viernes, 28 de octubre de 2022

 Muy buena actuación de Giulio Biddau en el Festival CHOPINIANA


LA QUINTAESENCIA DEL ROMANTICISMO


Martha CORA ELISEHT


No es la primera vez que Giulio Biddau visita la Argentina. El pianista oriundo

de Cagliari (Cerdeña) es la cuarta vez que visita el país y durante su actual gira de

conciertos se presentó junto al violoncelista Benjamín Báez en el Instituto Italiano de

Cultura y en la Fundación CHOPINIANA, donde ofreció un recital el pasado miércoles

26 del corriente en el Salón Nicolás Levalle del Palacio Paz, integrado por las siguientes

obras:

- Variaciones sobre un tema de Schumann, op.9- Johannes BRAHMS

(1833-1897)

- Romanzas, Op.28- Robert SCHUMANN (1810-1856)

- Balada n°4, Op.52- Frederik CHOPIN (1810-1849)

- Sonata en Do menor, D.958- Franz SCHUBERT (1797-1828)

Tras la presentación a cargo del Secretario de Cultura del Círculo Militar -Coronel

Castiglione-, Giulio Biddau ofreció una majestuosa versión de las dieciséis Variaciones

sobre un tema de Schumann, que fueron compuestas por Brahms en 1854 y donde se lo

apreció muy seguro, preciso, con muy buena profundidad de sonido y perfecto dominio

de los tempi. Lo mismo sucedió con las tres mencionadas Romanzas de Schumann (Muy

marcado/ Simple/ muy marcado), que datan de 1839 y que, probablemente, la segunda

haya servido como fuente de inspiración a Antonin Dvořak para componer la melodía

del célebre Canto de la Luna de su ópera RUSALKA, ya que posee una secuencia de

notas sumamente parecidas. La tercera, en cambio, es muy similar al preámbulo de su

Carnaval, donde Biddau hizo gala de su potente pulsación y su gran digitación. La

primera parte del recital se completó con la Balada n°4 en Fa menor, op.52 de Chopin,

donde el pianista demostró un perfecto dominio técnico en la interpretación de arpegios,

tresillos, arabescos y cadencias en una sucesión de escalas ascendentes y descendentes,

logrando una versión sumamente romántica.

Para la segunda parte del concierto, Giulio Biddau eligió una de las bellas e

importantes composiciones para piano escritas por Schubert: su Sonata en Do menor,

D.958, compuesta en las postrimerías de su vida - otoño de 1828- y que recién se

publicó entre 1838 y 1839, diez años después de su muerte. Desgraciadamente, las

sonatas para piano de Schubert fueron olvidadas durante el siglo XIX y

afortunadamente, vueltas a poner en vigencia durante el siglo XX. Hoy en día se

consideran obras maestras, propias de la madurez del compositor. Consta de 4

movimientos (Allegro/ Adagio/ Menuetto: allegro- trio/ Allegro), que fueron ejecutados

con suma precisión. Se lo vio sumamente concentrado, con muy buen despliegue de

técnica y excelente sonido. Esto se apreció mejor en la tarantela del Allegro final y en

el cromatismo típico del músico vienés. Una versión soberbia, que se vio coronada por

numerosos aplausos, motivo por el cual ejecutó dos bises: el Estudio n°4, Op.10 y otra


pieza de Chopin -no anunciada-, donde una vez más, el pianista sardo volvió a lucirse,

retirándose sumamente aplaudido.

Era la tercera vez que este gran intérprete participó del mencionado Festival y lo

hizo con un recital íntegramente compuesto por obras de compositores románticos. Una

muy buena propuesta por parte de Martha Noguera de traer intérpretes de gran jerarquía

y, en este caso, a un digno representante de la isla infinita.

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