al igual que el coro de la institución. Se respetó la concepción original de opéra comique; es decir, con parlamentos que marcan la entrada de los personajes o las diferentes arias y duettos.

            En cuanto a los roles secundarios, Virginia Lucero Guevara fue una de las sorpresas de la noche como Frasquita. Esta joven soprano posee una voz potente, caudalosa, de buen color vocal, con una tesitura que le permite interpretar este rol. Tuvo tres destacadísimas intervenciones: el quinteto del 2° acto (Nous avons en tête un affaire), la Escena de las cartas y el trío junto a Carmen y Mercedes del 3° Acto. Por su parte, Estefanía Cap interpretó una muy buena Mercedes, al igual que Gabriel Vacas como El Dancairo y Lautaro Chaparro como El Remendado. Marcelo Iglesias Reynes es un barítono de voz caudalosa y potente y brindó un muy buen Morales, al igual que Walter Schwarz como Zúñiga. Los actores Manuel Brenner y Giorgio Zamboni tuvieron a su cargo varios roles: en el 2° Acto, como Lilas Pastia y un gitano respectivamente, y en el 3°, como el guía que acompaña a Micaela al refugio de los contrabandistas, mientras que Zamboni dio vida a uno de los picadores. Otra de las sorpresas de la noche fue la excelente actuación del bailaor flamenco Vico Zapata, quien derrochó ductilidad, plasticidad y salero sobre el escenario; sobre todo, en la entrada de los banderilleros y picadores en el 4° Acto, agitando cintas con los colores españoles.  

            Con respecto de los roles principales, Rocío Giordano brindó una excelente Micaela desde lo vocal y lo actoral. Interpretó este rol en varias oportunidades y se destacó en el duetto con Don José (“Parlez- moi de ma mère”) y en su cavatina (“Je dis, que rien m’épouvant”), donde se retiró sumamente aplaudida al finalizar su aria. Juan Salvador Trupia no sólo posee una bellísima voz, bien centrada y timbrada, sino que posee el physique du rôle para interpretar a Escsamillo, logrando un excelente desempeño. No puede decirse lo mismo de Marcelo Gómez, cuya voz sonó -por momentos- sumamente tirante el alguno de los pasajes principales de la obra (“La fleur que tu m’avais jetté”) y por momentos, sonó desafinado en el duetto con Carmen del 1° Acto (“Pres les ramparts de Seville”). Mejoró su desempeño en el duelo con Escamillo del 3° Acto y en la escena final (“C’est toi?... C’est moi”). ¿Y qué decir de la protagonista? ... Rocío Arbizu ofreció una magnífica Carmen desde todo punto de vista. Sobresalió en sus arias principales (Habanera: “L’amour est un oiseau rebélle” y la célebre Chanson bohème que abre el 2° Acto, al igual que la mencionada “Pres les ramparts de Seville”) y en las escenas de conjunto (quinteto del 2° Acto, trío del 3° y la Escena de las cartas: “Voiyons, que je vais à mon tour”). Se mostró desafiante, seductora y decidida en su encuentro con Don José (“Je vais danser à votre honeur”) y en la escena final, perfecta desde el punto de vista histriónico al quitarse el anillo que Don José le había regalado hasta desvanecerse al recibir la puñalada final.

            En estos tiempos que corren, montar una producción de ópera independiente a la usanza tradicional representa un auténtico desafío. Si se cuenta con pocos recursos y se los sabe administrar bien, el resultado está a la vista: una versión clásica de una de las óperas más populares y taquilleras del mundo entero. Bizet nunca se hubiera imaginado que sus dos óperas (CARMEN y LOS PESCADORES DE PERLAS) se iban a representar en Buenos Aires con escasos días de diferencia entre el término de las funciones de la una y el comienzo de la otra. Un auténtico festival a modo de justo homenaje dedicado a la memoria de este gran compositor francés, que falleció sin poder gozar las mieles de su éxito sempiterno.  

 

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